CICLO C. VIGÉSIMO OCTAVO DOMINGO DE TIEMPO ORDINARIO. Propio 23.
Domingo entre Octubre 9 y 15.

EVANGELIO
: Lucas 17: 11-19

Primera lectura: 2 Reyes 5: 1-3, 7-15c
Salmo responsorial: 111
Segunda lectura: 2 Timoteo 2: 8-15 



EVANGELIO: Lucas 17, 11-19
(trad. Juan Mateos, Nuevo Testamento , Ediciones El Almendro, Córdoba)

11 Yendo camino de Jerusalén, también Jesús atravesó por entre Samaria y Galilea. 12 Cuando iba a entrar en una aldea, le salieron al encuentro diez leprosos, que se pararon a lo lejos 13  y le dijeron a voces:   -¡Jesús, jefe, ten compasión de nosotros! 14 Al verlos les dijo:  -Id a presentaros a los sacerdotes. Mientras iban de camino, quedaron limpios. 15 Uno de ellos, viendo que se había curado, se volvió alabando a Dios a grandes voces 16  y se echó a sus pies rostro a tierra, dándole las gracias; éste era samaritano. 17 Jesús preguntó: -¿No han quedado limpios los diez? Los otros nueve, ¿dónde están? 18 ¿No ha habido quien vuelva para dar gloria a Dios, excepto este extranjero? 19 y le dijo: -Levántate, vete, tu fe te ha salvado.


UN IMPURO ENTRE LOS IMPUROS

Para poder comprender en toda su plenitud la escena tenemos que recordar que estamos en presencia de un grupo de impuros litúrgicos. Los leprosos eran excluidos del templo y de toda relación social por razones de impureza ritual ya que la enfermedad era considerada como un signo de pecado y de castigo divino. No existía en esa marginación ninguna idea de profilaxis médica o medida de higiene. La creencia que relacionaba estrechamente enfermedad con pecado estaba profundamente enraizada en las creencias populares. En medio de este grupo de impuros litúrgicos nos encontramos con un representante de una impureza teológica ya que los samaritanos eran considerados desde la perspectiva judía como herejes ya que había sufrida la mezcla de creencias y de formas de leer y observar la Ley. Por esta razón, Samaria era considerada por los judíos una región heterodoxa, población de sangre mezclada y de religión sincretista. Llamar a alguien 'samaritano' era, para los judíos del sur, uno de los mayores insultos. El libro del Levítico prescribe cómo habían de comportarse los leprosos o enfermos de la piel: «El que ha sido declarado enfermo de afección cutánea andará harapiento y despeinado, con la barba tapada y gritando: Impuro, impuro! Mientras le dure la afección seguirá impuro. Vivirá apartado y tendrá su morada fuera del campamento» (Levítico 13, 45-46). El concepto de lepra en la Biblia dista mucho de la acepción que la medicina moderna da a esta palabra, tratándose en muchos casos de enfermedades curables de la piel. El ir harapiento y despeinado, con la barba tapada era la forma de hacer visible el duelo y la penitencia. Muchas personas que viven con VIH-SIDA también sienten la misma exclusión y en algunas situaciones se los considera muertos civiles.

En vista de ese contexto los leprosos no se acercaron a Jesús, evidentemente un judía que iba hacia Jerusalén, el centro de la ortodoxia y del poder religioso. Asumieron  el sentido de impureza impuesto por los otros, por los demás. Aceptaron el discurso hegemónico. Jesús al verlos, sin imponer ninguna condición ni requisito,  les indica que cumplan aquellas disposiciones que marcan con mucha claridad las Escrituras ya que una exclusión religiosa debía ser terminada por la autoridad religiosa cuya función era certificar la reinserción en la sociedad.

