31 de Octubre

Ciclo A. B. C. DIA DE LA REFORMA

Evangelio: Juan 8, 31-36

Primera lectura: Jeremías 31, 31-34
Salmo responsorial: 46
Segunda lectura: Romanos 3, 19-28
   



EVANGELIO
Juan 8, 31-36

 En aquel tiempo Jesús dijo a aquellos judíos que habían creído en él: "Si ustedes permanecen fieles a mi palabra, serán verdaderamente mis discípulos: conocerán la verdad y la verdad los hará libres".

Ellos le respondieron: "Somos descendientes de Abraham y jamás hemos sido esclavos de nadie. ¿Cómo puedes decir entonces: 'Ustedes serán libres'?". Jesús les respondió: "Les aseguro que todo el que peca es esclavo del pecado.  El esclavo no permanece para siempre en la casa; el hijo, en cambio, permanece para siempre.  Por eso, si el Hijo los libera, ustedes serán realmente libres. El Evangelio del Señor.


TODOS SOMOS HETEROSEXUALES.

Nunca es inocente el contexto en el cual se produce un texto ni el contexto en el cual se lee ese mismo texto. El Evangelio de hoy se aplica a la celebración del inicio de la Reforma Protestante,  que forma parte de aquel movimiento extendido y deseado en el siglo XVI por muchos fieles cristianos,  de reformar la iglesia en su cabeza y en sus miembros. Indudablemente esa es una tarea inconclusa, que no debe terminar y que nos debe dar fortaleza para continuar la tarea cotidiana de purificar la comunidad cristiana de sus debilidades, traiciones y errores. La iglesia siempre necesita ser reformada. No es algo del pasado sino que es una exigencia del presente para que podamos tener futuro.

Y esta memoria de la Reforma de la Iglesia iniciada por el testigo del Evangelio, el hermano Martín Lutero, me encuentra en vísperas de partir hacia Nicaragua para participar, junto a los representantes de la sociedad civil, las organizaciones no gubernamentales y gubernamentales y las diferentes redes de personas que viven con vih y sida, del Quinto Congreso Centroamericano de ITS, VIH-SIDA y el Quinto Encuentro Centroamericano de Personas con el vih o el sida. Este evento se realiza alrededor el lema propuesto que anuncia “NUESTRA RESPUESTA POR LA IGUALDAD, DIVERSIDAD Y NO DISCRIMINACIÓN”.

La comunión luterana y con ella todas y todos los cristianos estamos desafiados a dar una respuesta en este sentido y fundamentar en las Escrituras y en nuestra identidad confesional esa respuesta. Y ella tiene mucho que ver con la forma en que comprendemos, leemos y aplicamos las Escrituras y vivimos nuestra identidad confesional. Al igual que la Reforma en el siglo XVI esta respuesta tiene mucho que ver con la comprensión y la hermenéutica de la Biblia, la teología, la identidad confesional, la naturaleza y comprensión de nuestras propias comunidades de fe y la practica pastoral.

El Evangelio de Juan nos puede servir de guía y de iluminación en este caminar junto a los militantes en la crisis del vih y del sida de América Latina. En este pasaje, Jesús de Nazaret ya no está hablando con sus adversarios (fariseos, escribas, sacerdotes, etc) que tanto se han opuesto a su particular forma de comprender las Escrituras y vivir el proyecto del Dios del Reino, sino que ahora se dirige a aquellas y aquellos que han creído en el, pero que una vez más demuestran en este diálogo que esa fe no es de buena calidad. Nuevamente aparece el tema hermenéutico, la forma en que leemos y comprendemos el mensaje de Dios en el centro del debate. Esa es la llave que nos permite ubicarnos en la perspectiva de ser una voz alternativa.

