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UNA IGLESIA INCLUSIVA

El Extraño en medio nuestro


Conferencia CONSTRUYENDO UNA IGLESIA INCLUSIVA.

Minneapolis, Minnesota – 17 de Abril de 1999
Sermón de apertura
El Rev. Paul W. Egertson, Ph.D., Obispo,
Sínodo del Sudoeste de California.
Evangelical Lutheran Church in America
Mateo 25:31-46

 

El último domingo y lunes por la noche, una de las cadenas más importantes de televisión proyectó la versión cinematográfica hecha por Kevin Costner de la vida de Wyatt Earp. Para ayudar a los espectadores a comprender la conducta como adulto de este hombre, de una intensa lealtad familiar y con una desconfianza hostil hacia cualquier otra persona, se nos muestran escenas de su infancia. Su padre le enseñaba apasionadamente a este niño: Nada importa tanto como la sangre. Todo ell resto son extraños. Muchos de nosotros parece que conocemos esta afirmación sin que nos la hayan enseñado intencionalmente. Existen muy pocas cosas que nosotros naturalmente le tengamos más miedo que aquello que no nos es familiar. Este es un miedo tan universal que tiene una palabra propia para describirlo: Xenofobia –el miedo a lo extranjero- Ella procede de la misma palabra griega que da origen en castellano a la palabra extraño. Se dice de todas aquellas cosas que están más allá de las fronteras del círculo dentro del cual todo nos es familiar.

 

Los extraños

 

Pensemos sobre la forma en que vemos a los extraños que están en medio nuestro. ¿Nos ponemos a la defensiva con relación a ellos y actuamos de manera de protegernos de ellos? La advertencia que nos damos unos a otros se ubica en una escala que va desde el consejo de Stella Bensen: No llames a ninguna persona enemigo, pero nunca ames a un extraño; hasta el persistente consejo de nuestros padres de nunca hablar con extraños; o la persistente insistencia de la policía de informar la presencia de cualquier extraño. Puede ser una mera coincidencia lingüística que extraño rima con daño, pero nuestro miedo natural con relación a los extraños y nuestro condicionamiento social en contra de todo aquello que no conocemos, los relaciona estrechamente uno con otro. Con tales advertencias en nuestros oidos, nuestra primera línea defensiva es la exclusión. Manteniéndonos separados nos sentimos más seguros. Por lo tanto nos colocamos nosotros mismo tan lejos como nos sea posible de todos aquellos que son diferente a nosotros de una forma que puede ser significativa o no. El pobre es separado de aquellos que tienen mucho; el enfermo de los que están sanos; los ancianos de los jóvenes; las minorías étnicas de las mayorías étnicas; los prisioneros de los que están libres; y los débiles de los fuertes. Podemos seguir con una extensa lista que describa las separaciones que podemos establecer. Pero el tema sigue siendo el mismo: si otros son diferentes de mí entonces ellos y ellas son malos, o están equivocados o no son dignos, y por lo tanto deben ser excluidos de participar en mi vida y en la sociedad.

 

Seguramente algunos podrán decir que esta descripción ya no es verdadera con relación a nuestra sociedad. Vivimos en una generación que sostiene la diversidad, que aprecia los valores de la diversidad humana, que celebra las experiencias multiculturales. Inclusión antes que exclusión es la palabra clave actual, al menos entre aquellos que son esclarecidos política y religiosamente. Si bien es verdad que en lugares como Yugoslavia aún existen retazos del espíritu de exclusión que marcó la forma en que anteriores generaciones trataron a los extraños, nosotros estamos bastante más allá de esa situación. Actualmente las cosas van mejor. Justamente estas últimas semanas el Estado de Alabama comenzó un proceso para revocar su prohibición constitucional contra los casamientos ínter raciales. Desde que Carolina del Sur revocó una disposición similar en el mes de febrero pasado, muy pronto no habrá ningún estado en estos Estados Unidos que legalmente prohiba a las personas de diferente raza el amarse unos a otros. En verdad ya no hay más entre nosotros extraños. Estamos llegando a ser una grande y feliz familia.

