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CUENCA: 1º Encuentro Ecuménico IGLESIA y VIH
 

IGLESIAS Y VIH/SIDA

LINEAS DE TRABAJO Y REFLEXION PARA TRABAJAR EN EL CONTEXTO DE LA EPIDEMIA DEL VIH y SIDA. 
 
 

Al comenzar esta reflexión sobre la incidencia y la capacitación de las comunidades de fe en la crisis del vih y del sida,  es necesario que tengamos en claro las líneas principales que han de marcar y dar identidad a la tarea que deseamos asumir y los objetivos que deseamos alcanzar. En primer lugar esta reflexión tiene como objetivo brindar las herramientas necesarias como para que todos aquellos y aquellas que participan tengan los elementos necesarios como para formar un equipo de acompañamiento y que puedan multiplicar la información que sea científicamente fundada y completa que esta crisis exige.  
 

Es importante descubrir y analizar nuestras motivaciones personales que nos impulsan a trabajar en la prevención, educación, acompañamiento y asistencia en vih y sida, y preguntarnos los impulsos profundos y diversos que nos han llevado a querer asumir esta acción. Cada uno y cada una tienen una identidad específica que se ha ido formando a través de un largo proceso, no exento de sufrimientos y confusiones, pero también de certezas y logros. Desde ese espacio íntimo es importante buscar en lo profundo de nuestro ser aquellas energías que nos han conducido hasta esta determinación.  
 

Igualmente es muy útil conocer con cierta profundidad las motivaciones institucionales de nuestra comunidad cristiana que dan fundamento y encuadre teológico y espiritual a esta tarea. Las motivaciones eclesiales también pueden ser el fruto de un largo y complejo proceso y es muy positivo el conocer esas líneas de reflexión a través de los documentos y declaraciones institucionales que pueden nutrir nuestra acción de educación para la prevención, promoción de derechos humanos y defensa de toda dignidad herida, y de un  acompañamiento solidario en la justicia. 
 

Esta formación para el la promoción de derechos de ciudadanía y de acompañamiento de personas que viven con VIH y SIDA tiene también como objetivo capacitar a la comunidad cristiana en la construcción de un proyecto educativo para la prevención. La escucha atenta de historias de vida de aquellas personas que están ya ahora viviendo con la enfermedad y su entorno afectivo nos brinda elementos que superan toda formación teórica. No estaremos construyendo una acción preventiva desde el aislamiento de una oficina académica o en la consulta de datos brindados por Internet. La vida misma, con todos sus misterios, es la que nutre nuestro mensaje educativo.  
 

Este proceso educativo, en fidelidad al mandato de nuestras comunidades de fe, quiere ser un espacio de diálogo ecuménico que enriquezca la cooperación en la acción de acompañar a hermanos y hermanas que esperan que las y los cristianos podamos brindar en medio de esta crisis un mensaje y un testimonio de unidad. El lema y objetivo todo acción en vih y sida es: “Anunciar juntos la buena noticia”. 
 

Es muy interesante la definición que algunos diccionarios ofrecen de la palabra “Acompañar”: Acompañar es estar o ir en compañía. Agregar una cosa a otra. Existir una cosa junto o simultáneamente con otra. Participar en sentimientos. Completar la armonía de una composición con uno o más instrumentos o voces.  
 

Veamos en detalle esta definición: En primer lugar se nos presenta la propuesta del estar y de ir. Ambas acciones son sumamente importantes en nuestra tarea. El estar es un signo visible del compromiso asumido como testigos de la dignidad del otro o de la otra. El estar presente es nuestra forma de mostrar nuestra disponibilidad de escucha, de comprensión y de acción. También es muy rica la propuesta de ir que nos brinda una idea de movimiento, de estar en camino, de aproximarnos. Tanto el que acompaña como aquel que es acompañado están construyendo una acción y una relación que crece y se enriquece en cada encuentro.  
 

El siguiente aporte nos habla del agregar y quizás aquello que podemos agregar es el sentido de respeto y dignidad que muchas veces ha sido herido, robado o destruido tanto por la sociedad como por las iglesias mismas a las que cada uno de nosotros pertenece. Ese reconocimiento y ese compromiso en defensa de esa dignidad pre-existente a nuestro acompañamiento es lo único que podemos agregar a la realidad que vive el otro o la otra. La propuesta de existir junto a otros y otras no brinda el panorama de que esta acción no es algo que hacemos desde un afuera sino desde el sentirnos tocados por la misma realidad. No es una acción que se puede hacer desde un nosotros los sano y un ellos y ellas los enfermos. Estamos juntos caminando y soñando juntos un presente para que el futuro sea más solidario y humano. La definición termina con la idea de completar la armonía de la diversidad. Esa armonía que se construye con varias voces y que en unidad pueden construir el sonido de una nueva creación.  
 

