Domingo 14 de enero de 2006

CICLO C. SEGUNDO DE TIEMPO ORDINARIO

EVANGELIO: Juan 2, 1-11 

Primera lectura: Isaías 62, 1-5
Salmo responsorial: Salmo 36.
Segunda Lectura: Corintios 6, 12-20

 

 


EVANGELIO
 

Juan 2, 1-11
(trad. Juan Mateos, Nuevo Testamento, Ediciones El Almendro, Córdoba )

 

2 1 Al tercer día hubo una boda en Caná de Galilea, y estaba allí la madre de Jesús; 2y fue invitado Jesús, como también sus discípulos, a la boda.  3 Faltó el vino, y la madre de Jesús se dirigió a él: -No tienen vino.  4 Jesús le contestó: -¿Qué nos importa a mí y a ti, mujer? Todavía no ha llegado mi hora.  5 Su madre dijo a los sirvientes: -Cualquier cosa que os diga, hacedla.6 Estaban allí colocadas seis tinajas de piedra destinadas a la purificación de los Judíos; cabían unos cien litros en cada una.  7 Jesús les dijo: -Llenad las tinajas de agua.  Y las llenaron hasta arriba.8 Entonces les mandó: -Sacad ahora y llevadle al maestresala.Ellos se la llevaron. 9Al probar el maestresala el agua convertida en vino, sin saber de dónde venía (los sirvientes sí lo sabían, pues habían sacado el agua), llamó al novio 10 y le dijo:  -Todo el mundo sirve primero el vino de calidad, y cuando la gente está bebida, el peor; tú, el vino de calidad lo has tenido guardado hasta ahora.

11 Esto hizo Jesús en Caná de Galilea, como principio de las señales, manifestó su gloria, y sus discípulos le  die­ron su adhesión.

 

 EL ANTIGUO RÉGIMEN

 

Es importante acercarnos con mucho cuidado a este texto porque ha sido utilizado para fundamentar posiciones dispares y en general ha tenido una lectura superficial y tendenciosa. La frase inicial nos ubica en un tiempo teológico. El tercer día se suma por un lado a la escena anterior, la de la llamada de discípulos, que hace un total de seis días. Este número, a diferencia del siete que es la plenitud, significa aquello que no está terminado y también es el día en que se creó el ser humano en el relato del libro del Génesis. Estos son dos elementos simbólicos que nos han de acompañar a lo largo de este  relato.

Esta boda no es el elemento central del relato sino que es el escenario de fondo utilizado para ejercer una crítica al sistema religioso con el cual se enfrenta Jesús de Nazaret. Es un ejemplo tomado de la vida cotidiana y un evento que todos y todas conocemos y hemos vivido alguna vez.

El vocabulario nos revela gran parte de las intenciones teológicas, es decir, la forma en interpretar la realidad del evangelista. Las bodas han sido utilizadas por los escritores bíblicos, en especial los profetas, como una imagen y descripción de la relación de Dios con su pueblo. Un relato de amor, fidelidad permanente de Dios, infidelidad de su pueblo. Por lo tanto el centro del relato es esa relación. La antigua y la nueva forma de relacionarse con Dios. Por medio de los ritos de purificación o por medio de la gracia revelada en Jesucristo.

En el contexto de la epidemia del vih y del sida nos encontramos también con esta discusión y esta tensión. Permanentemente aparecen este enfrentamiento en el marco de lo puro e impuro, de la ley y de la gracia. Esta boda pertenece al antiguo régimen y en ese contexto se producirá la acción. Comienza sin vino y termina con abundancia. Jesús ha sido invitado a vivir en ese sistema pero no se integra totalmente. Es un espectador de lo que ocurre. Es por ello que podemos comprender el diálogo con su madre. María constata que en esa celebración falta vino. Este es el segundo elemento a tener en cuenta. El vino es símbolo de la alegría del reino, de la plenitud de la presencia de Dios en medio del pueblo. La constatación de que falta vino muestra que María, que forma parte de ese antiguo sistema, ha tomado conciencia de sus límites y acude a su Hijo. María tiene esperanza de que la salvación del sistema vendrá de afuera del sistema.

