8 de enero de 2012
Ciclo B El Bautismo de Nuestro Señor
Evangelio: Marcos 1, 4-11
(Leccionario Común Revisado)
Primera Lectura: Génesis 1, 1-5
Salmo Responsorial : Salmo 29
Segunda Lectura: Hechos 19, 1-7

 

EVANGELIO. Marcos 1, 4-11
Traducción: El Libro del Pueblo de Dios. La Biblia. Ediciones Paulinas. Madrid. Buenos Aires. 1990
Pueden encontrar este texto en el sitio: http://www.sobicain.org/shell.asp?p=Biblia

Así se presentó Juan el Bautista en el desierto, proclamando un bautismo de conversión para el perdón de los pecados. Toda la gente de Judea y todos los habitantes de Jerusalén acudían a él, y se hacían bautizar en las aguas del Jordán, confesando sus pecados. Juan estaba vestido con una piel de camello y un cinturón de cuero, y se alimentaba con langostas y miel silvestre. Y predicaba, diciendo: "Detrás de mí vendrá el que es más poderoso que yo, y yo ni siquiera soy digno de ponerme a sus pies para desatar la correa de sus sandalias. Yo los he bautizado a ustedes con agua, pero él los bautizará con el Espíritu Santo".

En aquellos días, Jesús llegó desde Nazaret de Galilea y fue bautizado por Juan en el Jordán. Y al salir del agua, vio que los cielos se abrían y que el Espíritu Santo descendía sobre él como una paloma; y una voz desde el cielo dijo: "Tú eres mi Hijo muy querido, en ti tengo puesta toda mi predilección". Aclamemos el Evangelio del Señor.


 

ROMPER SILENCIOS

Para quienes estamos comprometidos con la reflexión, propuestas y acciones en el contexto de la epidemia del vih y del sida este párrafo del Evangelio nos ofrece una estupenda fundamentación, agenda de acciones y propuestas alternativas a los modelos vigentes. La propuesta de la teología de la liberación de utilizar la metodología de “ver, pensar y actuar” no está destinada a consolidar situaciones de estigmatización y exclusiones diversas ya instaladas en nuestras comunidades sino que es un método para romper con esos modelos. Me ha llamado la atención a lo largo de los años como la frase “romper el silencio” se repite en el título o en el texto de muchos documentos emitidos por las autoridades de nuestras comunidades de fe. Ese es justamente el mayor pecado: el haber guardado silencios diversos ante situaciones que eran un claro atropello, no solo al evangelio sino a todo el sistema de derechos humanos que tanta sangre ha costado construir y establecer.

Ese romper silencios es el recuperar la voz profética y tener esa calidad de voz siempre significo un riesgo porque irremediable y necesariamente tener una voz profética que rompe los silencios de las complicidades significa ubicarse junto a las personas y grupos vulnerables al estigma y la discriminación relacionados con el vih y con las identidades de esas personas y grupos. Ese es un riesgo y quienes tienen miedo a las rupturas tanto epistemológicas, hermenéuticas, y pastorales, entonces deben reconocer que no son aptos para este ministerio y buscar cualquier otra actividad con menos desafíos y menos riesgos.

La primera parte de este fragmento del Evangelio se centra en la identidad de Juan el Bautista quien aún tiene una predicación relacionada con el antiguo sistema hermenéutico muy diferente al contenido que le dará Jesús de Nazaret a su propia predicación. Esa es la primera ruptura que debemos asumir, en especial en el contexto de la epidemia del vih. El bautismo de Juan el Bautista que está fundamentado en el sistema de pureza exterior fundada en el agua no es incondicional. Exige una conversión para que se produzca el perdón de los pecados. El centro de la predicación que va a ir construyendo Jesús de Nazaret coloca el énfasis no en nuestros pecados sino el amor y la gracia gratuita e incondicional de Dios. El centro de su anuncio es que el Reino de Dios ya está en medio de nosotros y como consecuencia de nuestra incorporación a ese proyecto donde se cumple la voluntad de Dios tanto en el cielo como en la tierra se producen en nosotros y nosotras rupturas con el antiguo sistema de estigmatización. Rompemos con los códigos fundamentados en purezas rituales o externa pera asumir conceptos de pureza existencial y radical.

