17 de abril de 2011
Ciclo A.
Domingo de la Pasión de Nuestro Señor
o Domingo de Ramos
Evangelio: Mateo 27, 11-54

(Leccionario Común Revisado)

Primera Lectura: Isaías 50, 4-9a
Salmo Responsorial : Salmo 31, 9-16
Segunda Lectura: Filipenses 2, 5-11

 

 

EVANGELIO Mt 27,11-54

Traducción: El Libro del Pueblo de Dios. La Biblia. Ediciones Paulinas. Madrid. Buenos Aires. 1990
Pueden encontrar este texto en el sitio: http://www.sobicain.org/shell.asp?p=Biblia

En aquel tiempo, Jesús compareció ante el gobernador, y este le preguntó: “¿Tú eres el rey de los judíos?” El respondió: “Tú lo dices”. Al ser acusado por los sumos sacerdotes y los ancianos, no respondió nada. Pilato le dijo: “¿No oyes todo lo que declaran contra ti?”. Jesús no respondió a ninguna de sus preguntas, y esto dejó muy admirado al gobernador.

En cada Fiesta, el gobernador acostumbraba a poner en libertad a un preso, a elección del pueblo: Había entonces uno famoso, llamado Barrabás. Pilato preguntó al pueblo que estaba reunido: “¿A quién quieren que ponga en libertad, a Barrabás o a Jesús, llamado el Mesías?”. El sabía bien que lo habían entregado por envidia. Mientras estaba sentado en el tribunal, su mujer le mandó decir: “No te mezcles en el asunto de ese justo, porque hoy, por su causa tuve un sueño que me hizo sufrir mucho”.

Mientras tanto, los sumos sacerdotes y los ancianos convencieron a la multitud que pidiera la libertad de Barrabás y la muerte de Jesús. Tomando de nuevo la palabra, el gobernador les preguntó: “¿A cuál de los dos quieren que ponga en libertad?’”. Ellos respondieron: “A Barrabás”. Pilato continuo: “¿Y qué haré con Jesús, llamado el Mesías?”. Todos respondieron: “¡Que sea crucificado!”. El insistió: “¿Qué mal ha hecho?”. Pero ellos gritaban cada vez más fuerte: “¡Que sea crucificado!”.

Al ver que no se llegaba a nada, sino que aumentaba el tumulto, Pilato hizo traer agua y se lavó las manos delante de la multitud, diciendo: “Yo soy inocente de esta sangre. Es asunto de ustedes”. Y todo el pueblo respondió: “Que su sangre caiga sobre nosotros y sobre nuestros hijos”. Entonces Pilato puso en libertad a Barrabás; y a Jesús, después de haberlo hecho azotar, lo entregó para que fuera crucificado.

Los soldados del gobernador llevaron a Jesús al pretorio y reunieron a toda la guardia alrededor de él. Entonces lo desvistieron y le pusieron un manto rojo. Luego tejieron una corona de espinas y la colocaron sobre su cabeza, pusieron una caña en su mano derecha y, doblando la rodilla delante de él, se burlaron, diciendo: “Salud, rey de los judíos”. Y escupiéndolo, le quitaron la caña y con ella le golpeaban la cabeza. Después de haberse burlado de él, le quitaron el manto, le pusieron de nuevo sus vestiduras y lo llevaron a crucificar.

Al salir, se encontraron con un hombre de Cirene, llamado Simón, y lo obligaron a llevar la cruz. Cuando llegaron al lugar llamado Gólgota, que significa “lugar del Cráneo”, le dieron de beber vino con hiel. El lo probó, pero no quiso tomarlo. Después de crucificarlo, los soldados sortearon sus vestiduras y las repartieron; y sentándose allí, se quedaron para custodiarlo. Colocaron sobre su cabeza una inscripción con el motivo de su condena: “Este es Jesús, el rey de los judíos”. Al mismo tiempo, fueron crucificados con él dos ladrones, uno a su derecha y el otro a su izquierda.

