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Hablamos de SIDA porque amamos la Vida.

Ejes interpretativos y objetivos de la información.

1. INTRODUCCIÓN

La epidemia del SIDA ha mostrado en estas dos década de existencia una profunda fuerza revolucionaria. Muchos son los que han tomado conciencia de esa realidad y aprovechan esa situación para promover un mundo más justo y solidario. Otros, en cambio,  intentan esterilizar las posibilidades de renovación y conversión desatada por la crisis del SIDA a través de mensajes que parcializan la información o el enfoque.

Los ejes interpretativos del SIDA juegan un papel importante para revelar u ocultar esa fuerza revolucionaria. Se intenta mantener el discurso dentro de los límites estrictamente médicos y centrado en el virus y los síntomas de la enfermedad como un esfuerzo para no tomar en consideración las implicancias sociales, culturales y humanas reveladas por la epidemia. También encontramos intentos de desplazar los ejes interpretativos para domesticar realidades tanto tiempo silenciadas y preexistentes a la epidemia y al virus.

Algunos al tomar conciencia de las posibilidades que brinda una amplia interpretación del SIDA, por temor o por interés de mantener situaciones de injusticia, intentan esterilizarlas desviando la atención hacia situaciones secundarias, limitadas y parciales. Se teme comprender la epidemia en su globalidad y multiplicidad porque se tiene miedo de una conversión de actitud mental y personal hacia situaciones que desafían nuestra identidad,  compromisos éticos, religiosos o ideológicos.

Aquellos que trabajan en la promoción de una vida más plena, fraterna y humana tienen la responsabilidad de mantener abiertas las posibilidades reveladas por la epidemia. Hablar de SIDA significa hablar también de pobreza, de injusta distribución de recursos económicos y culturales a escala internacional y al interior de cada país. Hablar de SIDA, también es poner de manifiesto la crisis de solidaridad en medio de un sistema destinado a favorecer a los más competitivos y fuertes. Es necesario tener plena conciencia que la epidemia ha venido a agregar una pesada carga de racismo, intolerancia sexual, discriminación económica y homofóbica sobre personas y grupos que ya sufrían la violencia de la estigmatización.  Hablar de SIDA es un compromiso de trabajar por la justicia, la dignidad de toda criatura y el respeto del pluralismo social, cultural y de estilos de vida.

El concepto de dignidad de las personas, utilizado en este trabajo, tiene un horizonte más amplio que aquel del mero enunciado de principios legales. Comprende la integración armoniosa de todo ser humano en la sociedad desde su propia identidad. Integración o inclusión no debe ser entendido como el aceptar las reglas impuestas por  la mayoría sino que es el incorporar en plenitud a todo sujeto desde su particular estilo de vida, orientación sexual o escala de valores. Es la integración armónica de los seres humanos entre sí y con el medio que les rodea. Este concepto de dignidad desafía y cuestiona leyes, valores y prácticas comunitarias y personales actualmente vigentes. Este concepto dinámico de dignidad nos invita a entrar en un proceso permanente y continuo destinado a reconstruir el lugar del otro o de la otra en la sociedad.

El respeto de la dignidad de todo ser humano nos llama también a construir una comunidad humana en verdad inclusiva, es decir, una sociedad con disponibilidad para compartir y recibir, y que no teme correr el riesgo de identificarse con aquellos considerados imperfectos por los discursos hegemónicos o mayoritarios.

1.1 PRIMER EJE INTERPRETATIVO: EL VIRUS

Algunos de aquellos y aquellas que hablan o escriben sobre el VIH-SIDA centran y limitan la totalidad de su mensaje en el virus, los síntomas y los efectos físicos de la enfermedad. Igualmente muchas personas afectadas directamente o que están implicados en esta crisis han hecho del virus el centro de la existencia olvidando el antes y después del diagnostico. El virus no les quita a nadie su condición de persona y la riqueza de cualidades y característica que definen sus identidades particulares. Este adjetivo no es suficiente para definir la identidad de una persona y es solo uno, y no necesariamente el más rico o importante, en la definición de una identidad.

La experiencia ha mostrado que el virus no es suficiente convocante para transformar la realidad ni para formar una comunidad más inclusiva. Pero ese intento revela el temor a tomar en cuenta y  considerar seriamente los co-factores económicos, sociales, religiosos y culturales que hacen que algunas personas sean más vulnerables a la epidemia. El contagio del VIH-SIDA no se debe exclusiva y únicamente a conductas individuales o privadas sino que también es producto de situaciones sociales y culturales. Por lo tanto, un mensaje educativo debe considerar también esos aspectos. Hablar de VIH-SIDA es hacerlo desde la multicausalidad que hace que una persona o un país sea más vulnerable a la infección y que trasciende la estructura y características del virus. Existen conductas sociales de riesgo que exponen a segmentos de la población al peligro de contraer la infección y que van más allá de las conductas individuales.

