Domingo 5 de noviembre de 2006

CICLO B. TRIGÉSIMO PRIMERO DE TIEMPO ORDINARIO

 

Evangelio : Marcos 12, 28-34

Primera lectura: Deuteronomio 6, 2-9

Salmo responsorial: 17, 2-3 a. 3bc.4 47 y 51ab.

Segunda lectura: Hebreos 7, 23-28

 

 

 

EVANGELIO : Marcos 12, 28-34
(trad. Juan Mateos, Nuevo Testamento, Ediciones Cristiandad 2ª Ed., Madrid, 1987)

 

28  Se le acercó un letrado que había oído la discusión y notado lo bien que respondía, y le preguntó:  -¿Qué mandamiento es el primero de todos?

29 Respondió Jesús:   -El primero es: «Escucha, Israel: El Señor nuestro Dios es el único Señor; 30 amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente y con todas tus fuerzas». 31 El segundo, éste: «Amarás a tu pró­jimo como a ti mismo». No hay ningún mandamiento mayor que éstos.

32 El letrado le dijo:  -Muy bien, Maestro, es verdad lo que has dicho, que es uno solo y que no hay otro fuera de él; 33 y que amarlo  con todo el corazón y con todo el entendimiento y con todas las fuerzas y amar al prójimo como a uno mismo supera todos los holocaustos y sacrificios.

34 Viendo Jesús que había respondido inteligentemente, le dijo:  -No estás lejos del reino de Dios.  Y ya nadie se atrevía a hacerle más preguntas.

 

 

LEY O EVANGELIO

 

Al sorprender a Jesús de Nazaret entablando esta clase de diálogos con aquellos que pertenecen a una corriente de lectura y comprensión de las Escrituras tan diferentes a su forma de comprenderlas y vivirlas me viene a la memoria el final de un taller sobre vih y sida realizado por la Iglesia Evangélica de Confesión Luterana en Brasil. Luego de haber pasado varios días y muchas horas reflexionando sobre la relación entre Biblia, teología, acción pastoral y derechos humanos en el contexto de la epidemia del vih, un grupo de pastores y líderes de comunidades llegaron a la conclusión de la necesidad que la iglesia comenzara a predicar fuertemente el sexto mandamiento, aquel que habla de no fornicar. Creo que me sorprendió esa conclusión tanto como a Jesús de Nazaret la forma de pensar de los grupos religiosos de su tiempo.

 

Muchos cristianos han hecho de la abstinencia y de la monogamia nuevos ídolos a través de los cuales esperan alcanzar la salvación. Han confundido aquello que es anteúltimo con lo ultimo y final. La salvación viene por la abstinencia y la monogamia, excluyendo la mediación de Jesucristo. La justificación ya no procede de la fe que anuncia que Jesús es el Señor sino del cumplimiento estricto de códigos morales. La forma de creer y el núcleo de la fe de Jesucristo ha sido completamente olvidado y marginado en esta actitud meramente moralizante. Se ha reducido la utopía del Reino a la observancia de nuevos sábados.

 

Al igual que en el sistema religioso del antiguo Israel todo giraba en torno al templo, los sacrificios y los rituales, hoy en día nuevamente la fe gira alrededor del cumplimiento eficaz de ciertas prácticas que obscurecen la mediación y acción de aquel Jesús que nació en Nazaret. Dejamos la historia para entrar en el mito. Todo se ha reducido al participar en determinados horarios y convocados por determinados líderes religiosos que prometen prosperidad y poder. Jesús, el de Nazaret, solo prometía y promete cruz y sacrificios por el Reino de Dios y por creer en el Dios del Reino de iguales, sin exclusiones ni estigmatizados.

 

Todos los cristianos y cristianos hemos retornado a esa centralidad del aparato burocrático de nuestras comunidades. Nuestra fe se fundamente en la éxitosa muchedumbre que concurre a esos templos y el desprecio de los pequeños grupos que pretenden en la humildad y en la comunión con los humillados por los sistemas de exclusión construir un nuevo cielo y una nueva tierra ahora y aquí.