Muchas veces cuando se nos pregunta sobre nuestra fe comenzamos a desplegar una serie de conocimientos y afirmaciones intelectuales, a citar de memoria incontables textos bíblicos y a realizar la ecuación de que, cuanto más texto conocemos y citamos, más es nuestra fe. Grave error. La Palabra de Dios no es un libro ni un texto ni un versículo. La Palabra de Dios es una persona y ser fiel a esa Palabra es mucho más que imitarla. Permanecer en esa Palabra significa una acción de transubstanciación o de consubstanciación con una persona: en la fe llegamos a ser esa persona en este contexto y en diálogo con esta realidad. Permanecer en la Palabra de Dios es permanecer en Jesús de Nazaret de tal forma que ya no vivimos nosotros y nosotras sino que sacramentalmente el vive en nosotros y nosotras para que los demás puedan escuchar una palabra de promesa, una buena noticia.

Esa es la verdad que nos puede liberar. La Reforma Luterana tiene muy clara su forma de comprender esa Palabra y hacerla el centro de nuestra vida renovada. Es una lectura que en todo momento quiere proteger esa Palabra para que continúe siendo promesa y no la transformemos en ley “…porque hay una costumbre que es aún peor: los evangelios y cartas se tienen por códigos en los cuales se debe aprender qué hemos de hacer, presentándonos las obras de Cristo sólo a modo de ejemplo[1] El Evangelio siempre es buena nueva, promesa y no puede ni debe ser transformado en un código de exigencias y Jesús de Nazaret es mucho más que un maestro con buenas enseñanzas. Es el misterio mismo de nuestra nueva vida en la fe que permanece en él y se hace instrumento de comunión en un amor que brota de la gracia de Dios y que busca la justicia para todos los seres humanos, y para todas las personas y grupos que viven en situación de vulnerabilidad al vih y al sida.

Pero estos creyentes muestran a través de sus equivocadas preguntas y en su reacción que siguen comprendiendo las Escrituras y el proyecto de Dios en una forma diferente a la de Jesús de Nazaret Igual revelación tenemos en muchas discusiones que se realizan en nuestras iglesias, en otras iglesias y en la sociedad civil en general Al igual que en aquel tiempo estos discípulos consideraban que la pertenencia al proyecto de Dios se daba a través de la herencia sanguínea y del ADN, hoy también muchas personas consideran que la salvación viene por proclamarse parte de la mayoría heterosexual, de los que se abstienen del consumo de drogas ilegales, y de otros sentimientos de superioridad. Desde ese sentimiento se desconoce y pone en duda la capacidad, la dignidad y la pertenencia de muchas personas a un trato igualitario, sin necesidad de ser iguales para tener los mismos derechos. Este sentimiento está en el fondo de toda discriminación. Igual actitud asumen muchas personas y comunidades de fe con relación a otros grupos y personas en situación de vulnerabilidad al vih y al sida. El mismo desprecio hacia las personas usuarias de drogas ilegales, a las y los trabajadores sexuales, a la diversidad de las personas trans (transgéneros, travestis, transexuales). Esa perspectiva de exclusión y superioridad sobre la diversidad y las minorías es un pecado y nos esclaviza a una comprensión excluyente de nuestras mismas comunidades de fe y de la sociedad en la cual vivimos.

La Reforma protestante rescató un principio central en la comprensión de las Escrituras y de la identidad confesional: Solo Cristo. Todas nuestras relaciones en la Igualdad, la Diversidad y la No Discriminación pasan por esa afirmación de solo Cristo. Esa es la única condición y la única llave de comprensión de la voluntad de Dios. En todo y con todos y todas la mediación de Cristo. Solo en Cristo podemos vivir la Igualdad. Solo en Cristo y a través suyo puedo ser respetuoso de la Diversidad. Solo colocando a Cristo en el centro puedo construir una comunidad que no discrimina porque nadie queda excluido de su invitación a la fiesta de la vida. “Así como no hay más que un solo Cristo, así tampoco no hay ni puede haber más que un solo evangelio[2]

