Domingo 29 de julio de 2007

Ciclo C.
DECIMO SEPTIMO DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO. PROPIO 12


Evangelio :
Lucas 11, 1-13


Primera lectura: Génesis 18, 20-32
Salmo responsorial: Salmo 138


Segunda lectura: Colosenses 2, 6-15 (16-19)



EVANGELIO
Lucas 11, 1-13
(trad. Juan Mateos, Nuevo Testamento , Ediciones El Almendro, Córdoba)

 11 1 Una vez estaba él orando en cierto lugar; al terminar, uno de sus discípulos le pidió: -Señor, enséñanos a orar, como Juan enseñó á sus discípulos.

2  El les dijo: -Cuando oréis, decid: “Padre,  proclámese ese nombre tuyo, llegue tu  reinado;    3 nuestro pan del mañana dánoslo cada día  4 y perdónanos nuestros pecados,  que también nosotros perdonamos a todo deudor nuestro,  y no nos dejes ceder a la tentación".

5Y añadió:  -Suponed que uno de vosotros tiene un amigo, y que llega a mitad de la noche diciendo: "Amigo, préstame tres panes, 6 que un amigo mío ha venido de viaje y no tengo nada que ofrecerle". 7Y que, desde dentro, el otro le res­ponde: "Déjame en paz; la puerta está ya cerrada, los niños y yo estamos acostados: no puedo levantarme a dár­telos". 80s digo que, si no se levanta a dárselos por ser amigo suyo; al menos por su impertinencia se levantará a darle lo que necesita.

9 Por mi parte, os digo yo: Pedid y se os dará, buscad y encontraréis, llamad y os abrirán; 10 porque todo el que pide recibe, el que busca encuentra, y al que llama  le abren.  11¿Quién de vosotros que sea padre, si su hijo le pide pescado, en vez de pescado le va a ofrecer una cule­bra? 12o, si le pide un huevo, ¿le va a ofrecer un alacrán? 13 Pues si vosotros, aun si sois malos, sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos, ¡cuánto más el Padre del cielo dará Espíritu Santo a los que se lo piden!


Señor, enséñanos a orar

Dime cómo oras y te diré quien eres. Es muy posible que el Padrenuestro sea la oración que ha sida más maltratada en la historia del cristianismo. De una propuesta de modelo o paradigma la hemos transformado en un rito sin contenido, de repeticiones inconsistentes y de auxiliar para rellenar vacíos. Los líderes religiosos, que le tienen horror la los silencios utilizan esta oración cada vez que no tienen mucha idea qué hacer o qué decir. Más que uso es un abuso y es una invocación muchas veces vana. De tanto manoseo esta impresionante oración ha perdido el sentido de programa de vida para ser un ritual mágico que ya no moviliza a nadie.

Hoy nos encontramos con la tarea de aprender a orar el Padrenuestro junto y en compañía de las personas y los grupos en situación de vulnerabilidad al vih y al sida. Sin duda, en esta caminar juntos y juntas, cada una de las peticiones de esta plegaria nos revelará nuevos contenidos y nos convocará a nuevas aventuras.

La primera petición nos coloca en un plano de comunidad y de familia. Todos los seres humanos pertenecemos a la misma y única raza pero con muchas étnias. “Padre,  proclámese ese nombre tuyo”. Reconocemos que formamos una única comunidad y que cuando un miembro de esta comunidad sufre estigma y marginación toda la familia humana la sufre. Cuando decimos que el vih y el sida es un problema de todos y todas no nos referimos a las características del virus, su forma de transmisión, o al hecho de ser muchos de nosotros y nosotras vulnerables al virus. Esta epidemia es un problema de todos y todas porque tenemos un mismo Padre y formamos una misma comunión y comunidad. Este es el fundamento de esta afirmación. No es el virus el centro sino nuestro reconocimiento de que en Dios formamos una única y santa comunión humana donde nadie queda excluido o excluida. Este llamado de Jesús nos une y nos permite vernos unos a otros como hermanos y hermanas.

Pero también tenemos que tener cuidado al llamar a Dios Padre. Jesús de Nazaret siempre ha tenido una actitud muy cautelosa frente a las estructuras patriarcales de la familia de aquel y de este tiempo. Es por ello que nos aconseja nunca llamar a nadie padre y su familia son aquellos y aquellas que cumplen la voluntad de Dios. Seguramente muchos de los primeros cristianos que formaban parte de la familia extensa tanto romana como judía, conocían muy bien los poderes opresivos que ejercía el padre de familia, y seguramente no quería esa estructura autoritaria para sus discípulos.

