EVANGELIO
 Marcos 12, 38-44
(trad. Juan Mateos, Nuevo Testamento, Ediciones Cristiandad 2ª Ed., Madrid, 1987)

En aquel tiempo Jesús,

38 Entre lo que enseñaba, dijo:  -¡Cuidado con los letrados! Esos que gustan de pa­searse con sus vestiduras y de las reverencias en la calle, 39 de los primeros asientos en las sinagogas y de los pri­meros puestos en los banquetes; 40 esos que se comen los hogares de las viudas con pretexto de largos rezos. Esos tales recibirán una sentencia muy severa.

41 Se sentó enfrente de la Sala del Tesoro y observaba cómo la gente iba echando monedas en el tesoro; muchos ricos echaban en cantidad. 42 Llegó una viuda pobre y echó dos ochavos, que hacen un cuarto. 43  Convocando a sus discípulos, les dijo:

-Esa viuda pobre ha echado en el tesoro más que na­die, os lo aseguro.  44 Porque todos han echado de lo que les sobra; ella, en cambio, sacándolo de su falta, ha echado todo lo que tenía, todos sus medios de vida.

 


YO SOY ESE

Al encontrarnos con este texto tenemos que tener mucho cuidado de la tentación de ir directamente a la escena de la mujer pobre y viuda y olvidarnos de la introducción de esa escena, la última del ministerio público de Jesús de Nazaret o la primera del relato de la pasión. Estos primeros versículos son sumamente amargos para aquellos que como yo, además de estar bautizado hemos sido ordenados para un servicio al pueblo de Dios. Es una advertencia para que tengan todos ustedes mucho cuidado de mi: un letrado.

 

Estas tres frases me describen tan perfectamente. Me ponen al descubierto porque soy yo el que le gusta pasearse con mis vestiduras litúrgicas dominicales, me encantan las reverencias en las calles, pasillos y en cuanto lugar se pueden imaginar. Me encanta ir a Bogotá donde por primera y única vez me trataban de “su merced”. Soy yo al que le sale tan bien eso de sentarse en los primeros asientos. Es algo espontáneo, natural y que no necesito ensayar y recapacitar. Me sale solo. En cambio el buscar el último lugar exige de mi toda una conversión, un forzarme a vivir escondido con Cristo en Dios. Eso no es natural y cada día y cada hora debo nuevamente tomar conciencia y forzarme a vivir de acuerdo al paradigma de Jesús de Nazaret que vino para servir y no para ser servido.

 

Este texto pareciera tan claramente hablarnos de los teleevangelistas, a los que no tengo en claro sin los envidio por su fácil éxito o los critico porque la disciplina del discipulado impuesta por el Evangelio me impiden hacer lo mismo. Realmente me gustaría tanto ocupar el centro de la escena y transformar a los miembros del cuerpo de Cristo en espectadores. Me gustaría tanto usar trajes de tanto costo y de tanto brillo. Me gustaría tanto que todo el mundo hablaran de la iglesia del Pastor Lisandro y olvidaran al verdadero dueño. Cuánto quisiera que todos hablaran de los portentos y milagros realizados por la prestigiditación mía en lugar de aquel a quien prometí servir. Debo confesar que todo esto es siempre una tentación en mi, en mis colegas pastores y sacerdotes, monjas y pastoras.

 

No existe más cruel y dura lucha que la que ocurre en nuestras propias comunidades cristianas donde cada uno quiere ocupar el primer puesto. El poder es un ídolo que nos corrompe a todos y todas. Siempre queremos compararnos con los textos que hablan del buen pastor pero en este momento debemos enfrentarnos a este muy amargo texto que nos deja a todos y todas al desnudo con nuestras debilidades. Ese letrado soy yo y quien recibe una sentencia muy severa soy yo.

 

Aún aquellos y aquellas que nos hemos comprometidos a mantener nuestras promesas de servir y acompañar a las personas que viven con vih o sida también somos muchas veces tentados a ocupar sus lugares, a pretender hablar en su nombre, a romper silencios cuando ellos y ellas ya están clamando al cielo desde hace tantos años. Este texto me lleva a desesperar de mi para poner toda mi confianza en la acción de Jesucristo. También todos y todas ustedes tienen que tener mucho cuidado de los letrados, que se sienten dueños o dueñas de la Palabra y confunde su lenguaje y sus aspiraciones con las palabras de la Palabra de Dios: Jesucristo.

