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Capítulo 8. LA CULTURA GAY Y LA HOMOSEXUALIDAD: Temas para las Iglesias JAMES B. NELSON. Embodiment. An approach to sexuality and Christian Theology. Augsbug Publishing House. Minneapolis.1978. pág.180 a 210. James B.Nelson es Profesor de Etica Cristiana en el United Theological Seminary de Minneapolis. Recibió su doctorado de la Universidad de Yale y realizó estudio de postrado en las Universidades de Oxford y Cambridge. Con anterioridad a formar parte del cuerpo docente del seminario sirvió en parroquias en Connecticut y Dakota del Sur. Las organizaciones gay actualmente activas en, virtualmente, cada una de las mayores denominaciones norteamericanas, no nos permiten olvidarnos que la iglesia debe encarar este tema en forma más abierta, honesta y sensitiva de lo que se ha hecho hasta ahora . 1. Más allá de las legítimas presiones que está ejerciendo este movimiento, hay numerosas razones convincentes que obligan a la iglesia a reexaminar su teología y su práctica 2. Entre estas razones tenemos las siguientes:
La Biblia y la Homosexualidad Es curioso, pero a la vez un fenómeno inequívoco, el que una gran mayoría de cristianos trata tan al pie de la letra las referencias a las prácticas homosexuales, mientras que, al mismo tiempo la interpretación de textos bíblicos, en la mayoría de los otros temas, se lo hace con una más considerable flexibilidad y no tan literalmente. Porque ésta puede ser una cuestión importante, hemos de volver a ella más adelante. Pero en este punto los más destacados textos que mencionan el tema atraen nuestra atención. Un breve reconocimiento de estos pasajes necesita de un prefacio con unas palabras acerca de los principios interpretativos4. Me permito sugerir cuatro:
En ninguna parte de la Biblia se dice algo sobre la homosexualidad como una orientación sexual. Sus referencias al tema - sin excepción - son declaraciones acerca de ciertos tipos de actos homosexuales. Nuestra comprensión de la homosexualidad como una orientación psico-sexual es de un desarrollo relativamente reciente. Es crucial recordar esto, porque con toda probabilidad, los escritores bíblicos estuvieron hablando, en cada instancia, de los actos homosexuales como emprendidos por personas de quienes los autores presumían que eran constitutivamente heterosexuales5. Aún cuando no trata de la actividad homosexual, es bueno comenzar con el relato de Onán (Génesis 38: 1,11), porque tiene significativa influencia sobre este tema. Esta acción fue vista por el escritor como una tan grave violación del decreto divino, que Onán fue muerto por Yavhé. Tres observaciones son particularmente pertinentes en relación al tema de la homosexualidad.
Sin embargo, es otro el relato del Génesis que se ha utilizado como el principal texto en la historia cristiana para una condena sumaria de la homosexualidad: Sodoma y Gomorra (Génesis 19: 1,29). La explicación tradicional concluye que la destrucción de las dos ciudades es el signo definitivo de la total desaprobación de Dios en cuanto a la homosexualidad. Sin embargo, hay razones que nos compelen a dudar de la exactitud de esta interpretación. La erudición contemporánea vetero testamentaria, generalmente sostiene que el tema mayor de este relato es la afrenta a la voluntad de Dios en la ruptura de las antiguas normas hebreas de hospitalidad, y las persistentes violaciones de la rudimentaria justicia social6. Existen múltiples razones para preferir ésta última interpretación. Algunos estudiosos dudan que el verbo conocer (yadáh), en este relato, se refiera a las relaciones sexuales. Es más probable que éste signifique la ruda insistencia de la multitud para conocer quiénes son estos dos extranjeros. Lot, a sus ojos, no estaba adecuadamente calificado para ofrecer hospitalidad a extranjeros, en tanto que él mismo era un forastero, un residente foráneo de Sodoma. Esta falta de hospitalidad e injusticia, viniendo de la multitud, y generalmente caracterizando a la comunidad, fue el pecado de Sodoma. Esto es muy plausible, cuando uno examina el relato escriturístico paralelo, por ejemplo: el crimen de Gibeah (Jueces 19: 1-21, 25). Aún otras evidencias de peso proceden de subsecuentes referencias a Sodoma en el Antiguo Testamento. En ninguna de ellas se identifica la homosexualidad con esa ciudad. Ezequiel es típico: La maldad de Sodoma y sus vecinas consistió en que estaban orgullosas, satisfechas en su abundancia, despreocupadas en su tranquilidad. Además no socorrieron ni al pobre ni al indigente. Se pusieron orgullosas, cometieron cosas horribles en mi presencia, por eso las hice desaparecer. (Ezequiel 16:49-50). Las otras citas más antiguas del Viejo Testamento al pecado de Sodoma son similares (cf.Isaías 13:19; Jeremías 49:18, 50:40), y la identificación de Sodoma con la falta de hospitalidad es establecida por Jesús mismo (Lucas 10:10-13). Sólo varios siglos después de que el relato de Sodoma fue puesto por escrito, se le dio una dominante interpretación sexual - en la obra intertestamentaria - Libro del Jubileo, y luego en dos textos tardíos del Nuevo Testamento (2°Pedro 2:4-10 y Judas 6-7). Entonces, si Sodoma ha sido consistentemente entendida como el símbolo mayor del juicio divino sobre los actos homosexuales, debemos esperar que las otras referencias bíblicas a tales actos también mencionarían a Sodoma y su castigo. Nada de esto ocurre. Aún cuando existe un acuerdo considerable entre los estudiosos, que el tema ético básico del relato de Sodoma es la injusticia, y su tema teológico fundamental es la justicia de Dios, frente a la culpa social, podemos reconocer la posibilidad que los actos homosexuales hayan podido cumplir algún papel en esta historia7. Si el verbo conocer significa la relación sexual homosexual, es también muy evidente que lo que ahí se está amenazando es la violación homosexual. Además, los hombres de Sodoma han amenazado violar a los dos ángeles visitantes, y ya que los ángeles representan la presencia de Yavhé, nos encontramos aquí con la representación de un pecado directo contra Dios. Por respeto al texto, es extremadamente difícil afirmar que este relato sea un juicio contra toda actividad homosexual. El Padre John McNeill escribió una muy adecuada conclusión a nuestra breve consideración del relato de Sodoma. Observando su dominante utilización en la cristiandad, lo considera una suprema ironía de la historia cuando dice: Por cientos de años en el occidente cristiano, la homosexualidad ha sido la víctima de un tratamiento inhospitalario. Condenada por la iglesia, ha sido la víctima de persecución, tortura y aún la muerte. En el nombre de una equivocada comprensión de Sodoma y Gomorra, el verdadero crimen de Sodoma y Gomorra llegó a ser y continúa siendo, repetido cada día8. Si la dominante interpretación homosexual, tradicionalmente dada al relato de Sodoma, no se sostiene bajo el examen crítico, hay aún así varios pasajes del Antiguo Testamento que inequívocamente condenan los actos homosexuales. Es crucial el ver en esto, sin embargo, que el tema imperante es el de la impureza ritual y la idolatría. No hay en ellos una condena de la orientación hacia el mismo sexo - una noción extraña a los escritores - y no encontramos en ellos ninguna referencia al amor genital entre personas gay que se han comprometido una con la otra. Lo que es claro es que la prostitución sagrada masculina es anatematizada porque involucra la celebración cúltica de dioses extranjeros y niega la exclusiva exigencia de Yavhé (ver Deuteronomio 23:17; 1°Reyes 14:24, 15:12, 22:46). La impureza ritual Es también el contexto del Código de Santidad en Levítico (ver 18:22 y 20:12)9. La liturgia cananea de la fertilidad incluía la prostitución sagrada y orgías sexuales, y estas constituían una directa amenaza a la pretendida exclusividad de Yavhé. Porque Yavhé era el que obraba a través de la libertad de la historia humana y no en primera instancia por intermedio de los ciclos de la vida biológica. Por ser así, la sexualidad no podía ser considerada como un misterioso poder sagrado, sino más bien una parte de la vida humana, que debería ser utilizada con responsabilidad en gratitud al Creador, una perspectiva básica de relevancia continua. Para aquellos que no aceptan esta interpretación más adecuada de las referencias del Levítico, surgen algunas dificultades extraordinarias en la discusión bíblica10. ¿Cuál es el principio de selección por el cual los mandatos cúlticos contra la homosexualidad permanecen aún hoy en día vigentes cuando, al mismo tiempo, la mayoría de las otras partes del Código de Santidad son considerados irrelevantes? ¿Cuál es el lazo de unión entre la subordinación femenina y el temor a la homosexualidad masculina, ambos tan evidentes en estas leyes? Además: ¿La iglesia que fundamenta su vida en la gracia de Jesucristo, cómo actuará con los códigos legales del antiguo Israel? Una práctica común en el Medio Oriente de aquellos días, es digna de destacar como parte del contexto del Antiguo Testamento sobre este tema: el someter a la violación anal, a un enemigo varón capturado. Esta era la expresión de dominio y desprecio, un poderoso símbolo de menosprecio en sociedades donde la dignidad del macho estaba llevada a tan alta estima. Aquí tenemos a un hombre utilizando a otro hombre como se puede hacer con una mujer. Mientras la actividad homosexual de cualquier tipo tuvo esta clase de conexión, no es difícil el comprender algunos de estos textos. Sin embargo, dentro del Antiguo Testamento tenemos hermosas afirmaciones del amor entre personas del mismo sexo. Dos ejemplos notables vienen a la mente. El amor de David por Jonatán, que excedía su amor por las mujeres, según el texto. Y la relación entre Rut y Noemí que sólo puede ser descripta como un lazo de profundo amor. No hay indicación en estos relatos, que dicho amor se expresara en forma genital. El núcleo es siempre en estos relatos, el profundo amor expresado emocionalmente entre dos personas del mismo sexo en forma positiva. En verdad, los relatos sugieren que esto es algo que puede ser sujeto de celebración En el Nuevo Testamento no tenemos ninguna palabra de Jesús acerca de la homosexualidad, ni como orientación ni como expresión genital. Las más importantes referencias del Nuevo Testamento las encontramos en dos cartas de Pablo y en 1° Timoteo. La afirmación de Pablo en Romanos 1:18-32 tradicionalmente ha sido tomada como el más fuerte rechazo de la homosexualidad en el Nuevo Testamento. Sin embargo, este pasaje merece un examen más cuidadoso del que habitualmente se le