Domingo 22 de Julio de 2007

Ciclo C. DECIMOSEXTO DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO. PROPIO 11

Evangelio : Lucas 10, 38-42

Primera lectura: Génesis 18, 1-10a
Salmo responsorial: Salmo 15

Segunda lectura: Colosenses 1, 15-28



EVANGELIO
Lucas 10, 38-42
(Trad. La Biblia. El Libro del Pueblo de Dios. Ediciones Paulinas. Bs.As.1990)

 Mientras iban caminando, Jesús entró en un pueblo, y una mujer que se llamaba Marta lo recibió en su casa.  Tenía una hermana llamada María, que sentada a los pies del Señor, escuchaba su Palabra.  Marta, que estaba muy ocupada con los quehaceres de la casa, dijo a Jesús: "Señor, ¿no te importa que mi hermana me deje sola con todo el trabajo? Dile que me ayude".  Pero el Señor le respondió: "Marta, Marta, te inquietas y te agitas por muchas cosas,  y sin embargo, pocas cosas, o más bien, una sola es necesaria. María eligió la mejor parte, que no le será quitada". El Evangelio del Señor.


UNA SOLA COSA IMPORTANTE

La primera frase de este episodio ya nos ubica en la dimensión teológica desde la cual debemos comprender la escena. “Mientras iba caminando…” hacia Jerusalén y hacia la cruz. En este caminar, con sus encuentros y desencuentros, con las casas amigas y los enfrentamientos con los que tienen el control ideológico de las Escrituras y se sienten dueños de la voluntad de Dios, nos proporciona la clave desde la cual debemos escuchar el relato. En ese caminar Jesús de Nazaret va revelando su identidad y su posición de vida, su perspectiva teológica y el proyecto del Reino. Al revelarnos su identidad también nos va revelando la identidad de su Padre y finalmente en la cruz nos revela nuestra vieja y nueva propia identidad.

En ese camino hacia la cruz iremos también nosotros y nosotras construyendo nuestra reflexión teológica y nuestra identidad confesional. Nuestra teología de la cruz coloca el centro de nuestra atención en el sufrimiento de Dios por gestar una nueva creación. Sufrimiento que se nutre en su plena comunión con el ser humano y que la asume plenamente en la cruz. Esa identidad de cruz que nos revela Dios siempre será un escándalo para los seguidores y seguidoras de la teología de la gloria. Esa cruz es el gran milagro a través del cual Dios se nos revela y esa es la única revelación posible. El momento de mayor humillación de Dios es la mayor y más importante revelación de su gloria. Revelación paradójica porque nos compele a mirar allí donde la teología de la gloria tiene horror de mirar. Esta no es una gloria que siga los modelos que esperamos copiada de poderosos de alfombras y mucho dorado, luces y fuegos artificiales.  No sigue ninguno de nuestros parámetros de gloria. La gloria de Dios se manifiesta en asumir las muchas debilidades y los diversos abandonos de los seres humanos.

Ninguna exclusión, ningún estigma, ninguna marginación es ajena a la presencia de Dios.  Este es el gran anuncio que estamos llamados y llamadas a proclamar en el contexto del vih y del sida

Este caminar de Jesús de Nazaret hacia Jerusalén y la cruz es siempre una realidad que ofende nuestra comprensión de la gloria y pone en tela de juicio todo aquello que consideramos puro, correcto, justo y enjuicia todo sistema de méritos y purezas religiosos. Esta cruz cuestiona aquello que consideramos nuestros propios logros, nuestros méritos, y de todo aquello que consideramos que nos hacen merecedores del amor de Dios porque pensamos que hemos hecho algo digno y correcto. La cruz destruye todo aquello que queremos poner delante de Dios para comprar y negociar su amor y su aceptación. Hacemos nuestra la tesis de Lutero que afirma:  “El amor de Dios no encuentra, sino crea, aquello que le place[1]