 

¿Es tan así? O más bien, aún existen rastros de una clase de personas que continúan experimentando exclusión allí, en medio de nuestra recién nacida inclusividad. Robert Dawidoff, Profesor de Historia en la Claremont Graduate University, piensa que aún existen. El llama a este grupo de personas Los Ultimos Excluidos. El diario The Washington Post piensa de igual manera. Un reciente artículo aparecido en ese diario identifica un área en la cual los norteamericanos aún trazan una Línea de Aceptabilidad. Basado en una encuesta realizada en el ámbito nacional dirigida conjuntamente por ese diario, por la Fundación de la Familia de Henry J. Kaiser y la Universidad de Harvard, el artículo afirma que "los estadounidenses han hecho ajustes radicales en su sensibilidad moral durante los últimos 30 años, cambiando los juicios sobre personas y estilos de vida que alguna vez estaban prontos a condenar. Una mayoría actualmente encuentra que el divorcio, las relaciones prematrimoniales, o las relaciones extra matrimoniales, las relaciones iner raciales y las madres solteras son aceptables. Pero un grupo cuyo comportamiento continuo siendo ubicado firmemente fuera de los límites de la aceptabilidad para una gran mayoría de estadounidenses es la homosexualidad. En una encuesta reciente, Alan Wolfe de la Universidad de Boston encontró que la clase media norteamericana ya no cree más que los judíos, musulmanes o ateos son inherentemente menos dignos que los cristianos. Pero indica una excepción de aquello que llama el persistente y la siempre presente falta de opinión. Afirma, que la mayoría de los norteamericanos con los cuales habló, no están preparados para aceptar la homosexualidad.

 

¿Es que necesitamos estas encuestas para que nos revelen esta situación? Toda persona homosexual que encontramos, que no ha sido plenamente exitoso en ocultar la realidad de su orientación sexual, nos puede contar su experiencia de exclusión que una persona heterosexual muy difícilmente puede comprender. Esta es la forma en que esta experiencia es descripta por un estudiante anónimo de un colegio secundario en Massachusetts, tal como se publicó en la edición del invierto de 1999 en la revista Open Hands: "Nadie le dice a los adolescentes hispanos en el colegio secundario que a nadie le importa si son hispanos siempre y cuando no lo digan. A los adolescentes judíos no se les dice que son pecadores y que ellos podrían cambiar si se volvieran cristianos. Las personas no le dicen a los adolescentes negros que tienen que acostumbrarse con el racismo porque esa situación viene desde lejos, desde cuando eran esclavos. No tienen que fundamentar el porqué se dicta un mes de historia negra o el porqué las personas quieren que se incluyan estudios sobre la cultura negra en el curriculum. Nadie dice: ¡Esto es tan coreano! Cuando quieren significar que algo es estúpido o raro. Nadie le dice a unos adolescentes con discapacidad que la sociedad no está preparado para defender aún sus derechos igualitarios y su inclusión. Nunca se escuchará a nadie argumentando que el cáncer de pecho es una forma de castigo de Dios contra las mujeres, o que es una buena cosa. Si un maestro escucha que alguien utiliza malas palabras para insultar a un adolescente chino, seguramente lo reprenderá. Si un estudiante de intercambio extranjero le pregunta al profesor sobre la posibilidad de tener una cita amorosa, no son enviados a hablar con el psicoterapeuta" "Pero cada día en el colegio secundario, yo escucho que es correcto que sea gay, siempre y cuando lo mantenga en secreto, y que soy una abominación en contra de Dios, y que puedo cambiar si quiero, tal como a todas las personas como yo se les enseña sobre esta realidad en el colegio. Se me dice que debo estar satisfecho con nuestro colegio en comparación a lo que solía ser, y que no debo trabajar en la defensa de mis derechos igualitarios y la inclusión porque la comunidad no está preparada para ello. Escucho todo el tiempo expresiones tales como: "Es tan mariquita", y escucho que el SIDA es mi castigo por ser lo que soy, y escucho la palabra "trolo" todo el tiempo. Es muy difícil no andar amargado todo el tiempo".

 

Si los norteamericanos tomaran en serios la construcción de una sociedad inclusiva, necesitaremos de muchas personas que nos conduzcan a través de esta última frontera del miedo y que brinde una respuesta a las personas que son diferentes. Si los cristianos toman en serio el construir una iglesia inclusiva (el colocar estas dos palabras una al lado de la otra es una redundancia tal como leo la Biblia), enfrentamos un desafío muy especial. Por el hecho de confesar que los cristianos hemos sido en gran manera responsables por la falta de habilidad de las personas en este país en aceptar a estos últimos excluidos. Tal como la encuesta del diario Post, la Fundación Kaiser y la Universidad de Harvar lo mostró. Muchos norteamericanos que encuentrn inaceptable la homosexualidad dicen que la objetan a partir de fundamentos religiosos.

