Domingo 2 de Julio de 2006
CICLO B. DECIMOTERCER DOMINGO DE TIEMPO ORDINARIO

Evangelio : Marcos 5, 21-43

Primera lectura: Lamentaciones 3:22-33 o Sabiduría  1, 13-15; 2, 23-24
Salmo responsorial: 30
Segunda Lectura: 2º Corintios 8:7-15


EVANGELIO Marcos 5, 21-43
(traducción de  Juan Mateos, Nuevo Testamento , Ediciones El Almendro, Córdoba)

21 Cuando Jesús atravesó de nuevo al otro lado, gran multitud de gente se congregó adonde estaba él, y él se quedó junto al mar. 22 Llegó un jefe de sinagoga, de nombre Jairo, y al verlo cayó a sus pies, 23 rogándole con insistencia: -Mi hijita está en las últimas; ven a aplicarle las manos para que se salve y viva. 24a Jesús se fue con él. 24b Lo seguía gran multitud de gente, apretujándolo.

25 Una mujer que llevaba doce años con un flujo de sangre, 26 que había sufrido mucho por obra de muchos médicos y se había gastado todo lo que tenía sin aprovecharle nada, sino más bien poniéndose peor, 27 como había oído hablar de Jesús, acercándose entre la multitud, le tocó por detrás el manto. 28 Porque ella se decía: «Si le toco aunque sea la ropa, me salvare». 29 lnmediatamente se secó la fuente de su hemorragia, y notó en su cuerpo que estaba curada de aquel tormento. 30 Jesús, dándose cuenta interiormente de la fuerza que había salido de él, se volvió inmediatamente entre la multitud preguntando: -¿Quién me ha tocado la ropa?. 31 Los discípulos le contestaron: -Estás viendo que la multitud te apretuja ¿y sales preguntando «quién me ha tocado»? 32 El miraba a su alrededor para distinguir a la que había sido. 33  La mujer, asustada y temblorosa, consciente de lo que le había ocurrido, se acercó, se postró ante él y le confesó toda la verdad. 34 Él le dijo: -Hija, tu fe te ha salvado. Márchate en paz y sigue sana de tu tormento.

35 Aún estaba hablando cuando llegaron de casa del jefe de sinagoga para decirle: -Tu hija ha muerto. ¿Para qué molestar más al maestro? 36 Pero Jesús, sin hacer caso del mensaje que transmitían, le dijo al jefe de sinagoga: -No temas; ten fe y basta. 37 No dejó que lo acompañara nadie más que Pedro, Santiago y Juan, el hermano de Santiago. 38 Llegaron a la casa del jefe de sinagoga y contempló el alboroto de los que lloraban gritando sin parar 39Luego entró y les dijo: -¿Qué alboroto y que lloros son éstos? La chiquilla no ha muerto, está durmiendo.  40 Ellos se reían de él. Pero él, después de echarlos fuera a todos, se llevó consigo al padre de la chiquilla, a la madre y a los que habían ido con él y fue adonde estaba la chiquilla. 41Cogió a la chiquilla de la mano y le dijo: -Talitha, qum (que significa: «Muchacha, a ti te digo, levántate»). 42Inmediatamente se puso en pie la muchacha y echó a andar (tenía doce años). Se quedaron viendo visiones. 43Les advirtió con insistencia que nadie se enterase y encargó que se le diera de comer.

 

TOQUEMOS LA VULNERABILIDAD. 

