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MENSAJE DE LAS IGLESIAS, ORGANIZACIONES Y PROGRAMAS  EN EL DÍA MUNDIAL DEL VIH-SIDA 2004.

MUJERES, MUCHACHAS, VIH-SIDA

“Había allí muchas mujeres que miraban de lejos: eran las mismas que habían seguido a Jesús desde Galilea para servirlo” (Mateo 27: 55) 

Introducción:

1. Como representantes de diversas comunidades cristianas comprometidas en la educación para la prevención, en la promoción social y la defensa de los derechos humanos de las personas afectadas por el VIH-SIDA y en el acompañamiento integral y solidario queremos hacer llegar estas palabras que pongan en acción nuestros sentimientos.

2. Desde el primer momento de la epidemia las mujeres, las muchachas y las niñas no miraron de lejos esta realidad sino que estuvieron de diversas maneras involucradas y siguiendo de muy cerca los avances de la enfermedad. Contrariamente a lo que indican las estadísticas, las mujeres y las muchachas han estado al lado de la cama de muchos pacientes en un valiente testimonio de solidaridad y de desafíos a temores, prejuicios culturales, sociales y religiosos. Es por ello que hoy queremos unir nuestras voces y nuestras acciones para recordar y tomar como ejemplo a todos esos rostros de mujeres que como madres, esposas, hijas, enfermeras, doctoras, amigas, compañeras, voluntarias,  acompañantes..., están comprometidas con  la vida y  la dignidad humana. Somos testigos de esas presencias que han iluminado un camino que parecía sembrado de dudas y temores.

3. Muchas mujeres que en un comienzo estaban al lado de la cama de una persona viviendo con VIH-SIDA, hoy, ellas mismas están ocupando esas camas. Reconocemos que las mujeres han reclamado “como una voz que clama en el desierto” (Mateo.3:3), tanto en la sociedad como en las iglesias, por justicia, educación, campañas de prevención y la implementación de medidas que hubieran evitado esta situación de crisis.

4. Las mujeres y las muchachas que viven con el VIH-SIDA experimentan las consecuencias de políticas inadecuadas y la inacción de muchas iglesias y líderes religiosos, que no supieron prevenir ni el virus ni el estigma y la discriminación que vivieron y viven todas ellas.  Hoy nos unimos con el ánimo de que juntos y juntas podamos construir conciencias responsables  firmes y constantes que posibiliten un presente y un futuro digno y sano.

5. Es nuestro deseo y voluntad crear espacios tanto en las comunidades cristianas como en la sociedad, donde las voces y relatos de las mujeres que viven con VIH-SIDA puedan ser escuchados y que sus historias de vida sean oportunidades para convertir la mente y el corazón de nuestras iglesias y sociedades. Queremos escuchar las voces de las mujeres y de las muchachas para  comprender que la prevención  de la epidemia exige  una mirada que supere los límites del virus. Al  tomar conocimiento de los elementos de la vida cotidiana en que viven las mujeres y las muchachas entendemos por qué son más vulnerables.

6. Queremos reconocer que en la respuesta dada a esta epidemia, tanto la sociedad como las comunidades cristianas hemos colocado sobre los hombros de las mujeres y las muchachas cargas asistenciales injustas. Al lado de la cama de un varón siempre hemos encontrado la presencia de mujeres, que cumpliendo diversos papeles no abandonaron a sus seres queridos ni al prójimo en necesidad. Hoy sabemos que cuando ellas están enfermas no siempre los varones asumen las mismas responsabilidades. Queremos como comunidades pedir perdón y comprometernos en cambiar esta situación.

7. Las comunidades cristianas que adhieren a este mensaje,  con voz profética denunciamos la  falta de equidad de género y las responsabilidades estereotipadas impuestas a las mujeres y a las muchachas. No es suficiente reconocer que el rostro del SIDA es cada vez más joven, más pobre y más mujer, sino que debemos juntos implementar  acciones que transformen esta situación.

8. Es por ello que en este Día Mundial del SIDA 2004 nos proponemos cooperar con las organizaciones de la sociedad civil, en una campaña que sensibilice a nuestras iglesias y a todos los hombres y mujeres de buena voluntad sobre la realidad que deben enfrentar las mujeres y las muchachas en el contexto de la epidemia del VIH-SIDA.

Muchas mujeres y muchachas son vulnerables al VIH a causa de los comportamientos de alto riesgo de otros.