 

¿Es que necesitamos de encuestas que nos digan esto?. La última semana, Nancy Hanson me envío una copia de su libro reciente: "Del dolor a la alegría... Palabras inspiradas de Esperanza y Sanación". Ella es una mujer de tradición noruega transplantada a Hawai y esta planificando actualmente entrar en el Seminario Teológico Luterano del Pacífico en Berkely para prepararse para una segunda carrera en el ministerio ordenado. Como recién llegada al área de la bahía de San Francisco, pasó el último Domingo de Pascua en el Distrito Castro de San Francisco, el corazón de la comunidad gay/lesbiana en esta ciudad, repartiendo copias gratuitas de su libro a todos aquellos que lo quisieran recibir. Mientras estaba allí, vio una remera que tenia escrito: Jesús me odia, y lo sé porque los cristianos me lo dicen.

 

Para muchos cristianos, tratar con estos extraños en medio nuestro en esta forma que condena y excluya les parece normal y natural y para nada les parece algo fuera de lugar. Les parecería extraño si alguien apareciera en medio de nosotros que tuviera una actitud totalmente diferente en respuesta a los extraños. Vayamos ahora de los extraños en nuestro medio al Extraño en medio nuestro.

 

El Extraño

 

Cuando Jesús vino a nosotros en el evangelio de esta mañana nos pareció todo muy familiar. Conocemos su nombre desde nuestra infancia y esperábamos encontrarlo aquí en la liturgia. Es muy posible que sea esta familiaridad aquello que nos impide darnos cuenta de lo tan extraño que él es en realidad. Pero tan pronto él comenzó a hablar en Mateo 25, las palabras que nos dice sonaron extrañas a esta generación de mente moderna. Nos habló del Juicio Final de Dios. Esto es extraño en verdad porque pensamos en Jesús como aquel que nos revela la misericordia y el amor de Dios. Nada de este maldito fuego puede venir de él. Pero he aquí que El habla como si los seres humanos fueran de alguna manera responsables delante de Dios por aquello que han hecho y aquel destino que de alguna manera se desprende de ello.

 

¿Qué puede ser más extraño que esto? Pensar que somos responsable de nuestras decisiones y acciones es algo que ha llegado ser una idea extraña en nuestro tiempo. Los niños no se siente responsables frente a sus maestros; los ciudadanos no se siente responsables por el gobierno, los empleados no se sienten responsables con sus empleadores. Por lo tanto, ¿porqué alguien podría pensar que es responsable frente a Dios? O, ¿podría ser que nuestro fracaso en reconocer una responsabilidad divina como la fuente de nuestro fracaso en sentirnos responsables de los demás? Pero este Extraño en medio nuestro nos enfrenta con el clamor de Dios, aún cuando nos ama, nos ha de juzgar. Este es el reverso de nuestra forma de pensar.

 

Si la mera idea del juicio nos es extraña, el objeto de tal juicio es aún más extraño. Esperaríamos que sean juzgados los extraños. Si el pueblo es pobre, por algo será. Si las personas están enfermas, por algo será. Estas son formas de juzgar que los justos colocan sobre los pecadores. Por lo tanto, el que los pecadores sean juzgados es una idea familiar. Pero aquí, Jesús no le está hablando a estas personas. Él le está hablando a sus discípulos. Él nos está hablando a nosotros. Esto es verdaderamente extraño porque se nos ha enseñado que somos nosotros aquellos que han de juzgar, no aquellos que han de ser juzgados. Pero la cosa extraña con relación a Jesús es que, todas las veces que tenía posibilidad de condenar a un pecador, como a la mujer hallada en adulterio, no lo hacia. Y todas las veces que tenía la oportunidad de recompensar al justo por sus obras de bien, no lo hacia. Por ejemplo, aquellos dos hombres que subieron al Templo a orar, uno publicano y el otro fariseo. El publicano confesó sus muchos pecados y es justificado, mientras que el fariseo se pavonea delante de Dios de sus impresionantes logros y es juzgado.

 

Si el objeto del juicio es extraño, la base para tal juicio es aún más extraña. Si allí hubiera una corte final delante de la cual tubieramos que comparecer, tendríamos que esperar un veredicto fundamentado en lo bien que hemos evitado hacer cosas malas. Sabemos cuales son las cosas malas: son aquellas que lastiman a las personas. Desde nuestra perspectiva, hemos de liberarnos de comparecer frente al juicio divino si vivimos de acuerdo a la ética de nuestros días: Puedo hacer cualquier cosa que siento como buena, siempre y cuando no lastime a nadie en el proceso.

 

Pero el Extraño en medio nuestro pone patas para arriba nuestros dogmas. El juicio divino no se fundamenta en el evitar herir a los demás; el juicio se basa en nuestro compromiso en el ayudar a otros:

Tuve hambre, y ustedes me dieron de comer; tuve sed y me dieron de beber;

Estaba de paso, y me alojaron; desnudo, y me vistieron; enfermo, y me visitaron;

Preso, y me vinieron a ver.

