Domingo 2 de septiembre 2007

Ciclo C. VIGÉSIMO SEGUNDO DOMINGO DE TIEMPO ORDINARIO. Propio 17

Evangelio : Lucas 14, 1. 7-14

Primera lectura: Proverbios 25, 6-7 o Eclesiástico 10, 12-18
Salmo responsorial: 112
Segunda lectura: Hebreos 13, 1-8, 15-16
   



EVANGELIO
Lucas 14, 1. 7-14

(Traducción: “El Libro del Pueblo de Dios. La Biblia. Madrid. Bs.As.)

14 1 Un día de precepto fue a comer a casa de uno de los jefes fariseos, y ellos lo estaban acechando. 7 Notando que los convidados escogían los primeros puestos, les propuso estas máximas: 8 -Cuando alguien te convide a una boda, no te sientes en el primer puesto, que a lo mejor han convidado a otro de más categoría que tú; 9 se acercará el que os invitó a ti y a él y te dirá: "Déjale el puesto a éste". Entonces, avergonzado, tendrás que ir bajando hasta el último puesto. 10 Al revés, cuando te conviden, ve a sentarte en el último puesto, para que, cuando se acerque el que te convidó, te diga: "Amigo, sube más arriba". Así quedarás muy bien ante los demás comensales. 11 Porque a todo el que se en­cumbra, lo abajarán, y al que se abaja, lo encumbrarán.

12 Y al que lo había invitado le dijo: -Cuando des una comida o una cena, no invites a tus amigos ni a tus hermanos ni a tus parientes ni a vecinos ricos; no sea que te inviten ellos para corresponder y quedes pagado. 13  Al revés, cuando des un banquete, invita a los pobres, lisiados, cojos y ciegos; 14 y dichoso tú en­tonces, porque no pueden pagarte; te pagarán cuando re­suciten los justos.

 

ME CUESTA PENSAR DE OTRA MANERA…

Este es uno de esos textos con los cuales tenemos que pelear y mucho. No solo pelear con el texto sino también con los comentaristas diversos y con la tradición. Me cuesta aceptar que Jesús de Nazaret esté solamente preocupado por cuestiones de protocolo y que se transforme en un asesor de imagen y de comportamiento de etiqueta. Me duele en el alma pensar en Jesús de Nazaret imitando a la hija de un conde ruso que en la televisión argentina nos educa sobre la forma de utilizar los cubiertos en una mesa elegante. Me preocupa pensar en él indicando la forma de tomar la servilleta, sobre las copas que debo utilizar de acuerdo al color del vino, indicando los tenedores que debo utilizar con cada comida y las conversaciones que debo mantener. Me cuesta pensarlo de esta forma.

Tampoco estoy con muchas ganas de pensar que este pasaje nos habla de la humildad cristiana porque, si fuera así, simplemente con ocupar los últimos asientos en cada conferencia, iglesia o reunión política ya habría tocado el cielo con las manos. Este párrafo seguramente estaba en la mente de muchas y muchos de los miembros de mi congregación de origen. Cada domingo se concentraban y se apiñaban en los últimos bancos de la iglesia porque esa era una regla que hacia visible nuestra publicitada humildad. Algunos osados y osadas llegaban a sentarse en los bancos de la mitad del templo para no pecar de soberbios ocupando los primeros pero tampoco ocupar los últimos para no poner de manifiesto esa humildad tan fácilmente adquirida. Siempre he tenido la sospecha y la experiencia propia, que aquellos y aquellas que nos ubicáramos en el último lugar, en algún rinconcito de nuestro corazón teníamos la remota esperanza que alguien nos viera y nos invitara a pasar a un lugar de honor para dejar con la boca abierta a todas y todos los que queríamos impactar con nuestra humildad. También me cuesta pensar que esas reglas de buena educación y cortesía sea el centro de este mensaje. Me cuesta…

Creo que olvidamos varios elementos que aparecen en esta lectura y que el caminar junto con las personas y grupos vulnerables al vih y al sida, me ha hecho sumamente sensible. En primer lugar tenemos que tener en mente que este párrafo esta ubicado en el camino de Jesús de Nazaret hacia Jerusalén, al enfrentamiento final con los que tienen otra posición hermenéutica con relación a las Escrituras y con aquellos que se sienten amenazados por su comunión con estigmatizados. Tengo claro que nadie es condenado a muerte de cruz por recomendaciones de etiqueta, buenos modales y reglas de cortesía. Me cuesta…

En este episodio tenemos dos clases de mesas. La mesa de la casa de los jefes fariseos donde existe un “arriba” y un “abajo”, un “adelante” y un “atrás”. De esta forma son las mesas que se oponen a la propuesta de mesa de Jesús de Nazaret. Aquí aquello que está en juicio son los modelos de mesa que nos ofrecen la sociedad y aún muchas iglesias. Simplemente basta analizar los escalones, divisiones y ubicación de asientos y espacio en nuestras propias comunidades como para percibir la cercanía del lenguaje de las mesas de los jefes fariseos. En muchas de nuestras comunidades los escalones diversos y sutiles nos indican que en nuestra teología y en nuestra concepción del ministerio y del sacerdocio, aún perdura la idea del “arriba” y el “abajo”. Esos escalones son un atentado a nuestra afirmación teológicas fundamentales sobre el sacerdocio universal de todas y todos los creyentes.