 

A la intemperie que nos promete la cruz de Jesús de Nazaret hemos preferido y escogido la tranquilidad de las estructuras, de las jerarquías que al igual que aquellas de la Jerusalén conquistada por el imperio, colabora con la opresión.

 

Las muchas exigencias, los muchos sábados con los cuales hemos suplantado el desafío  del proyecto del Reino de Dios y la voluntad del Dios del Reino, han creado una replica moderna y permanentemente actualizada de la forma de comprender la intención y naturaleza del Dios que nos revela Jesús de Nazaret.  Al igual que muchos de nosotros y nosotras el letrado espera una lista de exigencias, mandamientos, reglamentos y estatutos. El cumplimiento de esas exigencias da mucha seguridad y sirven para clasificar a las personas en aquellos y aquellas que cumplen y aquellos y aquellas que quedan del otro lado englobado en un genérico “ellos y ellas” tan diferentes al “nosotros y nosotras”.

 

Aquellas expectativas y confianza en leyes, reglamentos y mandamientos quedan totalmente defraudados. Jesús de Nazaret utiliza, lee y vive las Escrituras de una forma totalmente alternativa a la forma en que lo hacen aquellos y estos fundamentalistas. No responde citando ninguno de los diez mandamientos y si bien utiliza versículos que se encuentran en las Escrituras su forma de relacionarlos es totalmente nueva y desafiante. Jesús de Nazaret no es el nuevo Moisés sino un Moisés totalmente diferente, al igual que no es Adán sino un Adán totalmente diferente y alternativo.

 

Jesús de Nazaret recupera la centralidad del proceso histórico para la fe. Todo se va a centrar en la memoria y en el vivir el proceso de liberación vivida en Egipto. El recordar permanentemente en el grito pascual la voluntad liberadora de un Dios comprometido con la liberación de toda persona, coloca a  los mandamientos, leyes y reglamentos en un segundo plano. Lo esencial es ubicarnos nosotros y nosotras y todas nuestras acciones pastorales y de servicio en esa perspectiva de integración para la libertad. El Dios que se revela y que nos revela Jesús de Nazaret es aquel comprometido con ese proceso y sus mandamientos están allí para recordarnos a todos y a todas nuestra común condición.

 

Este cambio de núcleo en la expresión de la fe, transformada en un tratado de moral, y cuando hemos hecho de Jesús de Nazaret un simple maestro de reglas de buena educación, cortesía y moral. Con ello hemos logrado con éxito obscurecer el proyecto de Dios, y puesto en un segundo plano como un adorna religioso la existencia del Jesús mismo. Hemos destruido la mediación de Cristo Jesús y el camino para llegar a Dios está lleno de mandatos, reglamentos y leyes que esperamos cumplir para obviar la exigencia del amor que integra y libera.

 

Los teólogos funcionales al sistema y que olvidan la utopía de Dios, esos teólogos de la gloria y la prosperidad se dedican a imponer sobre las personas la carga abrumadora de exigencias legales y de cumplimientos morales que desfiguran la exigencia primaria de Dios: el amor absoluto a Dios que nos protege de toda idolatría, aún de la idolatría de nuestra autojustificación y autosantificación haciendo inútil y superficial la vida, muerte y resurrección de Jesucristo, y por supuesto esta autoglorificación olvida el amor al prójimo.

 

Debemos tener mucho cuidado de no transformar el evangelio en una nueva ley. El mandamiento del amor a Dios como absoluto y al amor al prójimo como consecuencia y coherente manifestación visible nos protege de idolatrar todo reglamento, estatuto y leyes. Este amor absoluto y radical al Dios del Reino se hace realidad en el trabajar para que venga el Reino de Dios. Ese Reino no está lejos.

 

Cuando trabajamos junto a las personas y grupos vulnerables al vih y al sida este amor absoluto a Dios y su consecuencia lógica del amor al prójimo nos libera de toda obediencia de autoridades que pretenden interponerse en ese amor y en la integración de esa comunidad. La respuesta de Jesús de Nazaret si bien se fundamenta en las Escrituras (Deuteronomio 6, 4-5 ) no las cita explícitamente y hace una proclama totalmente personal y original.

