Domingo 15 de Julio de 2007

Ciclo C. DECIMOQUINTO DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO. PROPIO 10

Evangelio : Lucas 10, 25-37

Primera lectura: Deuteronomio 30, 9-14
Salmo responsorial: Salmo 25, 1-9

Segunda lectura: Colosenses 1, 1-14

 

 


EVANGELIO
Lucas 10, 25-37
(trad. Juan Mateos, Nuevo Testamento , Ediciones El Almendro, Córdoba)

 

 25 En esto se levantó un jurista y le preguntó para po­nerlo a prueba: -Maestro, ¿qué tengo que hacer para heredar vida de­finitiva?  26 ÉL le dijo: -¿Qué está escrito en la Ley? ¿Cómo es eso que recitas?  27 Este contestó: -"Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con todas tus fuerzas y con toda tu mente. Y a tu prójimo como a ti mismo".  28 El le dijo: -Bien contestado. Haz eso y tendrás vida.

29 Pero el otro, queriendo justificarse, preguntó a Jesús: -Y ¿quién es mi prójimo?  30 Tomando pie de la pregunta, dijo Jesús: -Un hombre bajaba de Jerusalén a Jericó y lo asalta­ron unos bandidos; lo desnudaron, lo molieron a palos y se marcharon dejándolo medio muerto. 31 Coincidió que bajaba un sacerdote por aquel camino; al verlo, dio un rodeo y pasó de largo. 32 Lo mismo hizo un clérigo que llegó a aquel sitio;- al verlo, dio un rodeo y pasó de largo. 33 Pero un samaritano que iba de viaje llegó adonde estaba el hombre y, al verlo; se conmovió, 34  se acercó a él y le vendó las heridas echándoles aceite y vino; luego lo montó en su propia cabalgadura, lo llevó a una posada y lo cuidó. 35 Al día siguiente sacó dos denarios de plata y, dándoselos al posadero, le dijo: "Cuida de él, y lo que gastes de más te lo daré a la vuelta". 36 ¿Qué te parece? ¿Cuál de estos tres se hizo prójimo del que cayó en manos de los ban­didos?

37 El jurista contestó: -El que tuvo compasión de él.

Jesús le dijo.  -Pues anda, haz tú lo mismo.

 

 

LA VIDA ETERNA EN EL MÁS ACÁ.


El objetivo de toda acción pastoral y de promoción de derechos construida en el contexto del vih y del sida no tiene otro objetivo que hacernos prójimo de las personas afectadas, no solo por el virus, sino por el estigma y la discriminación. Este objetivo de hacernos prójimo de aquellos hermanos y hermanas que en forma violenta, porque todo estigma y discriminación es un ejercicio violento del poder, busca también que nuestras propias comunidades se constituyan en prójimo de personas y grupos en situación de vulnerabilidad al virus, pero en espacial al estigma y la discriminación.

El contexto en el cual se produce este diálogo también nos aporta elementos que nos permiten ubicar nuestra tarea de comunión con las personas que viven con vih y sida. Es necesario recordar una y otra vez que estos pasajes son parte del caminar de Jesús de Nazaret hacia Jerusalén, centro del poder político y religioso. Es importante comprender esta escena a la sombra de la cruz. El protagonista de este diálogo es uno de esos dirigentes religiosos y legales. Su preocupación no es el más acá sino un lejano más allá. Muchas comunidades cristianas hoy también centran su predicación y preocupación en un idílico cielo pero olvidan que estamos llamados que trabajar para que la voluntad del Reino se cumpla en la tierra a semejanza del modelo que tenemos en el cielo. Es nuestra tarea como bautizados y bautizadas hacer de esta tierra y de esta realidad un cielo de justicia y solidaridad. Esta es una oración que conduce cada día, cada mañana, cada atardecer, la acción de la comunidad cristiana. Que la voluntad de Dios de fraternidad, libertad, igualdad y justicia se cumpla en la tierra, en esta tierra, de la misma manera que se cumple en el paradigma de cielo que se nos propone.

Asimismo vemos como Jesús de Nazaret transformará este mismo mandamiento de amar al prójimo como a nosotros mismos, cuando su mandamiento nuevo nos pide que amemos a nuestros hermanos y hermanas como él mismo les amo. En el nuevo mandamiento, que supera este mandamiento de la Ley, el modelo ya no somos nosotros y nosotras, sino que nuestro amor tiene que ser reflejo de la forma en que Jesús nos amó.

