CICLO C. TRIGÉSIMO TERCER DOMINGO DE TIEMPO ORDINARIO.

EVANGELIO: Lucas 21: 5-19

Primera lectura: Job 19: 23-27a
Salmo responsorial: 17: 1-9
Segunda lectura: 2 Tesalonicenses 2: 1-5, 13-17

EVANGELIO  Lucas 21, 5-19
(trad. Juan Mateos, Nuevo Testamento , Ediciones El Almendro, Córdoba)

5 Como algunos hablaban del templo, ponderando la calidad de la piedra y el adorno de los exvotos, dijo: 6- Eso que contempláis llegará un día en que no dejarán piedra sobre piedra que no derriben. 7 Entonces le hicieron esta pregunta:

-Maestro, ¿cuándo va a ocurrir eso? y ¿cuál será la señal cuando eso esté para suceder? 8 Él respondió: -Cuidado con dejarse extraviar, porque van a llegar muchos diciendo en nombre mío "Yo soy" y "El momento está cerca"; no os vayáis tras ellos. 9 Cuando oigáis estruendo de batallas y subversiones, no tengáis pánico, porque eso tiene que suceder primero pero el fin no será inmediato.

10 Entonces dijo a los discípulos: -Se alzará nación contra nación y reino contra reino, 11 habrá grandes terremotos y, en diversos lugares, hambre y epidemias; habrá fenómenos terribles y señales grandes en el cielo. 12 Pero antes de todo eso os perseguirán y os echarán mano, para entregaros a las sinagogas y cárceles y conduciros ante reyes y gobernadores por causa mía. 13 Tendréis en eso una prueba. 14 Ahora, haced el propósito de no preocuparos por vuestra defensa, 15 porque yo os daré palabras tan acertadas que ninguno de vuestros adversarios podrá haceros frente o contradeciros. 16 Hasta vuestros padres y hermanos, parientes y amigos, os entregarán y os harán morir a algunos. 17 Seréis odiados de todos por razón de mi persona, 18 pero no perderéis ni un pelo de la cabeza. 19 Con vuestra constancia conseguiréis la vida.


JESÚS NO NOS PROMETE UN LECHO DE ROSAS.

Muchos cristianos y cristianas al tener que enfrentar la realidad de la epidemia del vih-sida han anunciado, con un lenguaje tomado del Apocalipsis, el fin del mundo y dibujado las consiguientes calamidades que nos merecemos por pecados reales o imaginarios. Esos grupos han contemplado esta epidemia como uno de los signos precursores de todas las calamidades reservadas al final de la historia, de los tiempos y del mundo. Veamos más de cerca el contenido de este Evangelio y tratemos de encontrar su significado para todos aquellos y aquellas que estamos construyendo otra realidad desde el caminar junto a las personas que viven con vih-sida.Sin duda y en muchas ocasiones, al contemplar tanto dolor, injusticia y desinterés nosotros al igual que los primeros cristianos desearíamos que este mundo terminara. Esos amargos pensamientos nos invaden a menudo cuando nos enfrentamos a nuestros límites en el servir y acompañar a personas que están viviendo la realidad que el vih-sida ha puesto de manifiesto. Este texto nos pide que no perdamos nuestras cabeza ni nos asustemos con tantos mensajes de condena, de juicios morales y de prejuicios.

Indudablemente el mundo que esperaban los discípulos que iba a terminar no termino, pero a la vez es verdad que un mundo termino para dar nacimiento a otro. Una forma de vivir la religión y de interpretar las Escrituras murió para siempre. Un nuevo modo de relacionarnos entre los seres humanos comenzó a crecer, lentamente y con mucho sufrimiento, y aún continua creciendo. El mundo que murió aún agoniza pero el futuro ya no le pertenece. Más tarde o más temprano el nuevo mundo que nos describe el Reino ha de triunfar porque ya sabemos que triunfo. Los cristianos hemos visto el final de la película y hemos leído el final de la novela.

Frente a tantas preguntas sobre el fin de este mundo físico y concreto, Jesús no responde directamente, pero algo queda muy en claro: “no tengáis pánico”. La globalización, una tremenda calamidad, no nos puede asustar porque es el signo de la agonía de un mundo que no queremos y al cual no pertenecemos. No podemos tener miedo porque tenemos una esperanza sería y fundada en que otro mundo es posible.

