Domingo 8 de Julio de 2007

Ciclo C.

DECIMOCUARTO DOMINGO DE TIEMPO ORDINARIO. PROPIO 9

Evangelio : Lucas 10, 1-12, 17-20

Primera lectura: Isaías 66, 10-14
Salmo responsorial: Salmo 66: 1-8

Segunda lectura: Gálatas 6, [1-6] 7-16

 



EVANGELIO
Lucas 10, 1-12, 17-20
(trad. Juan Mateos, Nuevo Testamento , Ediciones El Almendro, Córdoba)

 

 10 1 Después de esto el Señor designó a otros setenta y los mandó por delante, de dos en dos, a todos los pueblos y lugares adonde pensaba ir él. 2 y les dijo:  -La mies es abundante y los braceros pocos; por eso, rogad al Señor de la mies que mande braceros a su mies. 3 ¡En marcha! Mirad que os envío como corderos entre lobos. 4 No llevéis bolsa ni alforja ni sandalias, y no os pa­réis a saludar por el camino. 5 Cuando entréis en una casa, lo primero saludad: "Paz a esta casa"; 6 si hay allí gente de paz, la paz que les deseáis se posará sobre ellos; si no, vol­verá a vosotros. 7 Quedaos en esa casa, comed y bebed de lo que tengan, que el obrero merece su salario. No andéis cambiando de casa.

8 Si entráis en un pueblo y os reciben bien, comed de lo que os pongan, 9 curad a los enfermos que haya y decidles: "Está cerca de vosotros el reinado de Dios". 10 Cuando entréis en un pueblo y no os reciban, salid a las calles y de­cidles: 11 "Hasta el polvo de este pueblo que se nos ha pegado a los pies nos lo limpiamos, ¡para vosotros! De todos modos, sabed que está cerca el reinado de Dios". 12 Os digo que el día aquel le será más llevadero a Sodoma que a ese pueblo.

13 ¡Ay de ti, Corozain; ay de ti, Betsaida! Porque si en Tiro y en Sidón se hubieran hecho las potentes obras  que en vosotras, hace tiempo que se habrían arrepentido ves­tidas de saco y sentadas en ceniza. 14 Por eso, el juicio le será más llevadero a Tiro y a Sidón que a vosotras. 15 Y tú, Cafarnaún, ¿piensas encumbrarte hasta el cielo? Bajarás al abismo.

16 Quien os escucha a vosotros, me escucha a mí; quien os rechaza a vosotros, me rechaza a mí; y quien me re­chaza a mi, rechaza al que me ha enviado.

17  Los setenta regresaron muy contentos y le dijeron: -Señor, hasta los demonios se nos someten por tu nombre.  18 Él les contestó: -¡Ya veía yo que Satanás caería del cielo como un rayo! 19 Yo os he dado la potestad de pisar serpientes y es­corpiones y todas las fuerzas del enemigo; y nada podrá haceros daño. 20 Sin embargo, no sea vuestra alegría que se os someten los espíritus; sea vuestra alegría que vuestros nombres están escritos en el cielo.

 

 

LOS MUCHOS LOBOS

Jesús de Nazaret realiza este envío desde territorio sospechoso. Samaria era la puerta del mundo pagano, el mundo de los otros y de las otras, el mundo de las y los sospechosos. La epidemia del vih y del sida también nos coloca en ese espacio sospechoso para tantos controladores de ortodoxias. Nuestro diálogo y contacto permanente con los grupos y las personas en situación de vulnerabilidad también nos han hecho sospechosos a muchos bien pensantes y es en ese contexto que escuchamos el mensaje del Evangelio de hoy.

El número de setenta enviados tiene una función simbólica ya que represente, para aquella mentalidad, la totalidad de los pueblos y naciones del mundo entero, tal como se contabilizaba en el libro del Génesis. Nadie queda excluida o excluido de la convocatoria a formar parte del proyecto de Dios. Hoy también, para nosotros y nosotras, en este mundo con vih y con sida, recibimos la misma misión donde ningún grupo ni personas en situación de vulnerabilidad a la epidemia pueden quedar excluidos o excluidos.

Nuestro bautismo, ese primer gesto de exorcismo que la iglesia he realizado en nuestras vidas, gesto de liberación de ideologías y teologías opresivas, nos ha transformado en personas libres para que podamos liberar a otros y otras. Ese es el gran exorcismo al cual estamos llamadas y llamados a proclamar, esa es el núcleo de toda misión evangélica.