9. Es por ello que con este mensaje queremos apoyar y reforzar acciones pastorales y de educación que contribuyan a reducir la vulnerabilidad de las mujeres y muchachas al VIH y el SIDA.  Las comunidades cristianas debemos romper el silencio y hacer visible nuestro compromiso en erradicar en la sociedad y en las mismas comunidades cristianas,las prácticas culturales y sexuales que son frutos de una desigualdad de género y raíz de esta vulnerabilidad. Aquí se hace necesaria una clara voz profética de denuncia y de transformación.

10. Queremos reforzar los comportamientos masculinos positivos que desafían las pautas culturales, sociales y religiosas de exclusión y que vulneran  a las mujeres que viven o conviven con VIH y SIDA. Es importante encontrar modelos que sirvan para la construcción de una sociedad más justa, solidaria e igualitaria. Queremos resaltar los valores de dignidad, construyendo campañas de prevención centradas en  la igualdad de los derechos humanos, el respeto por la diversidad de la vida y los sentimientos de todos y todas.

11. Queremos unir nuestras voces y acciones y no  cerrar nuestros ojos y oídos ante el abuso y la violencia en que viven las mujeres y las muchachas en América Latina. Queremos  que nuestras comunidades sean lugares seguros que protejan los derechos, la dignidad, la igualdad en la diversidad y la vida de todos y todas. Queremos decir basta a la impunidad ante la violencia física, psicológica, económica, social , cultural  y religiosa en que viven muchas mujeres y muchachas, no solo en la sociedad sino aún en el mismo contexto de nuestras comunidades cristianas.

12. Denunciamos que la dependencia económica, el comportamiento cultural y social de muchos varones y las limitaciones legales y religiosas en que viven muchas mujeres y muchachas, que no tienen otras opciones ni otros horizontes, las obliga a relaciones y prácticas tanto sexuales como humanas inseguras y de riesgo.

13. Queremos construir otra sociedad en donde las relaciones entre personas se encuentren revestidas de los valores del reino de Dios. Ese es el reino que cada día imploramos que venga y esa es la voluntad de Dios que queremos que se cumpla.

Las mujeres mantienen unidas las familias y comunidades y son una fuente de enorme fuerza en la prevención del VIH y el SIDA

14. Reconocemos el importante papel que desempeñan las mujeres para sostener a su grupo afectivo y ocuparse de la mayoría de las tareas asistenciales. Como comunidades cristianas queremos cuestionar esta práctica cultural y propiciar un cambio de pensamiento, de comportamiento y de actitud. Es nuestra tarea  poner de relieve todos los signos positivos que se encaminan a lograr una comunidad más equitativa y relaciones más solidarias entre personas.  

Debe animarse a las líderes femeninas para que hablen abiertamente sobre el VIH y el SIDA

15. Es nuestra aspiración que los grupos femeninos que existen y trabajan dentro de nuestras comunidades cristianas se transformen en embajadores de un mensaje liberador y que acompañen la Campaña de ONUSIDA que tiene como eje: Mujeres, Muchachas, VIH y SIDA. Es nuestro compromiso promover líderes femeninos que a nivel nacional y local sean capaces de emprender y encabezar acciones que hablen abiertamente sobre el SIDA.

Los hombres, los muchachos y las comunidades cristianas en general tienen un papel crucial que desempeñar, y también se beneficiarán de este énfasis en las mujeres y muchachas

16. Con este mensaje queremos  lograr una mayor igualdad de género que repercuta positivamente tanto en las mujeres como en los varones. Indudablemente los varones también son vulnerables a la infección por el VIH a causa de la desigualdad entre géneros, aunque no de la misma manera ni por las mismas razones. Por ello queremos desafiar y rechazar las normas de género que alientan a los varones a asumir conductas de riesgo, con el solo objetivo de poner de manifiesto una equivocada comprensión de la masculinidad.

17. Al hablar de las diferencias de género impuestas por la cultura y las situaciones sociales, económicas y religiosas queremos alcanzar el objetivo de capacitar a las mujeres en la toma de conciencia de esas situaciones y también concientizar a los hombres, muchachos y comunidades cristianas en su conjunto para que sean la voz de aquellos y aquellas que aún no tienen voz y que son invisibilizados e invisibilizadas.