No necesitamos de Jesús para que se nos diga que no nos debemos herir unos a otros. De esto nos podemos dar cuenta por nosotros mismos. Aquello que introduce Jesús en la ecuación contable es esta segunda milla de responsabilidad por la salud y el bienestar de los demás.

 

La idea no es nueva con Jesús. Ella se retrotrae al menos hasta Moisés quien enseñó a Israel a no cosechar totalmente sus campos, sino a dejar algún sobrante de grano para el extranjero y el caminante que atraviesa sus tierras. Este principio tiene antecedentes desde cuando Cain mató a Abel y Dios le preguntó a Caín: ¿Dónde está tu hermano? Caín responde con la pregunta tan típica de nuestros días: ¡Soy acaso el guardián de mi hermano? A esta pregunta Dios responde: ¡SÍ! Más que esto, no solo a tu hermano es al que debes amar como a ti mismo sino también a tu vecino.Y más aún que esto, porque el vecino no solo incluye a aquellas personas de nuestro círculo, sino aquellos que están fuera del mismo: al extraño, el extranjero, y aún a nuestros enemigos. Al menos es lo que dice Jesús. Pero entonces, ¿qué es lo que sabemos? ¿Qué se cre él como para colocar sobre nosotros demandas tan antinaturales? Él es en verdad el Extraño en nuestro medio que nos dice nuestra responsabilidad para con el extraño en nuestro medio. Y él es mucho más.


Quizás las cosa más extraña que sabemos sobre Jesús es la correlación entre aquello que decía y aquello que hacia. El no solo nos enseña a incluir a aquellos y aquellas que hubiéramos naturalmente excluido, sino que él mismo en verdad lo hacia. Miremos hacia los lugares en los cuales encontramos a Jesús en el Nuevo Testamento. Le encontraremos en el Templo solo dos veces; una cuando tenía doce años y la otra cuando arrojo fuera a aquellos que lo habían profanado. El Templo no era su lugar favorito. Le encontraremos ocasionalmente conversando con los escribas, los fariseos, los saduceos y otros líderes religiosos de la comunidad, con sus preocupaciones acerca de lo justo. Pero mucho más frecuente que estas conversaciones serán enfrentamientos a causa de la estrechez de ellos y su falta de misericordia.

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Conocemos los lugares donde usualmente puede ser encontrado Jesús: entre aquellos extraños que las personas religiosas que consideran su presencia inadecuada o que merecen ser excluidos de su compañía. Él estaba constantemente entre aquella clase de personas sobre las cuales él nos enseñó a considerar: los cobradores de impuestos, como Mateo y Zaqueo; los pecadores como el ladrón en la cruz; las mujeres, como Marta y María; los niños, como aquellos que el acogio en sus brazos y bendijo, en oposición a las protestas de sus discípulos; los gentiles, como la mujer sirofenicia que tanto deseaba comer las migajas que caían de la mesa de Israel; el pobre, como la viuda que dio su último óbolo. ; y el rengo, el d´debil, el ciego, el leproso, como aquellos diez que él curó y que solo uno agradeció. ¿Qué puede estar haciendo de bueno un muchacho judío con gente como esta? Él es el Extraño en medio nuestro porque vive en solidaridad con los extraños en medio nuestro.

 

Una vez tuvimos a una deliciosa monja católica romana hablando a nuestra Conferencia Pastoral Luterana en California del Sur. Con el objetivo de relacionarse con nosotros, la Hermana José nos contó porqué su familia se había hecho Católica Romana. Ella dijo que su padre no había sido educado en la iglesia, sino que se había convertido siendo adulto a través de la lectura de la Biblia. Entonces se puso a buscar otros cristianos, solo para sorprenderse al encontrar un gran muestrario de iglesias entre las cuales debería escoger. ¿Cómo podría saber cuál de ellas era la adecuada? Le pareció obvio que Jesús estaría presente en la verdadera iglesia. Por lo tanto leyó en el Nuevo Testamento en un esfuerzo para discernir dónde podría ser el lugar más probable en el cuál encontrar a Jesús. Ya que Jesús siempre estaba entre los marginados y pecadores, llegó a la conclusión que la iglesia en la cual hubiera más pecadores esa sería la iglesia correcta. Y es por ello que se hizo católico romano.

 

El Extraño en los extraños.

