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ABRAZAR NUESTRAS HERIDAS

CÓMO ASUMIR EL CUIDADO PASTORAL, DESDE LA FE CRISTIANA,

PARA RESPONDER A LA EPIDEMIA POR VIH

 

[1] Herida es palabra que se usará como una analogía médica que significa estigma interior que incluye: miedo, evasión, acepta ser denigrado y pierde el control (Morrison, 2006).Herida es una analogía médica que incluye estigma (actitud de diferenciar) y discriminación (conducta de separar) al otro (a) u otros(as) por vivir con VIH.

El presente artículo intenta explorar el cuidado de nuestras heridas como oportunidad de responder al abrazo reconciliador de Dios para re-construir comunidades eclesiales de base y comun-unión entre los desavenidos[1]. Es decir, solo acogiendo la cultura dialógica e inclusiva que nos propone el Evangelio en el proyecto de Jesús de Nazaret se puede iniciar una relación de ayuda y de cuidado al otro u otra (alteridad).         Los frutos serán: romper el silencio de la Iglesia Pueblo de Dios frente al VIH y comenzar un proceso de reconciliación social y eclesial desde la fe cristiana para contribuir a detener las heridas o estigmas y por ende la epidemia por VIH.

En este sentido, se exploran tres aspectos sobre el cuidado pastoral en el del contexto del VIH: los rostros heridos por VIH en nuestro continente, el cuidado de Jesús a los enfermos y la respuesta de cuidado pastoral a las personas que viven con VIH desde la cultura política de la reconciliación[2].

Finalmente, todo lo anterior se sustenta en la experiencia del misterio de la encarnación de Cristo y que asume la vulnerabilidad humana, psicológica y social. Desde esta dinámica, queda abierto entonces un proceso educativo participativo en la Iglesia Pueblo de Dios acerca de la práctica del cuidado del otro u otra dentro de la “cultura política del perdón y reconciliación”.

Palabras clave: Herida, VIH, reconciliación, Jesús, Iglesia Pueblo de Dios.

EMBRACING OUR WOUNDS:

HOW TO TAKE PASTORAL CARE, FROM THE CHRISTIAN FAITH, TO RESPOND TO THE HIV EPIDEMIC

  "Caring is to respect everyone, so, without respect for the human person, society ends"

Galo Segovia Baus sj

Summary:

This article attempts to explore the care of our wounds as an opportunity to respond to God's reconciling hug to reconstruct basic ecclesial communities and common-bond between the estranged. That is, only accepting the dialogic and inclusive culture that offers us the Gospel in Jesus of Nazareth project can begin a relationship of support and care to one or other (otherness). The fruits are: breaking the silence of the People of God Church against HIV and begin a process of social reconciliation and church from the Christian faith to help stop or stigmata wounds and thus the HIV epidemic.

Here, we explore three aspects of the culture of reconciliation (beyond the confessionals) against HIV: the wounded faces on our continent, the care of Jesus to small and small and pastoral care response from culture reconciliation policy.

Finally, all of this is based on the experience of the mystery of the incarnation of Christ and that assumes human vulnerability, social and psychological. From this dynamic, it is open then a participatory educational process in the People of God Church on the practice of caring for others or another within the "political culture of forgiveness and reconciliation."

Keywords: Wound, HIV, reconciliation, Jesus, People of God Church

Introducción

El presente artículo[3] investiga el cuidado al estilo de Jesús de Nazaret: “siempre sorprendente, desafiante, escandaloso y provocativo con relación a todos los códigos vigentes de pureza y santidad (ORLOV,L.,2012). Lo anterior sirve de referencia para promover pastoralmente un proceso de cultura política de la reconciliación, como oportunidad para mejorar nuestros vínculos, abrazando y desde nuestras heridas mediante un proceso educativo de construcción de confianza en las comunidades de fe y vida, en el contexto de las heridas que se puede ocasionar consciente o inconscientemente por vivir y convivir con VIH, pues “la comunidad cristiana es una comunidad de pecadores [ todos y todas] reconciliados a través de la escandalosa gracia gratuita de Aquel que se revela en todas las vulnerabilidades de Cruz de Jesús de Nazaret (ORLOV,L., 2012)