Los que pasaban, lo insultaban y, moviendo la cabeza, decían: “Tú, que destruyes el Templo y en tres días lo vuelves a edificar, ¡sálvate a ti mismo, si eres Hijo de Dios, y baja de la cruz! De la misma manera, los sumos sacerdotes, junto con los escribas y los ancianos, se burlaban, diciendo: “¡Ha salvado a otros y no puede salvarse a sí mismo! Es rey de Israel: que baje ahora de la cruz y creeremos en él. Ha confiado en Dios; que él lo libre ahora si lo ama ya que él dijo: “Yo soy Hijo de Dios”. También lo insultaban los ladrones crucificados con él.

Desde el mediodía hasta las tres de la tarde, las tinieblas cubrieron toda la región. Hacia las tres de la tarde, Jesús exclamó en alta voz: “Elí, Elí, lemá sabactani”, que significa: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?”. Algunos de los que se encontraban allí, al oírlo, dijeron: “Está llamando a Elías”. En seguida, uno de ellos corrió a tomar una esponja, la empapó en vinagre y, poniéndola en la punta de una caña, le dio de beber. Pero los otros le decían: “Espera, veamos si Elías viene a salvarlo”, Entonces Jesús, clamando otra vez con voz potente, entrego su espíritu.

Inmediatamente, el velo del Templo se rasgó en dos, de arriba abajo, la tierra tembló, las rocas se partieron y las tumbas se abrieron. Muchos cuerpos de santos que habían muerto resucitaron y, saliendo de las tumbas después que Jesús resucitó, entraron en la Ciudad santa y se aparecieron a mucha gente. El centurión y los hombres que custodiaban a Jesús, al ver el terremoto y todo lo que pasaba, se llenaron de miedo y dijeron: “¡Verdaderamente, este era Hijo de Dios!”.

Aclamemos el Evangelio del Señor.

 

JUICIO POLITICO

Cada palabra y todo el vocabulario, los lugares donde se desarrolla la acción, los que participan en este drama, delatan el sustrato político que subyace en este juicio. Indudablemente al hablar de Cristo, de Rey y de Reino estamos ubicando el proceso de la crucifixión de Jesús de Nazaret en una clara perspectiva política. Siempre y a lo largo de la historia los más importantes movimientos de espiritualidad han tenido un claro y directo impacto en las estructuras tanto políticas como sociales. El cristianismo no es una excepción. La discusión con relación a la participación en política de las comunidades cristianas es totalmente extraña a su naturaleza más profunda. La propuesta de un Mesías, de un Cristo, de un Rey y de un Reino es claramente una propuesta política. Lo que si tenemos que diferenciar claramente política de partidismo. Siempre el Reino será la norma que trasciende a todo sistema, gobierno o imperio en su radical demanda de justicia, transparencia, verdad, solidaridad y equidad. Ningún gobierno, partido, sistema u organización social satisface esa radical demanda de siempre mayores derechos y más efectivo ejercicio de esos derechos en una evangélica perspectiva de inclusividad.

PRIMEA ESCENA: Liderazgo político
En aquel tiempo, Jesús compareció ante el gobernador, y este le preguntó: “¿Tú eres el rey de los judíos?” El respondió: “Tú lo dices”. Al ser acusado por los sumos sacerdotes y los ancianos, no respondió nada. Pilato le dijo: “¿No oyes todo lo que declaran contra ti?”. Jesús no respondió a ninguna de sus preguntas, y esto dejó muy admirado al gobernador.