concede. El autor está claramente preocupado, y con buenas razones, por la influencia del paganismo en los cristianos de Roma. El clima moral de la Roma helenística estaba herido por varias formas de relaciones sexuales y su explotación. Sin embargo, en este pasaje, Pablo ve los actos homosexuales como resultado de la idolatría; por el otro, no pretende que ellos sean la causa de la ira divina. La idolatría claramente es el tema mayor en consideración. Además, cuando Pablo utiliza la palabra naturaleza aparentemente se refiere solamente a los actos homosexuales realizados por aquellos a quienes él considera de orientación heterosexual. Actos que representan una elección voluntaria de actuar contrariando sus apetitos sexuales habituales11. Así, habla él de actos homosexuales como aquellos en los cuales están dejando, abandonando o cambiando su orientación sexual ordinaria. Es muy difícil leer, en las palabras de Pablo, en este punto la comprensión psico-sexual moderna, de que la persona gay es aquella en la cual la orientación se establece en un período muy temprano de la vida y para quien la relación natural - heterosexual- podría sentirla como básicamente contraria a su propia constitución sexual, y que muy bien podría llegar a ser imposible. Además éste pasaje, nos da una descripción de la homosexualidad como concupiscencia -se encendieron en su lascivia unos con otros- pero difícilmente es este un relato de una relación interpersonal de amor con una persona del mismo sexo, de lo cual Pablo no habla. Por ello, Es muy difícil el interpretar la declaración de Pablo como aplicable a los actos de entrega y amor comprometido, establecido por personas para las que la atracción de los sujetos de su mismo sexo Es parte de lo dado en su naturaleza. De hecho, Pablo utiliza la palabra naturaleza en sus escritos como un concepto flexible, expresando intereses variados en diferentes contextos. Una posición ética en la cual se condena la homosexualidad como una violación de la ley natural tendrá que volverse hacia materiales filosóficos no bíblicos para su justificación.. El material ofrecido por Pablo no lo contiene12. Finalmente, es notable que en toda esta sección de la carta a los Romanos, el interés del autor es demostrar que toda persona está bajo el poder del pecado. Nadie puede librarse a si mismo de ese poder por medio de las obras meritorias de la ley. A pesar de su propio juicio moral, Pablo revela este punto básico en Romanos 2:1. Allí declara que aquellos que juzgan a otros - a causa de los actos antes mencionados - no son mejores que ellos. Se condenan a sí mismos porque permanecen bajo el mismo poder del pecado. En Romanos 3:21-25 aparece la premisa central de estos primeros capítulos de la carta: todos han pecado y están privados de la gloria de Dios y todos aquellos que se han abierto a sí mismos en la fe son justificados por la gracia de Dios en Jesucristo. El punto no es que Pablo vea los actos homosexuales como neutros, o mucho menos, que perciba cualquiera de tales actos favorablemente, claramente su actitud no es tal. Piensa que las prácticas homosexuales son el resultado de la idolatría. Pero, como observó David L. Barlett, aquí el argumento de Pablo no es puramente teológico. En parte está fundamentado en su interpretación del concepto de idolatría del Antiguo Testamento, en parte basado en la sabiduría común de su día/tiempo, en parte apoyado en su comprensión empírica de la naturaleza homosexual y sus consecuencias. En relación con esto último, él observaba el mundo pagano y veía la idolatría, pero también contemplaba las prácticas homosexuales y con frecuencia las enfermedades venéreas y asociaba todo esto estrechamente. Tal como comenta Barlett, para ser genuinamente paulina en nuestra comprensión de las prácticas homosexuales actuales., tendríamos que demostrar que existe en ellas una clara conexión entre idolatría y actos homosexuales y uno podría preguntarse, dada la amplia difusión de la idolatría en nuestro tiempo, ¿por qué no han sido castigadas muchas más personas? Además, una metodología paulina tendría que llevarnos a discutir la homosexualidad hoy, utilizando nuestra mejor interpretación bíblica, nuestra mejor sabiduría común contemporánea y la mejor comprensión empírica que podamos encontrar. Si nuestra comprensión de la homosexualidad y nuestra percepción empírica de su naturaleza y consecuencias han cambiado, luego, no nos Es permitido el entender este tema precisamente como Pablo lo hacía, aún si compartimos la reverencia que Pablo tenía por el Antiguo Testamento, su horror por la idolatría y su convicción de que todos somos pecadores salvados por la gracia a través de la fe13. Las otras referencias de Pablo a los actos homosexuales (1° Corintios 6:9-10) Es similar a la del autor de 1° Timoteo (1:8-11). Ambos pasajes contienen una lista de prácticas que excluyen a las personas del Reino. Son actos que deshonran a Dios y perjudican al prójimo, incluyendo actos tales como el robo, la ebriedad, el rapto y la mentira. Los actos homosexuales no son pasibles de una censura especial, pero forman parte inequívoca de la lista. ¿Qué podremos hacer en este caso del juicio moral de Pablo? Quizá podemos simplemente aceptarlo, por aquello que él era un fiel apóstol y un profundo interprete del mensaje central del Evangelio, pero también alguien que era falible y un ser humano históricamente condicionado. El mensaje central de Pablo es claro, no obtenemos la justificación por algo que nosotros hacemos, ni somos justificados por algo que somos. Más bien, somos justificados por la gracia de Dios en Jesucristo, y los dones del Espíritu son por igual accesibles a todas las personas. Si la norma de la nueva humanidad en Jesucristo, junto con nuestra mejor sabiduría moral corriente y el conocimiento empírico pueden llevarnos a cuestionar algunas convicciones morales de Pablo, acerca de la mujer y sobre la institución humana de la esclavitud, seguramente sus juicios morales acerca de los actos homosexuales no deben ser una excepción. El mensaje bíblico central con relación a la sexualidad parece bastante claro. Igual que cada uno de los otros dones positivos, también ella puede ser mal utilizada. La idolatría que deshonra a Dios inevitablemente resulta en el deshonor de las personas y la fidelidad a Dios, resultará en una expresión sexual que honrará la personalidad del otro. Nuestra sexualidad no es un misterio ni una fuerza extraña a la naturaleza, sino una parte de aquello que significa ser humano. Es un poder para estar plenamente integrado consigo mismo y ser utilizado en el servicio del amor. Este mensaje, tengo la convicción, se aplica sin consideración de la orientación afectiva que uno tenga. Variedad de las opiniones teológicas contemporáneas Cuatro posiciones teológicas representan las tendencias de las convicciones corrientes14. La primera puede ser llamada la orientación rechazo - castigo. La persona que sostiene esta corriente, rechaza la homosexualidad como algo ilegítimo para los cristianos y al mismo tiempo, sostiene una actitud punitiva hacia las personas gay. La idea dominante rechazo - castigo es trágicamente bastante fuerte en la historia cristiana. Si hemos sido ignorantes de las persecuciones, no lo ha sido sin razón. A diferencia de las historias reconocidas a otros grupos minoritarios, no ha existido una historia gay. Los historiadores heterosexuales, comúnmente han considerado el tema como inmencionable, y los historiadores gay obligados por el miedo a la hostilidad a ser invisibles. Como resultado se produjo una conspiración de silencio. Sin embargo el hecho está allí. Por muchos siglos fueron apedreados, quemados, mutilados sexualmente, la pena de muerte fue bastante común para los homosexuales descubiertos. Mientras que la iglesia con frecuencia dio su bendición a la persecución civil, la práctica eclesiástica oficial tendía a ser físicamente menos violenta. Sin embargo, era mucho más severa desde el punto de vista espiritual, porque ella significaba usualmente el rechazo/la privación de los sacramentos y el ostracismo de toda vida comunitaria15. Actualmente ningún teólogo contemporáneo importante sostiene la posición rechazo - castigo y la mayoría de los cuerpos eclesiásticos con sus declaraciones formales también la han abandonado. Pero en la práctica sigue siendo, en muchísimos casos, la orientación general a lo largo y a lo ancho de la iglesia en nuestra sociedad. Su teología reposa sobre un literalismo bíblico selectivo, porque otros temas morales de ninguna manera son tratados con el mismo tipo de literalismo. Su actitud punitiva puede expresarse menos violentamente de lo que fue típico en el pasado, pero aún continúa siendo altamente punitiva y excomulgante16. Esta actitud está en estereotipos familiares: todas las lesbianas son rudas y todos los varones gay son afeminados; el homosexual es compulsivo y sexualmente insaciable; son por naturaleza promiscuos; los varones gay poseen una inherente tendencia hacia corrupción de menores. Cada uno de estos estereotipos han sido totalmente rechazados por investigaciones confiables, pero aún así persisten en la mentalidad de innumerables cristianos. La crítica fundamental a esta orientación/tendencia - más allá de su insostenible interpretación bíblica - debe ser la incongruencia de una postura vindicativa con el Evangelio. La posición rechazo - no punitiva debe ser considerada más plenamente. Nada menos que un teólogo como Karl Barth representa este punto de vista. Puesto que la humanidad siempre es una fraternidad humana, argumenta Barth, el hombre y la mujer llegan a su plenitud sólo en la relación con personas del sexo opuesto. El buscar su propia humanidad en una persona del mismo sexo es buscar un sustituto de la pareja despreciada y esto es una enfermedad física, psicológica y social, un fenómeno de perversión, decadencia y podredumbre17. Además esto es idolatría. Alguien que está buscando una unión con personas del mismo sexo, está simplemente buscándose a sí mismo en un intento de autosatisfacción y autosuficiencia. Por ello, la homosexualidad es contraria a la naturaleza y viola los mandamientos del Creador. Pero Barth se apresura a añadir, el tema central del evangelio Es la abrumadora gracia de Dios en Jesucristo. La homosexualidad debe ser condenada, pero a la luz de la gracia, la persona homosexual no lo debe ser. Si el argumento de Barth recalca que hay algo que es inherentemente erróneo con la condición homosexual en cuanto tal: es idolátrica, una enfermedad y una perversión, la posición rechazo - no punitiva puede