Domingo 11 de mayo de 2008

Ciclo A.  Día de PENTECOSTÉS
Evangelio: Juan 20, 19-23

(Leccionario Común Revisado)

Primera Lectura: Hechos 2, 1-21

Salmo Responsorial: Salmo 104, 24-34, 35b

Segunda Lectura: 1º Corintios 12, 3b-13

  

 

EVANGELIO Juan 20, 19-23

Traducción: El Libro del Pueblo de Dios. La Biblia. Ediciones Paulinas. Madrid. Buenos Aires. 1990

En aquel tiempo, al atardecer de ese mismo día, el primero de la semana, estando cerradas las puertas del lugar donde se encontraban los discípulos, por temor a los judíos, llegó Jesús y poniéndose en medio de ellos, les dijo: “¡La paz esté con ustedes!”. Mientras decía esto, les mostró sus manos y su costado. Los discípulos se llenaron de alegría cuando vieron al Señor. Jesús les dijo de nuevo: “¡La paz esté con ustedes! Como el Padre me envió a mí, yo también los envío a ustedes”. Al decirles esto, sopló sobre ellos y ellas y añadió: “Reciban el Espíritu Santo. Los pecados serán perdonados a los que ustedes se los perdonen, y serán retenidos a los que ustedes se los retengan”.

El Evangelio del Señor.

 

OUT OF THE CLOSET

Aquellos y aquellas que estamos inmersos en los diversos compromisos y desafíos que nos presenta la epidemia del vih y sida conocemos muy bien esta expresión. Usada muchas veces sin traducir o en sus variantes en idioma castellano tales como: “salir del armario o del ropero”, significa el largo y doloroso proceso por el que pasa una persona de orientación homosexual para asumir su naturaleza con orgullo, dignidad y valor en forma abierta y pública. Esa ruptura de silencios cómplices con diversas hipocresías institucionalizas a nivel de iglesias y a nivel familiar o social, no siempre es fácil y sin consecuencias. Hoy esta expresión se la utiliza también para describir otros procesos por los que pasa una persona para asumir diversas identidades o situación. Muchas de las personas o de los grupos en situación de vulnerabilidad a la epidemia del vih también conocen las dificultades, riesgos y promesas que significa asumir y revelar identidades.

Ese proceso de salir del closet ilumina la comprensión del texto del Evangelio. También la comunidad cristiana conoce lo que es vivir encerrados en el armario por temor a revelar su identidad. Las y los primeros cristianos están encerrados por temor, no al imperio sino a los hermanos y hermanas más cercanos a su fe. No pueden revelar su identidad, su fe, sus convicciones por temor a las reacciones violentas, injuriosas o descalificadotas de aquellos que invocan la bendición del mismo Dios. ¡Qué paradoja! Esta primera situación nos debe abrir a la comprensión de la situación en la cual viven actualmente personas y grupos en situación de vulnerabilidad al estigma y al prejuicio. La memoria que hacemos en este día de aquella situación y de aquellos miedos tiene que permitirnos ser más sensibles a tantas situaciones de negación, de temor y de autoexclusión de personas y grupos. Las y los cristianos hemos vivido esta situación como para que al recordarla podamos liberar de esa opresión a hermanos y hermanas de ayer y de hoy.

La comunidad cristiana siempre se congrega en el tiempo primordial, el tiempo teológico del primer día de la semana, que en su imaginario recuerda y actualiza el día primero de la creación y el de la resurrección. La acción litúrgica de reunirse en ese día y en este tiempo teológico tiene como objetivo que ambos procesos se repitan en aquellos y aquellas que invocan sobre si mismos la fuerza del Espíritu que actuó en ambos acontecimientos. Es el tiempo tanto de los nuevos comienzos como el tiempo futuro de todas las plenitudes. Siempre la comunidad cristiana se reúne en el alfa y omega de todos los tiempos. Mira al pasado de la creación amorosa de Dios para poder encaminarse hacia el tiempo de todas las plenitudes. El que la comunidad cristiana se haga visible en su unidad en día domingo, en el tiempo de Dios, en el tiempo que irrumpe e interrumpe el tiempo secular y monótono, es ya toda una confesión de fe y un ubicar toda nuestra acción cotidiana en esa perspectiva. No es una casualidad ni un capricho el reunirnos el día domingo sino que es una proclamación de nuestras más profundas perspectivas y de nuestra mirada en la espera y en la acción de construir el Reino de los cielos y la tierra nueva. El hecho de que todas las apariciones del Jesús crucificado y resucitado se realicen en domingo es un paradigma y modelo que tratamos de imitar con la esperanza que aquello que ocurrió en aquel tiempo vuelva a repetirse ahora y aquí con nosotros y nosotras.