La pregunta en los labios del gobernador político de la región tiene una clara dimensión política que colocará todas las escenas y diálogos subsiguientes en esa perspectiva. Aquello que le preocupa más a este funcionario político del imperio es defender los privilegios y hegemonía de la organización política a la cual pertenece. Al preguntar si Jesús de Nazaret es el rey de los judíos, su preocupación no es religiosa sino netamente política. La palabra Cristo en los labios de este funcionario administrativo de los privilegios del imperio no tiene el mismo contenido ni significación que tendrá en los labios de los funcionarios religiosos. Ambos son conscientes del peligro que significa anunciar una buena noticia de libertad, de igualdad y de fraternidad incondicional a las y los excluidos y pobres del mundo. De igual forma la palabra justicia, solidaridad, equidad, derechos humanos, no tienen la misma significación cuando se las proclama desde un espacio político y administrativo de la cosa pública que cuando es proclamada desde el compromiso evangélico junto a estigmatizados, marginados y olvidados.

SEGUNDA ESCENA: OPCIONES POLÍTICAS.
En cada Fiesta, el gobernador acostumbraba a poner en libertad a un preso, a elección del pueblo: Había entonces uno famoso, llamado Barrabás. Piloto preguntó al pueblo que estaba reunido: “¿A quién quieren que ponga en libertad, a Barrabás o a Jesús, llamado el Mesías?”. El sabía bien que lo habían entregado por envidia. Mientras estaba sentado en el tribunal, su mujer le mandó decir: “No te mezcles en el asunto de ese justo, porque hoy, por su causa tuve un sueño que me hizo sufrir mucho”.

Mientras tanto, los sumos sacerdotes y los ancianos convencieron a la multitud que pidiera la libertad de Barrabás y la muerte de Jesús. Tomando de nuevo la palabra, el gobernador les preguntó: “¿A cuál de los dos quieren que ponga en libertad?’”. Ellos respondieron: “A Barrabás”. Pilato continuo: “¿Y qué haré con Jesús, llamado el Mesías?”. Todos respondieron: “¡Que sea crucificado!”. El insistió: “¿Qué mal ha hecho?”. Pero ellos gritaban cada vez más fuerte: “¡Que sea crucificado!”.

Al ver que no se llegaba a nada, sino que aumentaba el tumulto, Pilato hizo traer agua y se lavó las manos delante de la multitud, diciendo: “Yo soy inocente de esta sangre. Es asunto de ustedes”. Y todo el pueblo respondió: “Que su sangre caiga sobre nosotros y nosotras y sobre nuestros hijos e hijas”. Entonces Pilato puso en libertad a Barrabás; y a Jesús, después de haberlo hecho azotar, lo entregó para que fuera crucificado.

Al hablar tan claramente y desde un principio del tema de la crucifixión nos estamos colocando en la perspectiva de una preocupación por acciones subversivas que ponen en peligro el sistema de opresión y explotación imperial. La pena de muerte en la cruz fue utilizada por el sistema imperial romano exclusivamente para aquellas personas que el gobierno de Roma consideraba un peligro subversivo a la paz impuesta por sus ejércitos y comerciantes.

Aquí estamos enfrentando dos sistemas subversivos detectados por el poder invasor y también por la población en general. Al realizar la pregunta el funcionario político presenta la opción entre dos metodologías subversivas a ese sistema de exclusión. Barrabas es un modelo y Jesús de Nazaret es otro modelo de subversión a los valores que pretende imponer el poder imperial. Ambas son respuestas a esa opresión política, económica y cultural. Parten de la misma preocupación. La diferencia está en los caminos escogidos y las propuestas de solución. Seguramente Barrabas sigue la metodología del Rey David que pasa por la violenta implantación de espacios de poder, mientras que Jesús de Nazaret escoge el camino de la transformación desde las entrañas. Desde una teología de la gloria el pueblo escoge a Barrabas que ofrece la solución que parece ser la más rápida y que a la vez responde a la violencia con la violencia.

Este no es un debate ni una opción arbitraria entre Barrabas y Jesús de Nazaret. Es una opción que nos ubica radicalmente en dos campos diferentes como respuesta a los sistemas con pretensiones hegemónicas y opresivas. Uno pretende utilizar los mismos métodos del adversario, el otro, desde un respeto profundo por las alteridades, tiene una propuesta que implica en primer lugar la propia conversión y liberación como camino de todas las liberaciones y de todas las conversiones.