Pero frente a esa esperanza, debemos asumir la realidad del sufrimiento. En el contexto del vih-sida, tanto las personas que ya están viviendo esta enfermedad como todos aquellos y aquellas que están comprometidas en la prevención, la educación y la asistencia tenemos que tener clara conciencia que la construcción de esta nueva iglesia y esta nueva sociedad no se hará sin mucho sufrimiento. Que todo el sufrimiento que vivimos por el vih-sida durante estas dos décadas, tenga sentido y sirva para que llegue a su fin un mundo y pueda dar nacimiento a uno totalmente nuevo. No es renovación ni restauración de la viejo sino que debe ser el nacimiento de una nueva forma de relacionarnos todos los seres humanos.

La tarea de todos los discípulos de Jesús es vivir de tal forma que apuntemos en todo lo que hacemos, decimos y soñamos hacia ese otro mundo posible, donde ya no habrá más lágrimas porque las exclusiones, los odios, los anatemas, las cruzadas, y las luchas habrán terminado. El final de los tiempos es ese final. Todo lo demás es pura perdida de tiempo.

El anuncio del Evangelio no es otro anuncio que el proclamar la certeza de la victoria de ese nuevo mundo y de saber que otros mundo deben terminar. El compromiso cristiano es hacer real las palabras que anunciamos. Hay varios mundos que no queremos y que nos alegran que llegan a su fin.

Hoy también contemplamos la brillantes piedras de nuevos templos de injusticia y opresión. Esos templos de los nuevos imperios que nos anuncian nuevas invasiones también serán destruidos. No quedará piedra sobre piedra porque no hay compatibilidad con la nueva realidad que el Evangelio anuncia. No hay compromiso posible. Las ruinas de esos templos modernos, de las grandes industrias farmacéuticas que privilegian las patentes y los derechos de producción sobre la vida de muchas personas, terminarán. Los acuerdos de comercio internacional en todas sus gamas y forma también caerán y no quedará ni su recuerdo porque Dios habitará junto a todos aquellos que han sido excluidos de esos templos de los privilegios y del bienestar construido sobre el sufrimiento de muchos. Ya no podrán limitar a Dios en su infinito amor. Dios se ha liberado de los limites en que muchos líderes mundiales lo han colocado y muchos predicadores famosos los han ubicado. Dios ya no pertenece ni a una nación ni a un templo. La religión que separa, que divide, y que sacraliza costumbres, debe acabarse. Los predicadores que asustan y condenan también terminarán para dar lugar a aquellos y aquellas que anuncian un Evangelio que nos marca un camino de alegría en la inclusión.

Seguramente muchos y muchas tendrán miedo de ese nuevo mundo de libertad, de felicidad, de creatividad, de placer, de autonomía. Muchos se negarán en la fe a crecer y ser adultos. Dios nos quiere responsables, asumiendo nuestras historias e identidades. 

Sabemos que todo esto no será fácil pero utilicemos la fuerza revolucionaria que nos provee la epidemia del vih-sida para cambiar la realidad. No nos preocupemos en defendernos, solamente seamos fiel al Evangelio. Ante los ataques, los insultos, las sonrisas sospechosas respondamos con mas fidelidad evangélica. Corramos el riesgo de comer con los grupos vulnerables al vih-sida aún cuando sepamos que ese riesgo puede conducirnos a la cruz. La fidelidad es nuestra defensa. No queremos una religión ni una fe que nos brinde seguridades. Queremos vivir a la intemperie del seguimiento y del discipulado de Cristo que no tiene donde reclinar su cabeza.

Esta renovada fidelidad, costosa y arriesgada, es el anuncio de la destrucción de muchos templos de falsas seguridades y profecías, cruzadas moralizantes y teóricas defensas de la vida de muchos movimientos fundamentalistas. Todo debe cambiar porque esa es la radicalidad del Evangelio. Entre esos templos y el Nuevo Templo del pueblos de Dios no hay compromiso posible. El Evangelio se transforma en Apocalipsis para todos aquellos que buscan seguridades en templos alejados de los excluidos y grupos vulnerables.

