Viernes 21 de marzo de 2008

Ciclo A. B.C

VIERNES SANTO

(Leccionario Común Revisado)

Evangelio : Juan 18,1-19,42

Primera Lectura: Isaías 52, 13-53,12

Salmo Responsorial: Salmo 22

Segunda Lectura: Hebreos 10, 16-25 o Hebreos 4,14-16, 5,7-9

   

 
EVANGELIO 
Juan 18,1-19,42

Traducción: El Libro del Pueblo de Dios. La Biblia. Ediciones Paulinas. Madrid. Buenos Aires. 1990

 En aquel tiempo, después de haber dicho esto, Jesús fue con sus discípulos al otro lado del torrente Cedrón. Había en ese lugar una huerta y allí entró con ellos. Judas, el traidor, también conocía el lugar porque Jesús y sus discípulos se reunían allí con frecuencia. Entonces Judas, al frente de un destacamento de soldados y de los guardias designados por los sumos sacerdotes y los fariseos, llegó allí con faroles, antorchas y armas. Jesús sabiendo todo lo que le iba a suceder, se adelantó y les preguntó: “¿A quién buscan?”. Le respondieron: “A Jesús, el Nazareno”. El les dijo: “Soy yo”. Judas, el que lo entregaba, estaba con ellos. Cuando Jesús les dijo: “Soy yo”, ellos retrocedieron y cayeron en tierra. Les preguntó nuevamente : “¿A quién buscan ?”. Le dijeron: “A Jesús, el Nazareno”. Jesús repitió: “Ya les dije que soy yo. Si es a mí a quien buscan, dejen que estos se vaya”. Así debía cumplirse la palabra que él había dicho : “No he perdido a ninguno de los que me confiaste”. 

Entonces Simón Pedro, que llevaba una espada, la sacó e hirió al servidor del Sumo Sacerdote, cortándole la oreja derecha. El servidor se llamaba Malco. Jesús dijo a Simón Pedro: “Envaina tu espada. ¿Acaso no beberé el cáliz que me ha dado el Padre?”. 

El destacamento de soldados, con el tribuno y los guardias judíos, se apoderaron de Jesús y lo ataron. Lo llevaron primero ante Anás, porque era suegro de Caifás, Sumo Sacerdote aquel año. Caifás era el que había aconsejado a los judíos: “Es preferible que un solo hombre muera por el pueblo”. 

Entre tanto, Simón Pedro,  acompañado de otro discípulo, seguía a Jesús. Este discípulo, que era conocido del Sumo Sacerdote, entró con Jesús en el patio del Pontífice, mientras Pedro permanecía afuera, en la puerta. El otro discípulo, el que era conocido del Sumo Sacerdote, salió, habló a la portera e hizo entrar a Pedro. La portera dijo entonces a Pedro: “¿No eres tú también uno de los discípulos de este hombre?”. El le respondió : “No lo soy”. Los servidores y los guardias se calentaban junto al fuego, que habían encendido porque hacía frío. Pedro también estaba con ellos, junto al fuego. 

El Sumo Sacerdote interrogó a Jesús acerca de sus discípulos y de su enseñanza. Jesús le respondió : He hablado abiertamente al mundo ; siempre enseñe en la sinagoga y en el Templo, donde se reúnen todos los judíos, y no he dicho nada en secreto. ¿Por qué me interrogas a mi? Pregunta a los que me han oído qué les enseñé. Ellos saben bien lo que he dicho”. Apenas Jesús dijo esto, uno de los guardias allí presentes le dio una bofetada, diciéndole: “¿Así respondes al Sumo Sacerdote?”. Jesús respondió: “Si he hablado mal, muestra en qué ha sido; pero si he hablado bien, ¿por qué me pegas?”.  Entonces Anás lo envió atado ante el Sumo Sacerdote Caifás. 

