Domingo 5 de febrero 2006
  CICLO B. QUINTO DOMINGO DE TIEMPO ORDINARIO – QUINTO DOMINGO DESPUÉS DE EPIFANÍA.
 

Primera lectura: Isaías 40. 21-31
Salmo responsorial: 147, 1-12, 21c
Segunda lectura: 1Corintios 9, 16-23

 

EVANGELIO Marcos 1, 29-39

29 Al salir de la sinagoga fue derecho a casa de Simón y Andrés, en compañía de Santiago y Juan. 30La suegra de Simón yacía en cama con fiebre. En seguida le hablaron de ella; 31 él se acercó, la cogió de la mano y la levantó. Se le quitó la fiebre y se puso a servirles.

32 Caída la tarde, cuando se puso el sol, le fueron llevando a todos los que se encontraban mal y a los endemoniados. 33 La ciudad entera estaba congregada a la puerta. 34 Curó a muchos que se encontraban mal con diversas enfermedades y expulsó muchos demonios; y a los demonios no les permitía decir que sabían quién era.

35 Por la mañana, se levantó muy de madrugada y salió; se marchó a despoblado y allí se puso a orar. 36Echó tras él Simón, y los que estaban con él; lo encontraron 37 y le dijeron:   -¡Todo el mundo te busca!

38 Él les respondió:  -Vámonos a otra parte, a las poblaciones cercanas, a predicar también allí, pues para eso he salido.  39 Fue predicando por las sinagogas de ellos, por toda Galilea, y expulsando demonios.

 


LES HE LLAMADO PARA QUE TRANSGREDAN LA LEY

Aquello y aquellas que cristianos que trabajan en el contexto de la epidemia del vih y del sida han aprendido a fuerza de experiencia, diálogo y apertura a los desafíos, que las Escrituras, el mismo Evangelio, adquiere una significación y un mensaje totalmente renovado en ese contexto. El mensaje del Evangelio revela nuevos significados y nuevos desafíos dependiendo de con quiénes escuchamos la Palabra. No es cosa menor ni un elemento independiente el compromiso que vamos adquiriendo al tener nuestros oídos cercanos a los clamores de los grupos vulnerables al vih y al sida y otro oído en el Evangelio. La epidemia del vih y del sida nos ha llevado a asumir ese compromiso de leer, escuchar y poner en práctica la Palabra en ese contexto y con sus nuevos significados.

Este Evangelio de hoy sigue una secuencia lógica en la redacción del relato teológico construido por Marcos. Primero el inicio del ministerio de Jesús de Nazaret a partir del hecho político de la prisión impuesta a Juan el Bautista. Inmediatamente el llamado a los discípulos a pescar en el contexto del mar con toda su carga simbólica de ser el espacio del mal, del proyecto opuesto al de Dios. Pescar en el Leviatán. Luego esos discípulos son llevados a ese mar difícil y peligroso: la sinagoga, el espacio del fundamentalismo, espacio a ser exorcizado al igual que nuestras comunidades cristianas. Ahora nos lleva a un nuevo espacio, la casa.

No hay aquí una contraposición entre espacio público o espacio privado, sino una contraposición de modelas de comunidad. Frente al espacio y proyecto endemoniado se nos presenta este espacio que es la casa de la comunidad de fe. Es la “casa de Simón y Andrés, en compañía de Santiago y Juan”. En los inicios más puros de la comunidad cristiana el espacio doméstico se transformó en el espacio donde se construyó el nuevo modelo de comunidad. Siempre y hasta la llegada del emperador Constantino, el espacio domestico fue adaptado para ser el espacio doméstico de la comunidad cristiana. Luego aparece la basílica, el poder y la división del mundo en sagrado y profano.

En la economía de aquel tiempo la casa era una unidad económica que tendía a autoabastecerse y todos compartían el esfuerzo y los beneficios. Estamos hablando de una especie de lo que hoy llamaríamos cooperativa. En ese medio la palabra hermano y hermana deja de ser una expresión piadosa de un vocabulario religioso sin mayores consecuencias reales. El hermano y la hermana participaban de esa unidad económica que pretendía que todos y todas recibieran lo que necesitaban y que nada les faltara. Es la comunidad que nos propone el libro de los Hechos de los Apóstoles. Estamos pues entrando en ese espacio modelo de un nuevo proyecto.