MODALIDAD DE TRABAJO:

Hacia el equipo:

Toda tarea tiene ciertas modalidades que le da una identidad. La modalidad que busca construir esta reflexión cuenta con algunos elementos muy específicos. En primer lugar, la experiencia que nace del acompañar a las personas que viven con VIH y SIDA nos ha enseñado la importancia de trabajar en equipo. Ese es un espacio de pertenencia que nos permite capacitarnos permanentemente, reflexionar y corregir nuestra acción y encontrar un espacio de contención afectiva e intelectual. Las angustias, frustraciones y desafíos que presenta esta tarea hacen sumamente importante el trabajar junto con aquellos y aquellas que viven exactamente los mismos sentimientos que nacen de situaciones semejantes. Esos oídos y brazos que pueden acoger nuestra propia necesidad de ser acompañados hablan el mismo idioma que nosotros hablamos. Otros espacios pueden tener una importante simpatía por nuestra tarea pero aquellos que realizan las mismas presencias pueden llegar a tener una comprensión más rápida y profunda de los procesos por los cuales pasan un acompañante.  
 

Aquel que desea acompañar a las personas que viven con VIH o con SIDA debe preguntarse desde un primer momento su disponibilidad y capacidad de adentrarse en diferentes culturas. Es por todos muy sabido que en el espacio urbano contemporáneo coexisten diversas culturas con sus códigos y costumbres específicos. Es por ello que debemos preguntarnos al iniciar esta capacitación de inculturarnos en esos sistemas. Es así como los usuarios de drogas, utilizando nuestro propio idioma, le conceden a las palabras una significación totalmente diferente y las sintaxis de las frases tienen también sus características que hacen necesaria una iniciación. Igualmente sucede con el lenguaje y el uso del espacio público de las personas que frecuentan la escena gay, el mundo de las personas de identidad transgénero, etc.  
 

Si bien, el asumir voluntariamente el compromiso de ser agentes de acción pastoral en vih y sida, no significa un compromiso vitalicio o incondicional. Es muy importante la lealtad hacia las y los miembros del equipo que debe ser un reflejo de la lealtad hacia las personas que deseamos acompañar. Esa lealtad se traduce en una transparencia en nuestros sentimientos, en un apoyar sinceramente los esfuerzos del equipo y ubicar las críticas o comentarios que tienen como objetivo mejorar y purificar la metodología de trabajo en aquellos espacio específicamente propuestos para la evaluación comunitaria.  
 

Hacia las personas que viven con VIH y SIDA.

También se puede construir una modalidad muy particular en el acompañamiento y promoción de los derechos de ciudadanía y pertenencia eclesial. En primer lugar debemos recordar que la otra persona es siempre un espacio sagrado que exige un descalzarnos en nuestra mente, en nuestro corazón y en nuestros pies. Debemos ser muy cuidadosos de no penetrar ese espacio sagrado si el  otro o la otra no nos ha invitado claramente o si nuestro ofrecimiento no ha sido voluntaria y libremente aceptado. Debemos descalzar nuestra mente porque no nos podemos acercar con reservas mentales. Toda persona, en su carácter de imagen de Dios, tiene un derecho inalienable a ser respetado como tal. Nuestra meta no es juzgar sino comprender. Esa comprensión es la mejor forma de descalzar nuestro corazón de forma tal que nuestra tarea no solo sea efectiva sino que también sea afectiva. Los tiempos, ritmos y necesidades de la otra personas también exigen que descalcemos nuestros pies como para que seamos conscientes de respetar la dinámica y necesidades de aquel que deseamos acompañar.  
 

Debemos ser conscientes de la vulnerabilidad en que el diagnóstico de VIH y SIDA ubica a muchas personas. Datos de la intimidad y de diversos estilos de vida quedan al descubierto con el diagnóstico. Es por ello que el acompañante debe ser un tenaz defensor de la intimidad de las personas que acompañan, y si bien no ha hecho un voto de guardar secreto de confesión, en realidad debe vivir esta relación desde esa perspectiva. De igual forma que será confiable por el respeto hacia la intimidad también será un militante en la defensa de la confidencialidad. Solamente la persona que vive con VIH y SIDA tiene el derecho de revelar a quien desea y en el momento que lo considera oportuno su situación.  El equipo de agentes pastorales en su relación de ayuda ha de ser garante de este derecho de confidencialidad. 
 

Es necesario  que las y los agentes pastorales tengan una buena preparación con relación a la epidemia o pandemia como para poder brindar un asesoramiento veraz, simple y creíble. Nunca se ha de difundir rumores. Si bien no es bueno confundir roles, y ser muy consciente de que nos se ha de reemplazar al equipo de salud, el contar con una actualizada información permite bajar angustias y alejar dudas. De igual manera es necesario conocer los servicios que presta las organizaciones gubernamentales, las organizaciones de la sociedad civil y las redes de personas que viven con vih y sida en su contexto, como para poder brindar una panorama general y adecuado de esos servicios.  
 

Pero siempre es muy importante recordar que las y los agentes de toda acción pastoral son el signo visible y testimonio de la dignidad de las personas que acompañamos. Esta es su identidad y la esencia del acompañamiento. No es el virus ni la enfermedad quien nos ha convocado o motivado para esta acción, sino la dignidad herida  de personas y grupos en situación de vulnerabilidad al vih y al sida.

