Domingo 5 de agosto de 2007

Ciclo C. DECIMOOCTAVO DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO. PROPIO

Evangelio : Lucas 12, 13-21

Primera lectura: Eclesiastés 1, 2, 12-14, 2,18-23
Salmo responsorial: Salmo 49, 1-11

Segunda lectura: Colosenses 3, 1-11



EVANGELIO
Lucas 12, 13-31
(trad. Juan Mateos, Nuevo Testamento , Ediciones El Almendro, Córdoba)

 13 Uno de la multitud le pidió: -Maestro, dile a mi hermano que reparta conmigo la herencia.

14 Le contestó Jesús: -Hombre, ¿quién me ha nombrado juez o árbitro en­tre vosotros?  15 Entonces les dijo: -Mirad, guardaos de toda codicia, que, aunque uno ande sobrado, la vida no depende de los bienes.  16 Y les propuso una parábola: -Las tierras de un hombre rico dieron una gran cosecha.  17 Él se puso a echar cálculos: -¿Qué hago? No tengo dónde almacenarla. 18 Entonces se dijo: -Voy a hacer lo siguiente: Derribaré mis graneros, construiré otros más grandes y almacenaré allí todo mi grano y mis provisiones. 19 Luego podré decirme: "Amigo, tienes muchas provisiones en reserva para muchos años: descansa, come, bebe y date a la buena vida". 20 Pero Dios le dijo: -Insensato, esta misma noche te van a reclamar la vida. Lo que tienes preparado, ¿para quién va a ser?  21 Eso le pasa al que amontona riquezas para sí y no es rico para con Dios.


CONFUSION DE REINO

Es sorprendente como a lo largo de los años y en el contexto de nuevas experiencias los diversos pasajes del Evangelio van revelando nuevos contenidos y perspectivas. Es muy posible que aquello que estoy escuchando hoy en este texto del Evangelio de Lucas tiene mucho que ver con el caminar junto a grupos y personas en situación de vulnerabilidad al vih o al sida. El problema básico en este diálogo es un problema hermenéutico, una expectativa equivocada sobre la acción de Jesús de Nazaret y no lograr hacer claras distinciones de planos.

Así como en la mentalidad de los religiosos del tiempo de Jesús existía una comprensión de la Ley Mosaica que abarcaba sin distinguir temas tan diferentes como la legislación criminal, civil, eclesiástica y la ley moral, se esperaba que todo maestro de la ley fuera un erudito en todas esas áreas [1] . Aún hoy existe la misma confusión hermenéutica de la persona de Jesús, el Cristo de Dios. Es la confusión de aquello que en lenguaje netamente luterano llamamos el Reino de Dios y el Reino Secular. Es decir, mezclar y confundir aquello que hace a la esencia y núcleo del Reino de Dios, que se modela de acuerdo a la revelación tal como se manifiesta en las buenas nuevas de Jesús de Nazaret, y cuyo núcleo es la proclamación de las promesas que nos trae el Evangelio, y confundir el Reino Secular donde se aplican en amor que busca la justicia los criterios básicos del  la Revelación. Este es el Reino de la Ley que necesita permanentemente ser adaptada a las circunstancias variables que exigen actuar con ese amor que busca la justicia para todas las personas creadas sin distinción en la imagen de Dios. En este espacio todo se rige por la razón y la razonabilidad. Este no es el espacio del esencialismo sino el espacio de constructivismo, es decir, iluminados por las afirmaciones esenciales de la revelación de dignidad, justicia, reconciliación, perdón y nuevas oportunidades para todos y todas, permanentemente estamos modificandos criterios que hasta ayer parecían adecuados pero que hoy no responden a las nuevas situaciones y las nuevas perspectivas en que vive nuestra sociedad y nuestra propia comunidad de fe.

En este texto encontramos una confusión con respecto a la relación entre el Evangelio de las promesas y las realidades u ordenamiento de este mundo. Aquello que está en cuestión es conocer la forma en que debemos vivir en esta realidad cotidiana aquellas y aquellos que queremos construir el Reino de Dios ahora y aquí.

Dios, tal como lo revela Jesús de Nazaret, actúa en ambos espacios porque actúa como el creador que sostiene y cuida su creación y como redentor que manifiesta su amor de inclusividad gratuita. En el contexto de la epidemia del vih y sida se puede constatar la permanente confusión entre estas dos esferas. Nos se logra distinguir en  las propuestas de prevención y de sexualidad esta esencial distinción. Si no logramos tener una clara diferencia de la esfera que corresponde a la revelación y la esfera que corresponde a la razón, la esfera que corresponde al evangelio y la que corresponde a la ley, la esfera que corresponde a la fe y la que corresponde al amor en busca de justicia corremos el grave riesgo de confundir la gracia con la justificación por las obras.