Sin duda, todos esperamos con muchos deseos la aparición de medicamentos que alivien el dolor y los padecimientos de las personas que ya viven con VIH-SIDA. También todos y todas miramos las perspectivas de las investigaciones científicas esperando la aparición de signos de una posible vacuna. Pero todas estas esperanzas y expectativas no pueden ocultar que la solución y la respuesta al virus del SIDA no es solamente médico o dependientes de un descubrimiento de laboratorio. Necesitamos también vacunas y remedios contra la intolerancia, la marginación y la estigmatización de tantas personas que viven y vivirán a nuestro lado.

Debemos tener en cuenta que la epidemia del VIH-SIDA ha puesto de manifiesto enfermedades y dolencias pre-existente al virus mismo. La sociedad y sus instituciones también están enfermas y es allí donde, las organizaciones de la sociedad civil,  debemos ejercer  una acción terapéutica  de forma tal que la acción educativa logre, al finalizar esta epidemia, que la sociedad y sus instituciones puedan ser realmente más inclusivas.

La Campaña Mundial contra el SIDA 2002-2003 centró su mensaje en el estigma y la discriminación relacionados con el VIH-SIDA [i] , mostrando como estas realidades son un verdadero obstáculo para la prevención, la asistencia y el respeto de los derechos humanos. Los mitos relacionados con las formas de transmisión del VIH-SIDA han puesto de manifiesto los miedos sociales con relación a la sexualidad, las enfermedades, la muerte y el mundo de las adicciones. No podemos olvidar en el contexto de América Latina la discriminación relacionada con el género que revela las situaciones de poder ejercido en el marco de la familia, en el ejercicio de la sexualidad y el lugar que cada género ocupa en la escala de valores sociales. El estigma y la discriminación tienen devastadoras consecuencias psicológicas sobre las personas, familias y grupos sociales y afecta profundamente la forma en que esas personas con VIH-SIDA se perciben a si mismas.

Ha sido histórico el consenso global logrado con la Declaración de Compromiso de las Naciones Unidas en la lucha contra el VIH-SIDA [ii] . Ese documento afirma que el silencio y temor a debatir abiertamente sobre las causas de la epidemia y la negación de la epidemia son obstáculos en toda acción de educación para la prevención y la asistencia. Aún hoy se hace necesario romper el silencio y atrevernos a hablar en términos directos y sencillos porque el silencio y el no llamar a las cosas por su nombre alimentan el estigma y la discriminación y favorecen la difusión de la enfermedad.

El estigma, que es una combinación de vergüenza, tabú y juicio moral, necesita ser considerado de cerca para desmontar aquellos motores culturales, sociales y religiosos  que la sustenta. El estigma revela en su discurso y en sus acciones los vínculos construidos sobre desigualdades e injusticias. Al hablar de SIDA tenemos que romper el silencio y denunciar esas situaciones. Esa es la voz profética de las comunidades de fe y el centro del mensaje evangélico.  De la misma forma en que la Declaración de Compromiso de las Naciones Unidas se proponía, como objetivo, eliminar para el año 2003 todas las formas de discriminación y promover el respeto de la intimidad de las personas y defender la confidencialidad del diagnóstico, las comunidades cristianas también deben asumir y acompañar teológica y pastoralmente ese proceso iniciado por el consenso de la sociedad civil.

La comprensión de las complejas cuestiones relacionadas con el estigma y la discriminación y el actuar para terminar con esas situaciones,  nos ayudarán a establecer metas que nos permitan lograr una prevención y atención adecuada de las personas que viven con VIH-SIDA, promover una justicia social que permita el acceso universal a los mejores tratamientos de todas las personas en todos los países y una reducción de la vulnerabilidad en que la sociedad, la cultura, la economía y el discurso religioso han colocado a muchas personas.

El estigma, palabra que evoca las marcas de marginación que se realizaban con hierro candente en la frente de muchas personas, como señal de condición permanente, es hoy una realidad sutil pero visible. El estigma desprestigia a un individuo ante los ojos de los demás y tiene también graves consecuencias sobre el modo en que los individuos y grupos se perciben a si mismos. Toda estigmatización es un proceso de subvaloración y se construye sobre concepciones pre-existentes y, como en el caso de la epidemia del VIH-SIDA, ha venido a reforzar  prejuicios.

Las personas que viven con VIH-SIDA, a causa del estigma y la discriminación temen mucho más las reacciones de aquellos que están próximas en su vida de afectos que a los efectos de la misma enfermedad. Esta situación produce desigualdades sociales basadas en cuestiones de género y desigualdades asociadas a la sexualidad (trabajadores sexuales, orientación homosexual, transgénero, etc.)

