CICLO C. TRIGÉSIMO SEGUNDO DOMINGO DE TIEMPO ORDINARIO. Propio 27.
Domingo entre noviembre 6 y 12

EVANGELIO
: Lucas 20: 27-38

Primera lectura: Job 19: 23-27a
Salmo responsorial: 17: 1-9
Segunda lectura: 2 Tesalonicenses 2: 1-5, 13-17


EVANGELIO. Lucas 20, 27-38
(trad. Juan Mateos, Nuevo Testamento , Ediciones El Almendro, Córdoba)

27 Se acercaron entonces unos saduceos, de esos que niegan la resurrección, y le propusieron 28 este caso: -Maestro, Moisés nos dejó escrito: "Si a uno se le muere su hermano, dejando mujer pero no hijos, cásese con la viuda y dé descendencia a su hermano". 29 Bueno, pues había siete hermanos: el primero se casó y murió sin hijos. 30 El segundo, 31 el tercero y así hasta el séptimo se casaron con la viuda y murieron también sin dejar hijos.32 Finalmente murió también la mujer. 33 Pues bien, esa mujer, cuando llegue la resurrección, ¿de cuál de ellos va a ser mujer, si ha sido mujer de los siete? 34 Jesús les respondió: -En este mundo, los hombres y las mujeres se casan; 35 en cambio, los que han sido dignos de alcanzar el mundo futuro y la resurrección, sean hombres o mujeres, no se casan; 36 es que ya no pueden morir, puesto que son como ángeles, y, por haber nacido de la resurrección, son hijos e hijas de Dios. 37 Y que resucitan los muertos lo indicó el mismo Moisés en el episodio de la zarza, cuando llama al Señor "el Dios de Abrahán y Dios de Isaac y Dios de Jacob". 38 Y Dios no lo es de muertos, sino de vivos; es decir, para él todos ellos están vivos.39 Intervinieron unos letrados: -Bien dicho, Maestro. 40 Porque ya no se atrevían a hacerle más preguntas.


EL FUNDAMENTALISMO DE LA MUERTE Y LA EXCLUSIÓN.

Hermanos y hermanas: Luego de escuchar la proclamación de este texto del evangelio surge en nosotros la pregunta de cómo entenderlo en el contexto de la epidemia del vih-sida. Cuando pareciera que las fuerzas fundamentalistas van ganando reelecciones y espacios esta discusión de Jesús con los miembros de los dos grupos importantes en la sociedad de su tiempo nos pueden iluminar.

Nuevamente aparece las disyuntiva entre aquello que está escrito y la forma selectiva en que hacemos una lectura y una aplicación de las Escrituras. Los saduceos, que negaban la resurrección tienen una lectura muy selectiva de las Escrituras a partir de sus compromisos ideológicos. Se acercan a ellas con preconceptos y las hacen hablar de acuerdo a sus posiciones y sus convicciones. Las Escrituras no les hablan sino que son ellos los que determinan aquello que ellas deben decir y anunciar.

El texto tomado del libro de Deuternomio 25: 5-7, que establece la ley del Levirato, por la cual cuando un hermano muere sin descendencia el hermano que le sobrevive debe engendrar en la viuda hijos para que puedan ser sus herederos y para que su nombre no se extinga. Esa disposición nos revela una comprensión de la mujer como simple herramienta reproductora incapaz de heredar los bienes de su marido ni de ningún otro varón. También nos revela un concepto de matrimonio cuyo objetivo principal es que la especie humana perdure. Esta Ley llamada del levirato porque deriva de una palabra latina (evir) que significa cuñado, está aún vigente en muchas parte de África, con el consiguiente riesgo de transmisión del vih entre unos y otros por tener conceptos sobre el matrimonio, la mujer y la procreación muy similares a las del Antiguo Testamento.

Asimismo esta escena nos revela una extraña teología muy similar a aquella que hoy llamamos de la prosperidad. Los saduceos solamente aceptaban, en su particular forma de entender las Escrituras, los primeros cinco libros del Antiguo Testamento, porque eran los únicos atribuidos a Moisés y por la razón fundamental de que rechazaban los escritos proféticos porque en ellos se atacaba sin piedad a los ricos y a todos los hacedores de la injusticia social imperante. Los textos proféticos y apocalípticos eran demasiado liberadores y peligrosos para su comprensión de la naturaleza de Dios. En razón de que los saduceos eran uno de los grupos más ricos económicamente, rechazaban aquellas voces que amenazaba esa situación.

El concepto que tenían los saduceos era que la riqueza que ellos tenían era la garantía del favor que Dios les dispensaba. Riqueza y bendición divina iban estrechamente juntas en sus pensamientos. El bienestar de sus vidas presentes era ya una juicio de aprobación divino y no tenían necesidad de otra vida, y menos la vida que el Reino de Dios hacia vislumbrar.

Seguramente en sus predicaciones les anunciaban que en sus celebraciones habría torrentes de milagros y de favores divinos, prometiendo bienestar, trabajo, riquezas. En cambio ser pobre, enfermo, excluido y marginado era ya un signo del juicio negativo de Dios. Estas afirmaciones nos suenan muy contemporáneas. Aún en muchas personas que viven con vih-sida, que han asumido el pensamiento saduceo, piensan que su enfermedad y padecimientos vividos a causa del vih-sida son consecuencias de comportamientos condenados por Dios y que se lo merecieron, como ahora que han cambiado se merecen el bienestar, la salud, la riqueza. Al hacerse portadores de este mensaje están asumiendo una teología de la muerte que niega la posibilidad de una vida solidaria, redimida de injusticias e iluminada por la nueva comunión entre todos los seres humanos que quieren ahora y aquí una tierra y un cielo nuevo.

