6 de marzo de 2011
Ciclo A.
La Transfiguración de Nuestro Señor.
Último Domingo después de Epifanía
Evangelio: Mateo 17, 1-9

(Leccionario Común Revisado)

Primera Lectura: Éxodo 24, 12-18
Salmo Responsorial: Salmo 2
Segunda Lectura: 2º Pedro 1, 16-21

 

 

EVANGELIO Mt 17,1-9

Traducción: El Libro del Pueblo de Dios. La Biblia. Ediciones Paulinas. Madrid. Buenos Aires. 1990
Pueden encontrar este texto en el sitio: http://www.sobicain.org/shell.asp?p=Biblia

En aquel tiempo, seis días después, Jesús tomó a Pedro, a Santiago y a su hermano Juan, y los llevó aparte a un monte elevado. Allí se transfiguró en presencia de ellos: su rostro resplandecía como el sol y sus vestiduras se volvieron blancas como la luz. De pronto se les aparecieron Moisés y Elías, hablando con Jesús. Pedro dijo a Jesús: “Señor, ¡qué bien estamos aquí! Si quieres levantaré aquí mismo tres carpas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías”. Todavía estaba hablando, cuando una nube luminosa los cubrió con sus sombra y se oyó una voz que decía desde la nube: “Este es mi Hijo muy querido, en quien tengo puesta mi predilección: escúchenlo”. Al oír esto, los discípulos cayeron con el rostro en tierra, llenos de temor. Jesús se acercó a ellos y, tocándolos, les dijo: “Levántense, no tengan miedo” cuando alzaron los ojos, no vieron a nadie más que a Jesús solo. Mientras bajaban del monte, Jesús les ordenó: “No hablen a nadie de esta visión, hasta que el Hijo de la Humanidad resucite de entre las y los muertos”.

Aclamemos el Evangelio del Señor.

 

ACCESO UNIVERSAL DESDE LA CRUZ

La cruz es la clave para interpretar, comprender y poner en práctica el mensaje de este pasaje. La ubicación misma en el relato evangélico nos entrega la llave hermenéutica. La fuerte indicación inicial de los seis días después del primer anuncio de la pasión nos ubica en un horizonte específico para comprender nuestra propia transfiguración iniciada en el proceso de conversión dinámica, permanente y desafiante de nuestro propio bautismo. Las específicas condiciones para seguir a Jesús que consiste esencialmente en cargar nuestra cruz a partir del compromiso de justicia y paz que significa ser testigos y constructores de ese espacio que llamamos Reino y donde se cumple la voluntad de equidad y comunión que es la voluntad de Aquel que se hace compañero de ruta de sus discípulos y discípulas.

Este relato de la transfiguración de Jesús de Nazaret tiene infinidad de elementos que nos hacen recordar la misma transfiguración de cruz de la pasión de comunión y justicia. No solo los dos momentos previos nos indican cómo debemos leer y comprender este acontecimiento sino que aún el relato posterior nos muestra que toda acción profética provoca reacciones de oposición y violencia. Las y los discípulos del Hijo de la Humanidad, en la autenticidad de su testimonio y servicio, no pueden nunca pretender ser tratados mejor que su maestro. Aún hoy el anuncio de los padecimientos de Jesús de Nazaret, motivado por sus comuniones promotoras de todas las dignidades sigue causando escándalo y oposición.

Muchas veces la crisis de liderazgo que podemos observar entre en las personas que trabajan desde la sociedad civil en la crisis del vih indudablemente es reflejo de esa expectativa de gloria, reconocimiento y agradecimiento que se espera por sus acciones. Debemos recordar que el acceso universal a los tratamientos, cuidados e información no agota la necesidad de promover el acceso universal al pleno ejercicio de todos los derechos humanos con los mismos nombres. El escándalo no está en el clamor por el acceso a tratamientos y cuidados sino que se centra el rechazo en la medida que nos comprometemos a terminar ya y ahora con los estigmas y la discriminación relacionados con la diversidad de identidades que reflejan el arco iris de la realidad asumida por el Hijo de la Humanidad.

Nuevamente Jesús de Nazaret escoge un monte alternativo a los montes del poder para manifestarse. Esos espacios de ortodoxias políticas y teológicas han perdido la exclusividad de las epifanías de Aquel que se hace historia y relato. Jesús nos revela a Aquel que ha renunciado a los palacios y a los templos para revelarse y que en forma paradójica se hace visible en los lugares con muy poco prestigio según las miradas jerárquicas de todos los poderes. Esta es una epifanía de escándalo para quienes se enorgullecen de ocupar la cima o el centro de esos espacios. Estas manifestaciones de Dios en los márgenes y en los límites es lo que ha de producir siempre las reacciones que conducen a la cruz a quienes se atreven a proponer caminos alternativos.

Al igual que en el Gólgota, Jesús aparece rodeado de dos personas que representan simbólicamente la Ley y los Profetas. Aquel que está en el centro es desde ahora y en adelante la única llave hermenéutica tanto de la Ley como de las profecías. Ese es el solo Cristo, Hijo muy querido, en quien Aquel que lo ha enviado tiene puesta toda su predilección. Es el SOLO CRISTO interpretativo de todas las Escrituras. Solo a través de sus ojos podemos llegar a descubrir el sentido último y profundo de la Ley y de los Profetas. No tenemos ya posibilidades de acceder a esos textos sin la mediación y la interpretación revelada en Jesús de Nazaret. Esa es la luz que ilumina nuestros caminos diversos y complejos.

