CICLO A-B-C
Viernes 14 de Abril de 2006
VIERNES SANTO

Evangelio: Juan 18, 1-19

Isaías 52: 13-53:12
Salmo 22
Hebreos 10,16-25


EVANGELIO: Juan 18, 1-19

(trad. Juan Mateos , Nuevo Testamento , Ediciones El almendro, Córdoba)

18 1Dicho esto, salió Jesús con sus discípulos al otro lado del torrente Cedrón, donde había un huerto; allí entró él, y sus discípulos. 2(También Judas, el que lo entregaba, conocía el lugar, porque muchas veces se había reunido allí Jesús con sus discípulos.) 3Entonces Judas cogió la cohorte y guardias de los sumos sacerdotes y de los fariseos y llegó allí con faroles, antorchas y armas.

4Jesús, entonces, consciente de todo lo que se le venía encima, salió y les dijo: -¿A quién buscáis?

5Le contestaron: -A Jesús el Nazoreo.

Les dijo: -Soy yo. (También Judas, el que lo entregaba, estaba presente con ellos.)

6Al decirles. "Soy yo", se echaron atrás y cayeron a tierra.

7Les preguntó de nuevo: -¿A quién buscáis?  Ellos dijeron: -A Jesús el Nazoreo.

8Replicó Jesús: -Os he dicho que soy yo; pues si me buscáis a mí, dejad que se marchen éstos. 9Así se cumplieron las palabras que había dicho: "De los que me entregaste, no he perdido a ninguno".

10Entonces, Simón Pedro, que llevaba un machete, lo sacó, agredió al siervo del sumo sacerdote y le cortó el lóbulo de la oreja derecha. El siervo se llamaba Malco. 11Jesús le dijo a Pedro: -Mete el machete en su funda. El trago que me ha mandado beber el Padre, ¿voy a dejar de beberlo?

12Entonces, la cohorte, el comandante y los guardias de las autoridades judías prendieron a Jesús, lo ataron 13y lo condujeron primero a presencia de Anás, porque era suegro de Caifás, que era sumo sacerdote el año aquel. 14Era Caifás el que había persuadido a los dirigentes judíos de que convenía que un solo hombre muriese por el pueblo.

15Seguía a Jesús Simón Pedro y, además, otro discípulo. El discípulo aquel le era conocido al sumo sacerdote y entró junto con Jesús en el atrio del sumo sacerdote. 16Pedro, en cambio, se quedó junto a la puerta, fuera. Salió entonces el otro discípulo, el conocido del sumo sacerdote; se lo dijo a la portera y condujo a Pedro dentro. 17Le dice entonces a Pedro la sirvienta que hacía de portera: -¿Acaso eres también tú discípulo de ese hombre?

Dijo él: -No lo soy.

18Se habían quedado allí los siervos y los guardias, que, como hacía frío, teñían encendidas unas brasas, y se calentaban. (Estaba también Pedro con ellos allí parado y calentándose.) 19Entonces, el sumo sacerdote interrogó a Jesús acerca de sus discípulos y de su doctrina.


¿QUIÉNES SON TUS DISCÍPULOS Y CUAL ES TU DOCTRINA?

Esta escena del inicio de la Pasión se enlaza estrechamente con el relato de la última cena. Cena y Pasión se unen, no solo a través de la frase inicial de este relato: “Dicho esto...” sino que se entrelaza como parte de una misma realidad. La comunión inclusiva y la mesa sin muros ni fronteras que nos invita a compartir tiene consecuencias dramáticas y fantásticas. Es al mismo momento un escandaloso desafió a otras mesas cerradas y es un programa de vida para su comunidad.

Nuevamente Jesús se coloca en un espacio geográfico que su presencia lo transforma en un espacio teológico y pastoral. El torrente señalaba el limite de la ciudad de Jerusalén. Jesús se ubica fuera de ese centro de poder religioso y político. Esta Jerusalén asociada a la muerte se le opondrá otro espacio débil y clandestino donde se reúne la otro comunidad de fe. El huerto en el cual la comunidad de Jesús de Nazaret se congrega es el espacio de la vida nueva y renovada. Nosotros y nostras, aquellos que trabajamos en esta acción pastoral del vih y sida con su profundos ejes transversales de igualdad y de derechos humanos también nos ubica en otros espacio, en el espacio alternativo que quiere mesas abiertas e inclusivas. Nosotros y nosotras también vivimos en la clandestinidad enfrentados las diversas ortodoxias y a los muchos fundamentalistas.

La cantidad de fuerzas que se movilizan para aprehender a Jesús de Nazaret nos muestra lo peligroso que puede ser para el sistema hegemónico un mensaje y una acción alternativa. En nuestra acción pastoral en el vih y el sida nosotros debemos recuperar ese mensaje y esa acción alternativa. Vemos permanentemente como diversas acciones y emprendimientos que pretenden transformar los desafíos que nos presenta la epidemia del vih y del sida, con toda su fuerza revolucionaria, en una simple acción de ayuda y de cuidado. Es importante mantener abiertos a los desafíos que representa la epidemia a nuestra tradicional lectura de las Escrituras, de nuestra teología y de nuestras diversas acciones pastorales.

