Domingo Tercero de Tiempo Ordinario - Ciclo B
( Domingo 22 de Enero de 2006)

Tercer Domingo después de Epifanía

Primera lectura: Jonás 3, 1-5.10
Salmo responsorial: 62, 6-14 /
Segunda lectura: 1 Corintios 7, 29-31

EVANGELIO Marcos 1, 14-20
(trad. Juan Mateos, Nuevo Testamento , Ediciones El Almendro, Córdoba)

14 Cuando entregaron a Juan llegó Jesús a Galilea y se puso a proclamar la buena noticia de parte de Dios. 15 Decía:  -Se ha cumplido el plazo, está cerca el reinado de Dios. Enmendaos y tened fe en esta buena noticia. 16 Yendo de paso junto al mar de Galilea vio a cierto Simón y a Andrés, el hermano de Simón, que echaban redes de mano en el mar, pues eran pescadores. 17 Jesús les dijo: -Venios conmigo y os haré pescadores de hombres.  18 Inmediatamente dejaron las redes y lo siguieron. 19 Un poco más adelante vio a Santiago el de Zebedeo y a Juan, su hermano, que estaban en la barca poniendo a punto las redes, 20 e inmediatamente los llamó. Dejaron a su padre Zebedeo en la barca con los asalariados y se marcharon con él.


SEAMOS ESPACIOS DE LIBERACIÓN

Este fragmento del Evangelio puede proporcionar algunas pistas interesantes para comprender el trabajo que aquellos y aquellas que vienen analizando la presencia de las comunidades cristianas en el contexto de la crisis del vih y del sida. El arresto de Juan el Bautista es una crisis que desata una respuesta. A partir de esa crisis algo nuevo comienza y el mensaje de las escrituras tienen un nuevo sabor y un nuevo horizonte. En griego para designar la crisis se utiliza la palabra “kairos”. La epidemia del vih y del sida también es un kairós para las iglesias y para cada cristiano y cristiana. En esta plenitud de los tiempos tenemos que tomar decisiones. No podemos seguir tal como veníamos. Se reclama de nosotros y nosotras un cambio. Han terminado los tiempos antiguos y se establece una nueva forma en la cual los seres humanos se van a relacionar entre si y construir juntos un nuevo proyecto de cielo y de tierra.

Se han cumplido los tiempos, una realidad nueva comienza. Justamente ese es el eje de nuestro trabajo en el contexto del vih y del sida. Una nueva forma de relacionarnos con los grupos vulnerables y con las personas estigmatizados y marginadas ha comenzado. El Reino de Dios está cerca, está en medio de nosotros y nosotras. ¿Qué es ese Reino y dónde lo podemos encontrar o construir?. Indudablemente el Reino de Dios no está ubicado ni en el cielo ni en el más allá. Esta cerca, está en el núcleo, en el centro de aquel grupo que ha decidido vivir de acuerdo al proyecto de liberación de Dios y que se organiza alrededor del eje de la justicia social, de la solidaridad humana y en la construcción de una comunidad de hermanos y hermanas. Ya nunca más el otro o la otra es un extranjero o extranjera. Hay una nueva perspectiva en la forma en que los seres humanos se contemplan unos a otros. Han caído las barreras culturales, políticas, sociales y económicas. Los seres humanos en el Reino de Dios se contemplan como una sola y única comunidad de hermanos y hermanas.

Siempre los antiguos profetas de Israel habían convocado a recuperar la edad de oro de la solidaridad del pueblo de Dios, cuando nadie explotaba a nadie ni las personas eran excluidas por sus defectos físicos o sus carencias económicas. El clamor de los profetas, en obediencia a la voluntad de Dios convocaban al pueblo y los líderes a restaurar el tiempo de la justicia que los poderosos habían violado. Hoy nosotros y nosotras también retomamos ese clamor y convocamos en medio de la epidemia del vih y del sida a construir espacios de justicia, solidaridad e inclusión. La plenitud de los tiempos esta en medio de nosotros y nosotras. El Reino de Dios está cerca y aquellos seres humanos que ya viven esos valores son los espacios liberados para que se haga visible en el aquí y ahora, en la plenitud de los tiempos, el proyecto de Dios.