La tesis que se argumentará es que, solo abrazando nuestras heridas ( una de ellas la del pastor o el presbítero y la de la comunidad excluida) causada por el VIH, a través de la puesta en práctica de la cultura del cuidado “ o promoción de todos los derechos y todas las dignidades (ORLOV, 2012) al otro u otra promovida desde la fe cristiana, se puede abrir caminos nuevos de justicia teologal “la que procede de la gracia vencedora de Cristo” (PARRA, 2010), que nos conduzca hacia una paz fruto de la justicia estructural“ cuando luchamos por los derechos humanos, la libertad, la dignidad” (PARRA, 2010, pág. 29)[4].

En este sentido, se investigan tres aspectos de la cultura del cuidado al otro dentro del camino del perdón y la reconciliación que genera el VIH: los rostros heridos descuidados, por la sociedad y las comunidades de fe, pero cuidado de Jesús y cuidado pastoral dentro de la cultura de la reconciliación[5]y de una propuesta alternativa fundamentada en la justicia y la equidad que se llama Reinado de Dios (ORLOV,L.,2012). En primer lugar se inicia con una indagación de la condición de la específica vulnerabilidad[6] de los rostros heridos frente al VIH y su relación con el poder pastoral (ALBANO, 2005; ARISTIZABAL, 2010). En un segundo momento se aborda el cuidado de Jesús, tocando las heridas del prójimo (Lc 5,13) para incluirlos y reconciliarlos con la sociedad (PAGOLA J. A., 2007). En tercer lugar se propone algunos fundamentos y  desafíos abiertos para la vivencia de la cultura del cuidado del otro dentro de la cultura política de la reconciliación (NARVÁEZ, L.,2010)

El cuidado del otro y de la otra y prevención de las heridas  causadas por VIH se sustenta teológicamente desde el perdón como un derecho evangélico[7], y por lo tanto derecho humano (NARVÁEZ, 2010). Lo anterior tiene su origen en el misterio de la encarnación de Cristo, el Mesías, el Señor, quien siendo Dios asume en la Cruz toda la vulnerabilidad humana, psicológica y social (2 Cor 5, 17-19). En armonía con lo anterior, la vida en el espíritu del Resucitado reclama un proceso educativo “siempre contracultural, transcultural, inculturado (ORLOV, 2012) en la Iglesia sobre la práctica de una cultura política del perdón y reconciliación restaurativa (NARVÁEZ, 2010).

Así, se iniciará el camino abierto y permanente de transición: del poder al servicio, del descuido, al cuidado, del olvido de los derechos humanos a la reivindicación de los mismos, del tener al dar y sobre todo el paso del valer a la humildad de Jesús, “quien al despojarse de su Majestad asume todas las vulnerabilidades y rompe con la imagen del Dios todopoderoso de la Teología de la Prosperidad” (ORLOV, 2012).

Exploración de la situación de los rostros heridos

Los rostros heridos en general

            Cuando Monseñor Arnulfo Romero, Obispo mártir del Salvador, en una de sus cartas pastorales, citado por el P.Parra S.J. (2010, pág.24), describe las caras heridas de los ultrajados y despreciados… se acerca al realismo antropológico de los rostros que le lleva a la pregunta “¿con qué derecho se ha catalogado a hombres - y mujeres- de primera clase y a hombres -y mujeres- de segunda clase, cuando en la teología de la persona humana hay una sola clase, la de los hijos de Dios?”) Por eso si se desea acercarse a una respuesta evangélica a estas heridas frente al VIH es menester indagar sobre cómo la práctica de la cultura[8] de la reconciliación con base en la justicia solidaria del Reinado de Dios es signo de vida y humanización. En los heridos, los enfermos e insignificantes[9] el evangelio nos invita a reconocer a Cristo (Mt 25,45) quien se encarnó por amor para recrearnos en Él. Más aún, Gustavo Gutiérrez (1999) concibe que su afirmación “dónde están los pobres está Jesucristo” es uno de los fundamentos de lo que M.D. Chenu llamaba “la ley de la encarnación”, en tanto criterio para leer el mensaje de Jesús[10].