A todos los grupos y personas que aún permanecen en los muchos closet y en los diversos armarios de la existencia, Jesús, el Cristo del Dios del Reino, se aparece y le proclama la paz. Ese es también nuestro paradigma de acción pastoral. Tenemos que adentrarnos en esos espacios de negación de identidades heridas para anunciar la paz de la plenitud de los tiempos, la paz que queremos construir y alcanzar juntos y juntas.

Esa reconciliación y esa paz que queremos proclamar, promover y vivir siempre se hace a la sombra de la cruz. El anuncio de la paz viene acompañada siempre con las heridas de la cruz, los estigmas en las manos y el costado de Jesús de Nazaret que nos recuerda el precio de todo proceso de comunión que va más allá de las fronteras de lo que las estructuras sociales y los criterios eclesiales consideran como políticamente o teológicamente correcto. Los desafíos a los prejuicios y a externos conceptos de pureza ritual o de comunión van acompañados de heridas diversas. Paz y memoria de estigmas van juntas. Son partes de un único proceso. No puede haber paz si no superamos estigmas y exclusiones. No puede haber paz si no superamos miedos y si no abrimos las puertas de nuestras comunidades, de nuestras mentes y de nuestros corazones.

Esta presencia del Cristo crucificado y resucitado transforma el miedo en alegría. El proceso de salir del closet, de asumir identidades, de abandonar mentiras y ficciones por temor a los que los demás pueden decir, pensar y actuar, es un proceso que conduce a la alegría de los nuevos tiempos. Ese asumirse todos y todas tal como son y tal como son aceptados en Dios que nuevamente anuncia “¡La paz esté con ustedes!”, es también el centro y contenido de toda nuestra acción pastoral de inculturar el evangelio en personas y grupos de la diversidad.

Esa alegría no conduce a una misión. La transparencia y la aceptación incondicional producen cambios de ánimo y de acción. Se nos envía a realizar exactamente la misma misión que recibió Jesús de Nazaret, el Cristo del Reino: anunciar paz y perdón. Esos son los elementos que transforman la realidad y hacen que el futuro de la renovación de la sociedad y de la iglesia se haga visible ahora y aquí. El futuro de la plenitud a la cual nos llama Dios se hace presente en la acción de aquellos y aquellas que han sido bautizados en la vida, la muerte y la resurrección del Cristo de Dios.

El Espíritu de la nueva creación que sopla sobre la comunidad cristiana, es el Espíritu de la unidad y es muy distinto a un espíritu de uniformidad. Todos y todas, sin renunciar a su propia cultura y a su propio idioma, escucha en la diversidad el mismo mensaje de paz. Esa es nuestra tarea: que personas y grupos en su cultura y en su identidad puedan escuchar en su contexto el anuncio de paz.

Nuestra misión como comunidad cristiana solo se puede comprender en toda su dimensión si la contemplamos desde la cruz y resurrección de Jesús de Nazaret. De la misma manera que Él vino a reconciliar al mundo con Dios, nosotros no tenemos otra tarea que anunciar esa reconciliación buscada, iniciada y querida por la fuente de toda unidad en la diversidad.

La palabra que se utiliza para perdonar es literalmente desatar, dejar pasar. La que se utiliza para retener sería semejante a la que utilizamos cuando nuestra computadora se paraliza: nos quedamos tildados en los pecados y errores de los otros y otras. Esa no es nuestra tarea. No nos podemos quedar tildados, paralizados, bloqueados en las faltas y pecados de las otras y otros. No es la misión de Jesús, ni el proyecto de Dios. El perdón significa el poner un punto final. El retener es una acción que se continúa en el tiempo y nunca tiene un cierre. Queda claro que nuestra función es continuar la acción de Jesús que tiene como centro el perdón.

Estamos llamados por el Espíritu a formar ya una nueva creación. Ese soplo nos transforma a todos y todas en la fe, en nuevas criaturas y en una nueva familia. El soplo del Espíritu nos hace una familia alternativa a todos los otros proyectos de familias. Ya no es la sangre ni la etnia la que nos da unidad, sino el Espíritu de la nueva creación que nos permite proclamar la paz a todas las personas y a todos los grupos del mundo entero, sin condiciones, sin exclusiones, sin temores y sin miedos. Todas y todos son llamados a formar parte de esta nueva familia y de esta nueva creación alrededor de aquel que mostrando las heridos y los estigmas en sus manos y en su costado anuncia y construye la paz.

