pastoral sida pastoral sida pastoral sida

"...Y LO HICIERON CONMIGO".

Sugerencias Prácticas y Pastorales para el acompañamiento de personas que viven con VIH-SIDA y su entorno afectivo.

 

1. Introducción.

La epidemia del SIDA esta desafiando a la Iglesia a ser verdaderamente Iglesia. Este folleto tiene por objetivo sensibilizar a los cristianos y cristianas para que su presencia y testimonio en medio de esta emergencia sea parte coherente de su identidad.

 

1.1. LOS NUEVOS LEPROSOS...

La imagen del enfermo de SIDA brindada por los medios masivos de comunicación lo han presentado como el leproso del siglo XXI y ese mensaje y ese estereotipo puede llevar a algunos malos entendidos. En primer lugar, esta forma de visualizar la epidemia nos puede conducir a limitar equivocadamente el problema suscitado por la aparición del Virus de Inmunodeficiencia Humana (VIH) a un problema exclusiva y primordialmente médico. Esta actitud significaría  desconocer las implicancias teológicas y eclesiológicas que se han suscitado y que nos desafían a cada momento. En segundo lugar, la imagen del leproso, como enfermo infecto-transmisible, puede fundamentar en algunos la idea de que podemos tratar a estas personas afectados por la epidemia del SIDA de la misma forma en que fueron tratados aquellos.

El centro de la cuestión no está en el posible contagio sino en la marginación y prejuicio que la epidemia ha puesto al desnudo. La fundamentación de una acción pastoral de la comunidad cristiana no se basa en el riesgo de contagio ni en la gravedad de una enfermedad que puede conducir a la muerte. Si fuera así seria necesario contar también con una pastoral especializada para las personas diagnosticadas con cáncer o con el mal de chagas que numéricamente afecta a muchas más personas. La realidad nos muestra que no es así porque cuando alguien recibe un diagnostico de cáncer o del mal de chagas,  el tejido social y familiar se fortalece alrededor del paciente, pero en cambio cuando alguien recibe el diagnóstico de SIDA ese mismo tejido social o familiar se resquebraja o se rompe porque se confunde un diagnóstico médico con un diagnóstico moral. La necesidad de reconstruir ese tejido solidario es lo que hace necesario y fundamenta una pastoral cristiana para con todas las personas que viven con el VIH-SIDA o son afectados por esta epidemia.

 

 

   “Mas que cualquier otra cosa, la epidemia del VIH, en muchas sociedades, ha acentuado la desigualdad social, ha complicado las vidas de los grupos y de las personas que ya se encuentran en posición difícil y ha hecho que se estigmatice y se rechace a quienes padecen la enfermedad” [1]

 

 

1.2. LOS POBRES.

En todo momento al hablar de las personas afectadas por la epidemia del SIDA (pacientes, amigos, seres queridos, acompañantes) tenemos que tener en la mente y el corazón que ellos y ellas son, muchas veces, aquellos y aquellas que el Evangelio llama "los pobres". Entendemos por tales a todas las personas cuya dignidad y derechos han sido heridos y desconocidos tanto por la sociedad como por la iglesia y que necesitan de la ayuda de otros para mantener su lugar de dignidad en la comunidad. El pobre es una metáfora teológica que se emplea para hablar de todos aquellos y aquellas que son vulnerables a la exclusión y marginación, y que por su situación, condición o identidad se le cierran las puertas de la comunidad social o de iglesia.

Confiamos que estas líneas sirvan como una introducción que no agota las infinitas posibilidades de presencia, de promoción social y de defensa de la dignidad de toda persona, y a la que nos llama desde la fe nuestro Señor. Seguramente cada lector desde su experiencia podrá completar este caminar en la aventura de vivir el hoy de Dios.

 

 

 

“El Hijo de Dios nos enseña que hablar de Dios debe pasar por la experiencia de la cruz. Acepta el abandono y la muerte precisamente para revelarnos a Dios como amor. El amor universal y la preferencia por los pobres distinguen el mensaje del reino divino que purifica la historia humana y la trasciende. El pecado, que es la negativa a aceptar el mensaje, lleva a Jesús a la muerte; la cruz es el resultado de la resistencia de aquellos y aquellas que se niegan a aceptar el don inmerecido y exigente del amor de Dios” [2]

 

 

2. LÍNEAS DE TRABAJO PASTORAL.

 

2.1.  Pluralismo, Autonomía e Inclusividad.

Cuando iniciamos una tarea pastoral con personas afectadas por el SIDA necesitamos establecer y respetar algunas pautas esenciales. En primer lugar es necesario ser sumamente respetuosos del pluralismo existente en nuestra comunidad. Este pluralismo se manifiesta en una diversidad de opciones éticas y de conductas, formas de pensar, de actuar y de escalas de valores. No podemos utilizar la enfermedad como una especie de chantaje religioso y presionar a las personas y a la sociedad en un momento de debilidad emocional.

