Domingo  9 de septiembre de 2012

Ciclo B. Vigésimo Tercer Domingo del Tiempo Ordinario

(Leccionario Común Revisado. Propio 18)

Evangelio : Marcos 7, 24-37

Primera Lectura: Isaías 35, 4-7a

Salmo Responsorial:  Salmo 146

Segunda Lectura: Santiago 2, 1-10 [11-13} 14-17

 

EVANGELIO
Marcos 7, 24-37

Traducción: El Libro del Pueblo de Dios. La Biblia. Ediciones Paulinas. Madrid. Buenos Aires. 1990

En aquel tiempo,  Jesús partió de allí y fue a la región de Tiro. Entró en una casa y no quiso que nadie lo supiera, pero no pudo permanecer oculto. En seguida una mujer cuya hija estaba poseída por un espíritu impuro, oyó hablar de él y fue a postrarse a sus pies.  Esta mujer, que era pagana y de origen sirofenicio, le pidió que expulsara de su hija al demonio. El le respondió: "Deja que antes se sacien los hijos e hijas; no está bien tomar el pan de los hijos para tirárselo a los cachorros". Pero ella le respondió: "Es verdad, Señor, pero los cachorros, debajo de la mesa, comen la migajas que dejan caer los hijos".  Entonces él le dijo: "A causa de lo que has dicho, puedes irte: el demonio ha salido de tu hija".  Ella regresó a su casa y encontró a la niña acostada en la cama y liberada del demonio.

Cuando Jesús volvía de la región de Tiro, pasó por Sidón y fue hacia el mar de Galilea, atravesando el territorio de la Decápolis. Entonces le presentaron a un sordomudo y le pidieron que le impusiera las manos.  Jesús lo separó de la multitud y, llevándolo aparte, le puso los dedos en las orejas y con su saliva le tocó la lengua.  Después, levantando los ojos al cielo, suspiró y le dijo: "Efatá", que significa: "Ábrete".  Y enseguida se abrieron sus oídos, se le soltó la lengua y comenzó a hablar normalmente. Jesús les mandó insistentemente que no dijeran nada a nadie, pero cuanto más insistía, ellos más lo proclamaban  y, en el colmo de la admiración, decían: "Todo lo ha hecho bien: hace oír a los sordos y hablar a los mudos". Aclamemos el Evangelio del Señor.

 

 

DEL DICHO AL HECHO

 
Hablar de y sobre inclusión en nuestras comunidades de fe resulta mucha más fácil que el ponerlo en práctica y vivirla en forma visible y real. La teoría siempre va mucho más rápido que nuestros logras prácticos y las transformaciones mentales, afectivas y personales necesarias como para abrir y terminar con tantas barreras que las tradiciones humanas han creado y que muchas veces nos dan tanta tranquilidad.

La epidemia del sida también, al igual que a Jesús de Nazaret, nos ha llevado a territorios y espacios extraños. Casi todos los grupos y personas afectados por el estigma y la discriminación relacionados con el vih han tenido y aún tienen una relación conflictiva con las comunidades de fe fundamentada en sus mensajes y actitudes abiertamente conflictivas, descalificadotes y muchas veces insultantes. Es en ese espacio hostil y difícil en el que se produce este proceso de conversión del mismo Jesús y que puede ser un paradigma de conversión tanto a nivel personal como comunitario. Esta mujer pertenece a uno de esos grupos que los códigos de pureza y de santidad utilizados y seguidos por los fundamentalistas que enfrentan la hermenéutica de Jesús de Nazaret consideran descalificados de acuerdo con sus criterios de inclusividad.

Esta persona vive una doble condición descalificadota. Por un lado es mujer y por lo tanto no es digna de consideración y agregado a ello pertenece a un grupo sospechoso de todas las impurezas rituales, religiosas, morales, y demás larga lista. Viene de un espacio endemoniado, oprimido y descalificado según esa perspectiva y nada favorable a un diálogo fraterno. Esta mujer que viene de lo más profundo de las exclusiones no es un personaje pasivo. Está empoderada y al postrarse delante de Jesús le reconoce como fuente de liberación diferente a todas las otras propuestas. Sabe con claridad aquello que quiere y defenderá, aún delante de Jesús de Nazaret su posición. Se atreve a discutir con el mismo Jesús y en eso creo que muchas veces tendremos de ahora en adelante también atrevernos a hacer lo mismo. Jesús no nos quiere obedientes ni pasivos. Nos quiere cuestionadores y evangélicamente provocadores de la apertura de nuevos espacios y criterios de inclusión.

La fuerza de las tradiciones humanas y de las escuelas interpretativas del antiguo sistema también afecta al mismo Jesús. La dureza del dialogo nos muestra, queramos o no, a un Jesús que piensa de acuerdo a esos códigos cerrados y que la demanda de inclusión en su mensaje liberador y de amplia buena noticia, desconcierta no solo a las y los discípulos, sino que sorprende al mismo Jesús de Nazaret. No se esperaba tal enfrentamiento. Sabía muy bien responderle a los emisarios de los centros de poder religioso y político que cuestionan su metodología y sus códigos escandalosos de pureza pero es vulnerable al reclamo de una persona totalmente estigmatizada. Tenemos aquí una conmovedora y bella página de conversión de Jesús de Nazaret que aprende a ampliar la dimensión de su espacio de misión.