A la propuesta de centrar el mensaje del SIDA sobre el virus, debemos presentar la alternativa de un eje que enfoque esta epidemia desde la dignidad de las personas, dignidad que nada ni nadie puede dejar de tener en cuenta. Desde la educación para la prevención no importa qué es aquello que las personas  hayan hecho o sean. La dignidad de esas personas es un valor absoluto ante el cual toda otra consideración se subordina.

Hablar del virus y sus características especificas es relativamente fácil y lleva muy poco tiempo. Rápidamente nos podemos poner de acuerdo sobre los datos brindados objetivamente por la investigación. Considerar las causas de nuestros miedos sociales y personales, los prejuicios y las situaciones de exclusión cultural, y la injusticia económica, que favorecen la epidemia pueden llevarnos mucho más tiempo y esfuerzo. El tema central en esta epidemia, a causa de la confusión de un diagnostico médico con un diagnóstico moral de las personas que viven con VIH-SIDA, debe ser, sin lugar a dudas, la dignidad de las personas y no las características del virus o las vías de contagio.

1.2 SEGUNDO EJE INTERPRETATIVO: EL DOLOR

Indudablemente el dolor físico provocado por la enfermedad no puede ser ignorado. La vida cotidiana de las personas que viven con el VIH-SIDA nos presenta permanentemente un desafío a la capacidad humana de sufrimiento. Pero el dolor o aún la muerte no es el motivo ni la causa para fundamentar un  hablar de SIDA o un comprometerse en una acción de educación para la prevención o el acompañamiento solidario. No es el dolor corporal que sufre el otro o la otra aquello  que nos puede llevar a asumir un compromiso en medio de esta crisis sino que nos motiva el dolor por la dignidad herida de tantos seres humanos. Aquí también el eje pasa por la dignidad y no por el sufrimiento físico causado por el virus. El centro de esta acción pastoral es el sufrimiento espiritual o psicológico causado por la intolerancia  y la marginación puesto de manifiesto en actitudes sociales, familiares o individuales.

En el contexto de esta epidemia debemos analizar, tal como lo hace la Campaña Mundial contra el SIDA 2002-2003, el dolor producido por la internalización y auto estigmatización que han hecho muchas personas de las reacciones negativas producida por personas e instituciones. Las comunidades cristianas tienen la responsabilidad de construir un mensaje liberador que desafíe las ideologías hegemónicas desde una perspectiva de género y promover la autoestima de grupos subvalorados por la sociedad y aún por las comunidades cristianas. El evangelio coloca a las iglesias al lado de aquellas personas y grupos vulnerables a los discursos estigmatizadores y discriminatorios.

Somos testigos de la actitud asumida por muchas personas e instituciones que rechazan, condenan y juzgan a quienes tienen o simplemente se sospecha que pueden tener VIH-SIDA. Tales actos siempre constituyen discriminación y desde la perspectiva evangélica, siempre son un pecado contra la imagen y semejanza de Dios que habita en toda persona.

Frente a este intento de centrar el mensaje predominantemente en la compasión por el dolor físico o aún la muerte, se necesita realizar un esfuerzo para mantener  la comprensión de la epidemia en el eje de  los derechos humanos y sociales de las personas afectadas como línea fuerza convocante a la acción, la educación y la solidaridad. Las personas que viven con el VIH están enfermas de nuestra compasión pasiva, resignada y para nada movilizadora porque aquello que esperan de nosotros, y con todo derecho, es el reconocimiento pleno de su dignidad. Dignidad muchas veces ignorada o herida tanto por la sociedad  como por las iglesias.

Las comunidades cristianas, como espacios de defensa de los derechos humanos, que surgen de la visión antropológica basada en la imagen y semejanza de todo ser humano con Dios, deben ser agentes que defiendan los derechos inherentes a todo individuo en tanto que seres humanos y que se apliquen a todo persona en todas partes. El principio de la no discriminación es central al Evangelio y a la práctica de los derechos humanos. Es necesario ser conscientes del estrecho vínculo entre la estigmatización que lleva a la discriminación y que produce el sistemático desconocimiento de los derechos humanos.

El estigma, la discriminación y la violación de los derechos humanos se legitiman y refuerzan mutuamente. Es por ello que las comunidades cristianas deben ser agentes que vigilan el estricto cumplimiento de la responsabilidad y obligación del Estado en el respeto, la protección y el cumplimiento de los derechos humanos, y deben ser ellas mismas espacios de promoción de esos derechos.

