Domingo 8 de julio de 2012

Ciclo B. Décimo Cuarto Domingo del Tiempo Ordinario

(Leccionario Común Revisado. Propio 9 )

Evangelio : Marcos 6, 1-13

Primera Lectura: Ezequiel 2, 1-5

Salmo Responsorial: Salmo 123

Segunda Lectura: 2º Corintios 12, 2-10

 

EVANGELIO
Marcos 6, 1-13

Traducción: El Libro del Pueblo de Dios. La Biblia. Ediciones Paulinas. Madrid. Buenos Aires. 1990 EVANGELIO Juan 3, 1-17


En aquel tiempo, Jesús salió de allí y se dirigió a su pueblo, seguido de sus discípulos y discípulas. Cuando llegó el sábado, comenzó a enseñar en la sinagoga, y la multitud que lo escuchaba estaba asombrada y decía: "¿De dónde saca todo esto? ¿Qué sabiduría es esa que le ha sido dada y esos grandes milagros que se realizan por sus manos? ¿No es acaso el carpintero, el hijo de María, hermano de Santiago, de José, de Judas y de Simón? ¿Y sus hermanas no viven aquí entre nosotros y nosotras?". Y Jesús era para ellos y ellas un motivo de tropiezo. Por eso les dijo: "Un profeta es despreciado solamente en su pueblo, en su familia y en su casa". Y no pudo hacer allí ningún milagro, fuera de curar a unos pocos enfermos, imponiéndoles las manos. Y él se asombraba de su falta de fe. Jesús recorría las poblaciones de los alrededores, enseñando a la gente. Entonces llamó a los Doce y los envió de dos en dos, dándoles poder sobre los espíritus impuros. Y les ordenó que no llevaran para el camino más que un bastón; ni pan, ni alforja, ni dinero; que fueran calzados con sandalias, y que no tuvieran dos túnicas. Les dijo: "Permanezcan en la casa donde les den alojamiento hasta el momento de partir. Si no los reciben en un lugar y la gente no los escucha, al salir de allí, sacudan hasta el polvo de sus pies, en testimonio contra ellos y ellas". Entonces fueron a predicar, exhortando a la conversión; expulsaron a muchos demonios y curaron a numerosos enfermos, ungiéndolos con óleo. Aclamemos el Evangelio del Señor.

 

 

TOCAR Y ASOMBRAR

 
El tema de la identidad es central para quienes trabajamos en la crisis del vih y del sida. La complejidad del tema, las diversas fuentes y aportes culturales, sociales y humanos que construyen una identidad, resulta siempre difícil de reducir a una palabra o a una frase. Por comodidad y por poca creatividad se habla muchas veces de personas que viven con vih o con sida. El peligro es limitar la riqueza de una identidad solamente a ese detalle, que en muchos casos es marginal y secundario.

En las comunidades de fe se corre el peligro de hacer estupendas declaraciones sobre la inclusividad de las personas con vih o con sida en el seno de esas mismas comunidades, pero muy pocas veces se toma conciencia que las personas que viven con vih o con sida ingresan en la comunidad o forman parte de ella aportando algo más que un virus. Aportan la riqueza de una identidad. Aún hoy en día se debate en algunas organizaciones ecuménicas sobre el hecho de nombrar o no a todas las personas y grupos en situación de vulnerabilidad al estigma y la discriminación relacionados con el vih. No hay problemas de nombrar a las mujeres, siempre que no se hable de derechos sexuales o de las trabajadoras sexuales, o las personas de identidad femenina. Tampoco no hay problemas mayores con huérfanos relacionados con la epidemia. Toda la gama de personas y grupos que van más allá de mujeres y huérfanos representan aún hoy desafíos y muchos conflictos.

 

Esta escena del evangelio se desarrolla en tiempos y espacios hostiles al mensaje de inclusividad y de anuncio de una buena noticia a excluidos y marginados de esos tiempos y espacios. Prestemos especial atención al hecho del sábado en el cual se desarrolla la escena. En su origen esta costumbre fue una propuesta para crear un espacio de liberación a quienes podían ser oprimidos y sobreexplotados en cualquier sistema. La intencionalidad primera era recuperar semanalmente la igualdad y la equidad como memoria que debía conformar el resto de cada día y cada hora. Lamentablemente aquello que tenía un profundo sentido de justicia y de equidad fue transformado en un ritual que fundamentaba exclusiones. La aproximación y crítica que en pensamiento y acciones realiza Jesús de Nazaret es un modela en la necesaria separación entre ley y evangelio. El sábado pensado por Dios como una buena noticia de liberación y de equidad se transformó en un ritual que ocultaba la significación revolucionaria que cuestiona exclusiones, opresiones y faltas de solidaridad variadas. La permanente tentación de transformar las propuestas liberadoras y de justicia de Dios en rituales sin consecuencias ni desafíos continua siendo hoy mismo y en el contexto de la epidemia del vih un claro peligro.