En el trabajo en el contexto del vih constatamos permanentemente las mismas opciones. Algunos pretenden producir una inclusividad de las personas con vih sin pasar ellos mismos y sus comunidades de fe por un proceso de conversión y transformación. Otros al hablar de inclusividad de las personas y grupos vulnerables al estigma y la discriminación relacionados con el vih, saben que ese proceso de inclusión incluye su propia conversión y la transformación de aquella comunidad que se hace vulnerable a todas las inclusividades.

Aquello que el sistema llama justo, fraterno, bueno, en realidad es injusto, discriminador y malo. El mártir desenmascara el sistema. Por eso sufre la violencia de él. Sufre por causa de una justicia mayor, por causa de otro orden ("Si vuestra justicia no fuere mayor que la de los fariseos..."). Sufre sin odiar, soporta la cruz sin huir de ella. La carga por amor de la verdad y de los crucificados por quienes arriesgó la seguridad personal y la vida. Así hizo Jesús. Así deberá hacer cada seguidor suyo a lo largo de toda la historia. Sufre como "maldito", pero en verdad es bendito; muere como "abandonado", pero en realidad es acogido por Dios. Así, Dios confunde la sabiduría y la justicia de este mundo.
Leonardo Boff Cómo anunciar hoy la Cruz de nuestro Señor Jesucristo

TERCERA ESCENA: SIMBOLOGÍA POLÍTICA.
Los soldados del gobernador llevaron a Jesús al pretorio y reunieron a toda la guardia alrededor de él. Entonces lo desvistieron y le pusieron un manto rojo. Luego tejieron una corona de espinas y la colocaron sobre su cabeza, pusieron una caña en su mano derecha y, doblando la rodilla delante de él, se burlaron, diciendo: “Salud, rey de los judíos”. Y escupiéndolo, le quitaron la caña y con ella le golpeaban la cabeza. Después de haberse burlado de él, le quitaron el manto, le pusieron de nuevo sus vestiduras y lo llevaron a crucificar.

Existe en todo estas diversas escenas un gran malentendido y dos conceptos sobre el ejercicio del poder político y las estructuras comunitarias. Este tercer fragmento de la escena es revestir a Jesús con los signos del ejercicio de un poder que tiene como modelo a la forma en que ejerció ese poder el Rey David. Este revestimiento simbólico con los signos del poder violento se realiza también en el espacio del poder imperial y sus palabras como sus silencios serán un claro desafío y contrapropuesta a todos los poderes usurpadores.

No hay nada más alejado a esa forma de considerar el ejercicio del poder que el modelo propuesto por Jesús de Nazaret. Sin duda no podemos ni queremos negar su derecho a ejercer esa soberanía pero desde un paradigma que es la negación de la visión tradicional con la cual se esperaba la entronización de una nueva encarnación del Rey David en uno de sus descendientes. Seguramente Barrabás estaba mucho más cerca de ese proyecto del Rey David, fundado en la violencia, la muerte y el desconocimiento de la alteridad. Se despoja a Jesús de Nazaret de sus ropas de campesino y de un liderazgo construido desde los iguales y desde abajo y se lo reviste con un manto rojo que simboliza por un lado el poder imperial ya que es el manto usado por los militares de la fuerza de ocupación, pero también es el manto que anuncia el sacrificio de cruz cuando se quiere construir un poder alternativo. Los soldados de las fuerzas de ocupación piensan en un rey de acuerdo al antiguo régimen jerárquico y violento mientras que Jesús propone una soberanía respetuosa de todas las alteridades, heterogénea, democrática y sin legalizar violencia alguna.