Mientras que los saduceos ponían todas sus expectativas en este mundo construido de acuerdo a sus criterios de riqueza y no quieren ser perturbados por una eternidad dónde estos privilegios no están asegurados ni confirmados, el otro grupo opuesto a Jesús y su teología, el de los fariseos, ponían todas sus expectativas en el más allá. La vida eterna es la continuidad en el otro mundo de los privilegios alcanzados en este mundo.

La teología de Jesús nos habla de otras realidades. La vida eterna es calidad de vida ahora y aquí para todos y todas y no sólo para un grupo privilegiado. Anunciar el Reino es anunciar calidad de vida y vida abundante para todos, sin exclusión ni marginación. La vida eterna no es la prolongación de privilegios actuales sino la convicción de que todo gesto de amor, solidaridad y justicia no tendrá nunca final. Esos son gestos ya ahora y aquí de eternidad.

Al igual que los saduceos hoy hay muchos conservadores que se han construido un cielo aquí sostenido por el infierno en que viven multitudes de personas marginadas del festival de la vida. Es por ello que su interpretación y limitación de las Escrituras hacen de ellas instrumentos para domesticar, dominar, excluir, estigmatizar a todos aquellos que no son como ellos y que no tienen su forma de vivir o su comprensión de la voluntad de Dios. Se sienten dueños e interpretes únicos de la voluntad de Dios y ponen de manifiesto su poder, prosperidad y número como signos del favor  divino.

Es por ello, que hoy, siguiendo las líneas de este texto estamos llamados a anunciar en el medio de la epidemia del VIH-SIDA al Dios que camina con los que tienen proyectos de vida. Anunciamos un Dios que nos propone un proyecto para todo ser humano en el cual nos comprometemos a vivir amando y sirviendo sin condiciones ni límites, cuando las relaciones humanas serán elevadas a un nivel distinto, al nivel propio de los ángeles cuando todos seremos llamados hijos e hijas de Dios. Esa ya es la resurrección que nada ni nadie nos podrá arrebatar.

Al igual que Jesús, que utilizaba los mismos escritos de Moisés, las mismas Escrituras que utilizaban los saduceos, nosotros debemos sacar nuevas conclusiones. Las Escrituras no admiten una lectura de muerte, de negación de la vida y dignidad de hermanos y hermanas, sino que Jesús nos enseña a utilizar esas mismas Escrituras como herramientas de liberación y no de exclusión y opresión. Anunciar la resurrección en medio del vih-sida es anunciar que todos y todas estamos llamados a ser hijos e hijas de Dios incondicionalmente. Este anuncio será siempre un misterio, el misterio de amor ilimitado de Dios que sobrepasa todo lo que podemos pensar.

Para la revisión de vida

Ante la pregunta de los saduceos, que niegan la resurrección, Jesús proclama la vida más allá de la muerte. El es la vida y la Resurrección: “quien cree en mí, aunque haya muerto vivirá. La alianza del Dios vivo es con la vida y con los hombres y mujeres que se atreven a vivir. El Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob, no es un Dios de muertos, sino de vivos.¿Cómo se manifiesta en mí la vida que Jesús representa?

Para la reunión de grupo

  • ¿Cómo experimentamos la “ausencia de Dios” en los momentos difíciles que genera la muerte? ¿Qué resonancia tiene en nuestra vida esta experiencia? La cercanía que nos han ofrecido otras personas en los momentos difíciles que vivimos en el contexto de la crisis del vih-sida, con frecuencia, el único modo de anunciar la esperanza cristiana de la resurrección.. ¿Cómo prepararnos para asumir la muerte como participación de la resurrección en Jesucristo?.
  • El mundo de hoy es cada vez más agitado y vertiginoso. ¿Estamos preparados para encontrarnos cara a cara con el Señor Jesús?.

Para la oración de los fieles

  • Por la Iglesia, para que sea portadora de vida y esperanza para todos los que viven los horrores de la estigmatización, de la marginación y la muerte.
  • Por los amigos y familias que han perdido a sus seres queridos por causas relacionadas al vih-sida, para que la esperanza de la resurrección se traduzca en gestos verdaderos de vida.
  • Por todos los que trabajan por la Justicia y Paz, como fundamento de una iglesia y de una sociedad más inclusiva,  para que su voz y sus gritos solidarios generen caminos nuevos de concordia y unidad.
  • Por las personas que viven con vih-sida, para que en todos los momentos de sus vidas puedan descubrir la presencia de Dios como un Dios de vivos y no de muertos.
  • Por los que son perseguidos y amenazados de muerte por causa del evangelio, para que la presencia de Jesús Resucitado los anime y acompañe en medio de sus dificultades.

Oración comunitaria

Dios de la vida abundante, la esperanza en la resurrección es un don misterioso que no acabamos de comprender, y que en todas las tradiciones religiosas se expresa de mil maneras. Ilumínanos para que vivamos cada momento de nuestra vida con la certeza de que Tú nunca nos vas a abandonar y ni vas a dejar que nos perdamos. Nosotros y nosotras te lo pedimos por Jesús, hijo tuyo y hermano nuestro.

Pastor Lisandro Orlov

Domingo 7 de Noviembre de 2004