Asimismo es necesario respetar la autonomía de las personas, porque toda acción pastoral tiene como premisa promover el pleno ejercicio de los derechos humanos y civiles. Un mensaje educativo que sirva a la prevención necesita ser asumido internamente y para ello debe apelar a las convicciones más profundas sin imponerse por el miedo ni la violencia intelectual.

El mayor sufrimiento, y el que cuesta más soportar, es el del aislamiento que nace del prejuicio y la estigmatización. No podemos aceptar la idea de estar trabajando con rótulos o etiquetas. Por eso es necesario recordar que estamos acompañando a personas que necesitan de  apoyo  en la defensa integral de sus derechos, y que tienen también el derecho de escuchar la "buena nueva" de Jesucristo. Buena Nueva de reconciliación y de amor, nunca de juicio o condena. En esta emergencia está en juego nuestra afirmación de fe en la infinita e ilimitada misericordia de Dios que sobrepasa todo lo que podemos pensar. Esta en juego nuestra identidad como cristianos. Seguramente seremos también juzgamos de acuerdo a nuestro accionar frente a esta epidemia.

Es muy fácil condenar y juzgar a personas que no tienen rostro, ni nombre ni historia. En cambio cuando hay una escucha atenta y seria del camino recorrido por el otro o la otra, y se busca un diálogo respetuoso, las condenas o los juicios, que se consideran válidos desde otros espacios, se hacen muy relativos. Es necesario recordar que acompañamos personas que están llamadas a vivir plenamente su condición de hijos e hijas de Dios.

 

2.2. Temas pastorales que debemos considerar.

 
  • La negación: que se da tanto con el diagnostico como con la enfermedad. No podemos pretender que una persona que vive con VIH-SIDA este permanentemente pensando en su seropositividad. No podemos acorralarla con esta realidad.  Necesita saludables recreos en los cuales pueda imaginar una vida sin SIDA. Mientras esa negación no le lleve a abandonar tratamientos médicos o a descuidar su salud, o debilitar su adherencia a la medicación,  es necesario acompañarle aún en este proceso de negación. En caso que esa actitud le lleve a poner en peligro su salud y la de aquellos que le rodean, debemos ayudarle a encarar la situación sin dramatismo pero con responsabilidad.

  • El miedo a la soledad. Contrariamente a lo que la mayoría de las personas piensan, el tema que más preocupa a las personas que viven con VIH-SIDA y a sus seres queridos, es el sentirse estigmatizados y marginados y como consecuencia de esta situación, aislados del resto de la sociedad. Este temor produce el miedo a hablar de la enfermedad y así establece un miedo cómplice. Este miedo cobra más importancia que el de la misma muerte.

  • Sentimiento de culpa. Las personas afectadas por la epidemia de SIDA asumen en forma inconsciente el mensaje social de la culpa y es parte del trabajo pastoral  ayudar a distinguir entre las culpas reales, que existen en todo proyecto de vida y las culpas ficticias, impuestas por el prejuicio que nace de la ignorancia.

  • Sentimiento de rabia. Es natural que toda persona dispare una infinidad de "porqué" que muchas veces quedan sin respuestas. Es importante poder acompañar esta sensación de rabia que en la mayoría de las situaciones es muy significativa ya que existen muchas limitaciones y pérdidas que la fundamentan. Es muy saludable no obstaculizar la expresión de estos sentimientos, aun de los más dolorosos y desesperados, porque siempre y en todos los casos son importantes y necesarios para aquel o aquella que los está expresando. 

