Domingo 29 de octubre de 2006

CICLO B. TRIGÉSIMO DE TIEMPO ORDINARIO

Primera lectura: Jeremías 31, 7-9

Salmo responsorial: 125, 1-2ab. 2cd-3. 4-5. 6

Segunda lectura: Hebreos 5, 1-6

REVISIÓN 2009

 

EVANGELIO

Marcos 10, 46-52

Traducción: El Libro del Pueblo de Dios. La Biblia. Ediciones Paulinas. Madrid. Buenos Aires. 1990

Después llegaron a Jericó. Cuando Jesús salía  de allí, acompañado de sus discípulos y de una gran multitud, el hijo de Timeo -Bartimeo, un mendigo ciego- estaba sentado junto al camino. Al enterarse de que pasaba Jesús, el Nazareno, se puso a gritar: "¡Jesús, Hijo de David, ten piedad de mí!". Muchos lo reprendían para que se callara, pero él gritaba más fuerte: "¡Hijo de David, ten piedad de mí!".  Jesús se detuvo y dijo: "Llámenlo". Entonces llamaron al ciego y le dijeron: "¡Animo, levántate! El te llama".  Y el ciego, arrojando su manto, se puso de pie de un salto y fue hacia él. Jesús le preguntó: "¿Qué quieres que haga por ti?". El le respondió: "Maestro, que yo pueda ver".  Jesús le dijo: "Vete, tu fe te ha salvado". En seguida comenzó a ver y lo siguió por el camino. El Evangelio del Señor

 

¿QUÉ QUERES QUE HAGA POR VOS?

Es importante colocar este texto en su perspectiva. En primer lugar tiene relación con la ceguera de las y los discípulos que no logran realmente captar la esencia del discipulado ni los valores de ese espacio de soberanía de Dios que llamamos reino. En ese espacio, las y los últimos serán los primeros, los y las trabajadoras sexuales nos han de preceder en ese camino, y aquellos que tienen cegueras teológicas e ideológicas podrán ser curados. Pero a la vez tenemos que tener en cuenta que este camino que sale de Jericó se dirige hacia Jerusalén, es decir, que la perspectiva de cruz se instala en este relato y en este milagro. 

Esta escena también nos puede brindar a quienes trabajamos junto a las personas  con vih o sida y aún a las personas que viven con vih o sida mismas, un modelo o paradigma de fundamentación bíblica, reflexión teológica y acción pastoral. Es importante considerar la situación inicial en la que se encuentra las y los protagonistas, su ubicación en el espacio, su pensamiento religioso y la conversión y transformación que nos revela la situación final. Es de una gran importancia considerar los diálogos y las relaciones  que tanto Jesús, las y los discípulos y el mismo ciego establecen y que reflejan tradiciones y concepciones que son desafiadas por Jesús de Nazaret.  

Toda esta escena está  colocada en la perspectiva de Jerusalén, es decir, nos ubicamos a la sombra de la cruz y expresa maravillosamente esa teología. Ese es el camino escogido por Dios para compartir la extrema vulnerabilidad de las personas colocadas al margen de los caminos de la vida, de las sociedades por  los diversos sistemas religiosos e ideológicos. Indudablemente el camino de la cruz no es un mero sentimentalismo romántico sino una realidad que siempre es y será un escándalo porque nos cuesta aceptar que Dios se nos revela en la debilidad, en la exclusión, en la vida de las y los estigmatizados. Tenemos la permanente tentación de pensar en Dios en términos de poder, maravillas y milagros. El Dios que nos revela Jesús de Nazaret es lo totalmente opuesto a este concepto humano de poder. Dios revela su poder en la comunión con los oprimidos, con los estigmatizados por nuestros sistemas a través de un despojarse de todo poder y asumiendo realmente todas las vulnerabilidades. En el contexto de la epidemia del vih y del sida podemos categóricamente afirmar que Dios se revela en la opción por todas las personas, las identidades y los grupos vulnerables al vih o al sida. Esa opción no se fundamente en que ellos y ellas sean mejores que otros y otras, sino en una cuestión de justicia de Dios. Quienes han sido colocados al borde de los caminos de comunión y solidaridad, todos los estigmas, exclusión y marginación por su debilidad social o por su situación de opresión, son ahora escogidos por Dios para manifestar su presencia y su poder. Ese es el escándalo del Evangelio tanto ayer como hoy. 