Nuestro concepto de acompañamiento pastoral a las personas que viven con vih y con sida se nutre de ese proyecto. Nos resistimos a dividir a las personas en fragmentos sagrados y seculares, en espíritu y en cuerpo. La epidemia del vih y del sida no solamente afecta el cuerpo sino que afecta principalmente a través del estigma y del prejuicio las relaciones humanas. La pastoral de acompañamiento busca justamente restaurar esas relaciones humanas colocándolas en una nueva dimensión. Abrimos las puertas de nuestra mente, de nuestro corazón y de nuestras comunidades a los grupos y personas vulnerables al vih y al sida porque con ellos y ellas queremos construir este otro modela de relaciones.

Jesús de Nazaret no es perfecto. Ha asumido la condición humana hasta sus últimas consecuencias. Ese no es un juego ni un ilusión. Al entrar en la casa no lo adivina todo ni lo sabe todo. Es la comunidad doméstica que llega hasta él con la noticia de la fiebre de la suegra de Pedro. Es allí cuando toma conciencia de la situación. Es importante ver el lugar que se le da a la mujer en ese espacio comunitario. No se la ignora ni se la invisibiliza. Es parte de sus preocupaciones y no simplemente para que sirva. Ese breve relato de curación tiene una serie de gestos revolucionarios.

Esta mujer es objeto de la preocupación comunitaria y de Jesús. Transgrediendo normas sociales y religiosas Jesús se acerca a ella y la toma de la mano. ¡Revolución!. No solo se atreve a tocar a una mujer en público transgrediendo normas sociales sino que también trasgrede criterios de pureza porque al tomar de la mano a alguien que tiene fiebre, y por la tanto puede estar endemoniado de acuerdo a los criterios de una extraña lectura bíblica, también Jesús de Nazaret asume el estigma social y religioso de esa persona, de esa mujer en concreto. Trasgresión tras trasgresión. Jesús es el gran trasgresor de la Ley y de los criterios sociales. ¡Cuántos ejemplos y paradigmas para tomar en cuenta y obedecer por aquellos y aquellas que trabajamos en el contexto de la epidemia del vih y del sida!

La suegra de Pedro, esta mujer en concreto, estaba recostada. Jesús se inclina sobre ella y la levanta. También nosotros tenemos que inclinarnos para meternos en la realidad de las personas que la sociedad considera endemoniados. Tocarlas asumiendo los estigmas de todas y todos los excluidos. Solo después de habernos inclinados, de habernos bajado del caballo, podremos juntos levantarnos en dignidad y en derechos. Aquí hay un interesante contraste entre yacer y levantarse. El sistema de prejuicios y de explotación económica y de exclusión social ha acostado, aplastado a muchos y muchas. Nuestra acción pastoral es parte esencial de ese anuncio de reconciliación y reparación social y religiosa. Esa es la sanidad y la curación que buscamos.

Es necesario recordar que de acuerdo a los criterios sociales de aquel tiempo las mujeres no podían servir a las mesas para evitar el contacto con hombres extraños. Los rabinos tenían prohibido que fueran servidos por una mujer. En la comunidad cristiana esa división se destruye. La mujer es plenamente integrada al espacio público y político. Luego que hayamos quitado el estigma todas y todos podremos servir. Esta mujer es modelo de todos los grupos vulnerables y todos somos grupos vulnerables. Curamos y nos levantamos desde esa vulnerabilidad. Todas y todos somos sanados para servir. La proximidad, la comunión produce el que juntos nos podamos poner de pie y ejercer nuestros derechos de ciudadanía y empoderarnos de espacios y proyectos.

El servir se impone como modelo a toda la comunidad cristiana. De hecho la forma de estar en el mundo de la iglesia es el servir. La única fuerza y poder de la iglesia está en el servir. La diaconía y la promoción social no es un departamento espacial y aparte de la vida de la iglesia. La diaconía, el servicio y la promoción social es el núcleo de la visibilidad de la comunidad cristiana. El acompañamiento pastoral, la defensa de los derechos humanos y la promoción social de las personas y grupos afectados por la epidemia del vih y del sida no es un proyecto aparte y secundario en la vida de la iglesia. Forma parte de su misma identidad y del núcleo de su acción.