Algunos rostros heridos asociados al fenómeno del VIH

En la situación de la herida a causa del VIH[11], cuando se habla de los rostros heridos de los pobres “vulnerables al estigma y discriminación relacionados con el VIH  y sida (ORLOV,L.,2012) en nuestro continente se refiere a preferentemente a “quienes por su orientación sexual, género ( o identidad de género) no cuentan, quienes no tienen derecho de tener derechos” (GUTIÉRREZ, G., 2011).

En este sentido “el VIH y sida, como enfermedad social y discurso que genera poder” (LUQUE,R. 2012), es decir, un  fenómeno complejo implica un abordaje integral y sistémico de lo corporal, psicológico, espiritual y socio-político-cultural (QUEZADA,M., 2011), por ello “sobrepasa las religiones, pero no es más que Dios (MOKGETHI-HEATH, JP, 2012)”. Específicamente, la epidemia concentrada[12] y las heridas o estigmas por VIH en Latinoamérica se pueden repensar desde varios ángulos. Se opta por mirar la herida por VIH ocasionada consciente o inconscientemente por los pastores o presbíteros, desde la cultura de la reconciliación (más allá de los confesionarios ) y en el contexto de globalización, pluralismo religioso y creciente pauperización (GUTIÉRREZ, G., 2002, pág. 503).

Lo anterior se lo interpreta desde el enfoque de un cristocentrismo abierto en el sentido que “en Jesucristo se nos revela el hombre total” (MADERA I., 2007, págs. 137-138), es decir, en la vida y palabras de Jesús se tiene un referente histórico de reconciliación. En este orden de ideas, el abrazo de Dios al hombre o reconciliación es el misterio de la encarnación (cómo siendo Dios se hace vulnerable[13] para recrearnos en el Amor). Esto se lee desde el carácter histórico de la revelación de Dios en Jesucristo y la centralidad del misterio pascual que es “la muerte y la resurrección de Jesucristo, lo cual no es separable de la historia humana y, particularmente, de la historia de Israel” (GONZÁLEZ, A., 1999, págs. 22-32).

Con base en lo citado se invita al pastor, al presbítero y a las y “los agentes de la acción pastoral reparadora (ORLOV, 2012)” a vivir un proceso de dejarse abrazar por el Amor en el camino del cuidado al otro, en el proceso de reconciliación al estilo de Jesús, configurarse con Cristo y dejarse mover hacia el servicio diaconal nacido del amor entrega total-incondicional o kénosis (URIBARRI, G. 2001) y, su fruto, la acogida, perdón y comensalidad lucana (BARRIOS, H., 2007), todo lo cual tiene sentido desde la victoria de la cruz de Jesús (RAHNER K., 1980; MOLTMANN, J.,1985) y en la permanente “ búsqueda de la nueva imagen de Dios que pasa de la omnipotencia arbitraria a la compasión solidaria”  (QUEIRUGA,A., 1997, pág. 16), es decir, la reconciliación festiva ( Lc 15,21-23).

Ahondemos más: entre las raíces estructurales de la herida o estigma religioso por VIH se estiman dos: el poder pastoral (ALBANO, 2005) y la imagen de Dios castigador[14] (SANDERS, 2007). Se hará una aproximación a las relaciones de poder[15].

Poder pastoral frente al VIH

 ¿Qué tan necesario es que algunos pastores y presbíteros de la Iglesia ejerzan el poder sobre las conciencias para exigir a sus feligreses el cumplimiento literal de normas y leyes universales, en el contexto del VIH?

En realidad, la respuesta es: no es necesario ese universalismo esclavizante, porque “el amor nos hace libres” (GIL, M., 2011) y nos rescata de todo poder de dominación, mientras que la autoridad de Jesús es testimonial en el servicio humilde y siempre proviene de su Padre Abba Dios (Cfr.  Rom 3,1-2), no de persona alguna. Además, lo que Jesús mira es el corazón o semilla del Verbo (CONCILIO VATICANO II, 1991, pág. 146) y según esta ley interior del amor la persona será juzgada ( Cfr. Rom 2, 15-16), nunca seremos examinados por leyes externas o esquema de la Ley (GONZÁLEZ, A., 1999). La auténtica autoridad es la que se entrega fiel y se dispone a morir a sí mismo para que el otro o la otra tenga vida (TRIGO,P.,2004), porque “si quieren seguirme niéguese a sí mismo, tome su cruz y síganme” (Cfr. Mc 8,34-35), esta fidelidad a la voluntad de Dios ocasionó “la muerte subversiva de Jesús de Nazaret que es consecuencia de su comensalidad escandalosa con todas y todos los estigmatizados por el sistema de poder político y religioso” (ORLOV,L. 2012).