  • Rabia contra Dios. La asociación de manera estrecha y en forma equivocada de pecado y enfermedad, proyectó la imagen de un dios que castiga en lugar de un Dios de amor, y esta idea está presente en muchos de los afectados El cristiano tendrá que trabajar, al igual que Cristo, para mostrar que Dios no castiga sino que nos ayuda a enfrentar y dar sentido a todo sufrimiento. Muchas cosas no tienen sentido ni razón de ser y forman parte de la existencia humana. Es fructífero no tratar de explicarlo todo y respetar los misterios de la vida. El silencio forma parte también del acompañamiento y de la solidaridad. Las muchas palabras corren el peligro de ser simplemente expresión de nuestras propias angustias y limitaciones.

 

 

 
“Debemos entender la profundidad de los sentimientos de culpa y vergüenza que suscita la cuestión del vih y del sida, no solo por parte de los pacientes sino también par parte de familiares, amigos, amigas y personal profesional. A mi parecer, esta cuestión de la vergüenza y la culpa ocupa una posición clave cuando se trata de superar la crisis del SIDA. Y el papel de las iglesias es aquí central, tanto como parte del problema como en cuanto parte de su posible solución. Es importante distinguir entre sentimientos de culpa y vergüenza. La culpa se refiere normalmente a la evaluación por una persona de sus propios actos, sean correctas o erróneas sus razones. Pero la vergüenza es básicamente una profunda experiencia de que en última instancia yo soy una persona indigna. El hecho de que yo exista es un fracaso. Precisamente por eso es un error ético perdonar la vergüenza. Si lo haces, básicamente, la persona creerá que tenía razón al creer que no tiene permiso para existir. La vergüenza de ser una persona indigna se perdona, pero no se borra. La gracia borra la vergüenza porque significa que una persona es bienvenida a su propia vida como el tipo de persona que realmente es” [3]
 

 

 

2.3. NECESIDADES Y DERECHOS DE LAS PERSONAS QUE VIVEN CON VIH-SIDA.

 
  • PARTICIPACIÓN. Es parte de un buen tratamiento el que las personas que viven con VIH-SIDA sean aceptadas por el personal de salud como protagonistas en su tratamiento. La conducción de la terapia se hace desde dos lados: los técnicos y las personas. Una simple explicación dada a tiempo evita innecesarias angustias.

  • ACEPTACIÓN. El diagnóstico no solo revela la presencia del VIH sino que también pone de manifiesto situaciones que los protagonistas hubieran deseado mantener en privado. En todo momento, aquellos que se acerquen a los afectados, deberían sentir que se lo hace desde la plena y humana aceptación. Los cristianos colocan entre ellos y toda realidad la presencia de Cristo y como consecuencia de esa mediación no juzgan.

  • COMPRENSIÓN. Es necesario tomar en serio los sentimientos expresados por los afectados y acompañarlos a partir de esa realidad, tratando de encontrar al final del camino signos de esperanza.

  • TOCAR. Un signo de comunión fraterna y humana es el abrazar, besar en la mejilla, tomar de la mano. Esta es una pastoral muy expresiva y que necesita hacerse visible. El gesto de tocar es a la vez signo de simpatía y de desafío a los falsos temores y extraños conceptos de impureza. Un abrazo o un apretón de mano puede significar mucho más que las palabras el compromiso real en el acompañamiento.

  • CONCIENCIA. Antes de aproximarnos a una persona que vive con VIH-SIDA, debemos preguntarnos cuáles son los verdaderos motivos que nos llevan a hacerlo y cuál es la visión que tenemos de nosotros mismos como enfermos. Asimismo tenemos que considerar nuestro conocimiento del mundo de las adicciones y nuestra comprensión de la orientación sexual con fundamentos científicos. Es necesario ser coherente en nuestro mensaje y no realizar un chantaje religioso ni aproximarnos con reservas mentales asociadas a prejuicios o desconocimiento.

 

 

 

MIRAR EL MUNDO CON LOS OJOS DEL PRÓJIMO.

“En un sentido profundo, la ética relacional entre personas es una búsqueda de contacto, un compartir la vida y una aceptación de responsabilidad. Todos y todas compartimos la misma humanidad, lo que implica también sufrimiento, injusticia y tragedias. El destino de cada persona afecta al nuestro propio de alguna manera. Los derechos y obligaciones de las personas son recíprocos. Tenemos que aprender a mirar el mundo con los ojos del prójimo... [4]

 

 

 

2.4. LÍNEAS DE ACCIÓN PASTORAL.

 
  • Oración. En primer lugar es importante que esta tarea sea realizada desde la oración y desde la contemplación. Utilizando palabras de Thomas Merton podemos afirmar que: "...las manos del santo consagran todo lo que tocan a la gloria de Dios, y el santo no se ofende nunca por nada ni juzga el pecado de nadie, porque no conoce el pecado. Conoce la misericordia de Dios y está  en la tierra para traer esa misericordia a todos los seres humanos".

