CICLO C. DOMINGO TRIGÉSIMO DE TIEMPO ORDINARIO. Propio 30.
Domingo entre octubre 23 y 29

EVANGELIO: Lucas 18, 9-14

Primera lectura: Jeremías 14: 7-10, 19-22
Salmo responsorial: 84: 1-6
Segunda lectura: 2 Timoteo 4: 6-8, 16-18



EVANGELIO:
Lucas 18, 9-14
(trad. Juan Mateos, Nuevo Testamento , Ediciones El Almendro, Córdoba)

9 Refiriéndose a algunos que estaban plenamente convencidos de estar a bien con Dios y despreciaban a los demás, añadió esta parábola:10 - Dos hombres subieron al templo a orar. Uno era fariseo, el otro recaudador. 11 El fariseo se plantó y se puso a orar para sus adentros: «Dios mío, te doy gracias de no ser como los demás: ladrón, injusto o adúltero; ni tampoco como ese recaudador. 12 Ayuno dos veces por semana y pago el diezmo de todo lo que gano». 13 El recaudador, en cambio, se quedó a distancia y no se atrevía ni a levantar los ojos al cielo; se daba golpes de pecho diciendo: «¡Dios mío, ten piedad de este pecador!» 14 Os digo que éste bajó a su casa a bien con Dios y aquél no. Porque a todo el que se encumbra, lo abajarán, y al que se abaja, lo encumbrarán.


DOS GRUPOS VULNERABLES.

Cuando reflexionamos el evangelio desde la perspectiva del trabajo serio, profundo y abierto en vih-sida, puede ser muy rico ver la posible etimología de la palabra “fariseo”. Aparentemente deriva de un verbo arameo que significa “separar” o el estar separado o ser separatista. Si lo relacionamos con algunas expresiones que escuchamos en labios de muchos grupos cristianos contemporáneos de América Latino nos viene a la mente la expresión “no ser del mundo” y en consecuencia no querer tener nada en común con las organizaciones de la sociedad civil y mirar con mucho recelo a gobiernos y gobernantes. Esa es la esencia del ser “fariseo”. Sentirse diferente y, lo que es lamentable, sentirse superior. Creo que la relación de muchos grupos y comunidades cristianas con los así llamados “grupos vulnerables” al vih-sida nos revelan lo presente que esta actitud está en la espiritualidad y en la forma de leer las Escrituras de muchos hombres y mujeres de fe.

Esa superioridad sobre los demás se fundamenta peligrosamente en el cumplimiento de la ley y en los rituales que ella impone. En estos momentos existen dentro de las comunidades cristianas muchas corrientes judaizantes porque también colocan en el centro de la espiritualidad el cumplimiento de leyes y mandamientos dejando fuera la acción de Jesucristo y la fe exclusiva en esa acción. Si nuestra esperanza de salvación está puesta en el cumplimiento de la complicada trama de leyes y ordenanzas que aparecen en las escrituras somos las criaturas más desdichadas porque hemos excluidos de nuestras vidas a Cristo mismo y puesto en su lugar nuestra observancia de la Ley. Desde ese cumplimiento legal se divide al mundo en puros e impuros, en invulnerables y vulnerables.

Jesús enfrentó esa forma de espiritualidad equivocada que coloca sobre la conciencia de las personas sentimientos insoportables de culpa por no alcanzar metas excesivamente altas. Esa forma de comprender las Escrituras es un verdadero obstáculo a la vida que procede del Evangelio, cuyo núcleo central es la liberación de todos y todas las personas oprimidas, excluidas  y estigmatizadas a base de leyes, decretos y reglamentos que dividen al las personas en “normales” y “anormales”, en aquellas que cumplen esos reglamentos elaborados por las culturas y la visión inclusiva del Evangelio. Cristo no es un mero maestra de ética y de moral, es el único medio de enamorarnos del proyecto de Dios que quiere una humanidad de hermanos y hermanas, incondicionalmente una.

De hecho es muy hermoso como Martín Lutero termina en su Catecismo Mayor el comentario al primer mandamiento: “ Baste lo expuesto acerca del primer mandamiento. Si lo hemos desarrollado extensamente ha sido porque es el más importante. Pues como ya indicamos, si el corazón humano guarda la debida relación con Dios y si se cumple este mandamiento, lo mismo ocurrirá con todos los demás”. No podemos poner a la Ley y el cumplimiento de los mandamientos como la cuarta persona de la Trinidad porque el primer mandamiento nos dice: “No tendrás otros dioses”. La espiritualidad cristiana en obediencia a este mandato no hace de la Ley y su cumplimiento otro dios absoluto, válido para todos los tiempos y en todas las circunstancias.

Frente a este fariseo y su espiritualidad tenemos a un recaudador de impuestos, un publicano. La opinión pública de aquel tiempo consideraba a estos judíos colaboracionistas con el poder imperial como impuros litúrgicos y pecadores públicos. Este es el fundamento para mantenerse alejado de ellos y excluirlos de los espacios de culto. Jesús desafió esa mentalidad que colocaba en un mismo plano a estos publícanos junto con las prostitutas. Jesús se rodeo de ellos y ellas. Las comunidades cristianas en medio de la crisis del vih-sida deben retomar esta práctica de Jesús y abandonar de una vez por todas sus prácticas tan semejantes a la del puro y observante fariseo.