Quizás nosotros y nosotras podamos vivir la misma esperanza. Frente a la crisis de inclusividad de nuestras comunidades y en medio de la realidad que nos revela la epidemia del vih y del sida, que nos hace tomar conciencia de nuestras limitaciones y exclusiones, quizás la esperanza de una nueva vida para nuestras comunidades también venga de aquellos y aquellas invitados inesperados que a los que nos ha abierto la epidemia.

Ante esa falta de vino, Jesús de Nazaret responde en forma cortante: “¿Qué nos importa a mi y a ti, mujer? Todavía no ha llegado mi hora”. Dos realidades en una sola afirmación. Por un lado Jesús no pertenece a ese sistema y es un extraño en esa realidad. La hora de Jesús de Nazaret, es la clave de comprensión de este acontecimiento y de este milagro y de todos los milagros La hora de Jesús es la cruz y desde ella tenemos que interpretar y comprender todas sus acciones. Todas las maravillas señalan el gran milagro de la cruz, en definitiva el único y verdadero milagro.

Las seis tinajas de piedra, nuevamente el número imperfecto, representan la espiritualidad de la comunidad de fe de aquel tiempo y frente a la cual Jesús viene a traer una novedad total. Esa espiritualidad fundamentada en el cumplir rituales de purificación constantes porque nadie se puede sentir lo suficientemente puro como para acercarse a Dios. Esta es una espiritualidad vacía y contraria a la que nos brinda Jesús de Nazaret. Nuestras comunidades también muchas veces tienen un énfasis tan grande en el pecado, en los errores, en las confesiones privadas o públicas, en las impurezas de actos, personas y palabras que no nos permiten ver otra realidad más importante. Hemos construido nuevamente una espiritualidad centrada en los pecados y hemos olvidado la fidelidad incondicional y amorosa de Dios. Hemos vaciado nuevamente las tinajas.

Esas tinajas son llenadas con agua hasta el borde para significar muchas cosas. El agua también es otro de los signos junto a las bodas y el vino. La purificación que realiza Jesús de Nazaret de los ritos impuestos en forma opresiva al pueblo creyente no va a ser simplemente un reforma o un parche. Es un cambio total. El vino nuevo de la gracia incondicional de Dios y que llegará a su plenitud en la séptima copa de la Eucaristía, reemplaza totalmente a los ritos de purificación. El vino es el signo de consolación y de amor presente en toda celebración de amor. Muchas veces en nuestras celebraciones litúrgicas le damos mayor importancia a la confesión de pecados que deben ser detalladas y minuciosas que al abrazo incondicional de la paz que es el signo más grande de absolución y reconciliación que los cristianos y cristianas pueden compartir en la gran boda del Cordero de Dios.

Estas bodas y este vino nuevo que significan la renovada comprensión de la relación entre Dios y su pueblo, ya no se fundamenta en las seis tinajas de piedra con agua para la purificación y en todos esos ritos sino en el agua nueva del bautismo que se nutre del vino nuevo de la gracia sorprendente de Dios, que se renueva cada día, aún en el contexto de la vieja celebración.

Ya no pertenecemos a las seis tinajas de purificación de piedra y todos sus ritos, símbolo también de las leyes escritas igualmente en piedra, sino a la nueva realidad que llega a su plenitud en la cruz y resurrección de Jesús de Nazaret. Ese es el único y central rito de purificación concedido a toda la humanidad y a todas las personas: el cáliz de la nueva alianza. Aquellos y aquellas que levanten su mirada y la fijen en el Cristo crucificado y resucitado son ya purificados, reconciliados y hechos nuevas criaturas y son nuestros hermanos y hermanas.