Sabemos que aparecerán muchos falsos profetas defensores de esos mundos y de esos templos pero no tenemos nada que ver con ellos. Los mega-templos y las mega-iglesias pertenecen a ese mundo que termina para dar lugar al pequeño rebaño que intenta vivir con imaginación y creatividad un evangelio de riesgo y muy costoso.

No tengamos miedo a ser creativos y a tener renovadas formas de solidaridad junto a todas las personas que viven con vih-sida sin preguntarles a qué grupo vulnerable pertenecen. Solamente amar en forma incondicional. Todo lo demás vendrá gratis, de regalo, por añadidura.

Para la revisión de vida

Muchas sectas fundamentalistas anuncian desde estos textos el fin del mundo e invitan a la conversión para ser parte de los que se van a salvar. Otros cristianos anuncian con sus vidas y su forma de pensar y actuar que un mundo de exclusión y de marginación terminará. ¿Soy insensible ante los acontecimientos de injusticia, desigualdad y muerte que estamos viviendo?

Para la reunión de grupo

La reflexión sobre la segunda venida de Cristo ha provocado continuamente en la historia preocupaciones, temores y angustias. La venida del Señor no es una amenaza, sino una esperanza. Por eso no puede producir pánico, temor o miedo, sino confianza absoluta. En el contexto de la epidemia del vih-sida hay que vivir en actitud de discernimiento de las señales que en ella encontramos para actuar. ¿Cómo estamos actuando ante las situaciones de estigmatización, exclusión en que viven muchas personas con vih-sida y su entorno afectivo?

La realidad que vivimos está generando desconcierto, desilusión y desesperanza. ¿Qué estamos haciendo para devolverle a tanta gente la esperanza?

Muchos cristianos y cristianas están trabajando por construir una nueva sociedad y una nueva iglesia,  y por eso son perseguidos, calumniados y asesinados. ¿Qué estamos haciendo nosotros en medio de la epidemia del vih-sida para construir esta nueva historia?

Para la oración de los fieles

Oremos por las comunidades cristianas que trabajan solidariamente por los las personas que viven con vih-sida, los pobres, marginados y excluidos, para que su testimonio de vida sea signo ante el mundo del Reino.

  • Por todos los que trabajan por implantar en la tierra un nuevo orden social, para que sus esfuerzos vayan creando nuevos caminos de libertad.
  • Por tantos cristianos y cristianas insensibles ante el dolor y el sufrimiento de muchos de sus hermanos y hermanas que viven con vih-sida, para que el Espíritu de Jesús los toque en su corazón y puedan generar acciones que incluyan en el Reino a todos y todas.
  • Por los que son perseguidos por causa del evangelio y por comer con trabajadoras sexuales, usuarios de drogas y personas de orientación homosexual, para que Jesús los acompañe, los conforte y les dé valor.
  • Por la Iglesia, para que sea ante el mundo testimonio de Jesús y fermento en la construcción del reino de Dios.
  • Por aquellos y aquellas personas con vih-sida que agonizan porque no tienen acceso a los medicamentos antiretrovirales; por aquellos y aquellas que teniendo esos medicamentos no tienen dinero para pagar el transporte y llegar hasta los hospitales, para que el Señor suscite en muchos cristianos y cristianas el valor de denunciar esas injusticas y un profundo amor solidario.

Oración comunitaria

Dios Padre-Madre de la Humanidad, a quien todos los pueblos han buscado a tientas desde el origen de la historia. Abre nuestros ojos y nuestras mentes para saber valorar la inmensa riqueza de tu acción en la historia, para que estemos abiertos a tu acción imprevisible, capaz de sorprendernos con nuevos caminos religiosos allí mismo donde nos parece ver crisis de la religión o incredulidad Te lo pedimos asociándonos al clamor universal de todos los hombres y mujeres, pueblos y grupos vulnerables, que te han buscado y encontrado a lo largo de la historia. Amén.

O bien:

Señor  de la historia, enséñanos a transformar en medio de la epidemia del vih-sida, las relaciones entre los seres humanos haciendo una historia humana de amor, de libertad, de justicia, y de paz, que nos lleve a la construcción de la humanidad nueva donde se haga visible y de manera efectiva el Reino de Dios. Por Jesucristo Nuestro Señor.

Pastor Lisandro Orlov

Domingo 14 de Noviembre de 2004