Domingo 23 de Diciembre 2012

Ciclo C. 4º Adviento

(Leccionario Común Revisado. Propio )

Evangelio : Lucas 1, 39-45 [46-55]   

Primera Lectura: Miqueas 5, 2-5a

Salmo Responsorial:  Salmo 80, 1-7 o también Lucas 1, 46-55

Segunda Lectura: Hebreos 10, 5-10

 

EVANGELIO
Lucas 1, 39-45 [46-55]

Traducción: El Libro del Pueblo de Dios. La Biblia. Ediciones Paulinas. Madrid. Buenos Aires. 1990

Pueden encontrar este texto en el sitio: http://www.sobicain.org/shell.asp?p=Biblia

En aquellos días, María partió y fue sin demora  a un pueblo de la montaña de Judá. Entró en la casa de Zacarías y saludó a Isabel. Apenas esta oyó el saludo de María, el niño saltó de alegría en su seno, e Isabel, llena del Espíritu Santo,  exclamó: "¡Tú eres bendita entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre! ¿Quién soy yo, para que la madre de mi Señor venga a visitarme?  Apenas oí tu saludo, el niño saltó de alegría en mi seno.  Feliz de ti por haber creído que se cumplirá lo que te fue anunciado de parte del Señor".

[María dijo entonces:

"Mi alma canta la grandeza del Señor,

                 y mi espíritu se estremece de gozo en Dios, mi Salvador,

                porque el miró con bondad la pequeñez de tu servidora.

En adelante todas las generaciones me llamarán feliz,

                porque el Todopoderoso ha hecho en mí grandes cosas:

                ¡su Nombre es santo!

Su misericordia se extiende de generación en generación

                sobre aquellos que lo temen.

Desplegó la fuerza de su brazo,

                dispersó a los soberbios de corazón.

Derribó a los poderosos de su trono

                y elevó a los humildes.

Colmó de bienes a los hambrientos

                y despidió a los ricos con las manos vacías.

Socorrió a Israel, su servidor,

                acordándose de su misericordia,

                como lo había prometido a nuestros padres,

                en favor de Abraham y de su descendencia para siempre".]

Aclamemos el Evangelio del Señor.

 

 

EL CANTICO DE MARÍA

 

En América Latina es muy difícil para un hijo de la Reforma del siglo XVI reflexionar sobre María a causa de los excesos verbales, teológicos y pastorales a los que nos tiene acostumbrado la religiosidad popular. Frente a esta situación, nuestras comunidades y sus líderes en general, han optado por un lamentable silencio. La figura de la Virgen María ha sido ocultada en nuestra espiritualidad. Si bien mantenemos en el ciclo de las Fiestas Menores de nuestro leccionario el 15 de agosto como memoria de María, Madre del Señor, las bases de nuestras comunidades y muchos de sus líderes desconocen esa celebración y tendrían muchas dificultades de explicar el sentido y contenido de esa celebración.

 

Es por ello que cuando aparece el Cántico de María como opción en nuestra lectura de este día, cualquiera tendría mucho cuidado de intentar un comentario de un texto que es casi un monumento solemne. Es por ello que evitando el comentario bíblico quisiera compartir el gran texto escrito en 1521 por el reformador Marín Lutero sobre “El Magnificat” ya que puedo encontrar en él fundamentos para explicar la identidad de una acción pastoral con las personas y grupos sometidos a estigmas y discriminación feroz de nuestras propias comunidades de fe.

