24 de abril de 2011
LA RESURRECCIÓN DE NUESTRO SEÑOR
Evangelio: Mateo 28, 1-10 (Alternativo Juan 20, 1-8)

(Leccionario Común Revisado)

Primera Lectura: Hechos 10, 34-43 (Alternativa: Jeremías 31,1-6
Salmo Responsorial : Salmo 118, 1-2, 14-24
Segunda Lectura: Colosenses 3, 1-4 (o Hechos 10, 34-43)

 

 

EVANGELIO Mt 28,1-10

Traducción: El Libro del Pueblo de Dios. La Biblia. Ediciones Paulinas. Madrid. Buenos Aires. 1990
Pueden encontrar este texto en el sitio: http://www.sobicain.org/shell.asp?p=Biblia

Pasado el sábado, al amanecer del primer día de la semana, María Magdalena y la otra María fueron a visitar el sepulcro. De pronto, se produjo un gran temblor de tierra: el Ángel del Señor bajó del cielo, hizo rodar la piedra del sepulcro y se sentó sobre ella. Su aspecto era como el de un relámpago y sus vestiduras eran blancas como la nieve. Al verlo, los guardias temblaron de espanto y quedaron como muertos. El Ángel dijo a las mujeres: "No teman, yo sé que ustedes buscan a Jesús, el Crucificado. No está aquí, porque ha resucitado como lo había dicho. Vengan a ver el lugar donde estaba, y vayan en seguida a decir a sus discípulos: 'Ha resucitado de entre los muertos, e irá antes que ustedes a Galilea: allí lo verán'. Esto es lo que tenía que decirles". Las mujeres, atemorizadas pero llenas de alegría, se alejaron rápidamente del sepulcro y fueron a dar la noticia a los discípulos.

De pronto, Jesús salió a su encuentro y las saludó, diciendo: "Alégrense". Ellas se acercaron y, abrazándole los pies, se postraron delante de él. Y Jesús les dijo: "No teman; avisen a mis hermanos que vayan a Galilea, y allí me verán".

Aclamemos el Evangelio del Señor.

 

LA CRUZ EN LA RESURRECCIÓN

Este relato de la resurrección tiene una clara intención teológica y no es un documento histórico. Todo intento de aplicar a un texto teológico la disciplina de las ciencias históricas está destinado a lograr resultados pobres y dudosos. Este testimonio teológico tiene como objetivo reafirmar, no directamente a la cruz, sino a todas las escandalosas transgresiones que llevaron a Jesús de Nazaret por el camino de la cruz. Es una confirmación de la subordinación de los rituales a la promoción de derechos de los seres humanos y de la creación. Es la confirmación que esas transgresiones de los muchos sábados construidos por piadosos lectores de las Escrituras no se pueden sostener frente al amor desafiante que incluye a toda la diversidad de personas, grupos y pueblos. La resurrección sin ese núcleo que tiene que ver con las razones que llevaron a Jesús de Nazaret a la cruz corre el peligro de transformarse en un acto mágico o un despliegue obsceno de poder. Todo ello muy alejado de la intencionalidad de Aquel que se ha hecho vulnerable a todas nuestras vulnerabilidades como el camino de comunión y de inclusión realmente escandalosa.

Cada elemento de este relato tenemos y podemos relacionarlo con las causas que llevaron a Jesús de Nazaret a la cruz. No es una apoteosis ni una propuesta de adoración de la cruz. Nada más alejado del pensamiento del evangelista. Es una apoteosis y una celebración de las transgresiones a las leyes rituales, leyes de pureza, prejuicios raciones, de clases, de identidades sexuales que son celebradas en este relato afirmando que esas transgresiones se las debe vivir en este plano de eternidad, porque son esas transgresiones que aún continúan siendo escandalosas las que garantizan calidad de vida a toda la creación, a todas las personas y a todos los grupos. En el contexto de la epidemia del vih y en todo contexto esa es la buena noticia que estamos comprometidos a anunciar y a vivir.

Esta escena, y como corresponde se ubica en el tiempo teológico que está más allá de cualquier sábado. Es una vez más la trasgresión de aquel día que muchos los habían considerado con una sacralidad que impedía realmente las comuniones, las reconciliaciones y las promociones de derechos. Esta resurrección no podía ocurrir en ese espacio considera en forma mágica y ritual como sagrado sino en aquel tiempo que todo el mundo considera cotidiano, desprovisto de todo amago de sacralidad. Por ello es importante hacer clara distinción entre los antiguos sábados rituales y nuestros domingos. El domingo, si bien es el día en que se celebra la cena del Señor, es un día laborable, es un tiempo común y silvestre. Es en esa realidad de todos los días que no tiene mayores pretensiones cuando Aquel que es el Alfa y Omega de todos los tiempos, con mucha coherencia, quiere ser encontrado, celebrado y puesto en práctica.