Con este texto del evangelio corremos el peligro de interpretarlo como un tema de mujeres y no lograr captar la profundidad y la inclusividad de la dimensión del mensaje. Indudablemente subyace en estas escena la estructura patriarcal y heterosexista que imprime a cada gesto y a cada acción una significación que nos desafía. Cada uno de los personas en estas dos escenas están afectados por el ejercicio y uso del poder que transforma  a todos y todas en  víctimas del sistema. Aquello que se cuestionará, más allá de las anécdotas personales, es ese sistema de creencia, concepciones y lecturas bíblicas, teológicas y pastorales. Aquellos y aquellas que trabajamos en acciones educativas o de promoción de derechos en el contexto del vih y del sida nos cuesta tomar conciencia  de esta relectura bíblica, teológica y pastoral que nos impone el diálogo con las personas y los grupos afectados por la epidemia del vih. Nos resistimos a considerar que la epidemia para las iglesias va más allá de sus aspectos médicos y que no es exclusiva o excluyentemente un tema de salud. El eje que moviliza las fuerzas de las comunidades cristianas no puede ser el virus, ni sus formas de transmisión y los efectos sobre el sistema inmunológico, sino los efectos sobre el sistema de creencias. El eje que moviliza a las comunidades cristianas no es el virus sino los equivocados conceptos de pureza que surgen desde una lectura fundamentalista y equivocada de las Escrituras. Nos mueve a los cristianos y cristianas el estigma y la marginación.  Muchas iglesias en ciertas regiones del mundo proclaman con cierto sentido de soberbia que ellas son responsables del 50% de las camas en los hospitales destinadas a personas que viven con vih o con sida pero no se hacen responsables de las muchas tumbas que su actitud prejuiciosa han creado en los cementerios del mundo.

Este texto tiene nuevamente una introducción geográfica que nos relata un desplazamiento de espacio teológico. No es la mera descripción de un viaje sino de un posicionarse en un espacio que normalmente es adverso al mensaje de Jesús de Nazaret. Se pasa del lado gentil del mar de Galilea, considerado por los que detentan el poder político y religioso en Jerusalén, como un espacio dudoso en todo sentido, al espacio de aquellos que son hostiles al mensaje evangélico y que se consideran a si mismos como política y religiosamente correctos. Es en ese contexto en que ambas escenas se van a desarrollar y por ello adquieren una perspectiva que también nos lleva a reflexionar sobre nuestra tarea, como cristianos y cristianas, junto con las personas que viven con vih o con sida.  Muchas veces, desde los centros de poder, se considera a estas personas como dudosas y sospechadas de diversas impurezas culturales, éticas o teológicas. En general los cristianos que trabajamos en este acompañamiento no tenemos dificultad en el lado gentil del mar de Galilea. El problema es trabajar en el lado de acá de ese mar. La dificultad la encontramos con nuestros hermanos y hermanas más cercanos.

La experiencia nos ha mostrado que ambos lados necesitan ser curados y sanados. El lado gentil de la epidemia del vih y sida necesita recuperar la confianza y la esperanza en las comunidades cristianas y saber que no somos oportunistas ni triunfalistas. Estamos convencidos que el núcleo de nuestra acción pastoral es construir puentes que lleven a la inclusión y a la reconciliación. Esta sanación solo se puede construir cuando todos y todas reconozcamos que necesitamos el milagro de la intervención y la mediación de Jesús de Nazaret. Ricos y pobres, el lado judío y gentil de todos los mares y de todas las fronteras, jóvenes y ancianos, todos y todas necesitamos ser curados de nuestras incredulidades, dudas, temores y prejuicios.

