Domingo 1 de Abril 2007
- CICLO A.B.C.
DOMINGO DE RAMOS

Evangelio : Lucas 22, 14-23:56

Primera lectura: Isaías 50, 4-9a 
Salmo responsorial: Salmo 31, 9-16
Segunda lectura: Filipenses 2, 5-11



EVANGELIO
Lucas 22, 14-23
(trad. Juan Mateos, Nuevo Testamento, Ediciones El Almendro, Córdoba )

14 Cuando llegó la hora, se recostó Jesús a la mesa y los apóstoles con él; 15 y les dijo:

-¡Cuánto he deseado cenar con vosotros esta Pascua antes de mi pasión! 16 Porque os digo que no la comeré más hasta que tenga su cumplimiento en el reino de Dios.

17 Aceptando una copa pronunció una acción de gracias y dijo: -Tomad, repartidla entre vosotros; 18 porque os digo que desde ahora no beberé más del producto de la vid hasta que no llegue el reinado de Dios.  19 Y cogiendo un pan pronunció una acción de gracias, lo partió y se lo dio a ellos diciendo: -Esto es mi cuerpo, [que se entrega por vosotros; haced lo mismo en memoria mía.  20 Después de cenar hizo igual con la copa diciendo:

- Esta copa es la nueva alianza sellada con mi sangre, que se derrama por vosotros.] 21Pero mirad, la mano del que me entrega está a la mesa conmigo. 22 Porque el Hijo del hombre se va, según lo establecido, pero ¡ay del hombre que lo en­trega!

23 Ellos empezaron a preguntarse unos a otros quién podría ser el que iba a hacer aquello.


EXTRAÑA COMUNIDAD.

Este texto del evangelio nos ubica en una doble perspectiva de liberación. Por un lado es el tiempo de la Pascua en la cual, no solo se recuerdo el primer éxodo sino que se actualiza los efectos de ese proceso de liberación. Toda la liturgia, símbolos y gestos tiene el objetivo de hacer que quienes celebran la Pascua se transformen en participes activos y sujetos del proceso de pasar de las muchas esclavitudes y opresiones a un espacio de libertad y justicia.

La otra perspectiva de liberación es la cruz en Jerusalén que se anuncia repetidamente en este texto en palabras y gestos. La cruz es mirada como un nuevo éxodo hacia un espacio de libertad y solidaridad. Es importante mirar el proceso de cruz y resurrección como el nuevo movimiento de liberación que revela la eterna voluntad de Dios. Esa es la hora de Jesús de Nazaret.

Indudablemente hoy salvación se traduce por liberación. Es necesario adaptar nuestro lenguaje y comprensión teológica a las nuevas realidades. Jesús de Nazaret indudablemente llega a este camino por su comportamiento provocativo a los poderosos sociales, religiosos e imperiales. Es difícil seguir pensando para todos nosotros y nosotras en un Dios enojado y vengativo que envía a su Hijo hacia la muerte para sentirse reconciliado. Jesús de Nazaret nos ha mostrado la verdadera naturaleza de un Dios que siempre está dispuesto a la misericordia, al perdón y al amor. La perspectiva jurídica de una muerte que da satisfacción a la ira de Dios es muy difícil de explicar al mundo contemporáneo. En cambio es mucho más comprensible explicar el camino de Jesús de Nazaret hacia la cruz y la resurrección como un acto de coherencia. Una coherencia difícil, peligrosa y plagada de soledades. Al final del camino, en menos de una semana, muy pocos quedaran al lado de aquel que proclama un Dios que ama la justicia, que ofrece perdón incondicional y llama a la plenitud de la libertad. La coherencia de Jesús de Nazaret tiene el doloroso precio de la soledad, y en esto no nos engañemos, porque también nos cuesta vivir hoy y aquí esa libertad y amor que Jesús nos revela de Dios. Este Maestro es demasiado libre y demasiado incluyente y para nosotros y nosotras nos es más fácil establecer límites y barreras al amor ilimitado e incondicional de Dios.

El camino de la cruz es el camino de aquel que se atrevió, por amor, cambiar la Ley de Dios, que nos invita a amar a aquellos y aquellas que no comprendemos plenamente, aún a nuestros enemigos. El camino de la cruz nos lleva a llamar zorras a las autoridades, aún las legítimamente elegidas y hacer el bien en forma indiscriminada y en toda ocasión.

El camino de la cruz de Jesús de Nazaret esta construido por todos aquellos poderosos que sintieron miedo de la radicalidad de su buena noticia. Aquellos y aquellas que ejercieron la demagogia, que buscaron manipular los pueblos, de condicionar la fe de los creyentes y manejarlos a su antojo son los que se sintieron amenazados. No es Dios, que ama como padre y cuidad como madre, la que desea la muerte de su criatura. Dios quiere la vida, no necesita de sacrificios para reconciliarse con su pueblo, necesita justicia, amor, solidaridad.

