Domingo 28 de marzo 2010
Ciclo C. Domingo de la Pasión
 (Leccionario Común Revisado)

Evangelio : Lucas 22, 1-49
Primera Lectura: Isaías 50, 4-9a
Salmo Responsorial:  Salmo 31, 9-16
Segunda Lectura: Filipenses 2, 5-11



EVANGELIO
Lucas 22, 1-49

Traducción: El Libro del Pueblo de Dios. La Biblia. Ediciones Paulinas. Madrid. Buenos Aires. 1990

Después se levantó toda la asamblea y lo llevaron ante Pilato. Y comenzaron a acusarlo, diciendo: "Hemos encontrado a este hombre incitando a nuestro pueblo a la rebelión, impidiéndole pagar los impuestos al Emperador y pretendiendo ser el rey Mesías". Pilato lo interrogó, diciendo: "¿Eres tú el rey de los judíos?". "Tú lo dices", le respondió Jesús.  Pilato dijo a los sumos sacerdotes y a la multitud: "No encuentro en este hombre ningún motivo de condena". Pero ellos insistían: "Subleva al pueblo con su enseñanza en toda la Judea. Comenzó en Galilea y ha llegado hasta aquí". Al oír esto, Pilato preguntó si ese hombre era galileo. Y habiéndose asegurado de que pertenecía a la jurisdicción de Herodes, se lo envió. En esos días, también Herodes se encontraba en Jerusalén.

Herodes se alegró mucho al ver a Jesús. Hacía tiempo que deseaba verlo, por lo que había oído decir de él, y esperaba que hiciera algún prodigio en su presencia.  Le hizo muchas preguntas, pero Jesús no le respondió nada.  Entre tanto, los sumos sacerdotes y los escribas estaban allí y lo acusaban con vehemencia.  Herodes y sus guardias, después de tratarlo con desprecio y ponerlo en ridículo, lo cubrieron con un magnífico manto y lo enviaron de nuevo a Pilato.  Y ese mismo día, Herodes y Pilato, que estaban enemistados, se hicieron amigos.

Pilato convocó a los sumos sacerdotes, a los jefes y al pueblo,  y les dijo: "Ustedes me han traído a este hombre, acusándolo de incitar al pueblo a la rebelión. Pero yo lo interrogué delante de ustedes y no encontré ningún motivo de condena en los cargos de que lo acusan;  ni tampoco Herodes, ya que él lo ha devuelto a este tribunal. Como ven, este hombre no ha hecho nada que merezca la muerte. Después de darle un escarmiento, lo dejaré en libertad".

Pero la multitud comenzó a gritar: "¡Qué muera este hombre! ¡Suéltanos a Barrabás!".  A Barrabás lo habían encarcelado por una sedición que tuvo lugar en la ciudad y por homicidio. Pilato volvió a dirigirles la palabra con la intención de poner en libertad a Jesús.  Pero ellos seguían gritando: "¡Crucifícalo! ¡Crucifícalo!".  Por tercera vez les dijo: "¿Qué mal ha hecho este hombre? No encuentro en él nada que merezca la muerte. Después de darle un escarmiento, lo dejaré en libertad".  Pero ellos insistían a gritos, reclamando que fuera crucificado, y el griterío se hacía cada vez más violento.  Al fin, Pilato resolvió acceder al pedido del pueblo.  Dejó en libertad al que ellos pedían, al que había sido encarcelado por sedición y homicidio, y  Jesús lo entregó al arbitrio de ellos.

Cuando lo llevaban, detuvieron a un tal Simón de Cirene, que volvía del campo, y lo cargaron con la cruz, para que la llevara detrás de Jesús.  Lo seguían muchos del pueblo y un buen número de mujeres, que se golpeaban el pecho y se lamentaban por él.  Pero Jesús, volviéndose hacia ellas, les dijo: "¡Hijas de Jerusalén!, no lloren por mí; lloren más bien por ustedes y por sus hijos.  Porque se acerca el tiempo en que se dirá: ¡Felices las estériles, felices los senos que no concibieron y los pechos que no amamantaron!  Entonces se dirá a las montañas: ¡Caigan sobre nosotros!, y a los cerros: ¡Sepúltennos!  Porque si así tratan a la leña verde, ¿qué será de la leña seca?".  Con él llevaban también a otros dos malhechores, para ser ejecutados.