Esta distinción de esferas, de saber cuál es el núcleo y esencia del Reino de Dios y aquello que corresponde al área civil del Reino Secular nos permitirá el poder adaptarnos sin traicionar la esencia del evangelio a las situaciones de este mundo injusto. En este mundo caído, fragmentado, quebrado y dividido tenemos que saber que el proyecto de Dios siempre y en todas las circunstancias será el paradigma que nunca se confunde con ninguna de las realidades que podemos construir los seres humanos. Nunca ninguna situación en la esfera civil logrará reflejar la plenitud de la esencia del evangelio. Siempre vivimos en la tensión entre dos tiempos: el ahora y el todavía no. El Reino de Dios siempre será el paradigma hacia el cual peregrinamos en todas las circunstancias. Hoy el gran desafio es reflexionar como, en el tema de la epidemia del vih y del sida, que pertenece claramente al espacio civil del Reino Secular podemos reflejar el paradigma que nos revela el Evangelio sobre el Reino de Dios, al cual son invitados todos los seres humanos sin distinción alguno de etnia, situación social u orientación sexual.

Siempre tenemos que tener cuidado de distinguir sin separa. Esa es esencia del pensamiento luterano. Nunca podemos imponer en la esfera secular respuestas que pertenecen claramente al espacio del evangelio. Pero la revelación de la forma de ser y actuar de Dios en el Evangelio nos puede brindar herramientas para promover en el espacio civil una búsqueda en amor de justicia. Este espacio civil, en el cual no entra la revelación ni el dogma, sino el servicio en amor que busca la justicia para todos los hermanos y hermanas, es el espacio en el cual se desarrolla nuestra vocación cristiana.

Estas reflexiones que pueden parecer académicas o teóricas son esenciales para construir un mensaje alternativo de prevención, promoción de derechos y acción pastoral que construya más inclusividad en la sociedad y en la iglesia de las personas y grupos en situación de vulnerabilidad al vih y al sida.

En esta tarea pastoral de comunión y acompañamiento a personas y grupos vulnerables al vih y al sida debemos anunciar como parte de nuestro mensaje de inclusividad  tal como lo afirmamos en los libros confesionales de las iglesias luteranas, que “la verdadera perfección  consiste solo en genuino temor de Dios y auténtica fe en él. El evangelio no enseña una justicia externa ni temporal, sino un ser y justicia interiores y eternos del corazón” [2] Esta justicia interior y vida en el corazón es la esencia del Reino de Dios que indudablemente se manifiesta en el espacio temporal de múltiples, variadas y diferentes maneras. Esa justicia interior necesita adaptarse a tiempos diferentes y a espacios diferentes. Lo permanente es la auténtica fe y amor a Dios. Esto es lo esencial. A partir de esta fuente de vida a la cual todos y todas son invitados comenzamos a construir una inmensa diversidad de respuestas.

La auténtica fe en Dios, la correcta proclamación del evangelio y la celebración de los sacramentos son esenciales y son los elementos que nos dan unidad y nos hacen miembros del Cuerpo Místico de Cristo. La respuesta de amor al prójimo en búsqueda de justicia se manifiesta de diversas maneras y no es necesario que todas esas respuestas en amor que busca justicia sean iguales y las mismas en todos los tiempos y en todos los lugares. Las circunstancias en las cuales tenemos que vivir nuestra auténtica fe exigen que utilizando la razón demos respuestas adecuadas en el arco iris de la realidad.

La parábola que ilustra esta distinción es clara y aquellas y aquellos que hemos acompañado a personas que han fallecido por el sida, sabemos muy bien como la muerte coloca las realidades en su justa perspectiva. La muerte nos revela aquello que es esencial y aquello es completamente superfluo. En nuestra construcción de un mensaje de prevención, con propuestas claras de acciones que pueden ayudar a que la epidemia no continue afectando vidas de personas, familias, comunidades, iglesias y sociedades tenemos también que saber hacer esta distinción entre lo esencial, los valores, y lo circunstancial o accesorio: métodos y herramientas.

En la epidemia del vih y del sida nuevamente tenemos que ubicarnos que toda nuestra confianza está puesta en la genuina fe en Jesús de Nazaret, el Cristo de Dios. Ese es el núcleo del cual no nos queremos mover. Todas las demás propuestas y acciones, que tienen que nacer del amor en búsqueda de justicia, pueden variar sin dividir porque conocemos que es el esencial y que es la coyuntural.