La parábola que se nos propone nos muestra un sistema que con violencia coloca a muchas personas al margen de nuestra sociedad y al margen de nuestras iglesias. El preguntarse ¿quién es mi prójimo? solamente esconde la necesidad de justificar limitaciones a ese concepto. Fundamentar el por qué algunos y algunas ya no serán considerados nuestro prójimo. Muchas comunidades cristianas están tan limitadas en su mirar que el concepto de prójimo se puede medir en metros o kilómetros a partir del templo en el cual se reúnen. Aún hoy tenemos la tentación de hacer la misma pregunta para justificar la exclusión de muchos y muchas de este concepto de prójimo y terminar con nuestra mala conciencia y quedarnos en paz con nuestras exclusiones.

Esta escena también nos ubica en dos formas de comprender las Escrituras. La pregunta que formula Jesús de Nazaret nos muestra que tenemos dos vertientes: -¿Qué está escrito en la Ley? ¿Cómo es eso que recitas?  Existe una diferencia en lo que está escrito en la Ley y la forma en que la comprendemos. Sabemos que tenemos dos formas de leer la Ley, una es teniendo a Moisés como guía y otra es tomando a Jesús de Nazaret como intérprete y maestro. Esta parábola trata justamente de eso.

El sacerdote y el clérigo hicieron lo correcto si tomamos a Moisés como guía. Las infinitas leyes dispersas por todo el Antiguo Testamento con relación a conceptos precientíficos y preevangélicos de pureza e impureza, no solo desde la perspectiva de la higiene, sino de la teología y conceptos de moralidad, fundamentan el comportamiento ortodoxamente correcto de ambos representantes del pensamiento religioso de ese momento. Igualmente hoy, en el esfuerzo que hacemos por hacer de nuestras comunidades de fe prójimos de los hermanos y hermanas que viven con vih y sida, permanentemente aparecen estos argumentos de pureza e impureza.

El núcleo del relato está en la frase que muchas veces no le damos suficiente atención. “Un hombre bajaba de Jerusalén a Jericó y lo asalta­ron unos bandidos; lo desnudaron, lo molieron a palos y se marcharon dejándolo medio muerto”. El hecho de que lo hayan dejado medio muerto fundamenta la acción del sacerdote y del clérigo porque para saber si estaba vivo era necesario tocarlo. Allí aparecen las leyes de pureza e impureza que fundamentan esta “rodeo y pasó de largo”  porque una lectura fundamentalista de las Escrituras el tocar sangre o un cadáver transformaba al sacerdote y al clérigo en impuros y por lo tanto les impedía cumplir sus funciones religiosas y entrar en los espacios sagrados. El samaritano, un lector no ortodoxo de las escrituras, se atreve a tocarlo y a correr el riesgo de ser considerado impuro. ¡Que fuerza adquiere este gesto de tocar la hombre dejado por el sistema como medio muerto! Nosotros y nosotras también tenemos que correr ese mismo riesgo con alegría y valentía porque Jesús de Nazaret nos asegura que en ese gesto de santificación, de tocar al impuro, al excluido encontramos nuestra propia santidad. ¡Qué contradicción entre esta propuesta de lectura y acción evangélica con la lectura y acción fundamentalista! El abrazar, tocar, entrar en comunión con el excluido y excluida encontramos nuestra propia santificación, nuestra pureza. Los fundamentalistas temen esa proximidad porque tiene miedo a muchísimas reglas de pureza teológica y ritual que aún subsisten dentro de la comunidad cristiana. El Evangelio y la lectura que hace de las Escrituras Jesús de Nazaret nos lleva por otro camino. El camino de la cruz pasa justamente por el abrazar y cuidar de aquellos y aquellas que el sistema religiosos y social, por diversas leyes y reglamentos, no pueden ver como hermano y hermana, no pueden ver como nuestro prójimo y camino de santificación.

Aquel espacio sagrado que estaba vedado a quien tocara y abrazara a un impuro desde ahora es el espacio de las personas puestas al costado de los caminos de nuestra realidad. Ese diálogo con usuarios de drogas, con trabajadores y trabajadoras sexuales, con personas de orientación homosexual, con toda la diversidad de personas que han sido desnudadas de su dignidad y molidas a palos por nuestras intransigencias y nuestras lecturas fundamentalistas de las Escrituras son desde ahora en adelante el espacio sagrado de nuestra santificación. ¡Qué ironía y que fuerza transformadora!

El Evangelio de hoy nos llama a reconocer la santidad de nuestra relación, dialogo y proximidad con las personas que viven con vih y sida. Nuestra proximidad con todas y todos ellos. Nadie queda excluido o excluida de este gesto de aproximación y comunión, de reconocimiento de su dignidad de persona.

