CICLO C. VIGÉSIMO SÉPTIMO DOMINGO DE  TIEMPO ORDINARIO. PROPIO 22.
Domingo entre octubre 2 y 8.

Primera lectura: Habacuc 1: 1-4, 2: 1-4
Salmo responsorial: 37: 1-10
Segunda lectura: 2º Timoteo 1: 1-14 

EVANGELIO Lucas 17, 5-10
(trad. Juan Mateos, Nuevo Testamento , Ediciones El Almendro, Córdoba)

5  Los apóstoles le pidieron al Señor: -Auméntanos la fe. 6 El Señor contestó: -Si tuvierais una fe como un grano de mostaza, le diríais a esa morera: "quítate de ahí y tírate al mar", y os obedecería. 7 Pero suponed que un siervo vuestro trabaja de labrador o de pastor. Cuando vuelve del campo, ¿quién de vosotros le dice: "Pasa corriendo a la mesa"? 8  No, le decís: "Prepárame de cenar, ponte el delantal y sírveme mientras yo como; luego comerás tú". 9¿Tenéis que estar agradecidos al siervo porque hace lo que se le manda? 10 Pues vosotros lo mismo: cuando hayáis hecho todo lo que os han mandado, decid: "Somos unos pobres siervos, hemos hecho lo que teníamos que hacer".


POBRES SIERVOS

«Los apóstoles le pidieron al Señor: -Auméntanos la fe. El Señor contestó: -Si tuvierais una fe como un grano de mostaza, le diríais a esa morera: 'Arráncate y tírate al mar', y os obedecería» (Lucas 17,5-6).

Con este Evangelio queremos encontrar iluminación para entender nuestra acción pastoral en el contexto de la epidemia del vih-sida y en la construcción de un mensaje que eduque para la prevención, en una acción en defensa de la dignidad de hermanos y hermanas y en la acción pastoral de compromiso y comunión con las personas que viven con vih-sida.

El centro de nuestra acción es la fe, aún la pequeña fe que muchas veces tenemos pero que con la cual nos hemos propuestos de arrancar las montañas de la separación, del estigma y de la exclusión para construir un camino aplanado donde nadie tenga ningún inconveniente en acercarse a la mesa del Reino.

Muchos comentaristas se han preguntado a qué monte se refiere Jesús en este pasaje. Quizás se refería al monte santo de Jerusalén, sede del templo y centro de un sistema religioso reaccionario, con una lectura fundamentalista de las escrituras, legalistas, opresor de los grupos vulnerables y comprometido con intereses políticos imperiales. Es muy posible que en nuestra tarea en la Pastoral del vih-sida también tengamos en enfrentarnos con aquellos y aquellas que tienen poder en la iglesia y que tienen una lectura de las Escrituras también legalista y opresiva. Acompañar a las personas que viven con vih-sida, muchas de ellas procedentes de grupos excluidos y estigmatizados por la misma iglesia y no sólo por la sociedad, también significa un compromiso de cambiar ese sistema de marginación.

Cuando miramos a nuestro alrededor vemos a muchos bautizados tan cautos, tan diplomáticos, que tienen siempre muy en cuenta la opinión de los poderosos y que siempre creen que los oprimidos y excluidos tienen tiempo para esperar momentos mejores. Los tiempos se acaban y el compromiso con la justicia y la solidaridad es ahora. Un grano de fe en ese mundo  fraterno podría darnos la fuerza de mover las montañas de separación que los que tienen poder han colocado entre nosotros y nosotras. Si viviéramos según el evangelio, que siempre es la fuerza en la debilidad, el poder escondido y silencioso, tendríamos la fuerza de cambiar esta realidad.  Muchas veces no tenemos esta nueva fe porque seguimos aferrados a la antigua fe. No nos atrevemos a romper con lo conocido para adentrarnos en los caminos aventurados del Evangelio donde el Espíritu sopla dónde y cuando quiere y nos lleva en forma creativa a siempre nuevas formas de solidaridad.

Pobres, libres, sin seguridades, sin poder, como Jesús. Sólo tiene fe quien se adhiere a este estilo de vida evangélico. Quien no, tiene creencias que para casi nada sirven. Y así no se puede cambiar el sistema.

La fe es tarea, es un ubicarnos de un determinado lado en la construcción de un mundo más fraterno, justo y creativo. Es una fuerza y una locura que nos regala Dios pero que aceptamos como personas libres y responsables porque nos hemos enamorado del proyecto de Dios para con nosotros, nuestra sociedad y la creación entera.

Nosotros somos los diáconos, los servidores de Cristo, en la construcción de una sociedad y de una iglesia más inclusiva que sabe muy bien anunciar la buena noticia de la justificación por la fe y por sola gracia que es la esencia misma del Evangelio y de toda predicación. Una iglesia que en el contexto de la epidemia del vih-sida y en su diálogo con los grupos vulnerables sabe muy bien separar y diferenciar ley y evangelio.

Para la revisión de vida

-El justo vivirá por la fe... ¿Puedo decir yo lo mismo de mí mismo? ¿Es la fe el principio que realmente orienta mi vida? ¿Soy en verdad una persona "de una fe" que mueve las montañas del estigma y de la exclusión?

Para la reunión de grupo

-Si el justo vivirá por la fe... analicemos: qué porcentaje de nuestra propia vida estamos conduciéndola así por motivos de fe, de forma que si perdiéramos la fe inmediatamente nos conduciríamos de otro modo? Si ese porcentaje es pequeño, significa que no es muy cierto en mi vida que el justo vive por la fe.

-En qué situaciones del mundo de hoy el cristiano consecuente debería ir a contracorriente, fiado en su fe y no en lo que es usual en la sociedad actual?

Para la oración de los fieles

  • Para que sea la fe el principio que organice, anime e impulse nuestra vida, roguemos al Señor.
  • Para que vivamos nuestro cristianismo como un seguimiento libre de Jesús: para creer como él, afrontar la vida y la historia como lo hizo él, ser en verdad discípulos y discípulas suyos...
  • Para que construyamos al Reino de Dios con entusiasmo, con pasión y, a la vez, con simplicidad y humildad, conscientes de que ese trabajo es simplemente "lo que debemos hacer en amor a toda la creación"...
  • Para que el Señor nos dé la humildad de los que "hacen lo que deben" sin sentirse importantes ni dignos de agradecimiento ni recompensa...
  • Para que sean muchos los jóvenes que, con simplicidad y humildad, se sientan llamados a un servicio total y desinteresado...

Oración comunitaria

Dios, Padre Nuestro, que en Jesús nos has mostrado el camino heroico del servicio y la entrega con simplicidad y sin exigencias; libre para contigo y esclavos del amor hacia nuestros hermanos y hermanas que viven con VIH-SIDA;  haz que nosotros y nosotras, servidores humildes, sencillos y fraternales, sin reclamar nunca lo que hacemos como una deuda que tu tienes con nosotros, sin buscar reconocimientos de forma tal que nuestra mano izquierda ignore lo que ha hecho de bien la mano derecha. Por Jesucristo Nuestro Señor. 

Pastor Lisandro Orlov