Domingo 31 de mayo de 2009

Ciclo B. Pentecostés

Evangelio: Juan 15, 26-27, 16, 4b-15

(Leccionario Común Revisado)

Primera Lectura:Hechos 2, 1-21 o Ezequiel 37, 1-14

Salmo Responsorial: Salmo 104, 25-35, 37

Segunda Lectura:Romanos 8, 22-27 o Hechos 2, 1.21

 

 

EVANGELIO  Juan 15, 26-27, 16, 4b-15

Traducción: El Libro del Pueblo de Dios. La Biblia. Ediciones Paulinas. Madrid. Buenos Aires. 1990

En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos.   Cuando venga el Paráclito que yo les enviaré desde el Padre, el Espíritu de la Verdad que proviene del Padre, él dará testimonio de mí. Y ustedes también dan testimonio, porque están conmigo desde el principio.

No les dije estas cosas desde el principio, porque yo estaba con ustedes. Ahora me voy al que me envió, y ninguno de ustedes me pregunta: '¿A dónde vas?' Pero al decirles esto, ustedes se han entristecido.  Sin embargo, les digo la verdad: les conviene que yo me vaya, porque si no me voy, el Paráclito no vendrá a ustedes. Pero si me voy, se lo enviaré. Y cuando él venga, probará al mundo dónde está el pecado, dónde está la justicia y cuál es el juicio. El pecado está en no haber creído en mí.  La justicia, en que yo me voy al Padre y ustedes ya no me verán.  Y el juicio, en que el Príncipe de este mundo ya ha sido condenado.  Todavía tengo muchas cosas que decirles, pero ustedes no las pueden comprender ahora.  Cuando venga el Espíritu de la Verdad, él los introducirá en toda la verdad, porque no hablará por sí mismo, sino que dirá lo que ha oído y les anunciará lo que irá sucediendo.  El me glorificará, porque recibirá de lo mío y se lo anunciará a ustedes. Todo lo que es del Padre es mío. Por eso les digo: 'Recibirá de lo mío y se lo anunciará a ustedes'.

El Evangelio del Señor.

 

TESTIMONIOS DE CRUZ

Es siempre un misterio y una sorpresa el que la iglesia haya, con mucha sabiduría escogido este texto del Evangelio para celebrar Pentecostés. Es muy posible que esta elección nos pueda ayudar a prevenir interpretaciones superficiales y evitar transformar la acción del Espíritu Santo en un espectáculo personal o comunitario. Este pasaje de las Escrituras nos ubica en un contexto sorprendente e inesperado que nos permite considerar la acción del Espíritu desde un ángulo no siempre explorado.

Este pasaje forma parte de los discursos de despedida de Jesús de Nazaret. Al despedirse conoce muy bien que en su camino se encuentra la cruz, y que esa cruz es su verdadera gloria confirmada en la resurrección por Aquel que es la fuente de todas las comuniones y todas las inclusividades. Esa cruz que es consecuencias de las mesas compartidas con personas política y teológicamente incorrectas es el horizonte en que miramos la acción del Espíritu Santo.

Esta celebración de la llegada del Espíritu de la Verdad que es enviado y que viene en nuestro auxilio  y ayuda, coloca en el centro el testimonio de esa verdad el testimonio sobre la acción audaz y sorprendente de Jesús de Nazaret y el testimonio al cual cada uno, tanto a nivel personal como comunitario está llamado a asumir. En coherencia con este mensaje de despedida camino hacia la cruz, la terminología griega que subyace detrás de la palabra testimonio es “martirio”. Con la cruz de todas las comuniones y de todas las equidades, como discípulos y discípulas, estamos nosotros también llamados y convocados a asumir un testimonio que tiene en su núcleo fuerte la centralidad del martirio.