Sin lugar a dudas decir que toda la gente de Judea y todos los habitantes de la tan temida Jerusalén acudían a Juan el Bautista para ser bautizados en las aguas del Jordán, pero es interesante constatar como en Judea y Jerusalén, símbolo y metáfora de todas las potestades que se oponen al anuncio de la escandalosa iniciativa de Dios, hay fisuras. Igualmente en nuestro trabajo en el contexto de la epidemia del vih tenemos que saber aprovechar con inteligencia las fisuras jerárquicas, teológicas y pastorales que podemos reconocer en el sistema de estigmatización tanto eclesial como social.

Juan el Bautista a través de la descripción de aquello que come y cómo se viste esta describiendo su desafiante identidad. El sentimiento generalizado en aquel tiempo es que la voz profética en la comunidad de fe se había callado. Este gesto de ubicarse en el desierto y esta forma de vestirse ubica le ubica nuevamente en el espacio lleno de riesgos de asumir la voz alternativa y de denuncia de sistemas, no solamente políticos sino hermenéuticos. Toda la escena es una escena de rupturas de silencios y la recuperación de una voz que resuena en todos los desiertos de la discriminación, de los estigmas y del desconocimiento del pleno ejercicio de los derechos humanos de todas y todos los ciudadanos.

Es sumamente interesante la expresión del Precursor cuando confiesa: "Detrás de mí vendrá el que es más poderoso que yo, y yo ni siquiera soy digno de ponerme a sus pies para desatar la correa de sus sandalias”. Esta acción de ponerse a los pies y desatar la correa de las sandalias era una cuestión de género. Nunca es realizada por un ciudadano libre sino que estaba reservada a las y los esclavos y era uno de los gestos que las esposas ofrecían a sus esposos en la intimidad del hogar. Es decir, Juan el Bautista, haciendo una apreciación de género se ubica más allá del límite de la mayor humillación que un varón en ese contexto patriarcal, machista y heterosexista se puede imaginar. Es parte del proceso de despojarse de todo poder, tanto simbólico como real, para asumir todos los riesgos de la voz profética. Una vez más esa voz se ubica en la vulnerabilidad del último escalón que establece un concepto jerárquico de sociedad fundamentada en las muchas discriminaciones de género.

Ese es también un despojamiento pastoral que quienes asumen ver, pensar y actuar en el contexto de la epidemia del vih tienen que asumir. Solamente cuando miramos la realidad desde toda la vulnerabilidad de las personas con vih y desde todos los estigmas relacionados con sus identidades y conductas, podremos realizar una reflexión hermenéutica realmente profética que recupera la voz para desafiar por un lado al sistema y por el otro proponer otro modelo superador del construido en base a conceptos jerárquicos y de poder que desde el Evangelio ya no queremos ni podemos aceptar. Eso es romper silencios y asumir el riesgo de una voz profética.

Allí también radica la distinción de dos bautismos: el fundado en códigos antiguos de pureza y de impurezas que pueden limpiar el agua, y el bautismo de fuego que establece un nuevo concepto de pureza, liberada de códigos rituales para entrar en el espacio de la existencia. Es un nuevo concepto de pureza fundamentado en la sola fe, en la sola gracia y en el solo Cristo. Esa es una ruptura hermenéutica, eclesial y pastoral. ¿Quién se atreve a asumir esa voz profética en el desierto de nuestras instituciones que han olvidado hace tiempo el evento y el escándalo del Evangelio?

El comienzo del ministerio de Jesús en este contexto sigue en ese compromiso de rupturas diversas. Al igual que quienes estamos radicalmente comprometidos y comprometidas con la promoción de dignidades y derechos en el contexto del vih, no iniciamos nuestra tarea en comunión con aquellas personas que el sistema declara teológicamente correctas sino junto a personas y grupos declarados desde hace siglos tanto con palabras como con hogueras, que son teológica, eclesial y pastoralmente incorrectos. Nuestro compromiso y relectura de las Escrituras, de nuestras tradiciones confesionales y nuestra propuesta de voz profética se nutre, nace y se construye desde esas indecorosas comuniones y compromisos. El ministerio de Jesús de Nazaret no proviene del espacio teológicamente académico y ortodoxo de Jerusalén, donde encontramos todos los templos que se van a oponer en forma furiosa a proclamar la gracia gratuita e incondicional de Dios a quienes desde esos centros académicos han estigmatizados, condenados y excluidos. Nuestra relectura al igual que el ministerio de Jesús nace en todo el Nazaret de la invisibilidad y en todas las Galileas de los estigmas de pureza y ortodoxia. Desde allí comienza a construirse el otro bautismo de fuego con todos los riesgos, rupturas y propuestas de comuniones consideradas por estos espacios académicos como una teología blasfema. Esas son las encarnaciones de las potestades y dominaciones que tantas veces el evangelio nos advierte que tendremos que enfrentar si nuestras comuniones no son lo suficientemente puras y ortodoxa.

