CICLO C. DOMINGO VIGÉSIMO NOVENO DE TIEMPO ORDINARIO. Propio 24.
Domingo entre octubre 16 y 22

EVANGELIO:Lucas 18, 1-8

Primera Lectura: Génesis 32: 22-31
Salmo responsorial: 121
Segunda Lectura: 2 Timoteo 3, 14-4: 5


VIGÉSIMO NOVENO DOMINGO DE TIEMPO ORDINARIO
EVANGELIO:
Lucas 18, 1-8
(trad. Juan Mateos, Nuevo Testamento , Ediciones El Almendro, Córdoba)

18:1 Para explicarles que tenían que orar siempre y no desanimarse, les propuso esta parábola: -En una ciudad había un juez que ni temía a Dios ni respetaba a las personas. 3En la misma ciudad había una viuda que iba a decirle: "Hazme justicia frente a mi adversario". 4 Por bastante tiempo no quiso, pero después pensó: "Yo no temo a Dios ni respeto a hombre, 5 pero esa viuda me está amargando la vida; le voy a hacer justicia, para que no venga continuamente a darme esta paliza". 6 Y el Señor añadió:  -Fijaos en lo que dice el juez injusto; 7 pues Dios ¿no reivindicará a sus elegidos, si ellos le gritan día y noche, o les dará largas? 8 Os digo que los reivindicará sin tardar. Pero cuando llegue el Hombre, ¿qué?, ¿va a encontrar esa fe en la tierra?


LO QUE PUEDE UNA EXCLUIDA EMPODERADA

Es todo un desafío el poder leer y entender este evangelio desde la perspectiva del compromiso en el acompañamiento, asesoramiento y promoción social de las personas que viven con vih-sida y la relación con nuestras propias comunidades de fe.

La intención de Jesús en esta parábola tiene como siempre múltiples interpretaciones. Nosotros hemos de seguir la línea de pensar que la idea fuerza es animar a sus discípulos en la tarea de implantar la soberanía de Dios en esta mundo. En este sentido debemos comprender un aspecto de la oración. Muchos viven la espiritualidad como un escape de las angustias y problemas de la vida cotidiana. La oración que nos enseña Jesús sale al encuentro de aquellos que ponen obstáculos en los derechos y en la dignidad de las personas excluidas y marginadas. La oración cristiana es parte esencial del compromiso de la comunidad de fe en el anuncio, construcción y testimonio de que otra relación entre los seres humanos es posible. La oración cristiana es parte del clamor por justicia, fraternidad y solidaridad.

Esta parábola tiene un final feliz. No siempre la realidad histórica es tan simple, pero nos coloca a todos y todas en la seguridad que la justicia finalmente se implantará y se abrazará con la misericordia y la paz. En el proyecto del Reino esa es una certeza y en medio del clamor por justicia, en medio de todos los esfuerzos y frustraciones, nos invita a elevar los ojos y contemplar el objetivo que queremos alcanzar y que se nos afirma que alcanzaremos. En medio de las tareas que emprendemos cada día en defensa de los derechos y de la dignidad de las personas que viven con VIH-SIDA, que en definitiva es el afirmar nuestros propios derechos y nuestra propia dignidad, esta parábola nos invita a no desfallecer, a encontrar en la misma tarea las fuerzas para continuar construyendo un mundo y una iglesia cada día más inclusiva y más creativa.

Junto a esta viuda, que es un símbolo de la exclusión y marginación, ya que no solo tiene la desventaja de ser mujer, de acuerdo a los criterios de género de su momento, sino que a una desventaja cultural se le agrega una desventaja social. Al no tener un varón a su lado que la represente y la defienda, debe ella misma asumir esa tarea socialmente asignada a los varones. Esta viuda se ha empoderado en ese contexto de exclusión y desafía pautas culturales, sociales y religiosas. También nosotros y nosotras con nuestra tarea junto a grupos estigmatizados culturalmente y marginados por falsos criterios de género, debemos acompañar ese proceso de empoderamiento para terminar con situaciones de injusticias estructurales,  y juntos clamar para que “venga a todos nosotros y nosotras el Reino” y no nos dejes caer en la opresión. 

Aquellos y aquellas que en la crisis del VIH-SIDA trabajan en la educación para la prevención, en la promoción de los derechos de ciudadanía y en el acompañamiento liberador no podemos desfallecer porque sabemos que Dios camina a nuestro lado, sosteniendo nuestro clamor, afirmando nuestras manos en la promoción social y humana. La oración es el centro de ese fortalecimiento porque no solo es un espacio para pedir, sino también es un espacio para discutir con Dios. Dios utiliza la pedagogía del oprimido porque construye con su pueblo un proyecto. Nunca se impone, se revela y nos revela. Dialoga y se encarna para dialogar. Se hace palabra simple, nunca una orden o un mandamiento. La palabra que nos hace libres es la palabra que nos busca, nos alienta pero también que se deja buscar y que en el diálogo se hace visible. Esa palabra encarnada siempre nos anuncia: “No tengan miedo”.