Las mujeres pueden trabajar en contra del estigma y la discriminación relacionados con el VIH desde el seno de las comunidades cristianas en las que participan

18. Animamos a las mujeres a utilizar su influencia en las organizaciones eclesiales a las que pertenecen y en las que participan. Incidir en el mundo laboral, en las organizaciones de voluntariado, en las empresas y  en los grupos de apoyo para que contribuyan a la tarea de prevención del VIH y, en concreto, a la tarea educativa y de derechos humanos en contra del estigma y la discriminación asociados a la enfermedad.

19. Nuestras organizaciones  religiosas deben ejercer una influencia particular, dado que los líderes espirituales poseen autoridad institucional. Esta responsabilidad brinda la oportunidad de divulgar información correcta y científicamente fundamentada acerca del VIH y el SIDA, para erradicar la discriminación contra las personas que viven con VIH o con el SIDA. Nuestras organizaciones religiosas desempeñan una función crucial en muchos contextos culturales por su capacidad para impulsar una respuesta eficaz al VIH/SIDA

20. Nuestras organizaciones y los responsables  de  nuestras comunidades deben fortalecer el compromiso por la justicia y ayudar a ejercitar sus derechos y así ayudar a las personas a que se reconcilien con la vida para superar los sentimientos de culpabilidad, negación, estigma y discriminación, además de abrir nuevos caminos hacia la esperanza, conocimiento, prevención y asistencia.

Los servicios de salud adecuados para las mujeres mejoran el acceso de éstas y de sus hijos a asistencia sanitaria

21. En nuestras culturas latinoamericanas las pautas culturales hacen que las mujeres sean las últimas en recibir asistencia sanitaria. En el evangelio los milagros de Jesús nos anuncian que la salud para todos y todas es uno de los signos precursores del Reino. Es con ese fundamento que queremos remediar esa desigualdad de género. Nos comprometemos a promover una asistencia integral que incluya la mejor terapia, en especial el acceso a los tratamientos antiretrovirales para todos y todas.

22. El SIDA intensifica la feminización de la pobreza y discapacita a las mujeres, especialmente en los países más afectados. Todo el grupo afectivo se vuelve más vulnerable cuando las mujeres dedican más tiempo a cuidar a los enfermos, a expensas de otras tareas productivas dentro del grupo afectivo.

23. En nuestro compromiso profético de denuncia de las situaciones de pobreza y desigualdad social, y de anuncio evangélico de un mundo más justo nos proponemos:

 
  • Subrayar la magnitud y las implicaciones del trabajo asistencial no remunerado de las mujeres.
  • Animar a los gobiernos, a los formuladores de políticas nacionales e internacionales, a las comunidades y familias a reconocer la necesidad urgente de incrementar y ampliar la protección social y remunerar  a las cuidadoras a nivel comunitario y doméstico.
  • Propugnar cambios en la división por géneros de las tareas domésticas y alcanzar un equilibrio en las responsabilidades asistenciales.

La educación de las niñas y muchachas reduce su vulnerabilidad al VIH

24. Las muchachas son las primeras a las que se saca de la escuela para que atiendan a familiares enfermos o cuiden de hermanos más pequeños. El VIH/SIDA está amenazando avances recientes en educación básica y afecta de forma desproporcionada a la escolarización de las niñas.

25. Ir a la escuela protege. La educación es una de las defensas básicas contra la diseminación del VIH y el impacto del SIDA, y cada vez existen más pruebas al respecto.

26. En nuestro compromiso profético de denuncia de las situaciones de pobreza y desigualdad social, y de anuncio evangélico de un mundo más justo nos proponemos:

 
  • Lograr la escolarización de las muchachas y asegurar un entorno seguro y propicio que permita que continúen en la escuela.
  • Proporcionar educación basada en aptitudes para la vida, con un enfoque en las cuestiones de género
  • Proteger a las mujeres y muchachas de la violencia, explotación y discriminación en las escuelas y su entorno.

Una gama más amplia de opciones de prevención puede capacitar a las mujeres para que se protejan a sí mismas

27. La educación constituye la base para ampliar y potenciar los programas de prevención enfocados específicamente a las mujeres y muchachas

28. En comparación con los varones, las mujeres tienen el doble de probabilidades de contraer el VIH a raíz de un único acto sexual no protegido, pero siguen dependiendo de la cooperación masculina para evitar la infección.