argumentarse sobre un fundamento más consecuencialista. Esto fue realizado por William Muehl18. Este autor reconoce claramente la crueldad, injusticia e hipocresía de todas las actuales persecuciones y juicios de personas homosexuales. Apoya completamente la obligación de la iglesia con respecto a las libertades civiles. La de ellos, cree, no es la única forma de irresponsabilidad sexual, pero es una irresponsabilidad que no puede ser aprobada por la consciencia cristiana. La dignidad humana está amenazada por las relaciones gay. La homosexualidad Es una enfermedad comparable con el alcoholismo y su simple aceptación puede tener implicaciones sobre nuestro punto de vista relativo al matrimonio, las adecuadas limitaciones a la actividad sexual, la educación de los niños y la estructura familiar. Ya que somos relativamente ignorantes en lo relacionado a tal potencialidad y grave resultado social, argumenta Muehl, debemos respetar la posición histórica de la iglesia que rechaza la homosexualidad. La posición rechazo - no punitiva, parece apoyarse en dos argumentos principales y sobre dos presunciones mayores no expresadas, cada una de las cuales está abierta a serios cuestionamientos. El primer argumento Es el de la ley natural y la idolatría. En este punto volvemos a Barth. Este parece olvidar nuestra historicidad humana y parece asumir que la naturaleza humana es inalterable, con una esencia dada por el Creador una vez para siempre. Actualmente, nuestra naturaleza humana está estructurada en algunas partes significativas por la interacción de personas en períodos de tiempo determinados, con símbolos culturales y medio ambiente histórico específicos. De hecho, la noción de una naturaleza humana fija es altamente cuestionable desde un punto de vista bíblico. Allí donde leemos creado en nuestras Biblias, la expresión hebrea es a menudo un hecho de presencia continua, como por ejemplo: Dios está creando. Desde esta comprensión procede la afirmación que nos puede conducir a dar a nuestra vocación la comprensión de siendo creada a imagen de Dios...19. Comprometido con la historicidad humana, Gregory Baum declara acertadamente: En otras palabras, la naturaleza humana tal como es comprendida en la actualidad, no es normativa para los teólogos... Lo que es normativa para la vida normal es la naturaleza humana en la cual somos divinamente convocados y que Es definida en términos de mutualidad. Esta es, al menos, la promesa de la religión bíblica. Después de examinar la evidencia de la plenitud mutua en parejas gay comprometidas, el Padre Baum concluye: El amor homosexual, pues, no es contrario a la naturaleza humana, definida ésta en términos de mutualidad, hacia la cual toda la humanidad está convocada.20. Además la pretensión de Barth, que la homosexualidad es idolátrica descansa sobre asumisiones cuestionables, las que he tocado ya con anterioridad: la norma del sexo creativo y la noción de complementación de los géneros. En relación con el primero Barth (igual que Paul Ramsey), apoya la planificación familiar responsable, pero sostiene que aún si cada acto sexual no es procreativo, toda relación sexual debe estar orientada hacia esa posibilidad. En un nivel se puede contestar que mientras el amor responsable y su expresión sexual no pueden ser separados, la procreación - aún la posibilidad procreatica - y el sexo no pueden ser irrevocablemente unidos. Sed fecundos y multiplicaos ha sobrepoblado actualmente la tierra. En otro nivel, se puede también argumentar que la ortodoxia cristiana no ha insistido siempre en la posibilidad de procreación, como lo testimonia la validez del matrimonio entre un hombre y una mujer en el cual uno de ellos es reconocido como irreversiblemente estéril. ¿Qué podemos decir acerca de la noción de la complementación esencial de los géneros? Barth afirma que no hay fraternidad humana aparte de la relación pactada con alguien del sexo opuesto. Pero es más fácil defender teológicamente la afirmación que no hay genuina humanidad fuera de la relación y la comunidad. El insistir que la relación que constituye la imagen de Dios debe ser heterosexual, asume que la naturaleza psíquica de la mujer y del hombre es algo biológicamente y ontológicamente inmodificable. Rosemary Ruether habla vigorosamente sobre este punto: Tal concepto de complementariedad depende de un concepto sadomasoquista de la relación masculina - femenina. Este concepto realiza una disimulada exigencia en favor de la continua dependencia y subdesarrollado de la mujer en orden a dar validez a la tesis de que dos tipos de personalidades existen por naturaleza en los machos y las hembras y que son, cada una, expresiones de algo más amplio. Tal punto de vista no permite ni al hombre ni a la mujer ser totalmente personas que puedan desarrollar sus aspectos activos y afectivos.21 . Aún existe otro argumento en la posición de Barth y es el de que la homosexualidad significa/ implica un desprecio del otro sexo. Esto carece a la vez de lógica y de fundamentos objetivos basados en hechos reales. Iguala la aversión de tener relaciones sexuales con la aversión de personas. Actualmente muchas personas gay muestran la capacidad de establecer relaciones particularmente significativas y afectivas con miembros del sexo opuesto, precisamente porque la conquista sexual en cualquiera de sus formas está excluida de esa situación. Aún más, investigaciones en curso, indican una importante y difundida antipatía entre personas de sexo opuesto a causa de los modelos estereotipados de dominación-sumisión profundamente arraigados en nuestros roles sexuales22. Finalmente Barth sostiene, que la homosexualidad es idolátrica porque es básicamente una auto-celebración y un narcisismo. La persona gay estaría amando en la otra persona el reflejo de sí mismo. Pero esta afirmación hace una grave injusticia tanto a la unicidad de las personas, como a la capacidad que muchas personas gay han demostrado ampliamente al amar entregándose a sí mismos. Cuando una persona, en una relación comprometida, ama profundamente a otra del mismo sexo, es difícil comprender como ésta puede constituirse en un amor a si mismo, excepto si uno adopta un insostenible biologismo acerca de las relaciones humanas e ignora la unidad de la persona física. Volvamos a Muehl para examinar el segundo y mayor argumento de la posición rechazo - no punitiva: las consecuencias sociales no deseadas que podrían resultar de la aceptación de la homosexualidad. Por debajo del temor de Muehl acerca del futuro de la familia, pareciera subyacer una convicción no expresada: que la aprobación por parte de la iglesia de la orientación hacia el mismo sexo, podría despertar un significativo incremento en el número de personas que elegirían ser gay. Pero esto es altamente improbable. Las investigaciones no reflejan un aumento demostrable en el comportamiento homosexual en el cuarto de siglo que va desde que se realizó el estudio Kinsey, a pesar de cierta disminución en la actitud punitiva en los últimos años23. En verdad, si bien la orientación sexual dominante de la gran mayoría no es de elección consciente, todo esto es muy comprensible. Puede darse el caso que algunas personas heterosexuales, quizá asuman, completamente inconscientes, que hay algo muy atractivo en la experiencia gay y que si no fuera por la rigurosa prohibición, muchos más podrían escoger esta orientación. La mayoría de las personas gay no parece haber tenido ningún tipo de elección en lo relativo a su orientación afectiva, al igual que la gran mayoría de los heterosexuales. No hay un consenso general acerca de las causas de la homosexualidad. Las más importantes teorías se agrupan alrededor de dos diferentes aproximaciones: la psicogenética y la genética, pero ambas permanecen en disputa24. Algunos investigadores están admitiendo actualmente, que cuanto más conozcamos acerca de las causas de la heterosexualidad - sobre la cual precisamente, conocemos actualmente muy poco - conoceremos entonces algo más acerca de las causas de la homosexualidad. Al menos, una cosa parece cada vez más clara: la orientación sexual se fija relativamente temprano en la infancia, a través de un proceso sobre el cual el individuo no realiza ninguna elección consciente. La orientación sexual para la gran mayoría de las personas heterosexuales y gay no Es una elección libre, ni Es fácilmente reversible. Los resultados terapéuticos positivos, en la minoría de personas gay que han buscado tratamiento para revertir su orientación han sido mínimos. Un estudio argumenta que no hay actualmente una instancia válida de éxito en la re-orientación de la preferencia sexual a través de la terapia25. Los programas de modificación de la conducta que utilizan terapia aversiva han sido capaces de condicionar a algunos gay contra la atracción hacia su propio sexo, pero han sido notablemente incapaces de reemplazarla con una atracción similar hacia el sexo opuesto. En 1975 el terapeuta que había desarrollado y popularizado la técnica de re-orientación orgásmica, desaprobó su propio tratamiento y llamó a los demás terapeutas a poner punto final a este tratamiento, porque tales tentativas comprobaron/probaron ser perjudiciales para la totalidad de la estructura de la personalidad del sujeto: se dio un resultado muy deshumanizante26. El argumento de las adversas consecuencias sociales gira también sobre la presuposición, que la gente gay es inherentemente menos capaz de funcionar social e interpersonalmente, de lo que lo hacen los heterosexuales. Es significativo sin embargo, que en el año 1974 la Asociación Americana de Psiquiatría removió la homosexualidad de su lista de desordenes mentales y afirmo que: La homosexualidad en sí misma no implica un deterioro en el juicio, la estabilidad, la confiabilidad o las capacidades sociales o vocacionales en general. Aquellos médicos que han atribuido problemas personales a los gay a causa de su orientación sexual, han obtenido sus observaciones de sus propios pacientes, sin reconocer o admitir que sus pacientes heterosexuales también tenían problemas personales, y que es por ello que han venido a la terapia. El mejor estudio comparativo hasta la fecha es todavía el de Evelyn Hooker. Ella encontró que, cuando una batería de test de personalidad era administrada a varones heterosexuales y a varones gay, ninguno de los dos grupos bajo terapia, los resultados de las evaluaciones de los test del psicólogo clínico no podían distinguir ni la orientación sexual, ni encontrar patología demostrable entre aquellos posteriormente identificados como de orientación