Domingo 17 de julio de 2011
Ciclo A. Décimo Sexto Domingo del Tiempo Ordinario
Propio 11

5º Domingo después de Pentecostés
Evangelio: Mateo 13, 24-30, 36-43
(Leccionario Común Revisado)
Primera Lectura: Isaías 44, 6-8
Salmo Responsorial: Salmo 86, 11-17
Segunda Lectura: Romanos 8, 12-25

 

 

EVANGELIO 13, 24-30, 35-43

Traducción: El Libro del Pueblo de Dios. La Biblia. Ediciones Paulinas. Madrid. Buenos Aires. 1990
Pueden encontrar este texto en el sitio: http://www.sobicain.org/shell.asp?p=Biblia

En aquel tiempo Jesús les propuso otra parábola: “El Reino de los Cielos se parece a un hombre que sembró buena semilla en su campo; pero mientras todos dormían vino su enemigo, sembró cizaña en medio del trigo y se fue. Cuando creció el trigo y aparecieron las espigas, también apareció la cizaña. Los peones fueron a ver entonces al propietario y le dijeron: “Señor, ¿no habías sembrado buena semilla en tu campo? ¿Cómo es que ahora hay cizaña en él?” Él les respondió: “Esto lo ha hecho algún enemigo”. Los peones replicaron: “¿Quieres que vayamos a arrancarla?”. “No, les dijo el dueño, porque al arrancar la cizaña, corren el peligro de arrancar también el trigo. Dejen que crezcan juntos hasta la cosecha, y entonces diré a los cosechadores: Arranquen primero la cizaña y átenla en manojos para quemarla, y luego recojan el trigo en mi granero”.

Entonces dejando a la multitud, Jesús regresó a la casa; sus discípulas y discípulos se acercaron y le dijeron: “Explícanos la parábola de la cizaña en el campo”. El les respondió: “El que siembra la buena semilla es el Hijo de la humanidad; el campo es el mundo; la buena semilla son los que pertenecen al Reino; la cizaña son los que pertenecen al Maligno, y el enemigo que la siembra es el demonio; la cosecha es el fin del mundo y los cosechadores son los ángeles. Así como se arranca la cizaña y se la quema en el fuego, de la misma manera sucederá al fin del mundo. El Hijo de la humanidad enviará a sus ángeles, y estos quitarán de su Reino todos los escándalos y a los que hicieron el mal, y los arrojarán en el horno ardiente: allí habrá llanto y rechinar de dientes. Entonces los justos resplandecerán como el sol en el Reino de su Padre. ¡El que tenga oídos que oiga! Aclamemos el Evangelio del Señor.

 

LA CIZAÑA DEL ESTIGMA

Muchas veces un texto adquiere su plena significación si tomamos en consideración elementos que están fuera del texto en si o que son meramente sugerida pero no desarrollada dentro del mismo. El significado de un mensaje o de un relato muchas veces se ilumina cuando sabemos a quiénes estaba destinado o con qué grupos Jesús de Nazaret estaba debatiendo. Algunas veces los evangelistas o la iglesia misma, al cambiar los destinatarios también cambiaron u obscureció el sentido original de frases o relatos.

En esta parábola del trigo y la cizaña tenemos claramente indicados dos grupos destinatarios que han hecho de la exclusión una virtud: la multitud y las y los discípulos del mismo Jesús. Dentro de la multitud podemos a su vez suponer con cierto rigor histórico, que tenemos representantes de tres grupos teológicos e ideológicos, que en cierta manera también se verán reflejados en el grupo de las y los discípulos de Jesús.

En primer lugar podemos suponer que dentro de esa multitud tenemos un grupo que representa a quienes se consideran puros en forma excluyente y separados en su pureza adquirida a través de elaborados procesos rituales y litúrgicos y del cumplimiento estricto de diversos códigos de pureza. Este es el grupo de los religiosos fundamentalistas conocidos como fariseos y que se apegaban a la letra de las Escrituras olvidando el Espíritu que les dio nacimiento. Este es el grupo que no admite disidencias ni una diversidad de interpretaciones posibles. Es el grupo del discurso que pretende ser hegemónico, basada su legitimidad en el número de adherentes y que tiene como objetivo ser homogéneo, expulsando de su grupo a todo sospechoso de una débil adhesión. A partir de esas posiciones fundamentadas en el cumplimiento estricto de códigos de pureza se justifican las diversas exclusiones de personas y grupos.