Ambos grupos, los que llegan a aprehender a Jesús de Nazaret como aquellos que le rodean llevan armas. Unos proceden de las tinieblas y por ello llevan antorchas e instrumentos de muerte. Otros están en la luz pero no la han recibido y continúan teniendo una comprensión derivada de la ortodoxia fundamentalista. Unos han comprendido muy bien lo peligroso que es el amor que incluye y otros no llegan a comprender la magnitud de la aventura a la cual nos invita Jesús.

Jesús de Nazaret no intenta escapar a las consecuencias de su comunión con excluidos y pecadores. Asume plenamente su compromiso por la justicia y la fraternidad inclusiva que pone en peligro el pensamiento estructurado en jerarquías sociales, éticas y morales. El soñar con una comunidad de iguales tiene un precio y una consecuencia. La revelación de su identidad va acompañada como siempre con su preocupación por la libertad de sus discípulos. Cruz y libertad se unen en el pensamiento de Jesús y también deben ir unidas en nuestras convicciones. El promover la libertad de los grupos vulnerables al vih y sida y de las personas que viven con el vih y con el sida también es parte de la cruz de justicia que hemos asumido en nuestro bautismo y que la mesa de la inclusividad nos alimenta. En el sacramento recibimos el cuerpo y la sangre de Cristo derramada en la cruz que proclama la libertad de todos los oprimidos y oprimidas.

La revelación de su identidad revela también la identidad de sus discípulos. El enfrentamiento de Pedro con el siervo del sumo sacerdote pone en evidencia los muchos enfrentamientos que el sistema produce entre excluidos y entre marginados. Pedro no se enfrenta con los soldados, presencia del poder político amenazado por Jesús de Nazaret sino que dirige su violencia contra otro oprimido, el siervo del sistema religioso que también se siente amenazado. Este es un ejemplo que debemos superar en la cooperación de organizaciones de la sociedad civil, de las iglesias y sus organizaciones de promoción social y de derechos humanos. Es necesario unir fuerzas y saber hacia donde dirigir nuestras voces de denuncia. Frente al sistema de exclusión debemos construir juntos y juntas el sistema del amor incluyente e inclusivo. Y ese amor es una denuncia de todas la violencias, aún aquellas violencias que se construyen en nombre del mismo Jesús.

La presencia del discípulo sin nombre pero amado por Jesús con un amor muy especial, nos muestra como debemos responder al amor de ese mismo Jesús. Pedro no se atreve a entrar en el espacio del poder opresor. El discípulo amado lleva su fidelidad a Jesús hasta ese mismo espacio de opresión y dispuesto a asumir todos los riesgo. Es ese discípulo amado pero sin nombre el que logra en cierta medida conducir a Pedro, figura de los muchos liderazgo, a entrar en el espacio de confrontación y de peligro. Nosotros y nosotras que trabajamos en el contexto de la epidemia del vih y del sida, también muchas veces sin nombre, pero con la certeza de ser amados por Jesús con un amor muy especial, quizás tengamos la función de ayudar a nuestros líderes a entrar en este espacio en el que debemos enfrentar a los poderes que oprimen y excluyen.

El seguimiento de Jesús a través de los diversos espacios teológicos en los cuales se ubica revela su identidad y su compromiso pero también revela nuestra identidad y nuestro compromiso.  Como parte de la comunidad del discípulo amado, en nuestra tarea pastoral junto a las personas que viven con vih y con sida, debemos crear las oportunidades como para que los muchos y muchas Pedros de nuestras iglesias puedan vencer los miedos y prejuicios y atreverse a asumir la cruz de promover la dignidad de todas las personas que por vivir con vih y con sida o por pertenecer a la categoría de grupos vulnerables han sido excluidos de la mesa de la vida.

No nos pueden ya atemorizar las siervas o siervos del sistema de exclusión. En este viernes santo, camino de pasión y etapa de liberación, es importante renovar nuestro compromiso con la identidad de Jesús de Nazaret y su propuesta de mesas abiertas y de comunidades de liberación.

Oración del día

Dios crucificado: te suplicamos que contemples con misericordia a tu familia, por la cual nuestro Señor Jesucristo consintió en ser traicionado y entregado en manos de poderosos y sufrir muerte en la cruz; concédenos el enfrentar los estigmas y las esclusiones en la cual son crucificados constantemente muchos hermanos y hermanas, para que juntos y juntas podamos vivir  contigo y en esa comunión con el Padre que nos ama y con Espíritu Santo que nos fortalece, adelantar la llegada del Reino Amén.

O tambien:

Señor Jesús: tu llevaste nuestras traiciones en tu cuerpo sobre el madero a fin de que pudiéramos tener vida. Concede que nosotros y nosotras y todos lo que conmemoran este día encontremos nueva vida en tus estigmas ahora y en el mundo venidero, donde tú vives y nos llamas a vivir junto con el Padre y el Espíritu Santo, ahora y siempre. Amén.


Lisandro Orlov
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