Solamente a través de Jesús de Nazaret podemos llamar a Dios Padre porque nos revela una forma alternativa de paternidad. No es el modelo autoritario y despótico sino el Padre que nos ofrece una sorprendente misericordia que sobrepasa todo lo que podemos comprender. Más que Padre nos revela un amigo que está dispuesto a dar la vida por nosotros y nosotras; un compañero de ruta en la construcción de un Reino de iguales; un camarada de tarea solidaria; un compañero de aventura que nos invita a una vida de abundancia.

Al escuchar las historias de muchas personas que viven con vih sabemos que también han sufrido esas estructuras familiares despóticas, que abandonan o expulsan a los suyos y me he preguntado muchas veces como puede resonar en sus oídos y en sus vidas la palabra padre, la palabra madre, la palabra hermanos…Cuando he conocido a muchos padres y a muchas madres me he explicado muy gráficamente el por qué de muchas conductas, situaciones y angustias.

La nueva comunidad y la familia alternativa a la cual nos convoca Jesús de Nazaret se construye alrededor de un Padre que no abandona, que no estigmatiza y que no expulsa. Es el Padre que nos ama aún antes que nosotros le amemos a él. Siempre nos precede y siempre toma las iniciativas para reconciliarnos, para apoyarnos y sostenernos en toda circunstancia. No hay nada ni nadie que nos pueda apartar de su amor. Esto debe quedar muy claro desde la primera frase de esta y de todas nuestras plegarias.

“…proclámese ese nombre tuyo” Toda oración y toda plegaria es una proclamación de la naturaleza inclusiva del amor del Padre. Ese nombre es siempre presencia de amigo, de padre y de compañero. En este nombre cae todo lo que es mentira y falso para dar lugar a la verdad y la justicia. Nosotros y nosotras somos santificados en este nombre que nos convoca a caminar la segunda milla de la solidaridad. En este nombre ponemos toda nuestra confianza.

“…llegue tu  reinado”  Sabemos que “el Reino de Dios viene en verdad por sí solo”[1] pero nosotros y nosotras afirmamos que queremos ser ciudadanos de ese Reino y participar en su construcción, “de modo que también seamos una parte donde sea santificado su nombre y esté en vigor su reino”[2] Este reinado debe abrirse para que puedan entrar todos los pueblos y todas las personas y este es nuestro mensaje “a fin de que muchos y muchas vengan al reno de gracia y sean participes de la redención conducida por el Espíritu Santo y para que todos nosotros y nosotras quedemos eternamente en un reino que ha comenzado ahora”[3]  Proclamar a las personas que viven con vih o que viven en situación de vulnerabilidad que el Reino de justicia y de inclusión ya ha comenzado ahora y aquí puede tener una fuerza realmente revolucionaria. Esa es nuestra petición con nuestro caminar juntos con todas las personas y los grupos en situación de vulnerabilidad al vih y al sida.

En el Catecismo Mayor de Martín Lutero encontramos al comentar esta petición la siguiente plegaria: “Amado Padre, te pedimos que nos des primero tu palabra para que el evangelio sea predicado rectamente por todo el mundo; segundo, que también se acepte por la fe y actúe y viva en nosotros y nosotras, de manera que tu reino se ejerza entre nosotros por la palabra y el poder  del Espíritu Santo y se destruya el reino del diablo para que no tenga ningún derecho, ni fuerza sobre nosotros y nosotras, hasta que finalmente quede aniquilado del todo, y el pecado, la muerte y el infierno sea extirpado para que vivamos eternamente en perfecta justicia y bienaventuranza”[4] Esta oración nos revela la identidad de quien la realiza. En primer lugar queremos que venga la Palabra, Cristo hecho promesa, para que actúe y viva en nosotros y nosotras. Para que la Palabra nos transforme en signos de esperanza y de vida. Ese Reino que esperamos tiene el poder de destruir el reino de esta epidemia y destruir todas las estructuras de injusticia y de inequidad que hacen a las personas vulnerables al vih y para que finalmente la enfermedad y la muerte sea extirpada y que podamos juntos como hermanos y hermanas vivir en perfecta justicia y felicidad. Esa es la voluntad de Dios, nuestro Padre común, y es la voluntad que en el Espíritu Santo estamos llamados a vivir ahora.

“…nuestro pan del mañana dánoslo cada día”  Esta petición no es solo por el pan sino por todas las necesidades, esta es una petición realmente integral porque no queda nada fuera de su alcance. “Esta petición comprende cuanto corresponde a toda esta vida en el mundo”[5] Cada vez que hoy pedimos por este pan de cada día estamos pidiendo por el acceso universal a los mejores tratamientos, el acceso a los medicamentos antiretrovirales de primera y segunda generación para todos y todas en todas partes del mundo y en todos los países de todos los continentes, y que esto ocurra hoy y no tengamos que esperar a que los gobiernos del mundo cumplan su promesa de hacerlo efectivo para el año 2015. Para muchas y muchos que viven con vih o con sida este pan de cada día, que asegura calidad de vida, se llama antiretroviral. Recordemos esta necesidad cada que oremos esta oración.

