Domingo 12 de febrero de 2006

CICLO B. SEXTO DOMINGO DE TIEMPO ORDINARIO

Evangelio : Marcos 1, 40-45

Primera lectura: 2 Reyes 5, 1-14
Salmo responsorial: 30
Segunda lectura: 1Corintios 9, 24-27

 


EVANGELIO
Marcos 1, 40-45
(trad. Juan Mateos, Nuevo Testamento , Ediciones El Almendro, Córdoba)

40 Se le acercó un leproso y le suplicó de rodillas:  -Si quieres, puedes limpiarme.

41 Conmovido, extendió la mano y lo tocó diciendo: -Quiero, queda limpio.

42  Al momento se le quitó la lepra y quedó limpio.

43  Reprimiéndolo, lo sacó fuera enseguida 44  y le dijo:  -¡Cuidado con decirle nada a nadie! Al contrario, ve a que te examine el sacerdote y ofrece por tu purificación lo que prescribió Moisés como prueba contra ellos.

45 Pero él, al salir, se puso a proclamar y a divulgar el mensaje a más y mejor; en consecuencia, Jesús no podía ya entrar manifiestamente en ninguna ciudad; se quedaba fuera, en despoblado, pero acudían a él de todas partes.

TOCAR, CURAR, ANUNCIAR

Para todas y todos aquellos que trabajamos en el contexto de la crisis del vih y del sida este es un texto paradigmático. En él encontramos un modelo claro y sencillo para una comprensión de las Escrituras, la tradición y el Evangelio. Encontramos una propuesta de acción pastoral e imagen de comunidad inclusiva con todos los riesgos que significa esa nueva comprensión. Ley y Evangelio, muerte y vida, lo puro e impuro, inclusión y exclusión aparecen en cada línea de este relato y de esta acción de Jesús de Nazaret. Este es nuestro modelo, paradigma y mandato a obedecer y vivir. Este es un claro texto de conflicto entre la comprensión evangélica de la voluntad de Dios y la comprensión institucional y legal de esa voluntad. El conflicto de colocar en el centro de la mirada de Dios y su acción a la persona en lugar de colocar en ese centro la Ley.

Conocemos muy bien la situación de los leprosos de acuerdo a lo establecido en el Antiguo Testamento, en especial en el Libro de Levíticos. La mezcla de enfermedad, castigo de Dios, pecado, estigmatización y exclusión. La misma confusión que existe actualmente entre un diagnóstico médico transformado en diagnóstico moral que viven las personas con vih y sida, vivían en el contexto cultural y religioso los leprosos en tiempos de Jesús de Nazaret.

La escena se abre con un estigmatizado que junta fuerzas para desafiar ley e instituciones. El simple gesto de acercarse ya es una trasgresión a las Escrituras y las tradiciones impuesta por los seres humanos. Un excluido que toma en sus manos el destino de su vida y asume acciones para cambiarlo. Sabe muy bien que solo nada puede y siente que Jesús de Nazaret tiene esa fuerza para ayudarlo en la reconstrucción de su dignidad. Ese es el misterio profunda que simboliza toda acción pastoral y de defensa de los derechos humanos de las personas que viven con vih y sida que emprenden las comunidades cristianas. Anunciamos que nadie está solo o sola en la reconstrucción de los espacios de dignidad y de comunión. El comportamiento tan libre y espontáneo de Jesús de Nazaret frente a este trasgresor de la Ley es un modelo a imitar. En nuestro diálogo y caminar junto a tantos grupos vulnerables a la epidemia del sida, pero vulnerables también a nuestra condena, estigma, prejuicios y exclusiones estamos llamados a transgredir leyes, reglamentos, temores y tradiciones. La pastoral con personas que viven con vih y sida exige que asumamos riesgos y en obediencia al modelo y mandato de Jesús de Nazaret nos atrevamos a soñar y construir otro modelo de relacionamiento entre los seres humanos y otro modelo de iglesia y sociedad.

El diagnóstico de lepra al igual que el diagnóstico de vih coloca a las personas en los márgenes de la sociedad y de la iglesia. El diagnóstico define a la persona, como si un virus hubiera comido su identidad y dignidad. Solamente se visualiza la enfermedad, el virus pasa a ser el núcleo de la persona y pierde su condición de ser humano. Ese proceso facilita luego el excluir, marginar y considerarlo un muerto civil, sin derechos ni dignidad. El diálogo que se establece entre este anónimo excluido y Jesús de Nazaret se establece alrededor de lo que consideramos puro e impuro. Esta persona pide que se le quite el rótulo de impuro para ocupar nuevamente el lugar de dignidad que le corresponde en la sociedad. El gesto de Jesús se adelanta a las palabras. La acción precede a la proclamación. Gesto de escándalo y desafío a todas y todos aquellos que tienen, al contemplar esta escena, la Ley en sus cabezas y corazón. Jesús toca y al tocar incluye. Toca e incorpora nuevamente a esta persona a la comunión de su cuerpo. Jesús pone cuerpo en los desafíos como lo hará en el desafío máximo: la cruz.

La voluntad de Dios es que todas y todos seamos limpiados de todo estigma que nos excluye de la comunión de su cuerpo. Dios toca con su amor a todas las personas. Nadie queda fuera de ese gesto que limpia a todos y todas de estigmas y marginaciones. Este gesto de tocar es una forma dramática de hacer visible la identificación de Jesús con los excluidos y excluidas. Es una identificación física, corporal. No es solo doctrina. Es vida y comunión. La acción pastoral emprendida por las comunidades cristianas también tiene que tener ese gesto como modelo. Primero tocamos, ponemos nuestro cuerpo en forma silenciosa como signo de la voluntad de comunión de Dios.