Aún hoy quienes quieren construir un contra poder fundamentado en el respeto de todos los arco iris de la diversidad humana, en la justicia reparadora de todas las inequidades y en las solidaridades que superan todo lo que podemos pensar, también han de recibir como respuesta la burla, la violencia, y el desprecio de quienes viven de los beneficios de la explotación y la violencia de todo género. Toda la parafernalia con la cual se revisten los poderes usurpadores adquiere en y sobre el cuerpo de Jesús de Nazaret toda otra simbología que no podemos ni olvidar ni esconder. Jesús de Nazaret es el nuevo rey, totalmente diferente a los otros héroes construidos sobre la violencia y con justicia le podemos confesar como el anti rey y esa propuesta conduce directamente a la cruz.

Cargar la cruz como Jesús la cargó significa, solidarizarse con aquellos y aquellas que son crucificados en este mundo: quienes sufren violencia, son empobrecidos, deshumanizados, ofendidos en sus derechos. Defenderlos, atacar las prácticas en cuyo nombre son hechos no-personas, asumir la causa de su liberación, sufrir por causa de esto: he ahí lo que es cargar la cruz. La cruz de Jesús y su muerte fueron consecuencia de este compromiso por los desheredados de este mundo.
Leonardo Boff Cómo anunciar hoy la Cruz de nuestro Señor Jesucristo

CUARTA ESCENA: RÓTULOS POLÍTICOS.
Al salir, se encontraron con un hombre de Cirene, llamado Simón, y lo obligaron a llevar la cruz. Cuando llegaron al lugar llamado Gólgota, que significa “lugar del Cráneo”, le dieron de beber vino con hiel. El lo probó, pero no quiso tomarlo. Después de crucificarlo, los soldados sortearon sus vestiduras y las repartieron; y sentándose allí, se quedaron para custodiarlo. Colocaron sobre su cabeza una inscripción con el motivo de su condena: “Este es Jesús, el rey de los judíos”. Al mismo tiempo, fueron crucificados con él dos ladrones, uno a su derecha y el otro a su izquierda

Las crucifixiones siempre se viven en los márgenes de todos los poderes. Fue necesario salir del espacio del poder imperial para ir hacia las afueras de la ciudad y de la sociedad. Simón de Cirene como a muchas y muchos de nosotros no se nos preguntó si queríamos llevar la cruz del compromiso con las personas y grupos que sufren las cruces del estigma y la discriminación relacionadas con el vih. Desde nuestro compromiso con nuestra identidad confesional no nos hemos podido negar a seguir este camino de cruz con la esperanza de alcanzar en ese caminar hacia los márgenes una nueva comprensión de las Escrituras, de la naturaleza de Dios y de la naturaleza de la misma comunidad de fe. Nuestro bautismo mismo nos ha revelado la obligación ética, moral y humana de asumir esta cruz que en un principio pensábamos que les pertenecía a otras y otros. Nos costó como comunidades de fe, al igual que a Simón de Cirene, descubrir que esa cruz nos pertenecía. Solamente al caminar hacia las afuera de todos los sistemas y al llegar a los márgenes hemos logrado discernir que la cruz de Cristo, la cruz de todos los estigmas podía ser también la cruz de todas las liberaciones.

La inscripción colocada sobre la cabeza de Jesús de Nazaret admite diversas lecturas. Desde la perspectiva de los soldados de las fuerzas de ocupación el pensar que esta persona totalmente despojado y en una situación absoluta de vulnerabilidad hablar de que este es el rey de los judíos es un sarcasmo desde el poder opresor. A la vista de los líderes religiosos era una blasfemia porque esperaban también un liberador desde una teología de la gloria y de la prosperidad que la identidad de Jesús de Nazaret contradecía totalmente. Solamente al poder realizar una escucha atenta del Evangelio que nos hace vulnerables a todas las cruces que sobre personas, pueblos y grupos, podemos encontrar nuestros propios pasos que nos llevan a la plenitud de todas las comuniones y donde todas las identidades son llamadas al pleno ejercicio de sus derechos de ciudadanía en este nuevo espacio donde todas y todos encuentra nueva vida.