29. Los microbicidas son una de las opciones preventivas más prometedoras que se vislumbran en el horizonte. Con una voluntad política y una inversión suficientes, la primera generación de microbicidas podría estar lista para distribución en un plazo de tan sólo 5-7 años. Sin embargo, la inversión en investigación y desarrollo de microbicidas debe expandirse de forma rápida y radical si se pretende hacer realidad las esperanzas que han engendrado.

La violencia contra las mujeres puede acelerar la diseminación del VIH. No debe tolerarse ningún tipo de violencia

30. La violencia contra las mujeres es un problema importante de derechos humanos y salud pública en América Latina. Esta violencia aumenta la vulnerabilidad femenina al VIH.

31. La violencia contra las mujeres es común en casi todas las sociedades. Se apoya en la discriminación y subordinación de las mujeres, y, a su vez, sirve para reforzar y perpetuar estas situaciones.

32. La elevada incidencia de relaciones sexuales no consensuadas, la incapacidad de las mujeres para negociar prácticas sexuales seguras y, en muchos casos, el miedo al abandono o la expulsión del hogar y la comunidad plantean retos extremos, en especial para las mujeres que carecen de medios económicos.

33. Como cristianos y cristianas comprometidos con el Evangelio de Jesucristo, repudiamos todo tipo de violencia hacia las mujeres y las muchachas.  Nos comprometemos a trabajar para que nuestras comunidades cristianas sean lugares seguros donde: cuidemos  la vida,  generemos espacio para la escucha, la participación y el ejercicio de los derechos de las mujeres y muchachas que viven o conviven con el VIH y el Sida, y junto a ellas ser agentes transformadores de la realidad.

Las mujeres deberían representar la mitad de todas las personas que reciben fármacos antiretrovirales

34. Como comunidades cristianas nos comprometemos en apoyar todos los esfuerzos que tengan como objetivo que en 2005, al menos la mitad de todas las personas que tengan acceso a fármacos antiretrovirales deben ser mujeres.

35. Las comunidades cristianas debemos desarrollar principios y mecanismos que promuevan y proporcionen un acceso equiparado a servicios de asistencia y tratamiento antirretrovírales para las mujeres, muchachas y niñas, incluidos los grupos excluidos de personas que viven con el VIH y el SIDA.

36. Hemos de incorporar mensajes bien fundamentados sobre acceso a tratamiento para las mujeres y muchachas, además de garantizar que se respete la igualdad de género como necesidad fundamental en el desarrollo de programas para mejorar el acceso a todas las formas de asistencia y tratamiento.

37. En nuestro compromiso profético de denuncia de las situaciones de pobreza y desigualdad social, y de anuncio evangélico de un mundo más justo nos proponemos dar:

 
  • Capacitación para el Liderazgo Promover la participación activa de las mujeres y muchachas en la prevención de la epidemia.
  • Apoyo Escuchar las historias que las mujeres y muchachas que viven con el VIH quieran compartir.
  • Sensibilización Subrayar el impacto que el VIH y el SIDA tienen sobre las mujeres y muchachas a nivel mundial, regional y nacional.
  • Cambio Cuestionar las diferencias de género que hacen a las mujeres y muchachas más vulnerables al VIH.
  • Encuadre nacional. Asegurar que las políticas y respuestas nacionales estén enfocadas al impacto del SIDA sobre las mujeres y muchachas.
  • Confianza Aumentar la autoestima de las mujeres, especialmente las que son vulnerables al VIH o ya viven con él.
  • Concordancia con la Declaración de la Sesión Especial sobre el VIH-SIDA de la Asamblea de las Naciones Unidas  (UNGASS)

Acrecentar el conocimiento, credibilidad y legitimidad de las metas de la Declaración de compromiso asumida por los gobiernos en la Sesión Especial sobre el VIH-SIDA de la Asamblea de las Naciones Unidas (UNGASS) en relación con las mujeres y muchachas.

38. En el Evangelio las mujeres han sido las primeras que fueron testigos de la victoria de la vida sobre la muerte y se les encomienda la misión apostólica de anunciar ese mensaje de esperanza a todos los seres humanos (Juan 20: 18). Estamos seguros, que en el contexto de la crisis del VIH y del SIDA, las mujeres y las muchachas pueden también ser portadoras de un mensaje de solidaridad y de igualdad en la diversidad cuyos ejes fundamentales sean el respeto por la dignidad y los derechos de todas y todos.