La forma en que colocamos los asientos en nuestras iglesias, tradicionales, elegantes, pesados, históricos…son un testimonio que las mesas de los jefes fariseos aún perduran en nuestras prácticas y que contradicen nuestra identidad confesional, nuestra igualdad bautismal y nuestra acción pastoral más simple. A las y los bautizados se los ha colocado de tal forma que han dejado de ser fieles para transformarse, por su ubicación en el espacio de la cena, en simples espectadores. Es por ello que actualmente muchas iglesias y comunidades se sienten tan bien y confortables en viejos cines y teatros. Esa es una clara opción teológica y no meramente un acontecimiento estética o práctico. La forma que en que nos congregamos y reunimos alrededor de la mesa de Jesús de Nazaret habla más que mil palabras teológicas.

Aquí lo que está en juego es la estructura jerárquica de esta mesa con sus arriba y abajo, con sus adelante y atrás. La mesa de Jesús de Nazaret ya no tiene esas indicaciones sino que, en primer lugar, una mesa y no una sala de conferencias. La invitación es de colocarnos alrededor de la mesa de la Palabra y de la Cena en la igualdad que nos concede el bautismo y la fe. Ese es el centro, y esto lo decimos y afirmamos de mil y una formas. Hablamos del núcleo de la comunidad cristiana, de su centro pero no pensamos en redondo, seguimos pensando, como los jefes fariseos, en cuadrados y rectángulos con sus adelantes y atrás. Y para peor pensamos que hay personas de arriba y de abajo, pensamos que hay hermanos y hermanas de adelante y de atrás. Pensamos en nuestras comunidades como pensamos los aviones de larga distancia. Algunos siguen siendo pasajeros de la clase económica o turista (porque siguen siendo extraños a la mesa) pero algunos son pasajeros de la primera clase o business por su ubicación en el espacio de iglesia. Indudablemente es una realidad que cuando Jesús de Nazaret habla y piensa lo hace en círculos pero nosotros traducimos su mensaje en cuadrados.

Me cuesta pensar que el núcleo de este texto sea simplemente consejos de buena educación o de humildad. Sospecho que hay algo más profundo, escondidito que exige que profundicemos para descubrirlo. Me cuesta quedarme con lo obvio y pensar lo obvio. Estoy seguro que aquí tenemos un mensaje cifrado. Estoy seguro que estamos frente al Código de Jesús de Nazaret que tenemos que aprender a descifrar.

En este pasaje tenemos indicaciones tanto para el invitado o huésped como indicaciones para el anfitrión o dueña o dueño de casa. Para la o el invitado muchas palabras nos recuerdan al Cántico de María donde se nos asegura los cambios radicales que habrá en la estructura social del Reino de Dios. Esa es nuestra esperanza y esa esperanza la compartimos hoy  con las personas y grupos en situación de vulnerabilidad al vih y al sida. Compartimos con mucho gozo, alegría y fuerza la invitación a poner patas para arriba los valores de esta sociedad y aún de muchas iglesias. Poner patas para arriba una hermenéutica propia de los jefes de los fariseos y sus mesas, para encontrar la hermenéutica de Jesús de Nazaret con la mesa de comunión. Y esto tiene consecuencias. De esta forma sabremos que merecemos compartir con él la cruz que está en todos los Jerusalén. El vivir y proclamar que los que están atrás son invitados a venir al centro, los que están afuera ahora son parte del núcleo de nuestra acción de gracias tiene como consecuencia la cruz. Me cuesta pensar de otra manera…

Para aquellos y aquellas que estamos viviendo la realidad de la epidemia del vih y sida y el proceso de conversión al cual nos ha sometido la epidemia, las indicaciones que Jesús de Nazaret le sugiere a quien realiza las invitaciones para la cena, me parecen de una claridad y una fuerza revolucionaria. Cuando celebremos la Eucaristía no invitemos a nuestros amigos y amigas, que piensan exactamente como nosotros, que hablan nuestro idioma, que se visten igual a nosotros. Esas tres categorías de amigos y amigas, hermanos y hermanas y vecinos y vecinas se contraponen paradójicamente con la otra serie de tres a quienes debe ir la invitación: pobres, enfermos y ciegos. Que hermosa y misteriosa descripción de las personas y grupos en situación de vulnerabilidad al vih y al sida que encontramos cada día en nuestro caminar. No habría mejor forma de describirlos porque nuestros estigmas y prejuicios les han hecho pobres cuando no tienen acceso a los medicamentos que aseguran calidad de vida, les hemos transformado en lisiados y rengos porque ponemos tantos requisitos para su ingreso a nuestras comunidades y a nuestras comuniones que solo las y los campeones de salto podrían sortear tantos requisitos. Les hemos transformado en ciegos porque ya no pueden ver a Jesús de Nazaret en nuestras vidas ni en nuestras comunidades.