Teniendo en mente esta ubicación en la geografía teológica, podemos comprender que este no es el relato de Marta y María sino que el personaje principal sobre el cual todos los focos de atención están puestos es Marta. Este es el relato de Marta. Recordemos que en la escena anterior un experto en las Escrituras ha puesto a Jesús de Nazaret a prueba. Aquí el tema continúa y el relato es muy claro en dos formas de comprender las Escrituras. El encuentro es con una “mujer que se llamaba Marta”, ella es la protagonista y todo lo demás es un comentario a su actitud. Es en su casa que se desarrolla la escena y podemos delirarnos y pensar que en esa casa se reunía la primera comunidad domestica de fe y que Marta presidía esa oración del pueblo de Dios. De hecho la palabra “diaconía” que luego se la comprenderá como el ministerio ordenado, aparecerá en la descripción de las tareas domesticas que esta realizando y que reprocha que su hermana no coopere en su tarea de diaconía o de servicio.

Marta representa en el contexto cristiano a aquellos y aquellas que aún comprenden el mensaje de Jesús de Nazaret desde la Ley. Su presencia produce una preocupación por todo aquello que se impone por tradición para atender a un invitado y la pregunta que hace: “Señor, ¿no te importa que mi hermana me deje sola con todo el trabajo” pone de manifiesto que esa diaconía y ese servicio, se lo hace por cumplir un mandato y no por amor y alegría. Además quiere que todos y todas hagan lo mismo. Una comprensión unilateral y hegemónica de  aquello que se debe hacer tanto por cuestiones de tradición como por imposición de género que coloca a las mujeres en el espacio de las responsabilidades domesticas y no en el plano público del aprendizaje y la educación.

Marta quiere agradar y complacer a Jesús de Nazaret por el camino equivocado. El centro de su preocupación es el activismo por el activismo mismo. Se llega a Dios por aquello que hacemos al cumplir reglas, reglamentos y leyes. Esta escena cuestiona nuestras diaconías como cuestiona la diaconía de Marta que lo vive como una imposición, como un deber y no como una gracia. La pobre Marta ha transformada su diaconía, su servicio, en un nuevo ídolo que ha desplazado a Jesús de Nazaret. Este nuevo ídolo de la acción es la mediación para agradar a Dios y no es ya la escucha de la promesa que nos pone en acción. Esa aceptación en fe de la promesa es condición previa a la gozosa acción de servicio y diaconía.

Marta le atribuye a esa, “su” diaconía que nace de “su” cumplimiento de la Ley, el poder alcanzar aquella sola realidad que es necesaria. Nosotros y nosotras también nos agitamos por muchas cosas y cantidad de actividades que nos llevan de un lado al otro en el cumplimiento de deberes y obligaciones. Queremos ser efectivos por ser efectivos. Nosotros y nosotras también somos esclavos del deber y de la eficacia técnica pero sin espíritu, sin colocar esa acción a los pies de la cruz de Jesús que es el único lugar posible para contemplar los alcances de nuestra acción de servicio. Si nuestros afanes y preocupaciones no nacen de la sangre derramada en la cruz, de las muchas sangres derramadas en esa cruz, en nada nos hemos de diferenciar de las eficaces iniciativas de la sociedad civil. La cruz le agrega a nuestra acción un plus que nada ni nadie le puede otorgar, Desde el pie de la cruz las personas y la historia adquiere otra dimensión y esa dimensión y razón de ser es lo único necesario.  Tengo muy claro que no quiero ser la Cruz Roja sino la cruz de Cristo.

Hoy también muchas personas se comprometen en el acompañamiento de las personas que viven con vih o en la promoción de sus derechos como por obligación. Hay que estar presentes porque hay recursos o porque todo el mundo tiene ahora un programa de prevención o asistencia en vih o sida. Pero esa acción no influye sobre su vida, su pensamiento y su pastoral. Esta acción no entra en diálogo con su identidad confesional, no cuestionas los criterios de inclusividad ni propone un proyecto de sociedad más justa. La acción se agota en la acción misma y pierde su fortaleza de ser una oportunidad para transfigurar las muchas casas de Marta.