En el Prefacio e Introducción[1] al texto aparece con claridad el contenido de aquello que llamamos la Teología de la Cruz y nos revela el rostro y acción de Dios tal como nos lo ha revelado Jesús de Nazaret. “Así pues, al experimentar la santa virgen en su propia persona que Dios obra en ella semejante portento, a pesar de su humildad, insignificancia, pobreza e inferioridad, el Espíritu Santo le enseña este profundo conocimiento y sapiencia de que Dios es un señor cuyas acciones no son otra cosa que ensalzar lo humilde y abatir lo alto, es decir, en pocas palabras, romper lo que esta hecho y rehacer lo que está roto[2]  Podemos tomar este primer párrafo como el fundamento de una acción pastoral en el contexto del vih. Al igual que a María este es un proceso personal y propio en el que experimentamos la acción de Dios. El trabajar en el tema vih es central en la identidad de nuestra fe y es una iniciativa de Aquel que se hace siempre Emmanuel, es decir, Dios con nosotros y nosotras. Estamos llamados a experimentar la obra de Dios en medio de nuestra insignificancia, pobreza, inferioridad. No hemos sido escogidos por nuestras virtudes sino por nuestra pobreza. Esta es una primera e importante constatación. Únicamente el Espíritu que nos bautiza con agua y con fuego es el que nos puede revelar la naturaleza de nuestro llamado y acción de Dios. El gran escándalo y desafío es lograr con nuestra acción de pleno compromiso y comunión con las personas sometidas al estigma y la discriminación relacionados con el vih es acompañar la acción divina de “ensalzar lo humilde y abatir lo alto, es decir, en pocas palabras, romper lo que esta hecho y rehacer lo que está roto”, en otras palabras, Dios nos enseña las teorías de deconstrucción de los prejuicios y estereotipos y construir espacios de dignidad para quienes han sido vulnerados en sus derechos y reconocimiento pleno de sus identidades, reveladas por transgredir la confidencialidad con el diagnóstico del vih. ¡Nunca me hubiera imaginado que Dios es el primer maestro de las teorías constructivistas! Por suerte es Lutero quien lo afirma y no yo.

 

El comentario de Lutero al Magnificat nos evita el tener que explicar las razones teológicas y pastorales que nos llevan a sentarnos en todas las mesas de comunión que las personas y grupos estigmatizados nos invitan porque “Así pues, los ojos de Dios miran solamente hacia la profundidad, no hacia las alturas…Cuanto más bajo está alguien, tanto mejor lo ve[3] Fundamentado en los criterios de poder y de valor establecidos y vigentes en nuestra cultura, la acción pastoral de Dios está destinada a deconstruir ese sistema, a ponerlo patas para arriba, y en su lugar construir comuniones con todas las personas y grupos que ese sistema ha colocado en el último lugar. Ese lugar tan bajo no pertenece ni al orden natural ni expresa la voluntad divina. Son los sistemas de opresión y de exclusión que han creado esas categorías que aún utilizamos la hablar de clases altas y clases bajas sin saber exactamente cuál es la unidad de medida utilizada por establecer esos criterios. ¡Indudablemente no pertenecen al orden de la creación! Es por esta razón teológica profunda de la teología de la cruz que nos compele a ubicarnos junto a las personas y grupos más violentados por las estructuras sociales  y teológicas si realmente queremos que Dios nos vea. Es solo a través del compartir, no nuestras mesas de comunión, sino las mesas de comunión de los grupos y personas rotas por el estigma y la discriminación. Siempre hemos pensado que son nuestras comunidades las que deben incluir y no nos damos cuenta que son las mesas de comunión de quienes nuestros estigmas y discriminaciones han roto en sus derechos y dignidades quienes nos tienen que incorporar a sus fiestas de la vida abundante que queremos para todos y todas.

 

La teología de la liberación, al igual que la teología de la cruz propone como primer ejercicio teológico el ver con claridad la realidad en la cual estamos inmersos. La verdadera contemplación cristiana no se ubica en el mirar hacia arriba sino el mirar hacia abajo, siguiendo la mirada de Jesús de Nazaret. En este sentido Lutero nos advierte: “No es de extrañarse que la Escritura hable de tan pocos reyes y príncipes íntegros. En cambio nadie quiere mirar a las profundidades o donde hay pobreza, ignominia, calamidad, miseria y angustia, todo el mundo aparta los ojos y las abandonan. Nadie piensa en ayudarles, asistirles y procurar que tengan algún valor. Por lo tanto, no les queda otra salida que permanecer en las profundidades, y en la masa de humildes y menospreciados…”Amados hermanos, no estiméis las cosas encumbradas, sino haced causa común con los humildes (Romanos 12,14)”[4] Esa mirada de comunión nos lleva a proponer en una pastoral junto a las personas y grupos afectados por los estigmas y las discriminaciones relacionadas con el vih, un segundo momento en el que analizamos las razones por las que esas personas y grupos han sido ubicados en los márgenes oscuros de nuestras comunidades de fe y sociales y propone acciones que transformen esas realidades. Es una contemplación activa, transformadora en búsqueda de equidad y justicia. Es una contemplación que nos lleva a romper alienzas y complicidades con reyes y príncipes y hacer de la “causa común con los humildes” nuestro punto de partida de nuestra identidad teológica y pastoral.