Cuando llegaron al lugar llamado "del Cráneo", lo crucificaron junto con los malhechores, uno a su derecha y el otro a su izquierda.  Jesús decía: "Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen". Después se repartieron sus vestiduras, sorteándolas entre ellos.

El pueblo permanecía allí y miraba. Sus jefes, burlándose, decían: "Ha salvado a otros: ¡que se salve a sí mismo, si es el Mesías de Dios, el Elegido!".

También los soldados se burlaban de él y, acercándose para ofrecerle vinagre,  le decían: "Si eres el rey de los judíos, ¡sálvate a ti mismo!".  Sobre su cabeza había una inscripción: "Este es el rey de los judíos".

Uno de los malhechores crucificados lo insultaba, diciendo: "¿No eres tú el Mesías? Sálvate a ti mismo y a nosotros".  Pero el otro lo increpaba, diciéndole: "¿No tienes temor de Dios, tú que sufres la misma pena que él? Nosotros la sufrimos justamente, porque pagamos nuestras culpas, pero él no ha hecho nada malo".  Y decía: "Jesús, acuérdate de mí cuando vengas a establecer tu Reino". El le respondió: "Yo te aseguro que hoy estarás conmigo en el Paraíso".

Era alrededor del mediodía. El sol se eclipsó y la oscuridad cubrió toda la tierra hasta las tres de la tarde.  El velo del Templo se rasgó por el medio.  Jesús, con un grito, exclamó: "Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu". Y diciendo esto, expiró. Cuando el centurión vio lo que había pasado, alabó a Dios, exclamando: "Realmente este hombre era un justo". Y la multitud que se había reunido para contemplar el espectáculo, al ver lo sucedido, regresaba golpeándose el pecho. Todos sus amigos y las mujeres que lo habían acompañado desde Galilea permanecían a distancia, contemplando lo sucedido.

. El Evangelio del Señor.


ESTAS RESPUESTAS A AQUELLAS PREGUNTAS.

Con una misteriosa sabiduría, la iglesia colocó, al comienzo de la Cuaresma, en los labios del gran tentador una serie de preguntas que se responden al final con la lectura de esta parte de la Pasión según el Evangelio de Lucas. Aquellas preguntas que ponían en duda si Jesús de Nazaret era realmente el Mesías y que buscaba las respuestas llevándolo a la cima de todos los espacios de poder y a todos los banquetes de la exclusión, encuentran hoy la respuesta firme y segura en los labios de un sospechosamente impuro. El gran tentador encuentra su respuesta en los labios de aquel anónimo centurión que al ver a los pies de la cruz todo lo que había pasado, alabó a Dios y proclamo “Realmente este hombre era un justo”. Esto pone de manifiesto que solamente es a los pies de la cruz en que se produce la verdadera epifanía, manifestación y revelación de la misión, visión y acción del Cristo del Dios del Reino. El gran tentador buscó esas respuestas en espacios equivocados. Muchos cristianos y cristianas también hoy buscan las respuestas en los espacios equivocados. Este relato de la pasión nos revela que solamente colocándonos a los pies de la cruz podemos tener la verdadera perspectiva del proyecto de Dios.

 

Por supuesto ese espacio a los pies de la cruz nos revela un Dios paradójico que revela la vida en el lugar de la calavera y de la muerte. Es la conclusión más radical del cumplimiento del anonadamiento que nos relata la Carta a los Filipenses. El Dios de la Vida se revela en todos los espacios que la humanidad ha transformado en espacios de muerte, de vulnerabilidad, de opresión y de debilidad.