Por otro lado, el poder pastoral frente al VIH, según Aristizabal (2010, pág. 294) es una forma de violencia simbólica (afectiva o moral), y se expresa en el uso y abuso del poder mediante: lenguaje, imágenes y prácticas. Lo cual, aplicado a la herida por VIH del poder pastoral se interpreta que el lenguaje religioso (por ejemplo: “Dios te castigó con el VIH”) puede crear imaginarios excluyentes (“eres sucio e indigno de incluirte en la Iglesia”), que al mismo tiempo promueven prácticas de separación de personas, en comunidades de la Iglesia (por ejemplo: “no puedes recibir ningún sacramento porque eres impuro”). Este poder como imaginario social es de índole jerárquico, vertical, dominante (PINOS, 1995), frente a lo cual se explora la teología de Jesucristo que tiene un sentido reconciliador desde el vaciamiento por amor incondicional (ORLOV, L., 2012).

Frente al poder pastoral, Jesús cuida y abraza nuestras heridas

¿Cómo Jesús cuidaba?

Jesús cuidaba “abrazando nuestras heridas” tocando al indigno, indeseable y enfermo (Mc 1,40-41), es decir lo cual era un escándalo porque esas personas en su época eran consideradas impuras. Por otro lado, frente al código de santidad de los jefes religiosos, en Jesús se reconoce una actitud de inclusividad de género (PAGOLA J., 2012, págs. 195-197) mediante el cuidado cercano a las personas que viven excluidas socialmente, como lo demuestra el relato de la mujer sirofenicia (Mc 7, 29) y cananea en (Mt 15,28).

Los evangelios muestran también cómo Jesús se relacionaba activa y afectivamente con los enfermos (Mc 10, 52;5,34;Mt 9, 22)[16], cómo invitaba a la persona a ser protagonista de su sanación al decirle “levántate”, Mc 2,11;Mt 9,2, cómo suscita encuentros personales con la Samaritana, Nicodemo y Zaqueo, e invitaba a la vida en abundancia (Jn 10, 10 ), al Hijo Pródigo ( Lc 15, 20-24 )para adherirse al banquete de la diversidad en la unidad ( 1 Cor 12,3-13 ).

De estas maneras: tocando, vinculándose e incluyendo alegremente a todos y a todas, Jesús reconcilia y abraza celebrativamente nuestras heridas. Lo anterior invita a revisar el modo como el pastor, el presbítero, los agentes pastorales y la comunidad de creyente en general se relacionan hoy con las personas que viven con VIH y con la misma epidemia.

Cultura del cuidado pastoral frente al VIH  desde la fe cristiana .caminos abiertos

Presupuesto

Paralelamente al proceso de cuidado a las personas que viven y conviven con VIH es menester que los agentes de la relación de ayuda o de la acción pastoral, el pastor y el presbítero tenga la oportunidad  una formación continua e integral: espiritual, académica, apostólica y comunitaria. Se destaca la necesidad de un autoconocimiento, una honda vida de oración, examen de conciencia diaria, un acompañamiento espiritual, es decir un camino que favorezca una responsabilidad frente a su ministerio y de creatividad en su desempeño[17].

Tareas de los pastores y presbíteros frente a las heridas por VIH

Una de las tareas y desafíos del pastor o el presbítero y de todas las personas de la Iglesia Pueblo de Dios es ¿cómo asumir el cuidado de sí y del otro como alternativa ética para responder a la epidemia por VIH?