El relato no termina con ese mandato. En el camino los diez leprosos quedan curados que de acuerdo con aquella ideología, quedan perdonados y reconciliados con Dios y con la comunidad de fe. Uno solo de ellos, el de la doble impureza, no llega hasta el sacerdote, desobedece lo estipulado por la Ley y aún por el mandato de Jesús y con signos de alegría y reconocimiento regresa al encuentro del mismo Jesús. Los otros también eran como este samaritano “pecadores reconciliados” pero que por cumplir en forma fundamentalista la Ley y aún entender como mandamiento la palabra de Jesús no expresan el cambio interior que se ha producido sino que se conforman con el cumplimiento externo de un mandato. Pierden de vista la realidad de la gracia en el cumplimiento exacto de la Ley. La religiosidad farisea, tan combatida en los evangelios, basaba la relación del ser humano con Dios en dos pilares fundamentales: la obediencia ciega y el mérito. El ser humano debía someterse totalmente a Dios, igual que un esclavo a su amo. Y la manera de hacerlo era acatar la voluntad de Dios, manifestada en la Ley de Moisés y en las innumerables tradiciones y costumbres que habían acabado por tener más importancia que la misma ley escrita. Los fariseos renunciaban a todo lo que pudiera considerarse libertad, capacidad de iniciativa, creatividad...

El doblemente impuro es aquel que desobedece tanto la Ley como el mandato mismo de Jesús y regresa a dar gracias y esta fe y esta desobediencia es la que salva. No es el cumplimiento de la Ley que nos salva sino el reconocer la acción de la gracia de Dios en la vida de cada uno de nosotros y nosotras.

Aquellos que siendo judíos cumplieron el ritual religioso y con ello se sintieron puros y reconciliados por el cumplimiento de un mandamiento, hicieron que la acción de Jesús quedara excluida y olvidada. El cumplimiento de un mandamiento hacia imposible el ser agradecido a Jesús porque todo el peso de la acción está puesto en el ritual de cumplimiento externo. Lo que valía era el cumplimiento de aquello que mandaba la Ley y no el corazón agradecido por la acción totalmente gratuita de Jesús. Solo una lectura heterodoxa de la Ley puede salvar, la lectura heterodoxa de Cristo Jesús, el Señor de la Vida y de la Ley.

En el contexto de la epidemia del sida conocemos que solo el empoderamiento de las personas que viven  vih pueden ayudarnos a redescubrir la lectura heterodoxa de Cristo: la lectura desde el saber amar a aquel que nos ama.

Para la revisión de vida

  • ¿Tengo personas en el círculo en que me muevo -o más allá- a las que he marcado para mí con una señal de segregación o marginación por la mera sospecha de pertenecer a algún grupo considerado vulnerable al vih-sida?
  • ¿Como cristianos, vivimos en actitud de acción de gracias o en la búsqueda de méritos al cumplir los mandamientos?

Para la reunión de grupo

  • Naamán no quería poner en práctica lo que el profeta le había mandado para curarse, porque le parecía demasiado simple; él esperaba algo más complicado, incluso espectacular... ¿Ocurre esto hoy día también?
  • ¿Quiénes son las personas más pobres y marginadas (los actuales "leprosos") del entorno en que vivimos? Describir los actitudes concretas con las que se les margina.
  • ¿Cuál es nuestra proyección concreta hacia esos desvalidos?

Para la oración de los fieles

  • Para que descubramos los motivos que tenemos para vivir en "continua acción de gracias" porque hemos sido curados de nuestras exclusiones, roguemos al Señor
  • Por los modernos "leprosos", los que la sociedad evita... para que nuestra fe rompa con esa imposición social y demos testimonio de una fraternidad que salta fronteras y prejuicios...
  • Para que, como Jesús, estemos atentos a recibir la sorpresa de la gratitud del diferente... y para que nosotros mismos seamos siempre agradecidos...
  • Para que los cristianos defiendan el derecho de las personas que viven con vih-sida y de todos los excluidos,  a buscar mejores condiciones de vida  y de dignidad
  • Para que, como recomienda Pablo a Timoteo, en medio de la epidemia del vih-sida "hagamos memoria permanente de Jesús", y hagamos memoria también de quienes le siguieron fielmente, especialmente de aquellos y aquellas que han muerto de vih-SIDA de estas últimas décadas...
  • Para que prolonguemos nuestra "eucaristía" que es nuestra más importante "acción de gracias", durante toda la semana que comenzamos...

Oración comunitaria

Dios Padre Nuestro, que en Jesús nos has mostrado tu voluntad de que se rompan las barreras y fronteras que nos separan, de que los "leprosos" de todos los tiempos sean curados de nuestras exclusiones y se integren a la comunidad; danos una actitud abierta y acogedora como la suya, que destruya los efectos de la marginación y nos ayude a construir una ciudad humana para todos, de hijos de Dios, hermanos y hermanas sin distinción. Por Jesucristo Nuestro Señor.

Pastor Lisandro Orlov