1.3 TERCER EJE INTERPRETATIVO: LAS PERSONAS  QUE VIVEN CON VIH/SIDA

La participación activa de las personas que viven  con VIH en la elaboración de políticas de prevención y asistencia es, sin lugar a dudas, un aspecto positivo y deseable. No es posible elaborar respuestas adecuadas sin un diálogo y una escucha atenta y respetuosa de la opinión de aquellos y aquellas que en primer lugar están viviendo los efectos de la epidemia. Esta es una premisa a tomar en cuenta con seriedad y  como sistema para la planificación de acciones y campañas. Ellos no son el problema sino que forman parte activa de la solución. Pero tenemos que ser conscientes que el virus del SIDA no vacuna a nadie absolutamente contra nada. También entre los afectados directos como entre el resto de la población podemos encontrar la reproducción de mensajes o explicaciones autoritarias o prejuiciosas que reflejan el discurso impuesto hegemónicamente.

El querer centrar todo mensaje válido sobre el SIDA en la voz de las personas que viven con el VIH en forma excluyente y exclusiva es un intento de colocar nuevamente el eje interpretativo en el virus, el sufrimiento y los síntomas, desplazando la fuerza revolucionaria de la epidemia. La epidemia del SIDA es un tema que debe convocar a todo hombre y toda mujer de buena voluntad comprometidos en la promoción de la dignidad de los seres humanos y el respeto de sus derechos como una prioridad. El eje no está puesto en la enfermedad o en los enfermos o en el dolor y sufrimiento provocado por la enfermedad sino en los derechos humanos y sociales de todas las personas que viven con VIH-SIDA,  y nos llama a trabajar en unidad a todos aquellos que desean construir un mundo más justo, solidario y fraterno. La epidemia de estigma y discriminación provocada por el VIH-SIDA necesita de múltiples actores claves, tanto las personas que viven con el VIH-SIDA, su entorno afectivo (familiares, amigos, parejas, etc), como los líderes de la sociedad civil, los grupos de derechos humanos y en especial aquellos que proceden de los grupos religiosos.

Al hablar de SIDA se debe tener conciencia desde el  ángulo y la perspectiva en que se va a construir el mensaje. No nos podemos acostumbrar a escuchar o hablar de SIDA a través de discursos parciales y fragmentados. Es necesario mantener en primera plana aquello que la epidemia del SIDA ha puesto de manifiesto y que nos obliga a reflexionar y dar respuestas a situaciones que se mantuvieron al margen de la tarea de promoción humana.

Al hablar de SIDA tenemos como objetivo transformar las actitudes y los valores sociales. Las desigualdades existentes y previas a la epidemia deben ser encaradas con el fin de enfrentar al estigma, rechazar la discriminación y fomentar el pleno ejercicio de los derechos humanos.

2. MOTIVACIONES

Podemos considerar que, luego de transcurridos más de veinte años desde el momento en que la comunidad científica toma conciencia de la existencia de una enfermedad que hasta ese momento había pasado desapercibida, la información médica está relativamente establecida en la población. La mayoría de las personas tienen una idea bastante correcta sobre los mecanismos de la enfermedad, las características del virus, las vías de transmisión y las formas de prevención.

Esta epidemia ha tenido tres fases reconocidas. Un primer momento de infección silenciosa que facilito su difusión. Un segundo momento en que el VIH produce infecciones y se hace visible en la vida de las personas y un tercer momento en que aparece el virus del estigma, la discriminación y el rechazo de las personas que viven con VIH-SIDA. La educación para la prevención debe actuar sobre estos aspectos.

El gran desafío es motivar a las personas para que procesen información, la apliquen a sus propias vidas y se sientan protagonistas en esta educación para la prevención. Aún consideramos mentalmente que aquellos que se han de enfermar son los otros y las otras, el extraño y el diferente. Nos cuesta pensar en nosotros mismos como sujetos de la información. Los chistes y las actitudes relacionadas con el VIH-SIDA ponen de manifiesto esta mentalidad de exclusión.  Hacer que todas las personas sientan que forman parte de un único grupo de riesgo: la humanidad entera, es donde la comunidad  educativa tiene que colocar sus esfuerzos de modo tal que se puedan vencer las resistencias y para que haya disposición a escuchar y aplicar la información recibida.

Antes de comenzar a hablar de SIDA es necesario crear las condiciones adecuadas para que ese esfuerzo alcance los objetivos planificados. Las estadísticas y los números de afectados, sin bien son siempre de utilidad, pueden ser una información abstracta y con poco impacto. Debemos ayudar a visualizar la dimensión de los datos. Es por ello muy útil emplear el triángulo con el cual se esquematiza las etapas de la enfermedad. (ver figura). Los datos de los casos de SIDA informados en cada localidad se refieren exclusivamente al pequeño fragmento del vértice del triángulo. Esos datos tienen siempre el peligro del sub-registo, es decir, que no siempre reflejan la realidad de una región. En general los expertos afirman que se debe multiplicar esos datos por dos o por tres para tener cifras más aproximadas a la realidad. Las causas del sub-registro pueden ser muy variadas: desde la necesidad de no diagnosticar VIH-SIDA por el peligro de perder la cobertura de un sistema pre-pago de salud, por temores laborales o sociales, hasta la actitud de ciertas ciudades que ocultan la información para no atemorizar al turismo. Pero tomando como ciertas las cifras brindadas por las autoridades del  área de salud, la Organización Mundial de la Salud calcula que por cada caso de SIDA pleno ubicado en la cima del triángulo, en la base de dicho esquema tenemos que calcular que hay entre 50 y 100 personas que viven con el VIH sin síntomas, que en su gran mayoría ignora su condición. Una vez multiplicadas las cantidades se podrían obtener una cifra aproximada de las personas que viven en una comunidad determinada y que ya estan enfermas. Es necesario ayudar a relacionar o visualizar en el espacio o con un acontecimiento que pueda albergar o convocar a cantidades similares de personas. Este ejercicio ayudar  a tomar conciencia de que ya estamos viviendo y compartiendo la vida cotidiana con personas personas que viven con VIH o enfermas de SIDA.