  • Educar para prevenir. Cada uno personalmente y en forma comunitaria debe informarse y educarse para una prevención digna del ser humano. La información sin educación no es efectiva. Los datos aportados por la ciencia deben ir acompañados por las consideraciones de la responsabilidad social y de la solidaridad.

  • Disponibilidad. Al acercarnos a una persona que vive o a un afectado por la epidemia del VIH-SIDA es importante calmar nuestras propias ansiedades y temores. El silencio y las pocas palabras son una importante herramienta para permitir que sea el otro o la otra los protagonistas del diálogo. El acompañante se ubica al lado del afectado o afectada en forma escondida en Cristo, en un segundo plano. La vida del acompañante y sus creencias no interesan en este momento y en este lugar. Aquello que  importa es escuchar lo que nos tiene para decir la persona que vive con VIH-SIDA o el afectado o afectada. Ellos deben ser el verdadero  centro de la tarea pastoral.

  • Defender la dignidad de todo afectado. Cuando Jesús tocaba a un enfermo de lepra, a través de ese gesto, se hacia un impuro ritual y socialmente a los ojos de los religiosos de aquel tiempo. Este gesto de tocar era un desafío a los criterios sociales y religiosos de pureza e impureza. Al ubicarnos al lado de las personas que viven con VIH-SIDA asumimos su estigma y lo hacemos nuestro para transformarnos en la voz de aquellos que no pueden defenderse por sí mismos, en la confiada espera de que un día ellos serán  protagonistas de su historia.

  • Madre y maestra. Ejercer docencia frente a nuestras comunidades, asumiendo un liderazgo sensitivo con relación a las necesidades de todos y todas. Las iglesias como maestras que son, deben asumir una función de vanguardia en un acompañamiento que vaya eliminando los miedos y los prejuicios para dar lugar a la verdad y la justicia. Esta pastoral es una actividad controvertida y cuestionada, aún por nuestras propias comunidades cristianas. Es también hacia adentro de esas comunidades que se debe ejercer una docencia que lleva a la conversión de todos y todas.

2.5. LA COMUNIDAD DE FE COMO ESPACIO DE SALUD.

  • Que cada comunidad pueda transformarse en un espacio de real y profunda acogida de todas las personas que viven con VIH-SIDA y su entorno afectivo. Adelantar y dar conocer nuestra opinión y conducta frente a la epidemia y las personas afectadas por la enfermedad,  antes de que aparezca el primer caso, es la manera de que todos los afectados puedan tener la suficiente confianza como para compartir con la comunidad y/o sus líderes aquello que les preocupa y necesitan.

  • Proveer información correcta, aún cuando esa información pueda desafiar afirmaciones puntuales de nuestra comunidad de fe. Tener la suficiente humildad para asumir determinadas afirmaciones científicamente fundadas y acompañarlas con nuestra reflexión para ayudar a prevenir la enfermedad y acoger a los afectados. Las comunidades cristianas no pueden aparecer como un obstáculo en la educación para la prevención.

  • Respetar la confidencialidad. Muchas veces hay preguntas que ponen de manifiesto una malsana y morbosa curiosidad y que no agregan absolutamente nada a un eficaz acompañamiento. Es por ello que jamás debemos preguntar por las formas o vías por las cuales una persona contrajo la enfermedad. Esa pregunta invade un espacio sagrado que pertenece a la intimidad de cada persona y somos nosotros, los cristianos, los que debemos proteger esa dimensión. No podemos penetrar en este espacio si no somos especialmente invitados.

  • Toda exclusión es contraria a la voluntad de Dios, pero cuando esa segregación es ejercida por la comunidad cristiana, se transforma en la peor de las exclusiones. Es por esto que la epidemia del SIDA desafía la naturaleza misma de toda comunidad, en especial de la Iglesia y debemos preguntarnos si somos verdaderamente una comunidad inclusiva.

  • Escuchar las experiencias y consejos de las mismas personas que viven con VIH-SIDA es algo que no se debe olvidar en todo programa educativo y de acompañamiento. Es necesario reconocer que Dios utiliza a los "pobres", "a la viuda", y a los estigmatizados  como agentes para evangelizar a la Iglesia y a la sociedad.