 

Es bastante extraño decir que la ayuda que se ofrece a los extraños es el fundamento de la evaluación divina. Tenemos en esto ideas extrañas. Pensamos que Dios nos juzgará por aquello que hemos hecho para Dios más que por aquello que hemos hecho por otras personas. ¿No hemos de ser juzgado por lo mucho que hemos amado a dios, por lo mucho que hemos orado a Dios, por lo mucho que le hemos dado a Dios, por lo mucho que hemos servido a Dios?. Bien, en cierta manera es así. Pero la cosa extraña es que la forma en que nosotros amamos a Dios es muy diferente de aquello que normalmente pensamos. Las actividades religiosas específicas tienen su lugar y su valor. Pero la dificultad en utilizar estas actividades como medio de evaluación es el siguiente: somos capaces de transformar estas reales actividades religiosas en una justificación para evitar al extraño que está en medio nuestro.

 

El relato de Jesús del Buen Samaritano lo demuestra. Las personas que pasaban al lado del hombre que había caído en manos de los ladrones fueron los sacerdotes y levitas, aquellos que tenían primariamente responsabilidades por el servicio religioso y del cual podría ser descalificado si tocaban un cadáver. Cuando las personas llegan a la iglesia con sus generosas ofrendas para Dios, Jesús les preguntaba si tenían algún conflicto que subsistía con su vecino. Si era así, les pedía que dejaran todo en la puerta, fueran a reconciliarse con el vecino y luego regresaran para presentar sus ofrendas a Dios. Jesús se hubiera sorprendido con esta idea de que servir a Dios era más importante que servir a las personas. En lugar de ello, Jesús insiste en la idea radicalmente extraña de que la única forma en que podemos servir a Dios es sirviendo a las personas.

 

¿Quién era aquel hombre que cayó en manos de los ladrones en el camino que va de Jerusalén a Jericó? ¿Quién era aquella mujer hambrienta a la cual nos hemos negado a alimentar? ¿Quién era el prisionero al que no hemos tenido tiempo para visitar? ¿Quién era aquel extraño que no quisimos ni mirar y seguimos de largo? ¿Quién era el travestí que no hemos querido recibir en nuestra congregación?. La extraña verdad es que: ¡ ese era Jesús! Él es el Extraño en los extraños. Por eso él dijo: "Les aseguro que cada vez que lo hicieron a uno de estos extraños, lo hicieron conmigo. Bien, ¿qué se piensa que es Jesús como para andar diciéndonos estas cosas?. Él es aquel que esquivamos y es aquel al que ayudamos. Y, el pensamiento más extraño de todos, el estar parados delante del sitio del Juicio de Dios esperando un veredicto sobre nuestras vidas significa estar parado delante de los muchos extraños que hemos ignorado o hemos servido.

 

¿Qué debemos hacer? Nuestro primer impulso podría ser de salir corriendo y comenzar a aceptar a las personas gay/lesbianas con el objetivo de construir un resumen de servicios prestado a extraños que nos pueda asegurar un lugar entre las ovejas en lugar de ubicarnos en el día del juicio final entre los carneros. Pero esto no va a funcionar. Porque la ultima y final rareza en este relato es que ni aquellos que ayudaron como aquellos que fracasaron en la ayuda, de ninguna forma sabían lo que estaban haciendo. El ayudar a otro u otra con el objetivo de ganar una recompensa para uno mismo no funcionará, porque la bondad que distingue entre ovejas y carneros es una diferencia intrínseca en la naturaleza misma del ser de cada uno. Las ovejas actúan como ovejas porque son ovejas. Los carneros, que tratan de actuar como ovejas, para ser contados entre las ovejas, continúan siendo carneros y encontrarán su destino con los carneros. Las personas hacen cosas que ayudan porque son personas que ayudan.

 

Aquello que necesitamos no es un nuevo conjunto de acciones, sino que necesitamos una naturaleza nueva. Aquello que necesitamos no es un cambio de conducta sino un cambio en el ser. Para servir con naturalidad al Extraño en medio nuestro, que reside en los extraños en medio nuestro, solo puede acontecer cuando llegamos a conocernos a nosotros mismo más honestamente y a Cristo más personalmente. Thomas Wolfe, en su "Look Homeward Angel", se hace la pregunta que debemos hacernos si hemos de comenzar a conocernos a nosotros mismos:

¿Quién de nosotros ha conocido a sus hermanos y hermanas?

¿Quién de nosotros ha mirado en el corazón de su padre?

¿Quién de nosotros no ha permanecido para siempre encerrado en su prisión?

¿Quién de nosotros no es para siempre un extraño y un solitario?