Una de ellas es mediante la práctica de solidaridad, el servicio, la diaconía que se muestra en su camino abierto de Jesús “disestigmatizando al leproso, siendo capaz de cambiar la mirada de quienes le miran la llaga olvidándose de la persona” (LUQUE, 2012) al tocar a todos y todas, preferencialmente a los más excluidos, necesitados y empobrecidos. La diakonía, una de las funciones ministeriales esenciales de la Iglesia que consiste en acciones de solidaridad social concreta (BENEDICTO XVI, 2005), es una de los compromisos de todo bautizado o bautizada de socorrer a los enfermos, huérfanos, viudas, entro otros (Cfr. Hech 6,1-2 )y se fundamenta en el amor entrega total-incondicional o kénosis o vulnerabilidad y la búsqueda de edificar una comunidad crística reconciliada o koinonía, todo esto visto desde la resurrección de Jesús (RAHNER K., 1980).

Así, desde la fe, esperanza y caridad (existenciales cristianos: 2 Tes 3-4 ) se abre nuevo horizonte escatológico de común-unión de la “trinidad como la mejor comunidad” (BOFF, 1992) post pascual frente a todas las vulnerabilidades humanas, entre ellas, estigma por VIH. Por tanto, se identifica tres tareas del ´pastor y presbítero: cuidado integral a todos y todas (diakonía: Jesús al lavar los pies a sus discípulos ( Jn 13,12-15 ) cuida a toda la persona y la acción social en las primeras comunidades cristianas: Hch 6,1-2), solidaridad desde el vaciamiento del Cruz del Señor (kénosis o abajamiento: Fil 2,6) y nuestra respuesta concreta como humildes servidores de la misión de Cristo en el compromiso histórico de comunión reconciliadora (koinonía).De los anteriores este artículo trata de enfocarse al cuidado de sí y del otro y de la otra como elemento esencial del mensaje cristiano y por ende paste del camino evangélico de la cultura política del perdón y reconciliación, más allá de las sacristías y consejerías.

Las heridas frente al VIH, cuestión de dignidad humana.

Cuando Jesús cuida y reconcilia ama incondicionalmente (Pagola J. A., 2007) , le interesa que la persona no sufra, no sienta miedo y sea incluida socialmente reconociendo su dignidad de persona humana, como en el caso del leproso ( Mc 1, 40-45 )  porque Dios no desprecia a nadie (Hch 10, 34) y todos somos  imagen de Dios y con capacidad de conocer y amar al Creador (CONCILIO VATICANO II, 1991).

Además, se ve en el Reinado de Dios la efectuación libre del compromiso histórico de reconciliación de todos nacido como memorial grato de su entrega eucarística (NARVÁEZ,L.,2010, pág. 75), en nuestro caso la reconciliación de los pastores, presbíteros, lideres religiosos, agentes pastorales y otros ministros eclesiales con las personas que viven con VIH. Por consiguiente, el cuidado de sí, el cuidado del otro y la reconciliación eclesial-social pueden ser componentes esenciales para evitar la epidemia por VIH y sus consecuencias siempre cuando se lo aborde como integral y sistémicamente desde el respeto a la dignidad de la persona humana, imagen de Dios. Con este fundamento identitario damos el salto al cuidado del otro o alteridad, camino hacia la reconciliación comunitaria mas allá del sacramento de la confesión de la Iglesia Católica y de las consejerías.

Caminos abiertos para los cuidados de las heridas por VIH: escuela para el perdón y reconciliación.

Queda un camino abierto de construir una propuesta educativa de reconciliación[18]. Se explora, la diferencia conceptual entre perdón y reconciliación. “El perdón es un don, un regalo divino, es un amor excesivo y al mismo tiempo es una decisión que se aprende, no es olvidar, no es impunidad, es recordar con otros ojos” (NARVÁEZ, L.,2010). En cambio la reconciliación es un largo y complejo proceso de construir confianza, emprender el cuidado integral” (aquí está la propuesta de este artículo), restablecer la restauración, dialogar (aquí se rompe el silencio eclesial por VIH) y acordar la comun-unión, y finalmente hacer memoria y celebrar la eucaristía (NARVÁEZ,L.,2010).