Jesús de Nazaret comienza su misión anunciando que Dios ha decidido una vez más intervenir en la historia. El tiempo histórico se ha cumplido para que se inicie el espacio liberado del Reino de Dios. Nuestra tarea pastoral, de promoción humana, de defensa de los derechos humanos y protección de la dignidad de toda persona, se establece en esa línea de proclamación. Esos son los signos de la proximidad del Reino. Ese es el proyecto político y humano de Jesús de Nazaret.

La buena noticia, el evangelio, es justamente ese anuncio de que la justicia, la integración y defensa de los oprimidos y excluidos está ya en medio de nosotros. Esa es la buena noticia, el evangelio, que el tiempo nos empuja a anunciar a cuanto grupo vulnerable al vih y al sida pueda existir en el mundo. Seguramente este mensaje suena a verdadera buena noticia para los que sufren injusticias y persecución. Pero también sabemos, porque como Jesús de Nazaret, no somos ingenuos, que esta buena noticia suena muy mal a aquellos y aquellas que se sienten dueños de la verdad, del poder y de las diversas jerarquías que se han construido desde la opresión y la falta de igualdad.

Esas ideologías hegemónicas no solo son sustentadas por los poderosos sino que también contaminan a los oprimidos que muchas veces se transforman en reproductores de ese discurso que pareciera único. Para poder contemplar el Reino y formar parte de ese espacio nuevo tenemos que enmendar, cambiar, convertir, nuestro corazón, nuestra mente y nuestras acciones. La liberación siempre empieza con un despojarnos de todo aquello que nos oprime a nosotros y nosotras mismos. Para poder liberar a otros del discurso hegemónico y opresor tenemos que nosotros y nosotras vivir ese proceso de transformación y purificación. La conversión siempre empieza por casa.

Nuestros silencios como comunidades cristianas nos ha hecho muchas veces cómplices de las injusticias y la opresión en que han vivido y viven las personas afectadas por la epidemia del vih y del sida. Nuestros miedos también han sido cómplices de situaciones de estigmatización y de exclusión. Es necesario que en esta plenitud de los tiempos las iglesias y los cristianos y cristianas comiencen a romper el silencio y terminar con su complicidad con el sistema porque están convencidos que el Reino de Dios está cerca. Muchas veces ese silencio es roto simplemente por acomodaciones a nuevos tiempos políticos y porque ahora es políticamente correcto hablar del vih y del sida, pero no por un proceso de conversión, de reparación y de enmendar posiciones bíblicas, teológicas y confesiones que fundamentaron estigmatizaciones y exclusiones. No hay acción pastoral verdadera sin un previo y continuo proceso de enmendar nuestro corazón, mente y acciones a la luz de la buena nueva.

La acción pastoral de las comunidades cristianas se fundamenta en ser parte de esa tarea común de compartir el espacio de liberación, el Reino de Dios con los demás. Es parte del ser agentes de una nueva construcción de un cielo y una tierra dónde no habrá más lágrimas causadas por la estigmatización y la exclusión y dónde ya nadie llorará por las injusticias de no tener acceso a los tratamientos por el sólo motivo económico. En esta acción pastoral con las personas que viven con vih y con sida estamos siendo los portadores de una buena noticia ofrecida a todos los que tienen hambre y sed de justicia, de igualdad. Es una invitación a organizarnos de otra forma, a mirarnos de otra manera.

La epidemia del vih y del sida, como un nuevo kairos, nos ofrece la posibilidad de un nuevo punto de partida, el enmendar nuestras convicciones y nuestra vida para ponernos en camino hacia una nueva tierra prometida, la comunidad cristianas como espacio de integración, justicia y conversión. El evangelio, la buena noticia, siempre es y será nuestra tierra prometida que nos brinda el paradigma, el modelo de la construcción de nuestras relaciones humanas y sociales. Eso es tener fe.

Jesús de Nazaret inicia su ministerio en el mar de Galileo, el mar del nuevo éxodo de liberación de las esclavitudes de la tradición que mata para transponer las fronteras y adentrarnos en el mundo de los excluidos. El colocarnos en nuestro trabajo con los grupos vulnerables en las fronteras de las comunidades cristianas estamos diciendo que en la buena noticia ya no hay privilegiados o excluidos. La invitación es para todos y todas, sin fronteras.