Muchas representaciones icnográficas muestran al pie de la cruz un cráneo que según la leyenda es el cráneo de Adán. Es decir que al pie de la cruz y mirando a Aquel llega a la radicalidad máxima el despojamiento iniciado en Belén, encontramos nuevamente el Jardín del Edén donde todas y todos recuperamos a través de la cruz la pureza de vida, cuerpo y alma de la primera creación. Ahora todas y todos, en la sola fe, en la sola gracia, del solo Cristo que nos revela la verdadera y única naturaleza de Dios, hemos renacido, somos los verdaderamente nacidos de nuevo en la cruz, en la fe, en la gracia, en Cristo.

En este nuevo espacio del ejercicio de la soberanía del Reino, es extraño y sorprendente que aquellos espacios a la derecha y a la izquierda de Jesús de Nazaret, por los cuales hasta hacía poco se disputaban los discípulos y sus madres, ahora y en ese espacio alternativo a los otros espacios de poder, quienes los ocupan ya no son discípulos sino personajes tan subversivos como el mismo Jesús de Nazaret. Bajo la palabra que nos confunden de ladrones encontramos realmente ladrones de utopías, se proponer caminos en los que solamente se manipulaban los sueños de igualdad a través de rebeliones que instalan nuevas estructuras de opresión. Esos dos referentes de proyectos subversivos ahora políticamente ocupan espacios sorprendentes en la nueva organización del espacio de igualdad. No cualquiera se atrevería a mostrarse tan abiertamente

QUINTA ESCENA: TENTACIONES POLÍTICAS
Los que pasaban, lo insultaban y, moviendo la cabeza, decían: “Tú, que destruyes el Templo y en tres días lo vuelves a edificar, ¡sálvate a ti mismo, si eres Hijo de Dios, y baja de la cruz! De la misma manera, los sumos sacerdotes, junto con los escribas y los ancianos, se burlaban, diciendo: “¡Ha salvado a otros y no puede salvarse a sí mismo! Es rey de Israel: que baje ahora de la cruz y creeremos en él. Ha confiado en Dios; que él lo libre ahora si lo ama ya que él dijo: “Yo soy Hijo de Dios”. También lo insultaban los ladrones crucificados con él.

Quienes pasaban por la escena, testimonios de la amenazada teología de la gloria, repiten casi textualmente las tentaciones que le presentó el enemigo al comienzo del relato evangélico. Es como cerrar un círculo de propuestas desde esa misma teología de la gloria y del espectáculo. Seguramente esta será una de las últimas tentaciones a las que es sometido Jesús de Nazaret, tentación real, nunca ficción. En los labios de los jerarcas religiosos aparece el reproche de su compromiso con los estigmatizados por sus sistemas teológicos. “Ha salvado a otros y otras, a quienes son diferentes a nosotras y nosotras y ahora que es uno de ellos ¿por qué no se salva a sí mismo? Nuevamente la tentación de la salvación personal, individual, casi privada, desprovista de una dimensión comunitaria, cósmica, solidaria.

La gran tentación que se le propone a Jesús de Nazaret es justamente bajar de la cruz, es la gran tentación de tener cruces sin el Cristo crucificado en ellas. Es olvidar y hacer invisible aquello que es verdaderamente escandaloso en Dios: su total, plena, completa vulnerabilidad. Este es el mayor gesto de liberación de todos los realizados por Dios en toda la historia de la liberación. Aquí estamos en el núcleo del escándalo, de la verdadera teología de la cruz. Ahora y aquí Dios mismo en Jesús de Nazaret asume radicalmente todas las vulnerabilidades, todas las debilidades, todos los estigmas. En sus manos, pies y costado quedarán por la eternidad las marcas asumidas, liberadas, superadas de todos los estigmas y todas las discriminaciones. Nuestra tarea de promover estigma cero y discriminación cero en el contexto de la epidemia del vih no nace de una iniciativa de ONUSIDA y otras organizaciones de la sociedad civil, sino que tiene su fundamente primero y principal en la misma cruz de la solidaridad para la justicia y la equidad que asume Jesús de Nazaret.

