Domingo 29 de octubre de 2006

CICLO B. TRIGÉSIMO DE TIEMPO ORDINARIO

Primera lectura: Jeremías 31, 7-9

Salmo responsorial: 125, 1-2ab. 2cd-3. 4-5. 6

Segunda lectura: Hebreos 5, 1-6

 

EVANGELIO

Marcos 10, 46-52

 

 4 6Cuando salía de Jericó con sus discípulos y una considerable multitud de gente, el hijo de Timeo, Bartimeo, ciego, estaba sentado junto al camino pidiendo limosna. 47 Al oír que era Jesús Nazareno, empezó a gritar:  -Hijo de David, Jesús, ten compasión de mí.

48 Muchos le intimaban a que guardase silencio, pero él gritaba más y más:  -Hijo de David, ten compasión de mí.

49 Jesús se detuvo y dijo:  -Llamadlo.  Llamaron al ciego diciéndole:  -Ánimo, levántate, que te llama.  50Él tiró a un lado el manto, se puso en pie de un salto y se acercó a Jesús.

51Entonces Jesús le preguntó:  -¿Qué quieres que haga por ti?  El ciego le contestó:

-Rabbuni, que recobre la vista.

52Jesús le dijo:  -Vete, tu fe te ha salvado.  Inmediatamente recobró la vista y lo seguía en el camino.

 

 

¿QUÉ QUIERES QUE HAGA POR VOS?

 

Este texto nos puede brindar a todos aquellos y aquellas que trabajamos junto a las personas que viven con vih o sida y aún a las personas que viven con vih o sida mismas, un modela de fundamentación bíblica, reflexión teológica y acción pastoral. Es importante considerar la situación inicial de los protagonistas, su ubicación, su pensamiento religioso y su transformación en la situación final. Es de una gran profundidad considerar los diálogos y las situaciones en las que Jesús, discípulo y ciego establecen y que reflejan tradiciones y concepciones que son desafiadas por Jesús de Nazaret.

 

Toda esta escena está colocada en la perspectiva de Jerusalén, es decir, nos ubicamos a la sombra de la cruz y expresa maravillosamente esa teología. Ese es el camino escogido por Dios para compartir la extrema vulnerabilidad de las personas colocadas al margen de los caminos de la vida, de las sociedades y de los diversos sistemas religiosos. Indudablemente el camino de la cruz no es un mero sentimentalismo romántico sino una realidad que siempre es y será un escándalo porque nos cuesta aceptar que Dios se nos revela en la debilidad, en la exclusión, en la vida de los estigmatizados. Tenemos la permanente tentación de pensar en Dios en términos de poder, maravillas y milagros. El Dios que nos revela Jesús de Nazaret es lo totalmente opuesto a este concepto humano de poder. Dios revela su poder en la comunión con los oprimidos, con los estigmatizados por nuestros sistemas. En el contexto de la epidemia del vih y del sida podemos categóricamente afirmar que Dios se revela en la opción por las personas y los grupos vulnerables al vih o al sida, no porque ellos y ellas sean mejores que otros sino por una cuestión de justicia de Dios. Aquellos y aquellas que han sido colocados al borde de los caminos de comunión y solidaridad, por su debilidad y por su situación de opresión, son escogidos por Dios para manifestar su presencia y su poder.

 

 

Este camino de la cruz es incomprensible para los discípulos que en este relato son los verdaderos ciegos, tal como muchas personas que nuestras comunidades cristianas, en el contexto de la epidemia del vih y del sida son los verdaderos ciegos. Al final del camino nadie se ha de identificar con Jesús de Nazaret que vino a identificarse con todos los estigmatizados y excluidos del mundo. Muchos de los que le acompañan al comienzo del camino serán los que han de gritar crucifícalo al final del mismo, sus discípulos bajo la influencia de posiciones teológicas erradas y de lecturas bíblicas equivocadas también le abandonarán, también le abandonaran y renegarán de haberle conocido y tratado. En la cruz todos debemos responder al grito de Jesús de Nazaret: “¿Dios mío, Dios mío, porqué me has abandonado?.

 

Este ciego que por su condición misma de ciego es un excluido ético ya que se asocia su carencia con el pecado y no le está permitido entrar en el templo. Discípulos y multitud le tratan como a una persona descartable, como a un demonio, como a una persona que no tiene derechos ni dignidad para acercarse al líder. Su situación reúne diversas situaciones de exclusión que lo ubican al costado del camino. Además de ciego es mendigo y por lo tanto no tiene autonomía. Es una persona dependiente. Por lo tanto tenemos en este ciego una antología de situaciones de exclusión.