Estas dos mujeres, en diferentes momentos de la vida, una muy joven y la otra bastante mayor, son paradigmas de aquello que puede hacer la ideología patriarcal y heterosexista para invisibilizar a quienes son vulnerables al sistema. Seguramente las comunidades cristianas tienen como tarea urgente el reflexionar sobre el concepto de vulnerabilidad, que seguramente tiene muy poco que ver con aspectos físicos y si tiene mucho que ver con derechos humanos, dignidad y promoción de la justicia. Las mujeres de estos dos relatos son el paradigma de la dificultad que tienen los sistemas opresivos en hablar de aquellos y aquellas que son vulnerables. Y esta no es una situación del pasado sino que es una realidad muy contemporánea. En la Sesión Especial de la Asamblea de Naciones Unidas para la revisión de la Declaración de Compromiso del 2001 en vih y sida asumida por los estados del mundo entero, que se realizó este año 2006, mostró la dificultad que tiene el mundo entero en hablar de los grupos vulnerables, de ponerle nombre, de considerarlos ciudadanos y ciudadanas. En estos relatos también el sistema tiene dificultad en nombrar a esta mujeres vulnerables. Una es apenas la propiedad de su padre, es la hija de Jairo, esa es toda su identidad. La otra, sin el apoyo de un varón, queda totalmente anónima, sin nombre. Así funciona el sistema de exclusión. El darle un nombre significa reconocer su condición de interlocutor válido, de persona. El nombrar la realidad es reconocer su existencia. El no nombrarla es invisibilizar, desconocer y objetivar. Es una forma de privarles de su condición de ser humano.

Este jefe de la sinagoga de nombre Jairo, también tiene que hacer un desplazamiento teológico. Tiene que pasar del espacio de lectura legalista y fundamentalista de la sinagoga hacia el espacio trasgresor, profético y liberador de Jesús de Nazaret. Es un rompimiento con estructuras opresoras. Muchas veces también la tarea de compromiso con la promoción de derechos de las personas que viven con vih o con sida significa también, para cada uno de nosotros y nosotras, un desplazamiento bíblico y teológico, que cuestiona muchas veces nuestros esfuerzos por mantenernos dentro de estructuras y organizaciones que tienen un discurso similar de opresión y exclusión.

Es interesante y significativo la evolución que la forma en que se habla de esta jovencita a lo largo del relato. Para Jairo, que seguramente quería a su hija, no puede evitar designarla con un sentido de propiedad: “Mi hijita...” Afecto y dependencia. El evangelista habla de “chiquilla” marcando igualmente la relación de dependencia.  Jesús de Nazaret la llama simplemente “muchacha”, es decir reconoce su autonomía y su realidad como persona ya en edad adulta, en condiciones de comprometerse en matrimonio y ser fecunda en vida. Esas tres palabras nos ubican en la forma de relacionarse unos y otros con esta joven. Igualmente nosotros y nosotras que nos hemos comprometido con las personas que viven con vih o con sida también tenemos que seguir ese proceso. El afecto no puede anular nuestro respeto por la autonomía y futuro independiente al que tiene derecho toda persona, aún aquellas que son vulnerables al vih o al sida. El acompañamiento pastoral siempre debe fortalecer ese respeto por la autonomía de las personas y la independencia de sus proyectos y evitar construir relaciones de dependencia.

En la escena final del relato la hija sin nombre del jefe de la sinagoga tenemos una revolución en el concepto de inclusión. Jesús es acompañado por los tres discípulos testigos de la escena de la transfiguración. Aquí también tenemos otra transfiguración del sentido de pertenencia. Aquellos que estaban ocupando la casa del jefe de la sinagoga y que tanto alboroto y gritos hacían al interior de ese espacio van a quedar afuera mientras aquellos que había hecho el viaje teológico son los que han de quedar adentro. Seguramente también nuestra acción pastoral provocará en nuestras  comunidades la misma transfiguración. Ahora cuando aquellas personas que hemos considerado con criterios éticos o morales como muertas civiles o teológicas son llamadas a una vida de calidad, muchos van a quedar afuera y aquellos y aquellas que estaban excluidos y marginados vendrán de occidente y de oriente a llenar la casa del Padre. Esta casa y este espacio también sufre una transformación y pasa de ser la casa del jefe de la sinagoga a ser la casa de la comunidad cristiana, ya que los discípulos, Jesús de Nazaret y Jairo, que se han reunido en el nombre del Padre, transfiguran ese espacio en espacio de vida. De la muerte hacia la vida de calidad. Es por ello que Jesús le pide a Jairo que no tenga miedo. Igualmente nosotros no podemos tener miedo a esta transfiguración de nuestros espacios de pertenencia confesional, fraterno y de testimonio.