El camino de la cruz esta construido por aquellos y aquellas que no se atreven a ser libres, que no se atreven a entrar en la fiesta y en la cena que prepara el Padre misericordioso para recibir a todos los hijos e hijas extraviados, es decir a cada uno de nosotros y nosotras. Esos y esas cobardes son responsables de la cruz de Jesús de Nazaret porque le estamos abandonando en la construcción de un Reino donde todos seremos ciudadanos de pleno derecho, y nos hemos de mirar como hermanos y hermanas construyendo un mundo más justo, fraterno y solidario ahora y aquí. El miedo y la prudencia que mostramos con las y  los privilegiados,  y lo fácil que olvidamos al débil. El amor incondicional siempre tiene enemigos y asesinos.

Esta cena es también expresión de una extraña comunidad. Jesús de Nazaret come no solamente con trabajadoras sexuales y políticos corruptos sino que incluye en su comunidad y en su mesa a varios traidores. En esa mesa no solo está sentado Judas el que lo vende sino otros que lo negarán antes de lo que canta un gallo. Uno lo vende por aquello que este sistema considera como lo más importante y aquel lo niega en medio de las tinieblas del sistema que no soporta la equidad.

Aquellas y aquellos que trabajamos con las personas y los grupos vulnerables conocemos muy a quienes no aceptan esa fraternidad de Jesús de Nazaret. Esa mesa es un verdadero escándalo para muchos que se sienten dueños de la mesa, del pan, del vino y de la sal. Hay muchos que traicionan esta mesa inclusiva de Jesús de Nazaret y no están dispuestos y dispuestas a compartir ni el pan ni la sal con traidores, pecadores, descalificados por sus normas, reglamentos y mandamientos.

Jesús de Nazaret coloca está cena bajo la Palabra de Dios y la Palabra no es un libro ni una colección de libros. Esta mesa es lo más antinatural que podemos pensar. Muchas personas diversas, diferentes, con expectativas variadas, que no están unidas por simpatías personales, o proyectos propios. Esta es una mesa extraño y antinatural pero también es un paradigma de un trabajo misionero porque todos los que participan, con sus manchas y arrugas, están llamados a ser apóstoles, es decir misioneros. Esta mesa compartida por tanta diversidad y tantas bienvenidas diferentes es nuestro modelo de acción pastoral con las personas y grupos afectados por el vih y el sida. No hay otro fundamento de nuestra tarea de una inclusividad incondicional que esta mesa de acción de gracias.

Esta mesa hace visible la semilla del Reino cada que se celebra. Aquellas y aquellos que participamos, a pesar de nuestras muchas dispersiones, lo hacemos porque nos une Jesús de Nazaret. Es la gracia de Dios lo que nos permite estar como comunidad congregados y sentados a una misma mesa de perdón y reconciliación, de misión y tarea de renovación: “Es la gracia de Dios la que permite que una comunidad pueda congregarse en este mundo y en forma visible alrededor de la Palabra de Dios y de los sacramentos”[1]

En esa mesa se sientan ahora todas y todos los desterrados, no solo por sistemas sociales, políticos o culturales sino también desterrados porque algunas y algunos nos hemos sentido dueños de esa mesa y con autoridad para decidir quienes se pueden sentar a participar de este modelo de fraternidad. Cuando queremos desterrar a un hermano o hermana estamos usurpando el lugar y la mediación de Cristo. Usurpamos la justicia y la justificación obrada por Dios y pensamos que en nuestra santidad podemos ser jueces de otros y otras: “el cristiano es la persona que ya no busca su felicidad, su salvación, su justicia en sí mismo sino únicamente en Jesucristo”[2] Solamente en esa mediación podemos construir la fraternidad que se puede sentar a la misma mesa.

“Dios ha querido que busquemos y hallemos Su Palabra viva en el testimonio del hermano y de la hermana, en labios de los seres humanos. Es por esto que la y el cristiano necesita del cristiano que le diga la Palabra de Dios. Necesita de él y de ella siempre de nuevo cuando cae en la incertidumbre y la desesperanza; porque no puede ayudarse por su propia fuerza sin despojarse de la verdad. Necesita del hermano y de la hermana como portador y proclamador de la Palabra de salvación divina. Necesita de la hermana y del hermano por la sola causa de Cristo. El Cristo en su propio corazón es más débil que el Cristo en la palabra del hermano y de la hermana; aquel es incierto; éste es cierto. Con ello se revela asimismo la meta de toda comunidad entre cristianos: ellas y ellos van al mutuo encuentro como portadores de la buena nueva”[3]