Si su iglesia, organización o programa desea adherir a este Mensaje, le solicitamos que nos haga llegar esa noticia a la dirección de correo electrónico: orlov@uolsinectis.com.ar antes del 25 de noviembre. El objetivo es difundir este texto junto con las adhesiones que están llegando en vísperas del Día Mundial del SIDA como una reflexión de una amplia gama de organizaciones tanto gubernamentales como de la sociedad civil.


MENSAGEM DAS IGREJAS, ORGANIZAÇÕES E PROGRAMAS PARA O DIA MUNDIAL DO HIV/AIDS 2004

MULHERES, MOÇAS, HIV/AIDS

 “Muitas mulheres estavam ali, observando de longe. Elas haviam seguido  Jesus desde a Galiléia,  para o servir” (Mateus 27: 55) 

Introdução:

1. Como representantes de diversas comunidades cristãs comprometidas com a educação para a prevenção, com a promoção social e com a defesa dos direitos humanos das pessoas afetadas pelo HIV-AIDS e com o acompanhamento integral e solidário, queremos fazer chegar estas palavras para que coloquem nossos sentimentos em ação.

2. Desde o primeiro momento da epidemia as mulheres, as moças e as meninas não olharam de longe esta realidade, mas, em lugar disso, estiveram de diversas formas envolvidas e seguindo de muito perto os avanços da doença. Contrariamente às indicações das estatísticas, as mulheres e as moças tem estado ao lado do leito de muitos pacientes em um valente testemunho de solidariedade e de desafios a temores, preconceitos culturais, sociais e religiosos. É por isso que hoje queremos unir nossas vozes e nossas ações para relembrar e tomar como exemplo todos esses rostos de mulheres que, como mães, esposas, filhas, enfermeiras, doutoras, amigas, companheiras, voluntárias, acompanhantes..., estão comprometidas com a vida e com a dignidade humanas. Somos testemunhas dessas presenças que têm iluminado um caminho que parecia semeado por dúvidas e temores.

3. Muitas mulheres que, no início, estavam ao lado do leito de pessoas portadoras do HIV-AIDS, estão hoje elas próprias ocupando esses leitos. Reconhecemos que as mulheres têm reclamado “como uma voz que clama no deserto” (Mateus 3.3), tanto na sociedade quanto nas igrejas, por justiça, educação, por campanhas de prevenção e pela implementação de medidas que teriam evitado esta situação de crise.

4.As mulheres e as moças que vivem com o HIV-AIDS experimentam as conseqüências de políticas inadequadas e da ausência de ação de muitas igrejas e líderes religiosos, que não souberam prevenir nem o vírus nem o estigma e a discriminação que viveram e vivem todas elas. Hoje nos unimos com o ânimo de que, juntos e juntas, possamos construir consciências responsáveis, firmes e constantes que possibilitem um presente e um futuro dignos e saudáveis.

5. É nosso desejo e nossa vontade criar espaços, tanto nas comunidades cristãs quanto na sociedade, nos quais as vozes e os relatos das mulheres que vivem com HIV-AIDS possam ser escutados e que suas histórias de vida sejam oportunidades para converter a mente e o coração de nossas igrejas e sociedades. Queremos escutar as vozes das mulheres e das moças para compreender que a prevenção da epidemia exige um olhar que supere os limites do vírus. Ao tomar conhecimento dos elementos da vida cotidiana na qual vivem as mulheres e as moças, entendemos por que são mais vulneráveis.

6. Queremos reconhecer que na resposta dada a esta epidemia, tanto a sociedade quanto as comunidades cristãs, temos colocado sobre os ombros das mulheres e das moças, cargas injustas no atendimento dos doentes. Ao lado do leito de um homem sempre temos encontrado a presença de mulheres que, desempenhando diversos papéis, não abandonaram seus seres queridos nem o próximo em necessidade. Hoje sabemos que quando elas estão doentes nem sempre os homens assumem as mesmas responsabilidades. Queremos, como comunidades, pedir perdão e comprometer-nos com a mudança desta situação.

7. As comunidades cristãs que aderem a esta mensagem denunciam, com voz profética, a falta de igualdade de gênero e as responsabilidades estereotipadas impostas às mulheres e às moças. Não é suficiente reconhecermos que o rosto da AIDS é cada vez mais jovem, mais pobre e mais mulher, mas devemos juntos implementar ações que transformem esta situação.

8. É por isso que neste Dia Mundial da AIDS 2004 nos propomos cooperar com as organizações da sociedade civil numa campanha que sensibilize nossas igrejas e todos os homens e mulheres de boa vontade sobre a realidade que devem enfrentar as mulheres e moças no contexto da epidemia de HIV-AIDS.