Caída la tarde, cuando se puso el sol, es decir, cuando termino el sábado muchos enfermos y enfermas se acercan a Jesús buscando solamente milagros. Es todavía un grupo dominado por la Ley. No podía acercarse antes porque había un obstáculo, una comprensión rígida de las Escrituras. Solo cuando comienza el nuevo día, ya que al atardecer y cuando se ha puesto el sol termina el sábado, las personas se acercan. Las urgencias y las necesidades estaban condicionadas por el ley del sábado. Debemos preguntarnos, aquellos y aquellas que trabajamos en el acompañamiento pastoral con las personas y grupos afectados por el vih y el sida si no tendremos que ser exorcizados nosotros también para ser liberados de tantos sábados que aún subsisten en nuestra espiritualidad, teológica y lectura bíblica.

Jesús de Nazaret le tiene miedo al éxito fácil y a las multitudes que solamente le siguen por los prodigios y los milagros pero dejan de lado el modelo y el proyecto. Muchas y muchos son los cristianos que hoy también se quedan con la cáscara pero pierden de vista el núcleo. La fe cristiana se ha transformado en un espectáculo de magia y de entretenimiento pediendo su carga simbólica y modelo alternativo a un sistema de injusticia. También nosotros tenemos que tener miedo del éxito fácil y asumir la cruz de construir una propuesta de relacionarnos entre los seres humanos siguiendo el paradigma de la casa doméstica del pueblo de Dios. Al trabajar en la pastoral del vih y del sida nosotros estamos construyendo esa casa alternativa para todos y todas y estamos ya contemplando como las multitudes de estigmatizados y estigmatizadas entran en ese espacio de hermanos y hermanas para construir el paradigma de Jesús de Nazaret

Para la revisión de vida

  • ¿En qué momentos de mi vida la imagen lejana que tenía de Dios se ha tornado más cercana y presente en la vida?
  • ¿Me acerco a las personas valorando su condición o juzgo y rechazo a quienes son diferentes a mí?
  • Para la reunión de grupo
    Ante el dolor y lo problemas de las personas que viven con vih y sida, ¿somos capaces de acompañar y respetar a los otros y otras o simplemente respondemos con frases aprendidas frías e indiferentes?
  • ¿Cómo se observa en nuestro entorno la manipulación que se hace del mensaje de Jesús en beneficio de personas o grupos?
  • ¿Cómo podemos desarrollar en nuestro grupo la libertad de anunciar el Evangelio a las personas que viven con vih y con sida, sin manipulaciones ni intereses egoístas?
  • ¿En qué gestos concretos nos hacemos cercanos a las hermanas y los hermanos que sufren o están marginados de la sociedad a causa del vih y del sida?
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Para la oración de los fieles
  • Por quienes sufren las consecuencias de un sistema social y económico injusto,  y el abandono social y cultural,  para que encuentren en las y los cristianos personas capaces de acompañar y comprometerse en el mejoramiento de su vida.
  • Por las Iglesias de Jesús para que defiendan cada día la libertad ante cualquier forma de poder o manipulación para que puedan ser autenticas servidoras de la vida.
  • Para que en las Iglesias se supere toda forma de exclusión, dominio, o alejamiento de la vida y las necesidades de las personas.
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Oración comunitaria
Creador nuestro, que escuchas y atiendes los clamores de la humanidad, y que en Jesús nos mostraste el proyecto de Bondad y libertad para tus hijos e hijas. Haz de nosotros y nosotras creyentes audaces, que libres de todo afán de dominio o ganancia sepamos ser servidores de todos y todas, especialmente de tus hijas e hijos solos y abandonados. Que seamos constructores de un mundo sin exclusiones en el que todos y todas quepamos con igual dignidad e iguales oportunidades, para que la humanidad que sufre pueda también un día levantarse, y tomar su lugar en el mundo. Tú que vives y amas por los siglos de los siglos.

Lisandro Orlov
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