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SERVIR A LA MESA EN CONTEXTO DE EXCLUSIÓN DE LAS PERSONAS PORTADORAS DE DEFICIENCIA

Dr. Rodolfo Gaede Brasil

Tomado de “La Diaconia Profética en un Contexto Globalizador Neoliberal”. Federación Luterana Mundial. Departamento de Servicio Mundial. Programa C.A. Diplomado en Diaconía 2003. Federación Luterana Mundial y Universidad Luterana Salvadoreña.  El Salvador.  Pág. 58 a 65

¿Cuál la relación entre las comuniones de mesa de Jesús y las personas portadoras de deficiencias (PPDs)?

Para responder a esta pregunta tenemos que investigar primero el lugar que recibieron las PPDs en el ministerio de Jesús en un sentido más amplio.

Uno de los momentos en que Jesús define el sentido de su ministerio es cuando, en la sinagoga, le entregaran el libro del profeta Isaías para leer. El leyó:

"El Espíritu del Señor está sobre mí. Él me ha ungido para llevar buenas nuevas a los pobres, para anunciar la libertad a los cautivos y a los ciegos que pronto van a ver, para despedir libres a los oprimidos y proclamar el año de gracia del Señor" (Lucas 4.18s).

Al terminar la lectura, dice: "Hoy les llegan noticias de cómo se cumplen estas palabras proféticas" (v. 21).

En esta declaración básica sobre su ministerio, en este Estatuto Mesiánico, Jesús incluye las personas ciegas, al lado de las pobres, cautivas y oprimidas.

Esto es relevante en la medida que sabemos que las personas ciegas eran una de las categorías más discriminadas. Les era terminantemente prohibido entrar en la Ciudad Santa, porque irían a contaminar el templo y el pueblo santo (la deficiencia era atribuida a algún pecado cometido por la propia persona o por sus ancestrales).

Todavía, lo que Jesús leyó en la sinagoga no queda siendo apenas un programa de promesas. El programa se realiza: cuando Juan Baptista está en duda si Jesús es el Mesías, manda a sus discípulos a preguntarle si él es el que ha de venir. La respuesta de Jesús es: "Vuelvan y cuéntenle a Juan lo que han visto y oído: [o verbo ahora está en el presente] los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos quedan limpios, los sordos oyen, los muertos se despiertan y una buena nueva llega a los pobres" (Lucas 7.22).

Cuando se trata de verificar como el ministerio de Jesús está siendo ejecutado, aparece la acción en favor de los ciegos, cojos, leprosos, sordos, muertos y pobres. Si, en el programa original, aparecían apenas las personas ciegas, en la ejecución del programa mesiánico la solidaridad de Jesús se muestra a todas las categorías de PPDs. Sorprende que las PPDs reflejan la mitad del público en esta lista de actividades de Jesús.

Pienso que una forma de solidaridad de Jesús con las PPOs es la cura. La investigación exegética concluye que Jesús realmente realizó muchas curas. Es una de las formas de devolver la dignidad que la dicotomizacíón (o dualismo platónico) había robado a las PPOs.

En el contexto de las curas de PPOs quiero recordar apenas un caso: el hombre de la mano reseca (Me 3.1-6). La mano atrofiada era la mano derecha, o sea, la mano principal del trabajo, necesaria para ganar el pan. Faltando esta mano, este hombre pasaba a ser dependiente de la caridad ajena y víctima de preconceptos. Esta, de cierta manera, fue la razón de este hombre de colocarse bien atrás, escondido en el medio del pueblo presente en la sinagoga. Este era su lugar en la sociedad: al margen. la primera actitud de Jesús es Ilamarle para el centro de la sinagoga: "Venga para el medio". Nuevamente la inversión de lugares y de valores: quién está en el centro debe abrir espacio para que quien está en el margen pueda ocupar este lugar. Segundo la comprensión de Jesús, el lugar de las PPOs es en el centro de las atenciones y no en el margen. Cuanto desafío está atrás de estas palabras: PPOs, venqan para el medio"! La cura, propiamente dicha, es "apenas" una segunda actitud de Jesús. La más importante ciertamente fue la de devolver a esta PPO su lugar digno en la comunidad.

De cualquier forma, .este texto hace parte de las curas que Jesús realizó. Una pregunta profundamente inquietante y  angustiante es si la cura es la única solución que la Biblia presenta para la realidad de las PPOs. Una conclusión así ciertamente .nos dejaría frustrados, pues, entonces, la suerte habría sido de las personas que alcanzaron .el milagro de Jesús y el azar de aquellas que no lo alcanzaron. Esto nos obligaría a entender que la felicidad de nuestras PPOs depende de encontrar una cura milagrosa.

Pienso que el problema ya empieza cuando aplicamos el concepto de la "cura" para casos en que no se trata de "enfermedades". PPOs no son enfermas. El problema que tienen no es la enfermedad, sino la discriminación por causa de la dicotomización del mundo en personas eficientes y deficientes.

Por esto, yo quiero ir un paso adelante en la análisis del ministerio de Jesús.