homosexual27. Las características neuróticas adscriptas a las personas gay son esencialmente las mismas de los miembros de cualquier grupo minoritario oprimido, y en las culturas en las cuales la conducta homosexual ha sido plenamente aceptada, tales rasgos no aparecen en forma discernible28. Consecuencias dañinas para la institución y la vida familiar es otro de los temores expresados en esta posición. ¿Serían las personas gay, menos inclinadas a la inestabilidad emocional a causa de su orientación sexual, si la sociedad apoyara las parejas del mismo sexo? y ¿Qué pasaría con el concepto de familia cristiana? Esto es lo que se pregunta Muehl: ¿Puede la institución del matrimonio cristiano soportar la visión de que las uniones gay sean solemnizadas frente al altar?29. Sin embargo, de la misma manera podemos decir que, la aceptación de lo gay puede realmente aparejar consecuencias constructivas para la familia. Actualmente un gran número de dificultades matrimoniales y de divorcios proviene del hecho, que uno de los esposos es primariamente homosexual en su orientación y ha sido empujado al matrimonio por expectativas sociales y por el deseo de pasar desapercibido. Un sacerdote que trabaja como canonista en el tribunal católico sobre matrimonios, sostiene que más de un tercio de los divorcios con los cuales ha tratado, uno de los miembros de la pareja tenía inclinaciones homosexuales, una causa mayor para invalidar el matrimonio30. Parece altamente probable, al respecto, que la estabilidad matrimonial podría muy bien ser ayudada si las uniones heterosexuales no fueran vistas como el único camino respetable. Otro resultado benéfico para la vida familiar puede ser muy bien pronosticado. Una mayor aceptación de la homosexualidad podría muy bien disminuir la presión que se ejerce comúnmente sobre los heterosexuales con relación a los rígidos y estereotipados roles sexuales. El fingir tales estereotipos, cuando no son auténticos a la propia personalidad, predeciblemente son un factor importante en las dificultades matrimoniales. Igualmente, la intimidad emocional entre miembros heterosexuales del mismo sexo en una familia podrán ser realzados. Tal intimidad emocional entre padre e hijo, por ejemplo, que a menudo permanece inhibida a causa de temores homosexuales no reconocidos. De no menor importancia es, el síndrome de alienación y de rechazo dentro de una familia, cuando un hijo es descubierto como gay, que podría ser aliviado. Hablando al respecto Peggy Way escribió a partir de su extensa experiencia como consejera de personas gay y de sus familias: Me siento terriblemente triste y emocionada porque muchos padres pierden una hermosa dimensión fundamental de sus hijos a causa de que sus propios prejuicios sexuales se lo impiden. Toda la riqueza de su humanidad, espiritualidad, compromiso, gentileza, que yo trato de disfrutar y compartir, Es perdida por los padres que no pueden entender la homosexualidad de sus propios hijos, a pesar de la presencia de otras cualidades extraordinarias.31. Brevemente, el panorama de las consecuencias individuales para la vida familiar, a partir de la aceptación gay es por demás sobrestimada. De hecho, y en gran manera, parecidos argumentos pueden afirmarse desde el lado opuesto: hay beneficios positivos que pueden preverse de la aceptación total de la homosexualidad. Más beneficios positivos que consecuencias negativas se pueden también pronosticar para la sociedad en su totalidad. La salud social está siempre relacionada en forma integral a la justicia social y se sirve a la justicia cuando la discriminación dirigida contra grupos minoritarios, basada en estereotipos injustos, son mitigados. Se sirve también a la justicia cuando la violencia y las formas más destructivas de la competitividad son mitigadas y cuando nuestra tentativa de entender la exagerada agresividad de muchos varones heterosexuales, toma en cuenta con seriedad la presencia consciente o inconsciente de temores a la homosexualidad. Difícil de medir, pero en cierta manera predecible, la sociedad podría también beneficiarse con la energía creativa liberada en incontables personas gay allí donde sean plenamente aceptados. Actualmente, los gay que no se han dado a conocer como tales, una y otra vez denuncian el drenaje cotidiano de energía utilizada forzosamente al vivir una doble vida. Aún cuando se trata de otro tipo, el desgaste de recursos personales de los gay públicamente confesos, no es seguramente menor. La sociedad presiona sobre ellos haciendo de su orientación sexual el centro de su identidad, obligándolos a emplear tiempo y energía defendiendo su aceptación y luego, a través de sus encierros discriminatorios, se priva la sociedad de sus mejores talentos. Una vez más, no sólo se trata de las consecuencias sociales dañinas, difíciles de demostrar, sino que los argumentos más persuasivos están del lado de los beneficios sociales. Hay un defecto básico que subyace en la totalidad de la posición rechazo - no punitiva y es la suposición, que es posible rechazar la orientación homosexual como tal y a la vez, tener una posición no punitiva con respecto a los gay como individuos. Otros comentarios sobre esto serán necesarios, pero lo he de hacer en el contexto de la siguiente posición. Aceptación calificada puede ser el término/denominación de la tercera opción teológica con relación a la homosexualidad. El mejor ejemplo es Helmut Thielicke y su argumentación sigue diversos pasos. Similar a Barth, argumenta Thielicke, en primer lugar: El orden fundamental de la creación y la determinación creada de los dos sexos hace aparecer como justificable el hablar de la homosexualidad como de una perversión... la cual, no está en cada caso de acuerdo con el orden de la creación.32. Pero Thielicke está mucho más abierto a la investigación psicológica y médica contemporánea en lo relativo a este tema. Por consiguiente da un segundo paso: Pero actualmente la experiencia nos nuestra que, la homosexualidad constitutiva, en gran medida no es susceptible de un tratamiento médico o psicoterapéutico, al menos en la medida que se desee alcanzar la meta de una fundamental conversión a la normalidad.33. Además afirma, la homosexualidad como una predisposición, ya no puede ser más despreciada que las otras variadas distorsiones del orden de la creación, comunes con todo el mundo caido. ¿Pero qué ocurre con la manifestación genital? Si una persona gay puede cambiar su orientación sexual, tal cambio debe ser activamente buscado. Sin embargo, admite que la mayoría no puede. Entonces sostiene Thielicke, tales personas deben buscar sublimar sus deseos homosexuales y no actuar de acuerdo con ellos. Pero algunos homosexuales constitutivos a causa de su vitalidad no son capaces de practicar la abstinencia. Si tal Es el caso, deben estructurar sus relaciones sexuales de una manera éticamente responsable, con un adulto, en una relación de compromiso total. Deben tratar de hacer lo mejor en su dolorosa situación, sin idealizarla o pretender que ello es normal. El argumento de Thielicke es importante. En algunos aspectos, está mucho más informado empíricamente que la posición rechazo- no punitiva. Además, este argumento representa actualmente, la posición de numerosos líderes eclesiásticos y de varias de las recientes declaraciones sobre el tema. Pero el argumento, a mi juicio, es aún así inaceptable. Esta posición, como la de Barth, está fundamentada en una versión de la ley natural a-histórica y rígida. A pesar de gran humanidad, ésta posición llega a ser contradictoria consigo misma. En efecto, se le dice a la persona gay: Nosotros, cristianos heterosexuales, simpatizamos con tu situación, pero si debes dar una expresión genital a tu orientación, debes hacerlo de una manera moralmente responsable, pero no olvides que eres pecador a causa de su orientación sexual y no niegues que eres un pervertido sexual. Una ética que surge del evangelio no puede olvidar que la capacidad de responsabilidad moral está relacionada intrínsecamente a la propia aceptación, la cual a su vez, depende de la propia aceptación por parte de los otros y en definitiva, de Dios. A las personas gay frecuentemente se les ha dicho, por parte de sus propias familias que no pertenecen a ella; por la iglesia, que eran pecadores desesperados/sin esperanza a causa de su orientación afectiva; por los médicos, que eran enfermos; y por la ley, que eran criminales. Frente a éste ataque furioso, es sorprendente que muchos de ellos sean emocionalmente estables y sexualmente responsables. Si la soledad, la inseguridad personal, la depresión y la promiscuidad tienen una alta incidencia entre los gay, ello es completamente comprensible. Por esto, debemos romper con esta profecía de auto-cumplimiento y golpear la raíz del problema: la opresión social. En esto, Thielicke se equivoca. A pesar que su posición es más liberal, al continuar etiquetando la orientación hacia el mismo sexo como una perversión de la ley natural de Dios, alienta así la persistencia de actitudes punitivas contra los gay. Si bien se puede argumentar que podemos rechazar el pecado sin por ello rechazar al pecador, debemos hacernos la siguiente pregunta ¿Qué ocurre cuando el así llamado pecado forma parte de esa persona como el color de la piel? El resultado de todo esto es que la posición de Thielicke efectivamente socava sus propias esperanzas de relaciones sexuales responsables y fieles. La cuarta posición teológica más importante es la completa aceptación. Aquellos que sostienen esta posición, a menudo asumen que la orientación homosexual es más una realidad dada que una libre elección. Aún es más fundamental que esta posición descansa sobre la convicción de que las relaciones con el mismo sexo pueden expresar plenamente y ser vehículo de las intenciones humanizantes de Dios. Si bien los defensores de la completa aceptación son una minoría, su número va creciendo en cantidad. En 1963 los Quackeros de Inglaterra publicaron su tan comentada declaración Hacia una visión quackera del sexo. Uno no puede deplorar la homosexualidad más que el hecho de escribir con la mano izquierda... El afecto homosexual puede ser tan egoísta como el afecto heterosexual y por ello, no podemos ver en este alguna estructura moral peor34. Del lado católico, en 1976 el Padre John McNeill publicó su impresionante obra en favor de la aceptación gay La Iglesia ante la homosexualidad (Ediciones Grijalbo, 1979.Barcelona). Entre otros temas, enfatiza la contribución positiva que la aceptación homosexual puede brindar a la iglesia y a la sociedad. Argumenta: El