SEGUNDO DOMINGO DE CUARESMA - CICLO B

Evangelio : Marcos 9, 1-9

Primera lectura: Génesis  22, 1-2. 9-13. 15-18
Salmo responsorial: 115, 10. 15-19
Segunda lectura: Romanos 8, 31-34



EVANGELIO
Marcos 9, 1-9
(trad. Juan Mateos, Nuevo Testamento , Ediciones El Almendro, Córdoba)

9 1Y añadió: -Os aseguro que algunos de los aquí presentes no morirán sin haber visto llegar el reinado de Dios con fuerza.

2A los seis días Jesús se llevó consigo a Pedro, a Santiago y a Juan, los hizo subir a un monte alto; aparte, a ellos solos, y se transfiguró delante de ellos: 3sus vestidos se volvieron de un blanco deslumbrador, como ningún batanero en la tierra es capaz de blanquear. 4Se les apareció Elías con Moisés; estaban conversando con Jesús. 5Reaccionó Pedro diciéndole a Jesús: -Rabbí, viene muy bien que estemos aquí nosotros; podríamos hacer tres chozas: una para ti, otra para Moisés y otra para Elías.

6Es que no sabía cómo reaccionar, porque estaban aterrados.

7Se formó una nube que los cubría, y hubo una voz desde la nube: -Este es mi Hijo, el amado: escuchadlo.

8Y, de pronto, al mirar alrededor, ya no vieron a nadie más que a Jesús solo con ellos. 9Mientras bajaban del monte les advirtió que no contasen a nadie lo que habían visto hasta que el Hombre resucitase de la muerte.


EL REINO DE LOS CIELOS YA

El objetivo de relacionar estrechamente evangelio y la presencia de las iglesias en el contexto de la epidemia del vih y del sida es poner de manifiesto que una acción pastoral o de promoción social sin teología tiende a transformarse en una acción meramente voluntarista y trivial. La reflexión bíblica ubica el mensaje y la acción en vih y sida en una perspectiva que no depende de concepciones de moda o imposiciones externas. Una lectura renovada de las Escrituras nos permite vislumbrar que esta acción junto a las personas que viven con vih y con sida pertenece a la esencia misma del Evangelio. No es una acción adiafora o una acción más entre las muchas que asume la comunidad cristiana[1].

 

De igual manera una reflexión bíblica sin una acción profética, de servicio y de promoción de los derechos humanos queda privada de un testimonio que afirma que nuestras utopías son posibles ya. La comunidad cristiana en la acción, movida por el Espíritu Santo en la fe, se transforma en ese espacio posible en el cual el Reino se hace próximo a todos y todas. Como cuerpo transfigurado de Cristo comparte la prerealización de la nueva creación donde las relaciones entre todos los seres humanos se construyen sobre fundamentos diferentes y donde la inclusión es un mandamiento nuevo.

 

El texto de hoy comienza con una afirmación que aún es válida: Les aseguro que algunos de los aquí presentes no morirán sin haber visto llegar el reinado de Dios con fuerza. La esperanza que tenemos en que el Reino se está estableciendo en medio de nosotros y nosotras, a través de la acción pastoral con las personas que viven con vih y con sida es parte del motor que nos mueve y compromete. El Reino está llegando misteriosamente en la apertura hacia las personas que viven con vih y con sida y a los grupos vulnerables a la epidemia y esa apertura transfigura a quienes estamos trabajando en esta pastoral y transfigurará en definitiva al Cuerpo místico de Cristo y le permitirá deslumbrar con su presencia purificada de todo aquello que desfiguraba la realidad profunda de la vida cristiana. El Reino está al alcance de nuestras manos por la gracia de Dios.

 

En esta escena se revela la verdadera naturaleza de Jesús de Nazaret inmediatamente luego de haber anunciado su muerte en la cruz. Cruz y transfiguración van juntas porque ambas revelan la vocación y el llamado que nos hace Dios.

 

Así como en el relato encontramos una afirmación extraña y que muchas veces pasamos rápidamente por alto y que nos coloca en una expectativa sumamente interesante. ¿Qué significa la frase: A los seis días?. En el contexto de la piedad judía de ese tiempo es el período necesario para prepararse y purificarse para el encuentro con lo sagrado. Es el tiempo de una nueva creación. Estos tiempos del sida también tienen que transformarse para la iglesia, para cada comunidad cristiana y para cada bautizado y bautizada en un tiempo de purificación y preparación para que la verdadera naturaleza de nuestras vidas y de nuestras comunidades se ponga de manifiesto.