Contrariamente a nuestros criterios financieros, económicos y de planificación estratégica, las indicaciones que nos da Jesús de Nazaret se contrapone con todos los criterios de las agencias donantes, del Fondo Global de lucha contra el sida, la tuberculosis y la malaria y de tantos talleres y congresos que nos invitan a planificar por tres años, a tener los recursos necesarios para cumplir las tareas, cuantificar las acciones, y mucho más. Aquí las indicaciones son tan claras, transparentes y simples que no podemos más que admirarnos. Lo más importante de una acción misionera no son los recursos sino el carisma, la conciencia de un llamado a transformar una realidad y el asumir con decisión ese objetivo. De nada valen los recursos, los sueldos, las oficinas y toda la parafernalia de nuestras organizaciones para alcanzar el objetivo liberador de esta misión si no tenemos el espíritu, el carisma, la visión y el compromiso. Aún sin recursos estamos llamados a emprender esta misión que siempre se ha de realizar rodeado de muchos lobos.

Dios nos quiere pobres pero no miserables. Esa simplicidad de vida es una forma de comunión y de compromiso con aquellas y aquellos que viven en los márgenes de este sistema de exclusión. Sabemos que nuestra utopía depende totalmente de Dios y que somos pobres instrumentos en las manos de él. Esta simplicidad y pobreza tiene como objetivo desenmascarar aquellos lobos y lobas que solamente quieren vivir del vih y del sida. En estos momentos que existen tantos recursos destinados a la prevención, asistencia y educación en vih y sida, debemos reconocer que no todas son ovejas. El gran desafío es no sucumbir a la tentación de transformarnos nosotros también en lobos cuyo objetivo no es la transformación de las situaciones de estigma, exclusión y marginación sino de mantener en definitiva el sistema para que nada cambie cuando esta epidemia haya terminado.

El contenido más profundo y genuino de esta misión a todas las personas y los grupos en situación de vulnerabilidad a la epidemia del vih es proclamar, vivir y compartir la gran afirmación: "Está cerca de vosotros el reinado de Dios". Esa es la buena noticia, ese es el evangelio, esa es la misión evangelizadora. Este es el comienzo de una forma totalmente nueva de relacionarnos unos con otros. Basta de ese lenguaje de ello y nosotros, de ellas y nosotras. Siempre me ha llamado la atención en el lenguaje de iglesia cuando se afirma que alguien es del mundo como si los bautizados en Cristo procedemos de otro planeta. El reinado de Dios ya ha comenzado, su proyecto ya está en medio de todos los pueblos, de todas las personas y de todos los grupos vulnerables al vih. Indudablemente esta convicción encontrará oposición en aquellos lobos que quieren sostener el sistema de marginación y exclusión actual, tanto en la sociedad como en la iglesia porque nuestra misión no puede entrar en compromisos que le quiten su radicalidad y novedad.

Esa radicalidad puede producir exclusiones. Muchos hermanos y hermanas que vienen caminando en comunión con las personas y los grupos vulnerables al vih y al sida ya han sufrido signos de falta de hospitalidad. El gran pecado de Sodoma, la falta de hospitalidad a los mensajeros del Reino, aparece nuevamente como un fantasma que persigue a quienes anuncian un Evangelio sin exclusión. Muchas veces nuestra inculturación del evangelio nos ha hecho más parecidos a la sociedad en la que vivimos y sus valores que el llamado a una hospitalidad generosa e inclusiva que nos permita acoger en nuestro medio a los misteriosos y paradójicos mensajeros de Dios. Es muy posible que al acoger a las personas que viven con vih y sida, al acoger a las personas de los grupos en situación de vulnerabilidad a la epidemia estemos acogiendo a mensajeros de ese Dios que siempre camina hacia la cruz de los Jerusalén del poder y las ortodoxias.  Haciendo un juego de palabras, podríamos decir que muchos de los mensajeros de esta utopía sin excluidos que nos llama a construir Jesús de Nazaret hemos sido sodomizados, es decir, nos han cerrado puertas de iglesias y de instituciones por la amplitud y universalidad de nuestra tarea.

La oración es siempre una toma de conciencia de las necesidades de nuestro mundo, de nuestra sociedad y de nuestra vida. Somos invitados a pedir, es decir, a tomar conciencia de nuestra situación precaria y al pedir obreros, estamos comprometiéndonos en esta acción transformadora del Reino. Estamos llamados a liberar a la sociedad y a la iglesia de los muchos demonios que la afligen y que la epidemia del vih han puesto de manifiesto. En el camino emprendido por Jesús de Nazaret hacia la cruz en Jerusalén también nosotras y nosotros estamos llamados a vivir su paradigma, su modelo de vida.

