Domingo de 7 de Enero de 2007

CICLO C. BAUTISMO DEL SEÑOR

Evangelio : Lucas 3, 1598016. 2198022

Primera lectura: Isaías 43, 19807
Salmo responsorial: Salmo 29
Segunda lectura: Hechos 8, 1498017



EVANGELIO
Lucas 3, 1598016. 2198022
(trad. Juan Mateos, Nuevo Testamento , Ediciones El Almendro, Córdoba)
15 Mientras el pueblo aguardaba y todos se preguntaban para sus adentros si acaso Juan era el Mesías, 16 declaró Juan dirigiéndose a todos: 980Yo os bautizo con agua, pero llega el que es más fuerte que yo, y yo no soy quién para desatarle la correa de las sandalias. El os va a bautizar con Espíritu Santo y fuego. 21 Después de bautizarse el pueblo entero, y mientras oraba Jesús después de su bautismo, se abrió el cielo, 22 bajó sobre él el Espíritu Santo en forma visible, como de paloma, y hubo una voz del cielo: 980Hijo mío eres tú, yo hoy te he engendrado.

 

MOTIVACIONES  Y EXPECTATIVAS EQUIVOCADAS

 Si utilizamos criterios de mercado, estadísticas y conceptos de costo980beneficio, podríamos decir que el ministerio de Juan el Bautista es todo un éxito. Ha logrado crear en el desierto una mega iglesia y seguramente sería el comentario y hasta la envidia de otros dirigentes religiosos. Todo el pueblo lo esperaba y todos y todas se hacían preguntas sobre la naturaleza del bautismo de Juan y sobre la misma identidad del precursor.

De igual manera, hoy en día, muchas personas llegan a las iglesias y comunidades de fe por razones y expectativas equivocadas. En América Latina se ha puesto de moda la teología de la prosperidad, aquella que trabaja permanentemente sobre los signos, los milagros y lo fuera de serie, aquella que crea falsas expectativas en personas y en organizaciones. Estos dos bautismo, el de agua y el de fuego, corresponden a dos teologías y dos conceptos de Dios, de la salvación y de la fe. Conceptos que no se pueden reconciliar porque tienen expectativas y fundamentos totalmente diferentes.

La teología de la prosperidad moviliza a aquellos y aquellas que quieren escapar de la ira de Dios. Los mueve el miedo a las pruebas, a las dificultades y a las crisis. Dios es el gran proveedor mágico que sin intervención alguna de la comunidad de fe y que tiene como objetivo primario cambiar la realidad injusta y opresiva que le rodea. Es un mensaje muy funcional y adecuado para muchos poderosos de ese mundo y de esa realidad que se pretende ignorar.

Todo se espera del cielo sin exponerse a ningún cambio personal o institucional. La iglesia es un espacio que nos asegura contra toda calamidad. Es un refugio que contrapone a aquellos y aquellas que han sido elegidos frente a aquellos y aquellas que pertenecen al mundo, siguiendo un vocabulario utilizado en algunas de esas comunidades. En esta mentalidad existen dos realidades que se contraponen y que no se pueden tocar. La encarnación y el amor de Dios por ese mundo y por esa realidad se olvidan rápidamente.

Este bautismo de agua es un bautismo individual donde los pecados y la  salvación son exclusivamente personales, privados e individualista. No existe el horizonte social, comunitario y estructural en la comprensión del pecado y de la salvación. Estas dos teologías, la de la prosperidad y la de la cruz en su fundamento tienen conceptos totalmente diferentes con relación a  la naturaleza del Mesías mismo.

Al igual que aquellos y aquellas que salen al encuentro de Juan el Bautista y se preguntan si él es el Mesías esperado de acuerdo a criterios del Antiguo Testamento, buscan los signos de triunfo, poder, gloria y alabanza. Esta realidad se puede ver en el mismo lenguaje utilizado en sus liturgias. Las palabras más escuchadas en las iglesias de la teología de la gloria es justamente gloria, poder y aleluya mientras que las iglesias de la teología de la cruz inician sus celebraciones en un horizonte totalmente diferente: “Señor, ten piedad de nosotros y nosotras”. Esas espiritualidades son totalmente diferentes, una busca la recompensa personal en solitario en una relación directa, exclusiva y excluyente con Dios, que se refleja en los cánticos e himnos que esas comunidades utilizan. Las que tiene otro fundamento son aquellas comunidades que se comprometen con un proyecto de enderezar los comportamientos y situaciones torcidas de la humanidad. Esa es la teología de la cruz porque desafiar a los poderosos siempre es un riesgo. Enderezar caminos significa pisar los pies de muchos y muchas que quieren ocupar todo el camino y se sienten dueños de todas las veredas.