  • Cuidar de aquellas personas que cuidan a las personas que viven VIH-SIDA y su mundo afectivo es una tarea importante para la comunidad cristiana. La epidemia enfrenta a todos con los límites de nuestra existencia y es por ello que los acompañantes pastorales necesitan ser a su vez cuidados y contenidos en la escucha por una comunidad comprensiva, interesada y comprometida con esta tarea.

 

2.6. POSIBLES SITUACIONES PASTORALES.

 
  • El mundo de los usuarios de drogas. Las teorías en los libros pueden ser muy racionales y explicativas, pero cuando nos enfrentamos a situaciones concretas y a personas reales, las ideas que hemos leído se tornan confusas y muchas veces inútiles. Quién se acerque a esta acción pastoral debe estar dispuesto a quemar en su cabeza muchas lecturas previas y abrirse a aquellos datos que el día a día va revelando y que nacen del caminar junto a los usuarios de drogas y/o  sus familiares. Nadie es o se transforma en usuario de drogas por una decisión  libremente asumida. Siempre hay una historia social, familiar y personal que predispone o condiciona esa dependencia. Es peligroso tratar de encontrar explicaciones únicas. Esta es una realidad multicausal que nos coloca ante situaciones limites.

  • La orientación sexual. El aceptar al otro o la otra, al que es diferente a mí, cuyos estilos de vida pueden contradecir mis creencias es otro de los desafíos que nos llama a ampliar los limites de nuestra inclusividad. Es importante escuchar el debate de las ciencias humanas con relación a la orientación sexual y reconocer que la misma se establece muy temprano en la vida de una persona y que la voluntad humana tiene muy poco que ver en esa determinación de la orientación sexual. La orientación sexual no es una opción, es un dato de la realidad que se impone a la persona. Sí es una opción, la forma en que se ejerce esa sexualidad. Todo asesoramiento pastoral y todo acompañamiento debería tomar en cuenta los aportes multidisciplinarios que permiten ensanchar el horizonte de la solidaridad.

  • La cultura y la identidad transgénero. Es esta una de las realidades más difíciles que nos presenta esta pastoral. El abandono, la burla  y el desamparo social y familiar rodea a las personas que asumen esta identidad. Si deseamos trabajar con los más desamparados y estigmatizados, aquí tenemos un campo muy amplio. Si en realidad deseamos establecer un diálogo en el cual a la otra persona se le reconozca su lugar de interlocutor válido, no podemos acercarnos con imposiciones y condicionamientos. La primera tarea, al igual que Cristo lo hizo, es reconstruir el sentimiento de dignidad y respeto propio. Para ello nosotros mismos tenemos que ser respetuosos y ver en medio de esta realidad y de esta identidad  al ser humano amado por Dios. Indudablemente esta cultura nos presenta muchas preguntas y nos desafía a construir juntos y juntas nuevas respuestas.

  • Trabajadores y trabajadoras sexuales. Las realidades vienen mezcladas, nada se da en estado puro. El mundo de las adicciones, las situaciones de prostitución, la orientación homosexual, identidad transgénero, soledad, ruptura familiar, explotación y marginación pueden encontrarse concentradas en una sola persona. La aproximación a las personas en situación de prostitución también exige de nosotros escapar de los consejos morales superficiales y contemplar toda la realidad que rodea a estas personas. Es importante que la pastoral sea integral, aportando soluciones o recursos para que la libertad del otro o la otra sea una realidad. Debemos tomar conciencia que la sociedad ya está preparada para referirse a las personas que viven esta realidad como “trabajadores y trabajadoras sexuales”. Esto no es un simple cambio de vocabulario sino que implica una aproximación totalmente diferente y que pide a las comunidades cristianas un acompañamiento pastoral totalmente diferente y renovado.

