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CONFESIÓN DE AUGSBURGO

ARTICULO IV    LA JUSTIFICACIÓN

Pueden encontrar este texto en el sitio:http://www.ielprincipedepaz.org/La_Confesion_de_Augsburgo.htm

Además, se enseña que no podemos lograr el perdón y la justicia delante de Dios por nuestro mérito, obra y satisfacción, sino que obtenemos  el perdón  del pecado y llegamos a ser justos delante de Dios por gracia, por causa de Cristo mediante la fe, si creemos que Cristo padeció por nosotros y que por su causa se nos perdona  el  pecado  y se nos conceden la justicia y la vida eterna. Pues Dios ha de considerar e imputar esta fe como justicia delante de sí mismo, como San Pablo dice a los Romanos en los capítulos 3 y 4.

Otra traducción:

Enseñamos también que no podemos obtener el perdón de los pecados y la justicia delante de Dios por nuestro propio mérito, por nuestras obras o por nuestra propia fuerza, sino que obtenemos el perdón de los pecados y la justificación por pura gracia por medio de Jesucristo y la fe. Pues creemos que Jesucristo ha sufrido por nosotros y que gracias a Él nos son dadas la Justicia y la vida eterna. Dios quiere que esta fe nos sea imputada por justicia delante de Él como lo explica pablo en los capítulos 3 y 4 de la carta a los Romanos.

En los momentos más difíciles de la epidemia del sida cuando desde el punto de vista de la medicina no se contaba con mayores recursos como para garantizar calidad de vida y cuando teológicamente las voces que se escuchaban desde las comunidades de fe hablaban de castigo y pecado, las personas convocadas por la Federación Luterana Mundial relacionaron en forma indirecta justificación por la fe y epidemia de vih. Ya en aquel entonces colocaron la visión de la comunión luterana sobre la epidemia desde el concepto antropológico de simul iustus et peccator, es decir, simultáneamente justos y justificados y a la vez pecadores y transgresores de la ley. Este concepto enunciado en el documento de la Federación titulado “El Trabajo Pastoral con relación al SIDA” del año 1988 se repite luego en el Plan de Acción en vih y sida del año 2002 que lleva por nombre: “Compasión, Conversión, Asistencia”. Lamentablemente este concepto antropológico nunca se explico ni desarrollo profundamente. Todo quedó en un enunciado y es por ello que hoy quisiera comenzar el debate como para considerar su estrecha relación con el núcleo de la herramienta hermenéutica y de comprensión teológica y pastoral del Evangelio y de todas las Escrituras.

 

Este concepto de ser las personas simultáneamente consideradas justificadas y a la vez pecadoras tiene una directa relación con el Artículo IV de la Confesión de Augsburgo y de hecho es su comprensión la que construye este concepto. Antes de avanzar tenemos que profundizar, tal como lo hace Lutero a lo largo de todos y cada uno de sus escritos, aquello que se considera como fe. Indudablemente no se limita ni se funda en un asentimiento intelectual o académico. Tener fe es afirmar con pasión, con entusiasmo y con una entrega total e incondicional a la vida divina que nos revela el radical anonadamiento de Dios en Jesús de Nazaret. Sus comuniones, sus compromisos con las dignidades de los más oprimidos y estigmatizados, sus comidas de inclusión radicales y escandalosas, su teología y práctica pastoral que ponía patas para arriba los criterios de quienes se consideraban puros por el cumplimiento de reglas, códigos de pureza y santidad y la observancia de espacios y tiempos considerados sagrados. Fe es asumir sin condicionamientos las prácticas escandalosas, consideradas inmorales y blasfemas por las diversas ortodoxias de aquel tiempo y de ahora. Fe es un enamorado si al proyecto que se nos revela cada día en la vida de Jesús de Nazaret a quien proclamamos, asumimos y vivimos como el Cristo del Dios del Reino.

 

Frente a esa radical adhesión pasiva a través de la sola fe, en la sola gracia obrada por el solo Cristo, que en definitiva es vivir la gracia cara y la fe cara, siempre surge un “pero”, esa indomable voluntad de aportar, agregar, completar, la acción de reconciliación que Dios mismo realiza consigo mismo. El proceso de conversión de Dios mismo provoca y necesariamente produce una conversión en quienes se atreven a decirle si a esta incondicional gracia. Esta es la fe cara. La que nace de los “peros” que quieren agregar o aportar algo a la gratuita acción de Dios, siempre es la gracia y la fe barata. Frente a Dios todo esta hecho y acabado en la vida, pasión, muerte de cruz y resurrección de todos los estigmas realizada por Jesús de Nazaret. Cualquier intento de interferencia de cumplir códigos de santidad, reglas de pureza, mandamientos y reglamentos rompe este encanto y traslada el enamoramiento y pasión que tenemos que colocar en todo lo realizado en el radical anonadamiento de Dios. Desde ese despojamiento total nace la gracia cara y la fe costosa.

Este concepto de “simul iustus et peccator” es parte del genio luterano con su mirada bifocal. Este proceso tiene su comienzo en la clara distinción en la interpretación bíblica de diferencia “letra del espíritu” y que luego ha de dar la distinción entre “ley y evangelio”, este artículo IV de la Confesión de Augsburgo nos introduce en esta distinción antropológica que solo se puede dar cuando relacionamos este concepto con esta afirmación de que “se enseña que no podemos lograr el perdón y la justicia delante de Dios por nuestro mérito, obra y satisfacción, sino que obtenemos  el perdón  del pecado y llegamos a ser justos delante de Dios por gracia, por causa de Cristo mediante la fe, si creemos que Cristo padeció por nosotros y que por su causa se nos perdona  el  pecado  y se nos conceden la justicia y la vida eterna.  La apropiación de esta gracia y esta justificación jamás lograda por nuestros méritos, obras o cumplimiento de acciones piadosas, sino que obtenemos esa gracia transformadora por gracia, por causa de Cristo y no por el cumplimiento de leyes, reglamentos o códigos. Esta es la gracia cara y esta es la fe cara.

Indudablemente le tenemos miedo a esta libertad y el aporte que podemos hacer a través de algún tipo de cumplimiento, conducta o pureza, nos puede dejar más tranquilos. No logramos confiar total y plenamente en la gracia cara que a través de la sola fe en solo Cristo nos transforma y empodera

Pastor Lisandro Orlov

Pastoral Ecuménica VIH-SIDA

Buenos Aires. Argentina

Mayo 2011

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