SEGUNDO DOMINGO DE PASCUA - CICLO B

Evangelio : Lucas 24, 35-48

 

Primera lectura: Hechos 3, 13-15. 17-19
Salmo responsorial: 4, 2.7.9
Segunda lectura: 1 Juan 2, 1-5

EVANGELIO
Lucas 24, 35-48
(trad. Juan Mateos, Nuevo Testamento , Ediciones El Almendro, Córdoba)

35Ellos contaron lo que les había pasado en el camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan. 36Mientras hablaban de esto, se presentó Jesús en medio de ellos y les dijo: -Paz con vosotros. 37Se asustaron y, despavoridos, pensaban ver un fantasma.

38 Él les dijo: -¿Por qué ese espanto y a qué vienen esas dudas? 39 Mirad mis manos y mis pies: soy yo en persona. Palpadme y mirad; un fantasma no tiene carne ni huesos como veis que yo tengo. 40 Dicho esto, les mostró las manos y los pies. 41Como aún no acababan de creer de la alegría y no salían de su asombro, les dijo:  -¿Tenéis ahí algo de comer? 42 Ellos le ofrecieron un trozo de pescado asado; 43 él lo cogió y comió delante de ellos. 44 Después les dijo:  -Esto significaban mis palabras cuando os dije, estando todavía con vosotros, que todo lo escrito en la Ley de Moisés y en los Profetas y Salmos acerca de Mi tenia que cumplirse. 45 Entonces les abrió el entendimiento para que comprendieran la Escritura. 46 Y añadió: -Así estaba escrito: El Mesías padecerá, pero al tercer día resucitará de la muerte; 47y en su nombre se predicará la enmienda y el perdón de los pecados a todas las naciones. Empezando por Jerusalén 48vosotros seréis testigos de todo esto.


TOCAR Y VER

 

Jesús de Nazaret siempre nos ha sorprendido al ocupar lugares paradójicos. Belén, Nazaret, Galilea, Samaria, Tiro y Sidón. Siempre espacios marginados, lejanos a los centros de poder y de decisiones. No solo escogió lugares extraños, infrecuentes, sospechosos y paradójicos para nuestra forma de razonar sino que también siempre se colocó junto a excluidos y excluidas, extranjeros y extranjeras, heterodoxos e impuros e impuras. Jamás se hace presente en aquellos lugares que nos gustaría verlo: palacios y templos. Para nuestro escándalo cuando se encamina hacia los centros de poder político y religioso es para cuestionarlos y entrar en franco conflicto con ellos.

 

Esta escena del evangelio también comienza con una de esas situaciones extrañas. Repentinamente “se presentó Jesús en medio de ellos y les dijo: -Paz con vosotros.”. Esta es también una forma paradójica de aproximación porque se hace presente en medio de una comunidad totalmente desprovista de poder, llena de miedo, sin esperanza y sin promesas. No es en medio de cualquier comunidad en la cual Jesús de Nazaret, el crucificado y resucitado, se hace presente. Es en medio de un grupo que se siente fracasado y aún defraudado, con miedo a los ortodoxos, sin convicciones ciertas ni seguras. Este es un grupo profundamente vulnerables a la descalificación, perseguidos y ellos mismos ahora excluidos y estigmatizados por haber creído que con Jesús de Nazaret el Reino de Dios era posible ahora y aquí.

 

Nosotros y nosotras que trabajamos junto a los grupos vulnerables al vih y al sida y caminamos junto a las personas que viven con vih y con sida conocemos muy bien esos sentimientos y esos miedos. En la tarea que hemos asumido las fuerzas que se oponen a la inclusión, a una iglesia y a una sociedad realmente abierta y sin puertas atrancadas, también vivimos esos momentos de falta de confianza en el resultado final. También nosotros y nosotras tenemos dudas y compartimos este asombro de aquel primer grupo de cristianos y cristianas vulnerables a la exclusión y la marginación.

 

La carta de presentación del resucitado son sus manos y sus pies con las marcas de la cruz. Mirad mis manos y mis pies: soy yo en persona. Palpadme y mirad. La identidad del Jesús resucitado están en sus manos y en sus pies marcados por los estigmas de la cruz. Se nos invita a tocar y mirar esos estigmas como se nos invita hoy mismo a ver las heridas y los estigmas de hermanos y hermanas que han recibido el diagnóstico de exclusión que nuestra sociedad y nuestras iglesias muchas veces dictaminan sobre vidas y proyectos. En la pastoral de acompañamiento de personas que viven con vih y con sida somos invitados también a tocar y ver manos y pies heridos por la enfermedad y por el abandono social y familiar. En ese tocar a hermanos y hermanas podemos también escuchar en el secreto de nuestros corazones y en el clamor social que Jesús de Nazaret también nos dice “soy yo en persona”.