Para proteger la centralidad de Cristo, se incorpora a esta afirmación: Solo la Escritura, es decir que para relacionarnos con Dios y se parte de su cuerpo místico, la comunidad de fe, solo tenemos que concordar en la misma lectura que hace Jesús de Nazaret de las Escrituras y las tradiciones. La Verdad que es Jesucristo tiene como objetivo impedir que coloquemos condiciones y requisitos para ser parte de esta comunión. Nuestras actuales discusiones con relación a la plena participación de los diversos grupos y personas que viven en situación de vulnerabilidad al vih han puesto de manifiesto la fragilidad de estas verdades centrales de la Reforma. La abstinencia, la fidelidad o la monogamia no son dogmas de fe ni son caminos de salvación ni son requisitos para ser miembros plenos de nuestras comunidades. Muchos cristianos y cristianas equivocan el camino cuando hacen de esas propuestas, que en si mismas no son malas, pero que al transformarlas en leyes establecemos nuevos muros de cautividad del Evangelio, de la Iglesia y de Cristo mismo. “No debes hacer de Cristo un Moisés, pensando que no hace otra cosa que impartir enseñanza y ejemplo, cosa que hacen los demás santos, como si el evangelio fuese un código de doctrina y de leyes[3]

No es la heterosexualidad, ni la abstinencia, ni la monogamia la que nos salva y reconcilia con Dios sino que es la mediación de Cristo, tal como Jesús de Nazaret la interpreta en la sola Escritura y como propuesta de la Sola Gracia de Dios. ¡Que poder renovador y de reconciliación anunciar la Sola Gracia de Dios como fundamento de toda Igualdad, de todo respeto y reconocimiento de la Diversidad y de un promover derechos para que nadie sea discriminado. Igualdad, diversidad y no discriminación es un tema bíblico, teológico y pastoral. En esas palabras se debate la naturaleza de nuestra fe y la calidad de nuestra vida como comunidad de fe y nuestra acción de promoción de todos los derechos y de todas las dignidades. “¿Cómo no nos habría de dar también con su hijo todas las cosas? Mira, si tú tomas a Cristo como un don entregado a ti en propiedad y no lo dudas, entonces eres cristiano y cristiana. La fe te redime de pecados, muerte e infierno y te hace vencedor de todas las cosas. ¡Ah! De ello nadie puede hablar lo suficiente. Es de lamentar que esta prédica esté encubierta en el mundo, por más que el evangelio se alabe todos los días[4] Esta verdad no solo está encubierta en el mundo sino también en la misma iglesia y por ello, aquellos y aquellas que venimos caminando en los senderos del vih y del sida sabemos muy bien que nuestro objetivo es reformar hoy también la misma iglesia.

El encuentro con la sociedad civil, con los gobiernos y con las redes de personas que viven con vih y con sida quiero anunciar y vivir esta centralidad de Cristo solo, de las Escrituras solamente leídas por Cristo y de la sola Gracia y de la Sola Fe como requisito y condición para ser cristiano o cristiana. Todo es un regalo de Dios y debemos confiar, creer y apropiarnos de esa gracia, de ese regalo, que es su Palabra y Verdad revelada en forma paradójica en el Cruz que este forma de comprender las Escrituras y tradiciones han llevado a Jesús de Nazaret y que seguramente nos han de llevar a un conflicto con aquellas y aquellos que continúan proclamando que su salvación viene por su heterosexualidad, por su abstinencia al uso de drogas ilegales o por su superioridad a los que no han podido mantener una relación de fidelidad o monogámica.

Solo Cristo, Sola Gracia, Sola Fe son las condiciones para vivir en plenitud la Igualdad porque todos y todas recibimos exactamente los mismo, la Palabra y la Verdad como un regalo, como un don. No podemos establecer requisitos para recibir esa Palabra de Vida y Verdad, Solo Cristo, la Sola Gracia de un regalo inmerecido, la Sola Fe que nos hace iguales en la diversidad para la no discriminación.

Solo Cristo, la Sola Gracia y la Sola fe del único evangelio nos hacen libres para vivir en igualdad, diversidad en una sociedad y una iglesia de  incondicional inclusión.

Pastor Lisandro Orlov
Pastoral Ecuménica VIH-SIDA
Buenos Aires. Argentina
Para la oración de los fieles.