Este no querer bajarse de la cruz tal como le tientan entonces y ahora muchos teólogos es la culminación de la Encarnación y es una tarea liberadora realizada por la identidad trinitaria de Dios. En esta insistencia de llevar el compromiso de comidas con quienes tenían dudosa reputación para la teología de la cruz es la epifanía del profundo, total, radical y no negociable compromiso con quienes los sistemas políticos, económicos y teológicos consideran descartables y prescindibles.

SEXTA ESCENA: ESCUCHA DEL CLAMOR POLÍTICO
Desde el mediodía hasta las tres de la tarde, las tinieblas cubrieron toda la región. Hacia las tres de la tarde, Jesús exclamó en alta voz: “Elí, Elí, lemá sabactani”, que significa: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?”. Algunos de los que se encontraban allí, al oírlo, dijeron: “Está llamando a Elías”. En seguida, uno de ellos corrió a tomar una esponja, la empapó en vinagre y, poniéndola en la punta de una caña, le dio de beber. Pero los otros le decían: “Espera, veamos si Elías viene a salvarlo”, Entonces Jesús, clamando otra vez con voz potente, entrego su espíritu.

Llegamos aquí al clima de este relato. El grito desesperado, total, pleno, sin concesiones y sin matices nos ubica en la cúspide del proceso iniciado con la Encarnación. Aquel proceso de despojamiento de todo poder para mejor servir, del primer abandono de la condición de divinidad, la encarnación en una persona humana, y no en cualquier persona sino en una de condición totalmente desprovista de derechos: en un esclavo. Y como si eso fuera poco en un esclavo condenado a la muerte de cruz porque seguramente sus aspiraciones de igualdad y de libertad lo llevaron a asumir acciones consideradas subversivas por los que eran y son los dueños del poder. Este clamor total y pleno: Dios mío, Dios mío, ¿Por qué me has abandonado? no es un juego.

Cualquier ensayo de ver en algunas de estas palabras un signo de esperanza será un de quitar la plenitud y el dramatismo de este grito de total compromiso con quienes se encuentran en situaciones semejantes.. Jesús de Nazaret ni quien le ha enviado están jugando. No podemos pensar que es un poquito de abandono como si eso se pudiera pesar y medir ese sentimiento.. Es el clamor del Dios que se ha hecho vulnerable a todos nuestros abandonos, que se une a la situación y sentimiento de todos los seres humanos abandonados a todos los estigmas y a todas las discriminaciones de todos los tiempos y en todos los lugares.

En este radical y total compromiso con nuestras vulnerabilidades es que fundamentamos nuestra esperanza y en ella encontramos la planificación operativa que nos libera de quedarnos paralizados en las crisis y en esa comunión encontramos las fuerzas para implementar acciones que superen la opresión del sentimiento de abandono y poder, junto con todos los abandonados y abandonas la construcción de un mundo, una sociedad y una iglesia donde nadie se sienta nunca jamás abandonado por la justicia, la dignidad y la libertad.

SEPTIMA ESCENA:
Inmediatamente, el velo del Templo se rasgó en dos, de arriba abajo, la tierra tembló, las rocas se partieron y las tumbas se abrieron. Muchos cuerpos de santos que habían muerto resucitaron y, saliendo de las tumbas después que Jesús resucitó, entraron en la Ciudad santa y se aparecieron a mucha gente. El centurión y los hombres que custodiaban a Jesús, al ver el terremoto y todo lo que pasaba, se llenaron de miedo y dijeron: “¡Verdaderamente, este era Hijo de Dios!”.