Hoy, en medio de los muchos lobos ideológicos y teológicos, podemos alegrarnos porque sabemos que en la inclusión misionera nuestros nombres han sido inscriptos en el libro de la vida, en el libro del Reino que anunciamos y que queremos vivir despojados de todo signo de poder, dominio y vanagloria. Sabemos que ese Reino se revela a los sencillos y humildes, se revela a los estigmatizados y excluidos y que se vive en su verdadera dimensión cuando podemos comprender el núcleo del evangelio desde esos márgenes. ¡Que fuerte y sorprendente suena anuncia: “Está cerca de vosotros el reinado de Dios" cuando estamos en medio de una reunión de alguna de las muchas redes de personas que viven con vih o sida! ¡Cuánto poder y fuerza tiene anunciar “Está cerca de vosotros el reinado de Dios" cuando nos encontramos en una reunión de una de las agrupaciones que trabajan en la promoción de derechos de las trabajadoras sexuales, antes llamadas prostitutas! ¡Qué dimensión de esperanza y dignidad es anunciar y ser signos de que “Está cerca de vosotros el reinado de Dios" cuando participamos de alguna reunión de las muchas organizaciones que trabajan por los derechos humanos de los hombres que tienen sexo con otros hombres, hasta hace poco llamados homosexuales!

Sabemos que un anuncio sin barreras y sin excluidos que afirme y viva que “Está cerca de vosotros el reinado de Dios" lo debemos hacer en medios de los muchos lobos y endemoniados de nuestro tiempo, pero sabemos que el Espíritu de Dios nos brinda las herramientas de la simplicidad y la fortaleza del carisma de saber que esa es la coherencia de nuestro compromiso bautismal que renovamos cada día y cada vez que nuestro corazón, mente y comunidad da la bienvenida a quienes Jerusalén considera impuros, excluidos y marginados. Salgamos entonces a proclamar esa verdad en los márgenes de las muchas ortodoxias ideológicas y teológicas. Salgamos ya porque la cosecha es mucha y son muchas y muchos los que claman por escuchar ese consuelo, esperanza y desafío: “Está cerca de vosotros el reinado de Dios".

Para la revisión de vida

  • ¿Podría ser yo -un cualquiera como soy- uno de los discípulos comunes que Jesús envió? ¿O considero que sólo los grandes pueden ser «apóstoles»?
  • ¿Tengo capacidad para captar, desde mi pequeñez, «estas cosas del Reino de Dios», que muchas veces los grandes y sabios no captan? ¿Me ayudan mi sencillez y humildad? ¿Estoy feliz de saborear en el corazón esta sabiduría?

 

Para la reunión de grupo

  • ¿Vale este texto para aplicarlo a nuestra situación actual, cuando en realidad, más que hora de cosechar es hora de sembrar?
  • «Los pobres y los ricos están en igualdad de oportunidades ante la salvación de Dios». Discutir esa frase. ¿Es verdad? ¿En qué aspectos sí y en cuáles no? ¿Tiene Dios acepción de personas? ¿Es irrelevante ante Dios ser rico o pobre?
  • ¿Dónde ubicamos los lugares de mayor hospitalidad y aquellos de más significativa falta de hospitalidad para las personas que viven con vih y para los grupos en situación de vulnerabilidad a la epidemia?

 

Para la oración de las y los fieles

  • Coloquemos nuestras peticiones en la mesa eucarística, con la seguridad de que Aquel que nos ama desde el cielo que se quiere hacer tierra las acogerá con ternura y amor.
  • Te pedimos por tu Iglesia, para que sea reveladora de tu voluntad que se quiere hacer próxima y que acoja a las y  los sencillos y humildes como portadores de tu palabra y de tu presencia para el mundo de hoy.
    R/ ¡Aclame al Señor de la Vida toda la tierra!
  • Por todas y todos los aquí reunidos, para que seamos capaces de comunicar el amor de Dios, que ama tan especialmente a los estigmatizados, excluidos y vulnerables a estos sistemas de opresión económica, social, religiosa o cultura, para que nuestras vidas y comunidades sean espacios de acogida incondicional para todas y  todos nuestros hermanos.
    R/ ¡Aclame al Señor de la Vida toda la tierra!
  • Te pedimos que envíes evangelizadores comprometidos con el evangelio, que sepan irradiar con sus vidas el amor que han recibido del Señor.
    R/ ¡Aclame al Señor de la Vida toda la tierra!

Oración comunitaria

            Te pedimos que el mundo cristiano comprenda que los estigmatizados, marginados, pobres y desvalidos son la llamada de Aquel que nos sostiene, purifica y fortalece para exorcizar  a una sociedad insensible frente al sufrimiento de sus hijos e hijas más amados de Dios. R/ Acógenos con tu amor incondicional.

Te rogamos, Creador Bueno que acojas las súplicas que te hemos presentado y nos recibas y consueles a nosotras y nosotros mismos de la misma manera que una madre acoge y consuela a sus pequeños hijos. Por Cristo Nuestro Señor. Amén.

o también:

Emmanuel, Dios con nosotras y nosotras: utiliza nuestras vidas para alcanzar al mundo con tu amor incondicional. Muévenos por tu Espíritu, a ser prójimo de los excluidos, estigmatizados y necesitados, sirviéndoles con corazones dispuestos, te lo pedimos por tu Hijo, Jesucristo, nuestro Señor resucitado.