Muitas mulheres e moças são vulneráveis ao HIV devido aos comportamentos de alto risco de outros

9. É por isso que, com esta mensagem, queremos apoiar e reforçar ações pastorais e de educação que contribuam com a redução da vulnerabilidade das mulheres e moças ao HIV e à AIDS. Devemos, como comunidades cristãs, romper o silêncio e tornar visível nosso compromisso com a erradicação, na sociedade e nas próprias comunidades cristãs, das práticas culturais e sexuais que são frutos de uma desigualdade de gênero e raiz dessa vulnerabilidade. Aqui se faz necessária uma clara voz profética de denúncia e de transformação.

10. Queremos reforçar os comportamentos masculinos positivos que desafiam as pautas culturais, sociais e religiosas de exclusão e que fragilizam as mulheres que vivem ou convivem com o HIV e a AIDS. É importante encontrar modelos que sirvam para a construção de uma sociedade mais justa, solidária e igualitária. Queremos ressaltar os valores de dignidade, construindo campanhas de prevenção centradas na igualdade dos direitos humanos, no respeito à diversidade da vida e aos sentimentos de todos e todas.

11. Queremos unir nossas vozes e ações e não fechar nossos olhos e ouvidos frente ao abuso e à violência em que vivem as mulheres e as moças na América Latina. Queremos que nossas comunidades sejam lugares seguros que protejam os direitos, a dignidade, a igualdade na diversidade e a vida de todos e todas. Queremos dizer basta à impunidade frente à violência física, psicológica, econômica, social, cultural e religiosa na qual vivem muitas mulheres e moças, não somente na sociedade, mas, ainda no próprio contexto de nossas comunidades cristãs.

12. Denunciamos que a dependência econômica, o comportamento cultural e social de muitos homens e as limitações legais e religiosas em que vivem muitas mulheres e moças, que não têm outras opções nem outros horizontes, as obriga a relações e a práticas, tanto sexuais quanto humanas, inseguras e de risco.

13. Queremos construir outra sociedade, na qual as relações entre pessoas sejam revestidas dos valores do reino de Deus. Esse é o mesmo reino ao qual, a cada dia, imploramos que venha, e essa é a vontade de Deus que queremos que seja cumprida.

As mulheres mantêm as famílias e as comunidades unidas e são uma fonte de enorme força na prevenção do HIV e da AIDS

14. Reconhecemos o importante papel que as mulheres desempenham para sustentar seu grupo afetivo e ocupar-se da maior parte das tarefas de atendimento. Como comunidades cristãs, queremos, questionar essa prática cultural e propiciar uma mudança de pensamento, de comportamento e de atitude. É nossa tarefa colocar em destaque todos os sinais positivos que apontam para a conquista de uma comunidade mais igualitária e de relações mais solidárias entre as pessoas.

As líderes comunitárias devem ser encorajadas a falar abertamente sobre o HIV e a AIDS

15. É nossa aspiração que os grupos femininos que existem e trabalham dentro das nossas comunidades cristãs se transformem em embaixadores de uma mensagem libertadora e que acompanhem a Campanha de ONUSIDA que tem com eixo: Mulheres, Moças, HIV e AIDS. É nosso compromisso promover líderes femininas que sejam capazes, nos níveis nacional e local, de empreender e encabeçar ações que falem abertamente sobre a AIDS.

Os homens, os rapazes e as comunidades cristãs em geral têm um papel crucial a desempenhar, e também serão beneficiados desta ênfase nas mulheres e moças

16. Com esta mensagem queremos alcançar uma maior igualdade de gênero que repercuta positivamente tanto sobre as mulheres quanto sobre os homens. Indubitavelmente os homens também são vulneráveis à infecção pelo HIV devido à desigualdade de gêneros, embora não da mesma maneira nem pelas mesmas razões. Por isso queremos desafiar e rejeitar as normas de gênero que encorajam os homens a assumir comportamentos de risco, com o único objetivo de colocar em evidência uma compreensão equivocada da masculinidade.

17. Ao falarmos das diferenças de gênero impostas pela cultura e pelas situações sociais, econômicas e religiosas, queremos alcançar o objetivo de capacitar as mulheres para a tomada de consciência dessas situações e também conscientizar os homens, rapazes e comunidades cristãs em seu conjunto para que sejam a voz daqueles e daquelas que ainda não têm voz e são relegados à invisibilidade.