 

El monte en el cual se ubica la escena es un elemento teológico mas que geográfico. Es un monte indeterminado físicamente pero con un claro contenido ideológico. Es el espacio privilegiado en el cual se manifiesta Dios. Nosotros y nosotras en nuestra tarea de educación, prevención y acompañamiento en la epidemia del vih y sida también estamos llamados a ser ese monte en el cual la verdadera naturaleza inclusiva de Dios se revela y se hace resplandeciente. En esta acción pastoral tenemos por objetivo que brille en la comunidad cristiana la presencia transformadora de Cristo.

 

La aparición de Elías y Moisés, hablando con Jesús y no con los discípulos nos indica el centro de toda nuestra espiritualidad y de toda nuestra lectura de las Escrituras. Elías que resume a todos los profetas y Moisés que simboliza toda la ley, hacen de Jesús el centro del diálogo. Elías y Moisés hablan con Jesús y solo a través de la mediación de Jesús pueden hablar con los discípulos. La vigencia de las profecías y de la ley llega a su fin y se subordinan claramente a la interpretación y lectura que hace Jesús de Nazaret. Desde ahora en adelante no podremos nunca más interpretar profecías y escrituras desde un ángulo independiente. Siempre nuestra lectura será a través del diálogo y los ojos de Jesús, el Cristo.  Ya ni Elías y Moisés tienen algo que decirles a los discípulos. Solo debemos escuchar al Hijo amado de Dios: Jesús de Nazaret. No podemos ignorar esa mediación absoluta.  Las profecías y la ley nos pueden ayudar a comprender la naturaleza y misión del Cristo esperado pero es Jesús, ese Cristo esperado, el que las reinterpreta y les da el sentido final.

 

La gran tentación de toda comunidad cristiana es cerrarse a su misión en la sociedad y en el mundo. Los iguales se sienten muy cómodos entre los iguales y nos desagrada la entrada de los diferentes, de los extraños. Siempre en medio de nuestros miedos a los desafíos que nos presenta el mundo y la realidad tendemos, al igual que los discípulos a construir guetos excluyentes. El trabajo de acompañamiento y pastoral en vih y sida es parte de la vocación de bajar del monte, y a pesar de nuestras incertidumbres y temores, entrar en diálogo con todos aquellos y aquellas que están al pie del monte. Allí es donde debemos vivir la transfiguración. Ese es nuestro lugar de vida y acción. Ese es el lugar de la cruz de liberación y justicia que estamos llamados a asumir. Basta de pequeños y mezquinos paraísos para unos pocos y pocas. El monte de la transfiguración está abierto a todos y todas.

 

La nube que cubre la escena es otro elemento teológico para significar la presencia de Dios y en ella resuena una voz que nos dice: Este es mi Hijo, el amado: escuchadlo. No se nos pide que escuchemos ni a Elías ni a Moisés. Ninguno de ellos está al mismo nivel que Jesús.  El centro de nuestra escucha y fuente de nuestro discipulado esta puesto en Jesús. Todo lo demás esta subordinado o cancelado por la mirada de Jesús, nuestro único maestro. La centralidad de Jesús, el Cristo, es determinante de toda nuestra acción educativa, de prevención y de acompañamiento pastoral en vih y sida. No anunciamos ni la ley ni las profecías. Vivimos y con nuestras vidas anunciamos el proyecto de Jesús que afirma que el Reino ya está en medio de nosotros y nosotras. Con esta tarea de compromiso en vih y sida estamos justamente haciendo visible la transfiguración a la cual todos y todas estamos llamados a vivir.

 

Seguramente el silencio impuesto a los discípulos al bajar del monte de no compartir los vivido en la escena de la transfiguración se debe a las dudas de Jesús con relación a la real comprensión teológica de la escena por parte de sus discípulos. La transfiguración, que en muchos sentidos es una visión anticipada de la resurrección y una afirmación de que la muerte no tendrá la victoria final, coloca a la cruz en una perspectiva de vida y victoria que es pura locura a la racionalidad griega y a la espiritualidad judía. Igualmente nuestro compromiso pleno y total con la dignidad de toda persona y especialmente con la dignidad de aquellos y aquellas afectado por el vih y el sida también es un desafío a todas la racionalidades y a todas la espiritualidades ortodoxas y tradicionales. La transfiguración de nuestra espiritualidad y de nuestra racionalidad nos invita a salir de nuestros espacios seguros y confortables y ponernos en camino hacia la cruz de las muchas Jerusalén que aún subsisten tanto dentro de las iglesias como de la sociedad. En la cruz estamos llamados a transfigurar esta realidad en un mundo de hermanos y hermanas donde todas la barreras son eliminadas en Jesús de Nazaret. En él también todos y todas somos transfigurados en hijos e hijas amados de Dios. En el ser hijos e hijas amados de Dios está el fundamento último de nuestra visión renovada de la dignidad y los derechos humanos de toda persona.