El apóstol Pedro se revela nuevamente como un exponente de la forma de pensar que sigue las pautas del antiguo sistema. Esas tres carpas igualitarias no reflejan la ruptura del sistema. Ni Moisés ni Elías ya pueden ocupar espacios al mismo nivel interpretativo de aquello que nos ha revelado por quien reconocemos y proclamamos como el Cristo del Dios del Reino. Ya no hay más espacios sagrados, ni carpas, ni templos. Desde ahora el único espacio sagrado es la persona de Jesús de Nazaret, el Cristo del Dios que se revela al esconderse en los márgenes de todos los sistemas de opresión para iluminar desde allí con la nueva luz de la equidad, justicia y plena comunión con toda la diversidad de identidades. Hoy la epidemia del vih arroja también luz en forma paradójica sobre esos margenes de las dignidades y la diversidad de identidades llamadas a vivir en unidad sin tener que por ello sacrificar esa misma

Como llave interpretativa la voz que baja del cielo y que resuena en el centro de todas nuestras realidades nos llama a escuchar en forma exclusiva y excluyente aquello que nos revela la luz de las comuniones de Jesús de Nazaret, sus provocativos desafíos a interpretaciones literales de las Escrituras y conceptos de pureza excluyentes de personas y pueblos. Esta transfiguración con sus luces sobre personas e identidades, sobre lugares y jerarquías, nos conduce a tener una mirada totalmente alternativa, diferente y desafiante a criterios establecidos y que desde la cruz que estamos llamados a asumir, debemos provocativamente desobedecer.

El apóstol Pedro, con su anticuada forma de pensar quiere como fijar el momento de revelación y construir un espacio apartado de la realidad que hay que transformar y transfigurar. Las epifanías de Dios siempre provocan acciones que cambian la realidad, las relaciones de poder y las escalas jerárquicas. No pueden quedar en meras revelaciones para vivir en espacios privados sino que deben descender a todas las planicies de las equidades para actuar revolucionariamente en esos procesos de hacer de todas y todas nuestros hermanos y hermanas, sin exclusiones y sin divisiones. El proceso de liberación de todas las tiranías iniciado, revelado y proclamado por Jesús de Nazaret tiene que aplicarse a todas nuestras realidades, allí en el llano en el cual nuestro bautismo de transfiguración nos ha colocado como testigos de esa justicia, equidad y reconciliación, que indudablemente nos han de llevar a la cruz de ser considerados y consideradas subversivas a sistemas tanto políticos, culturales como teológicos.

Las crisis de liderazgo se fundamentan en el miedo a asumir esas posiciones de comuniones desafiantes, provocativas y escandalosas que son la esencia del Evangelio y de la misma cruz. Al alzar nuestros ojos no tenemos derecho a ver a otra revelación que a Jesús solo. Esa es la fundamentación de todas nuestras comuniones, mesas y acciones. Solo vemos a Jesús con toda su misericordia y gracia. Todo lo demás ha sido opacado por esta sola luz que nos habla de la sola gracia, la cual hacemos nuestra por la sola fe, sin la intermediación de ninguna Ley y de ninguna profecía.

Al contemplar a solo Cristo y escuchar la voz que nos llama a solo escucharlo a el, ya no tenemos miedo a lo que otras y otros dirán de nuestras comuniones y acciones que promueven derechos con los mismos nombres de personas y grupos afectados por la epidemia del vih y otras epidemias de estigma y discriminación. Con la sola fe en esa sola gracia revelada en el rostro de solo Cristo, dejamos de tener miedo, bajamos de todos los montes marginales para construir ya sin miedo, limitaciones o exclusiones ese espacio dónde no habrá ya más lágrimas ni muerte, ni vih ni sida, ni estigma ni discriminación, y donde todas y todos seremos uno en la diversidad de la Trinidad.

Para la oración de las y los fieles
Con la voluntad de solo escuchar la voz de tu Hijo muy amado, te pedimos que ilumines con su sola luz a todas las naciones, grupos, personas y a tu misma comunidad de fe, para que transfigurados por tu proyecto de vida podamos vivir en paz.

Se hace un breve silencio.

  • Concédenos que esta celebración y esta plegaria sea un signo de tu presencia, de tu luz y de nuestra transformación en herramientas dóciles que construyen ahora y aquí espacios de acceso universal a todas las dignidades fundamentada en todos los derechos a la misma calidad de vida.
  • Revélate a nosotros y nosotras en tu único esplendor desafiante que ilumina las oscuridades de nuestros sistemas de exclusión, opresión y marginación, para que el sol de la equidad y la lluvia de la justicia se hagan realidad sobre toda la creación y toda la humanidad.
  • Concédenos la valentía de asumir las responsabilidades de un liderazgo que sin miedo ni complicidades extrañas, trabaje hasta la cruz para que todas y todos tengan acceso universal a todos los respeto, reconocimiento e inclusividades para que en tu mesa de acción de gracia nada ni nadie esté ausente.
  • Permanece cercano a quienes viven con temor y con ansiedad por el quiebre de la confidencialidad de diagnósticos, identidades y dependencias, para que nuestra transformación nos haga espacios confiables y que la estrella de todas las mañanas nos encuentre superando los temores y los quiebres de confianza.
  • Alimenta nuestra comunidad y comunión transfigurada por la sola escucha en la buena noticia proclamada y vivida por tu Cristo, para que realmente lleguemos a ser su cuerpo para alimentar a quienes tienen hambre y sed de justicia, de equidad y solidaridad.

Aquí se pueden incluir otras intercesiones.

Recibe nuestra plegarias y nuestras esperanzas de acceso universal a tratamientos, cuidados, promoción y reconocimiento de derechos y dignidades, para que un día cercano, junto a todos tus santos y santas en luz y que te han agradado al asumir sin miedo la cruz de su discipulado, podamos desafiar todas las tiranías de los estigmas y las discriminaciones.

Pastor Lisandro Orlov
Pastoral Ecuménica VIH y SIDA
Buenos Aires. Argentina.
Marzo de 2011