Pero por gracia, por perdón de Dios, hoy estamos nuevamente llamados y enviados a todos los grupos y personas que viven con vih y sida, pedirles un perdón que va más allá de toda diplomacia e invitarles a la cena circular,  porque sabemos que son ellos la estirpe misteriosa y paradójica que Jesús de Nazaret quiere sentar en su mesa eucarística profundamente redonda, donde todas y todos somos centro y núcleo de vida junto con él. Al mirar este Santo Grial veremos en su centro y en sus bordes el rostro de todas y todos esos hermanos que hoy viven con vih y con sida y que claman por inclusión. Cuando decimos que la iglesia tiene sida estamos justamente diciendo que ellos y ellas son los invitados que por gracia hoy pone Dios en nuestro Santo Grial y en su mesa.

Esta cena alternativa de Jesús de Nazaret que se contrapone a todas las cenas dadas por los jefes de los fariseos de aquel tiempo y de ahora tiene su paradigma en la cena que nunca terminará: es la cena en la cual veremos llegar a todas y todos los resucitados en sus dignidades y en sus derechos que vendrán a abrazarnos y compartir la cena de los bautizados en la dignidad de la mesa redonda. Esa es la etiqueta de Dios. Me cuesta pensar de otra manera.

Para la revisión de vida

  • ¿Cuándo hablo de hermanos y hermanas sigo pensando en clases altas y en clases bajas, en barrios altos y en barrios bajos? ¿En relación a qué y a quién son altos y bajos?
  •  ¿Cuando invito a las personas y grupos que viven con vih y sida a participar de la Santa Cena en mi comunidad, estoy dispuesto a poner patas para arriba los criterios de inclusión de mis hermanos, parientes, y amigos?
  • En definitiva: ¿nuestra invitación es gratuita y desinteresad? ¿No tiene un gustito de proselitismo? ¿Imponemos condiciones? ¿Cuáles?

 

Para la reunión de grupo

El gran tema que nos propone este texto es comparar las diversas mesas que nuestras comunidades ofrecen a las personas en situación de vulnerabilidad al prejuicio y la marginación.

 

Para la oración de los fieles

  • -Para que este encuentro con las diversas mesas de la vida y de la existencia sepamos renovar nuestro compromiso bautismal y salir a los caminos a invitar a tu cena a los pobres de arriba y de abajo, de atrás y de adelante, roguemos al Señor: Para las y los buenos brilla una luz en las tinieblas.
  • -En su camino hacia la cruz tu Hijo nos fue enseñando nuevas formas de cenar y de comunión. Concede a tu pueblo que en ese mismo caminar tengamos la valentía de sostener las invitaciones que hacemos a quienes otras y otros no consideran dignos de que les sentemos a tu mesa, roguemos al Señor: Para las y los buenos brilla una luz en las tinieblas.
  • -Para que seamos capaces de poner nuestro corazón y nuestro tesoro en los verdaderos valores, los que resisten hasta la "resurrección de los justos", hasta la victoria de la Justicia... roguemos al Señor: Para las y los buenos brilla una luz en las tinieblas.
  • -Para que el evangelio desafíe en nosotros a la ideología que coloca a los seres humanos en categorías de arriba y abajo, de adentro y afuera, de atrás y adelante, donde todo se compra y todo tiene precio, para que tengamos la valentía de celebrar la única cena que no tiene precio y que es totalmente gratuita para todo ser humano… roguemos al Señor: Para las y los buenos brilla una luz en las tinieblas.
  • -Para que eduquemos nuestra mirada y nuestro corazón, de forma que seamos capaces de gozarnos en los valores gratuitos, allí donde otras y otros pueden ver sólo pérdida de ocasiones de lucro o de proselitismo... roguemos al Señor: Para las y los buenos brilla una luz en las tinieblas.

 

Oración comunitaria

            Dios de todas las mesas, que por puro amor gratuito nos has creado y nos has regalado también gratuitamente la Vida y la dignidad de ser tus hijos e hijas Danos un corazón grande para amar, fuerte para luchar y generoso para entregarnos a nosotras y nosotros mismos como regalo a quienes no son nuestros amigos, familiares y parientes. Para entregarnos sin condiciones y sin esperar nada a cambio. Te lo pedimos con todas nuestras fuerzas por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que entregó su vida generosamente por nosotras y  nosotros como el camino que hemos de seguir para llegar hasta ti, que vives y reinas por los siglos de los siglos.

Pastor Lisandro Orlov

Pastoral Ecuménica VIH-SIDA

Buenos Aires. Argentina