 

Este mandamiento de Jesús, que se escribe en el corazón de las personas y no en las piedras, tiene una naturaleza totalmente diferente a los antiguos mandamientos. Aquellos servían para distinguir y diferenciar, este para incluir e incorporar. El objetivo de ponerlo en práctica, no es la salvación personal o de una parte de la comunidad, sino que es la expresión visible de la voluntad de Dios para que todos y todas, creados iguales a su semejanza, puedan vivir en solidaridad, justicia y comunión. No hay ningún mandamiento mayor a este y todos ellos se subordinan al cumplimiento de estos. Todo aquello que me impida amar hasta la liberación a mi prójimo tiene que ser revisado y reformulado. A diferencia de Moisés, Jesús de Nazaret relativiza todos los otros mandamientos, leyes y reglamentos. Queda muy claro que no podemos agradar a Dios ni cumplir su voluntad si no amamos a nuestro prójimo como a nosotras y nosotros mismos. Todo lo demás es secundario y posiblemente adíaforo. Esta es una buena noticia que podemos con seguridad anunciar a las personas que viven con vih o con sida o que están afectados y afectadas por la epidemia. Este amor que libera e incluye es la única puerta por la cual podemos entrar en el Reino.

 

 

Para la revisión de vida

  • También yo soy invitado e invitada a «escuchar y poner en práctica la Palabra y la utopía de Dios, ¿qué valor doy a la Palabra y al proyecto de Dios que escucho frecuentemente? ¿Me impulsa de verdad a obedecer, a cambiar mis actitudes y las actitudes de mi sociedad e iglesia?


Para la reunión de grupo

La exigencia fundamental, la que está a la base de todo compromiso religioso es el amor a Dios, pero que debe estar mediatizado por el amor a los hermanos y hermanas. Ésta es la base primordial de la espiritualidad de Jesús, la que le permite aquella absoluta sintonía entre su opción por Dios como Padre, y su consecuente opción por el Reino del Padre que en la percepción es la preocupación por las y los estigmatizados y marginados. En este sentido, nuestra espiritualidad no puede cambiar de referente, ¡a no ser que queramos cambiar el evangelio!

 

Para la oración de los fieles

  • Por las iglesias del mundo, para que sean las primeras en escuchar con honestidad y obedecer con valentía la Palabra,
    Escucha, Israel: El Señor nuestro Dios es el único Señor.
  • Por los gobernantes, políticos y dirigentes sociales, por todas las organizaciones de la sociedad civil que trabajan vih o en sida,  para que también ellos y ellas sientan que sus proyectos deben estar en línea con la Palabra de Dios,
    Escucha, Israel: El Señor nuestro Dios es el único Señor
    ;  
  • Por nuestros grupos y nuestras comunidades para que sus programas y acciones sean la concreción obediente de la Palabra que los convoca y los motiva,
    Escucha, Israel: El Señor nuestro Dios es el único Señor;
  • Por cada uno de nosotros y nosotras para que en el diario vivir seamos capaces de mantener una actitud de escucha creativa a la Palabra de Dios,
    Escucha, Israel: El Señor nuestro Dios es el único Señor;


 Oración comunitaria

            Oh Realidad suprema y trascendente, que escapas de nuestra capacidad de percepción, pero que estás presente y a la vez trasciendes la historia de nuestros pueblos, que te buscan desde el inicio de su peregrinar en este mundo. Te reconocemos como el Misterio que late en toda vida, que inspira en toda búsqueda, que acompaña todo amor. Nos sentimos felices contemplando cómo todos los pueblos, de una manera u otra, te sienten cercano y reciben tu Luz. Nosotros y nosotras concretamente, nos acercamos a Ti por medio de Jesús, nuestro Hermano Mayor, Transparencia tuya. Amén..

 

 

Lisandro Orlov
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