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VIVIR SEGÚN EL ESPÍRITU.
SERVIR A LA MESA EN CONTEXTO DE EXCLUSIÓN CULTURAL y RELIGIOSA

Dr. Rodolfo Gaede (Brasil)

En el estudio anterior vimos que los textos bíblicos referentes a la comunión de mesa fundamentan una acción diaconal de la Iglesia hacia las personas que sufren exclusión en los niveles social, económico y político.

El Evangelio nos da el mensaje de que:

a) las puertas cerradas, atrás de las cuales se esconden las personas y elites sociales, con sus mesas repletas, para de ellas gozar solitos, se pueden abrir para que la socialización pueda acontecer con los pobres Lazaros, víctimas de la ideología neo-liberal y de su proyecto I de globalización del mercado. Podemos aquí proponer una diaconía que tenga la tarea de abrir puertas.

Tal vez necesitamos desarrollar una buena metodología, capaz de ayudamos en la tarea de abrir puertas. Talvez tengamos que volvemos especialistas en el arte de abrir puertas. Puede ser que el acto de compartir la mesa ni sea una actitud tan imposible así. En el caso del texto, apenas algunos pasos separaban el dueño de la mesa del mendigo Lázaro. Faltó alguien para convencerle de que superara esta distancia (estos pocos pasos) seria bueno no solamente para Lázaro, sino también para él mismo. Pues el egoísmo puede hacer perder la propia vida. Esta diaconía es concebida a partir de un nuevo paradigma social, de contestación de los abismos.

b) la comunidad que sigue a Jesús no cierra su círculo en torno de su propia mesa, practicando la reciprocidad apenas entre los iguales. Ella es desafiada a elaborar nuevas listas de invitados/as, incluyendo especialmente aquellos/as que no pueden pagar la invitación. Podemos aquí proponer una diaconía de la segunda lista. Esta diaconía es concebida a partir de un nuevo paradigma económico: de la redistribución de las riquezas.

c) debemos saber distinguir muy bien los banquetes de la muerte y los banquetes de la vida. Podemos aquí proponer una diaconía. del buen pastor, que está empeñada en que todos puedan comer y llenarse. Esta diaconía es concebida a partir de un nuevo paradigma político; de "Hambre Cero".

En la continuación, queremos estudiar más dos textos ligados al tema comunión de mesa, los cuales abordan la cuestión de la exclusión por motivos culturales y religiosos.

1. Exclusión Cultural (Marcos 7.24-30: la mujer siro-fenicia)

El texto habla de la mesa en torno de la cual se encontraba Jesús y de la cual la mujer siro-fenicia se encontraba apartada. Tratase, en primer lugar de una mujer y en segundo lugar de una extranjera, que reivindicaba participación en los beneficios del reino de Dios (su hija estaba enferma y ella vino buscar la cura). El diálogo fue difícil, porque el perfil de esta persona no se encuadraba en el de una hija del pueblo electo. Como excluida, pasó por la humillación de ser comparada a los perros.

En Jesús percibimos una argumentación basada en una primera comprensión del proyecto mesiánico: el de saberse enviado para los suyos, los de la propia casa (Juan 1.11). Todavía, su presencia en esta tierra extraña y en la casa de una familia extranjera ya muestran que "los suyos no lo recibieron" (Juan 1.11). Había salido de las fronteras de la tierra santa en consecuencia de las presiones que venía sufriendo (vea contexto anterior).

Talvez por esto la insistente argumentación de la mujer siro­fenicia logró cambiar la posición de Jesús a punto de atenderle el pedido. Jesús no podía negar a esta mujer lo que el hombre rico negó al pobre Lázaro: un lugar en la mesa.

El texto, por lo tanto, abre una puerta a esta extranjera, para ser incluida en la rueda de los que gozan de la mesa del reino de Dios. Se trabaja en el texto el desafío del enfrentamiento de la barrera cultural (y de género) y la creación de una mesa, o una nueva comunidad culturalmente reconciliada.

El texto puede basar la tesis de que "diaconía es más que amor al próximo". Es amor también al distante, en términos culturales. Es amor también al étnicamente extraño, al religiosamente diferente.

2. Exclusión Religiosa (Lucas15.11-32: el hijo pródigo)

El hijo más joven de la parábola, cuando en tierra extranjera y mientras era cuidador de cerdos no lograba cumplir los preceptos religiosos de la pureza, del ayuno y del Sábado. Además, había desobedecido al mandamiento de no robar (el texto dice que no se le daba ni las comidas de los cerdos para comer, teniendo él que robarlas - v. 16).