El segundo grupo que seguramente se encontraba representado dentro de la multitud es el de aquellos fanáticos políticos que tenía una expectativa de la llegada de un Mesías glorioso que les liberaría de todas las opresiones políticas bajo las cuales se encontraba sometida la población que rodeaba a Jesús de Nazaret. Esperaban un Mesías que cambiaría la suerte de la nación, y que les liberaría para poder ahora ellos mismos oprimir y explotar a todos los pueblos del mundo. Simplemente buscaban cambiar de lugar pero no de sistema. Es por ello que tenemos que utilizar con mucho cuidado el título de Hijo de David aplicado a Jesús de Nazaret. Indudablemente, de la misma forma que Jesús es la antítesis de Moisés y que el Evangelio no es la Ley, también es la antítesis de David. Es muy cierto que el ADN de Jesús tiene muchos elementos heredados de la sangre de David pero su forma de presentarse es totalmente diferente. Jesús se coloca en las antípodas de David que como rey guerrero no tenía ningún problema en cortar cabezas, aniquilar poblaciones enteras fundadas en derechos divinos para ocupar ciudades y tierras. Esa metodología de conquista es totalmente desechada por Jesús de Nazaret y de allí su reserva en utilizar esa denominación. Ese fanatismo político revestido de ropaje teológico también fundamentaba una concepción de comunidad donde muchos quedaban excluidos y vulnerables a todas las opresiones.

El tercer grupos que también posiblemente podríamos encontrar en la multitud es la de quienes consideraban que todos los demás se habían corrompido y que hacían necesario hacer visible la ruptura o la negociación con el Templo y con los demás grupos que aún dentro del mismo pueblo consideraban que habían tergiversado la única comprensión posible de las Escrituras y que eran ellos y solamente ellos los que guardaban los verdaderos sábados y las verdaderas leyes. También desde esa hermenéutica fundamentaban la estigmatización de los demás y la marginación propia. Seguramente con alegría dirían que ellos y ellas no eran de este mundo contradiciendo la afirmación de Jesús de Nazaret que cuando proclamo que su Reino no era de este mundo lo hizo justamente en el centro y en el medio de ese mundo al que amaba tanto.

Las y los discípulos de Jesús de Nazaret reflejan en su propia conducta, convicciones y reacciones a todos y cada uno de estos grupos pretendidamente ortodoxos. No están lejos de ellos y ellas en su manera de pensar y actuar y de allí la dificultad que tienen de comprender la teología escandalosa de Jesús de Nazaret y por eso, muchas veces, concuerdan con quienes la considerada una teología blasfema.

La comparación del Reino de los Cielos no es con el hombre sino con la siembra. Tanto el sembrador como la semilla son buenas pero se las siembra en el contexto de un proceso de liberación enfrentado a un enemigo que se escandaliza del proceso de liberación y su consecuente inclusividad. Es el enemigo que actúa a partir de su escándalo a partir del escándalo de la teología de Aquel que será acusado por ese enemigo de ejercer una teología blasfema y que finalmente conducirá esa teología blasfema a la cruz.

Los peones de este propietario, que representan a las y los discípulos de Jesús de Nazaret, son los que con sus preguntas revelan sus dudas sobre el accionar en la implementación del Reino de los cielos. Dudan de la calidad de las semillas y no se explican cómo y porqué el Señor del mundo y del Reino permite la existencia de ese enemigo. Seguramente podemos leer debajo de estas preguntas que dudan que la solo fe en la sola gracia del solo Cristo que nos interpreta las sola escrituras sea proceso de suficiente calidad y eficiencia. Quienes estamos comprometidos en el acompañamiento a las personas y grupos vulnerables al estigma y la discriminación relacionados con el vih conocemos muy bien esos dedos que con tanta rapidez se levantan para señalar a quienes consideran como impuros y no dignos de formar parte de la comunidad del Reino de los Cielos.

Son también esos peones del propietario del campo que quieren ya excluir y marginar. Ese es el proyecto de muchos discípulos y discípulas indudablemente, tanto ayer como hoy. Conocemos muy bien esos silencios que han acompañado las repetidas aventuras de querer quemar, matar o perseguir a quienes consideran como cizaña. Son aquellos que quieren destruir la tensión de vivir bajo las dos miradas que nos revela la afirmación que somos simultáneamente justos y pecadores. A los ojos de Dios su mirada nos contempla como justos y dignos de ser parte activa del Reino de los Cielos, pero lamentablemente esa mirada le pertenece y es propiedad del Señor de todos los campos y de todas las cosechas. A nosotros y nosotras no nos queda más que la mirada desde la Ley y desde todos los códigos de pureza con los cuales nos vemos a nosotras y nosotros mismos como pecadores y mucho más a nuestros pobres contemporáneos y compañeros de ruta. No tenemos esa doble mirada.