Nuevamente son las mujeres, consideradas en aquel tiempo y aún hoy por algunos, como la parte desprovista de prestigio, la que se atreve a desafiar miedos y prejuicios. Durante la epidemia del vih también hemos visto siempre la valentía de las mujeres, que como madres, hermanas, amigas y compañeras han desafiado miedos prejuicios y estigmas. María Magdalena y la otra María representan una vez más la parte humillada por sistemas teológicos y de poder, escogida por Aquel que se hace inclusividad. A pesar que ellas continúan pensando bajo las reglas del antiguo sistema y buscan un sepulcro y un cadáver, el Ángel de la Encarnación les muestra que desde ahora en adelante los sepulcros que hemos construido con nuestros temores, los closet y armarios de los estigmas y las discriminaciones, desde ahora en adelante deben permanecer vacíos. No hay en el relato ningún dato sobre cómo ocurrió la resurrección pero si una revelación del sepulcro vacío. Allí donde nosotros y nosotras buscamos lo que debería estar muerto, el Ángel del Señor nos muestra la vida.

Las vestimentas de este mensajero son tan blancas como las ropas de la Transfiguración de Cristo. Solamente quienes han pasado por el proceso de la Transfiguración del bautismo, por medio de la sola fe en la sola gracia del solo Cristo, al contemplar esa presencia no tienen miedo sino que sus vidas y corazones se llenan de expectativas y de alegría. Quienes, a semejanza de los guardias de todas las tumbas en que los sistemas de opresión y exclusión encierran a personas y grupos, tienen miedo porque las transgresiones de Jesús de Nazaret han puesto fin a esos sistemas de pensamiento y de acción. La exclusión ya no puede ser una opción cristiana.

El mensaje de no temer está claramente dirigidos a quienes fundamentan su vida en la sola fe en la sola gracia del solo Cristo. Solamente cuando contemplamos a Jesús de Nazaret, su camino que lleva a la cruz y la cruz misma a través de estos anteojos especiales podemos superar todos nuestros miedos a lo que otras y otros dirán, y asumir el paradigma de las transgresiones a rituales, espacios y tiempos sagrados y conceptos excluyentes de pureza para construir una sociedad y una iglesia radicalmente inclusiva. Esta es una buena noticia.

Nosotros y nosotras buscamos realmente a Jesús, el Crucificado, pero tenemos que tener claridad dónde y junto a quienes le buscamos. Algunos pueden celebrar la resurrección de Cristo pero con una metodología de muerte y de exclusión. En su anuncio que proclama que verdaderamente ha resucitado siempre quedan algunos y algunas que no son incluidos o incluidas. Es por ello que si queremos realmente ver a Aquel que considerábamos muerto por los sistemas políticos y teológicos de opresión y exclusión, tenemos que ir a los márgenes construidos por esos sistemas. Solamente desde ese horizonte donde estos sistemas han colocado a quienes no consideran dignos de escuchar y vivir las buenas nuevas escandalosas de Jesús de Nazaret y junto a ellos y ellas podemos realmente ver al Cristo vivo. Esa es una condición muy clara para ver a Aquel que siempre se revela en forma paradójica. Pesebre y tumba vacía se unen en la iconografía evangélica. Ambos son espacios en los cuales no esperábamos encontrar al Creador de la vida digna. Galilea siempre está delante de nosotros y siempre será el destino de todos nuestros caminos. No es en Jerusalén, ni en los templos ni en los palacios, que hemos de encontrar al Crucificado. Siempre y como prerrequisito lo encontramos en todos los márgenes y en los espacios y tiempos cotidianos despojados de toda sacralidad y de toda solemnidad.

Al igual que María Magdalena y la otra María tenemos que alejarnos rapidamente de los sepulcros de la exclusión y de la estigmatización para ir a compartir la buena noticia de la resurrección. En esto consiste esa buena noticia: todas las transgresiones que llevaron a Jesús de Nazaret son ahora el camino para liberar del estigma y la discriminación a todos nuestros hermanos y hermanas y todos y todas estamos llamados a dejar atrás y abandonar los sepulcros, armarios y placares en que el miedo y la discriminación ubico la vida de muchas personas y grupos vulnerables al vih o al sida. Si bien aún podemos tener miedo al salir de los sepulcros de la discriminación no podemos esconder y dejar de compartir la gran alegría de la buena noticia anunciada a quienes aún viven en los sepulcros de la discriminación y de los diversos apartheid que aún muchos sostienen con sus teologías, con sus lecturas apegadas a la letra olvidando el verdadero espíritu de esta Resurrección.