As mulheres podem trabalhar contra o estigma e a discriminação relacionados ao HIV a partir do seio das comunidades cristãs das quais participam

18. Estimulamos as mulheres a utilizarem a influência que têm nas organizações eclesiais às quais pertencem e nas quais participam. Incidir no mundo trabalhista, nas organizações de voluntariado, nas empresas e nos grupos de apoio para que contribuam com a tarefa de prevenção do HIV e, concretamente, com a tarefa educativa e de direitos humanos contra o estigma e a discriminação associados à doença.

19. Nossas organizações religiosas devem exercer uma influência singular, devido ao fato de que os líderes espirituais possuem autoridade institucional. Essa responsabilidade fornece a oportunidade de divulgar informação correta e cientificamente fundamentada sobre o HIV e a AIDS para erradicar a discriminação contra as pessoas que vivem com HIV ou com AIDS. Nossas organizações religiosas desempenham uma função crucial em muitos contextos culturais pela sua capacidade de impulsionar uma resposta eficaz ao HIV/AIDS.

20. Nossas organizações e os responsáveis pelas nossas comunidades devem fortalecer o compromisso com a justiça e ajudar a exercer seus direitos e, assim, ajudar as pessoas a se reconciliarem com a vida para superar os sentimentos de culpa, negação, estigma e discriminação, além de abrir novos caminhos rumo à esperança, ao conhecimento, à prevenção e ao atendimento.

Serviços de saúde adequados para as mulheres melhoram o acesso delas e de seus filhos ao atendimento médico hospitalar

21. Nas nossas culturas latino-americanas, os padrões culturais fazem com que as mulheres sejam as últimas a receber atendimento médico hospitalar. No evangelho os milagres de Jesus nos anunciam que a saúde para todos e todas é um dos sinais precursores do Reino. É com esse fundamento que queremos remediar essa desigualdade de gênero. Nos comprometemos com a promoção de um atendimento integral que inclua a melhor terapia, especialmente o acesso aos tratamentos anti-retro virais para todos e todas.

22. A AIDS intensifica a feminização da pobreza e incapacita as mulheres, especialmente nos países mais afetados. Todo o grupo afetivo se torna mais vulnerável quando as mulheres dedicam mais tempo a cuidar dos doentes, em detrimento de outras tarefas produtivas dentro do grupo afetivo.

23. Em nosso compromisso profético de denúncia das situações de pobreza e desigualdade social e de anúncio evangélico de um mundo mais justo, nos propomos a:

 
  • Destacar a magnitude e as implicações do trabalho de atendimento não-remunerado das mulheres;
  • Encorajar os governos, os formuladores de políticas nacionais e internacionais, as comunidades e famílias, a reconhecer a necessidade urgente de incrementar e ampliar a proteção social e de remunerar as prestadoras de cuidados nos níveis comunitário e doméstico;
  • Propugnar por mudanças na divisão por gêneros das tarefas domésticas e alcançar um equilíbrio nas responsabilidades de atendimento.

A educação das meninas e moças reduz a vulnerabilidade delas ao HIV

24. As moças são as primeiras a serem retiradas da escola para que atendam familiares doentes ou cuidem dos irmãos menores. O HIV/AIDS está ameaçando avanços recentes em educação básica e afeta de forma desproporcional a escolarização das meninas

25. Ir à escola protege. A educação é uma das defesas básicas contra a disseminação do HIV e o impacto da AIDS, e cada vez existem mais provas a respeito.

26. Em nosso compromisso profético de denúncia das situações de pobreza e desigualdade social, e de anúncio evangélico de um mundo mais justo, nos propomos a:

 
  • Conquistar a escolarização das moças e garantir um ambiente seguro e propício que permita que continuem na escola;
  • Proporcionar educação baseada em aptidões para a vida, com um enfoque nas questões de gênero;
  • Proteger as mulheres e moças da violência, da exploração e da discriminação nas escolas e no seu entorno.

Uma gama mais ampla de opções de prevenção pode capacitar as mulheres para que protejam a si mesmas

27. A educação constitui a base para ampliar e potencializar os programas de prevenção focados especificamente nas mulheres e moças.

28. Em comparação com os homens, as mulheres têm o dobro de probabilidades de contrair o HIV em decorrência de uma única relação sexual sem proteção, porém continuam dependendo da cooperação masculina para evitar a infecção.