Oremos en paz al Señor por la vida de este mundo, por las intenciones de todos los fieles y por todas aquellas personas excluidas y estigmatizadas a través de un incorrecto uso de las Escrituras y del proyecto del Reino de Dios

            (Se hace un breve silencio)

Elevamos nuestras mentes, corazones y voces para dar gracias por la iglesia de Cristo y por todas y todos aquellos que trabajan en su misión para hacer realidad la voluntad de Dios. Por ello cantamos con gozo nuestro agradecimiento por todas y todos aquellos hermanos que se han arriesgado a proponer la reforma de la iglesia, en diversos lugares y en diferentes momentos. En ese espíritu concédenos la fortaleza de reconocer que nuestras comunidades tienen necesidad de una permanente reforma para retornar cada día a la pureza del proyecto que vivió y enseñó Jesús de Nazaret. Bendigamos al Señor: Demos gracias a Dios.

La creación toda espera la paradójica manifestación de los hijos e hijas de Dios, para que nuestra tierra se transforme un espacio en que se manifieste la inmensa gracia de Dios, y reconocer el valor sagrado de toda vida y de todas las dignidades. Bendigamos al Señor. Demos gracias a Dios.

Delante de ti hacemos memoria de la vida y los nombres de la inmensa muchedumbre de hombres y mujeres que soñaron con una iglesia sin manchas y sin arrugas, sin muros y sin fronteras, en cuyo centro el Cordero de Dios anuncia perdón y paz. Nos alegramos por este movimiento transversal que nos lleva a la comunión entre todos aquellos y aquellas que continuamos soñando el sueño de Jesús de Nazaret. Bendigamos al Señor: Demos gracias a Dios.

También presentamos la vida y acciones de todos aquellos hombres y mujeres, que a riesgo de sus vidas, de su libertad y de su tranquilidad, se hicieron servidores de tu Verdad, de tu Palabra y de tu Proyecto del Reino. Por ello, nos unimos a todos ellos en la construcción de una sociedad en la que se cumpla tu voluntad tanto en la tierra como en el cielo. Bendigamos al Señor: Demos gracias a Dios.

Con profundo reconocimiento y agradecimiento por sus testimonios, sus vidas y sus propuestas, recordamos a quienes en fe y obediencia de discípulos y discípulas de Jesús de Nazaret han partido a tu encuentro antes que nosotros (especialmente por…) y te pedimos que un día podamos formar parte de la comunión y de la fiesta que no tendrá fin y que cantará el himno eterno de tu gloria alrededor de la mesa de la inclusividad eterna. Bendigamos al Señor: Demos gracias a Dios.

Entre tus manos, Dios de toda justicia y amor, ofrecemos estas plegarias confiando en tu amor, por Jesucristo, tu Hijo, nuestro hermano y compañero.

Amén.

Oración del Día

Todopoderoso Dios, Señor bondadoso, derrama tu Espíritu Santo sobre tu pueblo fiel. Mantenlo firme en tu palabra, protégelo y consuélalo en todas las pruebas, defiéndelo contra todos sus enemigos y concede a la iglesia tu paz salvadora; por tu Hijo, Jesucristo nuestro Señor, que vive y reina contigo y con el Espíritu Santo, un solo Dios, ahora y siempre.

(o también: )

Dios, que nos has creado a tu imagen y semejanza,
concédenos la sabiduría de abrirnos a tu Presencia paradójica.
Que el espejo de tu Ley nos permita mirarnos con realismo
y reconocer que todas y todos necesitamos  perdón
que nos anuncia tu Evangelio.
Que la escucha atenta de tus promesas
nos ayuden a vivir en comunión y comunidad con todas las personas y grupos en situación de vulnerabilidad al vih y al sida
y a arrojar fuera todo estigma y prejuicio.
Que la invitación a vivir en tu compañía
signifique vivir en compañía y comunión con todas y todos
 los que reflejan tu imagen y semejanza de cruz.
Que nuestra confesión bautismal nos permita ser parte de la comunión de tus santos y santas, que siendo pecadores en la perspectiva de tu Ley, somos consagrados y consagradas en la fe a reflejar tu santidad.
Escucha nuestra oración para que nuestra consagración
sea la consagración en tu amor incondicional
de toda la raza humana, sin exclusiones ni olvidados.


[1] Obras de Martín Lutero. Volumen 6. Editorial La Aurora. Buenos Aires. 1979. Pág.39

[2] Idem.

[3] Idem.  Pág. 40

[4] Idem.  Pág. 4l