objetivo de la aceptación de la comunidad homosexual puede fermentar positivamente ambas comunidades (homosexual y heterosexual), liberadas de la necesidad de conformarse con estrechos estereotipos y positivamente libre para desarrollar todas las cualidades que pertenecen a la plenitud de la personalidad humana.35. Entre los teólogos ha sido Norman Pittenger, sin embargo, quien ha articulado la posición de la plena aceptación más consistentemente a través de los años36. Dios, afirma, Es el Amante Cósmico, incesante e inagotable, tanto en acción como en amor y manifestado en forma suprema en Jesucristo. El permanente propósito de Dios para la humanidad es que en respuesta a la acción divina podamos realizar nuestra prometida humanidad como seres humanos que aman, en la riqueza, la amplitud y en el sentido más responsable del término. Nuestra sexualidad encarnada tiene bases psicológicas y fisiológicas en relación a nuestra capacidad de amar. A pesar de toda su continuidad con la sexualidad animal, prosigue Pittenger, la sexualidad humana es diferente. Como personas, nuestra sexualidad significa la posibilidad de expresar y compartir una relación personal total en amor, una relación que puede contribuir inmensurablemente hacia el destino prometido. Por lo tanto, anormalidad o desvío no pueden ser definidos en estadísticas, sino más bien en referencia a la norma de humanidad en Jesucristo. Las personas gay, desean y necesitan relaciones profundas y duraderas tanto como los heterosexuales y una apropiada expresión genital, no puede ser negada a ninguno de los dos grupos. Así pues, la cuestión ética que presenta Pittenger es la siguiente: ¿Cuál conducta sexual podría servir y realizar, más que inhibir, dañar o destruir la completa realización de nuestra humanidad tal como Dios quiere? La respuesta es: la conducta sexual de acuerdo con la ética del amor. Esto significa compromiso y confianza, ternura, respeto por el otro y el deseo de una continua y responsable comunión con el otro. En el lado negativo, una ética del amor se manifiesta visiblemente contra una expresión sexual egoísta, contra la crueldad, el sexo impersonal, la obsesión sexual y contra las acciones realizadas sin la voluntad de asumir la responsabilidad de sus consecuencias. Tal ética siempre pregunta acerca del significado de los actos en su contexto total - en relación consigo mismo, en la sociedad - y en la perspectiva de la dirección seseada por Dios para la vida humana. Tal ética del amor sexual es igualmente apropiada para el cristiano heterosexual o gay. No existe una doble regla. Reflexiones Adicionales Argumenta Reinhold Niebuhr, que los cristianos deben aprender a vivir en la tensión de tener y no tener la verdad37. Tolerancia en su verdadero sentido, afirma, llega cuando tenemos una convicción vital que nos conduce a acciones comprometidas y al mismo tiempo, reconoce que nuestra propia verdad es siempre incompleta y sujeta a distorsiones. Vivir con convicción también es vivir dentro de la realidad del perdón divino y en el respeto de las convicciones de aquellos que sinceramente difieren de nosotros. Este espíritu siempre es esencial, creo, cuando confrontamos temas tales como la homosexualidad, en el cual los sentimientos son profundos y encontrados, ese espíritu Es verdaderamente importante. Muchas veces he sentido la fuerza de cada una de las tres primeras posiciones que he descripto, comenzando con mi adolescencia, con todo su conjunto de estereotipos y prejuicios anti-gay. Más tarde cambié hacia una posición de rechazo - no punitivo y luego a la posición de aceptación calificada. Varias amistades personales con destacados cristianos gay me llevaron hacia nuevas reflexiones. He llegado a creer que ninguna otra actitud que la total aceptación cristiana de la homosexualidad y su expresión genital responsable, representa la adecuada dirección tanto del evangelio como de las investigaciones contemporáneas. Mientras que la total aceptación significa más bien un nítido cambio con relación a la opinión mayoritaria en la moral cristiana tradicional acerca de la homosexualidad, estoy convencido que esto, no significa un cambio ético alejado de la verdad central del evangelio. Más bien, significa su total implementación. Existen muchas ocasiones en las que debemos desafiar ciertas tradiciones morales específicas de nuestra herencia a la luz de nuevos conocimientos empíricos, nuevas experiencias y la continua revelación de Dios. Nuestros antepasados en la fe no conocieron lo que nosotros conocemos acerca de la homosexualidad como una orientación psicosexual, tampoco podemos acusarlos de ser seres humanos deudores de su propio tiempo histórico. La dependencia de los primeros cristianos de ciertas tradiciones culturales les impidió - tanto en este tema como en otros de índole moral - ver algunas de las implicaciones del evangelio con el cual estaban sinceramente comprometidos. No los podemos condenar ni pretender tener la plena verdad. Nuestro juicio, cualquiera que sea, está condicionado y es imperfecto. Pero ahora tenemos algunas comprensiones acerca de la homosexualidad que ellos no tuvieron y puede ser una infidelidad el no utilizar la mejor iluminación que poseemos38. Tenemos pocos conocimientos definitivos sobre las causas de la homosexualidad y aún, de las relacionadas con la heterosexualidad39. Debemos saber que la homosexualidad Es extraordinariamente difícil de definir como un fenómeno coherente, simplemente porque las personas gay, igual que las heterosexuales, son diversas y únicas a la vez. Difieren en conductas y sentimientos, en los niveles de interés sexual, en los roles y formas de hacer el amor, en la frecuencia de su actividad genital, en las actitudes acerca de la homosexualidad propia y ajena, en la extensión de su asumirse o el estar escondido en lo relativo a su orientación. Esta conclusión del Instituto para las Investigaciones Sexuales de la Universidad de Indiana apoya éste énfasis: Nuestros datos parecen indicar que la homosexualidad comprende una larga cantidad de amplias y divergentes experiencias: desarrollo, sexualidad, sociales y psicológicos, y aún frente a personas que han sido etiquetadas como homosexuales, a causa de su preferencia del objeto sexual elegido, hay muy poca cosa que se pueda predecir sobre esa persona fundamentado en ese etiquetamiento.40. Quiero agregar una cosa, lo que se puede predecir se debe sin duda , a que precisamente ellos Es común a todos los seres humanos: las personas gay desean y buscan sentido y plenitud en y a través de su sexualidad, y su sexualidad es para ellos - así como para todos los demás - de intrínseca importancia en su capacidad para cualquier tipo de amor humano. El énfasis de este capítulo ha sido hasta ahora sobre una de las dos direcciones apropiadas de la teología sexual: el movimiento de la fe cristiana hacia la sexualidad. Pero necesitamos también preguntarnos igualmente en la otra dirección, preguntarnos cómo nuestra propia experiencia como personas sexuadas tiende a dar una estructura a nuestras percepciones de la fe y de sus valores morales. Al hacer esto podremos entender más plenamente algo del persistente poder de los estereotipos anti-gay y la intensidad de los sentimiento relacionados a la totalidad de este tema. Algunas de las emociones anti-homosexuales pueden provenir de la repugnancia que algunas personas sienten con relación al acto físico de la expresión sexual gay. Es importante recordar lo que ellos son en sí. Las principales expresiones son el tomarse de las manos, besarse, caricias mutuas y masturbación reciproca (para ambos sexos); cuninlingus (para las mujeres); felatio y penetración anal (para los hombres). El asunto es que todas estas técnicas físicas son también propiedad de los heterosexuales, algunas estadísticamente más comunes que otras pero todas ampliamente utilizadas. Es improbable que lo extraño al acto físico heterosecual explique demasiado. Puede ser que lo heterosexuales se sientan menos definidos personalmente por su orientación sexual y que la aparente centralidad de la homosexualidad en la identidad personal gay sea chocante. Pero, en la medida que esto sea verdad, es más un efecto que una causa de la discriminación tal como personas de una minoría racial son típicamente más consciente de su propio color de piel a causa de las innumerables y cotidianas oportunidades en que se lo recuerda la mayoría. Parece, en conjunto, más adecuado decir que los heterosexuales simplemente tienden a estar más preocupados con el estrecho aspecto sexual de las vidas de las personas gay, a pesar del hecho que los gay varían profundamente en el grado en el cual su compromiso homosexual y sus expresiones llegan a ser el principio organizativo de sus vidas.41. Por esta razón, el lenguaje llega a ser altamente significativo. El término homosexual es clínicamente correcto si se refiere simplemente al hecho de la orientación individual primaria, tanto afectiva como genital, generalmente dirigida hacia el mismo sexo. Así, es totalmente correcto hablar de homosexualidad significando una orientación psicosexual, o al hablar de actos homosexuales cuando la referencia es específicamente genital y a otras expresiones físicas. Pero desgraciadamente la palabra trae para muchos otras asociaciones, especialmente aquella de patología clínica y centrada en el acto sexual per se, antes que en el ser humano. Así los gay tienen toda la razón al insistir que las personas que tienen esta forma alternativa de orientación sean llamadas gay. Esta es una forma de expresarse más comprensiva y más adecuada, ya que aquello que la propia identidad como ser humano sexuado es mucho más amplia que aquello que uno hace en la cama. Esta es una forma de resistencia al efecto corrosivo de tener que tratar constantemente la propia imagen en términos genitales, a pesar del deseo mayoritario de mantener el centro allí42. Para profundizar las causas del sentimiento anti-gay más plenamente, necesitamos reflejar una vez más los dos dualismos sexuales alienantes. Consideremos el dualismo espiritual. Por el extraño giro de la lógica emocional heterosexual, existe hostilidad contra los gay porque ellos parecen haber sucumbido menos al dualismo espíritu - cuerpo que nos aflige a todos en formas variadas. El sentimiento de los afectos internos divididos del espiritualismo, anhelamos - tanto inconsciente como conscientemente - ser una unidad, reclamamos la unidad esencial de nuestro propio cuerpo. Pero desde que el estereotipo de la mayoría insiste en que los gay son más definidos sexualmente y simplemente más