El ministerio de Jesús se caracteriza por una fuerte orientación escatológica. Su fe se orienta por la comprensión del reino de Dios como grandeza que va alcanzar en el futuro su plenitud. La imagen que Jesús usa para describir este reino pleno es una grande cena festiva. La mesa es el lugar de la grande comunión escatológica. Para esta mesa son invitadas indiscriminadamente todas las personas, todos los pueblos, todas las razas, etnias, culturas, judíos y gentiles, hombres y mujeres, adultos y niños, eficientes y deficientes.

Esta comprensión de una cena abierta, sin embargo, no era común en el tempo de Jesús. Valía la idea de que esta seria una cena de los electos, de los seleccionados, de los justos, de los eficientes. Jesús, sin embargo, abre los horizontes y da a la "salvación mesiánica" un carácter universal. Cuando, en el relato de la Grande Cena (en Lucas 14,15ss) los primeros invitados (los fieles y electos) rechazaron la invitación, el dueño de la fiesta ordena a su siervo:

"Sal en seguida a las plazas y calles de la ciudad y trae para acá a los pobres, a los alejados, a los ciegos y a los cojos" (Lucas 14.21).

Observemos que ahora las PPDs ocupan el espacio de 3/4 de la lista de invitados. Pero el dato nuevo en esta visión escatológica es que no se habla de cura de las PPDs. Hablase que las PPDs son invitadas para la mesa de la comunión. En esta mesa, la transformación de todas las personas participantes es tan profunda que queda definitivamente superada la discriminación, la exclusión por causa de las diferencias.

Muy bien, no estoy mencionando este texto escatológico para empujar la solución para el futuro, para el más allá. Verdad es que esta realidad esperada por Jesús en el reino consumado es lo que ilumina su presente histórico. O sea, cada paso del ministerio terreno de Jesús es determinado por aquello que él espera. El actúa de acuerdo con lo que espera.

Por esto, él anticipa momentos de esta comunión de mesa del reino de Dios. Encontramos en los evangelios un número sorprendente de textos en los que Jesús realiza, en la práctica, comuniones de mesa abiertas, en la que todas las personas son incluidas, especialmente aquellas que en el día-a-día son excluidas de la comunión.

Además, encontramos en los evangelios un sorprendente número de textos en que Jesús enseña la necesidad de la comunión de mesa abierta, como marca del reino de Dios.

Miremos uno de estos textos: Lucas 14.7-14.

Jesús acepta la invitación de un fariseo para una cena en su casa. Allí está reunido un grupo selecto: el liderazgo de la aldea. Era costumbre que grupos como este se reunían regularmente para comuniones de mesa. Promovían rotación: una vez en la casa de uno, otra vez en la casa de otro. Aquello que promovía el evento en su casa asumía los gastos. Estas cenas servían para fortalecer los lazos internos del grupo y también para mantener el poder en las manos de quien ya lo poseía. Los invitados son siempre los mismos: los amigos, los hermanos, los parientes y los vecinos ricos. O sea, los iguales, los que tienen igual poder adquisitivo para retribuir la invitación. Por lo tanto, en este grupo, nadie desembolsa nada además de aquello que gastaría consigo mismo. No hay ayuda a nadie. No hay solidaridad. Hay apenas un cambio entre iguales. Se trata, por lo tanto, de grupos cerrados, que están empeñados en mantener el status quo,.en mantener la dicotomía en la sociedad.

Jesús, al comprender la dinámica de esta comunión de mesa, desafía el grupo con una propuesta radical:

'''Cuando des una cena 'no invites a tus amigos, hermanos, parientes, o vecinos ricos, porque ellos a su vez te invitarán a ti y así quedarás compensado. Cuando des un banquete, invita más bien a los pobres, a los alejados, a los cojos y a los ciegos.

Conclusiones sobre el texto:

a) Aquí no se trata de una proyección para el futuro, sino de una exigencia para el presente: "cuando des un banquete, invita más bien a los pobres, a los alejados, a los cojos y a los ciegos". b) el texto presenta dos posibilidades de listas de invitados: primera lista: los de siempre, los mismos, los iguales, los que pueden recompensar, los que retribuyen la invitación, los que mantienen el status qua. Segunda lista: las personas diferentes, las excluidas, las discriminadas de la sociedad [Solamente para apuntar la radicalidad de la propuesta de Jesús: en la comunidad de Qumram, de los esenios, en el desierto de las márgenes del Mar Muerto, las PPOs no entraban]. Para la segunda lista Jesús quiere convertir a los fariseos, ya nosotros. En esta lista, nuevamente las PPOs incorporan % de las categorías mencionadas (75%). c) aquí no se habla de "cura" de las PPOs, sino de invitación para la comunión de mesa. Esto quiere decir que Jesús propone que la lucha de superación de las barreras de discriminación (con relación a los diferentes) está en andamiento aquí y ahora. Lo que importa es que sean construidas mesas de comunión que no sean cerradas, que no sirvan de escondrijo para los iguales, que haya lugar para todas las personas, indiscriminadamente. Lugar de convivencia, de reparto, lugar de comer juntos, lugar de fiesta, de alegría, de aceptación mutua, de respecto mutuo, por fin, un lugar de comunión.
En este caso, la necesidad de cura no es de las PPOs, sino de las que tienen la enfermedad de la discriminación, del cerramiento en si, la enfermedad de la repelencia al diferente. El problema no es de las PPOs, sino de la comunidad y de la sociedad que dicotomiza las personas. El problema es de las personas que se consideran selectas, exclusivas, d) las comuniones de mesa, es la propuesta diaconal de Jesús. Este es su servicio de mesa (diakonein), contra la filosofía dualista griega. Este es el sentido de su ministerio en este mundo.