Simón Pedro permanecía junto al fuego. Los que estaban con él le dijeron: “¿No eres tú también uno de sus discípulos ?”. El lo negó y dijo : “No lo soy”. Uno de los servidores  del Sumo Sacerdote, pariente de aquel al que Pedro había cortado la oreja, insistió : “¿Acaso no te vi con él en la huerta ?”. Pedro volvió a negarlo, y en seguida cantó el gallo. 

Desde la casa de Caifás llevaron a Jesús al pretorio. Era de madrugada. Pero ellos no entraron al pretorio, para no contaminarse y poder así participar en la comida de Pascua. Pilato salió adonde estaban ellos y les preguntó: “¿Qué acusación traen contra este hombre?” Ellos respondieron: “Si no fuera un malhechor, no te lo hubiéramos entregado”. Pilato les dijo : “Tómenlo y júzguenlo ustedes mismo, según la Ley que tienen”. Los judíos le dijeron : “A nosotros no nos está permitido dar muerte a nadie”. Así debía cumplirse lo que había dicho Jesús cuando indicó cómo iba a morir. 

Pilato volvió a entrar en el pretorio, llamó a Jesús y le preguntó: “¿Eres tú el rey de los judíos?” Jesús le respondió: “¿Dices esto por ti mismo u otros te lo han dicho de mí?” Pilato replicó: “¿Acaso yo soy judío ? Tus compatriotas y los sumos sacerdotes te han puesto en mis mano. ¿Qué es lo que has hecho ?l”. Jesús respondió: “Mi realeza no es de este mundo. Si mi realeza fuera de este mundo, los que están a mi servicio habrían combatido para que yo no fuera entregado a los judíos. Pero mi realeza no es de aquí”. Pilato le dijo: “¿Entonces tú eres rey?”. Jesús respondió: “Tú lo dices:  yo soy rey. Para esto he nacido y he venido al mundo;  para dar testimonio de la verdad. El que es de la verdad, escucha mi voz”.  

Pilato le preguntó: “¿Qué es la verdad?”. Al decir esto, salió nuevamente a donde estaban los judíos y les dijo : “Yo no encuentro en él ningún motivo para condenarlo. Y ya que ustedes tienen la costumbre de que ponga en libertad a alguien, en ocasión de la Pascua, ¿quieren que suelte al rey de los judíos ?”.  Ellos comenzaron a gritar diciendo: “¡A él no, a Barrabás!”. Barrabás era un bandido. 

Pilato mandó entonces azotar a Jesús. Los soldados tejieron una corona de espinas y se la pusieron sobre la cabeza. Lo revistieron con un manto rojo, y acercándose, le decían: “¡Salud, rey de los judíos”, y lo abofeteaban. 

Pilato volvió a salir y les dijo : “Miren, lo traigo afuera para que sepan que no encuentro en él ningún motivo de condena”. Jesús salió, llevando la corona de espinas y el manto rojo. Pilato les dijo: “¡Aquí tienen al hombre!”. Cuando los sumos sacerdotes y los guardias lo vieron, gritaron: “¡Crucifícalo! ¡Crucifícalo!”. Pilato les dijo: “Tómenlo ustedes y crucifíquenlo. Yo no encuentro en él ningún motivo para condenarlo”. Los judíos respondieron: “Nosotros tenemos una Ley, y según esa Ley debe morir porque él pretende ser Hijo de Dios”. 

Al oír estas palabras, Pilato se alarmó más todavía. Volvió a entrar en el pretorio y pregunto a Jesús : “¡De dónde eres tú ?” Pero Jesús no le respondió nada. Pilato le dijo: “¿No quieres hablarme? ¿No sabes que tengo autoridad para soltarte y también para crucificarte?”. Jesús le respondió: “Tú no tendrías sobre mi ninguna autoridad , si no la hubieras recibido de lo alto. Por eso el que me ha entregado a ti ha cometido un pecado más grave. 