Ante la impaciencia de los peones de querer apresurar juicios y fuegos, resalta la paciencia de la gracia del dueño de todos los campos. La paciencia de Aquel que nos llama a todos y todas a ser parte del Reino Celestial y la impaciencia de quienes quieren robarle al dueño la tarea de separar la cizaña del trigo y al no tener su mirada seguramente estaremos arrancando aquellos y aquellas que son contemplados como trigo por el propietario del campo pero que a nuestra mirada impaciente solamente les vemos como cizaña digna de todos los fuegos que tan a menudo prometemos a nuestro torturados contemporáneos. Esa impaciencia seguramente transforma a muchos que estaban llamados a ser el trigo de la paciencia y pan de la locura evangélica en cizaña estigmatizadora.

Si superamos las dudas con relación a la originalidad de la explicación de esta parábola, vemos a Jesús dejando a la multitud y a todos los grupos opuestos a su forma de entender la voluntad de aquel que es el Señor del Reino Celestial, podemos encontrar un buen diccionario de las formas correctas de hablar desde el Evangelio. Jesús de Nazaret se identifica a si mismo con ese título universal que hoy podemos modernizar para hacerlo realmente inclusivo como el Hijo de la Humanidad, el modelo existencial al cual todas y todos estamos llamados a vivir y hacer visible hasta la cruz.

El campo es el mundo y es en el centro de ese mundo en el que estamos llamadas y llamados a sembrar la buena semilla que no nos pertenece y cuya calidad depende, no de nuestras virtudes y proezas, sino de la voluntad de inclusión radical del propietario de todos los campos. Ese proceso es un proceso de liberación de diversas tiranías. La acción del Cristo de Dios no tiene que ver con los pecados sino que en la cruz nos libera de las diversas tiranías, tanto de la muerte y de la ley, para darnos salvación, y esta no tiene que ver con el perdón de los pecados sino con la vida nueva celebrada bajo la mirada santificadora de Aquel que se hace soplo para guiarnos por la verdad hacia toda la libertad. Ese Hijo de la Humanidad es el que ha de enviar sus ángeles para liberarnos del escándalo que aún hoy nos provoca la escandalosa gracia de Dios y que nos llama a librarnos de la tentación de transformarnos por nuestras exclusiones en cizañas teológicas. ¡El que tenga oídos que oiga!

Para la oración de las y los fieles.


Condúcenos, escandaloso Espíritu de toda misericordia, para que junto a todo el pueblo de Aquel que se hace Padre para que todas y todos seamos hermanos y hermanas, podamos vivir plenamente la paciencia de tu Reino.



Se hace un breve silencio.

Te encomendamos entre tus manos de incondicional amor, a todos tus hijos e hijas para que juntos nos puedas mirar como las y los herederos de tu propuesta de un Reino donde todas y todos encuentran su hogar, su familia y su libertad.

Te encomendamos entre tus manos creadoras a todo el universo, a toda la humanidad, a este mundo en el cual vivimos y que gime esperando la liberación. Que tu Espíritu de restauración nos facilite la tarea de reparar el daño que hemos hecho y continuamos haciendo.

Te encomendamos a todas y cada una de las naciones de este mundo tan amado por Ti y tan desprestigiado por quienes tienen la misión de proclamar tu amor por ellos y ellas y a la vez anunciar con claridad que tu Reino no es de este mundo.

Te encomendamos a quienes en medio de tantas crisis provocadas por nuestras cegueras, incompetencia y egoísmo, necesitan tener esperanza, sentir solidaridad, y recuperar las fuerzas para trabajar por el pleno ejercicio de todos los derechos humanos, especialmente a quienes están al borde de perder toda paciencia.


Aquí se pueden incluir otras intercesiones.

Te damos gracias por el testimonio de hermanos y hermanas en Cristo, que al vivir existencias apasionadas por tu encarnación, vida y pasión han intentado de diversas formas establecer espacios de liberación donde tu Reino viene y brilla en medio de todas las tinieblas. Que tu Espíritu de Luz nos haga brilla de tal manera que todas y todos queden admirados de la forma radicalmente inclusiva con la cual nos amamos unos a otros, aún hasta dar la vida por las hermanas y hermanos estigmatizados y marginados.

Entre tus manos, Fuente de toda Vida, nos encomendamos a nosotras y nosotros mismos, y las realidades y personas por las cuales hemos hecho memoria, porque siempre renovamos nuestra confianza en tu sola gracia que recibimos por la sola fe en Cristo la única fuente de verdadera existencia en calidad.

Pastor Lisandro Orlov
Pastoral Ecuménica VIH y SIDA
Buenos Aires, Argentina
Julio 2011