La epidemia del vih y del sida nos coloca en esa dimensión de un martirio, que no necesariamente se traduce en muerte física, pero si en la perspectiva de un martirio consecuencia de la búsqueda de una sociedad y una iglesia más inclusiva. El testimonio de Jesús de Nazaret, la continuidad de su lectura sorprendente de las Escrituras, y de su escandalosa acción pastoral, nos desafía a asumir todos los martirios que los sistemas de exclusión han de colocar sobre los hombros de quienes quieren vivir este discípulado. La cruz y el martirio social o comunitario ya no es una novedad para quienes trabajan junto a las personas y grupos en situación de vulnerabilidad al vih o al sida. Aún hoy el simple hecho de querer nombrar con todas las letras y con todas las palabras las identidades de los grupos y personas que viven con vih sigue siendo un problema. Al redactar declaraciones y documentos aún nos encontramos que fuertes resistencias a nombrar esa diversidad de identidades y culturas.  ¡Si encontramos resistencia con las palabras, cuánta más resistencia hemos de encontrar con la inclusividad de personas de carne y hueso, con identidades visibles o disimuladas! El Espíritu de Verdad ha sido enviado para romper esas barreras, para ayudarnos a hablar el lenguaje de todos los grupos y de todas las personas en situación de vulnerabilidad a estigmas y prejuicios.

Este Espíritu de Verdad construye en quienes nos colocamos bajo su acción en comunidades donde las personas ya no tienen la opresiva carga de pretender ser aquello que no son. Indudablemente nosotros y nosotras también tenemos miedo en preguntar “¿A dónde vas Jesús de Nazaret?” porque conocemos muy bien el camino de cruz por el cual nos hace transitar el Espíritu de Verdad. Los sistemas opresivos utilizan la mentira como metodología de comunicación. El querer vivir en comunidades santuarios de todas las verdades significa asumir un testimonio riesgoso. Aún en las comunidades de fe la verdad continúa siendo un riesgo de martirio.

En este pasaje Jesús de Nazaret cierra una etapa en el proceso de la revelación de la voluntad y naturaleza de Aquel que nos hace hermanos y hermanas y nos abre la nueva etapa de la verdad hasta el martirio. Sin lugar a dudas la acción pastoral asumida en el contexto del vih y sida se ha transformado en una llave hermenéutica que nos permite comprender desde otra perspectiva las Escrituras, la naturaleza y la verdad a la cual esta convocada tanto de iglesia como la sociedad y nos permite emprender una aventura de martirio en el testimonio porque ahora se nos revela y se nos dan las claves para descifrar  dónde está el pecado, dónde está la justicia y  cuál es el juicio.

El Espíritu de la Verdad también viene a revelarnos la naturaleza del pecado y que nos lleva a los mismos relatos de todas las génesis. Ese Espíritu nos permite liberarnos de la simplicidad de los sistemas moralizantes para ubicar el pecado en la gran soberbia: “no haber creído en Jesús de Nazaret, el Cristo del Dios del Reino”. Ese es el pecado que debemos poner de manifiesto. Todo lo demás son códigos, reglamentos y mandamientos que se subordinan  a ese pecado que es el origen y génesis de todos los pecados. El tema es tener o no tener fe. Ese es el gran escándalo, y ese es el único escándalo que nos debe preocupar. Todo lo demás es secundario y cambiante.

Nuestra acción pastoral en el contexto del vih y del sida sigue los pasos de indicados por el Espíritu de la Verdad. Es una acción impulsada por Aquel que ha pasado por la cruz y que es invisible a los ojos y sentimientos de las fuerzas que se le oponen pero que se manifiesta a las y los vulnerables de esos sistemas de injusticia y mentiras. Esta pastoral también oculta en sus entrañas a Aquel que nos convoca a un testimonio de cruz pero a la vez pone de manifiesto la presencia junto a las y los vulnerables a las mentiras que hay Uno que camino junto a quienes han puesto toda sus esperanzas y todas sus expectativas en Aquel que nos prometió revelar todas las verdades. Ahora sabemos que la cruz nos pertenece y que esa es la gloria que nuestro testimonio de martirio quiere revelar y compartir en la construcción de una comunidad radicalmente inclusiva, refugio de todas las equidades y fuente de todas las comuniones.