En este relato no tenemos muchos datos como para saber si Juan reconoció en Jesús al Mesías pero lo sorprendente es todo lo que ocurre en este bautismo. En primer lugar se vieron que los cielos se abrían, es decir, que aquello que antes estaba cerrado ahora se abre. La gracia de Dios que el sistema mantuvo en el closet ahora se abre con generosidad. El bautismo de fuego abre los cielos para todos y todas. El Espíritu que flotaba sobre el caos en el proceso de la creación, vuelve a descender para renovar la creación y restaurarla en la pureza original que deja de lado todos nuestros códigos de pureza fundamentados en rituales de agua, para ubicarnos en la dimensión del fuego de la gracia de Dios. En ese momento se escucha la voz que anuncia que ese es el Hijo muy querido, sobre el cual el Creador tiene puesta toda su predilección”. Esta voz no es excluyente y de uso privado. Al ser incorporados a través de la sola fe, en la sola gracia que recibimos solamente a través de Cristo, también nosotros y nosotras somos parte de ese cuerpo sobre el cual se anuncia una y otra vez: “Tú eres mi Hijo y mi Hija muy querida y muy querido, en ti tengo puesta toda mi predilección". Esta es la escandalosa realidad del bautismo de fuego y el fundamento de todo nuestro sistema de derechos humanos y de dignidad de toda la diversidad del arco iris de personas y grupos. El Espíritu del Bautismo de fuego que nos brinda Jesús de Nazaret abre los cielos que tantos sistemas teológicos habían cerrado y desciende sobre nosotros y nosotras el Espíritu que le vuelve a dar contenido a nuestra voz profética que transforma nuestras comunidades de fe en los santuarios donde se anuncia una y otra vez sobre cada personas en la diversidad de la creación que ellos y ellas siempre serán las hijas y los hijos de Dios. Amén Aleluya. Gloria a Dios.1
Oración para las y los fieles:
Espíritu de todos los bautismos y que anuncias una y otra vez tu profundo amor por todas las personas y todos los pueblos, en especial sobre quienes el estigma y la discriminación han cerrado cielos, iglesias y hogares. Intercedemos por tu iglesia para que recupere su voz profética, por toda la familia humana para que asuma todos los riesgos de promover el pleno ejercicio de todos los derechos humanos para que brille nuevamente la luz de toda tu creación.

Se hace un breve silencio.

Concédenos la fuerza de tu Espíritu de fuego para que renovemos cada día nuestro compromiso de bautismo y nos haga aquellos instrumentos de tu gracia, incondicional porque una y otra vez es Tú exclusiva iniciativa a la que estamos llamados a responder con el si de nuestra fe, aceptar tu gracia y misericordia, una y otra vez, ya no barata, sino escandalosamente gratuita.

Envía nuevamente tu Espíritu y renueva la faz de la tierra y de tu comunidad. Restáuranos en tu comunión para que con el fuego de tu pasión podamos restaurar tú creación que tanto hemos contaminado, acaparado, y cerrado al gozo pleno y equitativo de todas y todos, sin olvidos y sin exclusiones.

Encarna en nuestras voces y en nuestras acciones el poder y la luz de tu Espíritu para que ya no tengamos miedo a anunciar tu verdadera y profunda paz, reconciliación y comuniones diversas, para que se apaguen todas las hogueras de los odios y las discriminaciones y para que como un solo cuerpo vivamos en la unidad que se construye en el amor que siempre busca la equidad y la justicia.

Aquí se pueden incluir otras intercesiones.

Elevamos nuestra oraciones fundamentados en la esperanza de tu mediación para que renovados en el pacto de bautismo nos atrevamos a ver con tus ojos, a contemplar con tu mirada, a reflexionar desde tu corazón y actuar en tu nombre en todo espacio donde aún reine la oscuridad de la intolerancia y el menosprecio a uno de tus hijos o hijas sobre los cuales anunciaste y anuncias tu voluntad a abrir tu Reino para que en él brille la diversidad de tu comunidad.
Amen.

Pastor Lisandro Orlov
Pastoral Ecuménica VIH-SIDA
Buenos Aires. Argentina
Enero de 2012