 

Esta introducción amarga para los predicadores nos tiene que preparar para dejarnos evangelizar por los estigmatizados y excluidos. El personaje central de este texto es esta persona que tiene una triple opresión: es mujer, viuda y pobre. Lo único que pareciera faltarles es vivir con vih o sida y la situación estaría completa. También nosotros y nosotras, en la crisis del vih y del sida, somos evangelizados por muchas personas que viven esa misma triple exclusión: mujer, pobre, y con vih, persona de orientación homosexual, sudaca y sida; usuario de droga, desocupado y con enfermedades oportunistas relacionadas con el vih o con el sida. Transgéneros, trabajadoras sexuales, y sigue la lista.

 

Cuantas veces nosotros y nosotras somos invitados a colocarnos en un rincón del escenario del templo de la vida para contemplar las acciones de los grupos y las personas que viven con vih o con sida y dejarnos sorprender por sus gestos que cuestionan todo el sistema y todos los valores que consideramos sagrados. Estamos siempre tan orgullosos de romper nuestros silencios cómplices con las situaciones de estigma y opresión que nos olvidamos de la necesidad también de guardar silencio para permitir que la Palabra nos desafíe y permitirle actuar en nuestra vidas que tantas conversiones necesitan.

 

Esta mujer, viuda y pobre no es ningún ejemplo de mayordomía o de apoyo generoso a estructuras opresoras. El Templo es parte del sistema cuestionado por Jesús de Nazaret y sería toda una contradicción y una lectura un poco extraña de que alabáramos a esta oprimida que coopera en sostener esta estructura opresiva. Muchos y muchas quisieran que hiciéramos esa lectura tan cómoda al sistema y a la vez tan rentable. No olvidemos que los versículos siguientes, y que extrañamente se omiten en la lectura de hoy, es el anuncio de la destrucción de ese sistema, del Templo mismo. Quizás ha llegado el momento de volver a unir esas dos partes del relato. Mujer, viuda y pobre,  introduce el relato de la destrucción del centro del sistema opresor.

 

El gesto de esta persona excluido y marginada es mostrar dónde ha colocado su esperanza y expectativas. Esas esperanzas le permiten desprenderse para cuestionar aquello en que todos ponen toda su confianza.  La importancia del gesto no está en la cantidad de monedas sino en el desprendimiento revolucionario, cuestionador y convocante a nuevos valores y nuevas esperanzas. Es un comenzar todo de nuevo. Ese gesto es el anuncio de la destrucción de ese sistema opresor y de todos aquellos que quieren ocupar en ese sistema los primeros lugares. Esa mujer, viuda y pobre desafía el sistema.

 

Estoy seguro que si calláramos y prestamos más atención a los muchos y variados gestos de las personas que viven con vih y sida y que en muchísimos casos comparten la suerte de esta mujer, viuda y pobre podríamos ver la gestación de una nueva forma de relacionarnos, de construir aquel Reino por el cual Jesús llegó a la Cruz y en el cual se proclama la resurrección.

 

Esta mujer, viuda y pobre, hace visible la radicalidad del primer mandamiento. Solo Dios basta y solo allí ponemos nuestra confianza pero la ponemos con historia y contexto. Nuestro anuncio no se produce en el aire sino en el centro del sistema opresivo. Por ello tenemos que tener mucho cuidado con los letrados teológicos. En estos días hemos escuchado la historia patético del fundador de una mega iglesia, aliado estrecho del Presidente de los estados unidos, portavoz de todas las oposiciones que pudieran conceder los mismos derechos de ciudadanía a las personas de orientación homosexual, cuando él mismo se permitía establecer esas relaciones en la peor de la condiciones. No solo tenía una doble vida y un doble discurso sino que la forma de relacionarse se fundaba en dar a ese joven aquello que le sobraba. Ese es un letrado que no ocupo el lugar silencioso que le hubiera permitido convertirse. Oprimido en su orientación sexual asumió el discurso del opresor. No pudo ver a esta mujer oprimida por cuestiones de género, de sistema patriarcal y de sistema religioso legitimador de todas las opresiones la novedad de vida al cual nos llama Jesús de Nazaret.