sexuales que el resto, muy bien puede llegar a ser la señal de una envidia inconsciente motivada por esa misma razón. Así, el estereotipo lleva consigo su curiosa cosecha intencional, pero cuyas raíces calan mucho más profundo en el sentimiento de muchos que lo poseen. El problema del patriarcado o del dualismo sexual puede tener aún más fundamentos para el sentimiento anti-gay. Esto se puede experimentar de varias formas relacionadas. Una es la posible ansiedad heterosexual en relación al sentimiento homosexual dentro de sí mismo. Mientras que por razones de economía he estado usando gay y heterosexual de forma de poder sugerir dos distinciones claras y grupos que se excluyen mutuamente, las investigaciones en desarrollo, indican que las personas comúnmente tienden hacia algún grado de bisexualidad. Más aún, por razones no totalmente comprensibles, desarrollan una orientación dominante en una dirección o en otra. La hipótesis primera de Kinsey, sin embargo, ha sido confirmada repetidamente en investigaciones subsecuentes: en la escala del cero al seis, relativamente pocas personas se ubican en el extremo cero (exclusivamente heterosexual tanto en sentimientos como en conducta) y relativamente pocas, cerca de la marca seis (exclusivamente homosexual). La mayoría se ubica en alguna parte entre los extremos, aunque con un claro sentimiento y predisposición expresada más hacia una orientación que a la otra. Un estudio reciente llegó a éstas conclusiones: A pesar de que sospechamos que aproximadamente cuatro o cinco por ciento de los varones norteamericanos - y la mitad de este porcentaje de las mujeres - son exclusivamente homosexuales en su comportamiento a través de toda su vida, un número mayor es exclusivamente homosexual en su comportamiento en cualquier momento/algún periodo dado, y un número muy grande realiza actos tanto homo como heterosexuales de tiempo en tiempo. Para un individuo determinado, la ubicación en éste continuum homosexual-heterosexual puede ascender o descender, dependiendo de la edad de la persona, circunstancias de la/su existencia, y de la cultura en la cual él o ella estén viviendo.43. Además, no existe necesariamente una perfecta adecuación entre el sentimiento de uno y su propio comportamiento en relación a la orientación sexual. Aún aquellos cuya expresión genital luego de pasada la pubertad ha sido exclusivamente heterosexual, pueden tener sentimientos actuales homosexuales, aún si están relegados a un nivel inconsciente. La noción de Freud de la formación reactiva llega a ser pertinente en este punto: una forma de manejar un impulso no deseado sentido en sí mismo, es a través de atacarlo en los otros44. A causa del patriarcalismo y la exagerada imagen de masculinidad, tal ansiedad es frecuentemente sentida más fuerte por los hombres; una razón adicional del porque los varones gay han sido más el objeto consistente del sentimiento negativo, de la mayoría de lo que lo han sido las lesbianas. Parece altamente probable que la más severa condena de los actos homosexuales masculinos en el Antiguo Testamento, expresa éste fenómeno patriarcal: El hombre que se acueste con un varón como se acuesta una mujer, ambos han cometido una infamia, los dos morirán y su sangre caerá sobre ellos (Levítico 20:13), lo subrayado es personal. Si la dignidad masculina era la primera consideración, luego la sodomía no podía ser tolerada, porque cuando un hombre actuaba sexualmente como una mujer estaban cometiendo una degradación - literalmente una pérdida del grado o del estatus - no sólo en relación a sí mismo sino también, por implicación, de todos los otros varones. Esto no es sólo verdad en lo relativo a los hebreos primitivos. Los antropólogos han notado la fuerte tendencia de las culturas patriarcales, en cualquier lugar en que hayan existido, a ver la homosexualidad - especialmente masculina - como el pecado innombrable, mientras que las culturas matriarcales han sido marcadamente diferentes en este tema45. Un varón se supone que siente en masculino en cualquier cultura patriarcal. Un psiquiatra comentaba: Creo que la homosexualidad es también aborrecida por los hombres porque se siente en ello la representación confusa, pobremente definida y los límites miserables de lo que constituye el así llamado sentimiento masculino y de la identidad general, porque se la siente como una erradicación potencial de los límites seguros y las fronteras dentro de cuyos confines nos sentimos fácilmente seguros de aquello y de quienes suponemos ser y de lo que suponemos sentir.46. Los rituales de polución tal como son estudiados por los antropólogos proveen una comprensión adicional. Estos rituales y castigos, tanto en tribus antiguas como en sociedades modernas, tienden a centrar sobre la persona marginal, quien no representa claramente las normas sociales y los símbolos del orden. Tales personas pueden no estar haciendo nada moralmente malo, sin embargo, su estatus es indefinido. Pero se los coloca básicamente en el lugar negativo porque ellos han desarrollado alguna condición errada o simplemente cruzado alguna línea que no hubieran debido cruzar y este desplazamiento desata un peligro para alguno.47. A pesar de la ausencia de cualquier conexión demostrable entre la orientación homosexual masculina y el comportamiento afeminado, el varón gay parece ser particularmente una amenaza para los otros hombres. Parece desmentir la importancia de la super masculinidad y su misma presencia lo mucho que los otros han sacrificado para ser masculinos. Pero muchas mujeres heterosexuales igualmente tienen dificultades en el trato con lesbianas. La lesbiana es independiente del control masculino en formas tales que las otras mujeres no lo son, y cuando una mujer heterosexual ha internalizado profundamente el dualismo sexual, tal independencia llega a ser una considerable amenaza, Además, tanto hombres como mujeres de orientación homosexual pueden sentirse disminuidos por sentirse disminuidos por la presencia de una persona gay del sexo opuesto. Consciente o inconsciente saben que la persona gay no tiene interés sexual específico en ellos. La atracción sexual es vital para la autoestima propia básica y a la vez, es una amenaza. Existen otras formas adicionales en las cuales las personas gay suscitan la ansiedad de muchos heterosexuales. A causa de su orientación sexual, las personas gay aparecen como disminuyendo los valores comúnmente sostenidos en lo relativo al matrimonio, la familia y los hijos. Y porque a menudo juzgamos a los otros utilizando nuestra propia medida como la norma última e incuestionable, aquellos que tan obviamente se distancian de nuestra experiencia parecen ser también desviados graves. Es bastante curioso que las personas gay pueden también despertar en otros un confuso reconocimiento del temor a la muerte. Algunas veces, para muchos cristianos, la esperanza de la inmortalidad vicaria a través de los hijos y los nietos es de hecho, más fuerte que la fe en la resurrección. Tan es así, que la presencia de una persona gay, que habitualmente no tienen hijos, puede despertar el temor a la muerte, aún cuando conscientemente ésta puede ser solo una indefinible ansiedad48. En sus raíces, el tema va más allá de la comprensión de los psicólogos, antropólogos y sociólogos, comprensión valiosa en la medida que ella lo puede ser. Pero es finalmente un tema teológico, materia de fe. Si tenemos que encontrar una parte importante de nuestra seguridad personal en un estatus que depende de la definición negativa de aquellos que difieren de nosotros y sí debemos encontrar la seguridad de nuestro orden social por medio de rígidas demarcaciones en la conducta, sin tener en cuenta sus causas, sus motivaciones, sus intenciones morales o sus reales consecuencias, entonces estamos viviendo algo muy diferente a la gracia de Dios. Por el otro lado, a través de esta verdadera gracia, nosotros podemos conocer algo de las posibilidades de solución al dualismo sexual que nos asedia. Para que esto ocurra no necesitamos proyectar sobre los otros nuestra propia alienación, sino que podemos unirnos en nuestra común liberación. Será la liberación de la actitud estructural y jerárquica de la vida. Será la liberación de la necesidad de organizar a todos los miembros, tanto de la iglesia como de la sociedad, alrededor de un principio de orientación sexual. Será la liberación de la necesidad de culpar a un grupo minoritario por la erosión de todos nuestros valores. Pero aún más, podrá ser la liberación que nos lleve a una mayor igualdad, a una mayor capacidad sensitiva en el cuidado de los otros seres humanos, un aumento de justicia, en definitiva, la libertad de amar más plenamente, a otros y también a nosotros mismos49 Implicaciones para la Iglesia La iglesia debe apoyar plenamente los derechos humanos de las personas gay, ya que esto no depende para nada de un acuerdo cristiano sobre la adecuación teológica y moral de la homosexualidad. El tema de los derechos humanos Es materia básica del compromiso cristiano en favor de la justicia social de las personas50 La presente situación legal es en gran manera desigual. Unos pocos estados y municipios en los Estados Unidos de América, han legislado una protección civil para los gay, prohibiendo la discriminación en los empleos, en la vivienda y en la libre opción en lo relativo a la preferencia afectiva o sexual. Pero la mayoría no lo ha hecho, ni tampoco el gobierno federal. La aprobación de tal legislación no Es garantía suficiente de que en el futuro no puedan ser revocadas51 Muchos estados aún tienen una legislación punitiva en lo concerniente a las personas gay en sus códigos, aún cuando su vigencia práctica es variada e impredecible 52. En todos los casos, leyes que califican la sodomía o la relación sexual contra natura como una ofensa punible, tienen numerosos problemas inherentes. Ellas violan los derechos a la privacidad. Carecen de efectividad y son virtualmente impracticables, excepto utilizando métodos policiales objetables, tales como el engaño y la trampa. Aún así, si fueran aplicables o no, las leyes sobre la sodomía estigmatizan a las personas como criminales a causa del único crimen de su preferencia por alguien del mismo sexo. Inevitablemente tales leyes tendrán su responsabilidad en el sentido de la autoestima que tengan de sí las personas gay. Sin embargo, un principio importante de separación de iglesia y estado se encuentra involucrado. El hecho que algunos cristianos, apoyados en fundamentos doctrinales bastante estrechos, consideren un pecado no hace del mismo un crimen, a menos