Desde ese momento, Pilato trataba de ponerlo en libertad. Pero los judíos gritaban: “Si lo sueltas, no eres amigo del César, porque el que se hace rey se opone al César”. Al oír esto, Pilato sacó afuera a Jesús y lo hizo sentar sobre un estrado, en el lugar llamado “el Empedrado”, en hebreo, “Gábata”. 

Era el día de la Preparación de la Pascua, alrededor del mediodía. Pilato dijo a los judíos : “Aquí tiene a su rey”. Ellos vociferaban: ¡Que muera! ¡Que muera” ¡Crucifícalo !”. Pilato les dijo: “¿Voy a crucificar a su rey ?”. Los sumos sacerdotes respondieron: “No tenemos otro rey que el César”. Entonces Pilato se lo entregó para que lo crucificaran y ellos se lo llevaron. 

En aquel tiempo, Jesús, cargando sobre si la cruz, salió de la ciudad para dirigirse al lugar llamado “del Cráneo”, en hebreo, “Gólgota”. Allí lo crucificaron; y con él a otros dos, uno a cada lado y Jesús en el medio. Pilato redactó una inscripción que decía : “Jesús el Nazareno, rey de los judíos”, y la hizo poner sobre la cruz. Muchos judíos leyeron esta inscripción, porque el lugar donde Jesús fue crucificado quedaba cerda de la ciudad y la inscripción estaba en hebreo, latín y griego. Los sumos sacerdotes de los judíos dijeron a Pilato : “No escribas : “El rey de los judíos”, sino “Este ha dicho : Yo soy el rey de los judíos”. Pilato respondió : “Los escrito, escrito está”. 

Después que los soldados crucificaron a Jesús, tomaron sus vestiduras y las dividieron en cuatro partes, una para cada uno. Tomaron también la túnica, y como no tenía costura, porque estaba hecha de una sola pieza de arriba abajo, se dijeron entre sí: “No la rompamos. Vamos a sortearla, para ver a quién le toca”. Así se cumplió la Escritura que dice: Se repartieron mis vestiduras y sortearon mi túnica. Esto fue lo que hicieron los soldados. 

Junto a la cruz de Jesús, estaba su madre y la hermana de su madre, María, mujer de Cleofás, y María Magdalena. Al ver a la madre y cerca de ella al discípulo a quien él amaba, Jesús le dijo : “Mujer, aquí tienes a tu hijo”. Luego dijo al discípulo: “Aquí tienes a tu madre”. Y desde aquel momento el discípulo la recibió en su casa. 

Después, sabiendo que ya todo estaba cumplido, y para que la Escritura se cumpliera hasta el final, Jesús dijo: Tengo sed. Había allí un recipiente lleno de vinagre; empaparon en él una esponja, la ataron  a una rama de hisopo y se la acercaron a la boca. Después de beber el vinagre, dijo Jesús: “Todo se ha cumplido”. E inclinando la cabeza, entrego su espíritu. 

Era el día de la preparación de la pascua. Los judíos pidieron a Pilato que hiciera quebrar las piernas de los crucificados y mandara retirar sus cuerpos, para que no quedaran en la cruz durante el sábado, porque ese sábado era muy solemne. Los soldados fueron y quebraron las piernas a los dos que habían sido crucificados con Jesús. Cuando llegaron a él, al ver que ya estaba muerto, no le quebraron las piernas, sino que uno de los soldados le atravesó el costado con la lanza, y en seguida brotó sangre y agua. El que vio esto lo atestigua: su testimonio es verdadero y él sabe que dice la verdad, para que también ustedes crean. Esto sucedió para que se cumpliera la Escritura que dice: No le quebrarán ninguno de sus huesos. Y otro pasaje de la Escritura, dice: Verán al que ellos mismos traspasaron.  