Solo cuando llegamos a reconocernos a nosotros mismos como extraños, que necesitan la acogida de la gracia divina, para que le permitamos a Cristo residir dentro nuestro y transformarnos a su semejanza. Nada menos que esto es lo que ha venido Cristo a realizar entre nosotros. Pero la cosa extraña es que él puede venir disfrazado como aquel extraño que nosotros queremos excluir.

 

Reflexionando en su experiencia con la comunidad homosexual en el barrio Castro el Domingo de Pascua, Nancy Hanson nos cuenta de la condena que ella misma hubo de experimentar en manos de sus amigos bien pensantes. Porque ella es divorciada y sus amigos le dijeron que ella estaba siendo engañada por Satanás, yendo en contra de la Palabra de Dios y siendo tan egoísta. Esto le dio a ella un sabor de las heces que estas personas gay y lesbianas tienen que tragar en las manos de cristianos esgrimiendo sus Biblias como machetes. Pero luego de pasar un día en la comunidad gay ella dijo: "Un espíritu de amor que procede de almas buenas me cuido durante todo aquel día. Entonces ella hizo una extraña comparación entre sus amigos "bíblicos" y los extraños en San Francisco. Con relación a sus amigos, ella escribió: "En menos de uno hora me sentí herida e invalidada por sus palabras. Después de once horas con los tipos de la Calle Castro, me sentí fortalecida, feliz, amada, aceptada y seguramente tolerada. "Jesús me ama, esto yo lo sé porque las personas en la Calle Castro me lo mostró" Jesús es el Extraño en los extraños. Permítanme contarles de un hombre gay en el cual Cristo estaba presente.

 

Un Ejemplo Extraño.

 

Joel Workin era uno de aquellos tres seminaristas luteranos que hace ya más de diez años se identificaron públicamente como gay y a los que finalmente se les negó la ordenación pastoral en nuestra denominación. Joel era un joven procedente de Dakota del Norte y un buen predicador ya en el Seminario. Si nuestra iglesia hubiera aceptado el desafío de ordenarlo, hubiéramos tenido un gran predicador. Como dije algunos años después en su funeral, el sermón que él predicó en la instalación de Jeff Johnson como Pastor de la Primera Iglesia Luterana Unida de San Francisco, el día después de su ordenación irregular, fue el mejor que yo haya escuchado en diez años. El entretejido del texto y el contexto en aquella ocasión fue sorprendente. Tan es así, que cuando yo preparaba el sermón para el funeral de Joel, me preguntaba como él lo hubiera preparado.

 

Hemos tomado algunas ideas de aquello que él hubiera hecho utilizando el evangelio seleccionado. No era una lectura del evangelio sino del Libro de los Hechos de los Apóstoles. Era el relato de una extraña pareja: Pedro y Cornelio, cuyo encuentro dispar del uno con el otro constituye el corazón y eje del Libro de los Hechos. El evangelio de acuerdo a los Hechos está centrado no tanto en aquello que el evangelio es sino en aquellos para los cuales el evangelio es. La breve versión de su mensaje es: El evangelio es para TODA persona, porque especialmente incluye a aquella clase de personas que nuestra propia tradición nos ha enseñado a excluir.

 

Lucas, el autor del evangelio, también escribió el Libro de los Hechos. Él hace su punto más importante en una historia tan crucial a su mensaje que nos la relata dos veces seguidas de forma tal que si nos perdimos la primera podamos entender la segunda. Su línea argumental principal nos es familiar. Pedro está recostado afuera, tomando un poco de sol en el techo de una casa en Jope, en la costa del Mediterráneo. De repente un mantel desciende del cielo conteniendo toda clase de animales, incluyendo aquellos que los judíos tienen prohibido comer de acuerdo al capítulo 11 del Libro de Levítico. Una voz le dijo que tomara cualquiera de estos animales y los cocinara para su almuerzo. Pero sabía que esta era una tentación de infidelidad a Dios, tal como lo había aprendido en su entrenamiento religioso a lo largo de su vida y resistió diciendo: Yo nunca he comido nada manchado ni impuro. La voz le habló de nuevo diciendo: No consideres manchado lo que Dios purificó.

 

.Puede ser que Pedro haya sido un buen pescador pero en estos temas era un poco lento en aprender. Igual son los lectores del Libro de los Hechos, aún hoy en día. Es por ello que esta visión y su lección son repetidas tres veces para Pedro y para nosotros. Debemos recordar el ejercicio: repetir varias veces: ¡No consideres manchado lo que Dios purificó! ; ¡No consideres manchado lo que Dios purificó!. ¿Lo entendieron? ¿Lo comprendieron? Pero Pedro solo comprendió literalmente la mitad de esto: En Cristo, no hay ya más prohibición con relación a los animales sobre los que se puede o no se puede comer.