Extender la mano es una forma plástica y visible del compromiso de solidaridad con todas las personas que nuestras iglesias y sociedad han colocado en los márgenes de la vida. A una trasgresión hecha por el estigmatizado, al atreverse a cruzar las barreras religiosas, morales y culturales, Jesús de Nazaret responde con otra trasgresión. Toca y asume el estigma. Toca y se hace uno con el excluido, hasta tal forma que el mismo como consecuencia de este gesto “no podía ya entrar manifiestamente en ninguna ciudad”. Su identificación y solidaridad llega hasta ocupar el lugar del otro y de la otra.

Las acciones pastorales, de promoción social y de defensa de los derechos de las personas que viven con vih y sida también tienen el mismo objetivo y toman esta escena como modelo y núcleo de su pensar y actuar. Esta presencia no es meramente asistencial sino que es una forma visible de enfrentar normas que el sistema de exclusión, tanto religioso como social, ha establecido. Es una acción de liberación de esas normas mezquinas. Es una forma de testimoniar la proximidad de Dios a todos aquellos y aquellas que sufren estigmatización, opresión y exclusión. Es una forma visible de trastocar valores y criterios. Aquello que estaba en los márgenes ocupa ahora el centro de la proclamación evangélica. Y al hacernos uno con los excluidos y estigmatizados Jesús mismo pasa a ocupar en su vida y en su cruz el lugar marginal. La cruz se elevará justamente en los márgenes construidos por el sistema de injusticia social y exclusión religiosa. Su pasión por los excluidos le lleva a dar su propia vida y a entregarla en el mismo espacio físico donde todas y todos ellos han sido ubicados por el imaginario popular. Esta es la gran esperanza que trae Jesús de Nazaret: Dios camina en los márgenes de la historia y coloca en el centro a quienes la sociedad y la iglesia excluyen. Esta es una buena nueva a anunciar y vivir junto a todos los grupos vulnerables al vih y al sida. Esta acción pastoral recobra así la fuerza escandalosa y revolucionaria del evangelio. Basta ya de un evangelio light y comencemos a vivir un evangelio trasgresor de tradiciones y prejuicios. Basta de fundamentar con argumentos religiosos la estigmatización y la exclusión y comencemos a construir un espacio alternativo donde los pueblos de todos los rincones del mundo y de todas las culturas urbanas sienten que es su casa. Esta será una forma de exorcizar a la misma iglesia de sus propios demonios.

Este texto es como un preanuncio de la misma pasión de Jesús y es la pasión a la cual está llamada la comunidad cristiana. La cruz de Cristo rompe el aislamiento y la exclusión y restaura a todos y todas en una nueva forma de relacionarnos con Dios y entre nosotros y nosotras. Jesús envía a esta persona a presentarse al sacerdote que debía certificar su curación pero evidentemente el objetivo era poner en contraste dos sistemas: el sistema legal  e institucional que producía exclusión y muerte frente  al sistema evangélico que al incluir curaba las exclusiones y daba una nueva vida.

El entusiasmo de su nueva forma de inclusión hace que esta persona anónima, pero que ya nunca más se define desde la enfermedad, ocupe el centro de la escena anunciando ese nuevo sistema de relacionamiento entre Dios y entre las personas. Su testimonio contagia vida, una vida valida para todos y todas. Esta es la gran inversión que provoca la trasgresión de Jesús de Nazaret y que todos y todas estamos llamados a imitar.

Para la revisión de vida

  • ¿Que aspectos de mi vida han quedado por fuera de mi opción de fe?
  • ¿En mis actitudes cotidianas de qué manera excluyo y juzgo a las demás personas?
  • ¿Qué retos plantea a mi vida personal el seguimiento de Jesús y su proyecto?

Para la reunión de grupo

  • ¿De qué manera las leyes judías  y nuestra comprensión de las Escrituras y de la tradición propician la exclusión y la injusticia?
  • ¿Qué leyes, creencias o tradiciones excluyen y maltratan hoy a las personas que viven con vih y con sida y a los grupos vulnerables a la epidemia?
  • ¿De qué manera en nuestra comunidad nos mostramos injustos y excluyentes?
  • ¿En qué gestos concretos podemos construir una comunidad más coherente con las exigencias del Evangelio?

Para la oración de los fieles

  • Por todas las personas excluidas de nuestra sociedad, para que día a día sepan defender su dignidad de hijos e hijas de Dios.
  • Por las Iglesias cristianas, para que fieles a Jesús sepamos romper con todas las barreras que excluyen y maltratan a los seres humanos en un auténtico compromiso con la vida.

Oración comunitaria

Dios creador, que nos amas y nos llamas cada día a conformar nuestra vida en tu Hijo, nuestro hermano y maestro. Danos riesgo y libertad para asumir el proyecto de tu Hijo para la construcción de una sociedad justa e igualitaria en donde cada persona encuentre su propio lugar y valía, en la que la ley no sea utilizada para beneficio de unos cuantos privilegiados sino para defender la Vida en todas sus expresiones, especialmente aquella que se encuentra en situación de peligro o desprotección. Tú que vives y amas por los siglos de los siglos.

Oración del día:

Señor Dios: recibe misericordiosamente las oraciones de tu pueblo. Ayúdanos a ver y a comprender y poner en práctica las cosas que debemos hacer y danos gracia y fuerza para hacerlas, te lo pedimos por tu Hijo, Jesucristo, nuestro Señor.

 


 

Lisandro Orlov
Tte.Gral. Perón 1593 Piso 8 Dto. O
C1037ACC Ciudad Autónoma de Buenos Aires
Argentina
Telefax (54+11) 4-384-6568
E-mail: orlov@uolsinectis.com.ar
www.pastoralsida.com.ar