 

Es de destacar que esa persona excluida no acepta su situación y no se resigna a permanecer el costado del camino de la vida. Toma iniciativas aunque por motivos equivocados. Le cuesta pensar que alguien puede identificarse con su situación. El grito de Hijo de David y Jesús une dos concepciones diferentes de esperanza. Por un lado el concepto de Hijo de David revela que espera una intervención nacionalista de Dios que muestre todo su poder e imponga políticamente la supremacía  del pueblo escogido. En cambio al llamarlo Jesús abre la perspectiva a otra dimensión muy diferente. Este excluido toma iniciativas para cambiar su situación. Al echar su manto de lado, es decir su uniforme de pobre, de mendigo y de excluido, manifiesta su voluntad de cambio y su rechazo a la ubicación y la identidad que esa sociedad y esa comunidad religiosa le había ubicado. Es todo un gesto de desafío y de rechazo a lo políticamente correcto. Es aquello que hoy expresaríamos con la palabra: empoderamiento.

 

Frente a esa iniciativa tenemos la reacción de los discípulos que no pueden ver en ese estigmatizado social y religioso absolutamente nada de dignidad. Entonces como ahora, aquellos que pretenden ser los discípulos de Jesús de Nazaret se transforman en un obstáculo para que muchos excluidos y estigmatizados en el marco de la epidemia del vih y del sida puedan acercarse a Jesús de Nazaret. Sus reclamos, sus expectativas, sus estilos de vida, en suma, su marginación nos molestan. Al igual que los discípulos también hoy la comunidad cristiana tendrá que hacer un proceso de conversión y colocarse a la sombra del camino de la cruz.

 

Frente a esta iniciativa, Jesús tiene varios gestos y palabras de una profundidad que nos pueden ayudar mucho en nuestras prácticas pastorales junto a las personas que viven con vih o con sida. En primer lugar, frente a ese clamor, Jesús se detiene. Esta es una de las etapas en el camino hacia Jerusalén, hacia la cruz. Frente al clamor de los pueblos, de los grupos y personas vulnerables al vih y al sida, las comunidades cristianas deben también detenerse a escuchar, a mostrar que están dispuestas a dialogar y dejar por una vez en la vida de pontificar como dueñas absolutas de la verdad. Una real y genuina acción pastoral comienza por esa demostración física y visible para todo el que quiera ver de una disponibilidad a escuchar, a dialogar y comprender.

Luego de haberse detenido, Jesús se dirige en primer lugar a sus discípulos y les ordena que le llamen. Esto exige un cambio en todos ellos. Deban pasar de una actitud que impone silencio al excluido a una gesto de inclusión. No lo hacen por iniciativa propia sino por un claro y preciso mandato de Jesús. Hoy también nosotros y nosotras tenemos un claro mandato de Jesús que nos envía a llamar a todos los que son considerados poca cosa por la iglesia y por la sociedad. Para poder llamar y convocar debemos pasar nosotros como comunidad un proceso de cambio y conversión. Nuestras tradiciones se rompen en pedazos frente a este mandato sin condiciones.

 

Este mandato de llamar a los considerados impuros o impuras por nuestras tradiciones teológicas o erradas lecturas de las Escrituras, producen en el vulnerable un primer gesto: ponerse de pie. Con nuestra acción pastoral junto a las personas que viven con vih y con sida queremos justamente producir el mismo efecto preparatoria de toda escucha de la voz de Dios: es necesario que todos y todas se pongan de pie, que recuperen las dignidades robadas y puedan en un pie de igualdad entrar en el camino, es decir, en la comunidad que vive en la perspectiva de la cruz.

 

Cuando el vulnerable se pone de pie, Jesús de Nazaret hace una pregunta que muestra la magnitud de su amor y disponibilidad. Nada de condicionamientos ni de leyes, nada de prerrequisitos y purificaciones previas. Es una disponibilidad absoluta: ¿Qué quieres que haga por ti?. Esa es la pregunta que toda acción social, de servicio o de diaconía hace hoy la comunidad cristiana cuando se aproxima a una persona hecha vulnerable por sistemas políticos, económicos o religiosos. Esta es la único pregunta válida que podemos hacer al aproximarnos a una persona que vive con vih o con sida: ¿Qué quieres que haga por ti?. La liberación no se impone, se comparte.