que un juicio moral pueda ser defendido con una fundamentación más amplia apoyado en el bienestar público y que, al menos esa conducta cuestionada constituya una amenaza probable a la decencia pública y al bienestar de las personas. ¿Qué ocurre en la vida interna de las iglesias?53. Cuando las iglesias afirmen la homosexualidad y sus expresiones responsables como cristianamente apropiadas, las implicaciones para la vida de las iglesias llegarán a ser múltiples. La plena aceptación de las gay cristianos en la dinámica vida de las congregaciones cristianas Es fundamental. A causa de que aún ésta aceptación está ausente, el movimiento gay de organizar congregaciones por y para ellos mismos debe, sin lugar a dudas, continuar. Esto es completamente comprensible, y en la actualidad puede ser muy necesario. Es también lamentable, que a causa del exclusivismo de la mayoría se siga fragmentando el cuerpo de Cristo. Es una ironía, en verdad, que mientras las ciencias humanas y la cultura contemporánea en gran medida han estado urgiendo a la iglesia a tomar en serio la sexualidad, la iglesia en lo concerniente a los gay y las mujeres ha hecho de la sexualidad el tema fundamental: esta ha sido utilizada como el principio organizador alrededor del cual esas personas han sido excluidas de una plena participación54. La aceptación por parte de la congregación de los gay puede incluir cambios de actitudes significativos para muchos de los otros miembros de la iglesia. La plena aceptación de los gay como personas, por ejemplo, significa que todos aquellos gestos y comportamientos que son apropiados para los heterosexuales, también lo serán para las personas gay. Un efectivo consejo pastoral y de ayuda para las personas gay es crucial. A causa de su entrenamiento, profesión y llamado, debiera ser el clero aquellos hacia quienes las personas gay podrían volverse con completa confianza. Actualmente, esto, a menudo no es así. La falta de suficiente información, la falta de comprensión de los problemas con los cuales los gay confrontan en un medio hostil, y la falta de un mayor entendimiento y aceptación en lo relativo a su propia sexualidad, continua siendo un formidable problema para muchos eclesiásticos. Esto constituye un importante temario para la educación teológica. El ministerio de la iglesia debe ser tanto para la comunidad gay como para los individuos gay. La completa integración dentro de la rica diversidad del cuerpo de Cristo Es el ideal. Se necesitan también grupos de apoyo para los cristianos gay ahora y en el futuro próximo. Un estudio de varones gay en los Estados Unidos de América y en dos países europeos señala lo siguiente: Quizá nuestro hallazgo más sobresaliente pertenece a los efectos benéficos - en términos de ajuste psicológico - de un medio ambiente de contención, de relaciones sociales con otros homosexuales, sus propias instituciones y publicaciones.55. Se necesitan desde reuniones informales alrededor de una taza de café en las congregaciones, hasta las organizaciones de ayuda denominacionales. A causa de que los bares y los saunas gay continúan siendo virtualmente los únicos lugares institucionalizados de encuentro en muchas áreas urbanas, debe ser un llamado de atención a la consciencia de la iglesia. La cuestión de la ordenación continúa siendo difícil. No sólo existen divisiones sobre temas teológicos y éticos, sino también esquemas sobre la ubicación profesional de los pastores y la estabilidad laboral, que produce algunas reservas en muchos líderes eclesiásticos que, por otra parte simpatizan con la causa. Si bien hay indudablemente homosexuales ordenados en la actualidad como pastores en todas las denominaciones, la gran mayoría de ellos, por razones comprensibles, continúan en secreto. No fue hasta el año 1972 que una de las más importantes denominaciones norteamericanas, La Iglesia Unida de Cristo, que se ordenó un candidato manifestado públicamente como gay y una segunda ordenación de este tipo ocurrió cuatro años después, esta vez fueron los anglicanos (episcopales). Habrá otros, pero el procedimiento es doloroso y dolorosamente lento. La recomendación hecha por el Consejo Ejecutivo de la Iglesia Unida de Cristo a los niveles que tomaban la decisión de ordenar, es digno de tenerse en cuenta por parte de las otras denominaciones: ... que en caso de considerarse un candidato homosexual declarado para la ordenación, el tema no puede ser su homosexualidad como tal, sino más bien la visión total del candidato sobre la sexualidad humana y su comprensión de la moralidad de sus usos.56. A pesar que actualmente esto puede ser muy difícil de implementar en algunas situaciones denominacionales, es la lógica consecuencia de la plena aceptación. Las asambleas eclesiásticas pueden continuar reclamando fundamentos prudentes como su mayor argumento para obstaculizar por algún tiempo la ordenación de los gay, pero un día quizá ésta forma de prudencia sonará tan débil como cuando se trató de impedir el acceso al pastorado de las mujeres y de las minorías raciales. Mucho más dificultoso para la iglesia es actualmente la idea de un matrimonio homosexual. Los heterosexuales de las posiciones rechazo-castigo y rechazo-no punitivo, por supuesto, se oponen totalmente a cualquier cosa de este tipo. Pero en la posición aceptación calificada hay una curiosa ambivalencia. Por un lado hay una insistencia de que las personas gay no célibes tengan una relación genital exclusivamente permanente /estable; las relaciones homosexuales son toleradas sólo en la medida que se aproximan a la monogamia heterosexual. Esta insistencia, creo, a menudo no representa una genuina tentativa de comprender el nivel de significación de las relaciones homosexuales, ni hace justicia a las diferentes circunstancias sociales bajo las cuales deben vivir las mujeres y los hombres gay.57. Pero cuando las personas gay desean relacionar su expresión genital con su vida de compromiso, como muchos lo hacen, la iglesia en su interés por la moralidad les da la espalda en cuanto a estos deseos y preocupaciones morales58. Es verdad que el tema del matrimonio es complicado a causa de la naturaleza de las tradiciones simbólicas. Como una orden o como un sacramento, el matrimonio tiene una larga historia teológica y eclesiástica y esta historia ha sido exclusivamente heterosexual. Los símbolos profundamente enraizados son orgánicos. Ellos crecen y se desarrollan y los cambios rápidos, raras veces son aceptados con éxito. Pero cuando los símbolos existentes no expresan necesidades legítimas, nuevos símbolos y ritos se pueden desarrollar. Un rito de Bendición de Unión -o como se lo quiera llamar- por ejemplo, puede ser útil para los gay en una forma paralela al rito del matrimonio. Tal estructura podría conducir a un cierto reconocimiento comunitario, una ayuda, un compromiso de apoyo y de oraciones por la bendición divina sobre una pareja gay cuya intención es de una duradera fidelidad. Predeciblemente la aceptación de todo esto llevará mucho tiempo. Los cristianos heterosexuales que desean sostener/apoyar a los individuos gay, pero rechazan todo amor homosexual genital podrán argumentar que, teniendo en cuenta que la expresión genital corresponde al matrimonio heterosexual, los cristianos gay tienen una sola elección legítima y responsable: el celibato. Así como esperamos que un heterosexual sea continente fuera del matrimonio, así también los homosexuales.59 . Pero esto demuestra una falta de sensibilidad para con el dilema social impuesto a las personas gay. La abstinencia heterosexual es, o libremente escogida por toda la vida, o es temporaria hasta el matrimonio. Pero el celibato que algunos cristianos quieren imponer sobre las personas gay es involuntario y sin término60 . Aquellos otros que urgen al gay no célibe a buscar una relación permanente, pero sin ningún tipo de bendición litúrgica, están /expresando algo diferente pero también insensible. Al negar el pleno reconocimiento de tales compromisos sexuales, la iglesia -aunque sin ser esa su intención- promueve la promiscuidad, porque está diciendo en realidad que: Cualquiera que sea tu relación, no cumple con los requisitos necesarios para una afirmación pública cristiana, ni recibe apoyo ni celebración. Al urgir a entrar en un determinado tipo de acción, una relación de compromiso total y luego, al negar el apoyo comunitario y ritual a esa relación verdadera, es entregarse a una contradicción humanamente destructiva. Cuando la iglesia se encamina hacia un apoyo litúrgico de las uniones gay, también se encaminará hacia un reconocimiento civil. Temas legales tales como los impuestos, las propiedades y herencias, son preocupaciones legítimas de una pareja gay y creo, que es un asunto de equidad hacia la cual la justicia que procede el amor no empuja. Igualmente, la afirmación simbólica dada por una comunidad civil a través de un reconocimiento legal no puede ser minimizado. Con respecto a la cuestión de sí un gay previamente casado se le puede permitir la custodia de sus hijos cuando entra en una unión gay, los jueces han asumido muy variadas posiciones. Sin embargo, la principal dificultad de esta cuestión no ha sido principal y es el tema de saber si los niños mismos podrían ser inducidos hacia una orientación homosexual. El Dr. John Money dice al respecto: A pesar de las aprensiones sociales, no es inevitablemente un peligro psicológico para los hijos, sean niño o niña, el vivir con padres divorciados que han constituido un nuevo hogar con una pareja del mismo sexo... No es la igualdad o la diferencia de sexo de los adultos lo que cuenta, sino la calidad de la relación entre ellos y la calidad de la relación que ellos establecen con el niño/a.61. La real dificultad está en las fragmentarias presiones que el medio ambiente social pone sobre la pareja del mismo sexo, en detrimento del niño/a. Por ello la iglesia misma debe reconocer su parte en la responsabilidad y puede también, responder en esta oportunidad con su aún considerable capacidad para influir en la opinión pública en tales temas morales. Las implicaciones eclesiásticas de la completa aceptación gay son sin duda complejas, al menos en su implementación efectiva. Comprensible, sin embargo, muchos cristianos gay están cansados de esperar la compleja resolución a satisfacción plena del grupo mayoritario. Esta minoría cristiana ha esperado y la sido lastimada, durante mucho tiempo62. Alejadas de la mesa del Señor con presiones sutiles o groseras, fueron empujados a entrar en la comunidad de los bares, saunas y del gheto gay. Un cristiano gay expresó esto con las siguientes obsesionantes palabras: Usualmente, para muchas mujeres y hombres gay, el darse a conocer como tales en la iglesia significó el ser apartados de la iglesia... El darse a conocer como gay, un proceso que la iglesia tendría que permitir y ennoblecer, Es un proceso que Es experimentado más positivamente en el mundo secular que en la comunidad cristiana... Y para la mayoría de estas numerosas personas gay que deciden no darse a conocer en la iglesia a causa de que desean permanecer en la iglesia, en la comunidad cristiana, la iglesia ha significado mucho más que una hipocresía... la iglesia ha llegado a ser para ellos una gigantesca tumba, que huele más a muerte que a la vida.63. Seguramente existen muchas otras investigaciones sobre la homosexualidad -y sobre la heterosexualidad también- que necesitarán ser llevadas a cabo. Pero hay algo bien claro: nuestra sexualidad Es vitalmente importante para la dignidad de cada uno. El tema básico es realmente, no acerca de ellos sino acerca de todos nosotros. ¿Cómo podemos vivir con menos temor y mayor seguridad en la gracia de Dios? ¿Cuál Es la naturaleza de esta amorosa humanidad hacia la cual el Espíritu nos empuja? Y ¿Qué significa el ser una mujer y un hombre en Jesucristo? 