Indudablemente la confesión del fariseo en su oración era real y sincera. No era ladrón ni injusto ni adúltero. Con el cumplimiento de la Ley pensaba que había ya ganado por sí mismo y sin intermediación alguna la gracia de Dios. La gracia de Dios dejaba de ser gracia para ser retribución. Cristo nos va a decir que el cumplimiento de la Ley no se fundamenta en esa expectativa de retribución sino que nace de nuestro amor a Dios. En el cumplimiento del primer mandamiento, no tener otros dioses porque amamos a uno solo. Nuestro corazón no está dividido y tiene un solo Señor.

La oración del recaudador también era sincera. No había orgullo en ella, reconocía su indigencia delante de Dios. No se transformaba en juez de los demás porque el núcleo de su espiritualidad estaba puesta en la gracia de Dios y no en sus virtudes o en el cumplimiento del ayuno o del diezmo o de cualquier otro mandato. No se atreve a prometer absolutamente nada porque se reconoce pobre aún en las promesas y compromisos. Su confianza estaba puesta totalmente en las manos de Dios y en lo que Dios podía hacer en sola gracia por su vida. Eso es amor incondicional. Esa es la sola fe. El reconocernos como mendigos delante de Dios, el reconocernos como el grupo más vulnerable es la condición previa a la verdadera fe.

Las paradojas son siempre un elemento esencial en todas las parábolas de Cristo. Aquel que de acuerdo a criterios sociales, culturales y religiosos imperantes se considera a sí mismo y  era considerado piadoso por los demás no es escuchado. Pero aquel o aquella que se considera a sí mismo como indigente delante de Dios y que reconoce que necesita de la acción de Dios es el que es escuchado.

Indudablemente esta parábola tiene una dedicatoria. Está destinado a todos y todas aquellos que en el contexto de la epidemia del SIDA también levantan sus ojos al cielo y dan gracias a Dios porque no son como aquellos o aquellas que pertenecen a diversos grupos vulnerables y se sienten fuera de esta crisis. Esta parábola está dirigida a las comunidades cristianas que continúan pensando que la epidemia del VIH-SIDA no tiene nada que ver con ellos y que es una realidad del mundo.

La comunidad cristiana es la comunidad de publícanos y prostitutas que se reconocen perdonados y esa es la única fuente de gozo y alegría. Esa es la única diferencia entre los miembros de esa comunidad y los “del mundo”. El perdón y la reconciliación recibidas como mendigos vulnerables es el único orgullo posible para un cristiano y ese sentimiento nos hace servidores de nuestro prójimo y nos impide transformarnos en jueces.

Para la revisión de vida

  • Analicemos : ¿cómo es mi manera de tratar con Dios, cómo es mi amistad con Él?
  • ¿Cómo hago oración en el contexto de la crisis del vih-sida?
  • ¿Me creo a salvo de la epidemia y que no pertenezco a un grupo vulnerable?
  • ¿Tengo conciencia de mi ser pecador? ¿Soy humilde ante Dios y ante los hermanos y hermanas?
  • ¿Abro mi corazón al amor totalmente gratuito de Dios?

Para la reunión de grupo

- ¿Qué actitudes "farisaicas" conocemos: en el mundo, en la Iglesia, en nuestro país, en nuestro ambiente...?

- ¿Qué es lo esencial del "fariseísmo"? ¿Por qué es contrario al Evangelio?

- ¿Tenemos algo también nosotros y nosotras de ello? ¿Cómo podríamos evitarlo?

- ¿Qué podemos hacer para comprometernos en la superación del fariseísmo en la sociedad y en la Iglesia en el contexto de la epidemia del vih-sida?

Para la oración de los fieles

-Para que el Señor nos dé a todos y todas el conocimiento íntimo de nuestras limitaciones y de nuestros pecados, de forma que  nunca despreciemos a los demás, roguemos al Señor.

-Para que seamos humildes, "andando en la verdad", sin enorgullecernos ni infravalorarnos,

-Para que nuestras comunidades sean ejemplo de relaciones fraternas maduras, donde cada uno ponga todos sus dones al servicio de los demás y todos y todas valoren los dones -pequeños o grandes- que Dios dio incluso al más pequeño de los hermanos y hermanas...

-Para que la Iglesia dé al el mundo el ejemplo de ser una comunidad inclusiva en cuyo seno sus miembros no buscan el poder ni el sentimiento de superioridad, sino el servicio desinteresado y humilde...

Oración comunitaria

Dios Padre Nuestro, cuyo Hijo se encarnó en nuestro linaje humano despojándose de sus títulos de gloria y pasando por "uno de tantos vulnerables": enséñanos a caminar tras sus huellas, poniendo nuestro corazón sinceramente en la verdadera gloria: el dar nuestra vida humildemente en el amor y el servicio. Así te lo pedimos gracias al ejemplo que nos dio Jesucristo, tu Hijo, que contigo vive y reina, y lucha y camina con nosotros y nosotras, en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios por los siglos de los siglos

Pastor Lisandro Orlov

Domingo 24 de Octubre de 2004