Asimismo, si en una localidad determinada la resistencia a hablar y pensar en SIDA pasa por el argumento de que allí no ha habido ningún caso, es importante utilizar esa misma afirmación como la mejor fundamentación para realizar un esfuerzo extraordinario para iniciar una campaña de educación para la prevención porque cuando aparezca el primer caso de SIDA, es decir aquellos ubicados en la punta del triángulo, en la base, es decir en esa comunidad, tendremos que pensar en la presencia de 50 a 100 personas que viven con VIH y son asintomático.

A través de las estadísticas podemos alcanzar el objetivo de tomar conciencia que el SIDA no está  golpeando las puertas de nuestras instituciones (escuelas, iglesias, clubes, familias, etc.) sino que ya esta  instalada en medio de ellas y que ya estamos conviviendo en nuestras tareas cotidianas con personas que viven con VIH-SIDA y asumir la necesidad de que cada uno implemente la prevención que le ayudará  a gozar de la vida en plenitud.

La edad promedio de las personas que viven con VIH-SIDA actuales también puede servir para motivar a la escucha de los mensajes de prevención en un público relativamente juvenil o en padres y maestros de adolescentes. En la actualidad (enero de 2004) la edad promedio de los enfermos que llegan a los servicios hospitalarios es de 25 años con tendencia a ser cada vez más jóvenes. Si consideramos que el virus del SIDA puede tardar entre 8 a 10 años en manifestarse a través de síntomas, el cálculo simple nos lleva a pensar que la edad hipotética en que muchos de ellos y ellas contrajeron el virus se ubica entre los 15 y 20 años. Esa es la mejor fundamentación para justificar una educación temprana en los adolescente y en la urgencia de comenzar por brindar información sobre las características de la epidemia con un lenguaje claro y directo. Se puede constatar que por temor a hablar de un tema tan importante como la sexualidad humana la información brindada por las campañas de educación para la prevención se cubre púdicamente con un lenguaje difícil de comprender y que exige un esfuerzo para descifrar o decodificar lo que entre líneas se desea decir pero que no se osa ponerlo en palabras. Esa actitud nada tiene que ver con el necesario y saludable pudor que debe rodear a la sexualidad sino con pacatería que puede hacer mucho daño a aquellas personas que se desea educar.

3. OBJETIVOS DE LA INFORMACION

La angustia y la desorganización que provoca el asumir la realidad de esta epidemia y las características de la enfermedad hace que muchas veces el contenido de la información brindada sea caótico o exageradamente detallado. En muchos casos, pareciera que la mucha información, los datos, los gráficos y las estadísticas calmaran nuestros miedos y ansiedades. Es por ello que tenemos que tener muy claro los objetivos que deseamos alcanzar al brindar una información. Ello ayuda a ser sumamente cuidadosos y económicos en la cantidad de datos brindados para mantener la centralidad del mensaje que se quiere compartir y no distraer la atención de los destinatarios de la información con datos que no hacen directamente a su vida cotidiana y no tienen relación con los objetivos planificados.

3.1 EL VIRUS

Al brindar información sobre las características del virus, es necesario tener sumo cuidado con las teorías de los orígenes de la epidemia. Indudablemente y como lo ha demostrado investigaciones recientes, la presencia del virus del SIDA se puede constatar en los archivos de historias clínicas de ciertos países o en los registros de bancos de sangre  con anterioridad al año l981, fecha en la cual la comunidad científica tomó conciencia de esta epidemia. Siempre ocurrirá por una necesidad muy humana, que al enfrentarnos a situaciones de crisis o catástrofes busquemos encontrar culpable o responsable. Es así que nos enfrentamos con la siguiente situación: Si los afectados o pacientes  detectados viven en el hemisferio norte, son blancos y generalmente económicamente poderosos,  el origen de las enfermedades o de las crisis se buscar  en poblaciones extrañas que viven en el sur, que son negros y que en general son pobres desde el punto de vista material. Esas teorías pueden contener una real carga de prejuicios raciales y económicos y ponen de manifiesto que pensamos y seguimos pensando que los que se enferman y los que causan la enfermedad son los otros u otras. Siempre será causante de los males de un determinado grupo social o cultura que, por su forma de vestir, de hablar, de pensar o de vivir, es diferente a nosotros.