María, la hermana de Marta, es el personaje secundario, aún cuando podamos rescatar su empoderamiento para ocupar a los pies de Jesús de Nazaret un lugar de discipulado reservado generalmente a varones. Ese sentarse de Jesús, posición de maestro, y ese colocarse de María a los pies del maestro, espacio reservado para varones, la hace una transgresora de cuestiones de género. Esa trasgresión es alentada sin ser cuestionada por Jesús y nos indica el carácter inclusivo y nada patriarcal de la tradición primera del cristianismo.

Esta situación también nos conduce a pistas para nuestro trabajo en vih. Muchas veces tenemos miedo a las transgresiones a cuestiones de género y de identidades. Estamos dispuestos a realizar acciones como las de Marta, que no cuestiona nada ni nadie pero en el movimiento y en la acción pensamos que estamos haciendo algo y alcanzando metas que, lamentablemente, no son esenciales. No es posible trabajar con las personas y los grupos en situación de vulnerabilidad si no nos atrevemos a ocupar a los pies de Jesús de Nazaret espacios hasta hoy prohibido a personas, identidades y grupos. Si no empoderamos a las personas para que se atrevan a colocarse a los pies de la cruz de Jesús de Nazaret nuestra acción no será ni acción ni diaconía ni ministerio.

María, que representa a otra forma de comprender a Jesús de Nazaret, escogió la mejor parte en contraste con Marta, que representa la forma fundamentalista de comprender la presencia de este huésped. ¿Cuál es esa mejor parte? Es la escucha atenta de las promesas de Jesús de Nazaret. Solamente mirando y contemplando a este Jesús podemos encontrar el Dios paradójicamente escondido en nuestras paradojas.

Todo lo que hace Marta es tan lógico, tan razonable, tan esperable, que frente al proyecto paradójico y trasgresor de Jesús de Nazaret se transforma en locura. La transformación y la construcción de un mundo más solidario y más justo no tiene como centro aquellas cosas que nos inquietan y nos agitan, sino que tienen como centro aquellas situaciones de injusticia y opresión que le preocupan a Dios.

Sabemos que aquellos y aquellas que hemos contemplado a Jesús de Nazaret desde el pie de su cruz hemos contemplado a Dios mismo y que no podemos pedir ver a Dios fuera de aquello que nos revela Jesús de Dios en esa cruz de la coherencia. María eligió esta mejor parte y nosotros y nosotras estamos llamados también a escoger esta mejor parte: la escucha en fe del proyecto del Reino que se hace presente ahora y aquí, en el contexto de la epidemia del vih y sida, y que es el fundamento de nuestra acción pastoral, de nuestra promoción de derechos y dignidades de las personas y los grupos que viven en situación de vulnerabilidad al vih y sida.

El servicio, la diaconía, las muchas tareas, no los hacemos por imposición o por obligación sino que nacen naturalmente cuando nos llenamos del amor incondicional de Jesús de Nazaret. Ese amor produce amor, esa reconciliación produce reconciliación, esa inclusión produce inclusión. En la cruz Dios encuentra a las personas allí donde están: con sus miedos, mezquindades y exclusiones. Es allí que todas las identidades mueren para renacer a una nueva vida, a una nueva identidad de la cual todos y todas participamos, compartimos y desde donde aprendemos ahora a mirarnos en forma transgresoramente evangélica. Todos y todas estamos llamados en el contexto de la epidemia del vih y sida a renacer a esta nueva identidad de hijos e hijas de Dios y de hermanos y hermanas en la cruz de Jesús de Nazaret.

Pastor Lisandro Orlov

Pastoral Ecuménica VIH-SIDA

Buenos Aires. Argentina.  