Por todo esto, había perdido la condición de hijo justo del pueblo santo, mereciendo la excomunión. Del punto de vista del sistema religioso legalista vigente, él se volvió un proscrito. Como tal, el hijo pródigo representa, en la parábola, todo un contingente de personas excluidas de la comunión del pueblo santo.

A pesar de esto, el padre bondadoso le acogió con una mesa hartamente puesta, con un grande banquete, sin ninguna exigencia.

Quien no le acogió fue su hermano mayor, que representa los vigilantes del aparato de leyes religiosas, o sea, los escribas y fariseos.

Una grande énfasis del texto está en el empeño del padre en llevar los dos hijos a la mesa (tres versículos son colocados a servicio del esfuerzo del padre en reconciliar los hermanos; el v. 28 dice expresamente con relación al hijo más viejo: "El padre procuraba conciliarlo"). Pero esto, irreductible, cerrado al diálogo, fundamentalista, optó por el proyecto particular de su grupo religioso. Optó por la auto-exclusión.

El mensaje del texto es el testimonio de Jesús sobre Dios que, en su mesa repleta de pan y comunión, acoge incondicionalmente a las personas, sean las proscritas, sean las que proscriben. En esta mesa, hay el empeño por la superación de la exclusión basada en el fundamentalismo religioso. Junto a la mesa del Padre, hay empeño en favor de la reconciliación de los segmentos divididos del pueblo de Dios por razones religiosas.

Cabe resaltar que la propuesta del padre parece no ser del tipo inclusivita. El padre no quiere forzar el hijo mayor a aceptar el modelo de vida liberal del hijo más joven, ni quiere aprovecharse de la situación de fragilidad del hijo más joven para incluirle en el modus vivendi del hijo que escogió la servilidad legalista. La propuesta del padre parece ser el invitación a ambos para un nuevo espacio, que no lo es del mayor ni del más joven" sino el de la reconciliación. Este espacio es la mesa. La mesa de la comunión para los grupos apartados y la mesa del compartir del pan para los hambrientos (el hijo más joven tenía hambre).

La comprensión de Jesús de "servir a la mesa", en esto texto, es a de crear el espacio nuevo, el espacio de reconciliación, el espacio de la mesa en que todas las expresiones religiosas se pueden encontrar para el compartir del pan, para la comunión, sin anularse mutuamente.

Conclusiones sobre el estudio de los textos bíblicos

1.      Cuando Jesús caracteriza su ministerio como siendo la de un diácono, o sea, de alguien que sirve a la mesa, se está refiriendo a su intensa actividad en torno de las mesas y a su intensa enseñanza sobre la necesidad de mesas de reparto y de comunión [1] .

2.      La enseñanza y la práctica de Jesús distinguen la comunión de mesa con la marca de la apertura. No hay selección. La invitación es aleatoria. Todas las personas son bienvenidas y son acogidas incondicionalmente.

3.      Las comuniones de mesa de Jesús son cenas con la marca de la gratitud. Ejemplo elocuente para esto es también su cena con Zaqueo (Lucas 19.1-10). Este, como publicano, ni podía osar invitar Jesús para su casa, bajo pena de ser recriminado por los vigilantes de la ley. Estaba cercado, aislado. Jesús llama sobre si la recriminación que se destina a Zaqueo y "se autoinvita" (el texto dice que hubo murmuración). Jesús rompe el aislamiento de Zaqueo volviéndole un invitado para su propia casa, un huésped junto a su propia mesa. Jesús es el anfitrión, que acoge Zaqueo plenamente por gracia. Nuestras comunión es de mesa solamente serán auténticamente cristianas si Jesús fuera el anfitrión, se fuéramos los invitados de Jesús en nuestra propia casa. Por esto, vale reformular nuestra vieja "El viene, Señor Jesús, seas Tú nuestro huésped" en "Señor Jesús, se Tú nuestro anfitrión. Invítanos para la mesa, para que podamos disfrutar de 'tu gracia".

4.      Las comuniones de mesa de Jesús son el lugar de reconciliación. en el sentido amplio del termino. Son momentos de promoción de la reconciliación entre segmentos divididos del pueblo de Dios, divididos por motivos sociales (vea el pobre Lázaro), por motivos políticos (vea el pueblo hambriento y desorientado, gobernado por Herodes), motivos económicos (vea los excluidos de la mesa del fariseo), motivos culturales (vea la mujer siro-fenicia)y motivos religiosos (vea el hijo pródigo). La mesa de Jesús es el lugar de superación de las barreras discriminatorias en todas las áreas de la vida de una sociedad.

Todo esto, naturalmente se contrapone al pensamiento griego sobre diakonía. Los griegos construyen y consolidan las relaciones humanas a partir del dualismo, de la dicotomía entre los que se permiten ser servidos y los que deben servir. Jesús, ,de otra parte, destruye las barreras que así dividen las personas. El reconstruye las relaciones rotas, reconcilia las partes divididas. A todo esto Jesús llama Diaconía, un servicio que él realiza en torno de las mesas.