 

Luego, el timbre de la puerta sonó y cuando Pedro habrió se encontró con dos soldados romanos allí parados. Lo buscaban para que fuera a compartir el evangelio con su capitán. Este no era judío, sino un impuro gentil. Los judíos no entraban en la casa de los gentiles y tampoco comían con ellos. De repente algo explota en la mente de Pedro y entonces comprende aquello que estaba pasando. Dios no está cambiando mi pensamiento con relación a los animales que puedo o no puedo comer. ¡Dios está cambiando mi mente con relación a las personas con las cuales puedo o no puedo comer! ¿Lo entendieron? ¿Lo comprendieron?. ¡Bien!

 

Si bien Pedro pudo haber sido lento para aprender no era estúpido. Él está por violar una práctica eclesial tradicional, y es por ello que busca seis testigos para que lo acompañen. Cuando llega a la casa de Cornelio, actúan en contradicción a sus propios condicionamientos religiosos: entra en la casa de Cornelio y comienza a compartir el evangelio de Jesús. No ha hecho más que comenzar que un viento y una llama que repite su propia experiencia de Pentecostés. Dios bautiza a Cornelio con le Espíritu Santo. ¿Qué puede significar esto? Solo lo impensable. Dios muestra que no hace acepción de personas. Todos son aceptados en la iglesia, aún aquellos a los que nuestra propia religión nos enseño a rechazar. La exclusión ha sido transformada en inclusión. El tema es ahora claro para Pedro. Si Dios ha bautizado a los gentiles con le Espíritu Santo, ¿qué puede impedir que nosotros les bauticemos con agua y, con ello, admitirlos dentro de la iglesia? Respuesta: ¡Nada! ¿Lo entendieron? ¿Lo comprendieron? Entonces Cornelio y toda su familia fueron bautizados y el resto, como se dice, es historia.

 

¿Es esto así?. ¿La aceptación de todos en la plena fraternidad y en los servicios de la iglesia es una cosa realizada? ¿O encontramos que aún hay ciertas personas que nuestro entrenamiento religioso nos enseña a excluir, a menos que lleguen a ser diferentes de aquello que ellos son?. Esta era la segunda cuestión que Pedro y estos primeros cristianos tenían que enfrentar. Después de atragantarse, la iglesia pudo tragar el bautismo de los gentiles siempre y cuando estos se hicieran tanto judíos como cristianos. En otras palabras, nadie podía ser cristiano y seguir siendo gentil. Todos eran bienvenidos si querían ser cristianos pero si alguien era gentil tenía que cambiar. ¡O al menos tratarlo! Esta era la segunda cuestión con la cual tuvo que luchar el primer Concilio de la Iglesia en Jerusalén. La decisión fue que cualquiera podía ser a la ve cristiano y gentil al mismo tiempo. ¿Lo entendieron? ¿Lo comprendieron?

 

Me he tomado tiempo en detallar este relato porque su mensaje esta en el centro del legado que Joel nos dejo. Esto lo conozco por tres razones. La primera, tal como lo indiqué recién, lo conozco a partir del texto que él escogió para que nosotros leyéramos. Pero en segundo lugar, lo sé por un incidente que ocurrió durante la noche previa a su muerte. La enfermera que le cuidaba, Carmen, sentada junto a él durante la noche, mientras dormía, escucha repentinamente que hablaba en voz alta, diciendo: ¡Todos somos Hijos de Dios!, ¿Verdad? Luego vino un tiempo de silencio y Joel dijo: ¿Puedo escuchar un SÍ o un Amén a esta pregunta? Esta era la cosecha de Joel, tanto en contenido como en forma. Este era su mensaje para nosotros.

 

También lo conozco por una tercera razón. Joel llevaba el peso de esta noticia en su corazón porque sabia cuantos necesitaban oírla. Las personas gay y lesbianas como el mismo era, que se siente excluidos por la iglesia a causa de sus propias tradiciones religiosas, necesitan conocer que otra parte de la tradición incluye el reconocimiento de que la voz de Dios algunas veces se escucha contradiciendo la voz de la iglesia. La iglesia también necesita escuchar esto, para que ella pueda responder aquello que frecuentemente le pide Dios a la iglesia que haga: : allí donde hay error, yo lo pueda corregir.