Es sorprendente como el mayordomo, el maestresala, que representa a los seguidores del antiguo régimen, a todos aquellos y aquellas que aún imponen rituales de purificación física, mental o social a tantos hermanos y hermanas que vienen desde los grupos vulnerables al vih y sida, y que aún reconociendo que el vino nuevo es mejor que el antiguo que ya se había acabado, continua rezongando y malhumorados frente a esta nueva forma que tiene Dios de relacionarse con su pueblo, con todo su pueblo. Les cuesta comprender el significado de este nuevo vino y no pueden disfrutar la alegría de tener el vino del nuevo espíritu en tanta abundancia.

Es por ello que nosotros y nosotras al caminar junto a las personas que viven con vih y con sida también escuchamos a María que nos dice: Cualquier cosa que nos diga Jesús, háganla. Y Jesús nos dice que ya no hay mandamientos escritos en piedras sino que hay un solo y único mandamiento escrito en nuestro corazones: amar incondicionalmente, gratuitamente, increíblemente. Amar a Dios y a nuestros hermanos y hermanas, los seres humanos de todos los grupos vulnerables de todas las opresiones e injusticias. Con ellos y ellas estamos entrando juntos y juntas a las bodas del Cordero de Dios.

Para la revisión de vida

            El evangelio de Juan presenta la vida de Jesús como una progresiva sucesión de «señales» que él va entregando. Su vida es donación de sí mismo como "señal". ¿Es así mi vida? ¿Soy señal para los demás? ¿Sé, como Jesús, ser señal en medio de las realidades sencillas y diarias, "profanas"... o sólo lo encuentro en el recinto de lo separado, de lo sagrado? ¿Qué debo hacer para parecerme más a Jesús

Para la reunión de grupo

  • ¿Cuáles pueden ser las "señales" de Dios para nosotros y nosotras hoy? ¿En qué lugares «se convierte el agua en vino» hoy?
  • ¿Dónde sigue Jesús dando "señales" hoy? ¿Dónde Jesús sigue presente, haciendo "señales", por medio de sus discípulos?
  • María y Jesús están en la fiesta de la boda, y tienen que ver con el tema del vino de la fiesta... ¿Por qué se ha imaginado tanto a Jesús y a María como alejados de la fiesta y de las alegrías humanas? ¿Por qué la moral cristiana ha sido percibida como enemiga de la alegría?  

Para la oración de los fieles

  • Para que estemos abiertos y abiertas a percibir las "señales" dispersas que nos remiten más allá de nosotros mismos y de nuestras limitaciones, hacia una Presencia mayor, misteriosa pero real, roguemos al Señor. En ti está la fuente de la vida y por tu luz vemos la luz.
  • Por todas las personas que viven con vih o con sida, para que descubran, ellos y nosotros y cada uno su "hora", el llamado de Dios a hacer de nuestra vida una aventura personal de amor y de entrega al proyecto de convertir el agua de la exclusión en vino de alegría de comunión para toda la humanidad, roguemos al Señor... En ti está la fuente de la vida y por tu luz vemos la luz.
  • Para que sepamos relacionarnos con las cosas sencillas de la vida diaria, sencilla, "profana"... como "señales" que nos hablan en un lenguaje diferente que nos lleva al encuentro con nosotros y nosotras mismos, con los hermanos y hermanas, y con Dios, en nuestra profundidad, roguemos al Señor... En ti está la fuente de la vida y por tu luz vemos la luz.
  • Por todos los seres humanos, para que vivan con alegría la donación generosa en el amor, para que cada día inventemos creativamente formas nuevas de hacer presente su amor, roguemos al Señor... En ti está la fuente de la vida y por tu luz vemos la luz.
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Oración comunitaria

            Oh Dios de todos los pueblos, que de muchas maneras te has comunicado desde siempre con la Humanidad. Para nosotros y nosotras, Jesús ha sido y es la gran "señal" que nos ha permitido acceder a ti. Te pedimos que abras nuestros ojos, ilumines nuestra mente, e inflames nuestro corazón, para que también nosotros y nosotras seamos para los demás señal de amor y de alegría, de esperanza y de agradecimiento, de inclusión y reconciliación. Hasta que un día nos reunamos todos los Pueblos en tu presencia, nuestro hogar definitivo, contigo, Tú que vives y haces vivir por los siglos de los siglos. Amén.