1Este capítulo es una versión revisada y ampliada de mi artículo: Homosexualidad: Un tema para la Iglesia, Theological Markings, Vol.5, Nº 2 (Winter 1975), y reimpreso en Christianity and Crisis, Vol.37, Nº5 (April 4,1977), utilizados con permiso de ambos editores. 2 Para una descripción del movimiento gay dentro de la iglesia, ver Sally Gearhart y William R.Johnson, Loving Women/Loving Men (San Francisco: Glide Publications, 1974) esp. Cap. 3. 3 Ver Social Action, Vol.XXXIV, Nº4 (December 1967), un número especial titulado Civil Liberties and Homosexuality, que a pesar de su fecha de edición continúa siendo pertinente. 4 Una interpretación más amplia de la Biblia sobre este tema se puede encontrar en diversos lugares. Estoy en deuda con numerosos autores, pero particularmente con Derrick Sherwin Bailey, Homosexuality and the Western Christian Tradition (London: Longmans, Green, 1955; reimpreso por Shoe String Press, Inc., Hamden, Conn. 1975); John J.McNeill, S.J., The Church and the Homosexual (Kansas City: Sheed Andrews and McMeel, 1976)[existe traducción castellana]; Joseph C.Weber, Does the bible Condemn Homosexual Acts? Engage/Social Action, Vol.3, Nº5 (May 1975); Helmut Thielicke, The Ethics of Sex; y H.Kimball Jones, Toward a Christian Understanding of the Homosexual (New York: Association, 1966). Especialmente útil desde los temas hermeneuticos en este contexto es James T.Clemons, Toward a Christian Affirmation of Human Sexuality, Religion in Life, Vol.XLIII, Nº 4 (Winter 1974) 5 Ver McNeil, 42 6 Bailey fue el primero en enfatizar esta interpretación en 1955, pero desde entonces ella ha sido reafirmada por otros. McNeill provee un buen resumen de los autores en los años siguientes, 42 sgts. 7 Ver Gerhard von Rad, Genesis: A Commentary (Philadelphia: Westminster, 1961) 205 sgts.; y David L. Bartlett, A Biblical Perspective on Homosexuality Foundations, Vol.XX, Nº 2 (April-June 1977) 135 8 McNeill, 50 9 Martin Noth observa: Levitico trata casi exclusivamente con temas cúlticos y rituales Leviticus, A Commentary (London: SCM, 1965)16. Norman H. Snaith también señala: La homosexualidad es aquí condenada teniendo en cuenta su asociación con la idolatría. Leviticus and Numbers, The Century Bible (London: Nelson, 1967) 126 10 Ver U.C.C. Human Sexuality: A Preliminary Study, 76sgts. 11 McNeill, 55 12 Ver Weber, 34 13 Barlett, 141 14 Diversos autores han utilizado diferentes rótulos intentando comprender las diversas posiciones. Sin embargo, las interpretaciones de las posibilidades teológicas y los ejemplos ilustrativos pueden variar. 15 Ver Louis Crompton, Gay Genocide: From Leviticus to Hitler, trabajo presentado ante la Gay Academic Union, New York University, November 30,1974 (mimeografeado) 16 Ver, por ejemplo, el notable artículo de Louie Crew, At St.Lukes Parish: The Peace of Christ is Not for Gays Christianity and Crisis, Vol 37, Nros. 9 y 10 (May 30 &June 13, 1977) 17 Ver Karl Barth, Church Dogmatics, III/4 (Edinburgh: T.& T. Clark, 1961) esp.166 18 Ver Muehl, Some Words of Caution; también, William Muehl and William Johnson, Issues Raised by Homosexuality, Y.D.S.Reflextion, Vol.72, Nº4 (May 1975) 19 Jim Cotter, The Gay Challenge to Traditional Notions of Human Sexuality, Christian, Vol.4, Nº2 (1977) 145 20 Gregory Baum, Catholic Homosexuals, Commonweal, February 14, 1974, 480 sgts. 21 Ruether, in Bianche and Ruether, 82 sgts. 22 Ver C.A.Tripp, The Homosexual Matrix (New York: The New American Library, 1976) 266 23 Compare las estadísticas de Kinsey con las estimaciones más recientes de Morton Hunt, Sexual Behavior in the 1970s. Una discusión provechosa de la comparación la encontramos en la reseña del libro de Hunt hecha por Wardell B.Pomeroy en SIECUS Report, Vol.II, Nº 6 (July 1974) 5 sgts. 24 Ver John Money and Anke A.Ehrhardt, Man and Woman, Boy and Girl (New York: New American Library, 1972) 238sgts; también, McNeill, 113 sgts. 25 Ver Tripp, 236sgts. 26 El terapeuta es el Dr. Gerald C.Davison, Presidente de la Association for Advancement of Behavior Therapy. Ver Kenneth Goodhall, The End of Pleyboy Therapy, Psychology Today, Vol.9, Nº5 (Octuber 1975) 27 El informe de Hooker está publicado en Foundations for Christian Family Policy (New York: New York Council of Churches, 1961. Ver también su artículo, Homosexuality en International Encyclopedia of the Social Sciences (New York: Macmillan, 1968) 28 Ver el sumario de evidencias de McNeill, 115 sgts. 29 Muehl, Some Words of Caution, 171 30 Ver Mcneill, 136 31 Peggy Way, Homosexual Counseling as a Learning Ministry Christianity and Crisis, Vol.37, Nros.9 y 10 (May 30 y June 13, 1977) 32 Thielicke, 282 33 Ibid., 283sgts. 34 Friends Home Service Committee, Towards a Quaker View of Sex (London: Friends House, 1963) 45 35 McNeill, 148. Luego de un retraso en la publicación de dos años, este libro recibió finalmente un imprimi potest eclesiástico (permiso de publicación), el cual no implica un acuerdo oficial con el contenido pero certifica que el libro tiene un prudente nivel de investigación con relación a un tema discutido. (Ver el Prefacio de McNeills, esp. xii.sgts.). Sin embargo, algunos meses después de haber sido publicado, se le quito el imprimi potest, y el Vaticano ordeno a McNeill un silencio público en el tema de la homosexualidad. 36 Ver Norman Pittenger, Time for Consent: A Christians Approach to Homosexuality (revised ed.) (London:SCM, 1976); Making Sexuality Humna; Love and Control in Sexuality (Philadelphia: United Church Press, 1974); y A Theological Approach to Undestanding Homosexuality, Religion in Life, Vol.XLIII, Nº 4 (Winter 1974) 37 Ver Reinhold Niebuhr, The Nature and Destiny of Man, Vol. II, Chap.8. 38 Pittenger expone en forma excelente este punto de vista, Time for Consent, 74 sgts. 39 Ver el análisis de las teorías causativas en Simon y Gagnon, 132 sgts. 40 Alan Bell, 142 41 Simon y Gagnon, 137 42 Ver Cotter, 134 sgts. 43 Bell, 136 44 El Psiquiatra George Weinberg llama a esto homofobia, definiendo fobia como un miedo irracional , excesivo y persistente a una cosa o situación particular. Sin embargo, no creo sea útil atribuir sinseramente el sostener posiciones contra la homosexualidad a solamente un temor irracional. Creo también que es importante excaminar la probabilidad de que el miedo sea parte de la experiencia de la myoria de los heterosexuales en relación a este tema. Ver la obra de Weimberg Society and the Healthy Homosexual (Garden City, New York: Anchor/Doubleday, 1973), esp. Cap. 1 (existe traducción castellana. 45 Ver G. Rattray Taylor, Sex in History (New York: Harper and Row, 1970) 80 sgts. 46 Rubin, 243 47 Douglas, 113; cf.94 48 Ver Weinberg, Cap. 1 49 David Barlett argumente en forma apropiada que este punto básico sobre la gracia versus las obras de la ley en su muy útil tratamiento desde la perspectiva de la teología paulina y la homosexualidad. Al aplicar los argumentos de Gálatas con relación a la circuncisión, destaca que: las personas heterosexuales insiste que las personas homosexuales debe comportarse heterosexualmente como condición para ser cristianos, o para ser ordenados, o para ser electos para algún puesto, de la misma forma en que los cristianos circuncidados insistían que los cristianos incircuncidados necesitaban ser circuncidados si deseaban ser miembros plenos de la iglesia. 50 Ver Lewis I. Maddocks, The Law and the Church vs. The Homosexual en Ralph W.Weltge (ed.), The Same Sexe (Philadelphia: Pilgrim, 1969). Como ejemplo de una declaración confesional que fuertemente adhiere a las libertades civiles sin hacer juicios morales sobre las relaciones con el mismo sexo, ver Pronouncement on Civil Liberties Without Discrimination Related to Affectional or Sexual Preference, Minutes, Tenth General Synod, United Church of Christ, 1975, 69sgts. 51 El primer y mayor caso de un referendum público exitoso para rescindir los derechos gays sucedió en Dade County (Miami), Florida, en junio de 1977. 52 En 1976 la Corte Suprema de los Estados Unidos afirmó la constitucionalidad sin comentarios una decisión de un tribunal inferior que sostenía la reglamentación del Estado de Virginia sobre la sodomía. 53 Las dos ediciones especiales de los periódicos dedicados al tema, son particularmente útiles: Cristianity and Crisis, Vol. 37, Nros. 9 y 10 (Mayo 30 y Junio 13 de 1977); y Christian, Vol. 4, Nº 2 (Anunciación 1977), Christian es una revista teológica británica. 54 Ver Way, 126 55 Este estudio fue realizado por Martin S. Weinberg y Colin J. Williams y es citado por McNeill, 173. 56 Esta acción fue emprendida por el Consejo Ejecutivo de la Iglesia Unida de Cristo en su reunión realizada en Omaha, el 30 de octubre de 1972. 57 Ver David Blamires, Homosexuality and the Church: The Case for Honesty, Christian, Vol.4, Nº 2 (Anunciación 1977) 165 y sgts. 58 Way, 130 59 Joh Cavanaugh, Counseling the Invert (Milwaukee: Bruce, 1960) 263. 60 Ver McNeill, 165 61 Money es citado por Marilyn Riley, The Lesbian Mother, San Diego Law Review, Vol. XII (Julio 1975) 864 62 Ver Thomas Maures, Toward a Theology of Homosexuality-Tried and Found Trite and Tragic, in W.Dwight Oberholtzer, Is Gay Good? (Philadelphia: Westmisnter, 1971) 63 Chris Glaser, A Newly Revealed Christian Experience Church and Society Vol LXVII, Nº 5 (Mayo-Junio 1977) 11.
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