 

 

 

“Tropezamos aquí con el problema del dualismo, que no trata solo de la cuestión de Dios, sino que tiene también algo que ver con la imagen del ser humano. Hemos sido creados a imagen de Dios, y la misma línea fronteriza entre el bien y el mal, luz y oscuridad, puede encontrarse en nuestro interior. La frontera es símbolo eterno, universal y también profundamente inconsciente. La frontera es un lugar de encuentro de dos mundos diferentes. Es un lugar que no ocupa espacio, porque no pertenece a un lado ni a otro. Sin embargo, es también, un punto muy intensivo donde los opuestos se encuentran y se transforman en nuevas realidades. La superación del dualismo es la cuestión clave para la supervivencia de la humanidad” [5]

 

 

 

3. VISITANDO EL HOSPITAL.

Preparación. Es necesario tener ciertas cosas claras antes de aproximarse al hospital para acompañar a las personas que viven con VIH-SIDA. Es muy útil enfrentar nuestros propios miedos y prejuicios para reconocerlos y poder actuar sobre ellos. El sentimiento de omnipotencia se ve desafiado frecuentemente por los límites a los cuales nos enfrenta esta enfermedad. Es recomendable recordar que no somos Dios y que no tenemos todas las respuestas para todas las situaciones. Muchas veces un silencio que nace del corazón y un apretón de manos o un abrazo es un argumento más profundo que muchos discursos que solo nos calma a nosotros. La preparación debe ser a la vez intelectual y afectiva.

 

 

 
“Sentimientos y emociones nunca son prohibidos o censurables como pueden serlo las intenciones o las acciones. En situaciones de crisis en particular, debe darse a los sentimientos amplio espacio aceptado y seguro. No es pues censurable ni vergonzoso que en las mentes de muchos y muchas, el SIDA esté asociado a sentimientos de temor, rabia y aflicción. Hay que hacer frente y reaccionar ante estos sentimientos para que la vida pueda crecer y para encontrar una senda suficientemente segura después de la crisis” [6]
 

 

 
  • El equipo de trabajo. Teniendo en cuenta las características de este trabajo pastoral es saludable hacerlo en equipo y nunca solos. El equipo puede ser la primera instancia para contener nuestras debilidades, agotamiento y tristeza. Al terminar una visita al hospital podemos compartir con otro las experiencias y sentimientos. Este compartir nos puede sostener para continuar la tarea. Una escucha de alguien que conoce el trabajo desde adentro es sumamente útil.

  • El acompañante debería establecer la relación de ayuda desde la amistad de forma tal que vaya creando un espacio de confianza. Nadie se abre a otra persona por decreto o mecánicamente. Es importante darle tiempo y oportunidad al otro u otra para que vea que puede confiar en el acompañante. Es muy útil permitir que nuestra fidelidad sea probada.

  • Signos de poder. Es importante que el acompañante se presente desprovisto de todo signo de poder o de identificación que pueda provocar rechazo.  Ubíquese de tal forma que sus ojos queden a la misma altura del paciente. Nunca hable de pie. En el hospital todo el mundo habla de pie y con prisa. No lo haga usted. Aprenda el nombre de la persona y no lo ubique normalmente por el número de la cama. Es importante que en todo momento se rescate la identidad única y valiosa de la persona internada en el hospital.

  • Crear espacios de intimidad. Recuerde que el hospital no es el lugar habitual en el que vive la persona a la cual se desea acompañar. Con su tono de voz, necesariamente bajo y también con su cuerpo, vaya creando espacios propicios para la confidencia. Que en su voz y en su rostro expresen que el relato o confidencia que está escuchando encuentra comprensión. Este allí para escuchar y acompañar en el descubrimiento de nuevas realidades y no como juez. Lo importante es comprender y no el juzgar. Sea amistoso y confiable pero a la vez es necesario marcar límites que eviten confusión afectiva. Es importante que, de la misma forma en que se respeta la identidad del otro o la otra, el acompañante mantenga su propia identidad.

  • Contacto. Mientras escucha o habla no tenga reparos en tocar a la persona porque en ese gesto no hay ningún peligro de contagio. El tocar establece en ambos sentidos, en usted y en el paciente, una corriente de simpatía positiva y una expresión visible de su compromiso afectivo con la persona acompañada.

  • Disponibilidad. Que su visita sea lo suficientemente prolongada como para no parecer "una visita de médico". Que se sienta y se haga visible su disponibilidad. Este abierto a cambiar su planificación de visitas de ese día si se entiende la importancia de las demandas. Muchas veces un paciente requiere más tiempo porque en ese momento desea compartir situaciones importantes y necesita de una escucha atenta que no podemos ni debemos posponer. La sensibilidad pastoral nos indicará  cuando debemos quedarnos más tiempo del previsto. No trate de visitar a todas las personas internadas en una sala porque eso crearía en usted una angustia y tensión inútil. No todo el mundo tiene las misma necesidades. Es importante tratar de ubicar a aquellas personas que no reciben visitas o que en ese día por alguna situación especial necesitan de alguien que les contenga. Sea sensible a las miradas de los pacientes que muchas veces son una invitación a acercarse.