Solo en Cristo se fundamenta la comunidad cristiana. Nunca en nuestra bondad, pureza, integridad y ortodoxia u ortopraxis. Solo Jesús de Nazaret puede mantener unida esta comunidad de pobres apóstoles y discípulos. Igualmente hoy se repite esta realidad porque solamente poniendo a Jesús como mediador podemos comprender la gracia y la misericordia de Dios al concedernos estas y estos hermanos y hermanas concretas, visibles, y nos los concedes con sus manchas y arrugas al igual que ellos y ellas nos aceptan incondicionalmente con nuestras propias manchas y arrugas. “Sin Cristo no conoceríamos al hermano o la hermana ni podríamos llegarnos a él o ella. El camino está bloqueado por nuestro yo. Cristo ha franqueado el camino que conduce hacia Dios y hacia el hermano y la hermana”.[4] Ese es el camino de la cruz que construye una comunidad incondicionalmente inclusiva y que pone de manifiesto que aquello que nos da unidad no es nuestra voluntad ni nuestras coincidencias sino la voluntad y el amor de Dios tal como lo revela Jesús de Nazaret. “Habiendo recibido el perdón en lugar del juicio, estamos preparados para perdonar a nuestro hermano y hermana[5]. Este perdón lo recibimos en esta extraña mesa de comunión, buenas noticias, misión y reconciliación.

 

Para la revisión de vida

Jesús de Nazaret construye mesas de comunión extrañas con personas extrañas.

  • ¿Es ese el modelo de nuestra comunidad? ¿Nuestras mesas son tan abiertas como esta que encontramos en el camino hacia la cruz? ¿A quién y porque nuestras mesas pueden ser un desafío y un escándalo?

Para la reunión de grupo

  • Debemos preguntarnos en este camino hacia la cruz y la resurrección si nuestra forma de vivir a Jesús esta despojada de su anuncia del Reino. ¿Nuestras mesas y nuestras comunidades revelan esa estrecha relación entre la vida de Jesús y la buena noticia del Reino?

Para la oración de los fieles

  • Contemplando camino hacia la cruz, tu pasión y tu muerte, Jesús, nos sentimos llamados a hacer nuestra tu Causa del Reino, tu esperanza, tu labor de Mesías venido para todas y todos los que tienen esperanza en un mundo diferente. Por eso decimos: Que brille tu rostro sobre tus servidores, libéranos por tu misericordia
  • Observando también tu pasión de liberación y tu muerte que se continúan hoy, en los hombres y mujeres que sufren cualquier situación de injusticia, opresión o exclusión, en las personas que viven con vih o con sida; por ello nos sentimos interpelados a intervenir en esas situaciones, y a consagrar nuestra vida a la tarea de ser y dar esperanza para los demás. Por eso decimos: Que brille tu rostro sobre tus servidores, libéranos por tu misericordia
  • Al entrar en esta semana que nos lleva al camino de la cruz,  nos sentimos unidas y unidos a todos los hombres y mujeres que creen en Cristo, en su proyecto,  esperando y deseando que llegue el día en que, más allá de cualquier frontera de separación y prejuicios, podamos decir todas y todos juntos: Que brille tu rostro sobre tus servidores, libéranos por tu misericordia
  • Al saber por Jesús que el amor es el criterio supremo por el que serán juzgadas todas las naciones, soñamos con que llegue el día en que los hombres y mujeres de todos los Pueblos y de todos los grupos vulnerables al vih y al sida,  invoquemos al "Dios-amor, y le digamos a una sola voz: Que brille tu rostro sobre tus servidores, libéranos por tu misericordia

Oración comunitaria

Oh Misterio infinito, que, de muchas maneras y de una forma constante a lo largo de la Historia, has hecho surgir muchos Mesías para salir al encuentro de las esperanzas de la Humanidad de todos los tiempos, especialmente al encuentro de las esperanzas de los pobres, oprimidos y estigmatizados. Haz que las y los que nos sentimos iluminados por Jesús, admiremos su espíritu mesiánico de servicio y equidad, para que huyendo de toda imposición o arrogancia, y de toda alienación o resignación, pongamos siempre en el centro, por encima de todo, como él, la esperanza de un "cielo nuevo y tierra nueva donde more la Justicia". Te lo queremos expresar con la esperanza misma de todas las personas y pueblos que hoy todavía siguen necesitando y esperando al mesías salvador. Te lo pedimos a ti, que vives y haces vivir, en plenitud, por los siglos de los siglos.

 

Pastor Lisandro Orlov

Pastoral Ecuménica VIH-SIDA

Buenos Aires. Argentina



[1] Diertrich Bonhoeffer. “Vida en Comunidad” Methopress. Buenos Aires.1966. Pág.8

[2] Idem. Pág. 13

[3] Idem. Pág. 13

[4] Idem. Pág. 15

[5] Idem. Pág. 15