Después de esto, José de Arimatea, que era discípulo de Jesús  - pero secretamente, por temor a los judíos - pidió autorización a Pilato para retirar el cuerpo de Jesús. Pilato se la concedió, y él fue a retirarlo. Fue también Nicodemo, el mismo que anteriormente había ido a verlo de noche, y trajo una mezcla de mirra y áloe, que pesaba unos treinta kilos. Tomaron entonces el cuerpo de Jesús y lo envolvieron con vendas, agregándole la mezcla de perfumes, según la costumbre de sepultar que tienen los judíos. En el lugar donde lo crucificaron  había una huerta y en ella, una tumba nueva, en la que todavía nadie había sido sepultado. Como era para los judíos el día de la Preparación y el sepulcro estaba cerca, pusieron allí a Jesús. El Evangelio del Señor.

 

¿QUIÉNES SON TUS DISCÍPULOS Y CUAL ES TU DOCTRINA? 

Esta escena del inicio de la Pasión se enlaza estrechamente con el relato de la última cena. Cena y Pasión se unen, no solo a través de la frase inicial de este relato: “Dicho esto...” sino que se entrelaza como parte de una misma realidad. La comunión inclusiva y la mesa sin muros ni fronteras que nos invita a compartir tienen consecuencias dramáticas y fantásticas. Es al mismo momento un escandaloso desafió a otras mesas cerradas y es un programa de vida para su comunidad.  

Nuevamente Jesús se coloca en un espacio geográfico que su presencia lo transforma en un espacio teológico y pastoral. El torrente señalaba el límite de la ciudad de Jerusalén. Jesús se ubica fuera de ese centro de poder religioso y político. Esta Jerusalén asociada a la muerte se le opondrá otro espacio débil y clandestino donde se reúne la otra comunidad de fe. El huerto en el cual la comunidad de Jesús de Nazaret se congrega es el espacio de la vida nueva y renovada. Nosotros y nosotras, aquellos y aquellas que trabajamos en esta acción pastoral del vih y sida, con sus profundos ejes transversales de igualdad y de derechos humanos también nos ubica en otro espacio. Nos ubica en el espacio alternativo que quiere mesas abiertas e inclusivas. Nosotros y nosotras también vivimos en la clandestinidad enfrentados las diversas ortodoxias y a los muchos fundamentalistas e integrismos. 

La cantidad de fuerzas que se movilizan para aprehender a Jesús de Nazaret nos muestra lo peligroso que puede ser para el sistema hegemónico un mensaje y una acción alternativa. En nuestra acción pastoral en el vih y el sida nosotros y nosotras debemos recuperar ese mensaje y esa acción alternativa. Vemos permanentemente como diversas acciones y emprendimientos que pretenden domesticar los desafíos que nos presenta la epidemia del vih y del sida, con toda su fuerza revolucionaria, transformados en una simple acción de ayuda y de cuidado. Es importante mantener abiertos a los desafíos que representa la epidemia a nuestra tradicional lectura de las Escrituras, de nuestra teología y de nuestras diversas acciones pastorales.  

Ambos grupos, los que llegan a aprehender a Jesús de Nazaret como aquellos y aquellas que le rodean llevan armas. Unos proceden de las tinieblas y por ello llevan antorchas e instrumentos de muerte. Otros están en la luz pero no la han entendido la novedad del Reino y continúan teniendo una comprensión derivada de la ortodoxia fundamentalista. Unos han comprendido muy bien lo peligroso que es el amor que incluye y otros no llegan a comprender la magnitud de la aventura a la cual nos invita Jesús.  

Jesús de Nazaret no intenta escapar a las consecuencias de su comunión con excluidos y pecadores y estigmatizados. Asume plenamente su compromiso por la justicia y la fraternidad inclusiva que pone en peligro el pensamiento estructurado en jerarquías sociales, éticas y morales. El soñar con una comunidad de iguales tiene que pagar un precio y tiene consecuencia.  