Nosotros y nosotras, es muy posible, que tampoco hemos comprendido que también necesitamos de tantos estigmas y tantas exclusiones para comprender el verdadero mensaje de Jesús de Nazaret. Es muy posible que tanto sufrimiento, muerte, abandonos y estigmas estén allí para mostrarnos dónde en realidad está Dios. Durante mucho tiempo no hemos querido mirar las manos y los pies de tantos hermanos y hermanas que sufren el oprobio de ser considerados extraños a nuestras puertas. Hoy la epidemia del vih y del sida nos revela otra realidad que muy posiblemente también nos asusta, pero el crucificado resucitado afirma que no es un fantasma. Esta realidad de la epidemia del vih y del sida tampoco es una pesadilla ni una realidad fantasmagórica. Es nuestra realidad en la cual se revela Dios y nos anuncia paz. La paz que nace de recobrar la utopías, de poder volver a soñar que el Reino de Dios es posible y que está en medio de nosotros. Los estigmatizados, aquellos y aquellas que nos muestran las marcas de la exclusión, revelan la naturaleza de un Dios que no queremos ver y que nos gustaría que fuera un fantasmas que nos permitiera continuar con nuestros delirios.

 

Nosotros y nosotras también “aún no acabamos de creer” . El ladrón que es crucificado al lado de Jesús fue mucho más rápido en su comprensión del misterio paradójico de Dios que los mismo discípulos y que nosotros y nosotros. Nos resulta un escándalo el atrevernos a pensar que es muy posible que escondido en esta epidemia Dios se está revelando a su iglesia de una manera totalmente sorprendente e inesperada. Se revela a través de aquellos y aquellas que ha sido estigmatizados y en sus marcas nos dice que es el mismo en persona en medio de nosotros y nosotras.

Es muy posible que en medio de esta epidemia también Jesús de Nazaret se nos aparezca y nos anuncie paz a pesar de nuestra interminable falta de fe, o de fe suficiente como para comprender la dimensión multifacética de la cruz. Estamos desafiados en el con980o de esta epidemia a dejar que se nos abra el entendimiento.

 

Al comienzo de la escena tenemos un grupo vulnerable de discípulos con miedo y espantados y al finalizar la escena tenemos el mismo grupo vulnerable que “no salían de su asombro” de la misma forma en que siempre la gracia de Dios nos sorprende y asombra. Esa presencia del Jesús que fue crucificado ahora resucitado cambia el significado de una acto de muerte en una esperanza de vida. Igualmente aquellos y aquellas que estamos comprometidos en cambiar los signos de la realidad y transfigurar los espacios de muerte en espacios de encuentro y vida. Esa es la misión de la comunidad vulnerable de cristianos: transformar los espacios de muerte y exclusión que esta epidemia puso de manifiesto en espacios de inclusión y vida.

 

Ahora y a pesar de temores y asombros, a pesar de puertas atrancadas y de espantos tenemos una misión: “en su nombre se predicará la enmienda y el perdón de los pecados a todas las naciones. Empezando por Jerusalén 48vosotros seréis testigos de todo esto.”.  Ese es nuestro poder, el único poder que se nos concede para que en su nombre prediquemos la enmienda y el perdón de pecados. Lo sorprendente es que esa predicación no comienza por los suburbios ni por las zonas de dudosa ortodoxia. La enmienda comienza por el centro del poder religiosos y político. La enmienda comienza por Jerusalén. Esa es justamente la tarea y misión que se nos encomienda: transformar el centro de nuestras instituciones, tanto iglesias como sociales. El centro del poder es el objeto de nuestro llamado a la enmienda y es allí, que luego de los cambios hemos de anunciar el perdón. Sabemos que no hay perdón sin enmienda pero se Jerusalén cambia seguramente que todos los grupos vulnerables podrán abrir las puertas de sus miedos y prejuicios para salir al encuentro de la nueva Jerusalén y todos y todas formar un solo pueblo y una sola familia.

 

ORACIÓN DE LOS FIELES

  • Dios de toda justicia, mantennos en silencio cuando las únicas palabras que tenemos para decir son palabras de enjuiciamiento, exclusión o prejuicio. Enséñanos a enfrentarnos con las heridas de nuestro corazón. Señor, en tu misericordia, escúchanos...
  • Dios de toda justicia, danos el poder de la palabra que resista la injusticia, la opresión y el odio. No sólo cuando nos afecta a nosotros y nosotras, sino sobre todo cuando afecta a otros y otras, que sufren. Conviértenos en hacedores de paz y restauradores de los
    quebrados que están cerca nuestro. Señor, en tu misericordia, escúchanos...
  • Dios de todo poder, mantennos en silencio para que podamos escuchar respetuosamente
    el dolor ajeno, sin ignorarlo y también a veces sin poder curarlo. Porque vos estás presente en cada uno de nosotros y nosotras. Señor, en tu misericordia, escúchanos...
  • Dios de todo poder, danos el coraje para compartir el don de nuestra palabra que conforte, sostenga y fortalezca. Que podamos ser un anticipo de tu amor para aquellos y aquellas que está en necesidad de amor. Señor, en tu misericordia, escúchanos...
  • Dios de todo amor, en el silencio de nuestro corazón danos palabras de bienvenida, aceptación y renovación para que cada vez que hablemos, nuestras palabras vengan de tí. Señor, en tu misericordia, escúchanos
  • Dios de todo amor, danos voces de alabanza para celebrar la vida de cada uno y cada una y las glorias de la creación, creyendo que todos y todas vivimos bajo tu bendición. Señor, en tu misericordia, escúchanos...

Lisandro Orlov
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