Domingo 4 de noviembre de 2012

Ciclo B. Trigésimo Primer domingo del Tiempo Ordinario

(Leccionario Común Revisado. Propio 26)

Evangelio : Marcos 12, 28-34

Primera Lectura:  Deuteronomio 6, 1-9

Salmo Responsorial:  Salmo 119, 1-8

Segunda Lectura: Hebreos 9, 11-14

 

EVANGELIO
Marcos 12, 28-34

Traducción: El Libro del Pueblo de Dios. La Biblia. Ediciones Paulinas. Madrid. Buenos Aires. 1990

En aquel tiempo, un escriba que los oyó discutir, al ver que les había respondido bien, se acercó y le preguntó: "¿Cuál es el primero de los mandamientos?". Jesús respondió: "El primero es: Escucha, Israel: el Señor nuestro Dios es el único Señor; y tú amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón y con toda tu alma, con todo tu espíritu y con todas tus fuerzas. El segundo es: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. No hay otro mandamiento más grande que estos". El escriba le dijo: "Muy bien, Maestro, tienes razón al decir que hay un solo Dios y no hay otro más que él, y que amarlo con todo el corazón, con toda la inteligencia y con todas las fuerzas, y amar al prójimo como a sí mismo, vale más que todos los holocaustos y todos los sacrificios". Jesús, al ver que había respondido tan acertadamente, le dijo: "Tú no estás lejos del Reino de Dios". Y nadie se atrevió a hacerle más preguntas. Aclamemos el Evangelio del Señor.

 

 

NO ESTÁS LEJOS DEL REINO DE DIOS

 

Muchas veces un texto bíblico puede servir para construir todo un sistema de pensamiento teológico o lo puede destruir. Al aproximarme a este texto he sentido que podía ser una terrible amenaza a todo aquello que he tratado, junto con ustedes, de construir en una relectura de las Escrituras desde el contexto de la epidemia del vih. He sentido que el fuerte énfasis en distinguir sin separar ley y evangelio, del radical énfasis en la sola fe en la sola gracia de solo Cristo se veía amenazado, Es por ello que considero que la reflexión de este texto puede permitir sostener toda esa relectura o directamente la puede cuestionar en profundidad.

En primer lugar tenemos que ser conscientes que estamos en un espacio de trampas construidas por quienes desde su ortodoxia teológica no aceptan los conceptos fundamentales de la proclamación de Jesús de Nazaret. Hay un claro enfrentamiento de dos escuelas interpretativas radicalmente diferentes, tal como ocurre hoy en día frente a los diversos temas críticos que suscita la epidemia del vih. El escriba que hace la primera pregunta no es el bueno de la película porque trae su agenda oculta. En esta pregunta quiere ubicar a Jesús de Nazaret entre aquellos maximalistas que afirman que todos los mandamientos tienen el mismo nivel de obediencia o entre los minimalistas que concentran todos los mandamientos en unos pocos y en una escala de valores diferentes.

La respuesta de Jesús le ubica entre los minimalistas pero esto no es todo. Las mismas palabras y los mismos textos bíblicos tienen una intencionalidad y una resonancia dependiendo de quien los utiliza y el contexto total del mensaje teológico y la acción pastoral. En una primera e inocente escucha pareciera que Jesús es un maestro más de la Ley y sin mayor diferencia. Su respuesta pareciera que nace de la más ortodoxa tradición. Nadie pareciera que puede o tiene que escandalizarse. Pero no es así. El anuncio teológico de “nuestro Dios es el único Señor” va más allá de una mera afirmación intelectual para transformarse en el fundamento mismo de la universalidad de su mensaje evangélico. Ese único Señor de toda la creación nos transforma a todas y todos en iguales, sin exclusiones, sin discriminaciones. No es un arma para diferenciarse de los demás sino que es una herramienta de unidad en acción.

La siguiente afirmación pareciera fundamentada en un total voluntarismo y sabemos que la voluntad esta sometida a una pintoresca gama de esclavitudes. “Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón y con toda tu alma, con todo tu espíritu y con todas tus fuerzas”  no es una iniciativa nuestra ni de nadie. Ese amor es una respuesta al primer amor de Dios y a su iniciativa. En el pensamiento del escriba este es un mandamiento que otorga méritos. En los labios de Jesús es un amor que es respuesta a la constante y fiel iniciativa de Dios de la cual nadie ni nada queda excluido. En esta afirmación tomada del libro de Deuteronomio hay que tener el cuidado de no transformarla en un mandamiento de cumplimiento obligatorio porque de esa forma estaríamos por buenas razones pero equivocada la única mediación y el único camino de la sola fe en la sola gracia que nos concede escandalosamente en forma gratuita el Cristo del Dios del Reino. No es un mandamiento sino una respuesta enamorada de la gracia incondicional de Aquel que se manifiesta en su unidad para que todas y todos seamos uno.

Constantemente he tratado de mostrar que no podemos sostener en forma selectiva algunos versículos del Libro de Levítico y dejar caer otros. Tengo conciencia que el código de santidad que constituye su núcleo es una construcción para distinguir claramente el concepto de prójimo. El concepto de prójimo es totalmente diferente en el pensamiento y en los labios del escriba y en los de Jesús de Nazaret. Para la escuela teológica y hermenéutica del escriba solamente es mi prójimo aquellas personas que son iguales a mí. Somos nosotros la vara que mide esa condición. En cambio la mirada de Jesús de Nazaret nadie queda excluido o excluida de la categoría de prójimo. Esa universalidad que rompe con todos los códigos de pureza y santidad es el núcleo de todas las divergencias entre este escriba, sus amigos y Jesús de Nazaret y todos aquellos y aquellas que pretendemos ser sus discípulos.