 

En el bautismo todos y todas hemos sido recubiertos por las resplandecientes vestimentas de la gracia de Dios. El anuncio que viene desde lo alto y que Jesús comparte con su Cuerpo místico, sus discípulos y discípulas que bajan de los montes sagrados, para construir espacios de inclusión aquí y ahora. Esa es la manifestación más clara de la gloria de Dios en un contexto social, económico y religioso que ha hecho de la exclusión una de sus características.

De ahora en adelante y a pesar de temores y terrores, estamos invitados se ser nosotros mismos espacios de transfiguración y anunciar que todos y todas somos hijos e hijas amados de Dios.

 

Para la revisión de vida

 

  • ¿Hasta qué punto Jesús de Nazaret es el centro de mi comprensión de las Escrituras y de la vida?, ¿cómo reacciono cuando esa Palabra me trae complicaciones y comporta dificultades a mi vida?
  • ¿Los miedos y los terrores que me producen los desafíos sociales y religiosos me paralizan y tengo la tentación de construir chozas protectoras?
  • ¿Necesito yo un alto en el camino -como el que proporcionó Jesús a sus tres discípulos en el monte Tabor- para verle transfigurado y transfigurar así también mi vida?
  • Vamos por la vida caminando con gozo hacia el encuentro glorioso con Cristo resucitado; ¿estoy dispuesto a asumir que a ese triunfo final sólo se llega pasando por la cruz, por el servicio, por la vida entregada por y a los hermanos y hermanas?, ¿o prefiero quedarme en el Tabor (hacer tres tiendas) sin continuar hasta el Calvario y la Resurrección?
  • Para la reunión de grupo
  • ¿Cual es la situación de la Ley y de las Profecías en la perspectiva de la centralidad de Jesús de Nazaret? ¿ Cómo y para qué siguen vigentes la Ley y los Profetas?

 

Para la oración de los fieles

 

  • Por la Iglesia, para que en medio de las oscuridades y angustias de nuestro mundo sea siempre signo de la esperanza capaz de transfigurar la existencia humana. Oremos.
  • Por todas las personas, para que encontremos el sentido de la vida en el trabajo por conseguir un mundo nuevo y mejor, transfigurado. Oremos.
  • Por todas y todos los que padecen injusticia, opresión, soledad, rechazo; para que encuentren hermanos y hermanas que transfiguren su mirada con el compromiso por la justicia, la defensa de los derechos humanos y  la ayuda solidaria en medio de la realidad que nos presenta la epidemia del vih y del sida. Oremos
  • Por todos los indecisos e indecisas, para que descubran lo urgente que es amar. Oremos.
  • Por todos los pueblos a los que no llegó la luz del Evangelio: para que sean fieles a la luz que el Dios único ha puesto a su disposición en la religión del pueblo en el que han venido al mundo. Oremos.
  • Por esta comunidad nuestra, para que permanezcamos fieles a Jesús, a quien el Padre resucitó de entre los muertos, y nos mantengamos firmes en la esperanza de encontrarnos un día cara a cara con el Cristo glorioso. Oremos.


Oración comunitaria

Dios, que amas a todos y todas con un amor que sobrepasa fronteras y que nos invitas a "escuchar a tu Hijo muy amado", Jesucristo; abre nuestros corazones para que sepamos acoger su Palabra con confianza, la pongamos en acción por la fe, y así lleguemos a participar un día de la plenitud de su felicidad gloriosa. Te lo pedimos por el mismo Jesucristo, nuestro hermano e hijo tuyo muy amado...

 

o bien:

Dios, que nos amas como un Padre y una Madre de todos tus hijos e hijas, «que quieres que todos se salven y lleguen al conocimiento de la Verdad», y que invitas a «escuchar a tu Hijo muy amado"», Jesús, nuestro hermano adelantado; haz que cada pueblo y cada persona y cada grupo vulnerable al vih y al sida, comparta con los demás tu Palabra,  para que reflejando cada uno un destello de tu luz pluriforme, mutuamente nos iluminemos, y reconozcamos comunitariamente la Verdad plena de tu rostro siempre inabarcable. Nosotros y nosotras te lo pedimos por el mismo Jesucristo, nuestro hermano, hijo tuyo muy amado.

Lisandro Orlov
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E-mail: orlov@uolsinectis.com.ar
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[1] Jurgen Molmann. “Diaconía. En el horizonte del Reino de Dios. Hacia el diaconado de todos los creyentes. Prólogo de Theodor Schober. Editorial Sal Térrea. Santander. 1984