Fundamentos bíblicos

Siempre existen paradigmas que pueden funcionar como modelos de esta acción. Tanto el relato de la curación del ciego Bartimeo (Mateo 10, 46-52 o el relato del Bautismo del Etiope Eunuco como figura en el Libro de los Hechos de los Apóstoles (8: 25-39) (Ver estudios bíblicos en el sitio de Internet www.pastoralsida.com.ar sección Estudios Bíblicos y las meditaciones incluidas en la sección Desafíos de la Palabra).  
 

Áreas de Capacitación.

La simple voluntad no es suficiente para realizar esta tarea de acompañamiento y poder responder a los múltiples desafíos que a cada paso y cada día se nos ha de presentar en la crisis dinámica del vih. Es por ello que debemos encarar una capacitación en cuatro áreas: intelectual, emocional, teológica y pastoral.  
 

1.Capacitación Intelectual: Es muy importante conocer con cierta profundidad los datos médicos sobre la epidemia, los datos estadísticos, el perfil de las personas afectadas, etc. Si bien nunca seremos ni médicos ni enfermeras, el conocimiento de estos datos nos ayudaran tanto a comprender determinadas situaciones como también el poder brindar un apoyo más eficaz en la adherencia a los tratamientos. También este conocimiento nos ayudará a despejar los mitos de la realidad. Desde un comienzo se ha establecido en el imaginario popular una serie de mitos que sirvieron para fundamentar miedos, prejuicios y estigmas. Esa falta de  información también está en la base del desconocimiento de derechos humanos de las personas que viven con VIH o con SIDA. Es por ello que el conocimiento de esta información nos ayudará a analizar en forma crítica los miedos y prejuicios sociales.

 

2.Capacitación emocional. Es importante tener conciencia de aquello que nos mueve y motiva a asumir la responsabilidad de acompañar a personas que viven con VIH o con SIDA ya que muchas veces esas relaciones funcionaran como espejos de nuestra propia realidad. Es por ello que debemos preguntarnos sobre nuestra relación con las enfermedades, nuestras fantasías, nuestra propia muerte, a las pérdidas, los cuerpos desgastados, etc. Asimismo será muy útil para este trabajo analizar nuestras negaciones y como reaccionamos frente a las frustraciones ya que este acompañamiento pondrá en tela de juicio nuestra omnipotencia y nuestros límites.

 

3.Capacitación Teológica.   Esta tarea de acompañamiento nos llevará a preguntarnos por la naturaleza del Dios en el cuál creemos. Las primeras voces que se escucharon desde las iglesias hablaban del SIDA como un castigo de Dios. Es por ello que debemos tener claro la naturaleza de un Dios que nos muestra su ira o aquel que se hace solidario con los excluidos y marginados y que al pasar haciendo milagros de sanación anunciaba que el propósito de Dios para su creación que era el de salud para todos y todas.  Igualmente la confusión del diagnóstico médico con un diagnóstico moral nos lleva a preguntarnos por la naturaleza de la iglesia y su inclusividad. La iglesia siempre se la ha considerado en su función de Madre, Maestra, Abogada y Profeta.

 
En cuanto Madre es aquella comunidad que acoge incondicionalmente. Como Maestra  enseña a la sociedad en la que se inserta y a sus propios miembros las respuestas  desde el evangelio a la exclusión y la marginación. Es Abogada cuando defiende los  derechos civiles y humanos de todo persona sin tener en cuenta su condición, su  orientación sexual o cualquier otra marca estigmatizadora. Es Profeta cuando  denuncia esas injusticias, crea nuevos caminos de solidaridad y es una voz  alternativa. 
 

4.Capacitación Pastoral. Esta voluntad de trabajar como agentes pastorales en el contexto del vih y del sida surge de una comprensión del amor como fuerza que integra e incluye. Es una acción que se construye en el desierto, donde los caminos se van creando al andar. Es una acción siempre renovada, participativa e indudablemente muy discutida porque los cuestionamiento no proceden de las personas que acompañamos sino de nuestros hermanos y hermanas más cercanas. Es una forma nueva de predicar a los convertidos. No es asistencial porque no se limita a sostener al caído sino que denuncia las situaciones que le hicieron caer. No es paternalista porque su énfasis está en la promoción social que devuelva la capacidad de autonomía de toda persona. No es oportunista porque no es la enfermedad que nos mueve sino la dignidad herida.

 

Conclusión:

Muchas veces, en el compromiso asumido y en la capacitación necesaria para trabajar en el área del vih y del sida, el gran desafío continúan siendo nuestras propias comunidades de fe. El diálogo y el acompañamiento tanto con personas como con grupos en situación de vulnerabilidad al vih y al sida nos muestran la necesidad que nuestras comunidades sean realmente aquello que quieren ser: espacios de acogida incondicional, inclusivas de la diversidad de los rostros e imágenes de Dios que nos revela esta epidemia. El gran desafío es predicar a los convertidos y promover los cambios necesarios para que seamos en verdad esas comunidades que acogen y promueven derechos y dignidades.  
 
 

Pastor Lisandro Orlov

Iglesia Evangélica Luterana Unida em Argentina y Uruguay.

Pastoral Ecuménica VIH-SIDA

Buenos Aires

Marzo de 2008

 

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