  • Segundo plano. No imponga jamás su presencia. Sea respetuoso de la privacidad y de la libertad de los demás. El hecho de que una persona este internado en un hospital, de por sí un espacio publico, no da derechos a entrometernos en su vida y sus sentimientos humanos o religiosos.

  • Respete el rechazo. Algunos pacientes se toman un tiempo antes de aceptar ser acompañados, en especial por personas pertenecientes a comunidades cristianas, porque muchos de ellos han tenido experiencias negativas con las iglesias. Acepte la autonomía y la decisión de los pacientes. La confianza se gana por la continuidad y la disponibilidad, y no se establece por decreto. Acepte como parte de la libertad del otro o la otra el querer permanecer solo.

  • Dependencia. El paciente se las arregla solo antes y después de su visita. No cree lazos de dependencia. Ubíquese en un discreto segundo plano y permita en todo momento que el otro o la otra sea  protagonista de su vida, de su tratamiento, y de su futuro. Recuerde que no estamos ayudando a morir sino a vivir. No haga nada que el paciente pueda hacer por sí mismo. Muchas veces nos resultaría más fácil alcanzar un vaso con agua u otro elemento, pero mientras el paciente quiera hacerlo debemos alentar y proteger su independencia.

  • Los verbos. En el hospital se tiende a utilizar los verbos en pasado: "¿dónde vivías?, ¿dónde trabajabas?”. Estas preguntas revelan inconscientemente nuestros pensamientos como si el paciente ya un tuviera hogar o domicilio personal, o como si ya fuera un imposibilitado permanente de trabajar. 

  • Prioridades. Cuando el paciente tiene visitas, ellas son prioritarias en su vida y en sus afectos. No se debe interferir en esas relaciones, a menos que seamos claramente invitados a hacerlo. Entonces el sentido común y la discreción indicar  el tiempo de permanencia y la posibilidad de postergar para más tarde la visita.

  • No confunda roles. La identidad del acompañante pastoral esta dado por su disponibilidad, habilidad para escuchar, crear espacios de amistad e intimidad. No invada las áreas de enfermería o médica con sugerencias o criticas que no le corresponden y que pueden crear angustia en los afectados directos o indirectos. Coopere en aquellas acciones en las cuales ha sido invitada y/o se sienta capacitada. Reconozca sus límites y controle su angustia.

  • Propuestas. No se relacione con el paciente a través de objetos. Sin duda en estas situaciones hospitalarias puede haber muchas carencias materiales reales, pero no aparezca como el que lo provee o soluciona todo. Escuche, vea y considere aquello que puede ayudar a solucionar. No se apresure a prometer. Ponga en juego en primer lugar su entrega personal y no la substituya con remedios u otros elementos. Tampoco sea ciego a esas necesidades. Mantenga un equilibrio y que lo importante en sus visitas sea su propia persona.

 

 

 
“En el plano emotivo, ser ético es ser capaz de entrar en la experiencia de otra persona, mostrar empatía. Esto es la esencia de la ‘regla de oro’, que nos insta a hacer a los demás lo que quisiéramos que nos hicieran, y a abstenerse de hacer lo que no quisiéramos que nos hicieran. Colocarse en la posición del prójimo permite seguir en la práctica la regla de oro” [7]
 

 

 

4. EL DUELO.

Ante ciertas situaciones solo queda el estar presentes y acompañar desde el corazón. Guarde silencio y a la vez comparta sus sentimientos. Recuerde que no está  allí para ser consolado sino para consolar. Distinga espacios y tome conciencia del lugar donde encontrar  su propio consuelo. El acompañante debe permitirse en la medida de lo posible hacer su propio duelo y tomar contacto con sus sentimientos de abandono, tristeza y rabia. No los niegue, compártalo con su comunidad o su equipo de trabajo.

 
  • Ante cierto sentimiento de que nada se pudo hacer, rescate el hecho de que la sola presencia de los seres queridos o de los acompañantes ya es una acción importante y con mucha significación.

  • Ayude a llamar las cosas por su nombre para quitarle a las palabras su sentido mágico. No se adelante a aquellas cosas que los afectados están dispuestos a aceptar. Sea una oportunidad para que otros puedan expresar sus sentimientos.