También queda como desafío teórico fundamentar el cuidado como cultura política, específicamente la justicia restaurativa (NARVÁEZ, 2010) y reparación de las heridas frente al VIH como imperativo evangélico del mensaje cristiano “ amenses los unos a los otros como yo los he amado” con base en la justicia teologal que es “la justicia no con la que Dios es justo, sino con la que Dios nos hace justos, es la raíz última de la justicia social y de la paz social” (PARRA,A. 2010, pág. 29), lo cual aplicando al tema de este artículo significa que abrazaremos nuestras heridas estructurales en la medida que social, comunitariamente e interpersonalmente los presbíreros, pastores y mas ministros de la Iglesia pongamos en práctica el imperativo evangélico del cuidado, la solidaridad y inclusividad social reparadora, reconciliadora, reparadora material y de la dignidad humanay sobre todo la “útopía” del Reinado de Dios a cerca del compromiso deliberado y evaluado del “nunca más” exclusión, heridas y miedos a todos y todas especialmente a las personas que viven con VIH.

Conclusiones

Luego de este recorrido desde los rostros heridos en Latinoamérica por VIH, pasando por la mediación modélica del cuidado de Jesús y la respuesta ética:el cuidado pastoral a todas las personas de manera preferente a los empobrecidos que viven y conviven con VIH, se concluye lo siguiente:

Los rostros heridos individuales, comunitarios y sociales por VIH en Latinoamérica son una de los determinantes de la epidemia por VIH: el poder religioso que descuida a la persona, ocasiona miedo, silencia y moraliza el VIH. Lo cual puede llevarnos a reflexionar de si la manera que entendemos nuestra vulnerabilidad es mayor nuestra sensibilidad, deseo o iniciativa hacia el cuidado del otro también será cada ves mayor.

Por otro lado, el cuidado de Jesús se caracteriza por tocar nuestras heridas, lo cual significa la cercanía, inclusión y devolver la dignidad al desacreditado a todos y todas, entre ellos a personas por que viven con VIH. En este orden de ideas la cultura política del perdón y reconciliación y VIH es un campo abierto de indagación que acoge la justicia teologal restaurativa del Reino y protege los derechos humanos como imperativo evangélico. Así, se puede iniciar un camino auténtico de perdón y reconciliación si hay apertura de vivir la humildad (kénosis) y si en la práctica el pastor, el presbítero, los agentes pastores de la salud, entre otros, nos dejamos evangelizar por las personas que viven con VIH.

Trabajos citados

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[1]Reconciliar a los desavenidos” escribe San Ignacio en la Fórmula de nuestro Instituto, la de la Compañía de Jesús, por tanto el abrazar las heridas o reconciliación es parte fundamental del regalo de Dios a los jesuitas.

[2] Se concibe a la reconciliación, categoría teológica y al mismo tiempo cultura política que se gesta centralmente del mensaje cristiano. Sus componentes son  el logo centrismo, cristo centrismo y la comunión trinitaria. La base pastoral es un proceso complejo de construcción concreta de confianza en los vínculos. Por eso, puede haber situaciones graves ( tortura ,etc ) en donde puede haber perdón sin reconciliación, por obvias razones. Pero nunca puede haber reconciliación sin perdón (NARVAEZ, 2010).

[3] Destinado preferentemente a los pastores, presbíteros, a los agentes de pastoral de la salud de la Iglesia y otras personas implicadas en el cuidado de las personas que viven con VIH y sida.

[4] Justicia teologal y paz real son categorías teológicas utilizadas por el P. Alberto Parra S.J. en su libro “Violencia total y Paz real”: pág. 169 -183.

[5] Se concibe que la reconciliación es una posibilidad, es decir, no siempre hay certeza de reconciliación porque puede haber situaciones graves (presenciar la muerte de un hijo, etc.) en donde puede haber perdón sin reconciliación, por obvias razones. Pero nunca puede haber reconciliación sin perdón (NARVÁEZ, 2010).

[6] [6] Vulnerabilidad, para este estudio, es la realidad de las personas que tienen alguna forma de indefensión: desplazados, refugiados, enfermos o discapacitados física y/o mentalmente, ancianos; todos los menores de 18 años; también aquellas personas que tienen un grado inferior de poder y ante quienes puede ejercerse alguna forma de coerción: “súbditos”, empleados(as), alumnos(as), feligreses(as), acompañados(as) espiritualmente; y aquellas que pasan por una situación de duelo o confusión interior.