Por esto, la Diaconía que se quiere fundamentar en Jesús, aprende de este servicio de Jesús.

Para nuestro contexto latino-americano, esto tiene implicaciones significativas. En un contexto de grandes abismos sociales, políticos y económicos (diferencias alarmantes entre ricos y pobres, entre gobernantes y gobernados) y en un contexto con grande diversidad cultural y religiosa (aspectos que igualmente crean enormes abismos entre los diferentes grupos étnicos, culturales y religiosos), hacer Diaconía en el espíritu del ministerio de Jesús representa grande responsabilidad y desafíos de grande alcance.

Representa para la Iglesia el esfuerzo de construir mesas:

a)      mesas, con espacios abiertos, para los cuales las personas son convidadas sin previa selección; o mesas que superan la barrera de la vieja lista de los iguales;

b)      mesas, como espacios del reparto del pan, para que todas las personas puedan comer y llenarse (banquetes de la vida);

c)      mesas en que las personas se encuentren con sus diferentes; allí todos y todas están en la misma condición de invitados y invitadas del mismo anfitrión, aceptándose y respetándose mutuamente como hermanas y hermanos; una vez superado el fundamentalismo y la envidia entre hermanos, podrá haber cooperación en la causa común de la solidaridad;

d)      en fin, mesas, como espacios de reconciliación en los niveles social, económico, político, cultural y religioso; como lugar de testimonio del proyecto de Dios de reconciliación de los seres humanos divididos.

A partir de esto es más fácil entender a que se refiere el apóstol Pablo, cuando en 2º Corintios 5.18 afirma: "Dios nos reconcilió consigo mismo por medio de Cristo y nos dio la diaconía de la reconciliación (diakoni,an th/j katallagh/j). El texto original afirma expresamente que la reconciliación es una tarea diaconal. Con base en esto, podemos afirmar lo que vale para todos los textos abordados: Diaconía es el arte de construir puentes, o sea, de rehacer las relaciones rotas; de restablecer las relaciones humanas dilaceradas. En este sentido, el ministerio de la diaconía es el ministerio de las puentes. Quien hace diaconía es pontífice (hacedor de puentes) [2] .

Así formuló la tesis de que, en nuestro contexto latinoamericano, tan marcado por la dilaceración de las relaciones humanas en los más diferentes niveles, especialmente en los niveles social, religioso y étnico-cultural, el ministerio de la Diaconía se presenta como espacio privilegiado para el ejercicio de la reconstrucción de las relaciones rotas, de ensayo de la ocupación del nuevo lugar que Dios crea para toda gente con vistas al bien­estar de toda la oikoumene. Así, estaremos contraponiendo a la globalización del mercado, con la globalización de la solidaridad.

- Tomado de “La Diaconia Profética en un Contexto Globalizador Neoliberal”. Federación Luterana Mundial. Departamento de Servicio Mundial. Programa C.A. Diplomado en Diaconía 2003. Federación Luterana Mundial y Universidad Luterana Salvadoreña.  El Salvador.  Pág. 52 a 58
 


[1]  La relación de textos que dan testimonio de él es mucho mayor, como fue dicho. Sean recordados: a) la unción de los pie de Jesús por una pecadora junto a la mesa del fariseo Simón (Lucas 7.36ss); b) Jesús come con pecadores (Marcos 2.15-17); c) la parábola de los servos fieles (Lucas 12.35c38); Jesús promueve comunión de mesa con el publicano Zaqueo (Lucas 19.1-10); e) Jesús acusado de glotón y bebedor de vino (Mateo 11. 18s); f) Jesús y el ayuno (Marcos 2.18-27); g) la Boda de Caná (Juan 2.1­11); h) Marta y Maria (Lucas 10.38-42); i) el lava-pies y la última cena de Jesús; j) la cena del resucitado con los discípulos de Emaús (Lucas 24.28-35); k) la cena del resucitado a la orilla del mar (Juan 21.1-14); m) el resucitado come delante de los discípulos (Lucas 24.36-43).

[2]  "Nuestra mirada quiere vislumbrar un nuevo horizonte.
Nuestros pies quieren forjar un camino diferente.
Nuestras manos quieren tocar las estrellas, el infinito.
Quiere un sueño nos llevar a un lugar bien más bonito.
Fortalece las manos cansadas, levanta los cuerpos abatidos.
Cura las relaciones rotas, sana los corazones heridos.
Solamente tu puedes bendecir nuestros sueños, nuestra vida.
Sirvan para engrandecer solamente tu nombre. Dios de la vida".

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