También es una realidad que vivimos a diario quienes caminamos junto a personas y grupos vulnerables al vih. Son los muchas y muchos samaritanos que nos evangelizan y que nos proponen nuevos modelos de hacernos prójimos de quienes son considerados impuros por una limitada lectura de las Escrituras. Es una persona despreciada por su forma de comprender y vivir esas Escrituras quien nos propone un nuevo modelo y un nuevo camino para cumplir la Ley de Cristo. Son ellos y ellas los que nos muestran esos caminos que nos llevan a ser nosotros mismos y nuestras comunidades espacios donde se vive este espíritu de prójimos sin fronteras, sin limites, sin exclusiones.


Para la revisión de vida

  • ¿nos portamos como prójimo ante el ser humano despojado y abandonado?
  • ¿hay en nuestras preocupaciones religiosas espacio para aprender lo que Dios nos manifiesta en la vida cotidiana?
  • ¿somos acaso de los que vamos al culto del templo o al cumplimiento legalista, pero no atendemos en la vida real a los que nos necesitan?
  • ¿nos hacemos prójimos (próximos) de las y los necesitados que nos encontramos en nuestro camino?, 
  • ¿somos capaces de meternos en caminos ajenos para aproximarnos (aprojimarnos) a los que nos necesitan aunque no estén en nuestro camino?

 

Para la reunión de grupo

Las tres actitudes que Jesús compara son la del sacerdote, la del levita y la del samaritano. Pero este "tercer término de la comparación" no era el que lógicamente esperaba el auditorio. Este esperaba que Jesús contrapusiera el comportamiento del sacerdote y del levita con el de "un buen judío misericordioso". ¿Qué lección añade el hecho de que Jesús salte ese término lógicamente esperado y lo sustituya nada menos que por un "samaritano", con lo que entonces éstos significaban?

 

Para la oración de los fieles

  • Para que comprendamos que la ley de Dios no es un capricho voluntarista de Dios, sino que obedece a la dinámica misma de nuestro ser, a la lógica del amor que Dios mismo es, incluso a nuestro interés más profundo, roguemos al Señor...
  • Para que seamos capaces de hacernos prójimos de los muchos hombres y mujeres que hoy yacen despojados y medio muertos en los márgenes del camino, roguemos al Señor...
  • Para que nuestro culto en el templo siempre esté precedido y continuado por el culto del amor y la solidaridad en la calle, roguemos al Señor...
  • Por los "samaritanos" de hoy, aquellos de quienes nadie espera nada bueno pero que en realidad a los ojos de Dios practican el amor solidario, roguemos al Señor...
  • Para que nuestra Iglesia, y nuestra comunidad cristiana, sean una Iglesia "samaritana", a la que no le importe "echar su suerte con los pobres de la tierra", roguemos al Señor...

 

Oración comunitaria

Gracias, Dios Emmanuel, porque no andamos solos por la vida, ni marchamos a la deriva, perdidos en la niebla del aislamiento o la soledad que nos empobrece. Tú eres presencia constante a nuestro lado, presencia palpable y sensible en tu Hijo hecho carne; presencia hoy actual mediante tantos samaritanos y samaritanas de amor comprometido que, siguiendo las huellas de Cristo saben cambiar desinteresadamente el camino de sus vidas para ofrecer sus servicios a los necesitados. Por Cristo nuestro Señor. Amén.

Dios, señor de la iglesia y del mundo, que en Jesús nos has enseñado que el amor y la solidaridad son el culto principal y primero con el que tú quieres ser adorado; ilumina nuestra mirada para descubrir a tantos hombres y mujeres que han sido marginados a la orilla del camino, donde apenas sobreviven, y ensancha nuestro corazón para hacernos solidarios con ellos. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos.

 

(o también:)

 

Dios de misericordia y justicia,

    amamos con todas nuestras fuerzas tu presencia a nuestro lado.

Cuando somos abrazados por el Emmanuel, el Dios que permanece con nosotros y nosotras,

    te rogamos que nosotros y nosotras podamos actuar como prójimos unos de otros.

Te pedimos que tomes nuestros cuerpos para que sean signo de tu presencia y cercanía.

Manifiéstate en nuestra comunión con aquellas y aquellos que están en situación de vulnerabilidad.

Manifiesta la riqueza del Espíritu de Pentecostés donde cada uno te pudo escuchar en su cultura y en su identidad,

    para que tu iglesia sea un signo de inclusión.

Todo esto te lo pedimos para que se haga carne en todos nosotros,

    en el nombre de aquel que nos ama incondicionalmente. Amén

 

Pastor Lisandro Orlov 

Pastoral Ecuménica VIH-SIDA

Buenos Aires. Argentina.