Igualmente los prejuicios ideológicos se pueden manifestar en una serie de afirmaciones fantasiosas sobre el origen del SIDA a través de laboratorios de ingeniería genética. Si, por ejemplo, una persona tiene un compromiso político de derecha, construirá  una teoría que afirma que el virus se escapó a través de la experimentación de un laboratorio perteneciente a un país gobernado por la izquierda. Si es de izquierda propondrá  una teoría inversamente opuesta. Esas teorías del origen del VIH a partir de un laboratorio no son más que manifestaciones de prejuicios políticos. Podemos estar seguros que aún hoy la ingeniería genética no está en condiciones de producir un virus de las características del VIH.

El objetivo que se desea alcanzar el hablar del virus y sus características es demostrar que el VIH-SIDA es una enfermedad humana como cualquier otra. No es fruto de situaciones sociales apocalípticas ni es la conspiración de grupos imaginarios. Estamos frente a una epidemia y debemos responder a esta situación con respuestas racionales.

3.2 MODOS DE TRANSMISION

Al referirnos a las vías de transmisión tenemos que ser conscientes de no difundir rumores. Actualmente, y de acuerdo al estado presente de la investigación científica, sólo se han determinado tres formas de contagio y sólo esas están claramente testificadas:

a) la vía sanguínea (transfusiones y uso de drogas endovenosas)

b) las relaciones sexuales no protegidas y,

c) una madre que vive con el VIH-SIDA a su bebé.

La cultura popular puede presentar casos o circunstancias en las cuales se informa de hipotéticos casos de contagio por otras vías. Es necesario ser muy cauto y precavido en utilizar esa información difícil de fundamentar. En los miles de casos estudiados alrededor del mundo solo se han confirmado esas y solamente esas tres vías antes indicadas. Es necesario recordar que un caso excepcional no constituye una regla.

Igualmente debemos tener mucho cuidado al brindar la información para no crear imágenes equivocadas. Cuando hablamos de las relaciones sexuales como vías de contagio debemos enfatizar la aclaración de que son las relaciones sexuales no protegidas las que pueden producir la infección. Enfatizar el hecho de la no-protección para evitar decir que son las relaciones sexuales en cuanto tales las que son vías de transmición. Asimismo al decir protegidas no estamos privilegiando ningún modo específico de protección. Cada uno de los que reciben el mensaje ha de procesar la información e instrumentarán el modo de protección adecuado a su estilo de vida, opciones éticas y escala de valores.

El objetivo que se desea alcanzar al brindar esta información es demostrar que el SIDA es una enfermedad que se puede prevenir y esa  prevención está  bajo nuestra responsabilidad. Es muy útil mostrar que por lo que conocemos que para ser infectados cada uno de nosotros debe decir que sí a alguna conducta que puede ponernos en contacto con el virus. El control de la calidad de la sangre a transfundir, el consumo o no de drogas inyectables, las relaciones sexuales protegidas o no, y la decisión de una mujer que vive con el VIH-SIDA de tener un bebé son acciones que exigen en algún momento un sí de parte de cada uno de nosotros y nosotras. Por lo tanto queda claro que el VIH- SIDA se puede y se debe evitar.

3.3 LA VIDA COTIDIANA

La información científicamente fundada nos dice que el virus del SIDA se encontró en cantidades suficientes como para producir el contagio sólo en:

a) la sangre,

b) el semen y

c) los fluidos vaginales.

En los otros líquidos corporales se detectó la presencia del virus pero sin estar concentrado como para producir la enfermedad. La piel humana estando sana es una eficiente barrera para impedir la penetración del virus que fuera del cuerpo es sumamente débil. Para penetrar necesita de un vehículo que lo lleve de un organismo a otro (transfusiones, relaciones sexuales no protegidas, jeringas). La transpiración, la saliva, la orina, las lágrimas no transmiten el VIH en situaciones cotidianas. Solamente si se piensa en hechos extraordinarios y de muy improbable realización podría llegarse a pensar en el riesgo del contagio.

Conocemos una larga lista de acciones de la vida cotidiana que no tienen posibilidad de transmitir el SIDA (compartir la vajilla, utilizar el mismo inodoro, abrazar, besar, tomar mate, utilizar el mismo teléfono, etc.). Si no nos estamos inyectando y compartiendo jeringas, si tomamos medidas de protección en las relaciones sexuales, no hay posibilidad de contraer el SIDA en situaciones laborales, educativas o recreativas habituales. No existe constancia alguna de personas que se hayan infectado a través del contacto cotidiano en el ámbito familiar, escolar o social, excepto si han sido parejas sexuales de una persona infectada y no tomaron medidas de protección o si se han estado inyectando y compartiendo jeringas.