El tratar a esta mujer con la imagen de perros y cachorros no es realmente una aproximación recomendable ni políticamente correcta. Es insultante y nos revela la dimensión radical de la conversión del mismo Jesús que nos ofrece en el Evangelio este paradigma y modelo del llamado a nuestra propia conversión si queremos realmente hacer misión en el contexto de las personas y grupos afectados por el estigma y la discriminación relacionados con el vih. Somos nosotros y nosotras las que necesitamos pasar este proceso de conversión. No todo está bien con nuestras perspectivas, visiones y mensajes. Tenemos que dejarnos convertir y evangelizar por aquellas personas y grupos que hasta ayer considerábamos como perros y cachorros teológicos y sociales. Esa conversión pasa por escuchar con honestidad el clamor por liberación de esos grupos que reclaman y claman por el pleno reconocimiento del ejercicio de todos sus derechos de ciudadanía.

Cuando Jesús de Nazaret escucha y reconoce la validez del discurso de esta persona estigmatizada y excluida por su propia posición teológica al mejor estilo antiguo, se produce su conversión, no la de la mujer sino la de Jesús de Nazaret y ese es el escándalo evangélico que tenemos que imitar. Como consecuencia de esa conversión el demonio del estigma y la discriminación desaparece y se produce el proceso de total liberación y verdadera reconciliación. Nuestra conversión al abandonar viejos códigos de santidad y pureza puede ser el instrumento de nuestra propia liberación de esas esclavitudes teológicas y políticas y ser la herramienta de la apertura de espacios de liberación e inclusión para quienes hasta hace un momento considerábamos descalificados del la incondicional convocatoria a su gracia de Aquel que se hace fuerza que derriba fronteras y que hace del diferentes, extraño y extranjero mi prójimo, hermano y hermana. A la primera comunidad cristiana también le debe haber sido muy difícil integrar e incluir en forma incondicional a las personas que venían del mundo gentil, de los diferentes y extraños. Ese sigue siendo un desafío y una dificultad que debemos reconocer, enfrentar y responder. Sin salir del espacio teológicamente sospechoso tenemos una escena como reparadora del duro diálogo entre Jesús de Nazaret y la mujer extraña y extranjera. Aquí la comunidad pide que ponga en movimiento sus manos con todo el mensaje de liberación, de acogida, de afecto. La respuesta de Jesús va más allá de lo solicitado y esperado por la multitud. La libertad con la que Jesús utiliza sus manos debe aún hoy sorprendernos. Con mucha confianza y sin temores toca el cuerpo de esta persona sordomuda. Toca sus orejas, su lengua, su persona sin ninguno de nuestros prejuicios y temores de una pobre comprensión de las identidades de género. ¡Cuanta libertad en el uso de sus manos y cuantos desafíos a códigos de pureza y santidad! Esas manos de Jesús atraviesan fronteras, limites, y se transforman en puentes que proclaman comunión, respeto y promoción de derechos. Sus manos, sus gestos, sus abrazos y su forma de tocar permite a esta persona excluida y estigmatizada hablar por si misma. El verdadero libertador no pretende ni asume la responsabilidad de hablar por quienes no hablan sino que su función primera es lograr que las personas y grupos excluidos hablen y curar la sordera de quienes aún no queremos escuchar su clamor de derechos e inclusividad. El verdadero milagro que nuestras comunidades de fe y nosotros mismos con nuestro tocar de comunión deben lograr es que quienes hasta ahora no pudieron ni decir su nombre se atrevan a decirnos cómo quieren ser llamados y que curados nosotros y nuestras comunidades de fe de nuestra propia sordera comencemos a dialogar en un espacio de libertad y comunión. Ese es nuestro gran secreto, ese es el secreto de Dios.

Para la oración de las y los fieles.

Como discípulos y discípulas convocados por Jesús de Nazaret a vivir en un continuo y sostenido proceso de conversión, pedimos que descienda sobre nosotros y nosotras ese Espíritu que nos permite siempre ir más allá de los límites de nuestras culturas, prejuicios y temores.

Se hace un breve silencio.

Espíritu de toda inclusión, reúne a todos los pueblos en una comunidad siempre más amplia, profundamente inclusiva y que se atreve a desafiar todas las fronteras mentales, teológicas y sociales para incorporar cada día las multitudes de tu creación. Alabaremos al Señor toda nuestra vida.

Creador de todos los universos, al contemplar toda tu creación proclamaste que aquello era muy bueno. Te rogamos que nos concedas la misma mirada y transforma nuestras comunidades y nuestras vidas en santuarios de dinámica purificación, santificación y liberación de todo aquello que nos atrevemos a tocar en tu nombre. Mientras existamos, cantaremos al Señor.

Médico de todas nuestras heridas, concédenos tal hambre y sed de justicia para que nunca nos cansemos de clamar y actuar para reparar todas las heridas provocadas por nuestras palabras descalificadotas y nuestras acciones que han sido obstáculos en el pleno ejercicio de todos los derechos de hermanos y hermanas que tu amor ha transformado en nuestro prójimo. Feliz el que se apoya en Dios y pone su esperanza en el Señor.

Aquí se pueden incluir otras intercesiones.

Paradigma de nuestra conversión, concedernos aprender de tus lecciones para que a través de nuestras heridas podamos sanar y redimir a quienes hemos lastimado y herido con códigos de falsa santidad y de purezas externas,  alimentadas con el desprecio a quienes aún consideramos diferentes, extraños y extranjeros. El Señor mantiene su fidelidad para siempre, hace justicia a los oprimidos y da pan a los hambrientos.

 

 

Pastor Lisandro Orlov

Pastoral Ecuménica VIH-SIDA

Buenos Aires. Argentina

Septiembre de 2012