Si queremos practicar diaconia en el espíritu de Jesús, coloquémonos a construir mesas de comunión abiertas; confeccionemos nuevas listas de invitados para nuestras mesas, que incluyan las PPOs.

Así, toda vez que una PPO es invitada para sentarse a la mesa comunitaria, de comunión y fiesta, estará aconteciendo la anticipación del reino de Dios. La comunidad estará actuando de acuerdo con lo que espera.

PPDs y pos-modernidad

La modernidad se caracterizó por la concepción de una historia universal que, en un proceso linear en el tempo, evolucionaba en dirección a la felicidad general de toda la humanidad. Se creía que el mundo llegaría un día a un período de pleno desarrollo, en beneficio de todas las personas.

En base a esta concepción estaba el ideal de la Revolución Francesa: igualdad, libertad y fraternidad.

Después de 500 anos de ilusión llega la desilusión. La pos­modernidad nada más es que la frustración en relación a los falsos presupuestos de la modernidad. No hay una historia que incluya a todas las personas en un estado de bienestar uniformizado. La felicidad como un bien global, igual para todas las personas, es una frustración.

El mundo, en vez de globalizarse en la perspectiva de la felicidad, se muestra fragmentado. La historia actual expone los fragmentos: las diferentes etnias del este europeo, sofocadas en nombre de un proyecto global, explosionan reivindicando su lugar al sol, como sujetos autónomos, con identidades propias, diferentes; las etnias en América, masacradas en nombre de un otro proyecto global, resurgen con sus identidades propias, diferentes.

Los de los bloques de la Guerra Fría disputan el proyecto de la verdad global. Cuando un de ellos se retiró del escenario, el otro se estableció como dueño de la verdad absoluta, dislocando el eje de la globalización del sector político para el económico.

La economía globalizada, como proyecto de felicidad, excluye dos tercios de la humanidad. El desarrollo del mundo se da ahora en función de los consumidores selectos. Para estos, la felicidad es uniformizada: todos usan la misma ropa de la moda, todos beben coca-cola y comen el Mc lunch feliz. Uniformiza también el tipo humano que consume: blanco, delgado, alto, ojos azules, cuerpo perfecto. Quien no se encuadra en el patrón, no puede ser feliz.

El hecho es que, en la pos-modernidad, la humanidad toma conciencia que la globalización de la felicidad es una frustración. Ella no existe. Lo que existe son las diferencias. El peligro es de volverse al otro extremo: la felicidad está en la individualidad; ella está "dentro de ti"; cada individuo construye su propia felicidad. ¿Qué significa esto para la reflexión teológica?

Admitir las diferencias como dato real, normal y natural. Las diferencias pueden significar riqueza. Son el contrapeso de la uniformización.

 
  • Respetar las diferencias.

  • Convivir bien con las diferencias.

  • Admitir que la felicidad dispensa un patrón establecido para la globalidad.

  • Admitir que no existe una receta universal para la felicidad. ~ Admitir que no existe una verdad absoluta sobre la felicidad, que puede ser impuesta a todo mundo (la verdad precisa ser libertada de la camisa de fuerza en que fue colocada por la modernidad).

  • Admitir que los diferentes sean sujetos como diversos.

  • Admitir que los diferentes sean felices como diferentes (que la persona indígena sea feliz como indígena; que la persona negra sea feliz como negra; que la mujer sea feliz como mujer; que el niño sea feliz como niño; que el viejo sea feliz como viejo, que la PPD sea feliz como PPD.

  • Admitir que la verdad de la felicidad de las PPDs no vale menos que la verdad de la felicidad de las no-PPDs (la felicidad de practicar deportes radicales no tiene un valor superior a la felicidad que siente una PPD cuando puede hacer lo que le gusta).

La mesa del reino de Dios no es lugar de uniformización, sino de convivencia y comunión de los diversos. Es lugar de construir puentes (reconciliación) sobre los abismos de las diferencias.

Los diferentes pueden ser solidarios entre si y pueden cooperar uno con los otros.

Somos todos/as viajantes diferentes, que van en dirección al mismo objetivo - el reino de Dios. En las paradas del camino nos encontramos, nos conocemos, dialogamos, discutimos, concordamos, discordamos, nos consolamos, nos desafiamos. En la continuación de este camino podemos ser solidarios/as unos con los/las otros/as. A pesar de las diferencias, podemos hasta cargamos unos a los otros.

 

 

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