  • Ilumine el dolor y el sin sentido de la muerte con la perspectiva de la construcción de un mundo más humano y fraterno. 

 

Aprender a despedirse

Aprender a despedirse puede encontrar en Jesús, en la Última Cena, un modelo ejemplar. Estando Jesús al final de su vida, reúne a sus amigos, y las tres dimensiones del tiempo son manejadas, con sabio arte.

Jesús cena, celebra la Pascua con sus amigos. Celebra. En la celebración hace memoria del pasado, sintetiza el significado de la relación en pocas palabras. Les recuerda a sus amigos el núcleo del mensaje que ha pretendido comunicarles: “Amaos como yo os he amado”. Con ello les da una consigna para el futuro que le permitirá estar vivo en su corazón, y les invita a recordar (el poder terapéutico de la memoria) lo vivido juntos y a experimentar el presente entre ellos. 

Aprender a despedirse significa ser capaces de verbalizar , con quien se va, el significado de la relación (a veces con la necesaria solicitud de perdón por las ofensas), y asegurarle que seguirá vivo en el corazón del que se queda. Expresar los sentimientos, aprender a nombrarlos abiertamente, constituye no sólo una posibilidad de drenar emocionalmente y liberarse de buena parte del sufrimiento producido por la separación, sino también de dar densidad y significado a la separación, escribir el último capítulo del libro de la vida una persona y levantar acta de la propia muerte [8]

 

Pastor Lisandro Orlov

Coordinador de la Pastoral Ecuménica VIH-SIDA.

Coordinador Regional Plan de Acción en VIH y SIDA de la Federación Luterana Mundial.

Iglesia Evangélica Luterana Unida en Argentina y Uruguay.

Buenos Aires.

Primera edición: abril de l993.

Segunda edición: julio de l995.

Tercera edición: diciembre 2002

Cuarta edición revisada: julio 2005

La Pastoral Ecuménica VIH-SIDA ofrece acompañamiento espiritual y humano a través de su equipo de acompañantes, tanto a las personas que viven con VIH-SIDA, como a sus seres queridos. Este acompañamiento se realiza tanto en hospitales como en domicilios particulares y es completamente gratuito y confidencial.

También ofrece su servicio de educación para la prevención a través de conferencias y talleres destinados a la comunidad y a los líderes las iglesias.

Como complemento de esta acción pastoral el “Hostal Solidario” es una herramienta que tiene como objetivo la reinserción social de aquellas personas que han construido  un proyecto de vida y que por motivos directamente relacionados con el VIH-SIDA necesitan ser acogidos en esta casa de medio camino.

Este folleto se realiza gracias a la generosa contribución del Departamento de Misión y Desarrollo de la Federación Luterana Mundial.

 
ORACION

Oh Señor, ven pronto y alumbra la noche.
Como suspira el moribundo, así suspiro por Ti.
Di a mi alma que nada sucede sin que Tú lo permitas
y que nada que Tú permites, desconsuela.
Oh Jesús, Hijo de Dios, Tú que estuviste en silencio
delante de los que te juzgaron,
silénciame, hasta que haya podido considerar qué
y cómo hablaré.
Muéstrame el camino y hazme dispuesto a seguirlo.
Fatal es quedarse y peligroso es seguir.
Satisface entonces mi ansiedad y muéstrame el camino.
Vengo a Ti como el herido a su médico. Otorga, oh Señor, paz a mi corazón.

 

(Santa Brígida de Suecia +1373)


[1] Lindqvist, Martti, Doctor en teología, tratadista de ética y escritor finlandés. Presidente del Consejo Consultivo Nacional sobre Ética del Servicio de Salud en Finlandia. Reunión de trabajo sobre el vih/sida en Dar es Salaam, Tanzania 1 al 6 de septiembre 2003.

[2] Gutiérrez, Gustavo: Sobre Job. 1985.

[3] Martti Lindqvist, op. cit.

[4] Martti Lindqvist, op. cit.

[5] Martti Lindqvist, op. cit.

[6]   Martti Lindqvist, op. cit.

[7]   Martti Lindqvist, op. cit.

[8] José Carlos Bermejo Higuera. “Cómo acompañar la última etapa” en Sal Térrea. Revista de Teología Pastoral. Tomo 88/10 (n.1.039) Valladolid. Noviembre 2000 pág.798 a 811

 

VOLVER A LA SECCIÓN ANTERIOR