En el contexto del trabajo en vih-sida la oración se transforma en confesión de esperanza. Sabemos que los grandes laboratorios farmacéuticos y sus intereses económicos no han de vencer porque el derecho a la vida y a la salud serán siempre más fuertes. La oración es esa confesión válida para nosotros y para el mundo. Es la manifestación en medio de nuestras tareas de la victoria que ya se comienza a vislumbrar.

La oración coloca toda nuestra acción en el horizonte de Dios, en su perspectiva y coloca en sus manos la construcción de un mundo más solidario donde nadie quede excluido de la mesa fraterna. El modelo de toda oración es siempre el Padrenuestro, donde confesamos y anunciamos nuestra sed del reino de Dios ahora y aquí. Ahora y aquí en medio de la crisis revelada por el vih-sida cuando reconocemos que el problema no es el virus sino que el problema somos nosotros y nuestras limitaciones institucionales, tanto sociales como eclesiales. Clamamos para que se cumpla su voluntad y no la voluntad de los poderosos y de los opresores. Clamamos para que nos haga familia sin excluidos donde El sea padre de todos y todas. Clamamos para que se realice su proyecto aquí y ahora y que sea el verdadero soberano, es decir, cuando las relaciones entre todos los seres humanos se construyan según su modelo de inclusión incondicional, porque al que ama a Dios todo los demás se le dará por añadidura. 

Sin ninguna duda la figura del juez injusto no es la imagen de Dios. No puede ser esa la naturaleza de aquel que quiere que le llamemos Padre. Dios es el juez que quiere justicia para aquellos que le han dicho que si en la fe, es aquel que anuncia la felicidad de los que lloran porque ya ahora dejarán de llorar y serán consolados porque el quiere una tierra y un cielo donde no haya más lágrimas. El centro de la parábola está en la fe de la viuda, en el empoderamiento de los excluidos y estigmatizados, en la fe del marginado. En la fe que se hace activa en el amor encontramos la fuerza para vencer las resistencias, las opresiones y las exclusiones.

Para la revisión de vida

Como la viuda del evangelio, prototipo de todo excluido y marginado: ¿soy una persona perseverante, convencida, que sabe en medio de la crisis del vih-sida, lo que quiere y no vacila, que quiere lo que debe querer y en ello se realiza?

Para la reunión de grupo

Hacer una reunión de estudio en torno al tema de la oración como compromiso de construcción de una soberanía alternativa a otras soberanías.

  • La viuda también representa a las personas que viven con vih-sida, que a pesar de su  indefensión, encuentran fuerza en su fe para defender sus derechos, los derechos de los grupos vulnerables, que son los derechos de Dios ¿Cómo se podría leer la parábola en este sentido, en un tiempo como el que vivimos de "globalización" y de "globalización del derecho"?

Para la oración de los fieles

  • Por todos los cristianos y las cristianas, para que creamos siempre en el valor de confesión de la oración, sin tener que identificarla con un recurso mágico o un remedio fácil para nuestros problemas, roguemos al Señor.
  • Por todos los que claman a Dios desde situaciones insoportables de marginación a las que el sistema económico, culturales y sociales  actuales son despreciados y juzgados, para que comprendan que Dios quiere tanto su oración como su compromiso organizativo, social y político
  • Por todos los cristianos y las cristianas que participan en la administración de la "cosa pública",  para que den ejemplo de celo por el bien común, frente a la ola de corrupción, falta de ética y el individualismo que invade nuestra sociedad...
  • Por los cristianos que participan en la administración de la justicia, para que comprendan que antes que cualquier otra cosa, lo que Dios espera de ellos es un testimonio cabal de integridad y honradez...
  • Para que la sociedad acierte a superar esta situación de desencanto y pesimismo, de individualismo y pasividad, de "fin de la historia" y ausencia de utopías... y para que los cristianos hagamos gala de la fuerza inquebrantable que la fe tiene para hacernos sostener nuestros brazos en alto...

Oración comunitaria

Oh Dios, Padre de misericordia, que miras con entrañas de Madre el sufrimiento de tus hijos e hijas: confiamos a tu corazón la esperanza y la resistencia de todos nuestros hermanos y hermanas que reclaman insistentemente una justicia que no saben de dónde les llegará, y te pedimos nos des un corazón como el tuyo, para que armados de fe y de coraje, resistamos la tentación de la desesperanza y permanezcamos firmes junto a Ti en tu proyecto de crear un Mundo Nuevo, más digno de Ti y de nosotros tus criaturas. Por nuestro Señor Jesucristo...

Pastor Lisandro Orlov