La respuesta de Juan a estas expectativas tiene que haber sonado muy desafiante. Aquellos que confiando en sus méritos, en sus antepasados, en sus tradiciones como herramienta para escapar del juicio de Dios, escuchan que aquel que han buscado se declara indigno de desatar los cordones de las sandalias de quien trae el bautismo de fuego. Nosotros y nosotras que caminamos en comunión junta a hermanos y hermanas que viven con vih y con sida, sabemos de esos orgullos y de esas tradiciones que excluyen, estigmatizan y margina. Conocemos a aquellos y aquellas que quieren dividir a la humanidad y rotular a cada persona como “digna” o “indigna”. ¡Que sorpresa cuando una persona creyente, fiel, honesta, solidaria, se declara abierta y públicamente indigna!  A partir de esa confesión: “Señor, ten piedad de nosotros y de nosotras” cuantas divisiones se pueden curar, cuantos estigmas se pueden levantar, cuanta comunión se puede producir. Allí tenemos el bautismo de fuego. Ese es el gran signo que Dios espera de nosotros y nosotras. Ese es el gran milagro de comunión: “Señor, nosotros y nosotras no somos dignos de que entres en nuestra casa, en nuestro templo, en nuestra ONG, pero una palabra tuya bastará para sanarnos, a nosotros y a nosotras”.

Allí aparece el gran signo evangélico que pasa tan desapercibido y que para todos aquellos y aquellas que vivimos en comunión con las personas y los grupos vulnerables al vih y al sida nos suena realmente a milagro. Jesús de Nazaret, confundido en esa multitud, en silencio, en anonimato, escondido en la realidad, también se coloca en la espera de ser bautizado. Jesús hace fila para recibir el bautismo de fuego porque en ese colocarse en silencio en la fila de todos los grupos vulnerables al estigma, a la exclusión, a la opresión, se revela la verdadera identidad del proyecto de Dios y el núcleo de nuestra fe. El bautismo de fuego es colocarnos en silencio en comunión y en identificación en la fila de los que quieren escapar de la ira de Dios, de los que tienen miedos, de los aterrorizado por diversos Apocalipsis. En esa fila se produce otro anuncio, otro mensaje,  para que se puedan encontrar, ellos y ellas, nosotros y nosotras con la gracia de Dios revelada en Jesús de Nazaret.

Jesús de Nazaret no se colocó en la fila de los fariseos, de los teólogos ni de los buenos sino en la de aquellos que tenían expectativas equivocadas para que se revelara en esa presencia escondida el gran signo de comunión y solidaridad de Dios para con todos los seres humanos.

Aquellos y aquellas que caminamos juntos a las personas que viven con vih o con sida sabemos muy bien lo que significa colocarnos en la fila de aquellos y aquellas que buscan su lugar de dignidad en nuestra sociedad y en nuestras iglesias. Varias veces me ha tocado ir a la farmacia del hospital a buscar remedios antiretrovirales para algún amigo o amiga que vive con vih y con sida. El colocarme en silencio en la sala de espera, tener un número en mi mano, no tener puesta mi camisa pastoral que siempre defiende de tantos rumores y sospechas, el ver como las personas que llegan miran a los que estamos sentados esperando. Conozco muy bien la tentación de anunciar que yo solo vengo a buscar remedios para otros y que no vayan a pensar nada sobre mí. Conocemos todos nosotros y nosotras lo que se siente cuando nos colocamos en la fila de aquellos que son estigmatizados, excluidos y despreciados por nuestra sociedad y por nuestra iglesia. Nosotros y nosotras pasamos a ser también estigmatizados y sospechosos en nuestras ortodoxias.  Ese es el bautismo de fuego, esa es la identificación de Jesús de Nazaret con “todo” el pueblo.

Siempre me había preguntado ¿qué era eso del bautismo de fuego? No tenía idea muy clara. Me parecía más una poética frase teológica pero con una remota relación con mi vida cotidiana. Al escuchar otros cristianos y cristianas que se codean cotidianamente con el bautismo de fuego me sentía en situación de inferioridad, como si a mi fe le faltara algo esplendido y maravilloso. Solamente al colocarme en esas filas de los estigmatizados y de los oprimidos he descubierto lo que significa el bautismo de fuego. No es algo extraordinario a los ojos humanos, ni es el signo que mi mentalidad y expectativa mercantil hubiera esperado. Ese bautismo de fuego es a la vez algo muy simple pero a la vez, con un contenido de desafío,  de comunión y solidaridad.