Estamos invitados a una pesca universal, ilimitada, totalmente integradora. Para poder realizar esa pesca liberadora debemos abandonar todo aquello que nos impide pensar con libertad y transformar nuestra acción misma en una buena noticia. El tiempo de ha cumplido, el Reino de Dios ya tiene sus espacios liberados en este momento histórico. Nos enmendamos para ser signos de ese ya del Reino.

Los dos grupos de hermanos que son inmediatamente a formar parte de este proyecto representan a sectores diferentes de la sociedad en la que vivía Jesús de Nazaret. El primer par, Simón y Andrés encontramos una relación de igualdad entre ellos. No existe subordinación porque son hermanos. Sus nombres son de origen griego lo que nos muestra una cierta libertad con relación a lo tradicional. Es un grupo humilde pero en acción. El otro par, que lleva nombres hebreos, nos indica que pertenecen a un espacio más conservador y además la figura del padre nos muestra una sociedad jerárquica y desigual. Existen asalariados. Pero todos están llamados a abandonar o enmendar esquemas, ideologías o creencias religiosas para ingresar a ese nuevo espacio de las buenas noticias.

Ahora nos corresponde a nosotros y nosotras convocar, a través de nuestro trabajo pastoral en el contexto del vih y del sida, a todas las personas de buena voluntad a unirnos en la construcción de este nuevo espacio de justicia, inclusión, y servicio, que es el Reino de Dios. Es nuestra responsabilidad que el anuncio de conversión no sea un juicio y condena sino una invitación a la liberación. Es el kairos para que nuestras palabras de buenas noticias acompañen nuestras acciones de inclusión que rompen todas las fronteras que ha construido la opresión. Es una invitación a ponernos en camino hacia la nueva tierra prometida que ya ha comenzado a ser liberada.

Para la revisión de vida

Con frecuencia pensamos que ser cristiano cristiana consiste en ratificar el credo en todos sus artículos y aceptar sin fisuras en nuestra mente todos los dogmas y proposiciones que la Iglesia nos haga; lo esencial no está en la mente sino en el corazón y en la vida, que lo esencial es el encuentro personal con el proyecto de Dios, su propuesta, en la Causa de Jesús.

Para la reunión de grupo

Todos y todas necesitamos ser enmendados, conversión,  que es la acción de «volvernos, con todo lo que somos» («con-versión»), hacia Dios y su proyecto.

El evangelio de hoy es «el primer sermón de Jesús» Y Marcos lo pone al inicio mismo de su evangelio como un manifiesto programático. Tiene todos los elementos centrales de lo que va a ser la predicación misma de Jesús.

El evangelio de hoy –y todo el evangelio- pone de relieve la importancia central del Reino de Dios en la misión de Jesús. El Reino no es un elemento más, sino su mismo centro.

Para la oración de los fieles

  • Para que la Iglesia siga anunciado a todos y a todas  y a sí misma el Reino y la necesidad de convertirnos a él acogiendo la Buena Noticia. Oremos.
  • Para que todos las y los cristianos que titubean o vacilan a la hora de vivir su fe o abandonar criterios y prácticas que esclavizan,  encuentren en Jesús la fuerza necesaria para no tener miedo a nada ni a nadie. Oremos.
  • Para que sepamos vivir en continua conversión, sabiendo que eso nos hará más humanos y más felices. Oremos.
  • Para que la Buena Noticia del amor de Dios sea recibida y acogida por todas las personas de todos los pueblos. Oremos.
  • Para que vivamos siempre conforme a lo que creemos y demos testimonio ante todos de los verdaderos valores del Reino. Oremos.

Oración comunitaria

Dios, amigo nuestro, Tú que todo lo puedes, ayúdanos a que nos convertirnos a Ti cada día, de modo que llevemos siempre una vida según tu voluntad y podamos dar abundantes frutos de Amor y de Justicia. Tú que vives y das vida por los siglos de los siglos. Amén.

Lisandro Orlov
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