Esas palabras anunciadas en ese tiempo litúrgico y en ese espacio religioso producen asombro en la multitud. Es necesario mantener ese asombro, y nuestra tarea junto a todas las personas y grupos en situación de vulnerabilidad al vih tienen que sostener ese asombro. Seguramente quienes trabajan en el contexto de la epidemia del vih también han vivido la sospecha sobre su propia identidad y por la fundamentación de una acción que está destinada a provocar asombro. La multitud capto rápidamente que se enfrentaban a dos escuelas teológicas diferentes y a dos sistemas hermenéuticos confrontativos. Le escuchan con asombro pero le descalifican porque tienen miedo a las profundas consecuencias que esta forma de pensar y actuar podrían tener en su cómoda forma de vivir la fe. No quieren que nadie ni nada los perturbe porque todo está muy organizado y establecido. Saben muy bien el desafío que enfrentan pero necesitan descalificarlo para continuar con su forma rutinario y conocida de vivir la fe. No pueden permanecer sin defensas tranquilizadoras frente a tan intranquilizador anuncio de una buena noticia a personas y grupos que cómodamente y con tranquilidad y profundos fundamentos en códigos de pureza les permite mantener alejados de su círculo cerrado de vivir la fe. La hermenéutica, las comuniones y las practicas de Jesús de Nazaret siempre tienen que ser una piedra de tropiezo para nuestras formas fosilizadas de vivir la fe. Si el anuncio de Jesús de Nazaret no llega a ser esa piedra de tropiezo que nos obliga cada día y en cada encuentro a revisar y adaptar a nuevas preguntas y nuevas situaciones los fundamentos y las consecuencias de nuestra forma de vivir la fe, es porque nos habremos quedado con las palabras del mensaje despojado de su verdadero contenido.

 

El anuncio profético de Jesús de Nazaret al igual que escandaloso compromiso asumido junto a cada persona y grupo afectado por el estigma y la discriminación relacionada con el vih también es rechazado por nuestros colegas, amigos y amigas y aceptado con entusiasmo por extraños y diferentes. Es por ello que el milagro de la inclusividad encuentra en nuestras propias comunidades, apegadas a antiguas formas de interpretar escrituras e identidad confesional. Como el descalificar directamente el mensaje que produce todos los asombros no es ni política ni teológicamente la mejor estrategia, entonces se descalifica al mensajero. Todo la descripción de la identidad de Jesús de Nazaret es puesta bajo sospecha casi insultante. No es normal ni de buena educación en aquel momento indicar una filiación por línea materna. Eso no era ni lo normal ni lo considerado adecuado. Igualmente las personas que asumen un radical compromiso con las personas y grupos afectados por el estigma y la discriminación relacionados por el vih, no son descalificados por lo que anuncian, sino por lo que hacen, por los abrazos de comunión y solidaridad y por el tocar y dejarse tocar por quienes esos opositores a las buenas noticias anunciadas a las y los estigmatizados aún hoy consideran prácticas asombrosos y fuente de escándalos.


En este contexto de dificultades tenemos que comenzar a pensar con seriedad sobre el ministerio de Jesús de Nazaret con sus manos. En aquello que toca y por quienes se deja tocar. Esa oposición a su anuncio de una buena noticia a quienes sus códigos de pureza colocaba en los márgenes de las comunidades de fe le obstaculizaba el imponer sus manos y sanar todas las exclusiones. Esa tarea inconclusa es ahora nuestra misión. A imagen y semejanza de la forma revolucionaria en que utilizo sus manos y abrazos hoy tenemos que tocar y ser tocados, tanto físicamente como espiritualmente, por todas y cada una de las personas cuya identidad de género aún le molesta a tantos discípulos y discípulas de tantos códigos de pureza y santidad para quienes el Evangelio en su radicalidad sigue siendo una bendita piedra de tropiezo.

 

Al menos esta multitud logro escandalizarse y el paso de Jesús de Nazaret por sus sábados rituales y sus espacios religiosos de exclusión no fue en vano. Hay escándalos que son muy prometedores y llenos de esperanza. Tenemos que tenerle mucho miedo a la paz de los cementerios y a pesar de tantos obstáculos, asombros y oposiciones Jesús de Nazaret comenzaba una y otra vez su tarea docente de mostrar que otro Evangelio es posible. No le quitemos nunca a ese Evangelio su escándalo y su radicalidad. Frente a tantos evangelios negociados y domesticados algunos y algunas tenemos la misión de recuperar el Evangelio que siempre tiene que ser la piedra de tropiezo que nos enfrenta con nuestras complicidades y nos arroja a caminos siempre nuevos e inesperados que nunca hemos recorrido hasta ahora.