 

Extrañamente es la misma pregunta que le ha hecho a sus discípulos cuando estos en Marcos 10: 36 discutían sobre el poder tal como ellos lo comprendían y tan diferente al poder tal como lo entiende Dios. ¿Qué quieren que haga por ustedes?. En esta perspectiva de la teología de la cruz, nadie se puede considerar mejor que otros u otras. La predicación de la ley tiene un objetivo democrático: todos y todas somos igualmente pecadores y necesitamos todos y todas por igual del llamado de Dios que nos transforma en nuevas personas. No somos buenos ni hermosos porque amamos a Dios sino que somos buenos y hermosos y hermosas porque somos amados por Dios. Todos y todas somos amados incondicionalmente por Dios y este es el fundamento de toda dignidad y de todos los derechos humanos.

 

Al pedido del vulnerable, Jesús le responde afirmativamente y al devolverle la vista le devuelve su posición de dignidad en la sociedad y en la comunidad religiosa, quita su estigma y opresión. Las personas son transformada por la fe y no por lo que hacen o por lo que son. Es el claro anuncio de la justificación por la fe, es decir que Dios nos acepta y nos ama por aquello que confesamos: Jesús es el maestro y Señor. 

 

La fe trae dignidad y comunión. El vulnerable se ubica en el camino y ese es el camino de la cruz. No es la teología de la gloria. Ser discípulo de Jesús de Nazaret es ubicarnos en ese camino que culmina en Jerusalén con cruz y resurrección, pero siempre la resurrección es parte de la cruz. Este vulnerable que ha recuperado su dignidad es también un trasgresor porque en lugar de irse a su casa, como le indica Jesús, se coloca en medio del camino y le sigue hacia la cruz. Nosotros también en nuestras tareas pastorales tendremos que ser transgresores para vivir este camino de la cruz y transformar los desafíos, las pruebas, las incomprensiones en fuerza que nos ayude a dar nuevos pasos en el discipulado y solo podemos ser discípulo o discípula si estamos dispuestos a caminar este mismo camino de la cruz. 

 

Para la revisión de vida

  • ¿Puedo establecer un paralelo entre el ciego Bartimeo, y las personas que viven con vih o con sida, entre los discípulos de Jesús y nuestra propia experiencia de vida? ¿En qué tengo que empeñarme más para poder «ver» mejor?

 

Para la reunión de grupo

  • Considerar la situación en que todos los protagonistas se encuentran al comienzo del relato y considerar cómo y de que forma fueron cambiando de posiciones teológicas y ubicaciones en el espacio a lo largo del relato. ¿Qué cambios veo en Jesús, en los discípulos y en el ciego Bartimeo? ¿Qué cambios me piden a mi y a mi comunidad?

 

Para la oración de los fieles

  • Por todos los hombres y mujeres del mundo y que ejercen poder, para que en un momento de su vida sepan reconocer la ceguera en que viven, oremos a Jesús, el Hijo de David.
  • Por las iglesias de todo el mundo, por sus dirigentes, para que sen los primeros en rogar al Señor de la vida les devuelva la visión que necesitan para caminar y conducir al pueblo por los caminos que conducen a  la cruz y a la resurrección,  oremos Jesús, el Hijo de David.
  • Por nuestras comunidades, por los voluntarios que trabajan en diversas tareas en la epidemia del vih y del sida,  para que en el servicio que cada uno de nosotros y nosotras prestamos sepamos caminar y ayudar a caminar con ojos abiertos a la realidad, oremos a Jesús, el Hijo de David.
  • Por quienes han consagrado su vida al camino del discipulado en clave de cruz,  para que en todo momento nos sintamos  necesitados de ser sanados de tantas cegueras, oremos a Jesús, el Hijo de David.

 

Oración comunitaria

            Dios de amor y de bondad que en Jesús de Nazaret te has manifestado como la Luz escondida que nos permite ver con claridad; haz que en todo momento nos sintamos llenos de esa Luz invisible a los ojos de los poderosos, para que todas nuestras obras acrecienten la Luz que de tantos modos y por tantos caminos derramas sobre el mundo. Nosotros y nosotras te lo pedimos inspirados en Jesús, nuestro Hermano Mayor, Transparencia tuya.


Lisandro Orlov
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