Para la revisión de vida

  • ¿En el trajín de cada día tenemos tiempo para escuchar atenta y serenamente la Palabra que Dios nos dirige hoy en el contexto de la epidemia del vih y en la vida?
  • ¿Somos críticos ante nuestro propio activismo y afán de eficacia, o están siendo también de alguna manera unos nuevos "absolutos" o “ídolos” en nuestra vida?

Para la reunión de grupo

  ¿Cuál es el sentido, fundamento y objetivo de nuestra acción de educación, prevención y promoción de derechos en el contexto del vih y del sida? ¿Por qué nos aproximamos a las personas y los grupos que viven en situación de vulnerabilidad al vih o al sida?

Para la oración de los fieles

  • Por toda la Iglesia de Dios, para que sea siempre en su diaconía, en su acción pastoral y en su defensa de dignidades un espacio de hospitalidad, acogida y encuentro centrado en la escucha contemplativa de la Palabra y en la puesta en acción de esa escucha, roguemos al Señor...
    Señor, ¿quién se hospedará en tu Carpa? ¿quién habitará en tu santa Montaña?*
  • Para que no sigamos los pasos de Marta ni de María, sino los de Jesús, que vivió en armonía y en síntesis apretada la oración y la acción, roguemos al Señor...
    Señor, ¿quién se hospedará en tu Carpa? ¿Quién habitará en tu santa Montaña?*
  • Por los hombres y mujeres que viven sin encontrar las comunidades que les acojan sin condiciones y que nuestro carisma anime a quienes son oprimidos por inequidades de género a atreverse a desafiar visiblemente esas inequidades, y que todos y todas nos abramos a esa nueva comunidad construida desde los márgenes, roguemos al Señor…
    Señor, ¿quién se hospedará en tu Carpa? ¿Quién habitará en tu santa Montaña?*
  •  Por las muchas comunidades que han redescubierto la oración, para que ella les lleve a un compromiso de servicio y solidaridad, roguemos al Señor...
    Señor, ¿quién se hospedará en tu Carpa? ¿Quién habitará en tu santa Montaña?*
  • Por todos los que viven el servicio y la solidaridad, para que la alimenten con la oración y sepan "contemplar" a Dios en los rostros de los pobres, de los excluidos y excluidas, de las calumniados, de todos y todas que son escándalo para las teologías de la gloria, roguemos al Señor...
    Señor, ¿quién se hospedará en tu Carpa? ¿Quién habitará en tu santa Montaña?*

Oración comunitaria

Oh Dios, fuerza de los débiles, fortaleza de los tímidos y, que en Jesús nos has mostrado "el camino": ayúdanos a encontrar como El la síntesis armoniosa entre la oración y la acción, entre escucharte y obedecerte, en el servirte a ti y servir a los hermanos y hermanas. Te lo pedimos en el bendito nombre de nuestro hermano y amigo, Jesús de Nazaret, tu Cristo.

o también:

Oh Dios, tú ves cuán ocupados y ocupadas estamos en tantas cosas sin sentido. Ayúdanos a estar atentos y atentas a tus enseñanzas y guíanos a escoger lo único que no nos será arrebato, tus promesas reveladas en Jesucristo, tu Hijo, nuestro hermano y Señor.

o también:

Llámanos una vez más, Señor, a ser servidores y   servidoras de tu hospitalidad. 

    Porque tu nos acogiste primero y te hiciste prójimo de nosotros y nosotras

    Concédenos la gracia y la fortaleza para extender tu acogida a todas y todos,

    y concédenos la sabiduría de colocarnos a tus pies, escuchar tu voy una y otra vez,

    y renovarnos en tu presencia.                  

Para que tu Reino venga una vez más y se establezca en medio de todos los pueblos, de todas las personas y de  todos los grupos en situación de vulnerabilidad al vih y al sida. 
    Amén.



[1] Obras de Martín Lutero. “La Disputación de Heidelberg” Tesis 28 pág. 31