 

Ese movimiento paradójico y contracultural revela también la inconsistencia de las multitudes que alaban la entrada de Aquel del cual esperan el cumplimiento de una lectura desde el poder y la exclusión de las escrituras. Son los que miran a Jesús de Nazaret como un nuevo David que fundado en el poder de la violencia va a establecer un sistema donde ahora ellas y ellos podrán oprimir a otros y otras. En pocas horas y en pocos días aquellos y aquellas que saludaban el Hijo de David con palmas y sospechosa alegría, serán los mismos que gritarán que lo crucifiquen. Todo es muy lógico y coherente

 

Es necesario y urgente que rescatemos que en ninguna parte de este relato de la Pasión de Jesús, el evangelista Lucas establece una idea que esa muerte tiene un carácter expiatorio o vicario sino que muy por el contrario la establece como consecuencia de una forma de comprender y anunciar las Escrituras y por su incidencia en políticas públicas. Ambas realidades van juntas. Es una muerte hermenéutica.  La enseñanza de Jesús de Nazaret “subleva al pueblo” y hoy necesitamos recuperar esa incidencia en políticas públicas que tiene que tener nuestra comprensión de la voluntad de Dios. Son dos escuelas teológicas y eclesiológicas que se enfrentan hasta el final. La del gran tentador que nos lleva a establecer una comprensión de las Escrituras desde los espacios de poder como para asegurar que nada cambie ni nadie se transforme y la escuela que se construye a los pies de la cruz como la gran llave interpretativa que nos permite revelar la presencia de Dios allí donde Dios se quiere revelar. Esa es la función del teólogo y de la teología de la cruz: llamar a las cosas como en realidad son. Y sabemos que esa teología es siempre una sublevación a las situaciones de exclusión de todos los sistemas.

 

Este relato de la Pasión nos muestra el sello que confirma la autenticidad de la voz profética que encarna Jesús de Nazaret. La teología de la cruz y mirar el mundo desde el pie de la cruz es un gran riesgo. El gran tentador desde los comienzos trata de desplazarnos de ese lugar para que hagamos teología, espiritualidad y acción a favor de los derechos y dignidades humanas desde la perspectiva que nada cambia y que anuncia paz cuando no hay paz. Esa es su gran violencia.

 

Las acusaciones que presentan los miembros del antiguo sistema interpretativo son correctas y fundadas en todos sus miedos. Quien se atreve a enseñar como Jesús subleva, es decir, empodera a todas y todos los vulnerables a la muerte social, civil, cultural y religiosa. Aún hoy la Cumbre de Líderes Religiosos no se atreve a sublevarse contra el estigma y discriminación porque no quieren ni pueden asumir los riesgos de pronunciar el nombre de todos y cada uno de los grupos y personas vulnerables a ese estigma y a esa discriminación relacionada con el vih. Esa declaración final de ese encuentro no produce ninguna sublevación ni empodera a nadie porque los he invisibilizado con el silencio. Sabemos muy bien que quienes trabajamos en el contexto de la epidemia del vih y miramos esta realidad desde los pies de la cruz que el silencio, todos los silencios son muerte.

 

Ese mismo documento de la Cumbre de Líderes Religiosos que no puede pronunciar el nombre de los “hombres que tiene sexo con hombres”, ni la de las “trabajadoras sexuales”, ni reconocer la presencia de personas de identidad transgénero, ni puede pronunciar el nombre de los usuarios de drogas, pretende que las personas con vih participen activamente en sus actividades, programas y proyectos. En primer lugar que esas personas con vih llegaran a sus actividades y espacios, no solamente con un virus sino que llegaran con la riqueza de la diversidad de identidades. Asimismo el sueño de incorporar a esas personas en sus espacios con la idea que todo va a continuar igual es una hipocresía. Esa es la actitud de las y los teólogos de la gloria que hablan de paz cuando no hay paz. Las personas con vih desde sus identidades colocadas por los sistemas políticos, culturales y religiosos a los pies de todas las cruces, llegaran a nuestras comunidades, acciones y proyectos en vih, no para sostener el sistema que les estigmatizo y los excluyó sino para “sublevarse” y cambiar el sistema. Desde los pies de la cruz del estigma y la marginación, las personas y los grupos vulnerables nos llaman también a “sublevarnos” frente a un sistema que no quiere cambiar.

 

Esa sublevación en la enseñanza, en la hermenéutica, que no es otra cosa que una relectura de nuestras Escrituras sagradas y de toda Escritura sagrada y de toda identidad confesional lleva directamente a un enfrentamiento con el poder político. Toda renovación en nuestra comprensión de la verdadera naturaleza de Dios, de su comunidad y de su santo pueblo, produce sublevación a todos los sistemas que sustenta la muerte, la invisibilidad teológica y pastoral, los silencios de todas las complicidades. La cruz dice basta y la resurrección confirmará ese basta.