Para la revisión de vida

  • ¿En nuestra vida comunitaria logramos distinguir lo esencial de nuestra unidad y los espacios en los que podemos tener posiciones diversidad pero que en todo buscamos reflejar un amor que busca justicia para todos y todas?  
  • ¿Qué hacemos para despojarte de posiciones dogmáticas que confunden espacios y Reinos? ¿Logramos revestirnos de las actitudes de Jesús de Nazaret de bondad, amor, reconciliación, paciencia, mansedumbre, o nos sentimos tentados en transformarnos en jueces que solamente conocen de leyes y reglamentos?

Para la reunión de grupo

  • ¿Pensamos que la vida comunitaria es un signo del Evangelio y de la promesa o de la Ley y el juicio? ¿Qué sentido e imagen le  damos a nuestra vida comunitaria, a la proclamación de las Buenas Nuevas y a la celebración de nuestra mesa eucarística en el contexto de la epidemia del vih y sida?
  • Nuestro grupo, nuestra comunidad ¿está formada por mujeres y hombres más cercanos a Jesús de Nazaret o a Moisés y la ley?¿En qué se nota?

Para la oración de los fieles

  • Para que todas y  todos los que formamos la Iglesia, vivamos con fuerza nuestro bautismo, lo renovemos cada día y vayamos despojándonos de la vieja condición humana y sus actitudes, roguemos...
  • Movidos por el Espíritu de Jesús de Nazaret pidamos fuerza para no dejarnos llevar por la la tentación de hacernos jueces de nuestro prójimo, sino antes bien promovamos la justicia, el compartir, el acoger. Que sepamos jugarnos por lo esencial y ser más comprensivo en las diversas formas en que se expresa el amor que busca justicia para nuestro prójimo?. Roguemos...
  • Que el Señor nos conceda un corazón dócil a su Palabra, para que nuestra fe auténtica nos permita ser signos en nuestra realidad de los valores del Reino, imitando a todos los santos y santas que nos han precedido en este camino hacia la plenitud de los tiempos, roguemos...
  • Por los que más sufren entre nosotras y nosotros, a causa de su condición de persona que vive con vih o que pertenece a un grupo vulnerable a la epidemia o por cualquier motivo: hambre, persecución, enfermedad, mentira... que puedan contar con nuestro apoyo y ayuda desinteresada, roguemos...
  • Siempre es necesario pedir a nuestro Dios nos regale el don de la paz: a cada persona, a cada grupo, familia, a las naciones. Que sea posible la superación los odios, divisiones entre los seres humanos, por medio del diálogo, el entendimiento, la mansedumbre y la práctica de la justicia, roguemos...

Oración comunitaria

            Líbranos Señor de toda codicia.

            Concédenos Señor un corazón sencillo,

            que no ambicione más allá de lo que necesitamos

            que sepa agradecer lo que ya tenemos,

            lo que cada día nos regalas Tú y nuestros hermanos.

            Confesamos que sólo Tú eres nuestro verdadero tesoro,

            Y en tus manos amorosas queremos vivir confiados.

            Que no nos cansemos de vivir así, buscando primero y ante todo el Reino.

            Padre, que tu Espíritu nos haga cada vez más parecidos

            A tu Hijo Jesús, que contigo vive y reina...

(o también: )

Fuerza que nos concedes unidad y que nos llamas a vivir lo esencial,

Concédenos el tener tus mismos pensamientos y sentimientos,

a reconocer los valores eternos de tu Reino,

a vivir en amor que busca justicia junto con nuestros hermanos y hermanas,

en espacial con aquellos y aquellas que lo esperan todo de ti.

Concédenos el coraje de vivir en tu verdad,

proclamar liberación para todas las personas oprimidas y excluidas

ofrecer en nuestra mesa de acción de gracias pan y sal a todas y todos sin discriminar.

Transformar nuestras comunidades en santuarios de todas las dignidades,

Concédenos el confiar siempre en tu liberación, en tu verdad, y en tu Pan de Vida,

Te lo pedimos en el nombre de Jesús, tu Cristo, nuestro amigo y hermano, que es la fuente de cuanto somos y tenemos. Amén



[1] G.B.Caird “Saint Luke” The Pelican New Testament Commentaries. Penguin Books. 1974. Pag. 162

[2] Confesión de Augsburgo. Art. XVI