Además esta formulación tomada del antiguo sistema es superado por el nuevo mandamiento de Jesús de Nazaret. Ya no se nos pide que amemos a nuestro próximo como a nosotros mismos sino que se nos ubica en la perspectiva teológica y pastoral de la cruz y se nos pide que nos amemos unos a otros como Él nos ha amado, es decir, dejamos de ser nosotros la medida del amor para entrar en la radicalidad de ese amor que llega a dar la vida por la defensa de la equidad, justicia e inclusividad de todos nuestros prójimos.  Esta es una revolución conceptual. Estamos entre dos dimensiones totalmente diferentes.

El diálogo entre este escriba que levemente se desprende de todo el grupo de sus colegas y Jesús de Nazaret continua en dos niveles que no se tocan. Las mismas palabras y los mismos conceptos tienen diferentes contenidos ya sea uno u otro el que las utiliza. El escriba gestiona lo que escucha de Jesús como apoyo a su posición pero intuye que algo no anda bien. Es por ello que aparece como algo desprendido del curso normal de la charla su afirmación de que el amor a Dios y al prójimo “vale más que todos los holocaustos y todos los sacrificios” ¿Por qué lo dice aquí y en este momento? Porque justamente una afirmación de acción pastoral transformadora de profundas divisiones se había transformada en una mera acción ritual sin consecuencia alguna sobre la realidad. El ritual, tanto entonces como ahora, mata la intencionalidad primera de las propuestas de Quien se hace persona que hacernos a todos y todas personas en equidad y en igualdad de derechos. Este amor al Dios uno y único y al amor al prójimo se recitaba en diversas oportunidades a lo largo de una jornada pero como ritual había vaciado su propuesta liberadora de muchas tiranías mentales y sociales. Este es un peligro real y latente aún hoy en nuestra comprensión de la fe, de la teología y de la liturgia cristiana. El amor que busca radicalmente la justicia y que por esas búsquedas y por esa justicia está dispuesto a amar con las mismas consecuencias con las que nos amo el Cristo del Dios del Reino es el mejor remedio a holocaustos y sacrificios rituales vacíos de consecuencias.

La conclusión del diálogo es sorprendente. Tenemos allí quien les ha dicho a multitudes y discípulos que el Reino está en medio de ellos y ellas. Allí está quien ha revelado que quien le ha visto y escuchado ha visto y escuchado a Aquel que le ha enviado a proclamar la buena noticia a oprimidos, estigmatizados y excluidos por diversos sistemas y fundamentación, pero el escriba no lo puede oír ni ver. Simplemente si hubiera extendido su mano hubiera podido toca el Reino o si hubiera abierto su mente, corazón y vida habría permitido que el Reino entrara en su persona. Pero nada de eso ocurrió. Una forma de comprender las Escrituras en forma mezquina, excluyente y exclusiva se lo impedía. Estuvo cerca pero no podía entrar con ese bagaje teológico e ideológico, por eso la escena concluye con la triste mala noticia: "Tú no estás lejos del Reino de Dios" pero no estás en el Reino. ¡Qué pena!

Para la oración de las y los fieles.

En comunión con todos los santos y santas que a lo largo de los tiempos y lugares te han escuchado y puesto en práctica tu Evangelio y amado a todos sus prójimos tal como tú nos has amado, nos inclinamos ante tu presencia para que tu voz pueda ser vivida ahora y aquí.

Se hace un breve silencio.

Trinidad de la unidad en la diversidad, una sola Fuente de vida y dignidad, enseña a tu iglesia para que sea un espacio donde se vive la unidad y se celebra la diversidad de todos los carismas y de todas las identidades. Ayúdanos a unir todos los arco iris de tu creación. Felices quienes van por un camino intachable,  quienes siguen la ley del Señor.

Creador de todos los universos, constelaciones, estrellas y realidades, concédenos la unidad para constituirnos en santuarios donde tu creación y toda la humanidad sean cuidadas con el mismo amor y los mismos riesgos con que Tú la llamaste a la existencia. Felices los que cumplen sus prescripciones y lo buscan de todo corazón.

Constructor de todas las uniones y todas las reconciliaciones, envía la luz de tu sabiduría y la fortaleza de tu Espíritu sobre todos y cada uno de las y los lideres de nuestras sociedades y de nuestras iglesias, para que utilicen el poder confiado a sus manos para promover la justicia que fundamenta la paz en el mundo y en nuestras comunidades. ¡Ojala nos mantengamos firmes en la observancia de tus preceptos!

Sostennos firmes en la palabra de tu amor para que renovemos en medio de todas las crisis y en medio de nuestra realidad cotidiana la capacidad de sanar las heridas que han provocado nuestras cegueras teológicas y pastorales. Renueva la alegría de la presencia de tu Reino en medio de nosotros y nosotras. Te alabaremos con un corazón recto, cuando aprenda tus justas decisiones.

Santo Espíritu del Reino, escucha el clamor de la comunidad que has convocado, congregado y enviado pera que conservando la unidad nos podamos abrir de corazón a quienes aún consideramos extraños, extranjeros y diferentes y guárdanos en tu santa paz. Queremos cumplir fielmente tus preceptos, no nos abandones.

Pastor Lisandro Orlov

Pastoral Ecuménica VIH-SIDA

Buenos Aires. Argentina

1º de Noviembre 2012