 

El Cristo que nos revela Jesús de Nazaret es un Cristo que en su total y radical comunión con todas las vulnerabilidades incita a todos los pueblos a la rebelión. No hay espiritualidad verdadera que no produzca acciones de arriesgada incidencia en políticas públicas. Es parte esencial de toda voz profética. La cruz es la confirmación del compromiso de no tener ningún compromiso ni negociación con las grandes tentaciones de entonces y actuales. La gran tentación de no llamar las cosas por su nombre con todos los riesgos que eso significa. Si queremos realmente ser confiables en nuestra incidencia en políticas públicas y en nuestras acciones pastorales de promoción de todos los derechos de ciudadanía no podemos apartarnos ni un milímetro de la perspectiva de cruz.

 

No estamos llamados ni llamadas a adorar la cruz sino a poner fin con todas las cruces. La cruz nos permite comprender y revelar los espacios en los cuales Aquel que es el Hijo de la Humanidad ha escogido hacerse presente y que son siempre espacios de muerte y silencios para que en santa rebelión y en sagrada sublevación podamos convertirnos a los valores del Reino que siempre serán peligrosamente contraculturales.

 

Para la oración de las y los fieles

Llamados y llamadas por el Espíritu de la Pasión, volvemos nuestra mirada para contemplar al Siervo que sufre las consecuencias de sus enseñanzas de sublevación a toda injusticia. Intercedemos por tu iglesia para que en este mundo se atreva a asumir las consecuencias revolucionarias de esas enseñanzas. Ten piedad de nosotras y nosotros, Señor, porque estamos angustiados.

 

Se hace un breve silencio.

 

Compasión sin límites, perdón sin condiciones, libertad para servir sin esperar, te pedimos que ilumines con tu cruz todos los espacios, personas, grupos y situaciones que hemos oscurecido y escondido con nuestros prejuicios, temores y dudas. Concede a tu iglesia la valentía de asumir un ministerio y un acompañamiento a todas las personas y grupos vulnerables al estigma y prejuicios del vih para correr el riesgo de su propia y primera conversión. Nuestros ojos, nuestra garganta y nuestras entrañas están extenuadas de dolor.

 

Que tu humildad nos enseña la verdadera humildad de quienes sueñan tu sueño de un mundo y una comunidad de fe más equitativa, justa y solidaria. Concédenos el Espíritu de tu sabiduría para cuidad de toda tu creación, corriendo todos los riesgos, enséñanos a inclinarnos con reverencia ante todo signo de vida. Nosotras y nosotros confiamos en ti, Señor, y te decimos: “Tú eres nuestro Dios, nuestro destino está en tus manos”

 

Conduce a todas y todos los que tienen responsabilidades de gobierno, el buscar la justicia que fundamenta la paz, la solidaridad que busca la equidad. Que tu cruz ilumine para que les podamos ver y nombrar a todas las personas que sufren persecución, opresión y desconocimiento para despojarles de sus fundamentales derechos de ciudadanía. Líbranos del poder de nuestros enemigos y de aquellos y aquellas que nos persiguen.

 

No permitas que te traicionemos ni entreguemos tu Evangelio en manos manchadas por los silencios que producen muerte.  Concédenos tu Espíritu de fidelidad para que permanezcamos en fidelidad en el pacto de nuestro bautismo alimentados en tu mesa de la inclusividad. Que brille tu rostro sobre tus servidores y servidoras, sálvanos por tu misericordia.

 

Aquí se pueden ofrecer otras intercesiones.

 

Palabra de Vida, tu has destruido todo proyecto de muerte y de exclusión. Enséñanos a pretender salvarnos en soledad ni a privatizar tu Evangelio. Concédenos el Espíritu de tu rebelión y la fidelidad a tus enseñanzas que producen sagrada y santa sublevación.  Señor, que no nos avergoncemos de haberte invocado. Amén.

 

Pastor Lisandro Orlov

Pastoral Ecuménica VIH-SIDA

Buenos Aires. Argentina

Marzo 2010