El gesto de Jesús es siempre sorprendente. La muchacha es considerada muerta por aquellos que deben abandonar la casa. Jesús la toma de la mano. Este es un gesto de escándalo porque se supone que un varón desconocido no toca en público a una mujer y además, desde los conceptos de pureza ritual, no se toca un cadáver. Jesús al tocarla asume la condición de la hija del jefe de la sinagoga. Solo al asumir esa condición se puede ayudar a los demás a pasar de la muerte civil a la vida de calidad que todos y todas nos merecemos. Solo cuando asumimos como nuestros los estigmas y las muertes de los hermanos y hermanas podemos ser nosotros y nosotras mismas espacios de vida y vida de calidad. Solo con ese compromiso podemos decirles a los grupos y a las personas vulnerables: ¡Levántate!

Para la revisión de vida

  • Nos gusta, desde el evangelio hablar de la vida abundante, de la vida de calidad, pero para que exista esa vida de calidad es necesario transfigurar espacios, movernos desde posiciones ideológicas o teológicas de muerte y exclusión  hacia espacios de integración y respeto de derechos y autonomías, y hacer ese proceso sin tener miedo a las rupturas.
  • ¿Soy de los que se preocupan por la vida de todos y todas, por la vida de todo (también de la naturaleza), por la vida sobre todo de los que la tienen más amenazada, por aquellos para quienes sobrevivir es una dura tarea diaria, porque el mundo se organice en favor de la Vida, de la vida para todos y todas y especialmente para los más vulnerables?

Para la reunión de grupo

  • La comunidad cristiana tiene la responsabilidad de transfigurar la realidad que excluye a hermanos y hermanas de la vida y de la existencia. Para que otros y otras tengan vida en abundancia y de calidad exige que nosotros y nosotras toquemos esas realidades y asumamos sin miedo y con valentía esas condiciones para que podamos todos y todas abandonar los frutos de la muerte para poder participar de la fiesta de la inclusividad.

Para la oración de los fieles

  • Por la Humanidad, para que se una en defensa de la vida de todos los seres humanos, especialmente de los más estigmatizados a causa de errados conceptos de pureza, excluidos de los espacios de liberación, de los marginados de la vida de calidad y explotados por sistemas injustos, roguemos al Señor.
  • Por todos los hombres y mujeres que habitamos esta casa común, la casa del Padre: para que como "hermanos y hermanas mayores" de todas las criaturas asumamos el cuidado de la creación con amor, con ternura incluso, con responsabilidad, roguemos al Señor.
  • Por todas las iniciativas que defienden la vida y la dignidad de la vida, para que comprendamos que somos destellos únicos del Dios único, y que el "Dios de todos los seres humanos" quiere la paz y la armonía entre todos y todas aquellos que buscan un mundo donde la justicia y la paz se abracen y habiten en esta tierra nuestra, roguemos al Señor.
  • Por nuestra comunidad cristiana, para que haga su aportación específica a esta acción transfiguradora de la realidad y vivamos de acuerdo con la voluntad de paz e inclusión de Dios, roguemos al Señor.
  • Por este equipo de acción pastoral con las personas que viven con vih o con sida, para que reviva su vida comunitaria con el compromiso por la defensa y la promoción de la Vida, roguemos al Señor.

Oración comunitaria

Señor, Dios de la resurrección y de la promesa de una vida de calidad, que no quieres la muerte de las personas ni te complaces con los sacrificios, sino que has puesto tu gloria en el ser humano vivo, en la Vida en plenitud. Haz que te sepamos imitar acogiendo, defendiendo y promoviendo la vida, sobre todo la de nuestros hermanos y hermanas necesitados u oprimidos. Nosotros y nosotras te lo pedimos siguiendo el ejemplo y la inspiración de Jesús, hijo tuyo y hermano nuestro.


Lisandro Orlov
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