Este camino de la cruz es incomprensible para las y los discípulos que en este relato son los verdaderos ciegos, tal como muchas personas que nuestras comunidades cristianas, que en el contexto de la epidemia del vih y del sida son los verdaderos ciegos. Al final del camino también tenemos la situación en la que nadie se ha de identificar con Jesús de Nazaret que vino a identificarse con todas y todos los estigmatizados y excluidos del mundo. Muchas y muchos de los que le acompañan al comienzo del camino serán los que han de gritar crucifícalo al final del mismo. Igualmente sus discípulos bajo la influencia de posiciones teológicas erradas y de lecturas bíblicas equivocadas también le abandonarán. A los pies de la cruz, todas y todos debemos responder con nuestras propias vidas y poniendo el cuerpo al grito de Jesús de Nazaret: “¿Dios mío, Dios mío, porqué me has abandonado?” 

Este ciego que por su condición misma de ciego es un excluido ético ya que se asocia su carencia con el pecado y no le está permitido entrar en el templo. Discípulos y multitud le tratan como a una persona descartable, como a un demonio, como a una persona que no tiene derechos ni dignidad para acercarse al líder. Su situación reúne diversas situaciones de exclusión que lo ubican al costado del camino. Además de ciego es mendigo y por lo tanto no tiene autonomía. Es una persona dependiente. Por lo tanto tenemos en este ciego una antología de situaciones de exclusión.  

Es de destacar que esa persona excluida no acepta su situación y no se resigna a permanecer el costado del camino de la vida. Toma iniciativas aunque por motivos equivocados. Le cuesta pensar que alguien puede identificarse con su situación. El grito de Hijo de David y Jesús une dos concepciones diferentes de esperanza. Por un lado el concepto de Hijo de David revela que espera una intervención nacionalista de Dios que muestre todo su poder e imponga políticamente la supremacía  del pueblo escogido. En cambio al llamarlo Jesús abre la perspectiva a otra dimensión muy diferente. Este excluido toma iniciativas para cambiar su situación. Al echar su manto de lado, es decir su uniforme de pobre, de mendigo y de excluido, manifiesta su voluntad de cambio y su rechazo a la ubicación y la identidad que esa sociedad y esa comunidad religiosa le había ubicado. Es todo un gesto de desafío y de rechazo a lo políticamente correcto. Es aquello que hoy expresaríamos con la palabra: empoderamiento.  

Frente a esa iniciativa tenemos la reacción de los discípulos que no pueden ver en ese estigmatizado social y religioso absolutamente nada de dignidad. Entonces como ahora, aquellos que pretenden ser los discípulos de Jesús de Nazaret se transforman en un obstáculo para que muchos excluidos y estigmatizados en el marco de la epidemia del vih y del sida puedan acercarse a Jesús de Nazaret. Sus reclamos, sus expectativas, sus estilos de vida, en suma, su marginación nos molesta. Al igual que los discípulos también hoy la comunidad cristiana tendrá que hacer un proceso de conversión y colocarse a la sombra del camino de la cruz.  

Frente a esta iniciativa, Jesús tiene varios gestos y palabras de una profundidad que nos pueden ayudar mucho en nuestras prácticas pastorales junto a las personas que viven con vih o con sida. En primer lugar, frente a ese clamor, Jesús se detiene. Esta es una de las etapas en el camino hacia Jerusalén, hacia la cruz. Frente al clamor de los pueblos, de los grupos y personas vulnerables al vih y al sida, las comunidades cristianas deben también detenerse a escuchar, a mostrar que están dispuestas a dialogar y dejar por una vez en la vida de pontificar como dueñas absolutas de la verdad. Una real y genuina acción pastoral comienza por esa demostración física y visible para todo el que quiera ver de una disponibilidad a escuchar, a dialogar y comprender.  