La revelación de su identidad va acompañada como siempre con su preocupación por la libertad de sus discípulos. Cruz y libertad se unen en el pensamiento de Jesús y también deben ir unidas en nuestras convicciones. El promover la libertad de los grupos vulnerables al vih y sida y de las personas que viven con el vih y con el sida también es parte de la cruz de justicia que hemos asumido en nuestro bautismo y que la mesa de la inclusividad nos alimenta. En el sacramento recibimos el cuerpo y la sangre de Cristo derramada en la cruz que proclama la libertad de todas y todos los oprimidos y oprimidas.  

La revelación de su identidad revela también la identidad de sus discípulos y discípulas. El enfrentamiento de Pedro con el siervo del sumo sacerdote pone en evidencia los muchos enfrentamientos que el sistema produce entre excluidos y entre marginados. Pedro no se enfrenta con los soldados, presencia del poder político amenazado por Jesús de Nazaret sino que dirige su violencia contra otro oprimido, el siervo del sistema religioso que sistema que también se siente amenazado. Este es un ejemplo que debemos superar en la cooperación de organizaciones de la sociedad civil, de las iglesias y sus organizaciones de promoción social y de derechos humanos. Es necesario unir fuerzas y saber hacia donde dirigir nuestras voces de denuncia. Frente al sistema de exclusión debemos construir juntos y juntas el sistema del amor incluyente e inclusivo. Y ese amor es una denuncia de todas las violencias, aún aquellas violencias que se construyen en nombre del mismo Jesús.  

La presencia del discípulo sin nombre pero amado por Jesús con un amor muy especial, nos muestra como debemos responder al amor de ese mismo Jesús. Pedro no se atreve a entrar en el espacio del poder opresor. El discípulo amado lleva su fidelidad a Jesús hasta ese mismo espacio de opresión y dispuesto a asumir todos los riesgo. Es ese discípulo amado pero sin nombre el que logra, en cierta medida, conducir a Pedro, figura de los muchos liderazgos, a entrar en el espacio de confrontación y de peligro. Nosotros y nosotras que trabajamos en el contexto de la epidemia del vih y del sida, también muchas veces sin nombre, pero con la certeza de ser amados por Jesús con un amor muy especial, quizás tengamos la función de ayudar a nuestros líderes a entrar en este espacio en el que debemos enfrentar a los poderes que oprimen y excluyen.  

El seguimiento de Jesús a través de los diversos espacios teológicos en los cuales se ubica revela su identidad y su compromiso pero también revela nuestra identidad y nuestro compromiso.  Como parte de la comunidad del discípulo amado, en nuestra tarea pastoral junto a las personas que viven con vih y con sida, debemos crear las oportunidades como para que los muchos y muchas Pedros de nuestras iglesias puedan vencer los miedos y prejuicios y atreverse a asumir la cruz de promover la dignidad de todas las personas que por vivir con vih y con sida o por pertenecer a la categoría de grupos vulnerables han sido excluidos de la mesa de la vida.  

No nos pueden ya atemorizar las siervas o siervos del sistema de exclusión. En este viernes santo, camino de pasión y etapa de liberación, es importante renovar nuestro compromiso con la identidad de Jesús de Nazaret y su propuesta de mesas abiertas y de comunidades de liberación.  

Para la oración de los fieles

  • Oremos en paz, hermanos y hermanas, por la santidad de las iglesias de Dios en todo el mundo 

Oración silenciosa. 

  • Principio y fin de todos los tiempos, tu nos has mostrado en la cruz tu gloria a través del compromiso y la coherencia de Jesús de Nazaret. Por la mediación de tu Espíritu de todas las santidades guía a la iglesia y congrégala en la unidad por medio de los lazos del amor y la inclusividad. Ayúdala a perseverar hasta la cruz en la fe, proclamar tu Reino y anunciar la buena noticia de salvación en Cristo a todas las personas y grupos vulnerables al vih y al sida y a todos los pueblos.
    Te lo pedimos por Cristo nuestro hermano y señor.
     
  • Oremos por aquellos y aquellas que nos presiden en la oración y en el testimonio, y por todas y todos tus servidores que construyen espacios de libertad y comunión en tu nombre.
    Te lo pedimos por Cristo nuestro hermano y señor.
     