 

El interés de Joel por este mensaje fue claro en un devocional que escribió en 1988 sobre la Parábola del Higo Pródigo. Cuando la iglesia cuenta esta historia a la población gay/lesbiana, generalmente se la entiende como significando que los homosexuales son aquellos que han abandonado el hogar heterosexual por una vida en un lejano país de desviación. La iglesia, al igual que el padre que espera, está ansiosa para que ellos vuelvan al hogar y sean bien recibidos, siempre y cuando recuperen el sentido común y regresen a la heterosexualidad.

 

Joel leyó el relato de una forma totalmente diferente. Para él, la iglesia abandono el hogar inclusivo del evangelio para vagar en el país lejano de la exclusión. Pero esto no significa que debemos abandonar la iglesia. Él considera a los cristianos gay/lesbianas como aquellos que amorosamente esperan el regreso al hogar de esta iglesia errante cuando recupere su cordura. Él lo escribió para alentarnos, diciendo: ¿De que forma las pacientes lesbianas y los gays pueden ver la relación de ellos con la iglesia?. Ha habido un quiebre, un sonoro "no" dicho por muchos en la iglesia pródiga que consideran esa relación terminada. Esto esta muerto y punto. Vuelvan dentro de la casa y dejen de lamentar por el ingrato hijo.

 

Esto era una cosa muy valiente que decía un joven hombre, frente de la iglesia, al cual se le había negado la ordenación al ministerio al cual estaba llamado por Dios y para el cual estaba académicamente preparado. Aún cuando la iglesia no lo haya entendido así, sin embargo, él nos alentaba a esperar en amor. Cito: El amor coloca un punto detrás de cada No. Esperando expectante palabras de reconciliación. La parábola... dice: "Esperanza, fe, paciencia, amor. Hay mucha más para decir. Este espectáculo aún no ha terminado. Simplemente esperemos.

 

Podemos escuchar en estas palabras, aún en medio de nuestro dolor personal, el sentido de la misión que Joel vivió en su vida y que continua compartiendo con nosotros, después de su muerte, aquí ahora. El Dios de misericordia al cual conocemos en el evangelio capturó su corazón y su mente de forma tal que el dolor personal no se puede quitar. Brota de la visión que él tenía de un Dios que incluye a todos los hijos e hijas en la casa familiar de la fe.

 

En su examen de Certificación para la Ordenación Joel escribió esto: El reino es el destino de la totalidad del cosmos, la gran fiesta que Dios planificó y a la cual todos estamos invitados. El cumplimiento de todos estos magníficos pasajes de las escrituras: el león estará hechado junto al cordero; la muerte habrá desaparecido; el paralitíco saltará; no habrá más guerra. Aún si matan a Dios (tal como lo hicieron en la cruz), aún si nos matan a nosotros (y esto ocurre en el bautismo), de alguna forma Dios nos llevará a ese gran banquete (la resurrección, el reino, la nueva vida). Deseo seguir siendo su mensajero y un instrumento de la invitación de Dios, para compartir la buena noticia del "SI" de Dios, para vivir con valentía y consuelo la vida de fe, la encarnación de Cristo y el reino, por mi prójimo, morir y resucitar diariamente. Esta es mi "misión".

 

Algunos años antes de su muerte, Joel citó estas palabras en una carta dirigida a un amigo: Dos semanas antes de su muerte el amigo las citó al responder a Joel en una carta de despedida diciendo: Te agradezco por estas palabras inspiradoras. Quiera Dios que puedas ahora encontrar satisfacción por haber cumplido esta misión en una forma tan significativa... Quiera Dios que sea tu partida una parte de esta misión. En este mensaje que Joel nos dejó, su partida fue parte de su misión. En este extraño hombre gay muriendo de SIDA, encontramos al Extraño en medio nuestro. A través de él, Jesús nos habla nuevamente: Esperanza, fe, paciencia, amor. Hay mucho más para decir. Este espectáculo aún no ha terminado. Simplemente esperemos.

 

Oración.

 

Topoderoso y eterno Dios, tu no odias nada de quello que has hecho y perdonas el pecado de todos aquellos y aquellas que son penitentes. Crea y haz en la Iglesia un corazón nuevo y arrepentido, para que lamentando la discriminación en contra de los fieles y clérigos gay, lesbianas, bisexuales y transgénero, y pueda así recibir del Dios de toda misericordia, el perfecto perdón y paz, por Jesucristo. Amén.

 

El Rev. Paul W. Egertson, Ph.D., Obispo, Southern California West Synod, Evangelical Lutheran Church in America. ©1999 Via Media Services. Permission is required to reproduce by any means more than one copy for personal use. Phone or FAX (805) 493-4565 or e-mail requests to VMServices@aol.com

 

Traducción al castellano del Pastor Lisandro Orlov

 

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