Esto nos lleva a la conclusión  de que no hay fundamento científico para marginar y excluir a una persona que vive con VIH o enferma de SIDA del entorno familiar, del trabajo, o de la escuela y la recreación. La ciencia no nos brinda apoyo a nuestras actitudes de exclusión. Si deseamos excluir a una persona tendremos que buscar la fundamentación en nuestros miedos o prejuicios pero jamás en los datos que nos proporciona la información científicamente fundada.

Como miembros de la sociedad estamos llamados a afirmar nuestro compromiso con la vida y la esperanza. Es por ello que debemos distinguir en nuestro vocabulario y en nuestras actitudes que estamos frente a una enfermedad actualmente incurable pero no necesariamente mortal. La magnitud de esta epidemia y las actitudes de discriminación y desconocimiento de la dignidad de todo ser humano nos llama a implementar una proceso educativo que ponga de manifiesto nuestros propios miedos y prejuicios.

Al resaltar que el SIDA es una enfermedad humana estamos poniendo el fundamento para considerar que este es un tema que nos incluye a todos nosotros y nosotras. La condición de seres humanos nos llama a implementar una acción solidaria de la cual nadie quede excluido. Al hablar de nuestras propias actitudes de solidaridad frente a esta epidemia estaremos creando las condiciones para que se termine el silencio que produce el miedo y los prejuicios. Esperamos que pronto llegará el día donde nadie tendrá que ocultar su rostro ni esconder su nombre al compartir su condición de persona que vive con VIH-SIDA porque ya no tendrá  miedo a las actitudes de otros seres humanos.

3º Edición. 3000 ejemplares (Revisado y modificado en febrero de 2004).

 Pastor Lisandro Orlov

Pastoral Ecuménica  VIH-SIDA

Telefax: (54-11) 4-384-6568

e-mail: orlov@uolsinectis.com.ar

1º Edición. 3000 ejemplares (Julio de l995).

2º Edición. 3000 ejemplares  (Agosto de 1997).

 

Declaración de los Derechos Fundamentales de la Persona que Vive con el VIH-SIDA

Considerando:

   Que el SIDA, desde el punto de vista de la medicina, es una enfermedad como las otras.

   Que el SIDA es una epidemia mundial y que es preciso un esfuerzo colectivo mundial para detenerla.

   Que no existe peligro de contagio del SIDA excepto a través de relaciones sexuales sin precauciones adecuadas, de la transfusión de sangre infectada y la transmisión de la madre infectada al feto o al bebé.

   Que desde el punto de vista planetario es la Humanidad la que se encuentra seropositiva, no existiendo una minoría de enfermos.

   Que contra el pánico, los preconceptos y la discriminación, la práctica solidaria es esencial.

Por todo ello proclamamos:

1.       Todas las personas tienen derecho a la información clara, exacta y científicamente fundada acerca del SIDA, sin ningún tipo de restricción. Los portadores del virus tienen derecho a informaciones específicas sobre su condición de tales.

2.       Todo portador del virus del SIDA tiene derecho a la asistencia y al tratamiento, suministrados ambos sin ninguna restricción y garantizando su mejor calidad de vida.

3.       Ningún portador del virus será sometido a aislamiento, cuarentena o cualquier tipo de discriminación.

4.       Nadie tiene derecho a restringir la libertad o los derechos de las personas por el único motivo de ser éstas portadoras del virus del SIDA, cualquiera sea su raza, nacionalidad, religión, sexo u orientación sexual.

5.       Todo portador del virus del SIDA tiene derecho a la participación en todos los aspectos de la vida social. Toda acción que tienda a recusar a los portadores del virus para un empleo, alojamiento, una asistencia o a privarlos de ello, o  a que tienda a restringirles la participación en las actividades colectivas, escolares y/o militares, debe ser considerada discriminación y punida por la Ley.

6.       Todas las personas tienen el derecho a recibir sangre y hemoderivados, órganos o tejidos que hayan sido rigurosamente analizados y comprobada en ellos la ausencia del virus del SIDA.

7.       Nadie podrá  hacer referencia a la enfermedad de alguien, pasada o futura, o al resultado del análisis para el SIDA, sin el consentimiento de la persona involucrada. La privacidad del portador del virus debe ser asegurada por todos los servicios médicos y asistenciales.

8.       Nadie puede ser  sometido compulsivamente, en ningún caso, a los análisis para el SIDA. Estos deberán ser usados exclusivamente para fines diagnósticos, para el control de transfusiones y transplantes, para estudios epidemiológicos, pero jamás para ningún tipo de control de personas o poblaciones. En todos los casos de análisis, los involucrados deberán ser informados previamente y los resultados deberán ser informados por un profesional competente.