  • Eternidad de eternidades, que tu Espíritu conduzca a la iglesia y concédele la santidad que transforma vidas y sistemas. Fortalece a nuestro liderazgo, en la iglesia y en la sociedad, para que cumplan sus compromisos de detener ahora la epidemia del vih y del sida.
    Te lo pedimos por Cristo nuestro hermano y señor.
     
  • Oremos por todos aquellos y aquellas que se preparan para afirmar su compromiso de bautismo: 

Oración silenciosa 

  • Poderoso Señor en el servicio, continúa bendiciendo a tu comunidad de fe y compromiso. Aumenta su fe y su comprensión de la cruz en todas y todos los que quieren proclamar que en el bautismo han muerto a la opresión y resucitado a la nueva vida en libertad y solidaridad. Concédenos renacer al nuevo espacio del Reino de justicia y comunión.
    Te lo pedimos por Cristo nuestro hermano y señor.
     
  • Oremos por todas las hermanas y hermanos que comparten nuestra fe y nuestro compromiso en Jesús el Cristo del Dios del Reino. 

Oración silenciosa

  • Fuente de toda unidad, concédele a tu comunidad la unidad en la diversidad. Mira favorablemente a todas y todos aquellos que siguen a Jesús tu Hijo. Transforma a todas y todos los bautizados en una herramienta de renovación y esperanza en tu iglesia y en la sociedad, para que todos y todas se admiren del amor que les reúne en un mismo proyecto.
    Te lo pedimos por Cristo nuestro hermano y señor.
     
  • Oremos en paz por el pueblo judío, las y los primeros que escucharon la promesa y el proyecto de Dios. 

Oración silenciosa 

  • Eternidad de todas las eternidades, desde lo profundo de los tiempos concediste a Abraham tu promesa y tus enseñanzas a Moisés. Escucha nuestras oraciones para que el pueblo al que llamaste a ser tu servidor pueda vivir en plenitud tu pacto de inclusión incondicional.
    Te lo pedimos por Cristo nuestro hermano y señor.
     
  • Oremos en paz por todas y todos aquellos que no comparten nuestra fe en Jesucristo. 

Oración silenciosa 

  • Poder que todo lo ilumina y transforma, tu creaste esta única humanidad a tu imagen y semejanza y para que sea un instrumento de tu paz y tu respeto por todo aquello que viene de tus manos. Concédenos el poder reconocer los signos de tu amor y de tu gracia en el mundo y en la vida de todas las personas que buscan la justicia, que claman por reconciliación, que trabajan por un mundo más equitativo y fraterno. Concédenos a nosotros y nosotras, tu pueblo, que nuestras vidas hagan visible tu proyecto en el Reino y todos y todas puedan reconocer tu presencia allí donde hay amor, justicia y solidaridad.
    Te lo pedimos por Cristo nuestro hermano y señor.
     

Oración del día

Dios crucificado: te suplicamos que contemples con misericordia a tu familia, por la cual nuestro Señor Jesucristo consintió en ser traicionado y entregado en manos de poderosos y sufrir muerte en la cruz; concédenos el enfrentar los estigmas y las exclusiones en la cual son crucificados constantemente muchos hermanos y hermanas, para que juntos y juntas podamos vivir  contigo y en esa comunión con el Padre que nos ama y con Espíritu Santo que nos fortalece, adelantar la llegada del Reino Amén.  

O también:

Señor Jesús: tú llevaste nuestras traiciones en tu cuerpo sobre el madero a fin de que pudiéramos tener vida. Concede que nosotros y nosotras y todos lo que conmemoran este día encontremos nueva vida en tus estigmas ahora y en el mundo venidero, donde tú vives y nos llamas a vivir junto con el Padre y el Espíritu Santo, ahora y siempre. Amén.  

Pastor Lisandro Orlov

Pastoral Ecuménica VIH-SIDA

Buenos Aires, Argentina.