Luego de haberse detenido, Jesús se dirige en primer lugar a sus discípulos y les ordena que le llamen. Esto exige un cambio en todos ellos. Deban pasar de una actitud que impone silencio al excluido a un gesto de inclusión. No lo hacen por iniciativa propia sino por un claro y preciso mandato de Jesús. Hoy también nosotros y nosotras tenemos un claro mandato de Jesús que nos envía a llamar a todos los que son considerados poca cosa por la iglesia y por la sociedad. Para poder llamar y convocar debemos pasar nosotros como comunidad un proceso de cambio y conversión. Nuestras tradiciones se rompen en pedazos frente a este mandato sin condiciones. 

Este mandato de llamar a los considerados impuros o impuras por nuestras tradiciones teológicas o erradas lecturas de las Escrituras, producen en el vulnerable un primer gesto: ponerse de pie. Con nuestra acción pastoral junto a las personas que viven con vih y con sida queremos justamente producir el mismo efecto preparatoria de toda escucha de la voz de Dios: es necesario que todos y todas se pongan de pie, que recuperen las dignidades robadas y puedan en un pie de igualdad entrar en el camino, es decir, en la comunidad que vive en la perspectiva de la cruz.  

Cuando el vulnerable se pone de pie, Jesús de Nazaret hace una pregunta que muestra la magnitud de su amor y disponibilidad. Nada de condicionamientos ni de leyes, nada de prerrequisitos y purificaciones previas. Es una disponibilidad absoluta: ¿Qué quieres que haga por ti? Esa es la pregunta que toda acción social, de servicio o de diaconía hace hoy la comunidad cristiana cuando se aproxima a una persona hecha vulnerable por sistemas políticos, económicos o religiosos. Esta es la única pregunta válida que podemos hacer al aproximarnos a una persona que vive con vih o con sida: ¿Qué quieres que haga por ti? La liberación no se impone, se comparte.  

Extrañamente es la misma pregunta que le ha hecho a sus discípulos cuando estos en Marcos 10: 36 discutían sobre el poder tal como ellos lo comprendían y tan diferente al poder tal como lo entiende Dios. ¿Qué quieren que haga por ustedes? En esta perspectiva de la teología de la cruz, nadie se puede considerar mejor que otros u otras. La predicación de la ley tiene un objetivo democrático: todos y todas somos igualmente pecadores y necesitamos todos y todas por igual del llamado de Dios que nos transforma en nuevas personas. No somos buenos ni hermosos porque amamos a Dios sino que somos buenos y hermosos y hermosas porque somos amados por Dios. Todos y todas somos amados incondicionalmente por Dios y este es el fundamento de toda dignidad y de todos los derechos humanos.  

Al pedido del vulnerable, Jesús le responde afirmativamente y al devolverle la vista le devuelve su posición de dignidad en la sociedad y en la comunidad religiosa, quita su estigma y opresión. Las personas son transformadas por la fe y no por lo que hacen o por lo que son. Es el claro anuncio de la justificación por la fe, es decir que Dios nos acepta y nos ama por aquello que confesamos: Jesús es el maestro y Señor.   

La fe trae dignidad y comunión. El vulnerable se ubica en el camino y ese es el camino de la cruz. No es la teología de la gloria. Ser discípulo de Jesús de Nazaret es ubicarnos en ese camino que culmina en Jerusalén con cruz y resurrección, pero siempre la resurrección es parte de la cruz. Este vulnerable que ha recuperado su dignidad es también un trasgresor porque en lugar de irse a su casa, como le indica Jesús, se coloca en medio del camino y le sigue hacia la cruz. Nosotros también en nuestras tareas pastorales tendremos que ser transgresores para vivir este camino de la cruz y transformar los desafíos, las pruebas, las incomprensiones en fuerza que nos ayude a dar nuevos pasos en el discipulado y solo podemos ser discípulo o discípula si estamos dispuestos a caminar este mismo camino de la cruz. 