En el comentario a esta petición Lutero intercala esta sorprendente constatación: “¡Qué plaga hay ahora en el mundo sólo por la moneda falsa y por el gravamen diario y la usura en el comercio común, en la compra y en el trabajo de aquellos que oprimen a los queridos pobres según su albedrío y le sustraen el pan de dada día![6] Las leyes que rigen hoy el comercio internacional en el mundo y los tratados de libre comercio que los poderosos imponen a los débiles son hoy esa plaga de moneda falsa. La lista de gravámenes de importación y diversos impuestos que encarecen los tratamientos también hoy oprimen a los países pobres y a las personas que necesitan medicamentos que aseguren su calidad de vida. Cuanta opresión también podemos registrar hoy a hacen vulnerables a tantas personas en el mundo y en nuestra comunidad. La industria farmacéutica mundial puede someternos a su albedrío y sustraen los medicamentos a hermanos en países como Honduras, Paraguay, Guatemala, gran parte del África y del Asia. Esas son las plagas de las cuales pedimos ser liberados.

“…y perdónanos nuestros pecados,  que también nosotros perdonamos a todo deudor nuestro”  Cuanta fuerza tiene esta petición en el contexto del trabajo pastoral junto con las personas y los grupos vulnerables al vih o al sida. Ya no tenemos un lenguaje excluyente, ya no hablamos de ellos y nosotros, de ellas y nosotras. Juntos y juntas, en comunión y en comunidad, nos ponemos bajo la mirada del que nos llama a ser hermanos y hermanas pera asumir este compromiso de reconciliación y perdón. Este es el fundamento de nuestra familia humana y de nuestra comunión. La diversidad reconciliada que se une en el mismo y único pedido que posibilita toda inclusión. ¡Cuánto perdón tenemos que pedir aquellos y aquellas que nos hemos sentido dueños de Dios! ¡Que Dios quebrante nuestro orgullo y nos mantenga en la humildad![7] Siempre estamos tentados a pedir que los demás no tengan orgullo y que los otros y otras sean humildes, pero al unirnos en esta petición, que no se puede hacer en soledad, nace una comunidad sin fronteras y sin muros divisorios: “…si alguien quisiera jactarse de su probidad y menospreciar a otros y otras, ha de examinarse a sí mismo y tener presente esta oración”[8]

“… y no nos dejes ceder a la tentación". Siempre existe la tentación de volvernos a los valores del mercado, de ese mundo que se opone al Reino y donde no se cumple la voluntad del Dios del reino, y para ello el Padre del cielo nos dará su Espíritu Santo cada vez que tengamos la tentación de abandonar su Reino.

Pastor Lisandro Orlov
Pastoral Ecuménica VIH-SIDA
Buenos Aires.

 

Para la revisión de vida

  • Nuestra oración está plena de confianza en Dios y su Providencia, o sólo busca sacar algo que deseamos, aún sabiendo que El no querría darnos?
  • Oramos al Padre pidiendo que intervenga en la vida sin respetar la autonomía del mundo y de las libertades?
  • Cuando oramos deseamos que el Espíritu disponga nuestras perspectivas, deseos y capacidades de actuación para que sintonicen con las del Padre?

Para la reunión de grupo

  • Reflexionar como grupo ¿cuáles son las tentaciones que hoy pedimos al Padre que aleje?.

Para la oración de los fieles

Escucha, Padre, el clamor de tus hijos e hijas

por la Iglesia que comparte y te eleva el grito de la humanidad. Oremos.

Para que haya más justicia y paz.

Por los que no tienen el pan de cada día y por las y los que no tienen acceso a los medicamentos antiretrovirales que les asegurarían calidad de vida.

Oración comunitaria

Fuerza creadora, Espíritu de Vida, que a través de tu Hijo nos enseñaste a pedir, buscar y llamar con insistencia, escucha nuestra oración y concédenos la alegría de sabernos escuchados. Por nuestro Señor Jesucristo

Oh Dios, tus oídos siempre están atentos a las oraciones de tus hijos e hijas. Abre nuestros corazones y nuestra mente a ti, a fin de que podamos vivir en armonía con tu voluntad y recibir los dones de tu Espíritu, te lo pedimos por tu Hijo, Jesucristo, nuestro Señor.



[1] Obras de Martín Lutero. Tomo V. Catecismo Menor. Editorial Paidós. Buenos Aires, 1971. Pág.22

[2] Idem. Catecismo Mayor. Pág. 117

[3] Idem.

[4] Idem.

[5] Idem. Pág. 120

[6] Idem. Pág. 122

[7] Idem. Pág. 123

[8] Idem. Pág. 123