 

Ayer mismo, en el Hospital Municipal de Enfermedades Infecciosas Francisco J. Muñiz, me sorprendió escuchar a un joven internado que escribía con mucho entusiasmo salmos tras salmo y repetía el discurso de aquellos que le había prometido curaciones milagrosas que no son otra forma de opresión. Sus adicciones se debían solo cuestionas personales, privadas y particulares y que la curación solo tenía que ver con su voluntad, con su persona, sin relación alguna al contexto, al país, a la falta de proyecto que la Argentina tiene con relación a tantas personas consideradas descartables por ese mismo sistema. No pude sentir que fuera un discípulo de la viuda cuestinadora sino que sentí que se había convertido inocentemente en parte del sistema que le oprime, que le excluye y le margina. Toda la responsabilidad fue puesta en sus espaldas para no mirar la responsabilidad que la sociedad tiene en esa situación.

 

Tengamos mucho cuidado con los discursos relacionados con este texto que nos pueden confundir y extraviar y que se presentan como los modelos vacíos de una religiosidad aparatosa. Tengan cuidado de mi que muchas veces me siento tentado a pensar que soy el dueño de todas las verdades y el controlador de la voluntad de Dios. Tengan cuidado de cualquiera que se presente con esos pomposos ropajes. Aprendan a mirar por los rincones de los templos, de los caminos de la vida y en los márgenes de instituciones y sociedades. Seguramente allí encontraremos a una persona vulnerable al sistema de estigmas que nos ayudara a convertirnos por ellas?

 

 

Para la revisión de vida

            En qué grado de estima tengo o tenemos en la comunidad o grupo a las personas que según nosotros pertenecen a un grupo vulnerable al vih o al sida? Nos hemos puesto a pensar que tal vez esas personas son las que en estos momentos han sido escogidas por Dios para mostrarnos otros valores y otras formas de relacionarnos entre nosotros y nosotras?

 

Para la reunión de grupo

Una de las ideas que saltan cuando volvemos a leer el pasaje de la ofrenda de la viuda es la realidad «incluidos y excluidos». Quizás nos sintamos preocupados por eso y de ahí que tratamos en vano de mover el corazón de los letrados para que «tengan comunión» con los que viven múltiples formas de estigma. También se nos ha ido la mano en cualquier momento promoviendo actividades que solo se quedan en el asistencialismo. ¿Están ambas posiciones en línea con el Evangelio? ¿No estaremos por el contrario «desevangelizando»?

 

Para la oración de los fieles
  • Roguemos al Creador por nuestras iglesias y comunidades cristianas para que cada día sientan mayor compromiso de compartir con generosidad el proyecto al cual nos convoca la Palabra y abrirnos al clamor de los invisibilizados por el sistema,
    El Señor sostiene a los que caen. 
  • Por quienes se consideran o los consideran letrados para que escuchen a la Palabra, Jesús de Nazaret y estén dispuestos a ocupar de corazón los últimos lugares como signo de solidaridad con todos aquellos y aquellas que han sido ubicados allí por los demás,  el clientelismo político y eclesiástico, por los diversos  proyectos políticos y económicos para que nosotros y nosotras optemos por  la justicia y la equidad,
    El Señor sostiene a los que caen.   
  • Por nuestras organizaciones y programas de prevención, educación, asistencia y derechos humanos en vih o sida para que practicando aquello que anunciamos lleguemos un día a compartir todos en igualdad el banquete de la Vida,
    El Señor sostiene a los que caen. 


Oración comunitaria

            Dios Creador nuestro, que nos has mostrado tu gusto por la autenticidad, la entrega generosa y la coherencia entre la fe y la vida: robustece nuestra fe, fortalece nuestra sinceridad, y ayúdanos a estar, como Jesús, siempre atentos al amor de los pequeños y pequeñas. Nosotros y nosotras te lo pedimos por Jesús, nuestro Hermano Mayor, Transparencia tuya. Amén.

 

 

Lisandro Orlov
Tte.Gral. Perón 1593 Piso 8 Dto. O
C1037ACC Ciudad Autónoma de Buenos Aires
Argentina
Telefax (54+11) 4-384-6568
E-mail: orlov@uolsinectis.com.ar
www.pastoralsida.com.ar