Para la revisión de vida

  • Las y los discípulos de Jesús de Nazaret reaccionan con temor al grito del ciego Bartimeo porque es política y teológicamente peligroso. Llamarlo “Hijo de David” es enfrentarse abiertamente y con riesgos a todos los poderes que aguardan al final del camino. ¿De que lado nos colocamos? ¿Del lado de los prudentes, cauteloso y diplomáticos discípulos o del arriesgado mendigo ciego?

Para la oración de las y los fieles

  • Caminante de todos los caminos de cruz, con total confianza en tu promesa de estar al lado de quienes se atreven a proclamarte como único soberano y único intérprete de la voluntad de Dios, queremos poner entre tus manos todos los poderes, tanto en tu comunidad como en el mundo entero para que cures todas nuestras cegueras.

 

Se hace un breve silencio. 

  • Te rogamos por tu iglesia, por todos tus discípulos y discípulas, para que se despojen de todos los temores que impiden la plena comunión con quienes diversas cegueras han colocado al margen de la historia y de la vida. Cúranos de nuestra soberbia que impide la proximidad de quienes están excluidos por ser pobres, por no cumplir nuestros reglamentos y leyes, para que, transformados por tu mandato podamos anunciar claramente: "¡Animo, levántate! El te llama". Cuando el Señor cambió nuestra suerte nos parecía que soñábamos.  
  • Queremos escuchar una y otra vez tu mandato de llamar a todas las personas que se encuentran al margen de los caminos de la vida y que esa obediencia cambie nuestras propias vidas, para que abandonando los prejuicios que nos enceguecen podamos celebrar la belleza de la inclusividad que nos invitas a completar. ¡Cambia Señor, nuestra suerte! 
  • En nuestra oración no queremos ni podemos olvidar a quienes tienen posiciones de poder tanto en la sociedad como en tu iglesias, para que sus decisiones y acciones nunca sean un obstáculos para quienes quieren caminar por tus caminos que conducen a todas las cruces que nos invitas a llevar al promover equidad, justicia y dignidad.  Las y los que siembran entre lágrimas cosecharán entre canciones. 
  • Pan de vida y comunión, que nuestras mesas de comunión sean el reflejo tu tus comuniones con estigmatizados y excluidos, y que sea alimento que cure nuestras divisiones, prejuicios, cegueras y complicidades. Concédenos el regalo de tu presencia para que podamos ser cartas vivas de invitación a caminar junto a ti en esta construcción de comuniones. Las y los que siembran entre lágrimas cosecharán entre canciones. 

Aquí  se pueden ofrecer otros motives de intercesión  

  • Creador de todas las identidades y de todas las dignidades, entre tus manos nos encomendamos y encomendados a todas las personas por las cuales hemos intercedido y tenemos en nuestros corazones y en nuestras mentes, confiando en tu sola gracia, en la sola y exclusive fe en Jesús tu Cristo, nuestro hermano y compañero de ruta. Las y los que siembran entre lágrimas cosecharán entre canciones.

Oración comunitaria

Peregrino de la vida en la construcción de las fuentes de todas las comuniones, aumenta en nosotros y nosotras la fuerza de la fe que mueve montañas, concédenos la esperanza que espera contra toda esperanza y fortalece la caridad que vence fronteras, para que podamos ser mensajeros valientes de tu promesa de un mundo nuevo ahora y aquí y para que podamos atrevernos a amar lo que tu ordenas, te lo pedimos por Aquel que nos precede en todos los caminos de cruz y nos revela que otro mundo es posible. Amén.  

Pastor Lisandro Orlov

Pastoral Ecuménica VIH-SIDA 
Tte. Gral. Juan D. Perón 1593 Piso 8 Dto. O 
(C1037ACC) Ciudad Autónoma de Buenos Aires 
Argentina 
orlov@uolsinectis.com.ar 
www.pastoralsida.com.ar  

Versión revisada en octubre 2009