 

En esta serie de claves que Lutero comparte con todas y todos nosotros en su introducción al Magnificat llega a otra cima de su interpretación cuando afirma que “Dios resiste a los soberbios y da su gracia a los humildes”. Y ésta es la fuente de donde fluye ahora el amor y la alabanza de Dios. Pues nadie puede alabar a Dios si antes no le tiene amor y ninguno puede amarlo, sin no le es conocido en toda su amabilidad y alcance…Pero cuando experimentamos que él es un Dios que mira a las profundidades y ayuda sólo a los pobres, despreciados, desamparados, desgraciados y abandonados y a los que nada son, entonces se nos muestra en todo su profundo amor[5] La naturaleza e identidad de Dios es justamente esa sorprendente y escandalosa opción totalmente preferencial por todas las personas y grupos que la opresión y estigmas han colocado en las márgenes de nuestras comunidades y Dios no solamente mira hacia abajo sino que él mismo se coloca en el último lugar: “¡Dios también arrojo a su Hijo unigénito y amadísimo, a Cristo mismo, en la profundidad de toda miseria! En él hizo patente, por excelencia, su mirar, actuar y ayudar, revelando su actitud, su designio, su voluntad…”[6] La Encarnación que celebramos en esta Navidad es justamente esta voluntad y designio de Dios en Cristo Jesús de colocarse él mismo en el lugar más vulnerable para reconstruir toda la historia de la salvación, toda la historia de la liberación desde adentro de todo estigma y toda discriminación, porque Dios ha estado primero y conoce muy bien todas nuestras vulnerabilidades y las vulnerabilidades del mundo entero que tanto ama y que por ello envía a su Hijo muy querido: para liberarnos de todas esas vulnerabilidades.

Para la oración de las y los fieles:

Sorprendidos por tus miradas que ilumina las realidades que no queremos mirar, nos unimos a toda tu comunidad de fe para implorar que la luz de tu estrella guíe nuestras miradas y caminos.

 

Se hace un breve silencio.

 

Despliega ante nuestra mirada tu compromiso con quienes nuestros sistemas sociales y teológicos han roto en su esperanza. Purifica nuestros ojos para que te descubramos en todos los rostros y vidas de hermanos y hermanas ubicados en el último lugar para que desde allí tengamos la fuerza de construir tu Reino.

 

Muéstranos la fortaleza de tu vulnerabilidad, para que te podamos imitar y atrevernos a compartir todas las mesas de comunión y aceptar ser revestidos de dignidad y reconciliación por quienes han sufrido nuestros prejuicios y exclusiones

Revela tu radical vulnerabilidad junto a todas las victimas de todas las violencias y torturas. No nos permitas permaneces como espectadores del drama de sus vidas y que transformados por tu Espíritu nos coloquemos al lado de quienes no quieren ser mirados por quienes ejercen el poder tanto en nuestras comunidades de fe como en la sociedad en que vivimos.

 

Conmuévenos con tu encarnación en nuestras vulnerabilidades, para que juntos y juntas podamos dar nacimiento a tu Reino que es proclamado por el clamor de quienes han aprendido a ser humildes pero no pasivos ante las humillaciones y que revestidos de sus dolores podamos soñar que tu nos esperas a la vuelta de la esquina.


[1] Obras de Martín Lutero. Tomo VI. “El Magnificat” Páginas 371 a436.  Ediciones La Aurora. Buenos Aires. 1979

[2] Idem. Pág. 380

[3] Idem. Pág. 380

[4] Idem. Pág. 381

[5] Idem. Pág. 381

[6] Idem. Pág 382

 

Aquí se pueden incluir otras intercesiones

Junto con María, tu amiga y servidora, hemos aprendido a mirarte a los ojos y junto a ti mirar hacia abajo, ser iluminados por quienes aún viven en las tinieblas impuestas por opresores diversos. Que en tu vulnerabilidad encarnada aprendamos a vivir en la solidaridad que promueve siempre tu justicia sin tenerles miedo a todas las amenazas, sospechas y murmuraciones.

 

Pastor Lisandro Orlov

Pastoral Ecuménica VIH-SIDA

Buenos Aires. Argentina

Diciembre 2012