Es extraordinario y sorprendente que en la fe en Jesús de Nazaret y el compromiso con el proyecto de Dios, podamos recibir la fuerza de colocarnos en la fila que hacen los pueblos y los grupos excluidos a la espera de un mundo más justo y solidario. El bautismo de fuego me libera de mis temores, expectativas equivocadas y de mis sentimientos de superioridad, para llevarme a un camino de comunión y de reconciliación. Aquellos y aquellas que nos ven ubicarnos en la fila de los grupos vulnerables a todo estigma y a toda opresión se escandalizan. Escándalo que muchas veces nos causa miedo y no nos permite ser lo libres que quisiéramos para amar y servir.

Ese bautismo de fuego es también el gran signo de comunión, solidaridad y fraternidad con todas las personas que viven con vih y con sida, y con todos los excluidos y oprimidos de este mundo en el cual se ha encarnado Jesús, el Cristo de Dios. El ubicarnos en esa larga fila es una manifestación de nuestro compromiso bautismal de construir en, bajo y con Jesús de Nazaret un mundo sin pecado, sin opresión y sin excluidos y excluidas. Sin excluidos de ninguna naturaleza y de ninguna categoría.

El ubicarnos en esa fila del mundo es también parte de nuestro compromiso en ser símbolos vivos de ese evangelio que nos transforma de “generación de víboras” que ha aprendido a huir de la ira de Dios, en un pueblo de hermanos y hermanas, hijos e hijas de Dios que ha sido transformado en el amor incondicional de Dios. Es el Evangelio el que nos empuja y compele a ocupar nuestro lugar en esa larga fila de estigmatizados y excluidos para juntos cantar la canción que no tiene fin: “Cordero de Dios que quitas el pecado del mundo, ten piedad de nosotros y nosotras”. Entonces se abrirán los cielos y veremos descender palomas sobre la dignidad de todos los hermanos y hermanas anunciando que somos los hijos y las hijas tan amados por Dios. 

Pastor Lisandro Orlov

Pastoral Ecuménica VIH980SIDA

www.pastoralsida.com.ar

Para la revisión de vida

Con este domingo el año litúrgico de la iglesia vuelve a la normalidad, luego de los momentos fuerte de Adviento y Navidad. Es el primer domingo del tiempo ordinario, es decir, del tiempo cotidiano cuando debemos aprender a vivir en las filas silenciosas de nuestras vidas las maravillas de Dios. Los extraordinario y sorprendente que se revela en lo cotidiano y ordinario. ¿Cómo podremos vivir lo extraordinario de nuestro bautismo de fuego en lo cotidianos de nuestras vidas?

Para la reunión de grupo

980La misión del Mesías es la de implantar el derecho de viudas, huérfanos y extranjeros o migrantes. ¿Qué relación tiene el Derecho con la misión del Mesías y de quienes hemos sido bautizados en su nombre?


980¿Cómo está nuestro mundo desde la óptica del Derecho? ¿Estamos avanzando hacia un ordenamiento jurídico mejor, o hemos retrocedido hacia la ley de la selva, la ley del más fuerte, la justicia (o venganza) por la mano propia…? ¿Puede ser la promoción del derecho y la exigencia de un nuevo Derecho Mundial uno de los grandes deberes de los cristianos, para hacer efectiva en nosotros y  nosotras la misión del Mesías en el mundo actual?


980¿Qué relación guarda el bautismo de Jesús con nuestro bautismo?


Para la oración de los fieles

  • Para que todos los hombres y mujeres, sean de la religión que sean, y del grupo vulnerable que sean, acepten y fomenten el Amor, la Justicia y el Derecho, Señor, Ten piedad de nosotros y nosotras.
  • Por todas y todos los seguidores de Jesús, para que se distingan siempre –como el Mesías en el que creen980 por su amor a la paz, a la concordia, a la justicia y al derecho… Cristo, Ten piedad de nosotros y nosotras.
  • Para que aprendamos de todos los hombres y mujeres, de cualquier religión, que han descubierto el imperativo absoluto de los derechos humanos, que vienen a ser «derechos divinos y evangélicos»… Señor, Ten piedad de nosotros y nosotras.
  • Para que todos renovemos nuestro bautismo: nuestra decisión de seguir a Jesús y comprometernos con su proyecto mesiánico de «implantar el Derecho en el mundo»… Cristo, Ten piedad de nosotros y nosotras.

Oración comunitaria

Dios, comunidad trinitaria y modelo de todas las comunidades, que en el bautismo de Jesús lo has proclamado como tu «Hijo muy amado, el predilecto»; te suplicamos nos cobijes bajo su nombre y nos concedas conformarnos cada día más cercanamente a su imagen, haciendo nuestra su Causa y colocándonos en las filas en las cuales él se ha colocado. Te lo pedimos por el mismo Jesucristo nuestro Señor…