9.       Todo portador del virus tiene derecho a comunicar su estado de salud o el resultado de sus análisis sólo a las personas que él desee hacerlo.

10.     Todo portador del virus tiene derecho a la continuación de su vida civil, profesional, sexual y afectiva. Ninguna acción podrá  restringir sus plenos derechos de ciudadanía.

(Conferencia de Montreal. l988)

 

Elementos para una respuesta de las iglesias al VIH/SIDA

Los puntos siguientes son elementos claves en la definición de la respuestas de las iglesias a la pandemia del VIH/SIDA y a sus efectos en las personas que ya viven con vih-sida, sus familias y comunidades, incluyendo a las iglesias. Estas presuposiciones conforman la voz pública y las acciones prácticas del ministerio y del apoyo solidario de las iglesias.

   Las iglesias están ellas mismas en medio de la crisis del vih-sida. Muchos/as en la familia que es la iglesia están enfermos o viviendo con VIH-SIDA.

   Esta enfermedad desafía muchas de las enseñanzas y prácticas fundamentales de la iglesia

•   El reconocimiento y el respeto de la dignidad de cada ser humano, sin tener en cuenta las circunstancias, es fundamental para toda acción y respuesta.

   Esta dignidad es respetada de mejor manera al proteger los derechos de las personas que viven con VIH/SIDA y al promover una actitud de consideración y solidaridad que rechaza toda forma de estigmatización y de discriminación. Debemos luchar contra el VIH/SIDA y no en contra de las personas afectadas.

   Toda persona que vive o es afectada por el VIH/SIDA deben ser aceptadas en sus propias comunidades y recibir apoyo y cuidado, incluyendo el acceso a tratamientos.

   Alto riesgo y grupos vulnerables (p.ej.: personas dependientes del uso de drogas, prisioneros, refugiados, población migrante, personas desplazadas dentro de un país, personas de orientación homosexual) requieren una atención y acompañamiento particular.

   El riesgo específico de las mujeres debe ser encarado a través de la prevención, cuidado y tratamiento. Muy fundamentalmente deben ser desafiadas las estructuras sociales, políticas y económicas y los sistemas que construyen esa vulnerabilidad.

   Las necesidades y los riesgos de los jóvenes, incluyendo aquellos que aun no están afectados, deben ser encaradas con urgencia.

   Por respeto a la vida, métodos probados de prevención del VIH/SIDA, incluyendo el condón, deben ser promovidos y hechos accesibles. De igual manera, el apoyo social para su empleo deben ser hechos visibles y fortalecidos.

   El VIH-SIDA es una enfermedad relacionada con la pobreza y debe ser encarada dentro de estructuras y sistemas económicos, sociales y políticas, incluyendo la deuda externa.

   Las iglesias están preparadas para trabajar en forma cooperativa con todas las personas de buena voluntad al responder al VIH/SIDA.

  Creencias, prácticas y tradiciones destructivas tanto dentro de las iglesias como en las sociedades que aumentan la difusión del VIH/SIDA deben ser desafiadas.

   Las Iglesias entienden que los gobiernos, en todos sus niveles, tienen la responsabilidad primaria de asegurar y proteger la salud pública, y que esta responsabilidad debe ser reflejada en la asignación de fondos y puesta de manifiesto a través de la voluntad política.

(Federación Luterana Mundial)



[i] ONUSIDA. “Campaña Mundial contra el SIDA 2002-2003. Marco conceptual y base para la acción: Estigma y discriminación relacionados con el VIH-SID”. Ginebra. Junio de 2002.

[ii] Vigésimo Sexto Período extraordinario de sesiones. Reslulción aprobada por la Asamblea General. 27 de junio de 2001: Declaración de Compromiso en la lucha contra el VIH-SIDA: “Crisis mundial-Acción Mundial”.

AMAR Y SERVIR

“Cuando el mundo desprecia a un hermano o hermana,
el cristiano le ama y le sirve;
cuando el mundo usa la violencia contra este hermano y hermana,
el cristiano le ayuda y le consuela;
cuando el mundo le deshonre y ofenda,
el cristiano entrega su honor
a cambio del aprobio de su hermano o hermana.
Cuando el mundo busca su provecho,
el cristiano se niega a hacerlo;

Cuando el mundo practica la explotación,
el o ella se desperende de todo;

Cuando el mundo practica la opresión,
él o ella se somete para salir victorioso.

Si el mundo se cierra a la justicia,
él o ella practican la misericordia;

Si el mundo se envuelve en la mentira,
él o ella abre la boca para defender a los mudos
y dar testimonio de la verdad”

                                                                                      Dietrich Bonhoeffer: “El Precio de la Gracia”.

 

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