Solamente a quienes se atreven a dejar atrás los sepulcros de los miedos, Jesús Crucificado, verdaderamente resucitado, saldrá a nuestro encuentro y nos dirá por la eternidad: “Alégrense”. Al abrazar la vida de quienes nuestra sociedad y comunidades de fe consideran muertos habremos abierto las puertas de todos los sepulcros permitiendo realmente que todas y todos podamos renacer a la vida con calidad, porque no tenemos un Creador solamente de vida sino un Creador de vida con calidad y justicia para todas y todos.

Es por ello que desde el contexto de la epidemia del vih y sida tenemos que salir al encuentro de todos nuestros hermanos y hermanas que aún permanecen en el estigma y la discriminación y anunciarles la buena noticia de Jesús de Nazaret: “No teman, en todas las personas y grupos vulnerables al vih y sida me verán”. En todos los márgenes y en todos los espacios de exclusión me han de ver desde ahora y por siempre. ¡Aleluya, verdaderamente ha resucitado y los estamos viendo!

Para la oración de las y los fieles.
Escuchando una y otra vez tu voz que nos invita a no tener miedo, a alejarnos rapidamente de los sepulcros vacíos y encaminar los pasos de nuestras vidas a los márgenes de todo sistema de opresión, te pedimos que nos permitas contemplarte en el rostro de quienes esos sistemas le han quitado su carácter sagrado.

Se hace un breve silencio

  • Creador y santificador de la vida con calidad, suscita en nosotros y nosotras la capacidad de celebrar la nueva vida en plenitud de derechos que el sepulcro vacío de Jesús de Nazaret comparte ahora y aquí sin exclusiones ni olvidos, para que transfigurados en sacramentos de tu evangelio podamos compartir sin temor el renacer a una nueva vida de calidad. ¡Demos gracias al Señor, porque es bueno, porque es eterno su amor!
  • Creador y santificador de la vida con calidad, despierta en tu comunidad de fe la capacidad de compartir y vivir el Espíritu que sostiene esa vida en que celebramos la naturaleza sagrada de los derechos y las dignidades de personas, plantas, aguas, tierras y todo signo de vida sostenida por tu aliento de plenitud. El Señor es nuestra fuerza y nuestra protección, Él fue nuestra salvación.
  • Creador y santificador de la vida con calidad, suscita en nosotros y nosotras un compromiso con la justicia y el derecho que toda nación, pueblo o persona tiene por ser parte de tu creación, de forma que se despierte en tus comunidades el deseo de ser instrumentos de tu misericordia y gracia y que busquemos el verte y escucharte junto a las realidades más vulnerables y que allí, despojados de todo temor, anunciemos tu voluntad de alegría y gozo. La mano del Señor hace proezas, la mano del Señor es sublime.
  • Creador y santificador de la vida con calidad, sabemos que al alejarnos de los sepulcros vacíos tenemos la misión transformadora de reunir a todas las naciones, pueblos y personas en la construcción de tu Reino. Abran las puertas de la justicia y entraremos para dar gracias al Señor

Aquí se pueden ofrecer otras intercesiones

Creador y santificador de la vida con calidad, permítenos siempre celebrar la nueva vida en justicia, equidad y solidaridad, tal como nos has enseñado en el camino que te llevó a la cruz. Permítenos contemplar el camino en el cual encontraste a estigmatizados y excluidos a quienes sentaste en tu mesa. Que sepamos adorar ese camino de cruz y rechazar todas las cruces. Te damos gracias porque nos escuchaste y fuiste nuestra salvación.

Creador y santificador de la vida con calidad, entre tus brazos claramente extendidos en todas las cruces de nuestra realidad queremos vivir para anunciar que todo miedo ha terminado, que toda herida de los estigmas y la discriminación, por cualquier razón, ya es cuestión del pasado y que confiando en tu justicia, gracia y misericordia, todos y todas podemos mirar el futuro con confianza. Este es el día que hizo el Señor, alegrémonos y regocijémonos en él.
Amén.

Pastor Lisandro Orlov
Pastoral Ecuménica VIH y SIDA
Buenos Aires. Argentina
Abril de 2011

“En la hora de su Gran Humillación, Jesús salvó al mundo”
(Hermano Carlos de Jesús – Chales de Foucaold)