El velo del Templo ya no es necesario porque en la cruz todas y todos somos constituidos sacerdotes y ya no necesitamos de otra mediación que la de solo Cristo para conocer la naturaleza, voluntad y proyecto de Dios. Ya no hay más velos que nos impidan reconocer el verdadero rostro de Dios. Allí donde hay una persona sometida a proceso de cruz, a juicios diversos, a sentencias de muerte, a marginación y exclusión, sabemos que ese es el rostro de Dios .No necesitamos ya más espacios sagrados porque en Cristo ahora todo espacio y toda persona es sagrada.

El relato de la escena culmina con una confesión de fe inesperada. Nuevamente es una persona teológicamente considerada como impura la que proclama abiertamente aquello que otras y otros no tienen la valentía de anunciar por temores múltiples. Nuevamente la voz de Dios viene desde labios sospechosos. No son los líderes religiosos cegados por una interpretación literal y ritual de las Escrituras quienes proclaman que ¡Verdaderamente este era Hijo de Dios! Tampoco son las y los discípulos. Son los labios de un extraño, extranjero y diferente el que anuncia al mundo una buena noticia.

Para la oración de las y los fieles:
Tú que eres las aguas de nuestro bautismo hechas palabra y acción, concédenos que durante este tiempo y durante estos días vivamos en plenitud un proceso de conversión que aleja de tu comunidad de fe la tentación de revestirse de glorias y luces profanas para despojarse de todo poder para lograr la plena comunión con quienes viven en vulnerabilidad en toda tu creación.

Se hace un breve silencio.

  • Te rogamos que nos permitas tener los mismo pensamientos de Jesús de Nazaret que no tuvo miedo de despojarse de todo signo y elementos de poder, que vivió en plenitud todas las soledades y que permitió que su corazón fuera atravesado por todas las espadas de las burlas, de las discriminaciones y abrazo en su cuerpo, vida y proyecto todos los estigmas y todas las amarguras de los abandonos. ¡Tu amor será mi gozo y mi alegría!
  • Te encomendamos a quienes en medio de nuestra sociedad y de nuestras comunidades de fe ejercen poder para que puedan vivir el compromiso de tu misericordia, tu sentido de justicia, de libertad y de dignidad, de forma tal que toda la creación viva de acuerdo a tu voluntad primera. No te olvides de ellos y ellas y acósales con la luz de tu cruz. Ten piedad de nosotros y nosotras, Señor, porque estamos angustiados.
  • Concédenos la fortaleza de cumplir todas y cada uno de las obras de misericordia: que tengamos presente en nuestras plegarias y acciones a quienes tiene hambre, que nos atrevamos a proclamar libertad a todos los cautivos y privados de libertad, a vestir a los desnudos de dignidad escondidos en los placares de nuestras sociedades, a cuidar en forma integral a todos los enfermos y enfermas, en especial a las personas con vih o con sida. Que brille tu rostro sobre tus servidores y servidoras, sálvanos por tu misericordia
  • A los pies de tu cruz, te rogamos por nosotros y nosotras para que perdones nuestras traiciones, negaciones, olvidos y omisiones. Que esta celebración de Semana Santa sea una oportunidad de cambios y transformaciones que nos permita abrir nuestros ojos, oídos y corazones al grito desesperado de Jesús de Nazaret que nos pide que transformemos todo sentimiento de abandono en espacio de comunión e inclusión. Que brille tu rostro sobre tus servidores y servidoras, sálvanos por tu misericordia


Aquí se pueden ofrecer otras intercesiones.

  • Sostén todas nuestras comuniones y compromisos de solidaridad y justicia para seamos signos de este Nuevo pacto de liberación de todas las esclavitudes a los que nuestras debilidades nos han expuesto y que transformados por tu camino de cruz comencemos a transitar las sendas de liberación de todas las tiranías. Que brille tu rostro sobre tus servidores y servidoras, sálvanos por tu misericordia

Pastor Lisandro Orlov
Pastoral Ecuménica VIH y SIDA
Buenos Aires, Argentina
Abril de 2011