29. Os microbicidas são uma das opções preventivas mais promissoras que se vislumbram no horizonte. Com vontade política e investimento suficientes, a primeira geração de microbicidas poderia estar pronta para distribuição em um prazo de tão somente 5 a 7 anos. Entretanto, o investimento em pesquisa e desenvolvimento de microbicidas deve ser ampliado de forma rápida e radical caso se pretenda tornar realidade as esperanças que têm gerado.

A violência contra as mulheres pode acelerar a disseminação do HIV. Nenhum tipo de violência deve ser tolerado

30. A violência contra as mulheres é um problema importante de direitos humanos e saúde pública na América Latina. Essa violência aumenta a vulnerabilidade feminina ao HIV.

31. A violência contra as mulheres é comum em quase todas as sociedades. Apóia-se na discriminação e na subordinação das mulheres e, por sua vez, serve para reforçar e perpetuar essas situações.

32. A alta incidência de relações sexuais não consensuais, a incapacidade das mulheres para negociar práticas sexuais seguras e, em muitos casos, o medo do abandono ou da expulsão do lar e da comunidade impõem sanções extremas, especialmente para as mulheres que carecem de meios econômicos.

 33. Como cristãos e cristãs comprometidos com o Evangelho de Jesus Cristo, repudiamos todo tipo de violência contra as mulheres e moças. Nos comprometemos a trabalhar para que nossas comunidades cristãs sejam lugares seguros nos quais: cuidemos a vida, geremos espaço para o ouvir, para a participação e o exercício dos direitos das mulheres e moças que vivem ou convivem com o HIV e a AIDS, e junto a elas sermos agentes transformadores da realidade.

As mulheres deveriam representar a metade do total de pessoas que recebem fármacos anti-retro virais

34. Como comunidades cristãs nos comprometemos a apoiar todos os esforços que tenham como objetivo que em 2005 pelo menos a metade do total de pessoas que tenham acesso a fármacos anti-retro virais sejam mulheres.

35. Como comunidades cristãs devemos desenvolver princípios e mecanismos que promovam e proporcionem um acesso equiparado aos serviços de atendimento e aos tratamentos anti-retro virais para as mulheres, moças e meninas, inclusive os grupos excluídos de pessoas que vivem com o HIV e com a AIDS.

36. Temos de incorporar mensagens bem fundamentadas sobre acesso a tratamento para as mulheres e moças, além de garantir que seja respeitada a igualdade de gênero como necessidade fundamental no desenvolvimento de programas para melhorar o acesso a todas as formas de atendimento e tratamento.

37. Em nosso compromisso de denúncia das situações de pobreza e desigualdade social e de anúncio evangélico de um mundo mais justo, nos propomos a dar:

 
  • Capacitação para a Liderança Promover a participação ativa das mulheres e moças na prevenção da epidemia.
  • Apoio Escutar as histórias que as mulheres e moças que vivem com o HIV queiram compartilhar.
  • Sensibilização Destacar o impacto que o HIV e a AIDS têm sobre as mulheres e moças no nível mundial, regional e nacional.
  • Mudança Questionar as diferenças de gênero que fazem com que as mulheres e moças sejam mais vulneráveis ao HIV.
  • Abordagem nacional Assegurar que as políticas e respostas nacionais estejam focadas no impacto da AIDS sobre as mulheres e moças.
  • Confiança Aumentar a auto-estima das mulheres, especialmente daquelas que são vulneráveis ao HIV ou já vivem com ele.
  • Concordância com a Declaração da Sessão Especial sobre HIV/AIDS da Assembléia das Nações Unidas (UNGASS)

Acrescentar o conhecimento, a credibilidade e a legitimidade das metas da Declaração de compromisso assumida pelos governos na Sessão Especial sobre HIV/AIDS da Assembléia das Nações Unidas (UNGASS) em relação às mulheres e moças.

38. No Evangelho as mulheres foram as primeiras testemunhas da vitória da vida sobre a morte e lhes é encomendada a missão apostólica de anunciar esta mensagem de esperança a todos os seres humanos (João 20.18). Estamos certos de que, no contexto da crise do HIV e da AIDS, as mulheres e as moças podem também ser portadoras de uma mensagem de solidariedade e de igualdade na diversidade, cujos eixos fundamentais sejam o respeito pela igualdade e pelos direitos de todos e todas.

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