Esta sabiduría hecha visible en contextos antagónicos se fundamenta mayormente en algunos gestos, o en nuestras manos que tocan y abrazan, más que en palabras. “¿Qué sabiduría es esa que le ha sido dada y esos grandes milagros que se realizan por sus manos?” La relectura de las Escrituras y de la identidad confesional, iluminada por la experiencia de vivir en dialogo y camino con las personas y grupos vulnerables al vih, tienen que manifestarse por la construcción visible de signos de comunión expresado con nuestras manos, es decir, con nuestras personas. Hay que poner el cuerpo en esta tarea. Este pasaje nos muestra que la identidad de Jesús de Nazaret se compone de una infinidad de aportes. En primer término tenemos el lugar desde donde se construye esta sabiduría que asombra. Nazaret es un espacio marginal y despojado de toda connotación con tradiciones de poder o prestigio. Los grupos vulnerables al vih son al presente esos Nazaret marginales desde donde estamos llamados y llamadas a construir una nueva sabiduría que nutre nuevos gestos de comunión.

 

El envío de las y los discípulos nunca es en un contexto de paz celestial sino en un horizonte de conflicto que justamente esta nueva hermenéutica y esta forma desafiante de comprender sábados y espacios de fe tienen como meta de transformar o construir. Las y los discípulos conocen desde un inicio que tendrán en enfrentar dominaciones y poderes sumamente fuertes pero justamente en esa oposición encontramos la originalidad de la misión. Es una misión de rupturas y no de negociación. El miedo a los quiebres no puede paralizar o diluir el anuncio de una buena noticia a personas y grupos cuya paciencia en la exclusión, la opresión y la marginación también tiene límites. Nunca la unidad puede ser el argumento como para negociar la radicalidad del evangelio. Las dos túnicas pueden ser una cómoda forma de querer negociar el evangelio como para que se nos permita conservar ese bienestar al precio de endulzar la piedra de tropiezo que tiene que conservar el Evangelio de todas las comuniones y de todas las liberaciones. Por lo tanto abajo las dos túnicas, los dos sobretodos, los dos pantalones y celebremos frente esta sociedad y estas iglesias inmersas por igual en las brillantes tentaciones del consumo, vivir alegremente la austeridad de una sola camisa o una sola pollera. El Evangelio siempre tiene consecuencias inesperadas .¡Viva la austeridad! (y estos lo digo desde el centro mismo de la ciudad de New York)


Para la oración de las y los fieles:
Que tu Espíritu de libertad y la misión de liberación confiada a tus discípulos y discípulas nunca nos permita confundir y transformar las buenas nuevas de reconciliación y equidad en rituales y liturgias vacías.

Levantamos nuestros ojos hacia ti, que habitas en el cielo.


Se hace un breve silencio


Intercedemos por quienes presiden la oración de tu iglesia, por quienes asumen en ella tareas de servir a las y los siervos tuyos para que nunca apaguen tu Espíritu de profecía, y siempre estén dispuestos a renovar su conversión para que puedan ungir a tu pueblo con la fuerza que nos moviliza a ser activistas de tu Evangelio. Como los ojos de las y los servidores están fijos en las manos de su señor y los ojos de la servidora en las maños de su dueña, así miran nuestros ojos al Señor, nuestro Dios, hasta que se apiade de nosotros y nosotras.


Por nosotros y nosotras, para que no caigamos rápidamente en la tentación de sacudir el polvo de nuestras sandalias cada vez que aparecen resistencias a tu visión, misión y acción y que en nuestra intolerancia y falta de paciencia tomen a tu mansedumbre como nuestra maestra y camino. ¡Ten piedad, Señor, ten piedad de nosotros y nosotras!


Reconocemos que necesitamos tu conversión en medio de esta sociedad de consumo tan tentadora con su tecnología, sus luces y todos sus placeres. Ayúdanos a poner un límite a nuestra sed desaforada de confort para que el cuidado de tu creación, la solidaridad con nuestros hermanos y hermanas que no tienen acceso a la satisfacción de necesidades básicas sean nuestro espejo. . ¡Ten piedad, Señor, ten piedad de nosotros y nosotras!
 

Se pueden ofrecer otras intercesiones

 

Envíanos, tú que eres el dueño la viña, de a dos en dos o como comunidades enteras a ser signos de tu amor y no como jueces que siempre traen condena, critica y desprecio. Concédenos celebrar juntos y juntas a toda la humanidad los abundantes dones de tu creación y aleja de nuestros países y de nosotros mismos, el peligro de querer acaparar sin compartir, sin solidaridad y sin justicia. Levantamos nuestros ojos hacia ti, que habitas en el cielo.

 

Pastor Lisandro Orlov

Pastoral Ecuménica VIH-SIDA

Buenos Aires. Argentina

Junio de 2012 en New York