Para la revisión de vida

  • ¿Cuáles son los caminos y las formas en que se hacen visibles en nuestras vidas y en nuestras comunidades el milagro de hablar en lenguas de forma tal que personas y grupos en situación de vulnerabilidad al vih y al sida nos puedan comprender en su idioma y en sus diversos estilos de vida? ¿Cuándo nos aproximamos a estas personas y grupos recordamos la situación de opresión de tener que vivir encerrados por temor a revelar nuestra identidad?

 

Para la reunión de grupo

  • Analizar los signos visibles del Espíritu que revelan la voluntad de nuestra comunidad y de nuestro grupo de irrumpir en los espacios cerrados por temor a nuestros propios prejuicios para anunciar paz y pedir y ofrecer perdón.
  • ¿Cuáles son aún las puertas de nuestras vidas, tanto a nivel personal como comunitario que necesitan ser atravesadas por Jesús, el Cristo de Dios?

 

Para la oración de las y  los fieles

Con la alegría de vivir en los tiempos y en los espacios de aquella comunión primera que nos creó la resurrección de Jesús, el Cristo de Dios, oremos por nuestras iglesias, por el mundo entero y por toda la creación de Dios.

Se hace un breve silencio.

  • Santa llama del Espíritu de la unidad que preserva la diversidad de la creación y de la humanidad, envía ese mismo Espíritu con el cual enviaste a tu Hijo, para que podamos continuar su tarea y ministerio de proclamar la paz y el perdón. Concédenos la fortaleza de anunciar una buena noticia de puertas que se abren y corazones que se alegran porque Cristo vive en nosotros y nosotras.
    Dios de toda vida y de toda diversidad, escucha nuestra oración.


  • Santa llama de la paz que construye todas las alegrías, envíanos con tu misma misión para ser instrumentos de toda paz. Que todos los pueblos, todas las étnias, todas las personas y grupos en situación de vulnerabilidad a todos los miedos, puedan abrirse para escuchar tus palabras de paz y liberarse de las mentiras y las heridas que la opresión y los estigmas les han producido, para que juntas y juntos podamos descubrir tu presencia en medio de todos nosotros y nosotras.
    Dios de toda vida y de toda diversidad, escucha nuestra oración.


  • Santa llama del Espíritu de comunión, concédenos el poder alegrarnos con la diversidad de dones que le concedes a todos los seres humanos. Que siempre podamos reconocer y valorar esos dones y esas identidades multicolores que revelan tu imagen y tu semejanza, para que en unidad podamos transformar nuestra realidad y nuestras vidas. Con la alegría de vivir en los tiempos y en los espacios de comunión primera que nos crea la resurrección de Jesús, el Cristo de Dios, oremos por nuestras iglesias, por el mundo entero y por toda la creación de Dios.
    Dios de toda vida y de toda diversidad, escucha nuestra oración.


  • Santa llama de la Trinidad, unidad en la diversidad de personas y de identidades, que el recuerdo de nuestros comienzos como comunidad cristiana, nos permita abrirnos en forma incondicional a todas y todos aquellos que aún esperan en temor y exclusión escuchar que tú nos envías a anunciar la paz y el perdón. Con la alegría de vivir en los tiempos y en los espacios de comunión primera que nos crea la resurrección de Jesús, el Cristo de Dios, oremos por nuestras iglesias, por el mundo entero y por toda la creación de Dios. Dios de toda vida y de toda diversidad, escucha nuestra oración.

Oración comunitaria

Espíritu de la nueva creación y de la nueva esperanza, envía tu fuerza y fortaleza sobre tu pueblo fiel para que podamos mirar el futuro con confianza, sabiendo que tu paz tiene que crecer y hacerse visible entre todos los seres humanos y en toda la creación. Que tu paz sea la fuente de nuestra alegría, que la paz sea la herramienta de nuestro gozo, te lo pedimos por el mismo Jesucristo, tu Hijo, nuestro hermano y compañero, que vive y nos guía contigo y con el Espíritu de unidad y diversidad, ahora y siempre. Amén

 

Pastor Lisandro Orlov

Pastoral Ecuménica VIH-SIDA

Buenos Aires. Argentina