[7] Se entiende derecho evangélico a la ley interior del amor ( Cfr. Rom 2,15 )que Dios inscribe en nuestros corazones desde siempre (CONCILIO VATICANO II, 1991, pág. 146).

[8] Se opta por la noción empírica de cultura que se lo concibe como  “el conjunto de significaciones y valores que informan un determinado modo de vida” (LONERGAN, 1988, pág. 9).

[9] “estos son siempre estigmatizados por diversos código de pureza” (ORLOV, 2012).

[10] En este sentido es :“El Dios escondido de Lutero, es decir el que siempre se revela en forma paradójica, desde quienes han sido despojados de todo derecho y donde su Divino Rostro ha sido totalmente desdibujado por la aplicación radical pero equivocada de códigos de pureza” (ORLOV, 2012).

[11] El estigma o herida por VIH expresa una actitud de marcar y rotular conciencias (LUQUE, 2011) y según Goffman (1963) “es una construcción social de atributos capaces de producir una identidad deteriorada, de desacreditar, descalificar o devaluar a personas o grupos a tal punto de condenarlos a una condición inhumana, indigna” (ARISTIZABAL, 2010, pág. 291). Existen tres tipos de estigma: corporal (físico), individual (modo de ser) y  “tribal” (racial, étnico, sexual) (ARISTIZABAL, 2010, pág. 291).En este sentido, el estigma por VIH tiene tres características básicas: es actitudinal de desprecio, cognoscitivamente una fijación del pensamiento y  moralmente es una acto de exclusión de la sociedad y comunidad (CLIFFORD, Paula, 2005).

[12] La epidemia concentrada se muestra especialmente en la población de hombres que tiene sexo con hombres, población diversa que incluye  hombres que se definen como gays o bisexuales travestis y otros que no se identifican en esta categoría (trabajadores sexuales, hombres heterosexuales, etc.).Además, se reconoce la presencia de su registro, errores de notificación y de retraso en los diagnósticos oportunos (ARISTIZABAL, 2010)

[13] Dios se hace vulnerable asumiendo nuestros pecados ( Cfr 1 Cor 15, 3-5).

[14] En relación a la imagen de Dios castigador, estigma social y epidemia por VIH existe una relación directa en cadena porque el imaginario social o constructo cultural se basa en la premisa que “todo lo que se cree de Dios se practica” (GONZALEZ-FAUZ, 1985). La vinculación entre imagen de Dios castigador y epidemia por VIH puede ser objetiva o historia personal  y subjetiva o constructos sociales (PONCE, 2011; PINOS, 1995) (VIDAL, Marciano, 1997).

[15] En relación a la reducción de la vulnerabilidad, las estrategias de reducción de riesgos por sí solas no serán suficientes para prevenir eficazmente el VIH, puesto que las estrategias personales de un individuo están condicionadas por su contexto social. Es por eso que es necesario incorporar la capa de la reducción de la vulnerabilidad en un enfoque más completo de la prevención del VIH. Las raíces más profundas del árbol de los problemas describen los factores personales y sociales que influyen, e incluso dictan, el comportamiento de los individuos y las comunidades.  Una característica clave común a todas estas raíces es que todas surgen a partir de desequilibrios de poder, los cuales a su vez, generan desequilibrios de poder entre individuos, comunidades y países (PIÑÓN, 2006)

[16]  “por ser imagen de las personas despojadas de su condición de ciudadanos en el pleno ejercicio de sus derechos” (ORLOV, 2012) ]

[17] Para sensibilizar a los agentes desde y desde qué relectura bíblica, confesional y propuesta pastoral” (ORLOV, 2012)

[18]Una de las propuestas educativas son las ES-PE-RE o escuelas de perdón y reconciliación, oferta de la Fundación para la Reconciliación creada hace 10 años en Bogotá por el P. Leonel Narváez, religioso católico consolato y ofrece varios productos educativo y  uno de ellos  son 7 módulos  educativos sobre el perdón y 5 sobre la reconciliación,dura 80 horas y se lo hace en grupos pequeños entre 10 a 20 personas, dinamizados por un facilitador por cada 10 personas, aproximadamente.

 

 

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