Para la revisión de vida

El Espíritu de la Verdad es prometido en el contexto de una crisis de cruz. Jesús de Nazaret alienta a sus seguidores con la promesa de Aquel que pondría de manifiesto las injusticias y exclusiones de los sistemas que se oponen al Reino. ¿Es nuestra vida y nuestra comunidad un testimonio de martirio que denuncia esos sistemas que desconoce dignidades, vidas y equidades?

Para la oración de las y  los fieles

Transformados y transformadas por el Espíritu de la Verdad, nos atrevemos a interceder por la iglesia, por el mundo y por quienes necesitan ser liberados de sistemas de mentiras y de exclusión.

Se puede tener un breve momento de silencio.

Espíritu de Verdad, testimonio de cruz y resurrección, que construyes cada día una comunidad que sea signo visible de la presencia de la fuente de Unidad y Justicia, para iluminación de las y los vulnerables y juicio de todas las fuerzas que promueven la mentira y el odio. Concédenos el valor de proclamar tu sorprendente gracia a todas las personas y a todos los grupos estigmatizados y marginados. ¡Gloria al Señor para siempre, alégrese el Señor por sus obras!

Espíritu de la Verdad,  todos y todas dependemos de tu testimonio de martirio para tener la valentía de asumir públicamente nuestro testimonio de martirio por la verdad y la justicia. Abre nuestras mentes, corazones y nuestras manos para que podamos ser canales generosos de tus dones. Cantaremos al Señor toda nuestra vida, mientras existamos, celebraremos a nuestro Dios.

Espíritu de la Verdad, confesamos nuestro pecado de no tener suficiente fe y de aún vivir como pueblos y personas divididos por color de piel, nacionalidad, cultura, idioma y credos diversos. Condúcenos por el camino comunitario de la humanidad que trabaja en la búsqueda de la unidad y por una paz en justicia. Que nuestro canto le sea agradable, y nos alegremos en el Señor.

Espíritu de la Verdad, reconocemos nuestra debilidad y nuestra falta de coraje para orar pidiendo nos concedas llevar en coherencia el testimonio de cruz al cual nos invitas. Es por ello que te pedimos que intercedas en nosotros y nosotras y utilices nuestras mentes, corazones y manos para llevar esperanza, salud y alivio a quienes viven en soledad y en sombras de muerte. ¡Gloria al Señor para siempre, alégrese el Señor por sus obras!

Aquí se pueden incluir otras intenciones.

Espíritu de la Verdad, concédenos la paciencia de esperar contra toda esperanza y revela tu presencia en el rostro de quienes miran hacia tu comunidad esperando inclusividad y que las puertas de nuestras vidas se abran ampliamente para dejar entrar el soplo de la diversidad. Concédenos la unidad en comunión con todos tus testigos, confesores, apóstoles, evangelistas y mártires que iluminan nuestro camino hacia el testimonio de cruz. Cantaremos al Señor toda nuestra vida, mientras existamos, celebraremos a nuestro Dios

 

Oración comunitaria

Refugio de toda verdad y fuente de toda revelación, de la misma manera en como enviaste sobre tus discípulos y discípulas el prometido regalo del Espíritu de la Verdad, contempla a tu iglesia y abre nuestras mentes, corazones y vidas al poder transformador de tu Espíritu. Enciende en nosotros y nosotras el fuego del testimonio y fortalece nuestras vidas para que sean espacios de manifestación de tu Reino. Te lo pedimos por Aquel que es tu único testigo fiel, a quien confesamos como nuestro modelo, maestro y hermano, ahora y siempre. Amén.

Pastor Lisandro Orlov
Pastoral Ecuménica VIH-SIDA
Buenos Aires. Argentina
Junio 2009